Jean Harlow, “la femme fatale rubia platino, a quien Hollywood sólo le dio 26 años”


 

No hace ni dos semanas, que este amanuense, dejó su impronta para celebrar los 9 años de este singular espacio cultural que es el Inquietante Bypass. A lo largo de este periplo hemos hablado de todo. He opinado, en más de una ocasión, me he mordido la lengua —nuevamente— para, no ofender las mentes más sensibles o corazoncitos más tiernos. Algo, que no me tendría que haber importado, ya que yo soy así. Cuando profesionalmente, andaba por los medios, de becario, nadie me quería: escribe muy bien y la lengua la tiene muy afilada. Claro, no me preguntaron por la entrepierna. Es obvio, que yo nunca he tenido esos que se conoce como enchufes o filias políticas, vestuario y atrezzo político para ascender, en este mundillo. Me la ha sudado. Sigo haciendo lo que quiero y espero terminar mi tercer libro —que no sé si lo terminaré— 9 años de reescritura de mis dos joyas, las cuales, no se si las verán, ni lo sé yo. Nunca estoy contento, con el último adjetivo o preposición de turno. Como diría mi buen amigo, el escritor y crítico Hilario J. Rodríguez: bienvenido al planeta de los puzles de la reescritura. Creo que lo dijo en un tweet y me encantó. No por ello, quería pasar la oportunidad de hablar de otra de esas femmes fatales que me ha vuelto loco desde el día, en que la vi, y dejan a la cantaora Joplin o el divino Morrison, a la altura del betún en eso de la iconografía rockandlolera y del malditismo… A ver es algo así como; vive rápido, bébete el Nilo y drógate a toda hostia y harás un pequeño cadáver. Hoy tendrían que ponerse todos Uds. de pie (hombres, mujeres y mundo trans) vamos a contarles el porqué de una mujer llamada Jean Harlow. Decía el maestro, Edgar Morin, con quien, tuve la suerte de compartir una comida, con un montón de políticos degenerados e ignotos, de la España de principio de Siglo. Recuerdo esta frase, mientras degustábamos un arroz muy pocho, en un bolo cultural, al cual me habían enviado, en  tierra de la Costera. Ningún periodista de la redacción hablaba francés y menos inglés. Eso, sí. En el CV, ponen que tienen el título de tal y Pascual. A ver que me voy del carril decía el ínclito intelectual: las estrellas femeninas son objeto de la atracción masculina y de culto por el femenino. La chica platino Harlow se ajustaba perfectamente a la descripción. Los hombres se sentían abducidos por su pelo —que prometía diversión; las mujeres en USA comenzaron a teñirse el pelo para imitarla—, y confiaban en que su pícaro encanto, los congregará a su alrededor. Miss Harlow, no solo fue la primera rubia platino de Hollywood. Ella también fue la mujer que marcó un antes y un después, en la hermosa galería de rubias platinos de aquello, que un día decidimos llamarle, el Séptimo Arte. La misma factoría que unos años más tarde se convirtió en el mito Pop, por excelencia, de cualquier icono de modernidad. Se habrán dado cuenta que hablamos del mismo lugar donde un día nacería: Marylin Monroe. Chorros de tinta embadurnada de sublime prosa de grandes escritores, teóricos, y críticos-as. Si lo piensan bien, somos esos mismos hombres y mujeres, en diferentes profesiones; pero que no dejamos de ser parte de esos humanos que pululan por el mundo contemporáneo. Pues, Jean Harlow se encargó de incrustar en las retinas del personal, por la fuerza sexual de su hermoso físico: una combinación letal de belleza y glamour. Si Don Draper hubiera vivido en esa época y hubiera tenido que lanzar una campaña de la marca Coca-Cola; es obvio que los pensamientos del más ingenioso irían directamente a la figura de la botella de cristal y el contorno  sensual de Jean Harlow. Es algo así, como los iconos del armazón de la América unida: acero y hormigón. Piernas, caderas, senos y cristal. 



Esto es Hollywood la tierra de los sueños de todo aquel que llega. Hay en Jean Harlow unos andares de diosa —un poco patosa— que podrían equivaler a los del mismísimo Louis B. Meyer. Es decir, piensen en la plenitud de un cine multigénero. Cuando hablamos de Jean Harlow, es muy similar a charlas de Mae West, es decir, siempre que vayamos en sentido inverso a las agujas de un reloj. La Harlow transmitía la insinuación, algo muy depurado y ese descaro sexy. En el caso de Mae West la provocación, roza  la ordinariez y la grosería. Sin llegar a ser un personaje que por ello transmitiera decadencia. Todo lo contrario. Una y la otra estaban de acuerdo en un punto innegociable: eran rubias platino y vorazmente devoradoras el sexo en todas sus versiones. Aquel Hollywood sólo lo amamos los consumidores del bonoOro EMT y cuatro chiflados amanuenses que se quedaron abducidos el día que la rubia de los modelitos satén blanco pegados al cuerpo —siendo imitados y plagiados por todas las actrices— desde su muerte hasta el día de hoy quiso nacer, para vivir  la vida, al borde del peligro, y  murió chocando contra una curva, que no estaba en el mapa de carreteras que compró en su viaje por Hollywooland.¡Vaya con Los Rockeros y los Popes blandos, esto no era cosa de la Joplin y Morrison! Menudos pedorros—Pensaría la gran Harlow, si los hubiera conocido, en su corta, pero intensísima viva que duró 26 años. La actriz protagonizó todo tipo de escándalos y desdichas. Así fue y así intentaremos contárselo. Nació  en Kansas City, Missouri, el 3 de marzo de 1911, bajo el nombre Harlean Carpenter, conocida con el nombre artístico de Jean Harlow, fue la hija única de un adinerado odontólogo y de una insatisfecha ama de casa de Kansas. Su madre era una madre tremendamente protectora, de la encantadora Harlean. Hija única del matrimonio Carpenter, un cromo de cabellos rubios. Aunque, su madre, Jean Poe Harlow; no le quitaba el ojo. Este ambiente de madre/hija creo una simbiosis biológica, donde su madre era un pedazo de la propia futura estrella y donde el bueno del Sr. Carpenter se hallaba más desplazado.  La pequeña Harlean, era llamada por su madre, insistentemente, “Baby”. Curiosamente cuando Harlean entró en la escuela para niñas “Miss Barstow” de Kansas, la criatura, se enteró de que su verdadero nombre era Harlean y no 'Baby'. Lloró a lágrima suelta. En muy poco, tiempo de su paso, por el colegio Barstown, Harlean Carpenter, observó cómo sus padres se divorciaban. Jean consiguió la custodia de Harlean, quien volvió a ver a su padre, una sola vez del resto de su corta vida. Aunque Jean estudió en una academia actoral, la aventura fracasó y las dos regresaron a Kansas. A los 14 años el abuelo la envió a un campamento en Michigan, pero se contagió de escarlatina. Hay tesis, del toro pasado que esta enfermedad fue la que contribuyó  a su precoz deterioro de salud que terminó con sus huesos en la cripta.  El cómo llegó a la cima; es obvio que fue una carambola o hay quien dice que tenía que pasar. El cielo y el cine; necesitaban a Jean Harlow. Un día acompañó a una amiga a los estudios Fox y mientras la esperaba en el auto, su turgente cuerpo atrajo la atención de un ejecutivo, pero ella rechazó realizar una prueba de cámara. Le duró poco el orgullo porque su madre, Jean Poe Harlow, la convenció de la idoneidad para asistir a un casting.



Finalmente, obtuvo un contrato. Jean Poe tenía a su hija, como el antojo actual de un mando televisivo: la controlaba, la dominaba y solo le decía: ¡haz esto! Todo dio un giro copernicano. Apenas, tenía 16 años, cuando se marchó de casa para contraer con un joven alcohólico empresario, llamado Charles McGrew, siete años mayor que ella. Dándose a la fuga de su hogar y estableciéndose en Los Angeles, donde Mr. McGraw y Harlean contrajeron matrimonio en 1927. Imagínense, finales de los años 20, una ciudad, en plena efervescencia cinéfila que rodeaba la zona en la que residían, Harlean intentó convertirse en actriz, momento, en el cual, adoptó el nombre y apellido de soltera de su madre: Jean Harlow. Dos años después, el matrimonio se divorció y ella se centró en seguir buscando trabajo en el mundo del cine. Pudo conseguir pequeños papeles para intervenir en algunos cortos, la mayoría pertenecientes al género cómico. De esta manera, pudo ser vista en diversas producciones de Hal Roach como “Double Whoppe”. En pleno crack de Wall Street de 1929, antes de comenzar su  década hacía el estrellato, se divorció de McGraw. Un año después logró que el magnate Howard Hughes se fijase en ella para intervenir en “Ángeles Del Infierno”, película en la que suplía a la actriz nórdica Greta Nissen, que fue descartada del casting, por Hughes, debido a un fuerte y frío acento sueco a la hora de ponerle voz al Shakesperiano de LA. La fama conseguida con “Ángeles Del Infierno” y sus pequeñas participaciones en películas de éxito, como “Luces De La Ciudad” de Charles Chaplin, y el film por antonomasia de gánsteres que protagonizó, al lado del gran James Cagney, “El Enemigo Público” de William Wellman, y con el malogrado Robert Williams en “La Jaula De Oro” de Frank Capra. Hizo que se acrecentará el interés de los grandes estudios, especialmente, la mismísima Metro Goldwyn Mayer hacia su persona. Sus legiones de fans enloquecían con sus poses eróticas; su liviandad y su manía de usar trajes pegados al cuerpo sin ropa interior. El extravagante Hughes llegó a ofrecer 10 mil dólares al peluquero que lograra acercarse al tono platino que lucía Jean. Durante cinco años el millonario la exprimió al máximo, y finalmente, accedió a la venta, de su libertad por en 50.000 dólares a la Metro Goldwyn Mayer. Bien, llegados a 1932, año en el que también Jean contrajo matrimonio con Paúl Bern —hombre de confianza del ínclito Irving Thalberg— que era veintidós años mayor que Harlow. Fue una esas historias que hicieron historia en el Hollywood Babilónico sonoro. Acabando este casamiento, en una tremenda desgracia. Fue a partir de ese momento cuando la Harlow alcanzaría la gloria con cintas como The Beast of the City dirigida por Charles Brabin al lado de Walter Huston. Un Film Noir muy digno. Red-Headed Woman (La pelirroja) un drama romántico de Jack Conway y por supuesto, Red Dust con el legendario Victor Fleming (Tierra de pasión) un melodrama de aventuras Clark Gable, Jean Harlow. Estos dos últimos films tanto, La pelirroja o Tierra de Pasión, dispararon a la diosa platino, alérgica a la ropa interior como la estrella del nuevo Hollywood. Ya saben cómo es Hollywood, y 20 años después, filmaría de nuevo, el remake de Victor Fleming (Red Dust). Eso, sí. El maestro John Ford acepto el trabajo, con la condición de un cambio de título, convirtiéndose la historia, que en España se llamó Tierra de Pasión, en Mogambo (1953). De nuevo, protagonizada por un Clark Gable —ya maduro— y acompañado de Ava Gardner y Grace Kelly. En una entrevista con la prensa, el propio CG dixit: “yo preferiría una dama protagonista a la que pudiera tratar como a un hombre, en todo, menos en el aspecto sexual.”





De vuelta, a nuestra hermosa protagonista, Jean Harlow y su veterano esposo Paúl Bern. La rubia platino parecía que encontró la horma de su zapato en un hombrecillo bajito, tímido, medio servil, hábil para los negocios y con la suerte más envidiable de toda la galaxia: tenía en su lecho a Jean Harlow. Sin saber cómo, ni con qué propósito, Paúl Bern se agarró al cielo con las manos y se casó con la mujer más deseada de Hollywood. A todo el mundo se le cayó el alma a los pies cuando Paúl y Jean se unieron; él 42 años y ella 21. Se conocieron en rodaje de Luces de la Ciudad de Charles Chaplin, donde la jovial y volcánica Harlow hace un papel de figurante. Bern quedó hipnotizado por la sinuosa rubia; que tomó bajó su control la carrera de la Harlow y le dio un plus al jugoso contrato con la Metro Goldwyn Mayer. Con su estilo agazapado Bern ya se había echado al costal a más de una celebridad, como Joan Crawford o Mabel Normand. Empero, Jean Harlow era el sueño erótico de toda América, y él encajaba, a medida, en el rol emocional, de ese padre ausente de la actriz. Fuera por una razón o por otra; el matrimonio de cara a la galería funcionó a la perfección o lo parecía. Ya que, después, de un par de meses. El 4 de setiembre de 1932, en el aura del amanecer, cuando el mayordomo de la pareja encontró a Paúl Bern, en el piso del dormitorio. Desnudo, frente a un espejo de cuerpo entero, y con un agujero en la cabeza. La malograda pareja se casó el 2 de julio de 1932. Tan solo, unas  seis semanas, Paul Bern, se encontraba muerto en su propia casa. La muerte de Bern se convirtió en uno de los mayores misterios de la historia de Hollywood. El cuerpo del ejecutivo fue encontrado por su mayordomo junto a un gran charco de sangre densa —que fluía desde el cráneo— de la víctima, en el aposento de su casa de Beverly Hills. Su esposa Jean Harlow se hallaba en casa de su madre ese día —curiosamente— la Harlow y Bern mantuvieron una fuerte discusión la noche anterior, a su óbito. Al lado del cadáver, apareció una nota de suicidio que rezaba: “Querida mía. Desgraciadamente, esta es la única forma de reparar la horrible equivocación que he cometido y de borrar mi miserable humillación. Te quiero, Paul. PS: Entiende que lo de anoche solo era teatro”. Más chocante fue la actitud del mayordomo que, mucho antes de hablar con la policía, había contactado con un despacho ejecutivo de la MGM. Varios de sus responsables fueron enviados al lugar y limpiaron la dantesca escena, para intentar minimizar el escándalo. La policía se presentaría en el hogar dos horas más tarde. La autopsia reveló que Bern había muerto por una herida de bala en la cabeza. ¿Fue un suicidio o un asesinato? El escándalo alimentó las páginas de los tabloides y prensa del higadillo, durante los días siguientes. Comentarios y páginas llenas de comentarios, donde se leía: Paul Bern se voló los sesos de un disparo, pues, se veía incapaz de cumplir el maratón sexual que ella exigía. Jean Harlow, por su parte, nunca quiso comentar nada sobre el asunto públicamente. A pesar de haber sido interrogada por el Departamento de Policía de Los Ángeles y de haber tenido que presentarse ante un gran jurado.




El departamento de prensa y relaciones públicas de la Metro casaron a Jean Harlow con el fotógrafo Harold Rosson y vivieron seis meses juntos, pasados los 180, se divorciaron por el mal carácter del marido. Gran parte de los cuales pasaron separados. Tres semanas después de la boda, Harlow fue trasladada de urgencia al hospital para someterse a una apendicetomía de urgencia. Después de dos semanas en el hospital, la madre de Harlow insistió en que, en lugar de regresar con su esposo, su hija, para ella “Baby” debería continuar su convalecencia en la casa de su madre. Harlow nunca volvió a vivir con Rosson. Jean estaba abriendo un nuevo año, 1934 y ahí llegaron toda una serie de films que aguanto, bajo una presión y un estado físico penoso. The girl from of Missouri (Busco millonario) repite su género favorito de la comedia romántica y en la dirección dos viejos conocidos Sam Wood y Jack Conway. En 1935 protagoniza el melodrama musical, junto al gran William Powell (Reckless) La indómita. Dirige Victor Fleming y cierra el año con los mares de China (China Seas) detrás de la cámara todo un genio, como Tay Garnett en un drama de aventuras, ella como protagonista junto a su actor favorito Clark Glabe y Wallace Beery. El propio Glabe, en este rodaje, mostró una gran preocupación por JH. Hasta que La insistencia de la madre Jean —que siempre iba con segundas intenciones— ya se encargó un año antes de  supervisar la recuperación de su hija, pero a modo, de estratagema para poner fin a su matrimonio. Empero, Jean Harlow estaba diferente, no era la misma. Incluso la bruja de su madre comienza a mostrar una gran preocupación. La dura realidad, del alcoholismo de Jean, era colosal. Evidentemente, la bebida pudo haber ocultado otros problemas de salud, y el control de la madre Jean sobre su hija no se basaba de ninguna manera en una perspectiva saludable. Mamá Harlow era una estudiosa de una escisión radical de una iglesia cristiana. Pero, esencialmente, por encima de Dios o los testigos de Jehová; una voracidad por el dólar pertinaz. Cuando Jean aumentaba un poco de peso, su madre la ponía a dieta de una sola cucharada de requesón, una rodaja de piña y una zanahoria rallada al día. Algo que seguramente podría haberle provocado anemia, haciendo que Harlow, en vez de sentirse más ligera y con mejor disposición; se debilitaba muchísimo debido a un mal estado inmunológico que ya de por sí era propenso a la enfermad. En 1936, Harlow comenzaba a parecer una víctima de su estilo de vida: su rostro estaba hinchado y gris. El acusado cansancio que le acompañaba y un vientre hinchado sospechoso. A todo ello, súmenle 10 años de decoloración semanal. Harlow, rubia de niña, insistió en que era una rubia natural, pero su estilista sabía lo contrario. "Solía decolorar su cabello y hacerlo rubio platino", dijo una vez Alfred Pagano, peluquero de las estrellas. "¡Usamos peróxido, amoníaco, Clorox y escamas Lux! Sí, no alucinen. Eso era así. ¿Amoníaco y lejía Clorox? En realidad, no, es muy difícil de creer que alguien pondría deliberadamente un brebaje en la cabeza de alguien que mezcló amoníaco y lejía Clorox.  Un representante de Clorox, confirmó que los ingredientes principales del blanqueador Clorox en la década de 1930 son los mismos ingredientes del blanqueador Clorox actual, algo que, cuando se mezcla con amoníaco, produce un gas nocivo, ácido clorhídrico. Pura lejía a reacción. Cuesta creer que, una estrella de su categoría, para obtener este tono de rubio: tuviera que pasar por este proceso tan duro y humillante. Su estilista, lo habría hecho semanalmente (Clorox me pidió amablemente que le recordara no mezclar Clorox y amoníaco, especialmente, en su cabeza). Todo ese coctel iría dando unos resultados nocivos, en alguien, con una vida al límite, que observaba como se le caía el cabello, en grandes cantidades.



A pesar de los pesares, el estudio reclamaba su presencia porque Jean Harlow seguía siendo un potosí y en 1936 rueda Riffraff, dirigida por  J. Walter Ruben y  repite con Spencer Tracy. Le siguió Suzy de George Fitzmaurice, junto a Franchot tone, en un drama con la guerra de por medio. Wife vs. Secretary de Clarence Brown una nueva comedia romántica al lado de su fiel amigo, Clark Glabe. Después hizo Libeled Lady de Jack Conway que se convertirá en una diva difamada y se arma una Screwball con el periodismo de por medio y al lado de William Powell, una película muy buena. Y finalmente, Personal Property (1937) dirigida por W.S.Van Dyke donde rodó una comedia romántica al lado de Robert Taylor. Un rodaje, cada persona del equipo del set, observaba como una mujer de tan sólo 26 años estaba mal. Jean Harlow se encontraba muy deprimida y sin parar de beber. Lo peor estaba por venir, ya que en marzo de 1937, cuando descubrió que necesitaba que le extrajeran las cuatro muelas del juicio. Su madre no creía que pudiera manejar cuatro operaciones separadas, por lo que la madre Jean encontró un dentista que estaba dispuesto a extraer las cuatro piezas a la vez. Después de que le extrajeron el tercer diente, el corazón de Harlow dejó de latir brevemente. Se las arregló para recuperarse lo suficiente como para presentarse a trabajar en una nueva película, Saratoga (1937), y a la postre, desgraciadamente, la última. En el equipo de rodaje casi todos los preferidos de JH, la dirección de Jack Conway, el operador de cámara Ray June y como fiel compañero de reparto su querido hermano del alma, Clark Glabe. Sin embargo, dos meses después de la cirugía todavía estaba drenando líquido de su boca infectada. En el rodaje de esa película, a finales de mayo, empezó a quejarse de un fuerte dolor abdominal. Se fue a su casa durante el fin de semana a la mansión de William Powell y pasó el fin de semana en la cama. Todos los allí reunidos pensaban que era la gripe. Pero, el miércoles, comenzó a vomitar y delirar, Jean no estaba bien. Finalmente, fue atendida por un médico, poco riguroso, quien le diagnosticó inflamación de la vesícula biliar y le recetó unas inyecciones de dextrosa. Un par de días después, Clark Gable la visitó y se sorprendió al ver que Harlow parecía estar hinchada al doble de su tamaño habitual, con un olor a podrido que emanaba de su boca. Para que Uds. se haga una idea. Sus órganos estaban entrando en fallo múltiple. Ni meaba ni cagaba. Ante el empeoramiento, de Harlow. Se llamó un nuevo doctor, la misma noche, y apostilló, que el primer médico había realizado un diagnóstico completamente erróneo a Jean Harlow. Su verdadero problema eran los riñones, no su vesícula biliar. Los líquidos, mayoritariamente, y viene un matasanos a darle azúcar. No hace falta hacer químicas para saber que es ese compuesto, es un azucarero. Aquellas malditas inyecciones la estaban matando. A día de hoy, Jean Harlow, se  hubiera beneficiado de muchos de los tratamientos que hay para la insuficiencia real. Desde antibióticos, diálisis o trasplantes de riñón. Dos días después de su diagnóstico correcto. El 7 de junio de 1937, Jean Harlow fallecía. Todo sucedió muy rápido, o tal vez, se había estado desarrollando, lentamente, durante años.






Y al final, la hermosa “Baby” había dejado de pelear. En sus últimos días, un visitante junto a su cama le dijo que mejoraría. Posiblemente, delirando, JH, dijo: "No quiero". Parecía imposible que alguien tan hermosa y joven, cuya presencia en la pantalla rebosaba pura energía y vitalidad, llegara a morir así. Tal vez, por eso, persistían los rumores, que con Jean Harlow, había pasado algo más. Se rumoreaba que los órganos internos de JH habían resultado dañados en una paliza propinada la noche de bodas a manos, de su segundo marido, Paul Bern. Otros se apuntaron a que su enfermedad estaba relacionada con el alcohol, que probablemente no estaba en su raíz, aunque se había confundido el tipo de dolores de cabeza que podrían haber sido señales de advertencia de algom más que una resaca, por lo que se dejó ir sin un tratamiento que podría haberla salvado. Pero el rumor más cacareado de Hollywood era, el cual sostenía, que, Jean Harlow había muerto por una exposición prolongada a los químicos que usaba todos los domingos, para conseguir ese cabello rubio platino. Es hasta paradójico y chocante leer toda esta cantidad de historias para toda esa gente que amaban aquel Hollywood y adoran las historias sobre cómo la gente hace, determinadas cosas, para convertirse en estrellas que terminan destruyéndolas. Lo que sí es verdadero; es lo científico y todo aquello que tenga un estudio clínico. El historial médico junto con su filmografía se lee como una tragedia griega. Según los informes médico desde su nacimiento, Jean Harlow, contrajo poliomielitis, meningitis y escarlatina antes de los 16 años. Luego tuvo neumonía, dos abortos, una apendicetomía, múltiples episodios de influenza y una mala reacción a la extracción de muelas del juicio, todo mientras llevaba la corona de la estrella más sexy. En Hollywood. Permaneció en el set trabajando hasta semanas antes de su muerte. Jean Harlow comenzó interpretando a mujeres de reputación dudosa, siguió con las vampiresas y acabó siendo la ingenua. Y su último gran amor, el actor William Powell, quiso casarse con ella, pero no llegó a tiempo, pues la actriz moriría poco después de que iniciaran su noviazgo. De hecho, el intérprete le compró una cripta en el cementerio Forest Lawn Memorial Park, en California. Harlow se convirtió en una estrella del cine gracias a su feminidad, su glamour y su descarada sensualidad. En la pantalla, destilaba fuerza y seguridad. Sin embargo, fuera del rodaje la sex symbol era una mujer reservada, poco ambiciosa y algo pusilánime, que se dejó explotar por su dominante madre y su codicioso padrastro, y que se refugió en el alcohol, para evadirse de los problemas. La historiadora de cine Jeanine Basinger la describió como un ser especial: “Maestra de la mirada de soslayo que no contiene ningún misterio, Harlow tiene la vulnerabilidad de Monroe, el encanto de Dietrich, el toque cómico de Lombard, la sexualidad fácil de Mae West y la dura palabrería de Santwyck. Ella era única y lo tenía todo”. Murió con 26 años. Se guardó un momento de silencio a las 9:00 a. M. En todos los estudios de Hollywood la mañana del funeral, el 9 de junio de 1937. El servicio fúnebre se celebró en Forest Lawn Glendale, en la capilla Wee Kirk O'Heather y el general de la MGM, Louis B. Mayer, se aseguró de que fuera un gran evento. Los aficionados clamaban a las puertas del cementerio y los fotógrafos trepaban vallas. El césped estaba cubierto de flores que se habían desbordado del interior de la capilla. Clark sirvió como portador del féretro y acomodador y Carole le reservó un asiento. Todo Hollywood se despidió de Jean, con 250 dolientes llenando la pequeña capilla. A ella, le hubiera gustado, decir aquello de... "Me gusta levantarme cada mañana con un hombre distinto".

 


  

                                    Dedicado a Alice Springs junio 1923 abril 2021 In Memoriam






Fotogramas adjuntados

Jean Harlow en la portada de la revista Time 1935

Jean Harlow and ben Lyon in Hells Angels (1930) by Howard Hughes

Jean Harlow and James Cagney in Tje Public Enemy (1931) by William A. Wellman

Jean Harlow and Clark Gable in Red Dust (1932) by Victor Fleming

Jean Harlow and Paul Bern en la puerta de su mansión

Jean Harlow and Cary Grant in Suzy (1936)  by George Fitzmaurice

Jean Harlow and The Chief of Departament of Makeup MaxFactor




Biografía consultada y recomendada

Biografía Platinium Girl: Life and Legends of Jean Harlow by Eve Golden Ed. Abbeville

Jean Harlow: An Intimate Biography by Irving Shulman Ed. Sphere





 



Pregúntale a la muerte


 

A la muerte le gusta dormir desnuda y desearía que la mirasen dormir. Suelen mimarla con una sábana blanca. A veces, cualquier harapo sirve, pero al final, acaba con toda su vergüenza exultante, demostrándonos que está ahí. Tiene sueños pulcros —rotos por un despertador— que rompe al zumbido, en el instante que el alba, comienza a agotarse y busca refugio en Morfeo. Padece de insomnio constante. Además, no se puede reprimir salir a las calles desoladas, a cebarse con la primera vida del día. La muerte tiene un horario de gasolinera 24h. No stop. Parece volver a su cripta como un vampiro. Empero, no tiene a nadie que la espere y charle con entusiasmo del devenir de su jornada. No tiene liberados sindicales, porque todos pertenecen a su multinacional y ella dicta las normas. Ni festivos, ni vírgenes ni patrones que crucificar. Ya está ella para hacerlo. ¿Creen que lo han visto todo de la muerte? Pues, sepan que las hay de muchos colores y formas. No obstante, tras su pérfida mascara, siempre es la misma. A la muerte no le besar nadie, ni follar, ni juguetear en eso del precalentamiento. No sabe de sexo ni de multisexo. Si te encuentras con una muerte de la vieja escuela, suele poner su rúbrica en su blog cada 75 años. Hoy está de bajón, pues, dice que Googlelandya le va a cerrar su cuenta y no tendrá donde apuntar, sus hazañas. Dicen que está muerte está cansada, no hay quien se lo crea, ni en un billón de años. Pero, algo de runrún le comía con lo de su cierre virtual. Un amigo osó decirme —que la muerte era analfabeta— que tan sólo con la huella del pulgar y un poco de tinta, para ir apañada, para seguir a lo suyo.—Ay, ingenuo de Eugenio, qué poco conoces de ese jinete y su hoz.



La muerte habla más de 300 lenguas y sabe escribirlas a mano y dos manos delante de un teclado de un Apple Mac o un clónico chino. Conoció Android, cuando nosotros íbamos con un móvil dando voces. ¿Y qué decir de OS o cualquier algoritmo de última generación. Pregúntale por los chinos?—Entonces, es algo que va dejando su rastro toda la vida?—Premio, Eugenio, me gusto el ingenio. La muerte no lee novelas, igual que Umbral, que decía:—No se fíen del hombre que a los 40 comienza a leer novelas. Es astuta y sibilina. Aunque, eso, sí hojear libros de arte y pintura; es su debilidad. Miren las pinturas de los mejores museos antes del apocalipsis de 2020 e imaginen  sus cuadros—Se pregunta ¿Qué qué clase de vida debieron de llevar antes de fagocitarlos?—Ríe a carcajadas. Se desternilla hasta llorar de hilaridad. La muerte tiene remembranzas, pero andan demasiado borrosas.  Duda si estos, son sueños eufóricos o chocheo de la edad. No es lo mismo un sueño de ella, que la realidad diaria. La última vez que se confesó delante de un youtuber —que falleció por exceso de peso— recodaba de su infancia, al perro Lassie. Claro que se atropellaba, pues, no recuerda si era un Collie o un Setter. También se pone evocadora, pensado que en el antiguo Egipto, dice que fue Nefertiti, Bugs Bunny comiendo una zanahoria o Torrebruno comiendo la cabeza en TVE a los chavales. La muerte ve el futuro como un ovillo de lana azul con el que poder hacerse un jersey, y protegerse así del frío de las últimas mil trescientas noches. Cree que el cambio climático es un invento de unos tipos muy listos que se están haciendo de oro. Nadie quiere hablar de periodos interglaciares. Pero, ella, podía hacer millones de tesis doctorales sobre climatología y contar las fantasías sexuales, a bordo, de un Mamut. A veces, esa misma muerte, le encanta oír —acurrucada— historias de miedo alrededor de una fogata, no obstante, es tan fisgona y ansiosa que suele acercarse más de la cuenta al trovador que da fe de las crónicas.


Éste, curiosamente, se queda como una estatua de hielo; silente, y ella, con la imperecedera incertidumbre de cómo concluyen. Y alguien se levantó de aquella taciturna velada para preguntarle a la jodida muerte:—Eres insignificante y nauseabunda. No sabes nada de mí—repetía  el trovador. Harto de tu asqueroso trabajo, enmohecida por el paso del tiempo, asomándote cuando te sale de los huevos. Y cuando te envalentonas y sueles venir en compañía de más gentuza de tu calaña. Borrachos de maldad que reíais hasta el amanecer. Si el miedo lo provoca el momento previo, el instante de dolor o la agonía al que nos podríamos enfrentar. Debemos estar conscientes, pues, esos mismos espantajos que por su negligencia hace 365 días proyectaron un exterminio de los hombres y mujeres más sabios del país. Mientras miles de familias se desesperaban y se lamentaban de la desdicha de saber que de pronto, comenzaron a ver como perdían, sus queridos páter y mater familias. Sólo quedo aquella frase del sabio que espetó:—: ¡No lloréis, amigos míos; pues la muerte alcanza a todos los hombres y yo no soy más que un hombre de los muchos que ha habido y de los muchos que habrán. Se equivocaba el dios y los desgraciados que no quisieron hacer caso a la fábula de la cigarra y la hormiga o al cuento de los tres cerditos! No os preocupéis que a cada cerdo le llega su San Martín y esos 84.000 muertos de una pandemia descontrolada y caprichosa; por la desidia de esos que se creen que están por encima del bien y del mal: heredarán el reino de los cielos


¡Mueran los sabios viejos, pues, sus votos están corrompidos y apolillados como sus cuerpos arrugados de aguantar una posguerra demoledora! ¿Quiénes levantaron hogares sin libertad. Inventaron mil historias con las que sacar adelante a sus hijos? Esos hijos, que no han tenido el derecho a despedirse de ellos personalmente. Claro la muerte, es azar. Pero también, la negligencia provoca muerte. Se acerca el puente de San José y muchos hijos e hijas de muy buena gente, no pueden mirar atrás. Los Idus de Marzo de 2020, son parte de nuestra más nefasta historia. Podrían no ser las peores sensaciones que vayamos a tener en nuestra vida. Empero, la muerte se alió con los mediocratas, antojadizos nastuerzos que liquidaron por el las urgencias de la muerte a 84.000 almas. Otros organismos hilan más fino y se van a los 104.000. Nadie conoce unos números exactos de nuestras vidas. De igual modo, que nunca sabremos el de nuestros natalicios ni el de nuestros óbitos. Tal vez, un día llegará algo llamado karma, subido a un hermoso corcel, en forma de espíritu. Lo más parecido a un ejército de caminantes muertos, con la gallardía de ajustar cuentas. Todavía el hedor de esos pusilánimes hombres y timoratos tuercebotas: insulta la inteligencia. En ese instante previo, a la alegría de vivir, en su defecto; la muerte. Uds. Tienen la pelota en su tejado, si no quieren contar la verdad. Siempre nos quedará la muerte, a ella le podemos preguntar. En el fondo, yo ya estoy muerto.





Dedicado a la memoria de todos los fallecidos de Covid19 desde el 8 de Marzo de 2020 en España



Fotogramas adjuntos

City of Fear (1959) by Irving Lerner

Light of My Life (2019) by Casey Affleck

The Killer That Stalked New York (1950)  Earl McEvoy

Nosferatú (1979) by Werner Herzog

 





Lila Leeds, la ingenua femme fatale que fumaba hierba con Mitchum

 

Lila Leeds, mostró desde muy temprano un carácter fuerte, muy propio de las gentes del estado de Kansas, territorio de grandes tornados, gélidos inviernos y asesinatos mediáticos. Nació en Iola una pequeña villa del condado de Allen. Su madre, decidió que lo más idóneo era mudarse a Nuevo México, Lila tenía 12 años y una maleta. Un día se hartó de aquellas tierras fronterizas y se escapó con 17 años, aterrizando en St. Louis, Missouri. Comenzó a trabajar como bailarina en un club de swing, es decir, señorita de bailes por turnos. No duró mucho y enfermo. Durante esos meses le rogó a su madre que viniera a buscarla antes de llevarla al sol en Los Ángeles para que se recuperara. Allí, la joven Lila no tardó en encontrar su horma. Ella era increíblemente hermosa con un físico portentoso; un criatura pluscuamperfecta e ingenua  dentro de ciudad basada completamente en la apariencia. Empero, su pálpito le decía que su destino se hallaba en HollywoodLand. Total, un poco de dramaturgia rápida y un  ojeador de la Bliss-Hayden School of Acting, Llevó a nuestra hermosa protagonista al catálogo de chicas rubias de Metro-Goldwyn-Mayer. Firmó, sin hacer, ninguna prueba de casting. Curiosamente, la función y la técnica de la futurología siempre han fascinado a los humanos. No era el caso de la bella Lila. Decían las viejas crónicas de las antiguas sacerdotisas del dios griego Apolo que vivían en un templo construido, en torno, a un manantial sagrado en Delfos. Adivinaban el futuro a los visitantes procedentes de todo el mundo antiguo. Su influencia era tan significativa que los reyes les consultaban si debían ir a la guerra. También, de tapadillo, solía preguntarse, por aquello de algún problema doméstico o laboral. Todo el mundo asumía que el espíritu de Apolo se introducía en cada sacerdotisa y le permitía ver el futuro. Bien, para obrar tal visión, la pitonisa se surtía de gran material botánico, esencialmente, hierbas de todas los colores, del terruño y lugares más remotos. Había una que estaba muy solicitada; el cannabis. Luego, los efluvios, a modo de gran humareda, eran inhaladas por las divinas videntes, y veían todo lo querían o le dejaba la explosividad del colocón. Obviamente, un oráculo de Delfos, era lo que le hubiera venido de anillo al dedo, a la ingenua, hermosa y fatale Miss Leeds. Siempre sentía ese gusanillo de la psicoactividad después de fumar un poco de hierba. Claro, no era lo mismo fumar con los chicos de la banda del garito de turno y sus instrumentos, que aquella divertida, noche de verano. El 31 de agosto de 1948 sintió que había  algo extraño en el ambiente. Es decir, un atisbo muy diferente al humo de marihuana. Vicki Evans, amiga y compañera de alquiler, estaban disfrutando de una noche en su pequeño bungaló en Laurel Canyon Hill, cerca de Hollywood. Lila estaba fumando un porro. Algo esporádico, que ella mismo nunca lo escondió. Empero, lo que no se podía imaginar era que se casa estaba siendo vigilada por la policía y agentes federales de narcóticos. Casualmente, estaban esperando la llegada de Robert Mitchum. Era una estrella de 31 años que ya había obtenido una nominación a Mejor Actor de Reparto, en el film bélico, Story of G.I. Joe. Leeds era una actriz de 20 años que, a pesar de sus apariciones, principalmente, en columnas de chismes y prensa del higadillo, como una especie de niña mala, en ciernes. Todavía no había conseguido un papel principal. Ella y Mitchum habían sido vistos juntos por la ciudad. A Mitchum le gustaba fumar un poco y soltarse. Obviamente, Leeds era una chica muy atractiva de un carácter muy afable. Después de todo, esto era Hollywood. Mitchum llegó con un amigo. En unos segundos, la policía irrumpió —bruscamente— y disolvió la fiesta. Según el informe policial se contaron hasta 15 cigarrillos de marihuana esparcidos por la mesa de tresillo del bungaló de Lila Leeds.

 



Decididos a erradicar la droga en los círculos de Hollywood, los dos inspectores de la brigada de narcóticos estaban, al parecer, andaban detrás de la pista de Mitchum durante varias semanas. Este encuentro en la pequeña casa de Leeds, con las ventanas abiertas de par en par esta noche de verano, lejos de las villas, allende de miradas indiscretas, había sido la oportunidad perfecta para ver a la estrella de Hollywood in situ. Unos minutos más tarde, habían atenuado las luces y encendido las risas. El escándalo ya estaba completamente desbocado. Apenas les molesta un ruido en el porche de la cocina. Sólo V. Evans, que no fumó, en toda la noche. Se levanta para ir a buscar, pensando que son los perros que se han quedado fuera. Pero al abrir la puerta, dos hombres cargan y entran corriendo a la casa, usando a la joven como escudo. Robert Mitchum apenas tiene tiempo, intentado con la mano, de arrojar la mesita de café a los atacantes cuando sacan armas para apuntar a su cabeza. "¡Oficiales de policía! ¡Que nadie se mueva!"—Gritaron. En aquellos días, LL, estaba comprometida con el exmarido de Lana Turner, Steven Crane. Según Cheryl Crane, hija de la diva y del actual novio de Leeds, y, exesposo de la Turner: escribió en el libro autobiográfico Detour: A Hollywood Story de su hija Cheryl Crane. “Papá sabía que Lila había fumado marihuana desde que la probó en una fiesta de St. Louis tres años antes con miembros de la orquesta de Stan Kenton, y a veces se exageraba... A menudo le daban más hierba de la cuenta y ella se pasaba un poco. Los amigos de papá, le advirtieron que Lila tenía un problema, pero él sabía que la marihuana no esclavizaba a la "hierba del diablo".—Y soltaba una carcajada." Recordando aquel film, a modo de advertencia, de las autoridades federales, en el film  Reefer Madness de 1936, distraídamente hilarante". En cuanto, Crane supo del arresto de Lila Leeds, aquella noche de agosto de 1948. SC salió por piernas a Europa, para evitar que el escandalo le pudiera salpicar a él. Allí intentó escribir una columna de chismes titulada "Champán y vinagre". En su columna de debut escribió sobre el busto de Mitchum, diciendo: Claro que, si Robert Mitchum viniera a París, podría asistir a un pequeño club privado de jazz, en la orilla izquierda del Sena, donde los camareros se acercan a las mesas y te lían los cigarritos de marihuana por ti". Más de dos y tres estrellas de Hollywood, señaló, fueron vistas, la semana anterior al famoso garito. En una declaración policial, Leeds acusó a su compañera de cuarto Vicki Evans de ser una informante de la policía y dijo que Mitchum fue incriminado por el delito, según el Pittsburgh Post-Gazette, el 27 de septiembre de 1949. Lila Leeds dijo que ella y su compañera de cuarto a menudo fumaban algunos canutos, puntualmente, juntas. Sin embargo, Vicky  Evans se negó a fumarlos el día de la redada, y ella fue quien dejó entrar a la policía. Miss Evans  negó el cargo dos días después en el mismo diario. Ni Evans ni el camarero Robin Ford, que llevó a Mitchum al lugar del arresto, fueron juzgados por el incidente. Apenas unos meses antes de en ir en el vehículo que conducía la estrella de la RKO —el equilátero Robert Mitchum— dirección a Santa Monica. Leeds había sido seleccionada para un papel pequeño en The Jungle Goddess, una producción de bajo presupuesto de Lippert Pictures. Cosas de los caprichos del destino. El film se haría sin ella.




Incluso se lanzó una pequeña propaganda con la modelo Wanda McKay ("Miss American Aviation of 1938") en el papel principal, Apenas dos semanas antes de que Leeds fuera arrestada. La película apestaba, pero nada en comparación con lo que eventualmente sería la canción del cisne de Leeds. Ella fue siempre una criatura desinhibida, dixit: "No tuve problemas para encontrar un buen trabajo en uno de sus glamurosos autocines donde visten a las camareras con pantalones cortos y escote en V"—. Unas semanas más tarde, fue Jackie Coogan, el Chaplin Kid de treinta y tantos años, quien le consiguió un nuevo trabajo en el vestuario de Ciro, un club de Sunset Trip, muy popular. Fue allí donde conoció a Little Jack Little, un músico mucho mayor, con quien se casó en Las Vegas antes de darse cuenta unos días después de que se había olvidado de divorciarse de otra mujer. Aún no tenía 19 años. Imposible escapar de la algazara. La marihuana se ve entonces como una droga que conduce a todos los vicios: se dice que su consumo, que puede llegar a costar hasta dos años de prisión, conduce a asesinatos, accidentes de tráfico, suicidios, violaciones y locura. Un discurso paranoico y exagerado. En un Hollywood de la posguerra todavía controlado en gran medida por la censura y en una búsqueda perpetua de la moralidad ceremonial, Leeds y Mitchum están condenados en el mismo momento en que atraviesan la puerta, esposados y expuestos a la vorágine mediática. Los abogados de RKO y Howard Hughes, su nuevo propietario, no pudieron hacer nada. La prensa ya está ahí. Entonces, cuando un policía le pregunta su trabajo, Mitchum responde —"ex actor": está convencido de que su carrera en Hollywood está arruinada. Sin embargo, no pierde su ya legendaria despreocupación, bromeando, a la mañana siguiente, con los reporteros sobre su uniforme de mezclilla, el hecho de que no tomó su café matutino o la reacción de sus jefes de estudio. Lila tampoco parece muy molesta, burlándose de los dos jóvenes boxeadores que no pueden hacer su trabajo como perros guardianes. Los dos parecen estar convencidos de que estaban atrapados, de que la policía había sido informada de la llegada de Mitchum a Leeds. En cuestión, Vicky Evans o Robin Ford: eran los topos de esta cacería.  Una porque ella no había pisado el césped de toda la noche y había sido la persona a abrir a la policía, la otra porque había sido él quien había presentado a Mitchum  y  Leeds. A quien le hubiera gustado escapar de la prisión para un arresto anterior. Por esta razón, el abogado de Mitchum estaba convencido que, gracias a una falla procesal, puede escapar a la condena. Todo olía a una gran encerrona, muy bien preparada, con tiempo y el objetivo muy bien seleccionado. Sobre todo porque más allá del juicio, el actor parece encontrar un nuevo aura con el público. Evidentemente, el estudio recibe cientos de cartas de comisarios que abruman al actor. Pero un grupo mucho más grande se excitó con esta flema y este temperamento de chico malo que sólo había cultivado hasta entonces en sus películas. Cuando estaban sonando los trailers de sus westerns Rachel and the Stranger y Red Sky,




En la platea resonó con aplausos y gritos de aprobación. Era innegable que las colas que se formaban en las esquinas, similares a las llenas de adolescentes en la corte, estaban destinadas solo a él, la estrella varonil y despreocupada. En consecuencia, el escándalo bien puede hacerle ganar cuarenta y tres días de prisión, un asunto trivial, comparado con el año al que fue condenado inicialmente, pudo a partir de 1949, casi como si nada hubiera pasado; retomar el control. El rodaje de It Begins en Veracruz fue organizado especialmente para él por RKO y el director Don Siegel. Los papeles seguirían lloviendo durante décadas. Lila, por otro lado, tiene motivos de preocupación. A diferencia de Mitchum para cuya defensa la RKO ha contratado al mejor abogado de Hollywood. Ella es, a los 20 años, una actriz de segunda clase, sin apenas experiencia y sin un centavo. De ser necesario, nadie dudaría en arrojarla debajo del autobús para que se ponga el sombrero. Por tanto, la única declaración a la prensa de su agente, muy precaria y dubitativa que generaba muy poco optimismo. "Ella tenía una carrera por delante de lo más prometedora"— dijo. Estaba destinada a un gran éxito, pero su carrera era tan mala como la de la pitonisa Fuster. Algunos comentaron, de sottovoce, si tan solo se hubiera comportado de manera diferente…Parece que ahora ha destruido todas sus posibilidades”. Su currículum en Hollywood fue desde que firmó con MGM, con apenas, 19 años el siguiente: Leeds apareció con Red Skelton en “The Show Off”. Sin acreditación (1946); una de sus pequeñas partes fue en el vehículo de Lana Turner Green Dolphin Street, donde interpreta a una mujer euroasiática que droga al protagonista y lo hace rodar. Cuando se estrenó la película, ni siquiera se le atribuyó su papel. Su única actuación, escueta y con un mínimo dialogo se le atribuye a su papel de recepcionista en la psicodélica en "Lady in the Lake".A pesar de los esporádicos autógrafos, que le piden en la calle, sabe de sobra; que nunca será la nueva Lana Turner. El juicio fue letal para ella: la prensa la convirtió en una rubia hermosa, simple y un poco instruida. Un cuento con moraleja, un ejemplo que se les dice a las jóvenes adolescentes para evitar que hagan estupideces. En 1952, en un artículo de la revista Collier's, reveló que después del juicio y sus sesenta días en prisión, había “recibido una sola oferta... que era solo un intento evidente de capitalizar la notoriedad del caso Mitchum. La película cuenta la historia de Ann Lester, una joven huérfana que fue introducida a la marihuana por un traficante de drogas para quien terminó vendiendo después de perder su trabajo debido a su consumo de drogas. Por primera vez, Lila desempeña el papel principal, pero con una demora, de diez años en su premier. Después del film de culto, Reefer Madness (1936) del cineasta Louis J. Gasnier.




Se le ofrece el papel principal en Wild Weed! (1949) de Sam Newfield Esta película de explotación mala y plena de zafiedad, anduvo con dos títulos, convertidos en flyers de puro sensacionalismo kitch: ¡She Shoulda Said No!, y el conocido ¡Wild Weed! Muy pasado de moda y con un aroma anacrónico salvaje. Se tambaleaba como un flan y era el fracaso de todos los implicados en el proyecto. Los Estados Unidos ha avanzado muy rápido, la nueva sociedad tiene otro concepto de la moral femenina. Empero, la desgraciada Lila Leeds no le quedó otra opción. “Lo hice. Estaba arruinada”— le dijo a la revista Collier's. Esta será su última aparición cinematográfica. Deprimida, se hunde y retoma sus malos hábitos. Después de un accidente automovilístico en Sunset Strip, el mismo juez que la condenó unos meses antes le prohibió ingresar en California por incumplimiento de la libertad condicional. Exiliada en el Medio Oeste, comenzó a trabajar en clubes nocturnos, se casó dos veces, incluida una con un músico acusado una vez de robar una estación de servicio para mantener su propia adicción, y viajó de un lado a otro de la prisión. En 1954, fue arrestada en una redada en su apartamento en Chicago. Una agencia de noticias afirma entonces que "la policía encontró suficiente heroína para proporcionarles a dealers de poca monta, como para caerle una buena condena", además de dos niños pequeños en un estado lamentable. En 1955, Leeds testificó ante un subcomité del Senado que su carrera había sido arruinada por la marihuana y la heroína.  Pero el año 1956 fue el final de su abismo: nuevamente el bolso lleno de las papelinas de sugar brown y arrestada por prostitución. Lila Leeds, parecía haber desaparecido de los anales del mundo del espectáculo, hasta que cuatro años más tarde volvió a los Angeles amenazando con escribir un libro revelador que incriminaría a varios peces gordos de Hollywood y contaría la verdad de todo lo incontable de los estudios de la colina de las vanidades. Nunca salió, y desapareció del showbussines, hasta que reapareció veinte años después. Un artículo de Los Angeles Times en enero de 1974 menciona a un joven de 19 años asesinado a puñaladas en un callejón en Melrose place Avenue  (Hollywood), por un vendedor ambulante de la Biblia. Según la investigación policial, el único contacto del joven en Los Ángeles era un pastor que se iniciaba en una pequeña iglesia en Western Avenue, The Spiritual Mission Inc. Laymen's Evangelist (SMILE). La pastora correspondía con el nombre era Lila Leeds. Ahora con 48 años, su cabello rubio, había desaparecido. Había pasado mucho tiempo. Problemas de salud y sin un céntimo tras los pasos de su pasado y de regresó a California. Estábamos en 1966. Había escuchado la llamada de Dios allí y había comenzado a estudiar religión, se había ofrecido como voluntaria para ayudar a las asociaciones evangélicas locales. Una vez que había cantado y contado su transformación; en un predicador con el corte de pelo de Elvis llamado Johnny Barton. “Ven por tu milagro”, decía el anuncio. Todo demasiado previsible, muy propio del oráculo de la vieja Babilonia, aquella femme fatale de Iowa, finalmente cumplió su sueño, acabar como sacerdotisa en un lugar, del que nadie quería recordar. Por no recordar, no se acordaban de los relajantes canutos que se fumaba con el rey de reyes de las espaldas más equiláteras de Hollywood: su querido amigo Bob Mitchum.








                      Dedicado a Chick Corea junio 1941/ febrero de 2021 In Memoriam







Fotogramas adjuntados


Lila Leeeds posando con 19 años
Lady in of Lake (1946) by Robert Montgomery
Green Dolfins Street (1947) by Victor Saville 
Juicío a Robert Mitchum&LilaLeeds
Monrise (1948) by Franz Bogarze
Wild Weed (1949) Sam Newfield     




Bibliografía consultada y recomendada

Bad Girl of Hollywood  The Lila Leeds Story by Lila Leeds Ed. Amazon Kindle Edition (2018)










Lizabeth Scott, la femme fatale, que degolló la prensa del higadillo



A finales de la década de 1940, había una chica de pelo rubio liso y melena a lo Bacall. De mirada triste y lacónica, pómulos hermosos que le daban también fortaleza y hermosos ojos azul acero. Hablamos de una de las grandes divas del film Noir. Dicen que su mayor sueño era ser una gran actriz de teatro y ahí fue donde comenzó una carrera, que la llevó a un mundo de tipos duros, sombras, cigarrillos y vasos de whisky en el Hollywood de época. Nacida en 1922 de padres eslovacos y posiblemente ucranianos, la pequeña Lisabeth, todavía era una niña con nombre de origen checo. La vieja Checoslovaquia, a día de hoy, dos países diferentes: Eslovaquia y Chequia. Bien, su nombre era eslovaco y muy bello; Ema Macová. Pero no muy dado a ser apreciado por sus espectadores, que la conocieron como la gran actriz que fue, de nombre artístico; Lizabeth Scott. Su padre regentaba un pequeño supermercado en Scranton (Pennsylvania). Ideológicamente, era un hombre conservador, creyente y que comulgaba con el ideal republicano norteamericano: trabaja duro y serás alguien en tu vida. La particularidad, de Scraton, el pueblo de Lisabeth Scoott, es que el actual y recién elegido presidente de los EE.UU, Joe Biden, nació allí. Cuando llegó con 17 años a New York se dejó caer la E del nombre para ser ya la Lisabeth sensual fatale. A base de constancia y audiciones terminó en Broadway, donde el productor Michael Myerberg  se quedó asombrado, en un pase de Sadie Thompson. Lo que le llevó a provocar, un primer enfrentamiento, con otra mujer de armas tomar. Éste, se saltó la cláusula del contrato, donde Tallulah Bankhead tenía control absoluto como primera estrella y no había sitio, en su compañía para ser suplente de ella. Myerberg se pasó la disposición por el forro de sus caprichos y puso a Lisabeth Scott como sustituta, inmediata de la Bankhead. Demasiada presión estar al lado de una de la reinas absolutas del Broadway de aquellos años. Pero el destino es caprichoso y de repente: la obra “La piel de nuestros dientes”, con la que Thornton Wilder ganó el premio Pulitzer, se estrenaba en Broadway el 18 de noviembre de 1942. Dirigida por el ínclito Elia Kazan. Toda actriz soñaba con interpretar a la protagonista, en realidad, cuatro mujeres diferentes a lo largo de 500 años, y ese honor recayó en la tremenda Tallulah Bankhead, una de las personalidades más excitantes del mundo del espectáculo americano. Lizabeth Scott estaba al quite, en un segundo plano, solo esperando su momento y llegó: “Tallulah jamás se ponía enferma". Durante esos siete meses esperé que Tallulah cogiera un catarro. Esta curiosa situación provocó que cogiera forma de rumor, reiterativo, posteriormente, desmentido por las y los  interesados. Parece ser que la situación real de la diva Tallulah triunfando en los escenarios mientras la ambiciosa suplente Lizabeth esperaba ansiosa su caída para entrar ella en acción podía haber inspirado la trama de Eva al desnudo (1950), con Margo Channing (Bette Davis) y Eve Harrington (Anne Baxter) en los papeles estelares. La teoría se reforzó cuando Tallulah, siempre dispuesta a ser el centro de atención, declaró a los cuatro vientos que Bette Davis le había copiado "hasta mi modo de morder" para componer el personaje de Margo. Esta leyenda urbana sobre Broadway resulta de lo más inofensiva. Finalmente, Lizabeth Scott, tras dejar la compañía la todopoderosa Talluhad Bankhead, siguió unos meses más con Myerberg porque se tenían un relativo feeling, hasta que este contrató  a una veterana, Myriam Hopkins, para suplir a la reina de las tablas TB.


Ese golpe, le hizo a daño a LS, que aguantó  un poco más, ya que una noche afirmó que estaba perdiendo el tiempo y terminó por dejarlo. Fue la única vez que interpretó a Sabina y el éxito fue apoteósico. Tanto que había un buitre de California de un gran estudio y le contó a un gran amigo que había descubierto a una rubita, de un talento excepcional, llamada Lisabeth Scott. Aquel que escuchó atentamente lo elogios de su amigo, no era otro que el mismísimo  Hall B. Wallis. de Warner Bross. Empero, LS, comenzó una nueva etapa de trabajo, volviendo profesionalmente a su trabajo de modelo. Además de seguir mis estudios de teatro. Haper´s Bazaar le realizó un trabajo fotográfico que terminó en manos del mundo del cine. No obstante, la fuerza de Lizabeth Scott también reside en su voz ronca, casi ronca, que es solo suya. Aquella voz sonaba a kleenex empapados en enebro  y quemada implacablemente por los pitillos cortos de Chesterfield, heredada de largas noches mojadas de risas y  lloros de una potencia acústica interminable. En Paramount, Hal Wallis, ex Warner (el estudio que lanzó Bacall) y productor de Casablanca la ve como una futura estrella. Se distinguió en 1945 en The Strange Love of Martha Ivers, de Lewis Milestone, donde formó junto a Van Heflin la pareja de "buenos chicos" cuyo reencuentro permite aportar un toque de optimismo al final de la película, tras los grandes pacientes encarnados por Barbara Stanwyck y un debutante Kirk Douglas acaban autodestruyéndose. A pesar de la presencia de este tipo de actores en los créditos, ni el rostro alargado de Lizabeth Scott asomándose por la ventana, ni su característica voz que pronuncia las últimas palabras de la película. No terminaba de cuajar ese arranque, que sí que tuvo una vieja amiga, del clan de las nuevas renovadoras del género, caso de Gloria Graham que venía casi por el mismo itinerario que ella. Aunque, sería una film —a día de hoy considerado una obra de culto del Noirfilm— Dead Reckoning (1947) de John Cromwell, que puso en las luces de neón y los carteles gigantes su hermoso rostro al lado de un veterano Bogart, con su particular ironía punzante. En un papel, donde Lisabeth Scott es mala esposa para Bogart. Lizabeth Scott comparte el proyecto de con Bogie y créditos al mismo tamaño ¿Cómo no se pensó en Lauren Bacall, auténtica esposa de HB, cuando los estilistas de Columbia, la productora de la película, llevan la identificación tan lejos como para hacer que Lizabeth Scott use una boina similar a la que usa la estrella de Big Sleep? Sin embargo, hay una gran diferencia: si logra seducir a Bogart, que está investigando la misteriosa desaparición de un compañero del regimiento, finalmente resulta ser una mala mujer y fracasa por poco, casi matando a su pareja. ¡Lauren Bacall nunca habría interpretado un papel así junto a su Bogie! La trama es particularmente confusa y los momentos en los que Lizabeth Scott está en la pantalla son los más interesantes. Buen ejemplo de cine de género, en el que destaca la turbulenta y ambigua presencia de la propia Scott como encarnación de femme fatale clásica y la confirmación, definitiva, de LS, en el universo del clan de las divas females fatales de aquellos años; con todos los registros que le corresponden. Consiguiendo el beneplácito de la crítica y el entusiasmo de su mentor: Hal  Wallis. LS, nunca tendría recuerdos inmemoriales de su trabajo con Bogie. Después del rodaje de este film. Bogart, quien, con exceso de celo, andaba recién casado de la flaca; Bacall. Apenas, tuvo ningún detalle de amabilidad con la sugerente LS. Siempre se refería a ella, como la cenicienta de la voz ronca. En 1947, Lizabeth Scott también trabajó en Desert Fury del interesante Lewis Allen. Ella es la hija de la dueña del casino, Fritzi Haller (Mary Astor).

Ésta intenta evitar que la joven vea a un gangster de pura cepa como (John Hodiak). De por medio un poli, circunspecto, Tom Hanson, que interpretaba el genial Burt Lancaster. Curiosamente, tras este film, se rompe el buen rollo que existía entre la Scott y el machote Lancaster. Hubo una discusión que terminó así: Burt Lancaster dijo que abandonaba a Paramount, con quien tenía un contrato de 7 años. Pero la auténtica realidad era que no quería volver a trabajar con ella. El final, demasiado previsible. Pero un film de estudio que mezcló el Noir con el melodrama. Enorme BSO del maestro Miklos Rózsa. Posteriormente, en  The Fallen Man (1948) de Byron Haskin, la ópera prima de Kirk Douglas y Burt Lancaster, Lizabeth Scott comparte el mejor papel de su carrera junto al atlético Burt. Otra carambola de la vida: nunca digas, nunca jamás. Burt y Lisabeth juntos de nuevo. Ella vuelve a interpretar a una cantante de nightclub, que comienza la película junto al "malo" (Kirk Douglas) y termina del lado del "bueno" (Lancaster). En Dark City (Ciudad oscura) de William Dieterle (1950), Lizabeth Scott seguirá cantando en un cabaret. Charlton Heston acudirá a ella para recuperarse de sus problemas como jefe caído de un garito de juego. Pitfall (1948), de Andre de Toth, esposo de Veronica Lake, otro ícono del cine negro, es probablemente la película más cautivadora con Lizabeth Scott. No tiene lugar en los bajos, sino en los suburbios, tan emblemáticos del sueño americano. Dos seres son arrastrados por la pendiente del asesinato por un amor que aún no era satánico... Durante un proceso de cobro de deudas, Dick Powell, un ejecutivo de una compañía de seguros, conoce a una mujer bonita (Lizabeth Scott) cuyo novio está encarcelado por una estafa de seguros. Casado y padre de un niño, el cuello blanco se aburre en una vida demasiado estrecha para él, y se conmueve con la angustia del rubio alto. Comienzan una aventura, pero el novio encarcelado saldrá pronto. Espoleado por un detective corrupto (Raymond Burr) que también tiene opiniones sobre la joven, sale de prisión muy molesto y decide liquidar a la aseguradora que coqueteaba con su pareja. Este último, por temor a exponer a su familia, no notifica a la policía y mata a su agresor en defensa propia. Poco después, la joven le dispara al detective corrupto. Cuando la película termina, está entre la vida y la muerte, y de su destino también depende el de Lizabeth Scott, quien será condenada por asesinato o intento de asesinato, el precio no es el mismo. Por su parte, Dick Powell es "absuelto" por su esposa, quien decide no echar a pique su relación por unos días de travesuras... En sus memorias, De Toth justifica la elección de Lizabeth Scott: “No quería una estrella de la moda o una actriz súper sexy, sino un ser humano cálido, sincero y orgulloso. Y para mí, solo había una mujer podía hacerlo: Lizabeth Scott”. André De Toth tuvo que pelear mucho con los productores del estudio: "éstos querían una belleza de Hollywood con grandes pechos, pero eso no encajaba con esta historia de dos personajes aburridos en sus vidas". Más y más lejos del brumoso mundo de Bacall En 1949, Lizabeth Scott protagonizó otra película de sociedad estadounidense muy crítica, dirigida por el cineasta francés, en Hollywood, Jacques Tourneur: La vie Facile. La trama gira en torno a los reveses de un jugador de fútbol americano (Victor Mature) cuya carrera se ve comprometida por una enfermedad cardíaca, que no se atreve a confesar ni a los dirigentes de su club ni a su esposa (Lizabeth Scott). Esto se debe a su condición social como diseñadora de interiores, en realidad por goteo gracias a los sueldos de su marido. Temiendo sonar como un miserable a los ojos de todos, el futbolista se encierra en la negación hasta que la comprensiva secretaria del club (Lucille Ball) le ayuda a ver con claridad.

El personaje de Lizabeth Scott es particularmente duro y egoísta, listo para cualquier travesura para mantener a su esposo como una estrella, al menos como entrenador, ya que tiene que dejar de jugar. No quiere admitir que se acabó la época de los sueños dorados. En los últimos momentos de la película, Victor Mature la encuentra colapsada mientras abandona el campo. Él, la abofetea: “Ya no soy el rey del fútbol. Seré entrenador asistente. Ganaré 3.200 dólares al año y tú me seguirás. Liz, siento haberte abofeteado. Pero así es y tendrás derecho a ello si lo vuelves a hacer”. Él la abofetea de nuevo pero ella se refugia en sus brazos, lista para seguirlo a la humilde existencia que ahora será suya. ¡Definitivamente, el mundo realista en el que aparece Lizabeth Scott se está alejando cada vez más del brumoso y legendario mundo del estilo de cine negro Lauren Bacall! Jacques Tourneur no pensó demasiado en The Easy Life, una película que, sin embargo, fue magnífica. Lizabeth Scott, hablando para el cineasta, francés Bertrand Tavernier, le decía de Tourneur, cuánto apreciaba la meticulosidad y el compromiso del famoso Hollywood francés. También en 1949, Lizabeth Scott interpretó un papel "típico" de mujer fatal y codiciosa en Demasiado tarde para las lágrimas, de Byron Haskin (1949). Desde el comienzo de la película, el escenario está listo: ella rueda en la noche junto a su esposo (Arthur Kennedy) y hace todo lo posible para convencerlo de que se dé la vuelta, para escapar de una velada con personas más acomodadas que la ponen celosa. El esposo obedece y, justo después de la maniobra, pasan a un automovilista que, por error, deja caer una cartera que contiene 60,000 dólares en su convertible. Cuando el legítimo dueño del botín los persigue, la codiciosa mujer toma el volante y logra dispersarlo... Furiosa por los escrúpulos de su marido, que dejó la bolsa a la izquierda de una estación, recibe la visita de un gángster. (Dan Duryea), quien comienza abofeteándola copiosamente pero la convence de convertirse en su cómplice. Mata a su marido durante un viaje en barco, y se desliza inexorablemente por la pendiente del crimen: "Eres una chica del infierno", dice, el malvado Dureya—el malo, de los malos del cine negro por antonomasia— con admiración, cuando ve un ancla hundir el cuerpo de su marido en el fondo del lago. A principios de la década de 1950, la carrera de Lizabeth Scott comenzó a decaer. En 1951, en The Racket (El soborno), de John Cromwell, volvió a ser una "cantante de Nightclub", convencida por un policía (Robert Mitchum) para que testificara contra un formidable jefe del inframundo (Robert Ryan). Ese mismo año, protagonizó Two of a Kind de Henry Levin, donde hizo pasar a un delincuente (Edmond O'Brien) como el heredero de un multimillonario. Sólo un tratamiento bastante "bondadoso" de los personajes permite tragar las improbabilidades de esta historia. En Bad for Each Other (1953), de Irving Rapper, Lizabeth Scott regresa a un papel más clásico de femme fatale, a pesar de que este film es un claro melodrama: su papel lo borda. Ella es la hija del dueño de una mina que atrae a un joven médico (Charlton Heston) a su red y le encuentra un lugar en una clínica elegante, al servicio de un mundo que no es el suyo. Lizabeth Scott también probó suerte en los westerns. El primero Red Mountain, dirigido por genial William Dieterle (1951). Al lado del mismísimo Alan Laad y su viejo amigo, Arthur Kennedy. Correcto film y poco más. Después lo intentó con Four Strange Horsemen, de Allan Dwan (1954). Lisabeth Scott protagonizó una película muy bien hecha, con pequeño presupuesto, al lado de dos excelentes actores: John Payne y el malo de los malvados, su viejo conocido, Dan Duryea.

Por cierto, cabe resaltar que este western le encanta al maestro Scorsese. Lisabeth Scott iba dándose cuenta que el periodo de las grandes divas del Noir film se terminaba y el mundo de Hollywood estaba cambiando a pasos agigantados. Además, su situación personal era insoportable. Estaba casi al final de su carrera cuando apareció en The Weapon (1956) en la vieja GB, donde se concentraban grandes estrellas del clásico y divino Hollywood, en sus últimas etapas a rodar películas de suspense. El film que rodó Scott a las órdenes de Val Guest y Hal E. Chester fue un thriller de acción rápido y sin pretensiones ambientado en el Londres de la posguerra. Su marido es Steve Cochran y  Lizabeth Scott, está muy guapa. Acompañados por el romántico Herbert Marshall y un ladino George Cole. Es una madre que ha perdido a su hijo en un Londres de postguerra. Sorprende verla como una madre normal y corriente. Buscan desesperadamente a su criatura (Jon Whiteley) que, en la escena inicial de la película, dispara accidentalmente a un compañero de juegos con una pistola que encontró entre los escombros de un edificio bombardeado. El entorno urbano es tan siniestro que, de hecho, recuerda la Viena de "El tercer hombre" de Carol Reed. Si bien The Weapon no es el mejor escaparate para Scott. Ya en 1957 solo aparecería en dos largometrajes más: "Loving You" con Elvis Presley en 1957 y posteriormente "Pulp" con Michael Caine en 1971. Este último año, aquel que se lo pasó, muy divertido en el rodaje con Elvis, es decir, 1957 fue el mismo año, en el que Lizabeth Scott, grabó su propio disco de jazz titulado simplemente "Lizabeth" con Henri René y su orquesta por RCA Records. Durante dos años y medio tomó lecciones de canto y "trabajó como una troyana", decía un crítico especializado de la época. "Los días que pasé grabando ese primer álbum fueron los días más exquisitamente hermosos de mi vida", y apareció en programas de televisión de 1958 a 1971. Si bien "Lizabeth" no es excelente para escuchar repetidamente, es uno de esos divertidos discos coleccionables de la época dorada con actores que no esperas encontrar cantando (ver también: Charles Boyer, Sal Mineo, George Sanders o Eddie Albert). Lizabeth Scott no se conformó. Valoraba su libertad e independencia. Encontró los caminos del patriarcado sofocantes y siguió adelante con su vida —una vida muy personal— tan pronto como se cumplieron sus obligaciones contractuales. Su silencio con respecto a esa vida encaja con la dualidad que la intrigó desde una edad temprana: la dicotomía forzada entre la mente y el corazón de una mujer y el conflicto en curso sobre la propiedad del cuerpo y el alma de una mujer. “Supongo que esto sorprenderá a la gente. Aquí hice todos estos papeles dramáticos, y de repente salgo con esas canciones de jazz ", dijo Scott en aquella entrevista. Las canciones son baladas al estilo de un cantante de salón sobre el amor, como "Can’t Get Out of This Mood", "Willow Weep for Me" y "I'm In Love Again". "Todas son canciones dedicadas a los hombres. Independientemente, Lizabeth Scott canta muy bien en el disco. Mientras escuchaba el disco, no pude evitar pensar que era una pena que ella nunca pudiera cantar en sus películas. Quizás el tema de la canción era ayudar a mitigar su imagen. Aunque Scott canta de maravilla en el álbum, este no es un disco que pueda escuchar repetidamente. Después de grabar el álbum, dijo que cantar era solo parte de su carrera, pero que no iba a dejar de actuar. "Ahora quiero hacer más y más álbumes, asumir la apariencia de cantar en la televisión y en los clubes nocturnos". Sin embargo, este fue el único disco de Scott.

Esta grabación se produjo después de un escándalo del maldito libelo de Confidential en 1954. Y el año de la gran presión emocional, ya que tuvo que rodar el western de Allan Dawn, con el corazón encogido. La publicación de marras  sugirió que Scott era lesbiana, citando que nunca se casó, que usaba colonias de hombres, dormía con pijamas de hombre y no usó vestidos femeninos, según Scott. ¡Menuda gilipollez, pensarán Uds! Esto es Hollywood, amigos y estamos en la década de los 50. Según, el panfleto del higadillo hollywoodense; Confidential publicó acusaciones sobre Scott, ya que había solicitado sexo a prostitutas lesbianas. Estaba vinculada con un tal “madame” parisina, llamada, Frede. Esta madame se jactaba de ser íntima amiga de Marlene Dietrich y fue presentada por ella a Lisabeth Scott. El editor, Robert Harrison, se permitía licencias literarias, como la de llamar a la Scott; la musa de una legión, de "bebés barítonos"—expresión grotesca— que se dedicaban a actividades subversivas como llevar pantalones. A mediados de los años cincuenta, Scott estaba cada vez más desencantada con sus papeles de mujer fatal, solo mostraba un interés modesto en la floreciente industria de la televisión y había comenzado a desaparecer de la escena activa. Su cacería no se quedó ahí, ya que surgió un escándalo de alto perfil, el cual, estalló, en un momento, curioso. Resulta que el cicatero reportero Howard Rushmore hizo una denuncia sobre Scott. Nada nuevo bajo el sol. La tropa de la revista Confidential hablaba de un "librito negro" confiscado en una redada de antivicio en Hollywood. Esa pequeña agenda —supuestamente— mostraba a Scott entre la clientela de prostitutas de ciudad de Los Ángeles. Insinuaciones confidenciales sobre la amistad de Scott con la colorida y conocida para todos Uds. Frederique ‘Frede’ Baule de París, una entonces famosa propietaria de cabaret lésbico. Rushmore, finalmente, organizó una cita para almorzar con Scott y una actriz sin trabajo, Veronica Quillan, quien llevaba un micrófono oculto, con un claro objetivo, atraer a Scott para que hiciera un pase privado. Éste no era el caso, de Lizabeth Scott, la cual, era una presa fácil: en ese reinado de terror que duró varios años. Extremadamente discreta, ausente de las fiestas de moda, sin romances conocidos (salvo el que mantuvo con su mentor y descubridor el productor Hal B. Wallis) y con declaraciones ambiguas para quitarse de encima a los periodistas que insistían en saber detalles de su vida privada, la que fuera definida como “una chica extraña, incluso para Hollywood”. Entró de cabeza en las páginas de Confidential. En el número de septiembre de 1955 la revista sacó en portada el siguiente titular: “Lizabeth entre chicas”. En el texto se podía leer que la policía había detenido a varias prostitutas en una redada y una de ellas tenía una agenda de clientes donde aparecía el nombre de la actriz. Luego la revista decía haber pillado a Lizabeth en París “con la lesbiana más notoria de la ciudad”. El abogado de Liz puso una demanda de 2,5 millones de dólares por “ofensas en su vida pública y privada”, pero no prosperó. Como tampoco lo hizo la carrera de la actriz, que andaba de capa caída. En este punto conviene explicar la historia de esta revista de chismorreos que se pasó de la raya más de una vez —para entender de qué iba— no hay más que echar un vistazo a las andanzas de Sid Hudgens, (el personaje que intrepretó Danny DeVito en la fascinante L.A. Confidential 1997). Fundada en 1952 en Nueva York por el editor Robert Harrison, Confidential se abastecía de basura pura y dura.

En Hollywood había encontrado un vertedero gigante para llenar de tinta sus páginas obscenas.“A los norteamericanos les encanta leer cosas que no se atreverían a hacer”, solía decir Harrison, que mandó a su sobrina Marjorie Mead a la Meca del Cine para husmear y sacar exclusivas sin olvidar nunca el lema de la revista: “cuenta los hechos y nombra los nombres”… Aunque sean mentira, podíamos añadir. La nómina de Confidential la componía esta tropa “detectives privados de poca monta, aspirantes a starlets, estrellas en desgracia y periodistas pasados de moda”. Todos ellos se comportaban como auténticos perros de presa y tan bien lo hicieron que llegaron a vender cuatro millones de ejemplares. Empero, el libro que escribió Diana McClellan, "The Girls". Afirmaba que Lizabeth Scott —que— nunca se casó, fue esencialmente, incluida en la lista negra al final de su carrera por su apreciada orientación sexual. Ya que supuestamente fue vista en clubes nocturnos de lesbianas por Los Ángeles y asociada con mujeres de ideas afines, tal como se informaba en los tabloides del barro más ruin de Hollywood. Eso, sí. Todo el mundo los leía, como se lee en este país Fotogramas. Algunas de sus mejores presas, en sus años de esplendor, del periodismo del higadillo estaban nombres de la talla de Marilyn Monroe, Ava Gardner, Lana Turner, Orson Welles, Tyron Power, Rock Hudson, Dolores del Río, Joan Crawford, Clark Gable y más y más gente. Todos  ellos-as víctimas de Confidential, siempre dispuesta a destapar un escándalo, revelar un secreto o chantajear sin piedad. El padre de Grace Kelly no dudó en presentarse en la oficina de Harrison para partirle la cara. Dorothy Dandridge y Maureen O’Hara demandaron a la revista con sumas millonarias. Estrellas poderosas e influyentes y con suficientes recursos para hacer frente a los embistes de Confidential. Lizabeth se refugió en el alcohol, pero eso que se llama justicia poética, puso las cosas es su sitio: el aluvión de demandas acabaron con la revista y el 3 de enero de 1958, Howard Rushmore, el odiado redactor jefe de Confidential, disparó a su esposa y luego se suicidó. La alimaña tenía por fin una portada realmente sabrosa para su revista. Se acababa con casi toda una vida envuelta en la rumorología urbana. Donde LS se le relacionaba sentimentalmente a la promiscua, atractiva y bisexual Tallulah con la bisoña debutante. La diva, que había sido amante de Barbara Stanwyck y Joan Crawford entre otras muchas, pasó del tema con su habitual soltura, pero para Lizabeth fue como un zarpazo, un sambenito que llevo a sus espaldas durante más de once años. Hasta que llegó todo lo visto, anteriormente, durante el rodaje de Una herencia de miedo y ya no paro. Definitivamente,  El karma por una vez había sido justo. Es probable que lo que ocurrió con Lizabeth Scott es que simplemente era demasiado para Hollywood: demasiado parecida a Lauren Bacall y con demasiada personalidad. “No se puede culpar a una chica por intentar triunfar y ser ambiciosa. Quiero que respeten mi talento, no sólo por el público, sino por mí misma”, declaró la actriz, que pese a las 21 películas que componen su filmografía no logró destacar lo suficiente. En todos estos años la actriz se ha negado a conceder entrevistas y, salvo contadas apariciones (como un homenaje a Michael Jackson en 2001 y otro a Barbara Stanwyck en 2007), no ha aparecido en público. Hizo una excepción en 2003, cuando accedió a verse con Bernard F. Dick, para una biografía de Hal B. Wallis. Una actriz excelente y femme fatale glamurosa, con mucho estilo, además, de tener una belleza cristalina. Nuestro mejor homenaje hoy en el quinto año de su muerte, un 31 de enero de 2015. Grande y recordada por muchos estudiosos, aficionados y especialistas de un cine, que ya, es parte de la joyas de la corona del viejo Hollywood.


       
            Dedicado a todos aquellos-as que sufren acoso y violan sus derechos por su identidad sexual



Fotogramas adjuntados

Dead Reckoning (1947) by John Cromwell

Pifall (1948) by André De Toth

Too Late for Tears (1949) by Byron Haskin

Dark City (1950) by William Dieterle

Two a Kind (1951) by Henry Levin

The Company She Keeps (1951) by John Cromwell