Navidades en familia, Aristóteles, Hegel y la familia de Chalie Lawson

diciembre 28, 2021 Jon Alonso 0 Comments


 

¿Han pensado todos Uds. con sus estómagos recientemente agradecidos por las suntuosas viandas de grandes mesas repletas de langostinos, gambas, ibéricos y alguna mascarilla, haciendo de servilleta, como van a ser sus vidas, a partir de las 8h A.M. de la mañana del próximo mes de enero y esos días extra hasta el roscón de Reyes? Me lo imagino. Es obvio, que esa vuelta a la realidad puede ser demasiado frustrante, aunque dentro de la dicotomía afectiva que representa la Navidad uno no sabe si el infortunio es por volver al ritmo normal de las cosas o por dejar atrás el streaming en pausa. En resumidas cuentas, la Navidad es una patraña y el Espíritu navideño una estafa. Agarremos la brújula del móvil y preguntémonos: si no fuera por esa Navidad calendarizada y sus impulsores, ya sean religiosos o comerciales, ¿pasaríamos ese tiempo en familia? ¿Nos permitiríamos ser sentidos y sentimentales? ¿Decidiríamos detenernos un día, unas horas, y volver a encontrarnos con las personas con las que compartimos raíces y ancestros? ¿Querríamos volver a lo que somos y disfrutarlo, más allá de cuestionarnos lo que podríamos ser o compararnos con otros? ¿Y no es esa pausa, precisamente, la razón final para la existencia de un Espíritu navideño? Cómo van sus cabezas. No me digan, que andan con el tronco y el serrucho de Homer Simpson. Bien, el puto Aristóteles define a Dios como causa primera, causa eficiente, motor inmóvil, causa necesaria de la que derivan todas las demás cosas. El Dios de Aristóteles es el ser absoluto, el Dios metafísico por excelencia, pero como tal, su relación con el hombre es casi inexistente. Filósofos posteriores han planteado la relación entre Dios y el hombre en términos de la relación entre finito (hombre) e infinito (Dios). Han defendido que finito e infinito son inseparables, de la misma manera que ser y nada también lo son. Ninguno puede existir con independencia del otro. Por lo tanto, el perfecto infinito, para serlo, necesariamente ha de contener el finito, ha de envolverlo. Según Hegel, lo finito y lo infinito son uno. Y los seres particulares, los seres finitos, no son sino momentos de lo infinito. Así, la verdadera eternidad, como expresión de lo infinito, no excluye el tiempo, sino que lo contiene.  Siguiendo con este planteamiento, si Dios es infinito, entonces, ¿Qué es ser finito para Dios? Ser finito es asumir la naturaleza humana. Pues, va a ser que no. La naturaleza humana es vil, bruta, salvaje y despiadada. No estoy pensando en el beato y misógino de Andy Warhol, en este momento, pero si en esos paisanos suyos que en el fondo, son a día de hoy parte de eso que muchos modernos adoran como la concepción transustancial de la cultura Pop Made in Usa. ¿Quieren navidades? Yo les voy a contar una historia de navidades, de esas muy bien escritas, a las que ya les tengo acostumbrados y después, dirán. Santa Rita! A mí no. ¡Qué estoy muy a gusto con el cabrón de mi sobrino jugando al Scalextric! Soy muy bueno y muy trabajador.




Érase una vez en un pueblo del medio oeste de los Estados Unidos de América, Una cabaña solitaria en medio de Carolina del Norte, en la localidad de Germanton,  donde no vayan a pensar que se encuentran esas hermosas granjas azotadas por el viento. Eso llegó con el último mandato del machote “Ike”. Empero, lo único que queda es una tierra atormentada por espíritus y una trinchera de tumbas, de una familia llamada Lawson. En 1929, en plena depresión económica, Mr. Charlie Lawson, era el patriarca de un clan de aparceros; que trabajaban con mucha diligencia la plantación del tabaco y su manufactura. El día de Navidad se suicidó con una escopeta del calibre 12. Ni sin antes, matar a su esposa y a seis de sus siete hijos. Disparó y  repartió hostias por todos los cuerpos, de cada uno, de sus congéneres. Provenientes de Lawsonville, del mismo estado, Carolina del Norte, los Lawson se trasladaron 20 millas dirección sur alrededor, sobre 1918 hasta llegar a Germanton. Charlie Lawson y su esposa, Fannie, ahorraron un dinero y compraron una granja en abril de 1927 en Brook Cove Road. En 1929, Charlie y Fannie tenían siete hijos. Según todos los informes, los Lawson no parecían diferentes, ni gentes extravagantes, palabras y chascarrillos de aquellos años, en boca, de sus vecinos; que cualquier otra familia trabajadora, del medio rural, en los campos de tabaco de Carolina del Norte. Una semana y media antes de Navidad, Charlie llevó a su familia a la cercana ciudad de Winston-Salem para que le hicieran un retrato familiar. Este lujo inaudito se produjo en con el desagrado y protesta de su esposa, Fannie, a quien le preocupaba, el gasto excesivo para comprar trajes nuevos en el almacén de ultramarinos. La tienda para todo y más aún, con el estipendio del trabajo de su duro trabajo en la plantación. Los Lawson habían podido ahorrar dinero y aquella Navidad de 1929 tenían el dinero de sobra, para permitirse semejante capricho. No sin escuchar, ciertos reproches. “Todos compran lo que más desean en la vida” —les dijo Charlie. "Todo es parte de la sorpresa navideña de la que les hablé". El retrato de la familia Lawson sigue siendo uno de los más espeluznantes jamás realizados en Winston-Salem.




Ahí está Arthur, de 16 años, el niño mayor, de pie a la izquierda. Junto a él está Marie, la hija mayor de Charlie y Fannie, de 17 años. Charlie y Fannie, sosteniendo al bebé Mary Lou, se colocan a la derecha. La primera fila muestra a James, 4 años, Mae Bell, de 7, Raymond, de tan sólo 2 y Carrie, 12 años. La familia está muy viva en la foto, pero la sensación de malestar es palpable y aterradora. Es como si pudieran sentir que algo no andaba bien. Habría sido inaudito que una familia de clase trabajadora como los Lawson gastasen tanto dinero en un retrato, de esas características y todos luciendo nuevos atuendos. Muchos han dicho que esto demuestra que las acciones posteriores de Charlie fueron premeditadas. La familia regresó a su granja y continuó con sus negocios, siguiendo la  costumbre, porque era casi Navidad. Cuando llegó el 25 de diciembre, Charlie se marchó por la mañana para una práctica de tiro a algunas botellas con vecinos. Es canallesco, pero así fue. Fannie lo vio irse y estaba preocupada. Lo había estado durante algún tiempo y los vecinos y amigos podían ver claramente que algo no terminaba de estar bien. Charlie había sufrido un golpe en la cabeza durante el proyecto de construcción de una granja y la lesión lo había hecho retroceder. Marie, la hija mayor se levantó temprano, ya que era la encargada de cocinar el pastel navideño con pasas. Delantal, en ristre y manos a la obra. De la cocina bullía el aroma clásico de esas fiestas tan entrañables y familiares. Además de los problemas, Fannie tenía el sospechoso pálpito que su esposo estaba llevando a cabo, una relación incestuosa con su hija mayor, Marie, de 17 años. Más tarde se confirmó que un pariente, Stella Lawson, había escuchado a otros allegados discutir cómo Fannie les había confiado sus temores, al respecto, de Charlie y Marie. Incluso la propia madre de Stella Lawson había tenido conocimiento de ello. Fannie no sabía qué hacer. Además de padecer una crónica enfermedad de corazón. Cada vez que pensaba en los problemas de su familia, le sobrevenía un fuerte dolor pectoral. No obstante, siempre trató de apartarlos de su mente. Después de todo, era Navidad. Los niños jugaron juntos. Había nevado con fuerza la noche anterior y el suelo mostraba un espeso manto blanco. Charlie envió a su hijo mayor Arthur a hacer un recado inesperado (curioso detalle, porque era el hijo mayor de papá Lawson, y posiblemente, el único que podía haberle arrebatado la maldita escopeta).

 


Ese año no hay entrega de regalos, sólo, el conocimiento de la sorpresa navideña de su padre. Fannie envió a Carrie y la pequeña Maybell ir a la casa de su tío, que estaba a menos de un kilometro. Mientras pasaban por delante del establo del tabaco, Marie repitió una conversación reciente con su amiga cercana, Ella May. Marie había tenido mucha confianza con Ella May. Hacía apenas un par de semanas, contándole entre lágrimas que estaba embarazada y que el bebé era de su padre Charlie. ¿Qué iba a hacer ella? Y el dinero... acababa de gastar todo su dinero en ese retrato familiar. Marie tenía la edad suficiente para saber lo extraño que era. Empero el amor de Marie, Charlie Wade Hampton, la iba a recoger más tarde esa noche para ir a la iglesia. Ella se concentró en arreglarse para ir misa. Poco después, Charlie regresó a casa. Y espetó:—¿Para qué lo están arreglando todo? Marie le habló sobre la invitación de Charlie Hampton al Programa de Navidad de la Iglesia Palmyra. —Te dije que te mantuvieras alejado de ese chico, renegó. —No me vas a detener, papá. Me voy y eso es todo.—Oh, no, no lo estás. Solo veremos si lo hace o no...De repente, apareció Charlie Hampton en la puerta y Charlie Lawson supo que tenía que actuar con rapidez. Fannie estaba muy tensa por la espera de Carrie y Maybell. Salió por la puerta. Marie sabía que su padre estaba enojado, pero se volcó en entretener a su invitada. En mitad de su charla, el sonido de un disparo de escopeta resonó en frío aire navideños de diciembre. Pero algo no cuadraba. Estuvo cerca, muy cerca. Ese disparo venía del granero de tabaco. Fannie salió corriendo al porche y llamó a Charlie. Pero Charlie la había estado esperando junto al establo de tabaco donde Carrie y Mae Bell seguramente esperando el momento para tenerlas en el objetivo del arma, justo, en el camino a casa de su tío. Cuando estuvieron a tiro, salió, apuntó y disparó. Una vez, luego gritó, y volvió a disparar. Por si quedaban, connatos de algún atisbo de oxígeno, se acercó a los cuerpos envueltos en sangre y las golpeó hasta asegurarse de que habían muerto. Las alzó y las metió en el interior del depósito. Luego, recargó el arma y se dirigió al porche de su cabaña donde estaba Fannie tomando aire. Quizá su mujer había salido a ver qué eran esos disparos cercanos o quizá solo estaba descansando de un ajetreado día en la cocina con los cansinos preparativos. Ella no tuvo tiempo de nada, su marido apretó el gatillo. La mató y entró esquivando el cuerpo.

 

 


 

Marie escuchó el estruendo y soltó un grito fuerte e intentó huir por la puerta trasera. Sabía todo sobre la ira de Charlie Lawson y podría haber adivinado lo que estaba sucediendo. Su padre no estaba dispuesto a perdonarle la vida a nadie y le disparó a quemarropa sin dudar, cayendo con el atizador de hierro de la chimenea. No tuvo tiempo, de presentar resistencia. Los pequeños de la familia, James y Raymond, sí adivinaron a tiempo lo que estaba pasando y corrieron a esconderse. Fue inútil. Charlie los encontró y los asesinó a golpes. Todavía quedaba la pequeña Mary Lou en su cuna, pero su padre no la pasó por alto. Se fue hasta donde estaba y la golpeó varias veces en la cabeza. Aquel bebé murió por fractura de cráneo. Después los arrastro hacía el granero. La mirada  de sus ojos enrojecidos. Seguidamente, colocó almohadas debajo de las cabezas de los que habían sido su familia, piedras para los dos en el establo de tabaco. Cruzó los brazos sobre los tórax de cada uno y caminó a través de su casa ensangrentada. Salió por la puerta y entró en el bosque cercano. Su sorpresa de Navidad, ya era realidad. Lentamente, los cuerpos fueron descubiertos por los vecinos, a medida, que estos comenzaron a pasar para desear una Feliz Navidad a la familia Lawson. Algunos habían escuchado los disparos, pero asumieron que la familia estaba contenta, y lo de echarse unos tiros al aire, era muy típico por aquellos, aprovechando que la alegría pasaba por la comunidad. Una vez que todo estuvo en silencio, los vecinos contemplaron consternados el panorama. Fannie Lawson yacía muerta en el porche. Dentro, Marie y los niños, tirados en el suelo. La sangre se acumuló sobre las tablas del suelo de madera y se coaguló junto a los cuerpos. Charlie permaneció escondido en el bosque. Las noticias comenzaron a viajar y una multitud comenzó a reunirse en la casa. Unas horas después de los asesinatos, sonó un último disparo. Allí, en el cercano bosque, que Charlie Lawson, conocía palmo a palmo: terminaba la agonía, quitándose la vida. En un anillo alrededor de un árbol cerca de su cuerpo, la nieve estaba compacta y se veía la hierba pisoteada; Charlie había estado dando vueltas alrededor de ese árbol durante horas, delirando. Junto al cuerpo se encontraron cartas a sus padres. Se dice que en sus bolsillos la policía encontró dos notas escritas en la parte de atrás de unos recibos de la granja. Eran frases inconclusas. En una decía: “Los problemas pueden traer...” y no terminaba la idea. La otra: “Nadie a quien culpar”. Es probable que nadie sepa nunca lo que decían esas cartas. Arthur, el único hijo, que sobrevivió al magnicidio llegó a creer que su padre lo había enviado a hacer un recado; ya que era el único lo suficientemente fuerte como para interferir potencialmente con los espantosos planes de su padre. Más tarde se descubrió que un joven vecino también se escondió en la casa durante todo el período de los asesinatos. Brindó muchos detalles sobre lo que sucedió ese día; debido a su edad ahora avanzada y su mala salud, desea permanecer en el anonimato.

 


Siete ataúdes (la bebé Mary Lou fue enterrada en los brazos de su madre) fueron velados en el cementerio Browder en Germanton, Carolina del Norte, en las afueras del terreno sagrado de la iglesia bautista. Los visitantes de las tumbas han notado algunas rarezas e incluso, dicen, haber escuchado las voces de niños pequeños. La casa Lawson se convirtió en una atracción turística y el pastel que hizo Marie en ese fatídico día se puso bajo vidrio y se conservó durante muchos años. La gente a menudo veía a dos niños pequeños jugando cerca de la casa, solo para recorrer la casa y jadear de miedo ante el retrato de la familia Lawson: los dos niños eran los fantasmas de Raymond y Mae Bell Lawson exterminados. La vieja vivienda acabó siendo demolida. Los intrusos en esa tierra no son bienvenidos, y hoy en día, a menudo se encuentran a punta de pistola por propietarios que desconfían de los buscadores de emociones. Se informó que un puente cercano hecho con las tablas de la casa de Lawson estaba terriblemente embrujado. Arthur Lawson vivió hasta 1945, cuando murió instantáneamente en un accidente automovilístico. Ella May, a quien Marie había mantenido en secreto sobre el espantoso secreto de la familia, dijo con el tiempo, que Fannie y Charlie, también sabían sobre el bebé. ¿Charlie mató a su familia, incapaz de vivir con las consecuencias de sus acciones y la vergüenza que les sobrevendría? ¿Estaba mentalmente discapacitado debido a su herida anterior en la cabeza? ¿O era Charlie Lawson un hombre cincelado de pura maldad, un demonio enorme, repleto de más demonios justo debajo de la superficie, esperando florecer? Desde entonces se han escrito historias y libros, se han representado obras de teatro y se han escrito múltiples baladas sobre asesinatos. Pero, ¿por qué Charlie Lawson se suicidó a sí mismo y a su familia en el día familiar, más importante del calendario, de millones de personas del mundo, Navidad? Es posible que nunca se sepa la verdad. "No ahora, pero en los próximos años será una tierra mejor. Leeremos el significado de nuestras lágrimas y luego, en algún momento, lo entenderemos". Inscripción en la fosa común de Lawson.




Bien, ahora es el momento de la despedida. Y quiero hacerlo deseándoles, unas muy Felices Fiestas, y especialmente, un magnífico 2022. Ojalá traiga cosas buenas y se lleve todo lo malo y sobrante del que se marcha. A pesar de los pesares, todos Uds. son conscientes que la Navidad está cargada de expectativas. Obviamente, cuando estas expectativas sobrepasan ciertos límites inalcanzables para la persona, acaban transformándose en  frustración y esto es lo que provoca, que muchas de ellas, tengan la sensación de estar inmersas en un naufragio, sin posibilidad de salvación. Sé que más de uno de Uds., daría mucho por eliminar "estas fechas del calendario”. Lo dicho, intenten ser lo más realistas posibles, están aquí. Respiren hondo y piensen que es lo que debemos hacer y como deberíamos de sentirnos en estos días. Merece la pena, tomarse 3 minutos, antes de realizar cualquier acción. Palabra de amanuense aristotélico.





              Dedicado a Joan Didion diciembre 1934/diciembre 2021 In Memoriam



Fotogramas adjuntados

Family Lawson in Christmas

Black Christmas (1974) By Bob Clark

In a Cold Blood (1967) By Richard Brooks

The Children (2008) By Tom Shankland

Praznik (1967) By Djordje Kadijevic

 L'ultimo treno della notte (1975) By Aldo Lado 

To All a Goodnight (1980) By David Alexander Hess 

Le Monte-charge By (1962) Marcel Blüwal



Bibliografía consultada y recomendada

White Christmas-Bloody Christmas: Finally the True Story of the Lawson Family Murders of Christmas Day by Bruce Jones&Trudy J. Smith 1990  Ed. Upwords Pubns








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Luis II, un gran mecenas; para niños bien

diciembre 05, 2021 Jon Alonso 0 Comments


 

El rey de Baviera Luis II tenía sobrados antecedentes de locura: era un Wittelsbach por rama paterna —su abuelo Luis I—  por desgracia, para el linaje, este monarca también fue declarado demente, dada su fanática obsesión por las mujeres hermosas. Una de las grandes tops, de su larga lista de amantes, fue la famosa actriz Lola Montes (misteriosa condesa Landsfeld) . Sin embargo, en el caso de su nieto, declarado homosexual y devoto católico de armario, siguió un recorrido similar. Empero, parece que la cuestión genética, vuelve a ponerse en duda y ahora, se aboga por la vía materna: los Hohenzollern. Luis II tuvo muchos amantes, entre ellos jóvenes aristócratas, así como el actor húngaro Josef Kainz. No obstante, se dice que amaba al compositor Richard Wagner con toda su alma, pero parece que se trataba de amor platónico. En realidad, la verdadera enfermedad del noble Luis II, era el famoso síndrome de Sthendal y fuertes brotes esquizofrénicos. Ello, no fue óbice para hacer de Bavaria, uno de los lugares más hermosos del mundo. Vivió una gran pasión con su cochero Paul de Thurn y dejó la caja de la seguridad social Bavara como Zapatero y Rajoy la de España. Pero, yendo a lo sustantivo, para mi gran proyecto creativo necesito un mecenas y como el rey Luis II: hay muy pocos, por no decir inexistentes o en la cabeza de algún iluso, como el que pide, con bote colgando, una moneda. Lo del mecenazgo, la amistad y el talento es una utopía perdida. Aunque, podría contarles algunas historias que les dejarían atónitos. Como a una tal Coco Chanel sentada, en diagonal, en la mente de Jean Cocteau a quién tanto quiso. Chanel le dio joyas y un monasterio egipcio para el verano, y luego una plétora de dinero para que no se privara de nada. No sé, de una pantera fantasma con alma mecánica, o de jengibre en tiras de gran precisión. A un centímetro de distancia.  CC, siempre pensó. ¡Qué cojones! La hija de Edipo no puede vestir mal.—Tú, tranquilo, Jean. Así es la vida, y no en la realidad de este mundo, sino la del universo que busco: lejos de los hipermercados y de los esfuerzos por resistir, en una dimensión que pertenece solo al alfabeto que siempre ha obedecido a mi mandato.—Tu me entiendes. En lo que a mí respecta, los ladrones de papel deberían, por el contrario dedicarse, en cuerpo y alma, en seres asistenciales, fervorosos y pródigos para servirme de inmediato.


Ah, qué placer! Nunca más volver a saber de facturas, rentas, acciones y bonos, Telefonica e Iberdrola ¡Virgen, virgen y la luz disparada! Privilegios de monedas en un sombrero, hasta anticipos de Caritas llegados por Bizum. ¡Ah! Meritocracia, meritocracia ¡cuánto te anhelo! Reducida por la envidia de los cobardes a un espejismo, es la placenta de la derrota la que te protege. Pero saldrás a la luz, un día, lo puedo sentir, y serás un bebé atroz e intolerable, para los que intentaron abortarte. Así que ahora lo repito en un piso andante asceta: busco un patrón, y que sea de bolsillo enorme. Agradezco a mis manos, cada sacrificio hecho en nombre de la no rendición, y todos los grandes maestros agradecen, enormemente, lo inolvidable y lo imperdonable. Los revolucionarios, los girasoles y todos los elefantes. Fauna de la basura en el océano urbanita del homo sapiente compuesto: los mejores, los que se lo han ganado. Han sabido adaptarse a la cementación planetaria. Los insectívoros han encontrado trabajo siempre que no molesten en su puta casa. La expansión de la inmundicia da nuevas oportunidades a los supervivientes. Se convertirían en plaga allí donde eran endémicas poco antes de urbanizarlo todo. El espacio se achica. Apenas dicen qué Dios lo ordena o qué natura lo permite mientras se acelera la tala intelectual. Recordemos, el Mayo del 68 fue, en primer lugar, un problema teórico para los partidos comunistas tradicionales, que no dudaron en descalificar a los estudiantes apelando a sus orígenes de clase. George Marchais, secretario general del Partido Comunista Francés, se refirió a ellos como unos fils à papa (hijos de papá). En Italia, Pasolini fue más allá, y en su famoso poema “El PCI a los jóvenes” expresó su posición ante el conflicto de los estudiantes con las fuerzas de seguridad del Estado: “yo simpatizaba con los policías, porque los policías son hijos de los pobres, vienen de periferias, ya sean campesinas o urbanas (…) Ayer se produjo un episodio de lucha de clases: y vosotros, queridos (si bien estabais de la parte de la razón) erais los ricos”.


Algunos marxistas no querían abandonar la idea del proletariado como sujeto privilegiado de la emancipación (de ahí su consigna, que “la bandera de la revolución pase de las manos débiles de los estudiantes a la clase obrera”), y, cegados por un análisis economicista, no aceptaban la legitimidad de las demandas libertarias de los estudiantes. Sin embargo, esta opinión no era exclusiva de los comunistas. El gran François Truffaut, a pesar, de haber apoyado la cancelación del festival de Cannes de 1968, en solidaridad con las protestas, le dijo a Jean-Luc Godard: “yo nunca estaré del lado de los hijos de la burguesía”. —Qué te quede claro, eh, JL!  Lo que supuso la ruptura de una fragil amistad entre ambos.  Un río en crecida que ha dejado víctimas, esperanzas fallidas, sueños rotos, escombros y mucha mediocridad. No lo digo, yo que soy un amanuense, sino el inefable Indro Montanelli: solía decir que estamos acostumbrados a pensar con la cabeza vuelta hacia atrás porque seguimos mirando nuestro pasado en lugar de centrarnos en el futuro. Sin embargo, ciertos "flash-backs" todavía pueden ser muy útiles hoy para no repetir los errores ya cometidos: la lección de la historia. ¿Qué les pregunté la platea a sus abuelos por un tal Glucksmann? Ahora, con más canas y calvas, somos legión de creativos vampiros, utópicos idealistas del desbarre general, iniciativa al redil, alguna costilla de militante, ríos de la victoria y nos siguen no sé cuantos. No es más que una suma de damnificados pidiendo extender el daño para competir en rastrera igualdad. En medio de un ubicuo cacareo caritativo; aterriza el problema de los transgénicos literarios, como las patentadas transneuronas exterminantes. Todo esto, yo lo barrunto, por aquello que dijo el puto amo, sangre azul Borges y Victoria Ocampo, quienes han sido y serán, por años los árbitros de la elegancia literaria argentina, tanto en calidad de arbiter novarum rerum como en calidad de sancionadores y guardianes de la tradición. No hace falta tener una imaginación desbocada para trazar paralelos entre el mundo de Guermantes y la côterie de Sur, si consideramos, por otra parte, cierta similitud entre la sociedad de la Tercera República que retrata Proust y que Adorno define como “sociedad de apropiación” y la sociedad argentina de la época: espacios vacantes de poder.




Aquellos que están al alcance de los nuevos ricos mientras que la riqueza acreditada intenta elevar defensas culturales para evitar la invasión de los nuevos ricos, pesando la plata acreditada, que desaparecía por arte de Arsène Lupin. Empero ¿Por qué existe esa sensación de que muchas veces estamos en manos de mediocres y lo más preocupante, cómo han llegado a esos puestos de responsabilidad? Los mediocres son tenaces tienen un talento especial para estar siempre en el lugar adecuado, en el momento preciso, son brillantes en su mediocridad. ¿Y cómo es posible que consigan alcanzar cotas más elevadas que otras personas más inteligentes, más preparadas, más geniales? Lameculos sin desanimo, los mediocres tienen una poderosa arma; su resentimiento y egolatría, una fuerza motriz tanto o más útil que el idealismo, o la inteligencia incluso. Cuando lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo reprobable se miden solo por el número de likes. Imagínense a esas mentes grises, sin esa autoridad vocera. Es cuando, los muñecos de megabites se transforman en despóticos, gustan de dar órdenes absurdas, injustas y hasta caprichosas. Y ya arriba tienden a rodearse de personas que no les hagan sombra. Por eso en su imperio florecen los necios, los tontos útiles y, por supuesto, una corte de aduladores y mediocres de medio pelo. Ahora en plazas de toda Europa, en mitad de la merienda pandémica todos esos ascendentes exagerados o falsificados, de arribistas y de esnobs. La vida es azar: unos días se gana; otros, se muere. El sueño de un mercado, va de quién debe morir o quién debe triunfar. Se admiten todo tipo de apuestas. Empero, coincidirán conmigo que si el triunfador está muerto; se acabó la gallina de los huevos de oro. Y de todo, eso, quien mejor lo sabía era mi viejo amigo, el gran Luis II. Muy pronto, se dio cuenta de la jarcia que le tenía todo el día comiéndole la oreja o con el mal de ojo zíngaro. Tanta fue la presión; que acabó como el que les transmite: incapacitado para gobernar.  En el lago Stamberg persiste uno de los magnicidios más enigmáticos de la historia contemporánea de la vieja Europa. Allí queda una cruz sobre el agua, que dice; no me pidáis más que me ahogaron —los del comité— palabra de un gran nadador de 41 tacos.



       Dedicado a Antonio Escohotado Espinosa  julio1941 Madrid/noviembre202 Ibiza InMemoriam



Fotogramas adjuntados

 

Ludwig der Zweite, König von Bayern (1930) by William Dieterle

La Nuit américaine (1973) by François Truffaut

Bardot et Godard (1964) by Jean-Luc Godard

Pasolini (2014) by Abel Ferrara





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“Avaros, patriotas y nazis en Hollywood”

noviembre 19, 2021 Jon Alonso 0 Comments

 


El año que arrancó la gloriosa década de los 30,s, es decir, 1930. Se caracterizó por ser un periodo de constante agitación política y tremendos problemas económicos; la Gran Depresión había afectado a todo el mundo, y Europa estaba lidiando con las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Las dificultades económicas de la época, de las cuales, desembocaron en el ascenso de los totalitarismos políticos fascistas y comunistas. La incertidumbre de la era dio lugar a la popularidad generalizada de la comedia o la fantasía escapista. Las aventuras de héroes y los arrebatadores sustos de las películas de terror de la Universal fueron muy exitosos durante este período. En 1932, la Legión Americana aprobó una resolución declarando que “las principales causas de la situación actual son, en general, tales que no pueden ser atendidas de manera rápida y eficiente por los métodos políticos existentes”. Desprovista de fe en el actual ocupante de la Casa Blanca y con pocas esperanzas de que una reorganización del personal, terminó provocando un cambio en las condiciones, una de las organizaciones más patrióticas y conservadoras de Estados Unidos: pedía el derrocamiento del gobierno nacional. “¿Cuál es la fuente, de dónde, provienen estos temores poco masculinos que prevalecen entre nosotros?... ¿Qué es lo que ha precipitado los nervios de tanta gente? “—preguntó  parte de la prensa progresista norteamericana. Basándose en una gran cantidad de documentos de archivo en los EE. UU. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, MGM (a diferencia de Warner Bros.) cumplió con los edictos antijudíos del nuevo régimen, despidió a los empleados judíos de sus sucursales en Alemania y transfirió a sus empleados judíos estadounidenses a otros sitios en Europa. En privado, Mayer contribuyó generosamente a las causas antinazis en Los Ángeles. Ayudó a financiar los esfuerzos de los judíos locales para infiltrarse en el German American Bund y los Silver Shirts, en Los Ángeles. Una historia narrada en el esclarecedor estudio de Steven J. Ross, Hitler en Los Ángeles: cómo los judíos frustraron los complots nazis contra Hollywood y Estados Unidos, publicado en 2016. Sin embargo, en junio de 1939, MGM todavía ofrecía a los editores de periódicos nazis recorridos VIP de sus estudios de sonido en Culver City. Y Alemania, revela la sorprendente medida, en que Hollywood cooperó y colaboró con los nazis durante la década previa a la Segunda Guerra Mundial para proteger su negocio. De hecho, "colaboración" (y su traducción al alemán, Zusammenarbeit) es una palabra que aparece regularmente en la correspondencia entre los funcionarios del estudio y los nazis. Aunque la palabra está cargada de significado para los oídos modernos, su uso diario en ese momento subrayó el entusiasmo de ambas partes por suavizar sus diferencias para preservar el comercio. Los nazis amenazaron con excluir las películas estadounidenses, más de 250 proyectadas en Alemania después de que Hitler asumiera el poder en 1933, a menos que los estudios cooperaran. Antes de la Primera Guerra Mundial, el mercado alemán había sido el segundo más grande del mundo y, aunque se había reducido durante la Gran Depresión, los estudios creían que se recuperaría y les preocupaba que si se iban, nunca podrían regresar. A partir de los cambios, al por mayor, realizados en el lanzamiento de Universal Pictures, de “All Quiet on the Western Front”(1930), Hollywood publicaba regularmente guiones y películas terminadas por funcionarios alemanes para su aprobación. Cuando objetaban escenas o diálogos que pensaban que hacían quedar mal a Alemania, criticaban a los nazis o insistían en el maltrato a los judíos, los estudios los acomodaban y recortaban las versiones estadounidenses, así como las que se muestran en otras partes del mundo. No fueron solo escenas: la presión nazi logró derruir proyectos enteros críticos con el ascenso de Adolf Hitler. De hecho, Hollywood no haría una película antinazi importante hasta 1940. Hitler estaba obsesionado con el poder de propaganda del cine y los nazis promovieron activamente películas estadounidenses como Captains Courageous de (1937), que pensaban que mostraban los valores arios.


 

Los historiadores conocen desde hace mucho tiempo sobre empresas estadounidenses como IBM y General Motors que hicieron negocios en Alemania hasta finales de la década de 1930, pero el poder cultural de las películas, su capacidad para dar forma a lo que piensa la gente, hace que la cooperación de Hollywood con los nazis sea un momento particularmente importante y escalofriante. En el contexto de la historia contemporánea del siglo XX, aquel viernes 5 de diciembre de 1930, una multitud de nazis en Berlín se apoderó de un objetivo inusual: la película de Hollywood "All Quiet on the Western Front". Reconocido en la mayoría de los países como un documento de los horrores de la Primera Guerra Mundial, en Alemania fue visto como una recreación dolorosa y ofensiva de la derrota alemana. Los nazis, que recientemente habían aumentado su representación en el Reichstag de 12 a 107 escaños, se aprovecharon de la indignación nacional hacia “All Quiet n the Western” en el frente occidental. Compraron unas 300 entradas para la primera proyección pública y, mientras veían a las tropas alemanas retirarse de las francesas, gritaron: “Los soldados alemanes tuvieron valor. ¡Es una vergüenza que se haya hecho una película tan insultante en Estados Unidos!" Debido a las interrupciones, el proyeccionista se vio obligado a apagar la cinta. El propagandista y desequilibrado ministro nazi, Joseph Goebbels, pronunció un discurso desde la primera fila del balcón en el que afirmó que la película era un intento de destruir la imagen de Alemania. Sus camaradas arrojaron bombas fétidas y soltaron ratones entre la multitud. Todos corrieron hacia las salidas y el teatro fue puesto bajo vigilancia. Las acciones de los nazis obtuvieron una significativa aprobación popular. La situación llegó a un clímax el 11 de diciembre, cuando la junta de censura más alta de Alemania se reunió para determinar el destino de la película. Después de una larga discusión, el presidente de la junta emitió una prohibición: mientras que los soldados franceses se fueron a la muerte en silencio y con valentía, los soldados alemanes aullaron y chillaron de miedo. La película no era una representación honesta de la derrota alemana, evidentemente. Ello se comprobó en la reacción del público. Un respetable que contestó con reprobación. Independientemente de la afiliación política de uno, la imagen ofendió a toda una generación de alemanes que habían sufrido durante la guerra. Y así, seis días después de las protestas en Berlín, All Quiet on the Western Front fue retirada de las pantallas en Alemania. "¡La victoria es nuestra!" Proclamó el periódico de Goebbels. "¡Los hemos obligado a ponerse de rodillas!" En Hollywood, el presidente de Universal Pictures, Carl Laemmle, estaba preocupado por la controversia que rodeaba su imagen. Nació en Alemania y quería que All Quiet on the Western Front se mostrara allí. Según un representante, su empresa había "perdido un buen negocio potencial, porque la película habría sido un tremendo éxito financiero en Alemania si no hubiera sido molestada". En agosto de 1931, a Laemmle se le ocurrió una versión muy editada de la película que estaba convencido de que no ofendería al Ministerio de Relaciones Exteriores alemán. Hizo un viaje a Europa para promocionar la nueva versión. Nuevamente, el Ministerio de Relaciones Exteriores acordó apoyar a All Quiet on the Western Front para la proyección general en Alemania, con una condición: Laemmle tendría que decirle a las sucursales de Universal en el resto del mundo que hicieran los mismos cortes en todas las copias de la película. A fines del verano, Laemmle acordó cooperar, a través, de la solicitud. Sin embargo, a medida que pasaban los meses, Laemmle, que era judío, se preocupó por algo mucho más importante que el destino de su película. "Estoy casi seguro", escribió a principios de 1932, "que el ascenso al poder de Adolf Hitler... sería la señal de un ataque físico generalizado contra muchos miles de hombres, mujeres y niños judíos indefensos".




Convenció a los funcionarios estadounidenses de que podía mantener a los judíos individuales y, en el momento de su muerte en 1939, había ayudado a sacar al menos a 300 personas de Alemania.  No obstante, en el momento en que se embarcaba, en esta cruzada; sus empleados en Universal seguían las órdenes del gobierno alemán. En los primeros meses de 1932, el Foreign Office descubrió versiones sin editar de All Quiet on the Western Front que se reproducían en El Salvador y España. La empresa se disculpó. Después, no hubo más quejas; Universal había realizado los recortes solicitados en todo el mundo. Al año siguiente, Laemmle hizo otra concesión al Foreign Office: pospuso The Road Back (1937), la secuela de All Quiet on the Western Front. Su hijo, Carl Laemmle Jr., también acordó sustituir muchas imágenes a favor de Alemania. "Naturalmente", señaló al Ministerio de Relaciones Exteriores, "el interés de Universal en la colaboración, con la Zusammenarbeit, no es platónico, sino que está motivado por la preocupación de la empresa por el bienestar de su sucursal de Berlín y del mercado alemán". A lo largo de la década de 1930, el término "colaboración" se utilizó repetidamente para describir los tratos que tuvieron lugar en Hollywood. Incluso los directores de estudios adoptaron el término. Un ejecutivo de RKO prometió que siempre que hiciera una película que involucrara a Alemania, trabajaría “en una colaboración muy cercana” con el cónsul general local. Un ejecutivo de Fox dijo lo mismo. Incluso United Artists ofreció "la colaboración más estrecha" si el gobierno alemán no castigaba al estudio por la controvertida película de combate aéreo de 1930 Hell's Angels. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, "Cada vez que se logró esta colaboración, las partes involucradas se dieron por satisfechas por los resultados". Todo esto fue el resultado de las acciones de los nazis contra All Quiet en el frente occidental. De inmediato, la mayoría de los estudios, comenzaron a hacer concesiones profundas al gobierno alemán, y cuando Hitler llegó al poder en enero de 1933, trataron directamente con sus representantes. El representante alemán más importante en todo el acuerdo era un diplomático llamado Georg Gyssling, que había sido nazi desde 1931. Se convirtió en cónsul alemán en Los Ángeles en 1933, y conscientemente se dispuso a vigilar la industria cinematográfica estadounidense. Su principal estrategia fue amenazar a los estudios estadounidenses con una sección de las regulaciones cinematográficas alemanas conocida como el "Artículo 15". Según esta ley, si una empresa distribuye una imagen anti-alemana en cualquier parte del mundo, todas sus películas podrían ser prohibidas en Alemania. El  famoso artículo 15 demostró ser una forma muy eficaz de regular la industria cinematográfica estadounidense, ya que el Ministerio de Relaciones Exteriores, con su vasta red de consulados y embajadas, podía detectar fácilmente si una imagen que pudiera ser ofensiva, estaba circulando en cualquier parte del mundo. En mayo de 1933, un guionista de Hollywood llamado Herman J. Mankiewicz, el hombre que más tarde escribiría Citizen Kane, tuvo una idea prometedora. Estaba al tanto del trato a los judíos en Alemania y pensó: "¿Por qué no ponerlo en la pantalla?" Muy rápidamente, escribió una obra titulada El perro loco de Europa, que envió a su amigo Sam Jaffe, productor de RKO. A Jaffe le cautivó tanto la idea que compró los derechos y renunció a su trabajo. Jaffe, que, como Mankiewicz, era judío, planeaba reunir un gran elenco de Hollywood y dedicar todas sus energías a una película que sacudiría al mundo entero. Empero, se habían puesto en marcha varias fuerzas para evitar que se hiciera una imagen como esta. Primero y más importante fue Gyssling. Hasta ese momento, solo había invocado el artículo 15 contra fotografías que desacreditaban al ejército alemán durante la Guerra Mundial. El perro loco de Europa era infinitamente más amenazador: atacaba al actual régimen alemán. Gyssling no pudo utilizar el artículo 15 contra El perro loco de Europa por la sencilla razón de que la empresa independiente que produjo la película no operaba en Alemania.

 



Sólo le quedaba una opción: informar a la Asociación de Productores y Distribuidores de Películas de Estados Unidos (conocida popularmente como la Oficina Hays), que regulaba el sexo y la violencia cinematográfica en Hollywood, que si la película se hacía, los nazis podrían prohibir todas las películas estadounidenses, en Alemania. La oficina de Hays reaccionó rápidamente. Will Hays, el presidente de la organización, se reunió con Jaffe y Mankiewicz. Los acusó de seleccionar una situación de "miedo" para la película, que, si se hace, podría devolverles una ganancia tremenda y generar grandes pérdidas para la industria. Jaffe y Mankiewicz dijeron que continuarían a pesar de cualquier prohibición que Hays pudiera intentar. Hays necesitaba adoptar un enfoque diferente. Le pidió a su representante, Joseph Breen, que se pusiera en contacto con el consejo asesor de la Liga Antidifamación en Los Ángeles. El consejo asesor leyó el guion y consideró que las referencias directas a Hitler y la Alemania nazi podrían provocar una reacción antisemita en Estados Unidos. Pero "si se modificara para que aparentemente hiciera referencia a un país ficticio, y si los elementos de propaganda... se hicieran más sutiles... la película sería el medio más eficaz de despertar al público en general sobre las principales implicaciones del hitlerismo". Incluso si se atenuara el guion, la Liga Anti-Difamación sospecharía que la Oficina de Hays podría oponerse a la película, porque los principales estudios de Hollywood todavía estaban haciendo negocios en Alemania. Nadie en el grupo ADL sabía exactamente cuántos negocios se estaban haciendo. Algunos imaginaron que Alemania estaba prohibiendo las películas protagonizadas por actores judíos; otros pensaban que Alemania estaba vedando "empresas que supuestamente estaban controladas por judíos". Nadie tenía la menor idea de que los nazis estaban facilitando la distribución de películas estadounidenses en Alemania. La Liga Antidifamación decidió realizar una prueba: pidió a un conocido guionista que preparara un esbozo de El perro loco de Europa que no contuviera ninguna de las objeciones obvias. A continuación, este guionista entregó el esquema a tres agentes diferentes, y sin dudarlo todos le dijeron lo mismo: “De nada sirvió enviar una historia en esta línea ya que los grandes estudios habían puesto "pulgar hacia abajo' en cualquier película de ese supuesto tono afable." Finalmente, Jaffe renunció a sus planes y vendió los derechos de The Mad Dog of Europe al conocido agente Al Rosen. Y cuando la Oficina de Hays instó a Rosen a abandonar la imagen, Rosen acusó a la Oficina de Hays de interferencia maliciosa y emitió una declaración notable a la Agencia Telegráfica Judía alegando "de buena fe" que los funcionarios nazis estaban tratando de detener la imagen. Se burló de la idea de que la imagen provocaría más antisemitismo. Durante los  siete meses siguientes, desde noviembre de 1933 hasta junio de 1934, Rosen continuó trabajando en la película, pero no logró convencer a los ejecutivos de Hollywood, para que invirtieran dinero en el proyecto. Louis B. Mayer le dijo que no se haría ninguna foto: “Tenemos intereses en Alemania; Represento a la industria del cine aquí en Hollywood; tenemos intercambios allí; tenemos unos ingresos fantásticos en Alemania y, en lo que a mí respecta, esta imagen nunca se hará”. Así que El perro loco de Europa nunca se convirtió en una película. El episodio resultó ser el momento más importante en todos los tratos de Hollywood con la Alemania nazi. Ocurrió en el primer año del ascenso de Hitler al poder y definió los límites de las películas estadounidenses durante el resto de la década.

 


En 1936, los estudios comenzaron a encontrar importantes dificultades de censura en Alemania. Los censores nazis rechazaron docenas de películas estadounidenses, a veces dando razones vagas, a veces sin dar ninguna razón. Las empresas más pequeñas habían salido de Alemania en este punto, y solo quedaban las tres empresas más grandes: MGM, Paramount y 20th Century Fox. A mediados de año, estas tres empresas habían logrado tener un total combinado de solo ocho imágenes aceptadas por los censores, cuando en realidad necesitaban 10 o 12 cada una solo para alcanzar el punto de equilibrio. Los estudios se enfrentaron a una difícil decisión: seguir haciendo negocios en Alemania en condiciones desfavorables o dejar Alemania y convertir a los nazis en los mayores villanos de la pantalla de todos los tiempos. El 22 de julio, MGM anunció que se retiraría de Alemania si las otras dos empresas restantes, Paramount y 20th Century Fox, hacían lo mismo. Paramount y Fox dijeron que no. A pesar de que no estaban ganando dinero en Alemania (Paramount anunció una pérdida neta de 580 millones de dólares en 1936), todavía consideraban que el mercado alemán era una inversión valiosa. Llevaban años allí. A pesar de las difíciles condiciones comerciales, sus películas seguían siendo extremadamente populares. Si permanecían en Alemania un tiempo más, su inversión podría volver a producir excelentes beneficios. Si se iban, es posible que nunca se les permitiera regresar. Durante los años siguientes, los estudios cultivaron activamente contactos personales con destacados nazis. En 1937, Paramount eligió un nuevo gerente para su sucursal alemana: Paul Thiefes, miembro del Partido Nazi. El jefe de MGM en Alemania, Frits Strengholt, se divorció de su esposa judía a petición del Ministerio de Propaganda. Terminó en un campo de concentración. Los estudios también adoptaron nuevas tácticas. Cuando se prohibió Give Us This Night y The General Died at Dawn, Paramount escribió al Ministerio de Propaganda y especuló sobre lo que era objetable en cada caso. Give Us This Night fue compuesta por un compositor judío, por lo que el estudio se ofreció a copiar música de un compositor alemán. Lewis Milestone, quien también dirigió All Quiet on the Western Front, había dirigido The General Died at Dawn, por lo que el estudio se ofreció a tachar su nombre de los créditos. En enero de 1938, la sucursal berlinesa de 20th Century Fox envió una carta directamente a la oficina de Hitler: “Le agradeceríamos mucho que nos proporcionara una nota del Führer en la que expresa su opinión sobre el valor y el efecto de las películas estadounidenses en Alemania. Le pedimos su gentil apoyo en este asunto y le agradeceríamos, que nos envíe una breve notificación de, si el Führer concederá nuestra solicitud. ¡Heil Hitler! “Cuatro días después, 20th Century Fox recibió una respuesta: "Hasta ahora, el Führer se ha negado en principio a proporcionar este tipo de juicios". En abril de 1936, Laemmle perdió el control de Universal Pictures ante el financiero y deportista estadounidense John Cheever Cowdin, quien revivió All Quiet en la secuela de Western Front The Road Back. “Cuando esta historia apareció originalmente hace cuatro o cinco años”, explicó un empleado de Universal a la oficina de Hays, “nos resistíamos a producir... únicamente debido al peligro en el que su producción habría puesto nuestro negocio en Alemania... Desde entonces, la situación con respecto a la industria cinematográfica estadounidense ha cambiado por completo y ahora estamos listos y ansiosos por producir esta historia”. A pesar de esta proclamación, Universal no había perdido interés en Alemania. En febrero de 1937, Cowdin viajó a Berlín y, según el embajador estadounidense William E. Dodd, hizo una "oferta inusual" a los nazis. "La empresa en cuestión estaba previamente controlada por intereses judíos, pero después de una reorganización reciente, se entiende que ahora no es judía", escribió Dodd," —y después de— discusiones con funcionarios del gobierno... se consideró un plan mediante, el cual, probablemente en colaboración con los intereses alemanes, su empresa podría volver a entrar en el mercado alemán”.



El 1 de abril de 1937, Gyssling hizo su movimiento más audaz hasta el momento. Envió cartas a unas 60 personas involucradas en The Road Back (el director, el elenco, incluso el hombre del vestuario) y les advirtió que cualquier película en la que participaran en el futuro podría estar prohibida en Alemania. El movimiento creó un alboroto. Gyssling había amenazado directamente a los trabajadores del cine estadounidense por sus actividades en su tierra natal. Había utilizado el Servicio Postal de los Estados Unidos para asustar e intimidar a las personas. Universal les dijo a todos que mantuvieran el asunto en secreto, pero la noticia se filtró. Varios actores buscaron asesoramiento legal; Las denuncias se presentaron ante el Departamento de Estado. Un miembro de la oficina de Hays esperaba que Gyssling finalmente fuera expulsado "debido a su crueldad”. El asunto se examinó al más alto nivel. Un representante del secretario de Estado se reunió con el consejero de la embajada alemana y señaló que tales acciones no entraban dentro de las funciones propias de un funcionario consular. No quiso presentar una denuncia oficial; simplemente le pidió al consejero que planteara el asunto al gobierno alemán. Mientras tanto, Universal Pictures hizo 21 cortes en The Road Back. En esta etapa, casi no había nada en la película a lo que el embajador pudiera objetar. Se habían cortado tantas escenas que la trama apenas tenía sentido. El final, que había criticado el ascenso del militarismo en Alemania, ahora critica el ascenso del militarismo en todo el mundo. Pero los nazis no permitirían que la empresa regresara a Alemania. Para Gyssling, la noticia fue menos sombría. El Ministerio de Relaciones Exteriores alemán envió una carta breve y sin disculpas al Departamento de Estado para explicar que el cónsul en Los Ángeles había recibido instrucciones de no emitir advertencias futuras a los ciudadanos estadounidenses. Como resultado, el Departamento de Estado dio por cerrado el asunto. En todos estos tratos con los estudios de Hollywood, Gyssling estaba haciendo algo muy estratégico. Se oponía a una serie de películas sobre la Guerra Mundial cuando su objetivo real estaba en otra parte. Desde que había oído hablar de El perro loco de Europa, había comprendido que Hollywood era capaz de producir un tipo de película mucho más dañina desde su perspectiva: una película que atacaba a la Alemania nazi. Su reacción a The Road Back fue cuidadosamente calculada. Estaba centrando sus energías en las películas ambientadas en el pasado en un intento de evitar que los estudios se trasladaran al presente. En abril de 1937, se publicó en los Estados Unidos el volumen final de la trilogía de Erich Maria Remarque, Three Comrades, que era el material principal de Hollywood. Mientras que All Quiet on the Western Front había sido sobre la Guerra Mundial y The Road Back había sido sobre sus secuelas, Three Comrades se desarrolló a fines de la década de 1920, cuando los nazis emergían como una fuerza política significativa. El productor de MGM Joseph L. Mankiewicz (hermano de Herman) contrató nada menos que a F. Scott Fitzgerald, quien escribió un guion que montó un poderoso ataque al ascenso del nazismo en Alemania.


Desde la perspectiva de Gyssling, la eliminación de todos los elementos ofensivos de Three Comrades fue el verdadero beneficio de su comportamiento del año anterior. Había reaccionado tan dramáticamente a la segunda película de la trilogía que ahora había logrado salirse con la suya en la tercera. Y esto no fue poca cosa, porque Three Comrades habría sido la primera película explícitamente antinazi de un estudio estadounidense. En este momento histórico crítico, cuando una gran producción de Hollywood pudo haber alertado al mundo de lo que estaba sucediendo en Alemania, el director no tenía el montaje final; los nazis lo hicieron. La colaboración entre Hollywood y los nazis duró hasta 1940. Aunque Warner Bros., rodó Confessions of a Nazi Spy en 1939, esta cinta de serie B, Confesiones de un espía nazi: la película y su recepción Confessions of a Nazi Spy emplea un estilo de docudrama para darle un sentido de verosimilitud al film. Narrada con una voz en off al estilo de los noticieros populares de March of Time. El informador relata el reciente descubrimiento de una red de espías nazi y procede a describir los acontecimientos conduciendo a la captura y posterior juicio de los espías. La película entonces corta a una pequeña ciudad escocesa en 1937, donde los aparentemente inocentes mirar a la Sra. Mary MacLaughlin actúa como un conducto para un espía nazi sistema que envía y recibe cartas de agentes en todo el mundo, incluidos los Estados Unidos. En la siguiente escena, vemos al Dr. Karl Kassel (interpretado por Paul Lukas) dirigiéndose a un germano-estadounidense Reunión del Bund en la ciudad de Nueva York. Habla de una manera de alto voltaje similar al de Hitler y en una habitación llena de banderas nazis y esvásticas. Su discurso termina con la frenética audiencia poniéndose de pie. y saludando, "Sieg Heil", mientras una banda toca "Deutschland Über Alles". No tuvo ningún efecto en los estudios que aún operaban en Alemania. Pero la prensa internacional se hizo eco, del buen sabor de boca, y el espíritu crítico de la película de Warner Bros. Los estudios MGM, Paramount y 20th Century Fox siguieron haciendo negocios con los nazis, y MGM incluso donó 11 de sus películas para ayudar con el esfuerzo de socorro de guerra alemán después de que los nazis invadieron Polonia el 1 de septiembre de 1939. A medida que la guerra continuaba, los estudios encontraron prácticamente imposible distribuir sus imágenes en Inglaterra y Francia, dos de sus mayores fuentes de ingresos extranjeros. En este contexto, estaban menos preocupados por el mercado alemán relativamente menor. MGM pronto se embarcó en su primera película antinazi The Mortal Storm, y 20th Century Fox comenzó a trabajar en Four Sons. Los nazis respondieron invocando el artículo 15 y, en septiembre de 1940, ambos habían sido expulsados ​​del territorio ocupado por los alemanes. En el año siguiente, los estudios lanzaron solo un puñado de películas antinazis debido a otra fuerza política muy diferente: los aislacionistas estadounidenses. Los aislacionistas acusaron a Hollywood de hacer propaganda diseñada para atraer a Estados Unidos a la guerra europea, y en el otoño de 1941, el Congreso investigó este cargo en una serie de audiencias. El momento más dramático llegó cuando el director de 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck, hizo una enérgica defensa de Hollywood, dixit: “Miro hacia atrás y recuerdo imágenes tan fuertes y poderosas que vendieron el estilo de vida estadounidense, no solo a Estados Unidos sino al mundo entero. Lo vendieron con tanta fuerza que cuando los dictadores se apoderaron de Italia y Alemania, ¿qué hicieron Hitler y su lacayo, Mussolini? Lo primero que hicieron fue prohibir nuestras películas y publicidad. Es decir, echarnos. Esos tipos no querían formar parte del estilo de vida estadounidense”. En el atronador aplauso que siguió, nadie señaló que ese mismo estudio del gran Zanuck había estado haciendo negocios con los nazis un año antes. Pelillos a la mar y todos los días no son iguales, que diría el zorro de Zanuck. Toda una declaración de eugenesia patriótica y fervor por la codicia. El viejo Hollywood siempre se sostuvo, en el dinero y muy pocos, le preguntaron a ese Hollywood, cuál era el color de sus billetes, que han hecho de la colina de VanityLand. Un mismo mastodonte económico, en pleno 2021.

 

 

                                Dedicado a Dean Stockwell marzo 1936/noviembre2021 In Memoriam

 

 

Fotogramas adjuntados

All Quiet on the Western Front (1930)  by Lewis Milestone

Captains Courageous (1937) By Victor Fleming

The General Died at Dawn (1936) Lewis Milestone

Three Comrades (1938) ByFrank Borzage

Confessions of a Nazi Spy (1939) By  Anatole Litvak

Four Sons (1920) By John Ford

The Mortal Storm (1940) By Frank Borzage

 

Biografía recomendada

Hitler in Los Angeles: How Jews Foiled Nazi Plots Against Hollywood and America by Steven Ross Ed. Bloomsbury USA.

The Collaboration: Hollywood's Pact with Hitler by Ben Urban  Ed. Belknap Press 2013

Hollywood’s Spies: The Undercover Surveillance of Nazis in Los Angeles  By Laura B. Rosenzweig  Ed. NYPress 2017








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Ander: La bella oveja de cuadros marrones

octubre 18, 2021 Jon Alonso 0 Comments

 


Los días pasan y cada día aprendes algo nuevo, aunque no te des cuenta. En esta sociedad, se nos enseña a ser ovejitas blancas, para que el pastor y sus perros puedan manejarnos a su antojo sin temor a rebeliones. Se podría decir que nos comen la cabeza desde bien pequeñines para "caparnos", en nuestro esplendor, de toda ideología propia y sólo saber emitir berridos. Dice una vieja fábula: un pastor teme a la oveja negra porque siente pánico —a que llame la atención de las ovejas blancas y perder su control— pero éste es listo y ha educado, muy bien, a sus acólitas (más bien, les ha dado el pienso más exquisito) para que, éstas, sin pensar: ignoren, insulten y agredan a la pobre oveja negra. Empero, sin que ella, haya hecho nada malo. Sin embargo, aquí no termina la contienda. Si las ovejas blancas no pueden demoler la voluntad, que entienden, como su enemiga, los perros ansiarán inutilizarla de un modo mucho más doloroso. Y aquí, uno se pregunta lo siguiente: A) ¿Me tiño de oveja blanca, algo que me arrastraría un trastorno de compatibilidad al pretender ser lo que uno, no es. B) ¿Soportar todas las hostias sin ceder, un milímetro, pero que todos sabemos que esas heridas no cicatrizan bien y pueden acabar con una sepsis de caballo? C) El suicidio. No tiene vuelta atrás. Es tan demoledor que termina por sacar a la luz la hipocresía del silencio y la indolencia del rebaño. Nadie se atreve a decir una mala palabra de un muerto. Todo son panegíricos y abrazos venenosos en una fría tarde de otoño. —Oh! Qué pena. Era tan majo, inteligente, guapo y toda una vida por delante.  Ander San Asensio Bengoechea.



Era una oveja a cuadros marrones. Los perros del pastor estaban preparando la estrategia del nuevo lunes.— Si le das lo suficientemente fuerte, en los huevos, se le nublará la vista y es posible que se maree. Debes aprovechar ese momento para empezar a pegarle puñetazos en la cara, preferiblemente en la nariz, que es lo que más fácilmente se rompe. Y San Asensio, será nuestro. Esto era un día sí, un día no. Hasta que se convirtió en un todos los días.

 

     En el caserío de Ander en un bello pueblo entre Vizcaya y Guipúzcoa

 

Ander se hallaba semirecostado en su cama y acaba de escupir sangre en la palangana que tenía debajo de su lecho. —Estoy harto, hundido, hecho una mierda… El acusado de toda expiación de culpa, el que tiene que sentir vergüenza, sufrimiento y tormento. Todo esto va a peor. Las manos le temblaban, cogió el móvil para ver los últimos mensajes que había recibido. Simplemente, más insultos. Cogió la cuchilla que llevaba guardada en la mochila, ya no podía más. Tragando saliva se hizo el primer corte, el segundo y el tercero. Así hasta perder la cuenta. Pensaba, ensimismado, —¿por qué a mí ha de pasarme esto? ¿Por qué el mundo es tan cruel, tan depravado, tan nauseabundo, tan asqueroso, tan bestialmente cruel...Mil cosas?



Pero ya daba igual estaba decido a irse de ese jodido lugar. Se acostó en la cama  y así paso otro día. Sonó la alarma, sus ojos llenos de lágrimas y su corazón hecho pedazos se preparaba para otro día. Salió temprano, se puso los auriculares y subió el volumen al máximo. Caminaba sin prisa, tranquilo, no por ello notaba en su corazón el pálpito del miedo. A lo lejos ya se veía —de nuevo— la cárcel de sus problemas, la jaula donde le arrancaron las alas y la piel a tiras. Llego a clase, a su clásico sitio, en la esquina final de aquella húmeda clase. Dejó pasar las horas, contaba el tiempo que quedaba para poner el punto final, a su martirio diario, el de las bolas de papel y los insultos. Nunca tenían un tiempo muerto. Siempre en marcha —imparable—  como un canal de streaming, pobre criatura; nunca tuvo el mínimo apoyo de nadie y lo sabía. Miraba con la mirada perdida. —Solo dos horas más, vamos, tío, tú puedes. —Tan sólo quedan dos putas horas y fin. Su voz completamente quebrada y la cara pálida, por unos pómulos que provocaban la caída a borbotones de lágrimas. Sonó la sirena del final de las clases.





Siguiendo la costumbre, salió el último y se dirigió a un parque cercano, donde se sentó. Miraba con la pena del reo, el pueblo donde nació y donde todo estaba a punto de concluir; el lugar donde le habían triturado su dignidad. Sacó un frasco de pastillas y se lo tomó entero, utilizando una pequeña botella de agua. Cogió un cúter y empezó a cortarse las muñecas, verticalmente, mientras sus ojos enrojecidos expulsaban sus últimas lágrimas. Desde lo alto de la sima, se desplomó al suelo, la carta que sostenía su mano, comenzó a empaparse de sangre. Los ojos se cerraron lentamente y su pesadilla finalizaba. Al llegar la noticia nadie se lo podía creer, nadie se imaginaba que; el joven Ander estaba padeciendo ese tormento. Nadie se imaginó por un instante—, que ese niño, que se acababa de suicidar era yo. En aquella carta se podía leer: los perros del pastor, ya no tienen a quien morder, porque era un chaval, ni blanco, ni negro. Ander fue siempre una oveja cariñosa de cuadros marrones.



                                                                      FIN


                             Dedicado a Antonio Gasset mayo 1946/septiembre2021 In Memoriam


Fotogramas adjuntados

Der junge Törless (1966) By Volker Schlöndorff.

Carrie (1976) By John Carpenter

The Children (1976) By Terence Davies

Före stormen (2000) By Reza Parsa






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