1093, 1094 o 1095 días del IBP...Seguimos en la tierra








Si les digo la verdad, nunca supe bien porque abrí este lugar. De verdad. Al igual que alguno de Uds. todavía me sigo haciendo la misma pregunta… Vivir con medio sistema venoso arrendado a tu motor central, jugando a ser tus arterias, para que siga latiendo tu corazón; no es sencillo. Lo más complicado era salir de un infarto masivo y levantar el pulgar como un piloto de F-1, 24 horas después. Lo conseguimos. Pasar 90 días en una Undad de vigilancia coronaria (30 días en el Servicio de Neurología por falta de camas) porque no sabes que quieren hacer contigo un comité de galenos internistas cardiólogos —muy preocupados por sus futuros retoños— con el órgano más singular de nuestro organismo. La literatura se ha emborrachado a la hora de hablar del corazón y no la culpo, tiene su feeling. Incluso Palanuik la lío en una de sus novelas con el familiar que la palma de un aneurisma aórtico. Mucha gente no sabe lo que es un aneurisma, tuvo que salir Mr. Sálvame de Luxe e invitar a Sharon Stone para contar de que va ese negocio. Por cierto, los hay cerebrales y en mi caso, coronarios. Tuve la suerte, que uno de los becarios de cirugía tuviera la vista de un francotiardor SEALS y le dijera al jefe—¡Dr., Dr. No cierre el tórax que estoy viendo Segovia…! Luego viene eso de ponerte de pie y mirarte al espejo. Escuchar de algún cachondo, aquello  del…  “chico pareces  Russel Crowe en Gladiator”—Qué pena, yo pensaba que me iba a decir Ángel Cristo. Todo ha sido una odisea, una locura, un mal sueño, una historia que se une a un larguísimo currículum de batallas y aventuras de eso llamado vida. Les voy a confesar un secreto; todo ello lo volvería a pasar si me dicen que el dolor neuropático ha desaparecido hoy.














Cuidadito con los quirófanos, a veces, el diablo se puede disfrazar de Teresa de Calcuta y terminar uno con sus huesos en una Undad del dolor. Lo dicho, cambiaría muchas cosas por volver a tirarle un par de cañas a mi amigos: Niki Lauda y Roman Polanski. Es una pena, que en los 80 no tuviéramos los teléfonos listillos, sería el puto amo de los likes en las redes. Por último, el IBP va a seguir siendo lo que es, un lugar donde se habla de cine, de una forma peculiar, como definió JL Moreno-Ruiz—adictivamente "sui generis"—, el cual, me ve con muy buenos ojos porque es tan buena persona como reportero. No hago crítica convencional, para eso abrí los 200mgHz que es un homenaje a la morfina y sus derivados. Ahí, si que estamos haciendo crítica televisiva, de la clásica, y, cuando podemos hablamos de otras cosas que nos gustan. Pero el IBP, son crónicas de personajes célebres, mujeres bellas y fatales, meditaciones entre un montón de zumo de naranja y mucha morfina. Artículos de opinión, donde el punto de vista es una isla utópica, la cual, no existe. Ya que no hay utopía que sirva al ser humano. Mucha mala baba y un sentido del humor negrísimo. Mis disculpas si alguien, no me pilla el punto pero ahora camino de los 50, no creo que vaya a cambiar. Soy así, como el Garufa de Malevaje… El IBP no es un blog ni un dietario: es una revista caleidoscópica, donde el cine impulsa su vis literaria. En la que soy el dueño absoluto de ella, hago lo quiero cuando puedo, pues la salud no es mi fuerte. Eso sí, me verán en redes sociales con un aspecto impoluto, sexy y pendenciero.













Todo ello, en gran medida, es un escaparate de la pose que nos ha inyectado las nuevas tecnologías. Pienso que la discapacidad no puede dejarnos a un lado, cualquier persona con discapacidad tiene que enfrentarse a ella y da lo mismo ser blanco con malas pulgas, que negro de buen carácter. La tolerancia es la libertad de poder ser como somos; humanos con nuestras virtudes y defectos. No me quiero marchar sin dar las gracias a la gente que le gusta este lugar. A otras personas que me han animado a escribir un libro. Yo soy un escritor muy malo y muy viejo. Además, ahora todo el mundo escribe en algún sitio. Joder! Yo escribo cada dos semanas aquí y en 200mgHz… Je, je, je. Estoy contento a pesar de lo pasado, feliz de tener a alguien a mi lado que es mi apoyo emocional; mi brújula y parte de la inspiración diaria de mi vida. Reitero, muchas gracias. No sé si creo en Dios o en vírgenes suicidas, pero he descubierto mi vocación. Si tuviera salud y volviera a empezar de cero, sería cirujano de campaña o en una Undad. de élite (ya fuera neurocirugía, vascular, cardiaca o trasplantes). No tengan la menor duda y lo digo muy en serio. Me gustaría muchísimo sentir en mis carnes, la satisfacción de un cirujano cuando sale del quirófano y todo ha salido a la perfección… Es de esas cosas que hacen de este planeta un lugar más agradable. Como buen veterano del cuadrilátero, les diré: "va por Uds." y espero seguir otros 5.000 años por estos lares, bailando sobre la lona. Gracias de corazón y espero que les guste el pastel y la música…










                                Dedicado a mi actual esposa, Anna Genovés y mi vieja amiga, Salomé López







Fotogramas adjuntados:

Marylyn Monroe celebrating her birthday
Sunset Boulevard by Billy Wilder (1950)
Mary Astor celebrating her birthday with third husband Manuel del Campo










                    

Trompeta Man








Aquella noche de primavera fue horrorosa. De nuevo los cansinos accesos febriles me obligaron a permanecer postrado en cama. Llovía a cántaros y la luz eléctrica se marchó dos veces, como si la historia no fuera con ella. Entre antipiréticos, morfina y zumo de naranja de tetrabrik perdí la noción del tiempo; me quedé dormido profundamente. Arribé tarde al acto. De un negro riguroso y excusándome al vapor del Mississippi, pues no tenía muy claro el lugar exacto del tétrico velatorio. Uno de los más grandes nos había dejado, en este prisma de pábulo, quizás para siempre.

















¿Quiénes somos para juzgar los deseos de los dioses? Comencé a darle vueltas a la cabeza, mientras observaba el óbito. La servidumbre humana más rastrera planeaba, a su manera más tradicional, una despedida con buena música; un fragmento lúgubre de cuatrocientos cincuenta años, muy reciente, en comparación con aquél cuyo destino se envolvía de acordes aplastantes. El trompetista, al que todas las chicas —y los chicos del Delta— adoraban, no entendía en este mundo más que lo que su música le dictaba, y aunque no sabía exactamente para quién —¿o qué?— desataba su arte, cumplió, entusiasmado por ser el centro de atención.














Empero la noche era muy larga y oscura, en aquel ambiente del gran salón opresivo rematado en ribetes góticos de fusta. El joven estaba bebiendo desde que agarró la trompeta y sordina. El vodka polaco, era una cuestión patriótica de la rama familiar materna. Era evidente que los efectos de la bebida nacional —que otrora tiempos— adormecieran sus sentidos; se adentraron, en  una simbiosis cuántica con los miasmas. Aquella epidemia parecía asediar al barco, se comportaba como si tuviera patente de corso, y  finalmente, consiguió exaltar sus vísceras. Cuando le pareció ver que en la sala había mucha más gente de la que embarcó en un puerto ya desvalijado, comenzó a sentirse enfermo. Mucha más gente, de rara tez y miembros mal proporcionados, que parecía revelarse en los espejos como borrones de bruma.















Definitivamente, la botella de vodka se rompió, y los cristales, caídos junto al taburete del músico, reflejaron las últimas luces, antes de que se apagaran. Las ánimas protestaron y señalaron al cadáver. Desperté, exaltado y lleno de sudor. Palpaba la mesilla de noche, el interruptor de la luz no funcionaba y mi cama rebosaba de agua. Esta vez, vi mi final, pues, ni la vela del cuarto de mi sirvienta me salvaría de una letal pulmonía. Pensé que, por haberme encomendado a poderes sagrados, encontraría la salvación de  mi alma. Es obvio, que ya estoy muerto, pues la habitación está completamente inundada como todo el vapor. Nunca miren a los ojos de las sombras, a veces, el diablo se esconde en el rincón más insólito de nuestra existencia. Ahora, por favor, déjenme, mientras suena “Oh, lady be good”. 












                                Dedicado a Moncho Alpuente  (mayo 1949/marzo 2015) In Memoriam









Fotogramas adjuntados



Young Man with a Horn by Michael Curtiz (1950)
The Cotton Club by Francis Ford Coppola (1984)
Show Boat by James Whale (1936)
Mo' Better Blues by Spike Lee (1990)









                                                

El gozo telescópico









El trabajo de francotirador no es un ejercicio agradable ni fácil. Hace falta tener nervios de acero, una visión de lince y sobre todo un gran sentido del ritmo cardiorespiratorio. De la exactitud del blanco depende el resultado de una ardua tarea logística; documentación, posicionamiento y objetivo de la misión. Empero, hay muchos tipos de francotiradores y puestos donde practicar esta despreciable y adorada profesión para muchos detractores, y por ende, de una grandísima legión de fervientes incondicionales. Obviamente, todo el mundo tiene el concepto generalizado del francotirador militar; cartesiano, impoluto y flemático. Sin embargo, pocos conocen el arte del francotirador en otras disciplinas de la vida. No más lejos de estas lindes, a bote pronto, me viene a la cabeza uno de los mejores que se hayan conocido en la literatura española; Francisco Umbral. Algunos de sus trabajos pasaron a la historia y dejaron mácula impertérrita, imposible de imitar o llegar a su maestría. Sería el alter ego de Chris Kyle “la leyenda de Texas y el azote del infiel” o el caso de la antigua URSS, y aquel cazador siberiano, que se convirtió en la pesadilla de las unidades nazis, durante el asedio de Stalingrado; Vassili Záitsev. América es un país que magnifica a sus héroes y los protege. La vieja URSS, también le gustaba el modus de la glorificación del lince camuflado. Ahora, con Putin todo Dios está loco por pillarse un buga alemán, pocos son los que miran de reojo la pretérita gloria de aquel imperio soviético. Pesa demasiado la jodienda del embargo, y con el petróleo a precios de tienda china de barrio; es obvio, que a la nueva mafia liberal no le salen las cuentas y los rusos venden sus viejos BMW para pillar los nuevos Lada con Airbag. Luego, entre los análisis de las diferentes idiosincrasias, ya sea la utópica Norteamérica o la otrora poderosa ex URSS, siempre nos quedará la incógnita del neologismo continental por la adoración del pérfido disparador. Aquí en la rancia y tacaña piel de toro se les desprecia e injuria de manera ostentosa, aderezada de camorrista lengua fácil Belenestebaniana: Gasol, Nadal, o mi tocayo Alonso, son otro tipo de francotiradores: killers del deporte. Y en ese cundir del espíritu deportivo, se podría aplicar la definición al mundo de lo científico, cinematográfico, literario, taurino o el culinario.

















Más de lo mismo. Pero es que el maestro madrileño definió a este país de un modo contundente, visionario y veraz. La certeza de la obviedad es dolorosamente axiomática y muy compleja de decodificar, pues, las verdades joden al personal mucho, muchísimo, demasiado. Hasta llegar a la orgía de los ronzales, y, ahí ya vale todo. Por eso, magnifico la elegancia del boxeo; existe un reglamento. Reglas de juego que le da patente de deporte intelectual y que  la historia, por suerte, nos dejó su maravilloso legado. Bien, volviendo a la realidad topamos con la mediocridad de esa inmensa mayoría de soma vespertino, que alimenta al bípedo de Tal y Pascual, ese, que suele ir por la mañana al trabajo a las 8 en punto y regresa sobre la misma hora, al bar de su barrio donde se toma cuatro cañas, para aterrizar en el sofá de casa reventado. Mientras la prole de casa aguarda y se acicala para ver el corral de Mediaset. Cómo toda mi vida me ha gustado tocar los cojones al personal, hoy no me voy a extender demasiado. Saben que la tramoya del IBP se ha quedado para dos migajas mensuales. Muy de vez en cuando verán los grandes artículos que ingieren con mayor asiduidad y trituran con una voracidad feroz. Caso Miroslava, o los panegíricos al gran Fuller, Peckinpah, Stone and Cia. A partir de ahora, quien quiera leer uno de esos artículos se pone en contacto a través de mi mail personal, que se halla en la pestaña de la biografía, y previo pago de la voluntad, será obsequiado con un escrito de semejante enjundia. Atisbamos un nuevo presente por estos lares, donde hablaremos de la Bernarda y el Fulgencio. Me gusta la propuesta de Podemos ¿Pidamos pasta a la gente? Claro, claro..., como en este país está todo el mundo en el paro y nadie tiene un céntimo. Aunque, los colegas saben que la gente está forrada de pastuki. Sólo hay que ver los fines de semana, a la becerrada trasegando por los centros comerciales, apestados de castas enteras, sedientas de consumo y carrito de latón.


















Claro que más chocante resulta ver a las empresas de mensajería, no dar abasto a la ingente cantidad de paquetes, que dispensan —vía pedido— por el redil de mondos bizarros, entre webs repletas de gadgets y libros que rulan por la componenda digital. En el fondo, no hay francotirador que no joda al personal. Yo de vez en cuando, suelo ejercer este oficio. Ya saben de mi pasión por lo castrense y el desorden. En el ejército me enseñaron a matar, beber y drogarme. Obviamente, al final uno acaba en el calabozo, pero esas cosas sólo le pasaban a los del 66 que estábamos tan atrasados como los huérfanos del 98. Ya nadie se acuerda de ellos. Eso sí, también que soy un morfinómano sin cura ni remedio a corto, medio o largo  plazo, ya que mi enfermedad es irreversible. El otro día me preguntaron: —¿Por qué no te dedicas a la escritura de un modo profesional, no se te da mal? Espeté —No me toques los huevos que hoy he perdido dos píldoras de Tramadol y voy con el mono. Le di tres respuestas, dos eran mías y la última de Umbral. La primera. —Mira, socio, tras mi infarto masivo y las secuelas de la cirugía (dolor neuropático crónico) trabajaba como mercenario negro de las letras, en una gran agencia literaria, la cual, me pagaba muy bien. Siempre lo he dicho: el dinero me gusta más que a un tonto la gorra de Miliki. Puede que con el sexo, las drogas, el Rock&Roll y el cine, sean mis vicios, que me han dejado donde estoy, aunque pagaría por volver a ellos a pesar de ser un empresa imposible. Ahora sólo tengo de 4 a 5 horas para disfrutar de eso, que es un espacio ficticio, donde el dolor desaparece; el resto de las 24h., voy ciego de morfina para soportar el puto martirio. En segundo lugar; trabajé como una puta sin remuneración para un montón de productoras e hijos de la gran putísima. —Lo pillas, chaval,—Eh, sí, sí, claro.—Lo del gratis total se acabó. Eso ya no lo quieren ni en el guay del Paraguay. Seguimos caminando entre un silencio, que lo rompió el gentío, que se atisbaba en un hermoso parque de la ciudad del crimen. —No te preocupes, colega que te voy contestar a la segunda cuestión. El gesto de este joven amigo era confuso. Sin embargo, qué casualidad, y es que en la vida nada llega por orden de un ministerio divino. Todo aquel affaire coincidió  en  la feria del libro de  mi ciudad y le dije: —Chavalote, mira bien este circo… Esto es lo más parecido a visitar la Morgue (el deposito forense, lugar por el cual, he rulado lo mío a lo largo de mi vida. La cantidad de familiares que he tenido que identificar, ni Gil Grissom) está llena de caminantes versus Walking Dead. Los libros agonizan igual que los putos zombis del espectáculo televisivo. 

















Además, míralos bien muchos tienen pinta de muertos perpetuos. Es decir, la feria es un montón de mierda, donde se apilan libros que nadie quiere leer porque la gente no los entiende o sus mentes están olvidadas, perdidas y penosas, que acaban arrastrados por el abismo de la vida. En una ínsula donde el amanuense está condenado a su propia dosis de vanidad, que lo no le va sacar de simple cuentacuentos. Se me quedó mirando con una cara entre la perplejidad y la desolación. Le dije;— ¡Ay, la hostia, que bruto soy. Je,je… Anímate, hombre, por  aquí hay una tasquita que ponen unas mistelas cojonudas. Lo ves, ya estás más tranquilo, y con la respuesta saciada. Me dijo, — Y tú, cómo soportas la vida:—No la soporto, tío. Es la morfina quien me soporta: complicado pero factible—¿Puedes decirme la tercera? Aún, tienes ganas de escucharla. Bien, que sepas que esto lo dijo el francotirador Umbral, su pluma era lo más parecido a un Barret M-82, suave, ajustado y letal. Una máquina perfecta. Alucinante y excelso: “En España no sabían quién era Francisco Ayala, no sabían quién era nadie. Conocían a Lorca, pero Lorca no estaba exiliado, estaba muerto... Entonces yo los traté y los conocí mucho, a los buenos y a los malos, porque a todos los había leído, a las mujeres, a Rosa Chacel, a Zambrano, a Ernestina de Champourcín. Y junto a ese núcleo del 27 vino un montón de gente que eran simples aficionados de las letras, gentes que se creían que en el barullo de la vuelta del exilio todos eran buenos, y como además habían convivido con los grandes suponían que aquí no distinguíamos y que ellos iban a ser también grandes.” —Bueno, he sido sincero, directo y franco en argumentos. —Está bien, Jon. —¡Hey, no te aflijas y piensa que el gozo del francotirador, sigue siendo el mismo que la pose pseudoliteraria de intelectual Google plus! Ese invento creado para estimular endorfinas al mediocre de turno con el signo del sumando y hacer de ese numerito un miniorgasmo o una especie de ardid, multicoaching, para estimular su autoestima creativa. La vida es lo más parecido a aquel hijo de puta —que el cabrón de Kubrick— dibujó en la chaqueta Metálica; el memorable sargento primero Hartman. Aquel psicópata instructor, que termina por desquiciar al orondo patoso y juvenal Pyne (Vincent D´Onofrio), en el WC tirando de M-16 por su boca. Siguen los desparrames poligráficos de este amanuense de regional preferente. No sirve para nada; el automasaje y las palabras hermosas. La mierda y la sangre entra con un hierro al rojo vivo, forjado a fuego lento. Lo malo, es no ser  una persona “de posibles y respetables”, que te pasas más de cuarenta años de vida en la indigencia anadiplósica. A veces, no hay mejor gozo que el disparo en un pozo ciego. Sobre todo, cuando la mira telescópica ha sido fabricada por Carl Zeiss.














                           Dedicado a Leonard Nimoy  "Mr. Spock” marzo 1931/febrero 2015 In memoriam












Fotogramas adjuntados

The Big Parade by King Vidor (1925)
Targets  by Peter Bogdanovich (1968)
Dirty Harry by Don Siegel (1971)
Enemy at the Gates by Jean Jacques Annaud (2001)














                

Las sirenas de Mr. Green








Hace ya más de una década de mi último trabajo para el clan. Una fría noche austral, en el viejo puerto de Ciudad del Cabo, tras quedarme sin blanca, opté por dar un paseo a lo largo del marchito muelle donde topé con un viejo, que llevaba una raída gorra de marinero, de principios de los años 20, sentado en el embarcadero con la mirada perdida. Reía incesantemente y se marcaba unos sorbos de whisky muy Fordianos. Apuró el último trago de su botella y la lanzó con fuerza al espigón. Entre delirios y susurros de palabras que terminaban en risotadas macabras; su cuerpo se tambaleaba en la plataforma. Me acerqué hasta donde estaba aquel tipo.— Eh, amigo, tranquilo! El viejo espetaba: “Éste no es un lugar demasiado inquietante ni ruidoso. La gente se lleva bien y el clima es bueno. Sin embargo, en la península Escandinava donde el viento del Ártico te corta los labios y tus boqueras destilan estalactitas está la isla de Selaön. Allí las almas de los reyes vikingos todavía retumban por la noche y reivindican con presteza los abismos de Odín.” Me acerqué con mayor ahínco y me presenté— Qué tal Sr. Está bien?...—Claro que sí.—Quién demonios eres tú? —Me llamo Malcolm McGregor.—¿McGregor? Humm!, una vez conocí a un contramaestre llamado McGregor. No me gustaba su manera de mirar —Bueno, el mundo y el mar nos hacen más pequeños a todos (haciéndome el simpático)—  Escoceses, putos escoceses: no son de fiar. Borrachos pelirrojos y tacaños  delatores…— ¿No todos los McGregor serán así? El viejo refunfuñaba con cara de pocos amigos. —¿Tienes tabaco?—Sí,  me algo queda por aquí… Le acerqué mi arrugado paquete de Luke Strike. Se encendió un cigarrillo y le entró un ataque de risa. (Más risas).— ¿De qué hablaba, Sr.? —De cosas que sólo un  viejo lobo de mar ha visto, mequetrefe. —Bueno, vale. ¿Y por qué, no? Continúa… —Pssch! No me acuerdo bien. —Busqué en mi mochila y saqué una petaca. Estamos de suerte, creo, que todavía queda algo de carburante.

















Era una pequeña botella de Grant´s que estaba por la mitad —Tal vez esto, le haga rebobinar el disco (más risas) —Chaval, Ahora que lo dices! Ese licor me agudiza las neuronas. ¿Cómo has dicho que te llamabas? Ah!, sí McGregor… Vaya, sí, si… Ahora recuerdo. —Por cierto y Ud. como se llama: mi nombre es Ewan Garvey soy del viejo Belfast. Entonces, somos paisanos… ¿No, eres escocés? —¿Quién le ha dicho que lo sea?—Tú, ¿no te llamas McGregor?… Sí, pero nací en el mismísimo condado de Antrim, para ser más exactos el viejo barrio del puerto de Larne. — No me lo creo. Todos los McGregor son escoceses.—Va a ser que no, Sr., porque hay muchos McGregor irlandeses del puto Ulster—¡A la mierda, brindemos por Irlanda y que les den a los británicos! —Y ahora qué tal si sigue contándome esa historia tan alentadora. —¿Sabes,  que  los  sueños, ya no se inventan? Los mitos y leyendas son realidad. El viejo volvió a prender un nuevo cigarrillo, y, el brillo de sus ojos azules se hizo más intenso. Chico, he pasado mis últimos años como un custodio de los mayores desmanes, los chismes, amoríos, robos y rumores de toda ralea de océanos, ríos y lagos. El mar me ha llamado varias veces, aunque lo he intentado —te lo juro, que más de una vez— estoy demasiado decrepito para arrojarme a él y que los peces se envenenen. (Risas) Hace muchos años, muchísimos, cuando era apenas un grumete y estuve enrolado en el Bergantín “Nueva Caledonia”. La tripulación estaba exhausta tras la tormenta del día anterior. Surcábamos los mares del Báltico y apenas teníamos agua; unos chuscos de pan y algunos pedazos de arenque podrido. De inmediato, entramos en el lago Mälar. La superficie de aquel estero parecía un enorme espejo destinado a duplicar la belleza del universo.














Unas estrellas fugaces hicieron acto de presencia y reflejaron sus colas encendidas, en la superficie del agua; como diamantes recién pulidos en un taller de Amberes. Nada invitaba a romper la paz que gobernaba la noche. Absolutamente, nada. Cuando empecé a escuchar un susurro. Al principio pensé que era una ilusión sonora víctima del agotamiento, pero a medida que nos acercábamos —a esa vibración sonora— se le escuchaba nítidamente. De repente, el lago se llenó de una niebla misteriosa. El frío era helador, todos los huesos del cuerpo estaban rígidos, hasta las orejas parecían los glaciares que rodeaban aquel lugar. Finalmente, el murmullo pasó a melodía y comenzaron a sonar unas voces angelicales ¿Quiénes eran?¡Cállate y no me interrumpas! Había oído historias sobre ellas, pero tan lejos del mar. Nunca. Un noruego de la tripulación comenzó a gritar: ¡las hijas de Odín! ¡La maldición de las sirenas valquirias!  El barco chocó contra una pequeño iceberg y yo me di de bruces con una de ellas. Se percató de mi presencia y me miró con aquellos ojos tan profundos como el océano que la vio nacer. Entonces la tristeza desapareció dando lugar a una tranquilidad y sosiego que me hicieron estremecer hasta lo más profundo de mis mortales entrañas. Había cumplido su larga condena; la muerte venía a por ella y ni siquiera los dioses tenían patente de corso para intervenir en el reino oscuro de Odín y sus secuaces.

















El viejo se afligía más a medida que iba contándome los detalles más íntimos. Aquella sirena se liberaría de la prisión, que sus propias lágrimas habían creado: un mundo donde los muertos vagaban en la sempiterna desdicha de lo efímero y punitivo.  Mañana me encontraré con la muerte que me liberará de esto. Ipso facto, el viejo se giró y me miró a los ojos.—Hazlo rápido. Te estaba esperando. —Con mucho gusto, chivato de mierda. Hay que reconocer que tiene encanto para contar historias—Te juro por mi madre, qué lo que he dicho es verdad.—¡Tú, no tienes madre ni honra! Me acerqué por su hombro derecho, le cogí por el brazo, que retorcí con fuerza y le dije al oído: ¡Nunca mientas, inglés de mierda, a un verdadero patriota irlandés! Sr. Green. ¿O mejor te gusta más Stellan Västeras u Oliver Leblanc y etc.? De un certero tajo rebané el cuello del unionista Joe Green. —Esto es un pequeño masaje cervical a cuenta de la empresa, Joe, que sueña con una Irlanda independiente. Cayó desangrado como un cerdo y lo empuje al agua. Un centenar de burbujas lo despidieron. Encendí un cigarro y di una larga calada (guardando un semblante risueño por el trabajo bien hecho). Observé la belleza de la oscuridad y el devaneo de las olas que rezumaban un afanoso salitre. Mientras una bruma fría y fluctuante parecía saludarme, sonaban mudos susurros celestiales. Sonreí y tiré la colilla al agua.







                                                                                                     FIN







                                            Dedicado a Udo Lattek enero 1935/febrero 2015 In Memoriam






Fotogramas adjuntados

Odd Man Out by Carol Reed (1947)
Michael Collins by Neil Jordan (1996)
The Informer  by John Ford (1935)
A Prayer for the Dying by Mike Hodges (1987)










                      

Somarros, canallas y caníbales









Mi ritmo cardiaco está de capa caída, por mucho que le pese a la averiada e ínclita sociedad de cardiología de la Costa Este. No sé lo que me ocurre y lo más preocupante; es que me la suda. Siempre he sido con un Ray Donovan: hombre de soluciones rápidas. No las encuentro y la cabeza se embarulla entre tanta botica repleta de esencias opiáceas. Vuelvo a darme de bruces con la maldita sensación de vacío y deserción. Todo se vuelve inerte, como los recuerdos de mi vida; un pulular vertiginoso de aquellas imágenes, de cuando era un niño, se suceden una tras otra sin orden ni concierto. Miles de vivencias de la cacareada y pesarosa infancia hacen acto de presencia sin saber el porqué de mi  frágil estado. Un amigo mío dice que la culpa la tienen los somarros de turno (posiblemente, un montón de gente desconozca el significado del vocablo, eso sí están al día de todas la memeces de la avant-garde New Generation Trash of Usa), pues su virtual vademécum se halla a la búsqueda azarosa de sobredosis diaria de redes sociales. Es la mayor garantía de pasar a ser el más guay y listillo del corrillo virtual. Leí un tuit, hace unos días que decía: un adolescente es: “comer, tuitear, dormir, tuitear, dormir y comer”— ¡Hostia, qué no estoy viendo en estos momentos el entierro de padre! ¡Maldita morfina, ya no la puedo dejar...! Y la voz de mi madre, que alejada se halla… Disculpen este lapsus —ha sido un despiste como el realizador de Canal Sur en Nochevieja— pero vayamos a lo sustantivo, ahora que he recuperado la señal del satélite. La mayoría de nuestros mozarrones, sean del pelaje o la alcurnia que procedan, tienen un gravísimo problema a la hora de comprender un texto literario (según mi amigo, el maduro profesor Márquez). Menos mal, que no escribo libros: me habrían rociado con gasolina y prendido en Velluters.













Lo del porcentaje tiene una pequeña salvedad, ya que según cuenta mi viejo amigo Dámaso (es el nombre del tal Márquez citado arriba), pues las cifras se vuelven dóciles al comprobar que entienden el significado de las luces de los semáforos. Algo hemos avanzado. Los condones los conocen el 80%, aunque llevan muy mal lo de la colocación en sus alegres vergas. Casi todos ellos perjuran que serían capaces de leer el Quijote, aunque a algún Nini protagonista de los digitales mamporreros echen pestes del genio de Alcalá, eso sí con subtítulos en formato mkv. No tengo ni puta idea que es esa historia. Pero me pasan pelis donde aparecen esas siglas y como la TV es más lista que Mariano Medina cuando no había Croma key ni multiplex digital, será algo muy bueno. También hay problemas con los de la Generación del 27, algo así como unos proscritos o chaqueteros de tertulia catódica de turno, por ser el resultado de una orgía de testosterona Garcilasiana, envueltos de petunias y heces de Nebrija. Bendito exceso y parto aprovechado. Empero, la morfina parece que ponga mi excelsa prosa en la categoría de termita o polilla. No se preocupen, siempre tengo a mano una maquina recortadora de pelambrera para el cono auditivo. Así sigo al loro de todo. Y es que el tiempo pasa, y el botellodromo digital es una maravilla desde que la chavalería puede esnifar anestesia de Pitbull. ¿Y de Giner de los Ríos, qué queda de aquel espíritu? Ah, demonios! Sí... Ahora lo recuerdo; su obra es un grafiti más abandonado y dejado que el taburete de la entrada del viejo Rock-Ola de Juanito Barranco. Luego, alguna nueva institución pedagógica se hará cargo o tomará medidas. Aunque, la sastrería europea está de carnaval, ya que van a regalar a los sufridos ciudadanos máquinas de hacer billetes de 500 euros. Estamos ante la becerrada ágrafa, capaces de romper de una patada la mochila de Santillana y darse de hostias en el desayuno de los currantes, para calentar un partido de fútbol.















La nueva cultura ya no se organizará en generaciones, por mucho que se empecinen en hacerse selfies y videos con móviles chinos de última generación. A pesar de que el pectoral lo llevan igual de depilado; el día antes de que te hagan una esternotomía. Siempre nos quedarán los versos de Paul Verlaine: «Los largos lamentos de los violines de otoño hieren mi corazón con languidez monótona».Esto último es demasiado hermoso para los somarros y los cabestros del congreso, que últimamente le chulean la cartera al chico que quiso jugar en la NBA y presentar el hormiguero con el liliputiense requenense ¿Qué habrá hecho el noble pueblo de mi difunta madre para aguantar al pelirrojo de marras? A lo mejor, en Andalucía que conocen bien a los cabestros y las mujeres son más sabias que la marisma de la Isla Mínima, saben que su revolución fue un fracaso, aunque los niños vienen con una barra de pan y una rosa roja en el bolsillo. Las revoluciones las marca una Tanit con cara de Lomana, que está más espítica que Chiquito de la Calzada desde que esnifa polvo boliviano de Monedero. Muy bueno, el talco de Cochabamba y la cartera de un hombre con tan lustroso apellido. Cosas de Divintys y Trotskistas. Al final, sólo nos quedará la litrona de Cruzcampo, la del Titanlux blanco y las colectas, de nuevos  mesías mediáticos, del puente aéreo Soto del Real/Bruselas. Y es que los escaños del parlamento, al igual que en los claustros de las Carmelitas: la ambición de un Deán y el conserje del congreso acabó en las manos, de una banda de electricistas beatos que no amaban la tecnología digital ni a D. Miguel de Cervantes. Es tiempo de botellones unisex, de oncólogos hípsters y de poetas que no leen a Verlain acuchillándose en el estuario del río.












Han empezado los protoIdus digitales donde el canibalismo de la alpaca será fagocitado por nuevos canallas con chalecos sin mangas, como los de los magos chiripitifláuticos. No se preocupen siempre nos quedará algún canalla fino de la movida. Aunque algún somarro caníbal de malas formas sepa mejor que nadie, lo que cuesta decir «hijo de puta»: Mucho más, que recordar algún personaje de Rinconete y Cortadillo. Sí, por unos 60 eurachos acordarse de los muertos de un gubernativo, el penitente se queda bien relajado; descarga adrenalina, instruye el talento y deja lapidar  los culos blancos católicos que sobresalen. ¡Qué mala suerte tiene la cristiandad! La purificación del Papa de S. Lorenzo se quedó sin mundialito y Europa en estado de shock. La Yihad es una mala hiel engendrada entre bilis y té del harén. La represión de las represiones. Ya no queda primavera árabe ni canturreo tuitero que no se acerqué al final de todas las guerras de occidente y oriente. El gesto lacio reclama sangre y el caníbal casquería fina para que sus intestinos no hagan ruido cuando carguen el AK47. Al final la llegada del silencio de los somarros, la voracidad de los caníbales y la mezquindad de los canallas acabaron con el primer bípedo que se fue a ver a Galván en el palco con traje, bufanda, litrona, peta y mano alzada. “Y, ahora quien no esté colocado, ya tarda...” Yo replicó: si es por morfina, que no quede: la SS cuida de la subcultura del último somarro susurrante a los sesos de mi mentecata España. Cervantes seguirá en su cripta y yo quiero ser enterrado con mi telescopio cínico. Si es que no hay nada más divertido que la puta verdad, es el insulto más barato e higiénico del agradecido: palabra de astrónomo canalla.












                                      Dedicado al maestro José Luis Alvite (1949-2015)  In Memoriam










Fotogramas adjuntos


    Les Quatre cents coups by François Truffaut (1959)
    Ray Donovan by Ann Biderman (2013)
    All the King's Men by Robert Rossen (1949)
    La isla mínima by Alberto Rodríguez (2014)