Ander: La bella oveja de cuadros marrones

 


Los días pasan y cada día aprendes algo nuevo, aunque no te des cuenta. En esta sociedad, se nos enseña a ser ovejitas blancas, para que el pastor y sus perros puedan manejarnos a su antojo sin temor a rebeliones. Se podría decir que nos comen la cabeza desde bien pequeñines para "caparnos", en nuestro esplendor, de toda ideología propia y sólo saber emitir berridos. Dice una vieja fábula: un pastor teme a la oveja negra porque siente pánico —a que llame la atención de las ovejas blancas y perder su control— pero éste es listo y ha educado, muy bien, a sus acólitas (más bien, les ha dado el pienso más exquisito) para que, éstas, sin pensar: ignoren, insulten y agredan a la pobre oveja negra. Empero, sin que ella, haya hecho nada malo. Sin embargo, aquí no termina la contienda. Si las ovejas blancas no pueden demoler la voluntad, que entienden, como su enemiga, los perros ansiarán inutilizarla de un modo mucho más doloroso. Y aquí, uno se pregunta lo siguiente: A) ¿Me tiño de oveja blanca, algo que me arrastraría un trastorno de compatibilidad al pretender ser lo que uno, no es. B) ¿Soportar todas las hostias sin ceder, un milímetro, pero que todos sabemos que esas heridas no cicatrizan bien y pueden acabar con una sepsis de caballo? C) El suicidio. No tiene vuelta atrás. Es tan demoledor que termina por sacar a la luz la hipocresía del silencio y la indolencia del rebaño. Nadie se atreve a decir una mala palabra de un muerto. Todo son panegíricos y abrazos venenosos en una fría tarde de otoño. —Oh! Qué pena. Era tan majo, inteligente, guapo y toda una vida por delante.  Ander San Asensio Bengoechea.



Era una oveja a cuadros marrones. Los perros del pastor estaban preparando la estrategia del nuevo lunes.— Si le das lo suficientemente fuerte, en los huevos, se le nublará la vista y es posible que se maree. Debes aprovechar ese momento para empezar a pegarle puñetazos en la cara, preferiblemente en la nariz, que es lo que más fácilmente se rompe. Y San Asensio, será nuestro. Esto era un día sí, un día no. Hasta que se convirtió en un todos los días.

 

     En el caserío de Ander en un bello pueblo entre Vizcaya y Guipúzcoa

 

Ander se hallaba semirecostado en su cama y acaba de escupir sangre en la palangana que tenía debajo de su lecho. —Estoy harto, hundido, hecho una mierda… El acusado de toda expiación de culpa, el que tiene que sentir vergüenza, sufrimiento y tormento. Todo esto va a peor. Las manos le temblaban, cogió el móvil para ver los últimos mensajes que había recibido. Simplemente, más insultos. Cogió la cuchilla que llevaba guardada en la mochila, ya no podía más. Tragando saliva se hizo el primer corte, el segundo y el tercero. Así hasta perder la cuenta. Pensaba, ensimismado, —¿por qué a mí ha de pasarme esto? ¿Por qué el mundo es tan cruel, tan depravado, tan nauseabundo, tan asqueroso, tan bestialmente cruel...Mil cosas?



Pero ya daba igual estaba decido a irse de ese jodido lugar. Se acostó en la cama  y así paso otro día. Sonó la alarma, sus ojos llenos de lágrimas y su corazón hecho pedazos se preparaba para otro día. Salió temprano, se puso los auriculares y subió el volumen al máximo. Caminaba sin prisa, tranquilo, no por ello notaba en su corazón el pálpito del miedo. A lo lejos ya se veía —de nuevo— la cárcel de sus problemas, la jaula donde le arrancaron las alas y la piel a tiras. Llego a clase, a su clásico sitio, en la esquina final de aquella húmeda clase. Dejó pasar las horas, contaba el tiempo que quedaba para poner el punto final, a su martirio diario, el de las bolas de papel y los insultos. Nunca tenían un tiempo muerto. Siempre en marcha —imparable—  como un canal de streaming, pobre criatura; nunca tuvo el mínimo apoyo de nadie y lo sabía. Miraba con la mirada perdida. —Solo dos horas más, vamos, tío, tú puedes. —Tan sólo quedan dos putas horas y fin. Su voz completamente quebrada y la cara pálida, por unos pómulos que provocaban la caída a borbotones de lágrimas. Sonó la sirena del final de las clases.





Siguiendo la costumbre, salió el último y se dirigió a un parque cercano, donde se sentó. Miraba con la pena del reo, el pueblo donde nació y donde todo estaba a punto de concluir; el lugar donde le habían triturado su dignidad. Sacó un frasco de pastillas y se lo tomó entero, utilizando una pequeña botella de agua. Cogió un cúter y empezó a cortarse las muñecas, verticalmente, mientras sus ojos enrojecidos expulsaban sus últimas lágrimas. Desde lo alto de la sima, se desplomó al suelo, la carta que sostenía su mano, comenzó a empaparse de sangre. Los ojos se cerraron lentamente y su pesadilla finalizaba. Al llegar la noticia nadie se lo podía creer, nadie se imaginaba que; el joven Ander estaba padeciendo ese tormento. Nadie se imaginó por un instante—, que ese niño, que se acababa de suicidar era yo. En aquella carta se podía leer: los perros del pastor, ya no tienen a quien morder, porque era un chaval, ni blanco, ni negro. Ander fue siempre una oveja cariñosa de cuadros marrones.



                                                                      FIN


                             Dedicado a Antonio Gasset mayo 1946/septiembre2021 In Memoriam


Fotogramas adjuntados

Der junge Törless (1966) By Volker Schlöndorff.

Carrie (1976) By John Carpenter

The Children (1976) By Terence Davies

Före stormen (2000) By Reza Parsa






La joven del cántaro

 


Aquel colchón de poliestireno expandido me estaba matando. La noche no bajaba de los 27 grados y la humedad relativa era del 79% Me tomé otro halcion más, a ver, si encontraba algo del gabán de Morfeo. Así, como el que nunca suele encontrarse con seres tan hermosos. Como una bocanada de viento en Pascua y salida de un prado asturiano, a través, de las entrañas del aire, una joven de grandes ojos verdes se incrusta en mi sueño. Viste ropas de montañesa, a modo, de pastorcilla con su clásico cántaro de agua en el regazo. Llega a la orilla del río y se arrodilla. Enreda el remolino del agua fresca y cristalina, formando con sus dedos ondas que la fuerza del empedrado en el agua los disuelve. Sonríe, me mira. Comienza a cantar, y arranca llantos al viento que mece a las cañas del margen del río... Vamos ni el mejor personaje de Covarrubias Herrera. Tengo la garganta momificada, la sed me mata con su beso seco. Descalzo, en mitad de la sofocante madrugada, me levanto del sofá y me dirijo hacia la cocina. Mis pasos retumban sobre el suelo. Abro el frigorífico y, por unas dulces milésimas, me envuelve un abrazo frío. La botella de agua helada se clava en mis labios y me llena la boca con su flujo, que va cayendo por las boceras de los carrillos.—¡Ahhh! Qué fresca y que puta sed. Menudo calor y el A/C roto. Vamos bien. Vuelvo al salón con la botella en la mano. Oh! mi adorado sofá, (hablando muy bajito) es de estos más modernos de multinacional francesa. Lo compré en una oferta y venía con chaise longe incluida. Ésta, me manda un guiño cómplice: ¡Aquí te espero, Man! Parecía querer marcarse unas risas, pero no. Es otra forma, que la silueta de mi espalda, estampada a lerdos trazos de sudor… cómo aprieta en la capital del Mediterráneo, en el centro de la ciudad, la sensación de basca y falta de oxígeno te mata lentamente. 




Agosto, es así, pero bueno, qué son 90 días… Luego lloraremos a Filomena, la novia del socio del agente secreto Mortadelo. Y yo no quiero hacer Snowboarding por la Gran Vía de mi barrio...Cierro los ojos e intento recobrar la imagen de la chica morena de los ojos verdes cántaro... ¿era morena o castaña oscura? No lo sé. No duermo, no vivo. Me tomaré otro triazolam y “pa alanté”, figura. Nuevamente, vuelvo a observar a la lozana pastorcilla que recoge —su gran melena negra azabache— en una trenza que serpentea hasta el inicio de sus caderas. Eso, sí. Ya no hay cántaro. La chica sigue cantando mientras el río le devuelve el inmaculado reflejo de su hermoso cuerpo desnudo. Sus ropas caen rendidas a una velocidad que hasta Newton le haría barruntar. Su piel de leche, nívea, bajo el sol de la montaña, brilla como una virgen de Rafael. Una tez campo de batalla virgen donde el amor; perdió cien mil batallas de orgullosos guerreros de un papa loco. Introduce un pie en el agua, lentamente; le sigue el otro, y el río parece tener ansias por acariciar su lozano cuerpo bucólico. Ahora toda ella es agua cristalina y pura. Goterones de sudor se congregan en mi nuca, mojan mi pelo y el cabecero de la chaise longe de oferta, donde descanso mi asfixiada testa. A mi lado, en el suelo, la botella de agua rezuma frío. Una bocanada, otro trago... otro trago, una bocanada...de aire. Es horrible. Mi corazón sin yo quererlo late con fuerza. Ahora, otro bostezo. Por fin, mis parpados quieren cerrarse y se abre el telón: dormido profundamente.



El sol de la tarde ya se ha transmutado en un remiendo de tonos anaranjados en el horizonte, donde las copas de los pinos quedan recortadas, como por arte de Photoshop. La chica sale del río andando, cada paso es una caricia en la hierba. Un grillo afónico y solitario, inicia una sonata de noche anticipada, cargando el ambiente con ese hechizo que sólo se lee en los cuentos. Yo la espero sentado en la orilla, del río donde llena su cántaro, con unos papeles llenos de versos que descansan sobre mis rodillas. Rimas que yo no he escrito, que me  ha arrancado su sonrisa llanamente del corazón. Ha abierto mi pecho y ha cavado con su mirada de gata un pozo tan hondo que casi se ve el color pardo de mi alma. Es la mirada que me examina, ahora, la misma, ella  sentada frente a mí, aún desnuda y exultante. Sudor y agua. La botella ha empapado el suelo. ¿Acaso llueve? No. Me levanto una vez más del moderno sofá de oferta del folleto del buzón y reto a la quietud de la madrugada con el estruendo de mis persianas al abrirlas. Salgo al balcón y... sí, está lloviendo, a cántaros. Aún más humedad, más agua, más sudor y más agua, más yo. Venga más lluvia, más chaise longe y más empanamiento... ¿Y ella? Comienza la maniobra de aproximar sus labios y su pelo mojado a mi boca —que tiembla de emoción— cuando el aire se vuelve incienso, aunque huele a romero y tomillo. Son grosellas envueltas en pecado. Apenas, un centímetro separan nuestros labios— se detiene. —Dilo, lo estás deseando. Dilo, ya. —Susurra con un tono de voz cuasi musical.

 



Me vuelvo a levantar del sofá dando tumbos, borracho de sueño. Mi casa se está inundando, el agua me cubre hasta las rodillas y los muebles comienzan a flotar; se produce un chispazo trifásico de mil colores, como en un castillo de fuegos artificiales. El agua engulle la pantalla negra de la SmartTV.—No me importa. El espectáculo es desolador e hipnótico. Pequeñas cataratas domésticas afloran desde las paredes, los espejos se van llenando de agua y me reflejan confuso y difuso. Estoy empapado hasta los huevos... Pero no importa; cierro los ojos y me dejó caer sobre el agua que va llenando poco a poco mi casa, me uno a la crecida de ésta. —Llévame contigo. Creo que no me oye, grito —Te quiero, pastorcilla. Lo digo sin saber, qué hostias pasa por mi cabeza, pero de algún modo sabiendo que digo algo. No me oye, ni yo a ella. Ahora, sonríe y me besa. Coge mi mano, ayudándome a levantarme. Corremos desnudos hacia la orilla y nos zambullimos en un estrujón de pasión y olvido. El agua intenta colarse entre los vanos huecos que dejan nuestro deseo carnal. Aunque, dejamos pocos huecos. Nos hundimos el uno encima del otro, y los dos en el río del amor. Las ranas cantan Creep de Radiohead ,y ahora, ya no soy capaz de despertarme. Estoy muy húmedo y cansado. Creo que al final, el agua todo lo cura.




                                                                           F I N


                                 Dedicado a Mario Camús abril 1935/septiembre 2021 In Memoriam



Fotogramas adjuntados

 

The Rains Came Año 1939 By Clarence Brown

The Naked Jungle 1954 ByByron Haskin

Gojira (Godzilla) 1954  Ishirô Honda,

Gray Lady Down (1978) By David Greene








Adicción a mi 36

 


Abrí el tambor de mi revolver y dejé al descubierto los seis orificios de cada cartucho de mi revólver Colt del 36. Tenía una ordenadísima  fila de balas, preparadas para ser introducidas. La primera era simple, era la bala de la ira, un poco de pólvora y metralla. Los efectos secundarios eran rápidos y efímeros, apenas tiempo para revolverte de dolor. Tan solo, un abrir y cerrar de ojos. Cogí el proyectil  y lo introduje en el tambor sin más preámbulos. La segunda bala era conocida como la lujuriosa, puro vicio. Algo más peligrosa algo ya que no solo te producía una muerte lenta, puesto que, tú estás ignorando esta situación: todos aquellos de tu alrededor son los que sufrirán. Al final, ya estaba dentro del tambor. Bien, llegamos a la número tres la más oscura de todas. Se trataba de la bala de la corrupción. La corrupción es la descomposición del alma y del ser humano. La misma  capaz de acabar con todos tus principios y desviarte de tus valores, haciéndote caer en los dos cartuchos anteriores.



Engendrando una dispersión de dolor a tu alrededor sin impórtate lo más mínimo; lo que el resto pueda aguantar. De repente, un fuerte tembleque, desde la muñeca a los dedos, me ponía difícil, algo tan sencillo, como añadir,  la bala, con las demás. Continué con la tarea de introducir las últimas balas. Estaban en mis manos, las más crueles y demoledoras. En todos los casos producían un terrible sufrimiento a todo aquel herido por ellas. Observé la cuarta bala, la de la traición, recordé a mi abuelo y una frase que hablaba sobre este asunto; ten mucho cuidado a la hora de perder a alguien que quieras, desde la moral y la integridad: es lo más parecido a matar mentalmente, a ese ser querido. Con miedo y lleno de remordimiento, por lo que pudiese pasar, la introduje en su compartimento. La penúltima bala se trataba simplemente de la muerte. ¿Saben lo qué es y lo que significa? Era tan sencillo como disparar una bala al escultor del alma.



Imagínense la cantidad de estremecimientos que pueden ser extirpados de tu interior: piensa, en el óbito y el olor de tu mano a pólvora quemada. Un dolor punzante y electrificado llegaba hasta mi corazón Envuelto en  las lágrimas del huérfano más desgraciado del planeta. Cerré los ojos y la cargué. Tuve que pensar y darle muchas vueltas al tarro. No tenía muy claro que hacer con la última bala. Demasiado osada, no me sentía seguro de su resultado. Quedo en una moneda al aire,  una cara o la cruz, los extremos de un fragmento. Estaba muy cerca de culminar la cúspide de la felicidad pero, un paso en falso y lo destruiría por completo. Paré de darle vueltas al cerebro y directamente la coloqué en su agujero del tambor que quedaba libre. Un suave y ligero golpe seco, coloqué a la perfección la bala del amor. El trabajo estaba hecho.



El revólver estaba viendo rodar su tambor, como una ruleta de la fortuna, girando y girando como en un casino, en una divertida noche de verano. Se detuvo en una de las balas. Puro azar. Entregué el revolver a la vida, y dejé que esta hiciese su trabajo, lo había hecho muchas veces: como siempre lo había realizado, perfecto. Ahora entenderán mucho mejor porque soy adicto a la ruleta rusa. Todas mis locuras y mis mejores pesadillas. Entre tantas cosas sin sentido; que no acabo de acertar. Como muere un día y nace otro. Así vamos cayendo, uno a uno. Es la vida de una triste ruleta, que no sabemos parar, y si yo lo supiera, si descubriera como parar la vida. Créanme que lo haría en este mismo momento. Ahora soy una marioneta muerta, que creía observar como la vida giraba, en torno, a un tambor. Lo entienden, ¿a qué sí? No lo puedo evitar. Me gusta jugar.


                                                                                                 F I N



                                          Dedicado a Charlie Watts junio 1941/agosto 2021 In Memoriam 



Fotogramas adjuntos

13 Tzameti (2005) by Géla Babluani

The Deer Hunter (1978) by Michael Cimino

Lindsay Lohan (2012) by Terry Richardson

Ruleta rusa (2018) by Eduardo Meneghelli

 





Bobby Driscoll: “Me llevaron en bandeja de plata y luego me tiraron a la basura”.





Ser actor o actriz, no es una profesión sencilla. El camino puede ser más duro  y pringoso que contar tu propia infancia como si te estuvieran contando la niñez de Kierkegaard. Todavía hay para quienes —insisto— creen que  elaborar una autobiografía en forma de ficción puede ser una forma de expresar el drama que ya vivían en su propia vida, en forma de tragedia culinaria, de la misma forma que el repostero le añade, un relativo artificio del empolvado glasé, a un bizcocho. Obviamente, no es fácil, pero serlo de niño, es un juego de pelota completamente diferente. El mundo del espectáculo siempre ha sido feroz y ha estado lleno de una inmensa cantidad de presión y estrés. Las celebridades tienen —una relativa vida madura— llena de éxitos y fracasos en forma de rupturas todo el tiempo. Empero, parece que las estrellas infantiles están en la zona de riesgo donde el despeñadero, deja pocas concesiones de agarre a un risco. La caída al vacío; solo la superan algunos privilegiados. Hablamos de espacios difíciles y de tocar fondo, sin posibilidad de perdón en un futuro inmediato. Teniendo en cuenta los eventos de las estrellas infantiles del pasado, no es ningún secreto, el hecho de sus pasajes infernales. Regresan para ganar y mantener una profesión o para hacer frente a la pérdida. Algunas estrellas continúan teniendo carreras, desde sus infancia y con en la sexta década de su vida, sigue siendo una persona tremendamente exitosas, cabales y muy preparadas. Ahí, tenemos, el caso que nos llena de orgullo, de la maravillosa  actriz y directora Jodie Foster. Sin embargo, no todos tienen la misma suerte. La tendencia típica para ellos parece ser que una vez que han crecido o su programa termina, están atrapados en ese papel. Un grandísimo ejemplo lo tenemos en España, Utiel, provincia de Valencia: Joselito fue uno de los grandes niños prodigio de este país. De origen, andaluz, muy humilde, cantaba por unas cuantas monedas hasta que lo lanzaron al estrellato. Su triunfo le pasaría factura años después. El intérprete de “El pequeño ruiseñor” llegó a confesar; que se arrepentía de la infancia que vivió y que había tenido pensamientos suicidas. Tiene toda la lógica del mundo, la dictadura de Franco explotó su figura hasta límites insospechados; se aplicaron pócimas y mezclas hormonales para retrasarle la pubertad. En 1991 fue condenado a 5 años de prisión por posesión de cocaína. Otro caso que conmocionó a la opinión pública fue el del actor Brad Renfro, un joven que prometía convertirse en una gran estrella tras su debut, en 1994. En el  film “El cliente” al lado de Susan Sarandon y bajo la batuta del desaparecido Joel Schumacher deslumbró a la crítica, compañeros y equipo técnico de rodaje. Y quien, termina disfrutando con tu trabajo, el público. En unos pocos años estaba en la lista de personas más importantes con menos de 30 años de la revista People, y con mayores expectativas de ser un actor a marcar época. El tramo final de su carrera se ensombreció por el constante abuso de sustancias ilegales. El bueno de Brad Renfro terminó muerto, en su apartamento —completamente sólo— en Los Ángeles 2008. La oficina del forense declaro que el fallecido había sufrido una sobredosis de heroína y morfina. ¡Y cómo, nó podía ser de otra manera… Ya que vamos a hablar alto y claro de ese tipo tan turbio y su imperio de estrellas y juguetes rotos, llamado, The Disney Channel! Qué a Uds., y sus hijos les puede parecer, un sitio, dónde todo eran sonrisas y alegría en el mundo del ínclito y difunto Walt Disney. Cientos de historias animadas, protagonizadas por personajes que todos recordamos y frases que marcaron un antes y un después en la infancia de millones de niños. Los parques de atracciones construidos se presentaban como un lugar de ensueño en el que las familias americanas podían pasar el día, alejados de la ciudad y sus problemas. Disney Studios ha hecho todo lo posible para mantener sus estándares y su reputación familiar. Desde el primer día, siempre han esperado que sus estrellas actúen y se comporten, de cierta manera, para defender ese canon de imagen idílica de su castillo de los sueños de todo niño-a. No me malinterpreten, nos encanta Disney y el cabrón de Walt y todas sus creaciones. Bueno, no todas. Hemos crecido con muchas de sus  películas. Todavía por las noches, queremos llegar a Neverland. A la gran aventura animada, del fascinante "Peter Pan". Sin embargo,  hemos  aprendido que a veces hay algunas historias trágicas detrás de la magia. El Peter Pan que conocimos de primera época tenía la voz de Bobby Driscoll, quien era un actor infantil y también, la primera estrella de cine de acción real de Walt Disney. Desafortunadamente, la vida de Driscoll fue todo lo que Uds., le quieran llamar; menos un cuento de hadas y, en cambio, encarna las consecuencias y las dificultades que a veces pueden surgir de la dura realidad del centro de atención. Robert Cletus Driscoll nació el 3 de marzo de 1937 en Cedar Rapids (Iowa) y era hijo único. Su padre, Cletus, era vendedor de aislamientos y su madre, Isabelle, fue maestra de escuela. Eran una familia religiosa que asistía a la iglesia todos los domingos y el tío de Driscoll era un ministro bautista. La familia se mudó a Des Moines y luego a Los Ángeles, California en 1943. El padre de Driscoll sufría la patología pulmonar (asbestosis/amiantosis) debido a su trabajo con asbesto y su médico le aconsejó que se mudara. Una vez que llegaron a Los Ángeles, muchos alentaron a los padres de Driscoll a que lo llevaran a actuar. El hijo de su barbero le consiguió a Driscoll una audición para una pequeña parte del drama familiar de MGM, "Lost Angel" (1943), protagonizada por Margaret O’Brien. Driscoll, de cinco años, notó una maqueta de barco y preguntó dónde estaba el agua. El director quedó impresionado con la curiosidad y la inteligencia del niño y lo eligió entre otros cuarenta que habían quedado finalistas para el casting.

 

 



Aquel debut en pantalla, de apenas dos minutos, llevó a Driscoll a conseguir un papel en el drama de la Segunda Guerra Mundial de 1944 de 20th Century Fox, "The Fighting Sullivans", como el hermano menor de Sullivan, Al Sullivan. La gente empezó a notar la capacidad natural de actuación de Driscoll y su talento para memorizar líneas. Se hizo conocido como “el pequeño maravilla" ganando papeles en "Sunday Dinner For a Soldier", "The Big Bonanza" (1944) y "So Goes My Love" (1946). Driscoll se convirtió en el primer actor contratado por Walt Disney para interpretar al personaje principal en "Song of the South" (1946), coprotagonizada por la actriz infantil Luana Patten. La película convirtió a Driscoll y Patten en estrellas y la prensa la apodó como el "Equipo de Sweetheart" de Walt Disney. Driscoll y Patten protagonizaron juntos otra vez en "So Dear To My Heart"1948 de Disney  y en "Pecos Bill" (1948) con Roy Rogers and the Sons of the Pioneers. En 1948, Disney "prestó" Driscoll a RKO Studios para interpretar al hijo en pantalla de Eddie Cantor en la comedia musical "If You Knew Susie" (1948) y protagonizar "The Window" (1949). Howard Hughes, propietario de RKO Studios en ese momento, se encontraron la película, "The Window", descompuesta para su estreno y pensaron que Driscoll no era un gran actor. La película finalmente se estrenó en 1949 y fue un gran éxito, lo que le valió al estudio un múltiplo del costo de producción de la película. Ganó un una millonada, que a día de hoy, seria dinero suficiente para dejar contenta a una producción de Marvel a día de hoy. Driscoll recibió una serie de críticas positivas de su actuación por parte de los críticos de cine. Algo que hizo en el ingrato y complejo Hughes tragarse cada una sus propias y despectivas palabras. “La fuerza sorprendente y el impacto aterrador de este melodrama de RKO se deben principalmente a la brillante actuación de Bobby, ya que todo el efecto se habría perdido si hubiera alguna sospecha de duda sobre la credibilidad de este personaje fundamental. "La ventana" es la imagen de Bobby Driscoll, no se equivoque al respecto”. Azuzaba al millonario en su crítica el  The New York Times. Apenas, con tan sólo, 12 años, Driscoll ganó un premio especial de la Academia Juvenil por "So Dear To My Heart" y "The Window" como Mejor Actor Juvenil de 1949. Driscoll regresó a Disney y fue elegido como Jim Hawkins en "Treasure Island" con El actor británico, Robert Newton, como Long John Silver. Mientras filmaba en el Reino Unido, Driscoll, tuvo serios problemas de carácter burocrático con inmigración. Ya que, inspección laboral, descubrió que no tenía un permiso de trabajo británico. Se le ordenó que abandonara el país en seis días, por lo que el equipo tuvo que filmar rápidamente todas las escenas y primeros planos de Driscoll antes de que se viera obligado a irse. El incidente provocó que la familia de Driscoll y Disney Studios fueran multados en gran medida. La primera película de acción en vivo de Disney fue un éxito de taquilla y Driscoll pronto estuvo en discusión para varios proyectos futuros con Disney, pero ninguno de ellos se materializó. Según las memorias del director Byron Haskin: “Driscoll, se hallaba en conversaciones de ser elegido como el nuevo Tom Sawyer tenía la edad perfecta para el papel. Debido a la disputa de la propiedad de los derechos de la historia, con el acabado final y el magnate David O. Selznick, quien había producido con su productora personal, Las aventuras de Tom Sawyer”en (1938)”. Disney finalmente tuvo que cancelar todo el proyecto. También se suponía que Driscoll interpretaría a un joven seguidor de Robin Hood en la versión de acción en vivo protagonizada junto a Robert Newton, de nuevo, como Frailey Tuck. Disney quería filmarlo en el Reino Unido.  Pero, debido al incidente del permiso de trabajo de Driscoll no pudieron regresar para la producción. El segundo contrato a largo plazo de Driscoll con Disney le permitió ser "prestado" a Horizon Pictures para un doble papel en "When I Grow Up". Solicitado, expresamente, por el guionista y director Michael Kanim. Interpretó a un niño enfermo, con mucha imaginación y poco cariño de su familia. Finalmente, contrae fiebre tifoidea. Poco después, apareció en el primer especial navideño de Walt Disney, "Una hora en el país de las maravillas", en 1951 y prestó su voz a Goofy Jr. en los cortos de dibujos animados de Disney. A Driscoll le resultó difícil conseguir papeles serios en el cine porque todo el mundo lo veía como el actor infantil con la marca de agua Disney. Hizo algunas series de televisión especiales centradas en las estrellas de gran renombre, como Loretta Young, Gloria Swanson o Jane Wyman. BD, también actuó en varios programas de radio y transmisiones especiales. Fue elegido en una encuesta nacional como el ganador del Milky Way Gold Star Award en 1954 por su trabajo con la televisión y la radio. Su último gran éxito fue "Peter Pan" (1953) y fue elegido junto a la actriz infantil "Little British Woman" de Disney, Kathyrn Beaumont. Driscoll no solo proporcionó la voz a Peter, sino que también fue el modelo de referencia para los animadores. Las expresiones faciales, los gestos y el comportamiento de Peter imitan increíblemente a los de Driscoll. Se sabía que Walt Disney tenía a Driscoll en alta adoración y esencialmente veía al joven como la versión viva de su juventud. Según la madre de Driscoll, su hijo tenía un gran amor por Walt Disney y siempre hacía lo que el director le decía que hiciera. Sin embargo, durante una reunión de proyectos después de la finalización de "Peter Pan", Disney admitió que ahora veía a Driscoll como el actor más adecuado para el papel de un joven matón en lugar de un protagonista simpático y adorable. El salario de Driscoll se elevó a $ 1,750 por semana, pero tenía muy poco trabajo en 1952 en comparación con su alto salario.

 



En marzo de 1953, una opción adicional de dos años que Driscoll había extendido en su contrato con Disney, que se habría mantenido en Disney hasta 1956, fue cancelada pocas semanas después del estreno en cines de "Peter Pan". El bueno de Bobby Driscoll aterrizó en la inquieta pubertad, que vino con una mala interpretación, ya que lo llevó a usar cucharones de maquillaje durante sus actuaciones. Esta fue la razón oficial proporcionada para la rescisión del contrato de Driscoll y todas sus conexiones con Walt Disney Studios. Sea cual sea la razón de su salida, del tinglado del tío Gilito Walt; el golpe fue tremendo para el joven actor. “Escuché el rumor que la manera en que se enteró es cuando intentó ingresar al estudio y le dijeron ‘no, ya no puedes ingresar más", afirma el actor Billy Gray (”The Day the Earth Stood Still), también una amistad de Driscoll “Él ni siquiera sabía que había sido despedido hasta que intentó entrar en el estudio. Después de abandonar Disney, los padres de Driscoll lo retiraron de la Hollywood Professional School, que educaba a niños actores, y lo inscribieron en una escuela pública como la Westwood University High School. Su calificación bajó estrepitosamente y muchas veces fue objeto de burlas debido a su carrera cinematográfica. "Los otros niños no me aceptaban. Me trataron como a un bicho raro apartado de ellos. Traté desesperadamente de formar parte de la pandilla. Cuando me rechazaron, me defendí, me volví beligerante y arrogante, y tuve miedo todo el tiempo”.Bobby Driscoll. Según afirmó Isabelle Driscoll, BD, reveló en una entrevista años después que comenzó a consumir drogas cuando tenía 17 años. Estaba usando todo lo que era posible y estaba disponible, pero principalmente heroína porque podía pagarla. La madre de Driscoll recuerda que su hijo siempre fue disciplinado antes de las drogas y que el mundo del espectáculo no fue donde estuvo expuesto por primera vez a los narcóticos. “Estaba muy bien supervisado por Disney. A la gente ni siquiera se le permitía usar una palabrota frente a él". Walt Disney ejercía un fuerte control sobre sus empleados, tanto que les prohibía dejarse bigote o barba. Se hizo amigo de los que su madre llamaba los "desvalidos" porque Driscoll sentía lástima por ellos. Estos desvalidos eran niños pobres y con problemas que tenían una influencia negativa en Driscoll. Su madre pensó que estaba cambiando, pero su padre lo descartó como una fase. A petición suya, los padres de Driscoll lo matricularon nuevamente en la Hollywood Professional School, donde se graduó en mayo de 1955. Un año después fue arrestado por primera vez por posesión de marihuana, pero los cargos fueron desestimados más tarde. Junto con la marihuana, también usaba coca, speed y heroína en ese momento. La madre de Driscoll describió a su hijo como una persona siempre activa que anhelaba constantemente la emoción. A menudo se preguntaba si eso pudo haber sido un factor en la caída de su hijo en las drogas. Bobby Driscoll viajó a México en diciembre de ese mismo año con su nueva novia, Marilyn Jean Rush, los cuales, decidieron fugarse para evitar las objeciones pertinentes, de sus padres. Terminaron teniendo un servicio formal en Los Ángeles un año después. Tuvieron un hijo y dos hijas. Bobby Driscoll comenzó a usar el nombre de Robert para marcar distancias con sus antiguos papeles de la infancia y pudo obtener papeles en dos programas de televisión, "M-Squad" y "The Silent Service". También consiguió, de algún modo, aquellos papeles que serían sus últimos papeles cinematográficos a una corta pero intensa  vida: en "The Scarlet Coat" (1955) y "The Party Crashers" (1958). Una vida que dejaba ese sinsabor del amargor de la hiele y la felicidad del merengue glasé. Su madre asevero:— "No quiero que pienses que era un niño perfecto, solo que era un chico muy normal". “No es cierto que la gente de Hollywood no quisiera ayudarlo. Cornell Wilde quería ayudarlo. Michael Kanin quería ayudarlo. Disney Studios cometió un error. No llamaron a Bobby para decirle que querían hablar con él”. A medida que Bobby iba perdiendo todo brillo con dulzor de antaño; los  Driscoll comenzaron a desmoronarse y acabaron separados. Isabelle dejó a Rush. Sin embargo, aún quedaba el triple salto mortal, circense en la carpa del trapecio sin red de amortiguación.  Bobby Driscoll fue arrestado, poco después, por alterar el orden público y asaltar con arma mortal (una pistola, que luego se comprobó que era de juguete), tras golpear con ella, a dos hombres que lo interrumpían mientras lavaba el auto de una novia. Posteriormente se retiraron los cargos. Driscoll y su esposa no pudieron enmendar su relación y terminaron divorciándose en 1960. Rush accedió, a la custodia de sus hijos, quienes se separaron de Driscoll y sus padres. Las últimas apariciones en televisión conocidas de Driscoll fueron pequeños papeles de personajes en "The Best of the Post" y "The Brothers Brannagan". En 1961, Driscoll fue acusado de asalto, robo, posesión de narcóticos y falsificación de cheques. Fue sentenciado como drogadicto al Centro de Rehabilitación de Narcóticos de la Institución de California en Chino, California. Después de su liberación en 1962, Driscoll no pudo encontrar ningún trabajo como actor. Trató de llevar una vida normal como vendedor en California, pero no duró. Isabelle Driscoll dixit: “Las drogas lo cambiaron. No se bañaba. Se le aflojaron los dientes. Tenía un coeficiente intelectual extremadamente alto, pero los narcóticos estaban dejando su cerebro torpe y olvidadizo". “Después de ir a la cárcel, sintió que todos estaban en su contra, no, lo dije mal, sintió que la gente lo señalaba con el dedo y pensaba que no se podía arriesgar con un adicto. De todos modos, no quería la ayuda de nadie, quería enderezarse. No me pidió dinero. De hecho, cuando trabajaba, siempre me mandaba algo”. En 1965, un año después de que expirara su libertad condicional, Driscoll dejó a todos y todo atrás y se mudó a Nueva York con la esperanza de renovar su carrera en el escenario. 




Se mantuvo en contacto con sus padres llamándolos de vez en cuando. Siempre les decía que se convertiría en un actor de éxito y se mantendría limpio de las drogas. Desafortunadamente, no tuvo éxito en ambos y desapareció. Su madre llamó al abogado de su hijo en California para preguntarle dónde estaba, pero su abogado tampoco sabía nada de Bobby. Decidió dejarlo lo suficientemente bien claro, en caso de que su hijo volviera a consumir drogas y no quisiera que la encontraran. Ella pensó que él la contactaría cuando quisiera. Driscoll había abandonado sus sueños de redención y se convirtió en parte de la comunidad artística de Greenwich Village de Andy Warhol conocida como The Factory. Driscoll comenzó a explorar sus otros talentos artísticos y comenzó a hacer collages y pinturas. Algunas de sus piezas fueron consideradas brillantes y sobresalientes por Warhol y la comunidad artística. Driscoll ofreció una última actuación en una película clandestina del cineasta experimental Piero Heliczer titulada "Dirt". Con sus fondos agotados, Driscoll se arruinó y dejó The Factory en 1968 desapareciendo en el subsuelo de Manhattan.  Una vez le comentó a un conocido: “Lo tenía todo. Trabajando constantemente con buenas obras. Luego comencé a invertir todo mi tiempo libre en mi brazo. No estoy muy seguro de por qué demonios comencé..."

 

Tesis sobre esta tragedia

 

Las razones de la caída en gracia varían. Según el historiador Marc Eliot, autor del controvertido libro “Walt Disney: Hollywood’s Dark Prince” (“Walt Disney: El príncipe oscuro de Hollywood”), el joven actor pudo haber sido la desafortunada víctima del poderoso magnate Howard Hughes - cuya vida fue adaptada a la pantalla grande por Martin Scorsese en el filme “El aviador” (2004), protagonizado por Leonardo DiCaprio. “Cuando Howard Hughes compró RKO, él, en efecto, se convirtió en el dueño de los estudios Disney”, afirmó Eliot en una nota en el magazine Entertainment Weekly. “Él, controlaba el dinero y odiaba a Bobby Driscoll. Él odiaba a los niños de Hollywood. Pensaba que eran precoces, falsos e increíblemente molestos. No quería que Bobby Driscoll estuviera más con Disney”. Curioso resulta que cuando el FBI desclasificó la información sobre el expediente Walt Disney durante la IIGM; se demostró que efectivamente WD trabajaba como espía, al mismo tiempo que era investigado para determinar si se trataba de un infiltrado soviético. Además muchas de sus películas fueron manipuladas deliberadamente por el FBI para mejorar la imagen de sus agentes frente al público. Podríamos añadir, casos más recientes de pequeñas estrella del Channel Disney que maneja Mr.Epstein. Cuando la actual estrella del Pop, Miley Cyrus, se topó con los mismos obstáculos al terminar su programa en Disney Channel: "The Hannah Montana Show". Estados Unidos la amaba y era vista como una inocente y divertida chica de al lado, esa vecina, que todo el mundo quería verla cerca y que no podía hacer nada malo. Continuó actuando y cantando después de su programa, pero todavía estaba asociada con Disney y todavía se esperaba que fuera Hannah Montana. Cyrus finalmente accedió a romper con tordo. A modo de espiral descendente, rompiendo su imagen impecable y ahora no se mantendrá la lengua en la boca. Pero, oye, todavía tiene una carrera y no le va tan mal. También se distanció con éxito de Disney. Y ahora, son muchos los rumores, que el amigo de niños Epstein puede, terminar firmándole un supercontrato, nuevo, para realizar un spinoff de Hannah Montana. Siguiendo con nuestro, buen amigo, BD. Otro factor esgrimido fue que su pubertad no fue muy benigna con Driscoll, quien empezó a sufrir un severo episodio de acné incluso cuando filmaba “La isla del tesoro” a inicios de la década, razón por la cual el actor puede verse usando una extensa base de maquillaje en sus escenas. El actor también había madurado en el intervalo, no muy grande,  ya no era el adorable niño de antaño. Sino un adolescente que parecía más iracundo en las películas. Sea cual sea la razón de su salida, el golpe fue tremendo para el joven actor. “Escuché el rumor que la manera en que se enteró es cuando intentó ingresar al estudio y le dijeron ‘no, ya no puedes ingresar más”, afirma el actor Billy Gray (”The Day the Earth Stood Still), también una amistad de Driscoll: “Él ni siquiera sabía que había sido despedido hasta que intentó entrar en el estudio.” Y el acceso principal de actores, tenía orden de que no pisará los estudios. La pérdida de su salario, de US$1,750 semanales (alrededor de US$17 mil en dinero actual), así como su falta de prospectos de trabajos lucrativos llevó a que Bobby tuviera que hacer un ajuste a la vida a la que él y sus padres se habían acostumbrado a llevar y el ahora adolescente actor dejó su educación en la Hollywood Professional School, en la que estudiaban todas las jóvenes estrellas, para ir a una escuela pública de Los Ángeles. Finalmente, en 1955 se graduó de la Hollywood Professional School, a la que regresa por petición de sus padres, y tiene un papel menor en el largometraje histórico “The Scarlet Coat” del realizador John Sturges. Es en esta etapa de su vida donde realizó frecuentes viajes a Nueva York para continuar su carrera actoral. También, según reportes, asistió brevemente a Stanford y la Universidad de California, Los Ángeles, (UCLA). Fue en esta época en la que tuvo una pequeña reunión con Disney, al aparecer en un video promocional el recientemente abierto parque de diversiones Disneyland y su barco pirata recreado de la película “Peter Pan”.

 




Para 1956 se casó con su novia Marilyn Jean Rush a la que conoció en uno de sus viajes a la localidad Manhattan Beach, California. Tras cinco meses de noviazgo la pareja se escapó a México para contraer matrimonio lejos de las objeciones de sus padres, pero en 1957 deciden renovar sus votos y casarse en los Estados Unidos. Para solventar la ceremonia Driscoll trabajó brevemente vendiendo ropa en una tienda de departamentos. Del matrimonio nacieron un niño y dos niñas. Ese año también tiene su primera interacción negativa con la ley relacionado a narcóticos, al ser arrestado en julio de ese año por posesión de marihuana, aunque los cargos fueron retirados luego que la policía no lograra encontrar suficiente evidencia. Lo cierto es que el actor confesaría años después que desde los 17 años era un habitual consumidor de estupefacientes, en particular la heroína “porque tenía el dinero para pagarla”. Un mes después volvió a enfrentarse a la policía acusada de disparar una pistola de juguete contra una transeúnte mientras estaba de paseo con sus amigos. No sería su último delito. Esta oleada de mala prensa afectó sus escasas oportunidades laborales. A pesar de eso, gracias a la intervención de su amiga Connie Stevens, Driscoll consigue un papel en la cinta “The Party Crashers” en 1958. Fue su último largometraje. “Quiero continuar como actor”, afirmó en una nota publicada poco después de la salida de la cinta. “Es, después de todo, lo que estoy más calificado para hacer. Me da la mayor satisfacción. Y creo que le puedo dar más a la sociedad y a la humanidad al actuar que haciendo cualquier otra cosa”. En la misma nota Bobby confesó que no piensa mucho de su tiempo como una estrella infantil. Para apostillar: “He olvidado esa parte de mi vida. He encontrado que las memorias no son demasiado útiles”. La relación entre Bobby Driscoll y Marilyn Jean Rush terminó en un divorcio en 1960. Sobre su matrimonio, el actor dijo lo siguiente: “Éramos dos personas solitarias cuando nos conocimos y tratamos de encontrar un refugio entre nosotros. Ninguno de los dos podía depender de sí mismo. Yo dependía de ella para tener fuerza y ella en mí. Por un largo tiempo, los niños fueron la única cosa que nos mantuvo juntos. Casi nos destruimos entre nosotros antes de separarnos”. Pero el documental “Lost Boy” revela una arista más del caso de boca de Dan Driscoll, el hijo mayor del actor y Marilyn Jean Rush, al revelar que esta última empezó a desarrollar esquizofrenia. “Mi padre y madre se conocieron cuando ella tenía 18 años y no estoy seguro cuánto eso se manifestó en su relación inicial”, recuerda Dan, un pediatra retirado. “Pero si recuerdo cuando era un niño, de cinco o seis años, viviendo con mi madre y ella mostrando algunos de esos síntomas”. En 1960 también marcaría su último rol como actor profesional, una aparición en la serie de televisión “Rawhide”.

 

Epitafio

 

En su búsqueda para encontrarse a sí mismo, Robert Driscoll, ya había dejado atrás “el Sambenito Bobby”, terminó por unirse a algunos artistas de la Generación Beat, pasando su tiempo en la comunidad de Topanga Canyon donde se solían reunir. Es ahí donde exploró otras realidades artísticas, mostrando una particular destreza a la hora de realizar collages. Mientras pasaba el rato en las playas de Los Ángeles, Driscoll se hizo amigo de un grupo de jóvenes turcos de Hollywood como, Robert Blake (Baretta), Dean Stockwell (Quantum Leap) y Russ Tamblyn (West Side Story). "Solíamos jugar al billar juntos", recuerda Tamblyn de sus días viviendo y divirtiéndose en Pacific Palisades. Driscoll también participó en una forma de recreación más peligrosa: la heroína. "No era un secreto", dice Gray. “Le gustaba la heroína. Así eran las cosas”. Fue en la espera de unas de sus sentencias cuando Driscoll da una cándida entrevista para un artículo titulado “La vida de pesadilla de una ex estrella infantil” por Fred D. Brown, una de las más cándidas miradas del actor sobre su vida. Incluso quiso hablar con toda la libertad del mundo y expresó: “Me gustaría decir que mi infancia fue, muy feliz, pero no sería honesto. Me sentía solo la mayoría del tiempo. La infancia de un actor infantil no es una normal. Que las personas te digan continuamente “¡Qué lindo niño!” crea una soberbia innata. Pero la adulación solo es una parte. Al ser una estrella, él (niño) es alejado de otras personas normales. Otros niños muestran su valor solo una vez, pero yo me tuve que validar dos veces con todos.” La entrevista termina en una mirada positiva, con Robert presentando a su nuevo amor, Suzanne Stanbury, con quien curiosamente cometió algunos de sus crímenes. “Por primera vez en mi vida, estoy enamorado. Me voy a casar con Suzanne tan pronto como sea posible”. Pero su vida de fantasía se fue abajo cuando en mayo de 1961 el actor fue ordenado a pasar un tiempo en el centro de tratamiento para adictos de la Prisión Estatal de Chino en California, centro de reclusión en el que se quedó hasta 1962. Las sentencias de prisión eran el beso de la muerte para los actores de Hollywood en aquellos días, por lo que después de trabajar brevemente como carpintero, Driscoll dejó atrás a sus hijos pequeños y se mudó a la ciudad de Nueva York en 1965, donde forjó una relación poco probable con Andy. Warhol. Pero sus problemas con la ley nunca estaban muy lejos y entre finales de la década de los 50 y principios de los 60 fue arrestado en varias ocasiones más por delitos como robo, asalto, falsificación y posesión de narcóticos. 

 




Para 1965, una vez que su libertad condicional concluyó, viaja a Nueva York para intentar su suerte en Broadway, sin mucho éxito. Es ahí donde se vuelve parte del grupo del artista Andy Warhol y a su comunidad artística conocida como The Factory (La Fábrica). Pero el creativo ambiente tenía un lado oscuro y en medio de algunos de los artistas más vanguardistas y rupturista de la Gran Manzana: Driscoll encontró poca motivación para dejar su hábito con las drogas. Es durante esta época que aparece en su última película, el filme experimental de Piero Heliczer “Dirt” vestido como una monja. Connie Stevens, quien fue su colega en “The Party Crashers” fue una de las últimas personas en verlo con vida. “Me encontré con él y era una persona diferente. —Me preocupé”, recuerda en una entrevista para el documental “Lost Boy”. “Actuaba en el ‘Show de Ed Sullivan’ y él visitó el set. Esto era casi a su final. Él vivía en (East) Village, (...) se veía bien, pero no lo estaba. Necesitaba dinero, pero sentí preocupada por dónde vivía y quién lo estaba cuidando. En ese mismo, instante, que andaba en medio de esa conversación, paso alguien que me apartó y me dijo que tenía algo pendiente. Le dije: Bobby, espérate unos minutos, que vuelvo enseguida. “Esa fue la última vez que lo vi”. Robert Driscoll intentó contactar a otros de sus antiguos conocidos pidiendo ayuda. Uno de ellos fue el periodista y escritor Truman Capote, a quien quiso contactar mediante su amigo Andy Warhol ofreciéndole hablar de su vida para un libro. Curiosamente, el sujeto Capote escribió como los ángeles, pero era otro juguete roto por los abusos que soportó de su padre, en el sur más agreste de USA. Un mal bicho y comentado por muchísimos-as gentes de su mundo que lo definieron como un perfecto hijo de la gran puta. Del mismo, modo, el pusilánime, beato y enmadrado Warhol se regodeaba de tener en su Factory;  lo más granado del fracaso mental del sueño norteamericano. La pasantía de Bobby por su chiringuito, fue, un elemento más de la figuración del tinglado que tenía montado. Además, de ser un lugar hecho para el vicio y el desparrame continuado. Esta es parte, de la carta, que redactó el bueno de Bobby Driscoll, de su puño y letra, a la A/A de Truman Capote para que Wharhol le ayuda o viceversa. Hay quien afirma, que la carta, fue enviada a Wharhol para que Capote mediara en la situación personal de Bobby. Ni Guatemala y Guatepeor. Truman y Andy. Tanto montan, montan tanto, y, vivan las risas y la farlopa con el caballo de Terry en el Studio 54. “Bobby era una curiosidad. No era realmente parte de la multitud", dice el historiador y biógrafo Eliot, quien recuerda haber visto a Driscoll en los años 60 en un club de Greenwich Village. "Warhol era tan retorcido, que le encantaba tener a Bobby Driscoll como parte de su escena. Esa era la perversidad de Warhol en pleno juego, ya sabes, Hollywood disipado”. “Mi nombre es Robert ‘Bobby’ Driscoll y fui una estrella infantil, ganador del Óscar —por dos filmes—, adicto a las drogas, criminal, pintor, poeta, fotógrafo, convicto, místico y cercanamente conectado con mucho de lo que la ‘avant garde’ ha hecho en los últimos 17 años. (...) Tengo una historia que podría ser muy interesante, emotiva, bastante quimérica biografía, si es hecha con cuidado y habilidad y sin intentar ser chocante, ridiculizar, acusar o suavizar, pero simplemente, delicadamente revelar”, escribe Driscoll en la misiva, con una posdata que muestra su desesperación: “Pronto, por favor”. Sin embargo, por una razón inexplicable Warhol o viceversa, Capote la mandó a la papelera como una publicidad de Jazztel. La cuestión es que  nunca se envió la carta. A principios del 1968, sin dinero ni proyectos, abandonaría The Factory por última vez. Robert Driscoll, estrella de cine y Golden boy de Disney, no sería encontrado hasta el 30 de marzo del mismo año, en una vivienda abandonada de East Village en Manhattan por dos niños que pululaban entre las basuras. Su cuerpo estaba rodeado de panfletos religiosos y un par de botellas de cerveza. Según los peritos, el motivo de su muerte fue un infarto fulminante, causado, por el endurecimiento de sus arterias, síntoma común en la gran mayoría de personas que abusaban del alcohol y las drogas duras. Además de un cuadro hepático en estado muy avanzado. El hombre de 31 años era desconocido en la localidad y después de las pesquisas pertinentes, el cuerpo fue enterrado en la fosa común de la Isla Hart, lugar de descanso de cientos miles de vagabundos y cuerpos no reconocidos desde finales del siglo XIX. Los informes policiales dijeron que no se encontraron señales de drogas alrededor de Driscoll o en su sistema. Driscoll no tenía ninguna identificación cuando lo encontraron. Las autoridades mostraron su foto por el vecindario de East Village durante dos semanas, pero no tuvieron éxito. Con su cuerpo sin reclamar, el bueno de Robert Driscoll, fue enterrado en la tumba de un pobre desgraciado, sin nombre, en el Potter's Field de la ciudad de Nueva York en Hart Island. Tenía 31 años. Lo que no sabían los niños ni las autoridades es que la persona que enterraban en una tumba anónima era Bobby Driscoll, uno de los jóvenes motores que comenzó la época dorada de Hollywood y la primera gran estrella de Disney. Sin identificación ni manera de contactar con sus familiares, el cuerpo fue enterrado en Potter’s Field al norte de Isla de Hart. Su destino no sería conocido por su familia hasta 1969, cuando su madre Isabelle inició una campaña para reencontrarlo con su moribundo padre. Desafortunadamente, no sería hasta la muerte de su progenitor que la policía de Nueva York le envió una carta a la mujer donde le anunciaban que habían logrado identificar a su Robert gracias a sus huellas dactilares. La isla de Hart, por mucho tiempo el lugar de descanso de cientos de miles de indigentes. Isabelle no revelaría esta información hasta cuatro años después, cuando “Canción del sur”, la película que llevó a su hijo a la fama, volviera a los cines, motivo del cual fue entrevistada por la periodista Florence Epstein, quien terminaría escribiendo un artículo titulado “La solitaria muerte de una estrella”. 





Aproximadamente diecinueve meses después de su muerte, el padre de Driscoll había enfermado muchísimo y estaba a muy cerca de su final. Pedía  ver a su hijo porque su salud se perdía a la velocidad de la luz. La madre de Driscoll colocó anuncios en los periódicos de Nueva York con la esperanza de contactarlo o conocer el paradero de su hijo. Le escribió a Merv Griffin, con quien apareció Driscoll en la televisión, quien rápidamente respondió que sí al tratar de localizar a su hijo. Disney Studios todavía tenía las huellas dactilares de Driscoll y las envió a la policía de Nueva York. Esto dio un con  una coincidencia positiva en la tumba sin nombre de Driscoll. Dos semanas después de enterarse del destino de su hijo; Cletus Driscoll falleció. Isabelle Driscoll tenía el nombre de su hijo incluido en la lápida de su padre, que está enterrado en Oceanside, California. Pero solo hay un ataúd vacío enterrado con él. El cuerpo de Driscoll aún permanece sin marcar en Hart Island. El público no se enteró de la desafortunada muerte de Driscoll hasta el relanzamiento de su primera película, "Song of the South", en 1972. Muchos reporteros habían estado investigando y preguntándose sobre el paradero de los principales miembros del reparto de la película. La madre de Bobby Driscoll decidió asistir sola al evento de proyección de la película, donde dio trágica y demoledora noticia de la muerte de su hijo. La madre de Robert reflexiona por qué su hijo tuvo una vida tan tempestiva citando la teoría de su pastor andaba por sus vericuetos de sotana e Isabelle concluyó: “Él dijo que Bobby ya no quería ser un ‘niño bueno’, había sido demasiado bueno. Él quería ser lo contrario. Quizás eso fue todo”. Alguien de Uds. Se preguntaran: ¿cómo explicar a una ex estrella infantil que trabajó junto a grandes de Tinseltown como Charles Boyer, Alan Ladd, Roy Rogers y Joan Fontaine cayendo tan lejos de una vida de luces klieg y premios de la Academia para convertirse en otro indigente en una tumba sin nombre en Hart Island?¿Dónde permanece su cuerpo hoy? Cincuenta años después de su muerte, es una cuestión que sigue preocupando a algunos de sus amigos más antiguos. "Realmente no se recuperó de haber sido abandonado por Hollywood", reflexiona el actor Billy Gray, quien interpretó a Bud Anderson en la clásica comedia de situación Father Knows Best y más tarde se hizo amigo de Driscoll. “Le golpeó duro. Era un adicto a la heroína. Fue trágico y no había mucho que pudieras hacer al respecto. Era fuerte, tenía un buen intelecto y debería haberlo sabido mejor. Pero esa fue una decisión que tomó. Y no podías convencerlo de que no lo hiciera”. Marcó el comienzo de una relación exitosa entre el estudio y Driscoll, quien se convirtió en el primer actor masculino en conseguir un contrato con Disney. "Lo que Disney vio en Driscoll fue el niño perfecto, sano y totalmente estadounidense que sueña con estar con piratas y todo eso", explica el biógrafo de Hollywood Marc Eliot, autor de Walt Disney: El príncipe oscuro de Hollywood. "Bobby era el Mickey Mouse de acción en vivo de Disney". Era como decía su madre, tal era su ilusión: “que cuando fue a que le extrajeran las amígdalas, debía de tener siete años o un poco más, cantó canciones durante todo el trayecto hasta el hospital. La mayoría de los niños lloran. Verán, siempre fue un niño feliz, con un gran humor. Sonreía todo el tiempo”. Sin embargo, cuando Driscoll dio voz a Peter Pan a los 16 años, ya no tenía la cara traviesa que lo mantuvo con un empleo remunerado cuando era joven. No era más que otro adolescente con un caso grave de acné. En el mundo de hoy, es una narrativa familiar y predecible: una estrella que comenzó su carrera en el lote de Disney crece y sale de los confines impecables del estudio. Es verdad que hemos citado a Miley Cyrus y otra actriz, como Selena Gomez, quienes,  dejaron voluntariamente Mouse House; Driscoll no tuvo otra opción cuando el estudio dejó caer inesperadamente a su hijo de oro en 1953. La división fue devastadora. "Según yo lo entiendo, fue un despido bastante grosero", dice Gray. "Escuché que se le informó que ya no estaba bajo contrato a través de ellos al conducir hasta la entrada y se le negó la entrada al estudio. Esa fue su notificación de que ya no era necesario allí". Nadie parece saber cómo Driscoll, entonces de 31 años, pasó sus últimos días en la ciudad de Nueva York y por qué terminó en un apartamento abandonado donde esos niños encontraron su cuerpo. A diferencia de los pasos en falso de las celebridades que se relatan cada hora en los sitios de noticias y las redes sociales de hoy, la desaparición de Driscoll ocurrió en completo y total silencio. Eliot tiene un razonamiento mucho más aleccionador. “Obviamente estaba enfermo, era un adicto y estaba arruinado. Nadie acudió a su rescate. Esa es la verdadera historia de Hollywood. Es una historia muy triste, pero, ya sabes, échale un vistazo a A Star Is Born (1954). Es exactamente la misma historia.” Actualmente pocas personas recuerdan el nombre de Robert Driscoll. La ubicación exacta de su tumba se perdió durante un incendio y visitar la Isla de Hart requiere de un permiso de las autoridades, situación complicada por la pandemia global que ha visto esta locación volverse el lugar de descanso de muchas de las víctimas del coronavirus COVID-19. Seguidores del actor podrán encontrar más fácil visitar su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, develada en 1960. Pero quizás la mejor manera de ‘revivir’ al actor es revisitando sus películas más icónicas, ahora más fácilmente disponibles —salvo “Canción del sur”— en plataformas de streaming como Disney+. Pero a pesar de la luz emitida por el actor que una vez fue el astro más brillante en el firmamento del naciente imperio de Disney, su memoria no deja de ser mancillada por su triste destino y solo podemos recordar algunas de sus palabras más amargas sobre la industria Hollywood. Boby Driscoll dixit: “He encontrado que los recuerdos no son muy útiles. Me llevaron en bandeja de plata y luego me tiraron a la basura”.

 






                                                                           F I N





Fotogramas adjuntados

 

Bobby Driscolli recibe el Oscar juvenil de la Academia de cine de la mano de Donald O´Connor

BD en  el film So Dear to My Heart (1948) by Harold D. Schuster&Hamilton Luske

Bobby Driscolli y Luana Patten con Walt Disney viendo storyboards

So Dear To my Heart by Harold D. Schuster&Hamilton Luske BD, Burt Ives y Luana Patten

The Window (1949) by Ted Tetzlaff Barbara Hale&Paul Steward

Treasure Island (1950) by Byron Haskin

The Scarlet Coat (1955) by John Sturges

Bobby Driscolli saliendo del Centro penal de Rehabilitación de Chino (California)

 

 

Bibliografía consultada y recomendada

Walt Disney: Hollywood's Dark Prince by Marc Eliot (2003) Ed. Andre Deutsch

Lost Boy: The Bobby Driscoll (2019) Fundación Driscoll.net






Wilma Montesi, caso abierto, la Dolce Vita de una Italia eufórica y caótica

 


El lunes 13 de abril, la familia Montesi se encuentra en la morgue. Al parecer, la madre solloza: “¡La mataron!”. Titular de la prensa de la zona: “Los padres de la ahogada de Torvaianica dicen: ¡nuestra hija fue asesinada!”. En la tarde del mismo 13 de abril, Rosa Passatelli, de unos treinta y cinco años, se presenta en la casa Montesi, bastante vistosa, quien dice ser empleada del Ministerio de Defensa y —según las descripciones de Wilma leídas en los periódicos— haber visto a la joven del 9 de abril, desde la estación Pyramid, subirse al tren de las 17.30 horas con destino a Ostia. El mismo carruaje en el que viajaba. En este punto, su hermana menor, Wanda, parece recordar que Wilma padecía un eccema en el pie y que —tras haber recurrido sin éxito a aplicaciones de tintura de yodo— había manifestado su intención de ir al mar a darse un baño en los pies a lo largo de la orilla. Aquella criatura —enferma— en la playa de Ostia, la niña podría haberse ahogado y su cuerpo habría sido arrastrado por la corriente durante unos quince kilómetros, hasta Torvaianica. Después del descubrimiento del cuerpo, el guardián de una finca cercana les había dicho a los investigadores que la noche anterior, al atardecer, un Alfa 1900 se había detenido cerca de la playa. Dentro había una pareja, la mujer podría haber sido Montesi, el hombre le había parecido el príncipe Mauricio de Assia, nieto del último rey de Italia, que vivía cerca. Pero los investigadores —que ya descartan la hipótesis del suicidio porque Wilma, al parecer, resulta haber sido una niña feliz, especialmente, en ese período en el que tenía la intención de desarrollar el ajuar para la próxima boda— demuestran de inmediato que prefieren la hipótesis del baño en los pies. El mismo, que terminó con un ahogamiento involuntario y desafortunado, suficiente, para explicar y cerrar la historia. Esta reconstrucción, que parte de la prensa inmediatamente tiende a considerarse, simplista y pueril, esperando una reapertura de la investigación. El titular de Paese Sera: “La Policía ha elegido la versión del infortunio. Muchos puntos oscuros”. El día del funeral de Wilma, la familia recibe una carta anónima, en la que el remitente desconocido afirma que la niña no habría muerto como consecuencia de un accidente, sino que sería asesinada por un pretendiente que no tenía la intención de aceptar: su matrimonio con otro hombre. Nadie, sin embargo, presta atención al mensaje. Aunque Wilma fue considerada por todos como un ejemplo de rectitud, no faltan inferencias, que sin embargo chocan con lo que los investigadores logran constatar sobre la naturaleza y los hábitos de la joven: El carácter dócil, reservado, leal, El buen temperamento y sinceridad. Así como la honestidad y rectitud de la vida de Wilma excluyen absolutamente las relaciones sentimentales con otro hombre, excluyen, que ella pudiera aceptar su compañía y que pudiera mantener este secreto a su padre, madre y hermana, hacia ella que siempre ha tenido su conducta. Honestamente, ha sido de admirable sinceridad y lealtad”. El 4 de mayo de 1953, menos de un mes después de la desaparición de Montesi, el diario napolitano Roma escribió que Wilma fue vista, unos diez días antes del 9 de abril, cerca de Torvaianica en compañía del “hijo de una conocida personalidad política del gobierno”. El 5 de mayo, el semanario satírico “Il Mirlo” publica una caricatura que representa a una paloma mensajera sosteniendo un liguero en su pico. La leyenda sigue siendo, por el momento, críptica: "Después de todo, las personalidades conocidas a las que alude “Roma” no son tantas y ni siquiera pueden desaparecer sin dejar rastros como palomas mensajeras". Pasado el verano, de manera cada vez más explícita y sistemática, algunos periódicos presionan para que se reabra el caso Montesi, investigando y resolviendo las inconsistencias surgidas durante las apresuradas investigaciones realizadas. Entre los periodistas comienza a extenderse la sospecha de que Piero Piccioni, alias Piero Morgan, un joven músico de jazz hijo del honorable demócrata cristiano Attilio Piccioni (de ahí la alusión al mirlo amarillo) pueda estar involucrado en el asunto.





En ese período, la política italiana experimentó una de sus crisis recurrentes y clásicas. El 28 de julio, apenas un mes después de su toma de posesión, cae el octavo y último gobierno encabezado por De Gasperi. El sucesor más acreditado del “presidente de la reconstrucción” parece ser Attilio Piccioni, de 60 años, definido por un diario de la época como el político más hábil y sutil de la DC (...) que disfruta de las mayores posibilidades de preservar su partido de “terremotos subterráneos”, que podrían comprometer su solidez e integridad”. Los “seísmos subterráneos” a los que alude el artículo incluirían, entre otras cosas, a la nueva generación demócrata cristiana, procedente del Fuci y de la Universidad Católica, que se preparaba para destituir a De Gasperi de la dirección del partido, cuyo exponente más destacado era entonces Amintore Fanfani. A mediados de agosto, el presidente de la República, Luigi Einaudi, desesperado por la inexistencia de una sólida mayoría parlamentaria, encarga a Giuseppe Pella que instale lo que será el primer ejemplo de un “gobierno de transición”. El 16 de octubre de 1953 debutó en los quioscos el semanario sensacionalista News, dirigido por Silvano Muto, de veintitrés años. El primer número publica la supuesta “La verdad sobre la muerte de Wilma Montesi”, criticando duramente las pesquisas realizadas sobre el caso por los investigadores, consideradas apresuradas y exclusivamente dirigidas a llegar a un expediente rápido. Según Muto, la niña encontrada, ahogada, por un resbalón, sin medias y tirantes, sin ningún signo de violencia y fallecida, como aseguraron los expertos, veinticuatro horas después de salir de la casa, había fallecido durante una orgía dionisiaca  multisexual y llena de drogas, en la finca de Ugo Montagna, Marqués de San Bartolomeo, ubicado en Capocotta, entre Castel Porziano y Torvaianica. Lugar, frecuentado por políticos, altos funcionarios, nobles y un largo etcétera. Indispuesta por el uso excesivo de drogas, la joven fue llevada, aún con vida, a la cercana playa de Torvaianica y abandonada allí, para evitar el escándalo. Como era de esperar, Silvano Muto es denunciado de inmediato por “difusión de noticias falsas y calumniosas destinadas a alterar el orden público”. El reportero se apresura a retractarse, admitiendo que su artículo no se basa en datos adquiridos de fuentes confiables y es, más bien, un producto, de su entusiasta imaginación. El 28 de enero de 1954, por tanto, se inició el juicio contra el periodista. En la sala de audiencias el imputado volvió a retratar: confirma lo escrito en el artículo infractor, indicando la fuente que lo habría inspirado. Adriana Concetta Bisaccia, una niña de la provincia de Avellino, que huyó de su ciudad natal para esconder un embarazo que luego se resolvió con un aborto clandestino y llegó a Roma con la aspiración de entrar en el mundo del cine. Esta ambición logra satisfacer solo una pequeña parte, manteniéndose como correctora de pruebas: hasta ese momento, ha obtenido papeles extra en algunas películas (entre ellas, La presidenta, dirigida por Pietro Germi en 1952, con Silvana Pampanini e I tre ladri, de Lionello De Felice, con Totò y Gino Bramieri, de 1954). En verdad, sus declaraciones sobre el caso Montesi no resultan de la debida utilidad para sustentar la tesis de la periodista: la joven reafirma su absoluta extrañeza a las supuestas orgías que tendrían lugar en la finca del marqués, acusando a Muto de querer hacer, a su costa, "El héroe nacional. Sin embargo, un nuevo giro sacude el proceso. Este es otro testigo que, a diferencia del primero, afectará mucho la investigación del caso Montesi. Su nombre es Anna Maria Moneta Caglio—conocida como “el cisne negro” y su historia arranca en Milán: desde aquí comenzó con cartas de presentación escritas por su padre, notario y secretario de una sección de la Democracia Cristiana de la capital lombarda. La niña, que a su vez aspiraba a convertirse en actriz, llega a Roma con esas dos cartas dirigidas a dos importantes exponentes de la fiesta.

 



En Roma, la milanesa de 25 años conoce al marqués Ugo Montagna, un siciliano enviado a la capital, amigo de los políticos y frecuentador de los círculos mundanos, como corresponde a un hombre de su rango. Ella tiene el doble de su edad y nace una relación entre los dos que está destinada a no durar. Durante el juicio de Muto, se informa que la mujer, luego de leer el artículo publicado en Current News, habría correlacionado fragmentos y pistas, frases y llamadas telefónicas del Marqués Montagna, hasta que se convenció de que su exnovio estaba involucrado en el muerte del Montesi. Wilma, según Caglio, habría acusado por tanto de una enfermedad repentina debido al abuso de drogas durante una orgía en la finca Ugo Montagna en Capocotta. Uno de los participantes en el evento, además de amigo del Marqués, habría sido Piero Piccioni. Y fue él, según Caglio, quién condujo a Montesi a la playa de Torvaianica con la ayuda de los guardianes de la finca, dejándola aún con vida. Según la mujer, además, Montagna y Piccioni son amigos del jefe de policía, Tommaso Pavone, y es a estos a quienes recurrieron para ocultar —con el interés directo del jefe de policía de Roma, Saverio Polito— las pruebas del crimen. A la espera del juicio de Muto, el fiscal jefe de la República, Angelo Sigurani, reabre el caso Montesi: la nueva investigación dura treinta y cinco días y termina confirmando los resultados de la primera: muerte accidental. Mientras tanto, Caglio se encarga de recordar, en un memorial, los incidentes relacionados con su relación con Montagna y las circunstancias en las que Montesi habría muerto. Este memorial, a través de un tío sacerdote de Caglio que lo envía a un jesuita bien asentado en los círculos de poder, llega al ministro del Interior, Amintore Fanfani, quien inmediatamente instruye al coronel de los Carabinieri Umberto Pompei para realizar más investigaciones. En la muerte de Wilma. Además esta vez no llegamos a conclusiones distintas a las anteriores. Pompei asegura, sin embargo, que Montagna, entre los muchos y diversos oficios en los que está involucrado, estaría “acostumbrado a dar una reunión a mujeres de dudosa moralidad para satisfacer los placeres y vicios de muchas personalidades del mundo político”.13 de marzo de 1954: dimite el ministro Attilio Piccioni. La Stampa escribe: “Temía que los rumores sobre su hijo pudieran disminuir la confianza del país en el gobierno”. La dimisión, presionado por el presidente del consejo en ejercicio, Mario Scelba, cae pero está claro que la carrera política de Piccioni está ahora irremediablemente comprometida. El proceso de Muto continúa. En la audiencia del 20 de marzo de 1954 se leyó en la sala el "testamento" de Caglio. Con acentos llamativos como un apéndice, escribió: “Tengo miedo de desaparecer sin dejar rastro de mí misma. Lamentablemente supe que el líder de una gran banda del narcotráfico italiano es Ugo Montagna y de la desaparición de muchas mujeres. Él, es el cerebro de esta organización, mientras que Piero Piccioni es el asesino”. Los vespertinos no dejan de simplificarlo todo con brutal inmediatez: “Piccioni es el asesino de Wilma”. Se ha suspendido el juicio de Muto, se reabre el caso Montesi y ha sido nuevo el juez de instrucción: el concejal del Tribunal Supremo, presidente de la sección de instrucción de la Corte de Apelaciones, Dr. Raffaele Sepe. Este último ordenó de inmediato el allanamiento de la casa de Muto y la detención de Adriana Bisaccia, quien entre tanto se ha entregado a una serie de declaraciones poco confiables y difamatorias, de diversas formas relacionadas con el caso. El magistrado también ordena una nueva serie de informes periciales. Del informe de los tres expertos a cargo: “En definitiva, el cadáver no presenta ninguna herida de origen vital. También parece que el himen, de forma anular, estaba completamente intacto, y de igual modo, la región anal”. La muerte ocurrió veinticuatro horas después de que Wilma desapareciera de su casa; la arena que se encuentra en ella no es la ferrosa de Ostia, sino la silícea de Torvaianica; las corrientes no pudieron llevarlo tantos kilómetros, ni desnudarlo. Sepe no parece tener dudas: se trata de ahogamiento, provocado por quien, temiendo encontrarla inanimada a su lado, la dejó todavía viva en el agua. El 21 de septiembre de 1954, Piero Piccioni fue detenido por homicidio involuntario. El mismo día se concluye que el Marqués Montagna, acusado de complicidad. El 30 de septiembre, sin embargo, surge un escenario de investigación diferente. En un artículo publicado en Il Messaggero, se alude a la posibilidad de que la muerte de Wilma se remonta de alguna manera al joven tío de la joven, Giuseppe Montesi. Estos resultarían ser muy cariñosos con la chica, si es que ni siquiera estarían enamorados de ella. En varias ocasiones, incluso la habría instado a romper el compromiso con Angelo Giuliani. Giuseppe también estaba acostumbrado a jactarse de sus numerosas aventuras valientes y parece que mantenía relaciones con sujetos de dudosa reputación. Tenía un automóvil y esto le permitiría llevar a Wilma al lugar donde lo encontraron. Por lo tanto, la jefatura de policía de Roma se dedica a verificar este escenario. El objetivo así perseguido, recuerda Grignetti (2006), es claro: la necesidad de "buscar pruebas según las cuales el autor de la muerte de la niña no pudo haber sido el hijo del ministro (…)". El comportamiento esquivo y evasivo de Giuseppe Montesi ciertamente no contribuye a desviar sus sospechas: inicialmente se niega a decir a los investigadores dónde estaba la noche del asesinato. Más tarde, terminará admitiendo que estaba en compañía de la hermana de su novia, con quien luego tendrá dos hijos. En cuanto a la investigación sobre Piccioni y sus presuntos cómplices, el músico finalmente parece tener una coartada: pasó los días previos a la muerte de Wilma en Ravello, en compañía de la actriz Alida Valli.

 


El 9 de abril regresó a Roma, llegando a casa alrededor de las 14.30 horas; sus padres, incluido su padre, todavía estaban sentados a la mesa. Tenía un dolor de garganta severo y, a las 6 de la tarde, el prof. Silipo lo visitó en su consultorio, le diagnosticó un absceso periamigdalino y le aconsejó que se acostase de inmediato. Así lo había hecho el joven: la enfermera que le había puesto una inyección a las 9 horas de la noche pudo confirmarlo. Al día siguiente no se levantó, un médico y muchos amigos podrían haberlo confirmado. Después de cincuenta y nueve días en prisión, Piccioni y Montagna obtienen la libertad bajo fianza. Al final de la investigación, Sepe pide acusación por Piccioni (homicidio), Montagna (conspiración en homicidio), Polito (complicidad), por otras catorce personas (tráfico de drogas), así como por Adriana Bisaccia (calumnias y desacato). Comienza el proceso, según, sentencia del 15 de diciembre de 1955, el Tribunal de Casación ordena que esto continúe en Venecia y no en Roma, donde no se garantizaría la necesaria imparcialidad. El sistema acusatorio no resulta sólido. Entre los testimonios menos contundentes, el de dos señoras que en un primer momento aseguraron haber visto a Piccioni y Montesi en el malecón: en realidad habían visto a dos jóvenes de cabello oscuro pero, en la sala del tribunal, no logran identificarlos como la víctima y el acusado. La coartada del joven músico está confirmada e incluso Montagna y Polito parecen no tener relación con los hechos. Piccioni y los demás acusados fueron absueltos con sentencia completa el 21 de mayo de 1957. Adriana Bisaccia condenada a diez meses de prisión y acceso a libertad condicional. En junio de 1967, Silvano Muto y Anna Maria Moneta Caglio fueron declarados culpables de difamar a Piccioni, Montagna y Polito. Definitivamente, condenados a dos años y dos años y cuatro meses de prisión, respectivamente. La historia estaba, como es bien sabido, profundamente arraigada en el imaginario colectivo de Italia en ese momento. No faltan, incluso después de mucho tiempo, aportes que lo repasen, destacando puntualmente dudas y preguntas que parecen persistir en la muerte —y en la vida— de Wilma Montesi y que hacen que el caso sea muy adecuado para análisis socio-criminológicos retrospectivos. Es más: la relación entre Wilma y su novio Angelo Giuliani fue todo menos serena e idílica, como también se ha repetido muchas veces. Declaración de Wanda Montesi, hermana de la joven fallecida: “Wilma amaba a Angelo, pero creo que no sentía atracción física por él. Ella lo mantuvo a distancia y, antes de cada una de sus encuentros, se cargaba los labios de lápiz labial: buscaba una excusa para no besarlo ni siquiera en la mejilla”. Declaración de Maria Petti, madre de Wilma: “Una vez, Angelo y Wilma salieron solos para ir al cine. Regresaron tarde, serios y confundidos. (…) Cuando Angelo se fue, Wilma —que nunca me ocultó nada— me dijo que no iban al cine sino a Villa Borghese. Se sentaron en un banco y él trató de “extender las manos”, pero Wilma lo rechazó de inmediato: hasta la boda, nada de confidencias”. Después de la muerte de la niña, resulta que, sin que sus padres lo supieran, con quienes parecía confiar en su lugar, la joven había encargado un traje por valor de 60.000 liras (una cantidad muy considerable en ese momento) a un conocido sastre romano. Tienda, circunstancias inusuales dadas las malas condiciones económicas de su familia. El mensaje anónimo recibido por la Montesi el día del funeral de Wilma fue completamente ignorado, sin verificar su posible confiabilidad, en el que se alega que la niña había sido asesinada por un pretendiente; según algunos expertos, debe descartarse la posibilidad de que el cuerpo de la niña haya sido transportado por las corrientes marinas desde Ostia hasta Torvaianica: en ese tramo de mar, según ellos, estas corrientes habrían ido en sentido contrario. Se encontraron manchas en el rostro de la joven: parece que los médicos forenses no han llegado a una conclusión inequívoca sobre su origen, sin determinar definitivamente si se derivan realmente de la larga permanencia del cuerpo en el agua; los mismos médicos forenses, durante la autopsia, no realizaron los análisis de sangre de la mujer, limitándose a constatar la ausencia de drogas en el estómago; la ausencia del liguero no es en modo alguno congruente con la hipótesis del pediluvio; una contribución reciente dedicada a la historia (Ragone, 2015), que recupera material relacionado con el caso. Hasta ahora, nunca hecho público: concluye que la muerte de Wilma se remonta a un asunto privado, a una persona en quien la joven confiaba, de la todo ajeno al contexto aristocrático cuestionado por Muto y su periódico.


 

Escenario que parte de las consideraciones de Montanelli y Cervi (1987), según las cuales parece decididamente improbable que la joven hubiera acudido a una cita del tipo hipotético vistiendo, según se desprende, ropa interior remendada y rasgada. En todo caso, el relato singular, judicial y mediático, que se desarrolló alrededor de la muerte de Wilma Montesi, parecería revelar algunos rasgos paradigmáticos de una aproximación a la investigación criminal, representada y percibida a nivel social, no pocas veces encontradas en nuestro país. La búsqueda de la verdad, invariablemente difícil, se vuelve a menudo más problemática por la aparición de escenarios recurrentes y engorrosos, que tienen sus raíces en una estructura cultural consolidada en la que, además de los resultados de la propia investigación, los prejuicios, estereotipos, lugares comunes. Escenarios que, de manera oportuna e infalible, evocan negocios turbios e interacciones sexuales orientadas al exceso y la perversión, posiblemente ubicadas en ambientes decadentes y corruptos (con alguna sugerencia, más o menos impregnada, de tornas esotéricas), en los que deambulan nobles, políticos, exponentes. Del mundo del espectáculo, Sres. Lobo y, en general, sujetos ambiguos y de mala reputación. El medio italiano que, relevante o no, vuelve sin embargo a desplegarse, en su suntuosa miseria, en muchos casos noticiosos en los que se presagia la posibilidad del crimen, gracias a una solicito vox populi, elevada a criterio absoluto e inexpugnable de conocimiento. La historia resultaría significativa, según Enzensberger (1998), precisamente porque es adecuada para desvelar el “itinerario italiano” de la investigación: “El procedimiento racional del trabajo del detective”, escribe el poeta y crítico alemán, "no tiene función decisiva en Italia: no es Sherlock Holmes quien domina la situación sino la fama. Un axioma de la criminología italiana es que donde ha habido un crimen, tarde o temprano habrá chismes; la policía comparte esta opinión con la gente, a la que atiende y de donde viene: alguien hablará (…) Tan pronto como el rumor llega a oídos de la policía, se convierte en “información no oficial”, se afirma y se consolida, adquiere consistencia. Se convierte así en un expediente. En el dossier acaba todo lo que ha penetrado, impalpable, por las paredes, los visto y apuntado ha entrado en los oídos”. Palabras severas, que revelan una aptitud inquebrantable para la generalización, evidentemente inadecuadas para dar cuenta del compromiso y habilidad de los investigadores de nuestro país, pero que demuestran —en cierta medida— efectivas para enfatizar cómo la racionalidad y el rigor investigativo corren el riesgo de verse obstaculizados por el prejuicio. Y la ansiedad por la justicia sumaria se extendió al público. De igual modo, a  Italia como al resto del mundo. Italia en la mitad del siglo pasado era la perfecta representación de un claroscuro. Mientras en aquella vieja bota orográfica iba abandonando lentamente la mísera posguerra (con la ayuda del Plan Marshall americano y de un modo irregular para la castigada población), las imágenes de los divos del cine por las calles de la capital difundían, en una sociedad aún muy provinciana, una imagen de frívola modernidad que atraía y escandalizaba por igual. Tras la exitosa Ben-Hur (William Wyler, 1959), vendría la carísima y caótica  Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963), la cual, sería la última gran película rodada en Cinecittà. A partir de entonces decae el interés por las superproducciones históricas, y el auge de la televisión transforma el escenario audiovisual. La fiesta romana toca a su fin, y la beautiful people se va con la música a otra parte. El filme de Fellini “La dolce vita” (1960) fue el gran éxito de taquilla de 1960 y catapultó a Marcello Mastroianni como un rompecorazones internacional. La película capturaba vivamente el brillo del flash sobre aquel país que salía de la posguerra y avanzaba hacia el boom económico. Después del trauma interminable del fascismo, se disparaba el consumo de televisores, neveras y Fiat 500. Audazmente, Fellini repudió el neorrealismo del “El Ladrón de bicicletas para emprender en Cinecittà el camino de las fantasías estilizadas de Hollywood, que reflejaban un mundo ilusorio; el real proyectaba hacia adentro una imagen bien distinta. “La dolce vita” era una película que nadie quería producir. Luego se convirtió en un escándalo, después en un hecho feliz por sus ingresos en taquilla, más tarde y para siempre en la mayor muestra de identidad del cine italiano. Se rodó en 1959 y fue estrenada al año siguiente en medio de una intensa polémica y encendidas críticas, no sólo desde los sectores ultraconservadores de la sociedad, sino también por parte de los protagonistas de la movida romana.

 

 



Menos mal que el bueno de Fellini, no se le ocurrió filmar el show del el restaurante “Rugantino”, donde la actriz y bailarina Aiché  se marcó una danza del vientre, aprovechando que el Tíber pasa por Roma. Sólo fue un soplo de inspiración en el film, del maestro italiano. Ni contratar a la demoniaca New Orleans Jazz Band. ¡Virgen, virgen! El escritor Alberto Arbasino, autor de Fratelli d'Italia, himno nacional, en un furibundo ataque, llegó a preguntarse de dónde había sacado Federico Fellini a los intelectuales que aparecen en la película, capaces, a su juicio, de decir las cosas más banales y ridículas. Durante el estreno, en el cine Capitol de Milán, hubo insultos, silbidos y protestas. Los actores y el director recibieron escupitajos de espectadores escandalizados. Marcello Mastroianni lloró de amargura aquella noche. El diario "L'Osservatore Romano" calificó la película de obscena y el Vaticano, conmocionado por la escena en que Mastroianni le hace el amor a Anita Ekberg en aguas de la Fontana de Trevi, prohibió su visión a los católicos bajo pena de excomunión. Una buena parte de la prensa pidió la retirada de la cinta de las salas comerciales y hasta los diputados discutieron en el Parlamento sobre las escenas más escabrosas. Desde entonces, Roma se ha mantenido como una fantasía de la "vida fácil", según Stephen Gundle, autor de un libro "La muerte y la dolce vita" acerca del asesinato de una joven Wilma Montesi, que conmocionó durante años al país en aquella década de los cincuenta de aguafuertes y contrastes. Gundle recrea el mundo del espectáculo de los cincuenta en Roma, con sus prostitutas, los paparazzi y el mal gusto generalizado. Muchos de los éxitos de taquilla del cine se rodaban en Cinecittà y Wilma Montesi sólo abrazaba el ideal de Marina Berti, Silvana Pampanini y Elsa Martinelli, entre otras actrices. Quería ser como ellas y alcanzar el sueño dorado de Tinseltown de las aspirantes a estrellas que visitaban Hollywood. Adoraba a Mae West y la blancura nívea de la piel de Jean Harlow. Por eso probablemente se sumergió en las aguas turbias y picó el anzuelo en aquel submundo de drogas y orgías, financieros corruptos, políticos rufianes e hijos de papá sin escrúpulos. Embebida de los sueños imposibles, en aquel ambiente en que el oropel asomaba a la vista de los inmigrantes que llegaban a Roma provistos de una maleta de cartón, era una víctima propiciatoria. Su caso prefiguró el «Bunga Bunga» de Berlusconi, como se encarga de recordar el historiador Stephen Gundle. De hecho, en 2009, un ministro del Gobierno, Gianfranco Rotondi, comparó a Noemi Letizia con Wilma Montesi con el único fin de describir a Il Cavaliere como el objeto de una campaña de difamación similar a la que había sufrido entonces Attilio Piccioni. No todo estaba bien detrás de los destellos de prosperidad que proyectaba Italia. El miracolo italiano no había logrado extenderse al Mezzogiorno, donde lo único que abundaba era la pobreza. En busca de un idilio con el consumo, los sureños comenzaron a llegar a Turín y Milán, con sus maletas de cartón y en ese mismo momento nació el mito despectivo del terroni. La miseria de estos inmigrantes echaba tierra sobre la tan cacareada renovación económica del país. Por su aparente frivolidad, "La dolce vita" profundizó en el malestar social. En la extraordinaria escena final de la película, los borrachos, después de una noche de fiesta, observan a un ser marino cadáver en una playa de las afueras de Roma. Sus ojos glaucos les acusan. Para Gundle, el monstruo marino muerto alude a la relación del escándalo Montesi y la película de Fellini, aunque el cineasta nunca reconoció la inspiración. Curiosamente, en la Italia tercera economía de la UE, de 2021 y con un primer ministro tecnócrata como Mario Draghi; la muerte de de Wilma Montesi sigue siendo un misterio. El glamour italiano, se esconde en un bote de Armani de imitación vendido por un etíope llegado en patera, a Messina.  Una señora con andares de film de Sorrentino, tapa el pinchazo de botox tras unas gafas de Salvatore Ferragamo que parece, intentar pasar desapercibida, mientras compra un par de perfumes al silente abisinio. Wilma, tú eres el latir de Italia, en el fondo, el fracaso de la gran bufonada europea. Mientras haya fútbol y los tiffosi canten napolitanas, todo sigue igual.





                                                          Dedicado a Jordi Cussà enero 1961/julio 2021 In Memoriam


Fotogramas adjuntados

Playa de Ostia, dibujo de la policía criminal de Roma

Playa de Torvaianica en la Comunidad de Pomezia

Anmitore Fanfani político creador de la Democracia Cristiana e imputado

“La dolce Vita” (1960) by Federico Fellini  (Marcello Mastroianni&Anita Ekberg)

Ana Maria Moneta Caglio imputada

Gente y medios de comunicación Tribunal de Justicia de Venecia

“La Dolce Vita” (1960) by Federico Fellini


Biografía recomendada y consultada

La muerte y la Dolce Vita by Stephen Gundle Ed (Seix Barral)

The Montesi Scandal: The Death of Wilma Montesi and the Birth of the Paparazzi in Fellini's Rome by Karen Pinkus Ed. Unvdad de Chicago Press

Non mi piacciono i film di Anna Magnani. Il caso Wilma Montesi by Mario Pacelli  Ed.Grafhofeel

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