El viejo y la última luz






Desorientado y aturdido por el golpe y la niebla incesante, necesitaba un reposo como método evasivo a la súbita realidad que le tocaba estar soportando. Sus pies todavía le custodiaban, altivo, sobre sí mismo, encaramado al abismo del miedo que intentaba sobreponerse como resultado de la nula visibilidad. Sus ganglios esfenopalatinos comenzaron, de nuevo, con aquel dolor; abrasador y gélido. Gemían de un sufrimiento implacable. Manifestándose en unos ojos azules imponentes llenos de lágrimas, hasta llegar a la extenuación. Lo cierto era que el roce había desaparecido —hacía ya, buen rato— pero la lógica se había perdido, junto con su perspectiva. Entre la bruma y su reacción se marchó el silencio y la quietud. Más miedo, más pánico, y más pavor, lo remataban. Abrió los ojos, por última vez, lo máximo que logró para intentar divisar, algo cercano, el causante del roce. Fue inútil, y la oscuridad blanca le cegó. Parecía que la niebla alcanzaba su mayor éxtasis.















Esa era la situación: una soledad absoluta, en un rincón llamado dolor. En el centro de una inmensa nube blanca que apenas le dejaba vislumbrar la silueta de sus extremidades. Por alguna extraña razón algo le hacía mantenerse parado e inmóvil en ese lugar. No conseguía dar ni un grácil paso para salir de su propio barrizal. Era una mezcla de desasosiego, desesperación, locura, tedio y un arraigado pesimismo, dentro de su cerebro que se hacía evidente: en ese impase, como el último estremecimiento, de alguna desgracia. Tal era su aislamiento visual que el resto de los sentidos se hacían saetas que corrían hacia la nada. Podía sentir el más ligero e ínfimo detalle de lo que ocurría a su alrededor. Aquella ilusión era inútil, pues parecía que el mundo se detenía para tan magna ocasión. La escena era sobrecogedora, pues ni el más suave de los sonidos se dejaba oír entre aquella espesura.














No creía percibir ni su propia respiración. Era el mayor monólogo de silencio y sufrimiento de un teatro completamente vacío. Pero lo preocupante no eran los segundos, los minutos o las horas del día, que le ponían la carne de gallina, y poder sentir algo. Su pausa persistía y el gesto, no se descomponía. Empero alguien más cruel estaba saltando sobre sus dedos. La brisa soplaba, suavemente, llegaba la hora de empezar la fúnebre ceremonia. El sacerdote ya estaba, ahí con la mirada impasible y circunspecta. Los chicos del coro también, en el centro del recinto estaba el féretro, las flores que adornaban el ataúd aromatizaban el lugar. Había una plácida sensación entre los presentes de que este funeral, no era uno cualquiera.














En el fondo, no había motivos para desgarrarnos a llorar —sabíamos que el viejo— ahora estaba en un mejor lugar, descansando de la cruel realidad: la de siempre a la que siempre habíamos estado entrampados. Se los llevó a los oídos para descubrir que esa espesa y maldita neblina no solo había acabado con su vista, carecía por completo, de la posibilidad de oír algo. Pero ese, jodido roce. Sí. El mismo, de costumbre, denotaba algo: puede que todo no estuviese perdido. Podía expresar cierto optimismo, pero no se movía. En ese instante, apareció, la luz celestial, del punto final. Un duende me susurró al oído que el miedo era mejor que la desesperación. Aquel elfo, no andaba fino, pues resultó estar equivocado. Finalmente, la desesperación gana la partida y terminó por adueñarse de todos nosotros.









                                                                          FIN








                              Dedicado a Terry O´Neill julio 1938 noviembre 2019 In Memoriam










Fotogramas adjuntos

Dark Victory (1933) by Edmund Goulding
Now and Forever (1934) by Henry Hathaway
Viskningar och rop (1972) by Ingmar Bergman
Love Story (1970) by Arthur Hiller









                    

Los amantes Tracios





Grozda no creía en Dios. Era una sabia mujer de grandes convicciones. Todavía recuerdo el día que juraste tu nombre en vano, pero dijiste que siempre estarías allí. Cuando las cosas se ponen tan tensas, bien sabes, que no puedo pensar ni respirar. He venido a este altar y así intentar que pudieras escucharme. Ella se sintió incomoda por un fingido affaire, fruto de una una artimaña elaborada, pero totalmente involuntaria. Parecía un vago y extraño recuerdo que terminaba de verlo con claridad. Son ese tipo de cosas que no hacen daño, pero se convierten en letales. Algo que terminó tergiversando la realidad de su pensamiento. Contaban los más viejos del lugar que asistía a la Iglesia con Lazar. Implícitamente llegaba a cantar alabanzas al gran señor por el sendero que le acercaba a la capilla, a medida, que se aproximaba más su voz cantaba con mayor ahínco. Sin embargo, sus ojos habían muerto hacía mucho tiempo para la fe. Aquella exposición prolongada a mí fue el causante de este deterioro. Todo el esmalte y el efímero glamour se borró, de inmediato, y la pintura se esfumó. Finalmente, el propio marco de sus creencias comenzó a oxidarse y debilitarse. Se derrumbó el día que lo descubrió sentada en el escritorio de mi oficina, las bombas zumbaron suavemente, mientras ella se sacudía ineficazmente ante la inservible refutación de su presencia. Estaba feliz, tal vez, de tener algo de compañía. Oí un grito: era agudo y espeluznante.














Capaz de atravesar todas las capas envueltas duramente y esmeradamente alrededor del último bastión de severidad , en lo más hondo de ella. Sin querer, se despegaron, en un fardel ensangrentado de pañuelos de papel —ineficaces para volver a arreglarse cuando él se sacudió un poco, posiblemente haciendo una mueca en respuesta a su dramatismo. Acababa de regresar a casa, desde su estudio en el laboratorio. Mi mano todavía apretaba el pomo de latón brillante mientras me ponía rígida. Al notar la ubicación, concerniente de Grozda, por el sonido: supe que ella acababa de verlo. Honestamente, casi esperaba una llamada en algún momento durante el día, pero aparentemente había sido apática en sus esfuerzos de limpieza programados regularmente. Un sudor frío recorrió mi espalda. Cerré la puerta con un clic y me dirigí rápidamente a casa, sin molestarme, en donde dejar mis cosas. Era un hombre delgado, desaliñado y previsible: por lo tanto, al alargar mi zancada pude recorrer la distancia rápidamente mientras aguantaba el equilibrio. El pánico es, después de todo, el alimento de los débiles y los ingenuos. Si entrase en la habitación, demasiado rápido, asustaría, nuevamente a Grozda.
















Estaba completamente ilusionada, aunque el desprecio anticipado me detendría de revisar los documentos que había destinado al consumo mental de esa noche. Mi mandíbula se apretó ligeramente mientras empujaba mis gafas concisamente hacia mi concavidad paranasal. Inspirando una respiración lenta y profunda, a una mucho más arrítmica y acelerada, antes de pasar por la puerta rota para encontrarme con ella. Se estremeció y dejó escapar un grito más corto y tranquilo al verme, colocando una mano sobre su pecho. Su cara estaba blanca y su corazón palpitaba visiblemente en el movimiento de su esternón. Ella retrocedió desde mi antiguo escritorio de madera y a la vez, su confidente.
—¿Eres un monstruo que se esconde dentro de esta pequeña piedra roja o son las decenas de miles de almas que se quemaron?
—¿Eres tú a la que los humanos te llamaban la blanca expiración?
¿Acaso no lo sabe todo el mundo, aunque tú me evitas, del mismo modo, que no quieres hablar de Dios?
Lloré en silencio lágrimas de angustia y, sin embargo, no estuve allí para limpiarlas, para evitar que cayeran al suelo. Para detener la sangre inocente que cae de las manos fieles.














Jadeado por el viento de Tramontana, el viejo vestido con la túnica blanca llegó a la cima de la cordillera. El humo que viene de la ladera de la montaña. El pueblo que mandaste quemar. Lazar sollozaba de dolor y pena. Mostrándole el camino hacia los cielos, hacia la verdad, hacia el todopoderoso. Y por última vez, antes de sumergirse en la luz, Grozda miró hacia atrás y gritó: la voz farragosa e indescifrable. De repente, una luz brillante nívea y candente se puso delante de él y las puertas del cielo se abrieron. A veces, nuestra propia ignorancia se convierte en idiotez permanente. Siempre tan atrevida y enmascarada entre sutilezas de finos hilos de seda, en cualquier estación o edad de los sentenciados. Nada llega de un modo tan inesperado y hasta sorpresivo como un relámpago. Rebasa y enturbia, comprime en el dolor y en la angustia de nuestra propia alma y golpea en lo más hondo de nuestras entrañas. No será la primera vez que creamos saberlo todo de la naturaleza, cuando ésta, en lo que tarda un chasquido de dedos, puede resquebrajarse y desbocarse, una vez más, ante cualquier atisbo de dolor o tristeza capaz de embargarnos en pretéritos recuerdos.





                                                                                                     FIN
                                                                                




    Dedicado a la memoria de Margarita Salas Noviembre1938/Noviembre2019 In Memoriam






Fotogramas adjuntados

Kozijat rog (The Goat Horn) 1972 by Metodi Andonov
Barierata The Barrier 1979 by Christo Christov
Kuhle Wampe oder: Wem gehört die Welt?1932 by Slatan Dudow
Urov (The Lesson) 2014 by Kristina Grozeva&Petar Valchanov










                     

Soledad, Schopennhauer, Salinger y el amable pakistaní










Vivimos en la era del ultrarápido Twitter, de la melosa orla colegial de Facebook, del flash pixelado de Instagram y del chascarrillo de WhatsApp. ¡Amén, de su insustituible emoticono de turno! A eso le podríamos sumar todo tipo de sistemas de red de mensajería. Aunque si les soy sincero, comienzo a tener dolor de cabeza. Además, como soy un adicto a los opiáceos y los analgésicos de toda índole, no quiero más carne de farmacia. Lo hemos conseguido, sí. Por fin, todas las herramientas para estar relacionados hasta las entrañas de un proctólogo, en un mal día de hemorroides. Todo ello para tener a tu amigo virtual, al día, de tu hastío personal que son nuestras auténticas vidas. Uds. tranquilos por eso que alertan los voceros del equilibrio demográfico y lo de la población mundial, esencialmente, en nuestro confortable occidente, no padezcan. Eso, sí. Otros nos avisan por activa y por pasiva, que estamos al borde de una nueva catástrofe: la pandemia de la soledad. Saben que soy un tipo de una tremenda vida social por los ambulatorios de esta ciudad. Nadie dice nada de como está la puta SS por mi barrio y otros dos más. No lo digo yo, que como no sé muy bien de lo que hablo. Pues, toda la desgracia de está ciudad está en los contenedores del mal. Bueno, hablando del ambulatorio. ¡Ahora hay que ir por cojones, ya que no les sale del gran potorro coger el teléfono...! Me encontré un amigo que me hizo la siguiente confidencia; cuando transita por su habitación y divaga, de la cómoda al bidet,  —según palabras suyas— asevera que está empapado de “una soledad aplastada”. No obstante, los amigos, salen como setas, en estos días. Y el ambulatorio, que es mejor que Barraca en los 80, te encuentras a casi todos los dealers de la época. Digno de ver, menudos crápulas. Palabra de un generoso consumidor de años mozos. Bueno, pues, como el que no quiere: me di de bruces con otro colega de viejas andanzas. El paio anda con la salud, en precario. Digámosle,  que está en nuestro querido club del furgón escoba. 









Nada que no soporte este veterano amanuense y que finalmente, no para de conversar alegremente consigo mismo. Insisto, he visto gente de todos los pelajes y colores. Hasta he sido testigo de toda un petición de mano, con beso, in situ, a una lámpara de titanio de diseño nórdico. Incluso las divas del cine, han probado en sus propias carnes, de un modo simulado, la acción de alquilar a unos figurantes de atrezzo, a modo de familia de ficción. La cosa es muy  sencilla, con sólo hacer una transacción, vía network, previo pago de 50 euros por barba: podremos sentir el roce de unos labios fríos. Instante, donde a uno le besan, al abrir la puerta a un donnadie que viene a darle compañía a nuestra actriz mediática. Siguen, ahí. Estoy convencido. No suelo ser aburrido y si lo soy cambien de canal. Por el mismo precio, les cuento algo más interesante o más atroz. Empero, esto de la soledad ya tiene su recorrido. En el siglo XVIII, aquellos ínclitos años, de las luces y la ilustración, alcanzó su énfasis con el propio individuo. Ya me dirán Uds. que rediles sociales se cocían por aquellos tiempos. Veamos, que lo de la soledad y las estadísticas no le afectaron, ni un colín a mi querido Schopenhauer que con 19 años fue expulsado de primaria por escribir un poema en tono burlesco a su profesor. Dos años antes de este affaire, su padre no me pregunten, el porqué, decidió suicidarse. La madre cambió de aires y de la noche a la mañana término convertida en una de las escritoras más famosas de Alemania. 








Vamos que sacaba sus perras con la tinta sobre el blanco. Además pintaba, un rato bien. Madre e hijo, a pesar de quererse hasta lo más hondo de sus ventrículos, terminaron separándose. Eso de vivir sólo fue algo más que productivo en la mente del gran filósofo. Durante ese tiempo que pasó por la universidad estudió medicina, psicología y filosofía, disciplina en la que todos Uds., sabrán se doctoró y acabó dándole lo mejor de su talento. Sus estudios permitieron establecer un puente entre Platonismo y el Budismo. Un fenómeno, ya no se fabrican tipos así. Schopenhauer dejó muy claro, una máxima, como creador: "La mayoría de las personas indagan estar acompañadas porque no se encuentran bien consigo mismas, demandan compañía para salir del tedio, ya que están demasiado preocupados por lo que hacen los demás y por saber que jodida opinión tienen de ellos." No todo está perdido, siempre podríamos recurrir a Salinger cuando dijo aquello de… “Los sentimientos del anonimato y la oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida”. Salinger descubrió que el escritor del Reino Unido; Ian Hamilton. Se había encaprichado con la idea de publicar una biografía del genio de New Hampshire.










En ella, incluía cartas parafraseadas del escritor a amigos y a otros autores, lo cual, derivó en un contencioso judicial, al interponer una denuncia contra el biógrafo británico. Obviamente, el proceso de todo aquel affaire, terminó por dejar a la vista del respetable: una sustanciosa cantidad de referencias de la vida de Salinger.  Algunas novelas no publicadas, infinidad de relaciones con jóvenes estudiantes —aspirantes a escritoras de rimbombante éxito— y su bajo apetito sexual con su esposa: digámosle comprensible. Ahora, eso de su glosolalia y los atracones de orina. Es algo que se lo tendría que haber revisado. No se sientan solos de ella, sí. La soledad, pueden sacar reflexiones y aportaciones de lo más positivas. Cierren los ojos y piensen en la sensación de aislamiento y déjense llevar. Lo ven, es como las olas del mar, un vaivén que acaricia los pies, repetible y constante porque esa auténtica sensación: perdura. Es complicado, aunque funciona. Ábranle la puerta, a la soledad, cuando te visita. A cualquier hora. En el fondo es tan adictiva como una droga dura, empero no mal vista. Nadie trae problemas, a solas. Y la soledad es una forma de vivir. Tan cierto como que estamos en el S.XXI. ¿Se sienten solos? Siempre les quedará Schopenhauer, Salinger, Twitter, Facebook e Instagram. Y si de verdad, quieren dar un paso más aventurero: el calor de la mano del frutero pakistaní, cuando les devuelve el cambio de un billete de 20 euros.






                         Dedicado a Ginger Baker Agosto 1939/Octubre2019 In Memoriam





Fotogramas adjuntados



Tokyo no onna 1933 by Yasujirō Ozu
Searching (2018) by Aneesh Chaganty
El cielo sobre Berlín (1987) by Win Wenders
Naked (1993) by Mike Leigh



                

El hada Zoe y las lágrimas mutantes






El suave goteo del agua era similar al coro de una canción. Con la cola esponjosa ondeando detrás de ella. De repente, Zoe, saltó sobre la hierba salpicada de flores. El polen fue enviado a bufar contra el viento que se presentaba a su paso. Alegremente echó la cabeza hacia atrás y extendió las patas mientras corría, con movimientos completamente vagos. ¡Por los dioses, cómo amaba la estación cálida! Había nacido en el comienzo de la primavera, pasó su primera infancia en el mundo, llena de esmero, siempre rodeaba de un mimo gentil. Lo mejor de todo, por supuesto, era la gran cantidad de insectos y gorgojos; pequeñas maravillas que escaseaban en el frío. La hierba sacudiría el rocío regalado por la luna, y las flores a mi alrededor abrirían sus rostros para devolverles la sonrisa al pasar.















Sentí su toque en mí, y me desplegué de la cama en la que había nacido, bebiendo la luz que   invitaba a tanta libertad. Empero, mis hermanos y hermanas dormían soñando con abundante lluvia y vientos cálidos. En ese instante, observé la primera visión de los ojos dorados; que iluminaban el mundo entero. Me encantaba el sol y confiaba en ella, como en todo lo demás. Ella llegó a la cima de una pequeña colina y se detuvo bailando, con las orejas erguidas. La corriente se extendía por la otra cuesta, avanzando gozosamente. Zoe se lamió las mandíbulas, a modo de escorzo, ante su inminente matalotaje de frescos líquidos.










Se giró y miró por encima del hombro, entrecerrando los ojos para distinguir los puntos de sus compañeros de viaje unos pocos metros atrás. Su cola revoloteaba de un lado a otro, para alzarse sobre sus patas traseras. De algún modo, estaba batiendo al viento y remó. “¡Agua, agua!” Ella les devolvió la copla, su hermosa voz barítono, rebotando en las colinas. Un deleite para los sabios oídos. Obviamente, su humor parecía no tener límite. Habían luchado, todos ellos, dejando Friburgo atrás, pero siempre había una nueva esperanza en los ojos color azul acero de Zoe. Impacientemente se amasó en el suelo, la mirada más tormentosa de una caída libre.









Muy abajo, demasiado, para las libres alas de un hada. La distracción llegó, con una contundencia, que las abejas terminaron flotando en la brisa. Fingiendo ser transportadas cómodamente de flor en flor. Kaspars inclinó la nariz y observó el espectáculo de hadas jugando con los niños del bosque. Mirando hacia atrás, encima del puente, lejos de la ruta establecida: vi el remolino familiar de polvo de estrellas salpicando el vacío de otro mundo. Aquel vano se estremecía de vez en cuando, revelando imágenes de edificios en ruinas y luz cristalina del agrietado reactor. Siempre te había imaginado saliendo de esa luminiscencia y cruzando el puente hacia donde esperaba a mi madre, envuelto de lágrimas mutantes.



                                                   

                                                                                                          FIN 




                      Dedicado a Blanca Fernández Ochoa abril 1963/septiembre 2019 InMemoriam





Fotogramas adjuntados


Tom Thumb (1958) by George Pal
Alicia en el País de las Maravillas1931 by Bud Pollard
Labyrinth 1986 by Jim Henson
Carnival Row 2019 by Anna Forestar&Jon Amiel






                    

La explosión humana oscura








El sol de medianoche comenzó a buscar un ocaso efímero, a medida que el astro daba visos de crepúsculo intermitente. La tierra de fuego eternizaba mutis en toda la comarca. Apenas, quedaban hilos de vida, de otrora un jolgorio más incisivo. Sí, era el tiempo de los alisios de Orión. Ahora aquel lugar, idílico, construido de pequeñas chozas y cuevas silentes, permaneció de por vida como forja de esclavos. En el mismo centro de la tierra de fuego; se alza un gran castillo medieval de color rojo. Las llamas surgieron de las murallas de la fortaleza, pero no chocaban con la cobriza piedra. De su interior, aquellas flamas estallaban como truenos en una travesía por mar de Arwen. Gritos de hombres y mujeres, que luchaban por intentar salir con vida.Se vislumbraba un inmenso figón abierto, una batalla por la libertad y la honestidad, aguardaba entre unas desesperadas tropas, sin control. Las chispas de las espadas que se golpeaban entre sí eran la única fuente de luz durante toda la medianoche. Desde el suelo del gran salón, ahora convertido en estanque rojo de esbelto diseño de mármol rosa, flotaban cadáveres.













Cuerpos inertes de aquellos hombres y mujeres que lucharon por algo más que la libertad. Nada pudieron hacer contra los sicarios profesionales que contrató la reina Boudica. Horda tras horda llegaron. Sin importar el número, no tenían ninguna posibilidad contra el rebelde Tardisius y su espada de fuego. Una espada hecha del mejor hierro de las tierras azules del este. La habitación se quedó en silencio, momentáneamente, ya que no llegaron más tropas. La sangre le corría por la cara, mientras comenzaba a sonreír. Se levantó del suelo y sacó su espada cubierta de cartílagos. Repartiendo esgrima por los cuellos de quienes se atrevieran a blasfemarla. Una rosa blanca, que llevaba puesta en la cabeza, se puso roja, al igual que su sonrisa: la cara llena de salpicaduras de sangre densa. Ahí, en ese instante, la reina Boudica retiró su espada de los corazones de sus enemigos. Miró la hermosa hoja y se quedó atónita al ver su propio reflejo. De repente, se cortó la lengua con la gran tizana. Entre la catarsis del sacrificio personal y el sabor de la propia sangre; que dejaba caer por su garganta. Pensando en una victoria, sobre el rebelde Tardisius. Los incondicionales del insurrecto parecieron encogerse ante el escorzo de la reina y su cara de poseída. Momentos de duda que las pocas huestes mercenarias de Boudice se compadecían. En ese momento, de auténtico brillo radiante, los talones de ella caminaban como un leviatán.














Marchó sobre los enemigos debilitados hasta que sus corazones y cabezas acabaran por desangrase. Pasando, a través del lago de cuerpos caídos, Boudica empujó el foso de las grandes puertas de piedra negra. Allí yacía, detrás de las puertas, el trono sobre el que se sentaría hasta su muerte. Un gran trono, apto para dos, hecho de enredaderas de estrados con flores de loto y orquídeas. La reina soltó un suspiro de fatiga, estirando los brazos en el aire. Se lo tomó con mucha calma. Insertando la espada entre su pecho, apuntando primero, a medida que se iba reduciendo en su cuerpo. Desde el sillón real, fácilmente, le dio una patada con tal fuerza que un talón penetró la cabeza de un guardia de cohorte de Tardisius que estaba escondido detrás de un pilar. En las afueras del vetusto reino de Larios, un niño contemplaba los fuegos. El viento arreciaba del norte y se abrochó el armiño y su guerrera de color blanco. Se ató un pañuelo rojo alrededor de su cara inferior. Dio un salto ágil y dejó su posición de rodilla, en alerta, para cargar sus dos espadas de acero sajón; que colgaban de sus lados opuestos a su cintura. Dos espadas colocadas sobre su espalda, a modo de una equis. Con una sencilla y pasmosa facilidad, el joven se mostró a sí mismo, retirando parte de la nieve que el viento había hecho caer de las copas de los abedules y cubría sus hombros.














En medio de la espalda otra espada más pequeña pero de filo doble y punzante. Con su pulgar, limpió la superficie de la hoja, revelando un hermoso brillo y una inscripción por la empuñadura. En un texto en cursiva se podía leer el nombre Alea jacta est. Una lágrima se deslizaba por el pómulo izquierdo del joven lozano, mientras limpiaba pequeñas impurezas del mango. De repente, se escuchó un estruendo de voces al unísono: “Tardisius, Tardisius”, nuestro rey. El nombre era el recordatorio, de que todo el reino de Larios esperaba al joven guerrero. Es evidente, que nunca podría perdonar a la caprichosa y tirana reina Boudice por sus malas acciones contra él. No, él no era lo más importante. Lo verdaderamente transcendental era el pueblo de Larios. Ni una plegaria de rodillas, de aquella hermosa mujer de cabellos rubios, madura y antojadiza, le salvaría de su muerte por el vacío del desfiladero. Ni siquiera, el hecho de ser la hermana mayor de Tardisius. La ley y el deseo del padre de ambos se cumplían desde el lecho de muerte, del mismo padre que agonizó, enfermo del corazón a lo largo de veinte malditos años. La explosión de gozo humano en Larios era la mejor noticia del último siglo de la edad oscura y los peligros.








                             Dedicado a Franco Zeffirelli  febrero 1923/junio 2019 in Memoriam







Fotogramas adjuntados


Die Nibelungen: Siegfried 1924 by Fritz Lang
Exalibur (1981) by John Boorman
La corona di ferro (1941) by Alessandro Blasetti,
Conan the Barbarian 1982 by John Millius








Fantasmas solitarios








Casi no nos acordamos de cómo era aquel tiempo; unas veces bueno por la frugalidad de sus días y en otras ocasiones, malo por lo perecedero de su significado. Nunca estaremos seguros si lo mejor de aquellos días, pudo ser lo más propicio. Cuando imagino que tú estarás olvidando lo inolvidable, a tu lenta manera, esa manera, tan tuya, que en la mayoría de las veces, terminabas por arrepentirte. Empero, no te aflijas por tus errores ni recapacites y piensa, en aquellos días como algo marchitó, que no resucitará por toda la esperanza del mundo, convertida en nostalgia. Tras ella, emerge con timidez una mirada, unos pómulos, un rostro descolorido, apagado. Una mano de curtidos dedos se apoya en el borde de la puerta de piedra. Tras un gemido de placer que resuena en la entrañas de este ser. Con un impulso vehemente posó sus pies en la hierba.












Y desaparece entre las sombras. Pero es hacia adentro, en las entrañas de su interior, donde queremos postrar nuestra mirada y nuestra atención. Disuadimos al observador cauteloso y nos introducimos en la sombra del recinto. Solo una hilera de candiles recién apagados, guiaban a los otros. Todos ellos conducen a un polvoriento pasadizo de aire cada vez más vicioso e irrespirable. Proseguimos descendiendo sin ver el final de nuestro camino, tan oculto y lejano como lo está ahora nuestro regreso. Nuestra vida se tiñó de rojo y negro: el rojo de la sangre en la que se ahogaron nuestras víctimas, el negro de nuestro silencio.














Sí, amor mío, porque, callándonos, ocultamos el dolor y la culpa que albergábamos en el corazón: preferimos hundirnos en la farsa del jolgorio que nos ha ido matando poco a poco. Y eso hace que seamos dos fantasmas, porque, en el país lejano, también eres una especie de espectro, con el rostro pegado a la ventana de otra civilización: observando otras vidas. Y muchas de las cosas que ves, como la armoniosa vida en la sábana, tienen otra cara. Una grieta en la pared de un nicho dejando caer polvo y tierra tras su movimiento que comienza a abrirse. Dando sombra a la oscura noche. Como un parpadear de ojos nocturnos alumbrados por una linterna de mano…vemos, sentimos y agonizamos. Llega el oxígeno y con él, un final. Nos aproximamos sin dilación y emergemos a una gran sala. El tictac de las antorchas por la corriente de aire, se pierde en su infinito techo.













Columnas elaboradas y estatuas humanas de agonizantes rostros nos rodean. Sin embargo, ni si quiera sus manos arañándose la cara, nos hacen mirar atrás y decidimos seguir adelante. Estatuas de miradas perdidas, vamos dejando tras nosotros, pausas de luz y sombra, hasta llegar a un pórtico bien cuidado. En su centro un símbolo: una luna traspasada con una aguja verticalmente ,y este alfiler, con lo que parece una gota de sangre en su extremo afilado. Daba una sensación de alejamiento, de hallarse la palabra, flotando en medio de una nada blanca, sin un alrededor posible. Concluyendo que Soledad sería el nombre más hermoso y adecuado a una existencia de tristes lémures.






               Dedicado a Narciso Ibáñez Serrador 4 Julio 1935/7 Junio 2019 In Memoriam






Fotogramas adjuntados


The Ghost and Mrs. Muir (1947) by Joseph L. Mankiewicz
Kaidan (1964) by Masaki Kobayashi
La torre de los siete jorobados (1944) Edgar Neville
Operazione paura (1966) by Mario Bava





                           

Evelyn Nesbit, la ingenua Hespéride y el chiflado sátiro Thaw







Hay historias en el IBP, que todavía, a este creador y pater familias de su publicación siguen llamándole la atención. Es curioso, porque contabilizadas todas las entradas de este lugar, ya darían para unos cuantos jugosos libros.Y posiblemente, todo vaya en esa dirección. ¿Cuándo? Imagínense que de la noche a la mañana mi salud da un vuelco. Se arregla como un uñero y todos más felices que unos niños en la pasada Pascua. No el IBP, seguirá y esos libros se verán después de muerto. La gente adora a los muertos, y si encima, eras muy bueno, en lo tuyo…, qué quieren que les diga… Pues, ya les mandaré recuerdos de Billy Wilder que lo dijo hace mucho tiempo… “Es curiosa la amabilidad de la gente cuando estás muerto”. Volvemos al territorio de las auténticas mujeres fatales que lo hicieron todo en esta vida y superaron las mayores adversidades de la misma. A principios de siglo XX, Evelyn Nesbit fue una de las modelos más buscadas de Nueva York y se convirtió en la protomodelo de lo que hoy conocemos como una especie de Gisele Bündchen o Naomi Campbell, en sus comienzos. Pero hasta llegar ese momento, la familia Nesbit que era una familia de clase medianamente bien. Eso sí, las pasaron muy putas. Eran originarios de la villa de Tarentum (Pennsylvania) y migraron a Pittsburg en el mismo estado. El padre de Evelyn, Winfield S. Nesbit un abogado que andaba entrampado hasta las cejas muere de repente y les deja en la auténtica indigencia. Un montón deudas que dejan a su esposa, su hija Evelyn y su hermano Howard en pelota viva. Evelyn pronto se puso las pilas y comenzó a trabajar como modelo, llamando la atención de artistas locales como John Storm. Ahorraron unos dólares y se marcharon a New York, donde la hermosa Evelyn, donde gracias a la carta de presentación de Storm se puso en contacto, con grandes artistas de la capital más rica del mundo. De inmediato, fueron los mejores quienes reclamaban sus excelencias para sus trabajos de posado, como: Frederick Stuart Church, Herbert Morgan, Gertrude Käsebier, Carl Blenner y Rudolf Eickemeyer, Jr. Nuestra protagonista, en muy poco tiempo, se transformó en la única fuente de ingresos para su familia. En aquellos primeros trabajos comenzó a ganar unos 10 dólares al día. Un gran sueldo, si hacemos efectivo, el valor de esa cantidad, al montante de 275 euros actuales. Aquel dinero daba de comer, a su madre y un el pequeño Howard, los cuales, vivían juntos en una habitación individual, de zona del zaguán trasero del edificio de la calle 22. Eran tiempos duros, aunque luchaban para salir adelante. De repente, con apenas, 15 años era la cara de la mujer de América y el retrato donde mirarse la alta sociedad de New York. Convertida en la portada de las revistas, más chic y cool de la ciudad. Vanity Fair y Harper's Bazaar se rifaban su rostro angelical e ingenuo de la jovencísima Miss Nesbit. La imagen de sus trenzas de color marrón cobre y su piel pálida estaban pegadas en postales, bandejas de cerveza y tarjetas de tabaco. Sus posturas a menudo sexuales le ganaron el título de la primera chica pin-up del mundo, y más tarde trabajó con uno de los primeros fotógrafos de moda, Joel Feder como modelo en vivo, con varios disfraces, como una ninfa griega, de madera, gitana y geisha.  El escultor George Grey Barnard la modeló en su famoso estudio "Innocence" .Pero Nesbit fue una de las chicas preferidas del gran artista, Charles Dana Gibson, el cual, realizo un pintura de Evelyn llamado The Eternal Question". La pintura puede ser admirada en el Metropolitan de NY. Esta obra, una de las más conocidas de Gibson, daba un prestigio de superartista a Gibson y Miss Nesbit se convertía en una hespéride Made in Usa. El siglo XX estaba a punto de arrancar, como nuestra protagonista, Evelyn con ganas de más retos. No tardo mucho, pues, se le presento una oportunidad que no dejó escapar. Acababa de cumplir 16 años y consiguió debutar en el circuito de Broadway como corista en la obra Florodora. Aquella representación hizo que se ganará el favor y el aplauso de toda la élite neoyorkina. Y claro, muy pronto, llegaron pretendientes con todo tipo de intenciones matrimoniales. 















Sin embargo, quien realizó la mejor puja, por la hermosa Evelyn Nesbit, fue el reputado arquitecto, Stanford White, cuyo estudio llevo a cabo, la construcción del segundo Madison Square Garden, Washington Square y varias mansiones para los Vanderbilts. White se reunió por primera vez con Evelyn en 1901: ella tenía 16 años y él 47, con una sospechosa devoción, más que conocida por las mujeres jóvenes. Ahí es donde el arquitecto Stanford White, casado con 31 años, mayor que Nesbit, comenzó a cortejarla. Se dice que él, el primer hombre que liquidó la virginidad de nuestra querida Evelyn. Empero, la voracidad del tipo, iba a más, buscando a niñas más jóvenes y más pequeñas. Un sujeto enfermo y deleznable. Por no llamarle, lo que todos Uds, estarán pensado, un pedófilo de primera división.  Evelyn Nesbit se quedó embarazada, dos veces, del actor John Barrymore (el abuelo del clan y la niña de E.T. Drew). Barrymore fue otro pretendiente, al que la madre de Evelyn, lo despachó por la vía rápida. Sin un duro en el bolsillo y con un aliento a destilería que acababa con las cucarachas. Después del exitoso debut en Broadway con Florodora acabo haciéndose muy amiga de Edna Goodrich y su madre Nell King. Un caluroso día de agosto de 1901, Edna invitó a Evelyn a almorzar en el apartamento de la calle 24, al oeste de Stanford White, que se encontraba. Nell King, la madre de Edna, convenció a la madre de Evelyn de que las niñas estarían a salvo. Este momento fue descrito por EN, en su libro de memorias, tal cual transcribo: “Mamá me vistió con un pequeño vestido blanco y negro hecho en casa. Llevaba mi mejor sombrero, mis rizos de color marrón cobre colgando de mi espalda atados con una cinta de tafetán. La sucia puerta a la que llegaron era exactamente lo opuesto a lo que les esperaba adentro: cortinas de terciopelo rojo, tapices colgados en las paredes, arte desnudo y champán. Después del almuerzo, Stanford dio a Evelyn y Edna un recorrido por su lujoso apartamento. Empujó a las dos niñas en un columpio de terciopelo rojo gigante que había instalado en una habitación, que más tarde se convirtió en la inspiración para una película de 1955 sobre la vida de Evelyn; “La chica del columpio de terciopelo rojo” dirigida por el ínclito, Richard Fleischer. Evelyn no terminó de recorrer todo el apartamento ese día.
















Al cabo de unas semanas de aquel primer encuentro, fue presentada en "Sala de los espejos". White convenció a la madre de Evelyn de que sería una buena idea para ella visitar a sus amigos en Filadelfia. Mientras su madre estaba ausente, Evelyn regresó al apartamento de White, en West 24th Street. Nuevamente, los dos hicieron el recorrido por el apartamento bebiendo champán, y esta vez se dirigieron a la sala 40m2 con espejos instalados completamente alrededor de las paredes y en el techo. Esta vez, el alcohol le hizo perder el conocimiento. Lo último que recordó de aquel viaje psicodélico por los cristales reflectantes fue que estaba con un kimono amarillo. Ya recuperada la consciencia del todo, yacía su cuerpo desnudo en la cama y su virginidad había volado. Todas las miradas se concentraron en Stanford White, el cual, no estaba involucrado románticamente con Evelyn, en ese momento. Pero si existía una unión emocional muy fuerte. SW pagó para que ella se marchase de su lado y fuera tratada de una supuesta "apendicitis". Affaire que deja, la simiente de la duda, si realmente tuvo un bebé o un aborto, de la supuesta operación de apéndice. No les resulta chocante. La cosa como el que no quiere, pues es que, la vida sigue y finalmente, Evelyn Nesbit, se casó con un hombre celoso y terriblemente desmedido, sádico y cocaínomano de pro, Harry K. Thaw, a la edad de 20 años. Empero, creo que querrán saber algo más de esta relación. Bien, por un lado tenemos la versión de Thaw que aseveró que lo hizo porque White "arruinó a su esposa". La "primera supermodelo" Evelyn Nesbit, que fue la "niña" portada de la America fashion, en 1900. Pero, no menos jugosa, es la versión de Suzannah Lessard: la bisnieta de Stanford White. Apostillando que —después de ese día— El arquitecto del deseo: la belleza y el peligro en la Familia de Stanford. Evelyn tenía dos elecciones; repudiar a Stanford, de quien dependía su familia, o podría pasar por alto los aspectos malos tratos y violaciones que habían sucedido. ¿En qué se apoyó esta joven de dieciséis años para rechazar a uno de los hombres más poderosos de Nueva York?














En primer lugar, el romance de Evelyn Nesbit y TW, fue tal arrebato de pasión, que aquel forrado arquitecto, dejase a su esposa, Bessie, y su hijo Lawrence. En ese momento, Evelyn todavía tenía 16 años, y el hijo de White, apenas un año más que la bella hespéride de Central Park. Empero, Evelyn, no era la única amante de White, y después de todo, siempre fue una hermosa soltera nacida, en casa de una viuda pobre. Elegir a un esposo por amor no era un lujo que pudiera permitirse. A la edad de 17 años, ya había rechazado varias propuestas, incluida la ese rebelde actor, que prometía en la tablas de Broadway, John Barrymore, con el que tuvo sus escarceos y no hace falta recordar lo que le dijo la madre de Evelyn. Es evidente, que Miss Nesbit optó por enamorarse locamente del Sr. White. Muy a pesar, de la célebre grey de millonarios que siempre se pusieron a la cola, a la espera, de un desengaño con el famoso arquitecto. Lo tenía muy claro. La propia EN, rubricó de su puño y letra que estaba calada por los huesos del tarambana proyectista. Y llegó  el turno, del excentrico e inquietante multimillonario Thaw. Cuando decidió que un viaje a Europa sería vital para la nueva pareja. No obstante, aquel tipo era un desequilibrado imprevisible y violento. Evelyn quiso aclarar su pasado con White, y le dijo a su marido que iba a ser drogada y violada en la sala de los espejos. Después de la escandalosa revelación, la pareja se detuvo en el castillo Katzenstein en Austria, donde se reveló la gravedad de las pérfidas intenciones de Thaw. Así como el que no quiere, cogió a la ingenua criatura y la encerró en una habitación del castillo, durante dos semanas. La azotaba repetidamente con un látigo de cuero de vaca y la agredió sexualmente. A pesar de semejantes abusos y vejaciones, los dos todavía estaban casados desde abril de 1905. EN espetaba en sus memorias: "lo lamenté mucho por él", al aceptar su propuesta y eso que habíamos sido terriblemente pobres...”













Ya en EE.UU, Evelyn, le dijo lo que pensaba de él a su esposo Thaw, ya que la verdad sobre White fue "el error más costoso de su vida". Estar al tanto que su esposa había sido asaltada por White exacerbó la obsesión y la ira de Thaw contra el arquitecto —que previamente había rechazado a HT— en una fiesta de élite en Manhattan y le había echado de la filiación de varios clubes de lujo. El 25 de junio de 1906, su odio culminó, en el teatro de la azotea del Madison Square Garden. Mientras un coro cantaba las notas finales de la obra Mam'zelle Champagne en la azotea del lugar. El programa no se detuvo de inmediato porque se pensaba que el disparo era parte del acto; las bromas elaboradas eran estándar en el entretenimiento de la época. Thaw levantó una pistola a centímetros de la cabeza de White y disparó tres tiros. Las balas atravesaron su ojo izquierdo, matándolo. Cuando la policía le preguntó por qué lo hizo, la respuesta de Thaw fue simple: "Se lo merecía. Él arruinó a mi esposa, ya que le robó su virginidad." En la investigación que siguió, se reveló un trágico y extraño triángulo amoroso entre el arquitecto, el millonario y su esposa modelo, la primera "It-girl" de la ciudad de Nueva York, Evelyn Nesbit.  Ella se convertía en el as de cartas del conflicto, una joven de asombrosa belleza, cuya trágica historia era la columna vertebral de lo que se conoció como el juicio del Siglo. Se encontró que la descongelación era una enfermedad criminal después de dos ensayos, debido a la naturaleza de alto perfil del caso. Fue el primer juicio en la historia de los Estados Unidos donde un jurado fue secuestrado. Un testigo le dijo al New York Times que Thaw, al salir, le preguntó si White estaba muerto. Cuando el testigo le dijo que sí, éste dijo: "Bueno, hice un buen trabajo y me alegro". El hombre comentó que luego vio a Evelyn correr hacia su marido, abrazarlo y besarlo, y le dijo: 'No pensé que lo harías de esta manera'. Un frenesí mediático se produjo rápidamente, y dio paso a los albores del periodismo sensacionalista. El caso cubrió toda la prensa y cabeceras de costa a costa, durante semanas y se convirtió en una conversación común, en la mayoría de los hogares, lo que dificulta la selección del jurado.













Fue la primera vez en la historia de los Estados Unidos que el jurado fue retenido, lo que significa que se mantuvieron juntos en un lugar privado durante la duración del juicio. Evelyn se convirtió nuevamente en la estrella, de los medios, acreditados. Ahora, desde el estrado, testificó que White le había violado durante la convivencia con él. A cambio de su testimonio, en defensa de su marido, la familia de Thaw le había prometido 1 millón de dólares. Ella iba a recibir el apoyo de ellos, siempre que su esposo fuera declarado inocente. Mientras tanto, innumerables testigos se presentaron para contar las terribles y malvadas historia a manos del psicopata Thaw. Otras mujeres declararon que experimentaron torturas similares, al igual que Evelyn durante esas semanas de petrificación en Austria. Varias chicas del coro dijeron en el sillón de juzgado; que Thaw las había golpeado con un “látigo de cuero y mango perlado”, y que su madre les había pagado para que se callaran. Estas alegaciones fueron promovidas por la Sra. Susan Merrill, ex ama de casa de Thaw. En su declaración apostilló que durante tres años, de 1902 a 1905, trabajó como intermediaria entre el heredero del ferrocarril y dos burdeles en la ciudad de Nueva York. Ella dijo que atrapó a Thaw “atando a las niñas en brazos y cuerpos con un látigo”, y que Thaw pagó a al menos una mujer 7,000$ para no hablar sobre sus perversos hábitos: cocaína, morfina, opiáceos y sadismo. La señora Merrill le suplicó al juez que condenase a Thaw, quien dijo que continuaría siendo una amenaza para la sociedad. A medida que el juicio continuaba, se reveló que Harry K. Thaw había contratado a varios detectives de White, por temor y celos de que todavía estaba teniendo una aventura con Evelyn Nesbit. White había financiado a un guardaespaldas a quien pagó 6,000 dólares en el transcurso de los cuatro meses de juicio por temor a su propia seguridad, y había planeado presentar cargos contra Thaw, el día en que fue asesinado a tiros, según un informe de 1908 que publicó el Herald de Los Ángeles. A lo largo del juicio, el fiscal acusó a Thaw de asesinato en primer grado y se le negó la libertad bajo fianza, siendo confinado en "el Tombs", un apodo para el Complejo de Detención de Manhattan, el cual, aún sigue en pie.













Durante su tiempo allí se le otorgó un tratamiento especial debido a su estatus multimillonario. Thaw, se permitió la frivolidad de fotografiarse en su celda con el servicio de catering del prestigioso restaurante de Delmonico. Vestido con ropa de sastrería, a medida, en lugar del reglamentario uniforme de prisión. Mantel blanco, champan y burdeos durmieron en una cama de latón. El primer juicio de su caso terminó sin una sentencia firme. El jurado se estabcó en abril de 1907. Esto puso a Thaw más nervioso y tenso. Él estalló dando feroces gritos cuando la noticia le fue comunicada. Después de un nuevo juicio, al siguiente invierno; Thaw se declaró culpable de locura transitoria. En febrero de 1908, la defensa tuvo exito: fue declarado inocente, al alegar esa enajenación mental. Aunque, recibió la orden de pasar el resto de su vida en el Hospital Estatal de Matteawan para psicópatas y sádicos criminales de Nueva York. Su costoso y dedicado equipo legal, sin embargo, siguió apelando hasta el último recurso. Cuando, en un último intento, por liberar a Thaw bajo el habeus corpus; el prisionero simplemente salió directamente de su centro de detención y huyó a Ottowa, Canadá, en 1913. Se creía que su madre había orquestado su escape. Más tarde, fue extraditado a los Estados Unidos, pero se le otorgó su tan deseada liberación en julio de 1915, cuando se le concedió un nuevo juicio, se consideró que ya no era una locura y fue liberado del asilo. El asilo, sin embargo, hizo poco para curar a Thaw de su enfermedad mental. Seis meses después de su liberación, en la víspera de Navidad de 1915, fue arrestado nuevamente por secuestrar y azotar a un niño de diecinueve años llamado Frederick Gump casi hasta dejarlo inconsciente. Thaw llevó a la policía, a través de, una violenta persecución a Filadelfia, y cuando finalmente fue detenido: intentó suicidarse cortándose la garganta. Se comprometió con el Asilo Kirkbride en Filadelfia hasta abril de 1924.














Para Evelyn Nesbit, considerada como la primera supermodelo del mundo, su vida solo continuó en espiral incluso después de que se eliminase a Thaw. Ella tuvo un hijo en 1910, a quien llamó Russell Thaw y afirmó que su ex marido y asesino era el padre, un punto que él negó vehementemente. Lógicamente, llegó el ansiado divorcio para EN en 1916, y cuando murió en 1947: le dejó el uno por ciento de su fortuna (10,000 dólares, el equivalente a 112,000$ actuales). Continuó actuando en una serie de películas mudas, Cuando las películas mudas vivían momentos esplendorosos de popularidad, protagonizó al menos 10 entre 1914 y 1922. Pero casi todo el dinero que ganó se lo gastó en sus gran adicción a las drogas: cocaína, heroina y morfina. Su dependencia a las drogas (en parte heredada, de los devaneos con amigas-os del vodevil y los excesos del marido, ex profeso)  terminaron por destruir su carrera como actriz. Los estudios de cine dejaron de contratarla y acabo en tratamiento para su desintoxicación. Pero con el tiempo, se recuperó y dejó el centro de rehabilitación. Pudo volver a hacer una vida normal, viviendo con sus tres gatos, Weirdie, Alley Kahn y Stumpy, y comenzó a dar clases de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios de Grant Beach. En 1955, la película de Hollywood The Girl in Red Velvet Swing presentó una versión altamente ficticia sobre su vida. Ella fue interpretada por Joan Collins, y se le pagó 10,000 dólares, en concepto de consultora oficial. Sin embargo el producto final, no fue ni remotamente lo que había anticipado, afirmando, que parecía que había seducido a Stanford White, 30 años mayor que ella, en lugar de hacerlo al revés. A pesar del tumultuoso y variopinto, camino  desgarrador que tomó su vida a causa de White, nunca se arrepintió de haberse enamorado de él. Justo antes de que muriera en 1967 a la edad de 82 años, dijo: "Stanford White fue el hombre más maravilloso que he conocido".







                         Dedicado a John Singlenton  enero 1968/mayo 2019  In Memoriam







Fotogramas adjuntados

Evelyn Nesbit posando en Vanity Fair
Evelyn Nesbit portada de Haper Bazar
Stanford White retrato
Evelyn Nesbit declarando como testigo
Harry K. Thaw cenando en su celda, el catering de Delmonico
Harry K. Thaw fumando un puro a su salida del tribunal
Evelyn Nesbit junto a Joan Collins en el rodaje del film de Richard Fleischer
Evelin Nesbit en un taller de pintura y cerámica




Biografía consultada y recomendada

The Girl on the Velvet Swing: Sex, Murder, and Madness at the Dawn of the Twentieth Century by Simon Baatz, (2018)  Ed. Mulholland

American Eve: Evelyn Nesbit, Stanford White, the Birth of the "It" Girl, and the Crime of the Century by Paula Uruburu, (2009) Ed. Riverhead