Evelyn Nesbit, la ingenua Hespéride y el chiflado sátiro Thaw







Hay historias en el IBP, que todavía, a este creador y pater familias de su publicación siguen llamándole la atención. Es curioso, porque contabilizadas todas las entradas de este lugar, ya darían para unos cuantos jugosos libros.Y posiblemente, todo vaya en esa dirección. ¿Cuándo? Imagínense que de la noche a la mañana mi salud da un vuelco. Se arregla como un uñero y todos más felices que unos niños en la pasada Pascua. No el IBP, seguirá y esos libros se verán después de muerto. La gente adora a los muertos, y si encima, eras muy bueno, en lo tuyo…, qué quieren que les diga… Pues, ya les mandaré recuerdos de Billy Wilder que lo dijo hace mucho tiempo… “Es curiosa la amabilidad de la gente cuando estás muerto”. Volvemos al territorio de las auténticas mujeres fatales que lo hicieron todo en esta vida y superaron las mayores adversidades de la misma. A principios de siglo XX, Evelyn Nesbit fue una de las modelos más buscadas de Nueva York y se convirtió en la protomodelo de lo que hoy conocemos como una especie de Gisele Bündchen o Naomi Campbell, en sus comienzos. Pero hasta llegar ese momento, la familia Nesbit que era una familia de clase medianamente bien. Eso sí, las pasaron muy putas. Eran originarios de la villa de Tarentum (Pennsylvania) y migraron a Pittsburg en el mismo estado. El padre de Evelyn, Winfield S. Nesbit un abogado que andaba entrampado hasta las cejas muere de repente y les deja en la auténtica indigencia. Un montón deudas que dejan a su esposa, su hija Evelyn y su hermano Howard en pelota viva. Evelyn pronto se puso las pilas y comenzó a trabajar como modelo, llamando la atención de artistas locales como John Storm. Ahorraron unos dólares y se marcharon a New York, donde la hermosa Evelyn, donde gracias a la carta de presentación de Storm se puso en contacto, con grandes artistas de la capital más rica del mundo. De inmediato, fueron los mejores quienes reclamaban sus excelencias para sus trabajos de posado, como: Frederick Stuart Church, Herbert Morgan, Gertrude Käsebier, Carl Blenner y Rudolf Eickemeyer, Jr. Nuestra protagonista, en muy poco tiempo, se transformó en la única fuente de ingresos para su familia. En aquellos primeros trabajos comenzó a ganar unos 10 dólares al día. Un gran sueldo, si hacemos efectivo, el valor de esa cantidad, al montante de 275 euros actuales. Aquel dinero daba de comer, a su madre y un el pequeño Howard, los cuales, vivían juntos en una habitación individual, de zona del zaguán trasero del edificio de la calle 22. Eran tiempos duros, aunque luchaban para salir adelante. De repente, con apenas, 15 años era la cara de la mujer de América y el retrato donde mirarse la alta sociedad de New York. Convertida en la portada de las revistas, más chic y cool de la ciudad. Vanity Fair y Harper's Bazaar se rifaban su rostro angelical e ingenuo de la jovencísima Miss Nesbit. La imagen de sus trenzas de color marrón cobre y su piel pálida estaban pegadas en postales, bandejas de cerveza y tarjetas de tabaco. Sus posturas a menudo sexuales le ganaron el título de la primera chica pin-up del mundo, y más tarde trabajó con uno de los primeros fotógrafos de moda, Joel Feder como modelo en vivo, con varios disfraces, como una ninfa griega, de madera, gitana y geisha.  El escultor George Grey Barnard la modeló en su famoso estudio "Innocence" .Pero Nesbit fue una de las chicas preferidas del gran artista, Charles Dana Gibson, el cual, realizo un pintura de Evelyn llamado The Eternal Question". La pintura puede ser admirada en el Metropolitan de NY. Esta obra, una de las más conocidas de Gibson, daba un prestigio de superartista a Gibson y Miss Nesbit se convertía en una hespéride Made in Usa. El siglo XX estaba a punto de arrancar, como nuestra protagonista, Evelyn con ganas de más retos. No tardo mucho, pues, se le presento una oportunidad que no dejó escapar. Acababa de cumplir 16 años y consiguió debutar en el circuito de Broadway como corista en la obra Florodora. Aquella representación hizo que se ganará el favor y el aplauso de toda la élite neoyorkina. Y claro, muy pronto, llegaron pretendientes con todo tipo de intenciones matrimoniales. 















Sin embargo, quien realizó la mejor puja, por la hermosa Evelyn Nesbit, fue el reputado arquitecto, Stanford White, cuyo estudio llevo a cabo, la construcción del segundo Madison Square Garden, Washington Square y varias mansiones para los Vanderbilts. White se reunió por primera vez con Evelyn en 1901: ella tenía 16 años y él 47, con una sospechosa devoción, más que conocida por las mujeres jóvenes. Ahí es donde el arquitecto Stanford White, casado con 31 años, mayor que Nesbit, comenzó a cortejarla. Se dice que él, el primer hombre que liquidó la virginidad de nuestra querida Evelyn. Empero, la voracidad del tipo, iba a más, buscando a niñas más jóvenes y más pequeñas. Un sujeto enfermo y deleznable. Por no llamarle, lo que todos Uds, estarán pensado, un pedófilo de primera división.  Evelyn Nesbit se quedó embarazada, dos veces, del actor John Barrymore (el abuelo del clan y la niña de E.T. Drew). Barrymore fue otro pretendiente, al que la madre de Evelyn, lo despachó por la vía rápida. Sin un duro en el bolsillo y con un aliento a destilería que acababa con las cucarachas. Después del exitoso debut en Broadway con Florodora acabo haciéndose muy amiga de Edna Goodrich y su madre Nell King. Un caluroso día de agosto de 1901, Edna invitó a Evelyn a almorzar en el apartamento de la calle 24, al oeste de Stanford White, que se encontraba. Nell King, la madre de Edna, convenció a la madre de Evelyn de que las niñas estarían a salvo. Este momento fue descrito por EN, en su libro de memorias, tal cual transcribo: “Mamá me vistió con un pequeño vestido blanco y negro hecho en casa. Llevaba mi mejor sombrero, mis rizos de color marrón cobre colgando de mi espalda atados con una cinta de tafetán. La sucia puerta a la que llegaron era exactamente lo opuesto a lo que les esperaba adentro: cortinas de terciopelo rojo, tapices colgados en las paredes, arte desnudo y champán. Después del almuerzo, Stanford dio a Evelyn y Edna un recorrido por su lujoso apartamento. Empujó a las dos niñas en un columpio de terciopelo rojo gigante que había instalado en una habitación, que más tarde se convirtió en la inspiración para una película de 1955 sobre la vida de Evelyn; “La chica del columpio de terciopelo rojo” dirigida por el ínclito, Richard Fleischer. Evelyn no terminó de recorrer todo el apartamento ese día.
















Al cabo de unas semanas de aquel primer encuentro, fue presentada en "Sala de los espejos". White convenció a la madre de Evelyn de que sería una buena idea para ella visitar a sus amigos en Filadelfia. Mientras su madre estaba ausente, Evelyn regresó al apartamento de White, en West 24th Street. Nuevamente, los dos hicieron el recorrido por el apartamento bebiendo champán, y esta vez se dirigieron a la sala 40m2 con espejos instalados completamente alrededor de las paredes y en el techo. Esta vez, el alcohol le hizo perder el conocimiento. Lo último que recordó de aquel viaje psicodélico por los cristales reflectantes fue que estaba con un kimono amarillo. Ya recuperada la consciencia del todo, yacía su cuerpo desnudo en la cama y su virginidad había volado. Todas las miradas se concentraron en Stanford White, el cual, no estaba involucrado románticamente con Evelyn, en ese momento. Pero si existía una unión emocional muy fuerte. SW pagó para que ella se marchase de su lado y fuera tratada de una supuesta "apendicitis". Affaire que deja, la simiente de la duda, si realmente tuvo un bebé o un aborto, de la supuesta operación de apéndice. No les resulta chocante. La cosa como el que no quiere, pues es que, la vida sigue y finalmente, Evelyn Nesbit, se casó con un hombre celoso y terriblemente desmedido, sádico y cocaínomano de pro, Harry K. Thaw, a la edad de 20 años. Empero, creo que querrán saber algo más de esta relación. Bien, por un lado tenemos la versión de Thaw que aseveró que lo hizo porque White "arruinó a su esposa". La "primera supermodelo" Evelyn Nesbit, que fue la "niña" portada de la America fashion, en 1900. Pero, no menos jugosa, es la versión de Suzannah Lessard: la bisnieta de Stanford White. Apostillando que —después de ese día— El arquitecto del deseo: la belleza y el peligro en la Familia de Stanford. Evelyn tenía dos elecciones; repudiar a Stanford, de quien dependía su familia, o podría pasar por alto los aspectos malos tratos y violaciones que habían sucedido. ¿En qué se apoyó esta joven de dieciséis años para rechazar a uno de los hombres más poderosos de Nueva York?














En primer lugar, el romance de Evelyn Nesbit y TW, fue tal arrebato de pasión, que aquel forrado arquitecto, dejase a su esposa, Bessie, y su hijo Lawrence. En ese momento, Evelyn todavía tenía 16 años, y el hijo de White, apenas un año más que la bella hespéride de Central Park. Empero, Evelyn, no era la única amante de White, y después de todo, siempre fue una hermosa soltera nacida, en casa de una viuda pobre. Elegir a un esposo por amor no era un lujo que pudiera permitirse. A la edad de 17 años, ya había rechazado varias propuestas, incluida la ese rebelde actor, que prometía en la tablas de Broadway, John Barrymore, con el que tuvo sus escarceos y no hace falta recordar lo que le dijo la madre de Evelyn. Es evidente, que Miss Nesbit optó por enamorarse locamente del Sr. White. Muy a pesar, de la célebre grey de millonarios que siempre se pusieron a la cola, a la espera, de un desengaño con el famoso arquitecto. Lo tenía muy claro. La propia EN, rubricó de su puño y letra que estaba calada por los huesos del tarambana proyectista. Y llegó  el turno, del excentrico e inquietante multimillonario Thaw. Cuando decidió que un viaje a Europa sería vital para la nueva pareja. No obstante, aquel tipo era un desequilibrado imprevisible y violento. Evelyn quiso aclarar su pasado con White, y le dijo a su marido que iba a ser drogada y violada en la sala de los espejos. Después de la escandalosa revelación, la pareja se detuvo en el castillo Katzenstein en Austria, donde se reveló la gravedad de las pérfidas intenciones de Thaw. Así como el que no quiere, cogió a la ingenua criatura y la encerró en una habitación del castillo, durante dos semanas. La azotaba repetidamente con un látigo de cuero de vaca y la agredió sexualmente. A pesar de semejantes abusos y vejaciones, los dos todavía estaban casados desde abril de 1905. EN espetaba en sus memorias: "lo lamenté mucho por él", al aceptar su propuesta y eso que habíamos sido terriblemente pobres...”













Ya en EE.UU, Evelyn, le dijo lo que pensaba de él a su esposo Thaw, ya que la verdad sobre White fue "el error más costoso de su vida". Estar al tanto que su esposa había sido asaltada por White exacerbó la obsesión y la ira de Thaw contra el arquitecto —que previamente había rechazado a HT— en una fiesta de élite en Manhattan y le había echado de la filiación de varios clubes de lujo. El 25 de junio de 1906, su odio culminó, en el teatro de la azotea del Madison Square Garden. Mientras un coro cantaba las notas finales de la obra Mam'zelle Champagne en la azotea del lugar. El programa no se detuvo de inmediato porque se pensaba que el disparo era parte del acto; las bromas elaboradas eran estándar en el entretenimiento de la época. Thaw levantó una pistola a centímetros de la cabeza de White y disparó tres tiros. Las balas atravesaron su ojo izquierdo, matándolo. Cuando la policía le preguntó por qué lo hizo, la respuesta de Thaw fue simple: "Se lo merecía. Él arruinó a mi esposa, ya que le robó su virginidad." En la investigación que siguió, se reveló un trágico y extraño triángulo amoroso entre el arquitecto, el millonario y su esposa modelo, la primera "It-girl" de la ciudad de Nueva York, Evelyn Nesbit.  Ella se convertía en el as de cartas del conflicto, una joven de asombrosa belleza, cuya trágica historia era la columna vertebral de lo que se conoció como el juicio del Siglo. Se encontró que la descongelación era una enfermedad criminal después de dos ensayos, debido a la naturaleza de alto perfil del caso. Fue el primer juicio en la historia de los Estados Unidos donde un jurado fue secuestrado. Un testigo le dijo al New York Times que Thaw, al salir, le preguntó si White estaba muerto. Cuando el testigo le dijo que sí, éste dijo: "Bueno, hice un buen trabajo y me alegro". El hombre comentó que luego vio a Evelyn correr hacia su marido, abrazarlo y besarlo, y le dijo: 'No pensé que lo harías de esta manera'. Un frenesí mediático se produjo rápidamente, y dio paso a los albores del periodismo sensacionalista. El caso cubrió toda la prensa y cabeceras de costa a costa, durante semanas y se convirtió en una conversación común, en la mayoría de los hogares, lo que dificulta la selección del jurado.













Fue la primera vez en la historia de los Estados Unidos que el jurado fue retenido, lo que significa que se mantuvieron juntos en un lugar privado durante la duración del juicio. Evelyn se convirtió nuevamente en la estrella, de los medios, acreditados. Ahora, desde el estrado, testificó que White le había violado durante la convivencia con él. A cambio de su testimonio, en defensa de su marido, la familia de Thaw le había prometido 1 millón de dólares. Ella iba a recibir el apoyo de ellos, siempre que su esposo fuera declarado inocente. Mientras tanto, innumerables testigos se presentaron para contar las terribles y malvadas historia a manos del psicopata Thaw. Otras mujeres declararon que experimentaron torturas similares, al igual que Evelyn durante esas semanas de petrificación en Austria. Varias chicas del coro dijeron en el sillón de juzgado; que Thaw las había golpeado con un “látigo de cuero y mango perlado”, y que su madre les había pagado para que se callaran. Estas alegaciones fueron promovidas por la Sra. Susan Merrill, ex ama de casa de Thaw. En su declaración apostilló que durante tres años, de 1902 a 1905, trabajó como intermediaria entre el heredero del ferrocarril y dos burdeles en la ciudad de Nueva York. Ella dijo que atrapó a Thaw “atando a las niñas en brazos y cuerpos con un látigo”, y que Thaw pagó a al menos una mujer 7,000$ para no hablar sobre sus perversos hábitos: cocaína, morfina, opiáceos y sadismo. La señora Merrill le suplicó al juez que condenase a Thaw, quien dijo que continuaría siendo una amenaza para la sociedad. A medida que el juicio continuaba, se reveló que Harry K. Thaw había contratado a varios detectives de White, por temor y celos de que todavía estaba teniendo una aventura con Evelyn Nesbit. White había financiado a un guardaespaldas a quien pagó 6,000 dólares en el transcurso de los cuatro meses de juicio por temor a su propia seguridad, y había planeado presentar cargos contra Thaw, el día en que fue asesinado a tiros, según un informe de 1908 que publicó el Herald de Los Ángeles. A lo largo del juicio, el fiscal acusó a Thaw de asesinato en primer grado y se le negó la libertad bajo fianza, siendo confinado en "el Tombs", un apodo para el Complejo de Detención de Manhattan, el cual, aún sigue en pie.













Durante su tiempo allí se le otorgó un tratamiento especial debido a su estatus multimillonario. Thaw, se permitió la frivolidad de fotografiarse en su celda con el servicio de catering del prestigioso restaurante de Delmonico. Vestido con ropa de sastrería, a medida, en lugar del reglamentario uniforme de prisión. Mantel blanco, champan y burdeos durmieron en una cama de latón. El primer juicio de su caso terminó sin una sentencia firme. El jurado se estabcó en abril de 1907. Esto puso a Thaw más nervioso y tenso. Él estalló dando feroces gritos cuando la noticia le fue comunicada. Después de un nuevo juicio, al siguiente invierno; Thaw se declaró culpable de locura transitoria. En febrero de 1908, la defensa tuvo exito: fue declarado inocente, al alegar esa enajenación mental. Aunque, recibió la orden de pasar el resto de su vida en el Hospital Estatal de Matteawan para psicópatas y sádicos criminales de Nueva York. Su costoso y dedicado equipo legal, sin embargo, siguió apelando hasta el último recurso. Cuando, en un último intento, por liberar a Thaw bajo el habeus corpus; el prisionero simplemente salió directamente de su centro de detención y huyó a Ottowa, Canadá, en 1913. Se creía que su madre había orquestado su escape. Más tarde, fue extraditado a los Estados Unidos, pero se le otorgó su tan deseada liberación en julio de 1915, cuando se le concedió un nuevo juicio, se consideró que ya no era una locura y fue liberado del asilo. El asilo, sin embargo, hizo poco para curar a Thaw de su enfermedad mental. Seis meses después de su liberación, en la víspera de Navidad de 1915, fue arrestado nuevamente por secuestrar y azotar a un niño de diecinueve años llamado Frederick Gump casi hasta dejarlo inconsciente. Thaw llevó a la policía, a través de, una violenta persecución a Filadelfia, y cuando finalmente fue detenido: intentó suicidarse cortándose la garganta. Se comprometió con el Asilo Kirkbride en Filadelfia hasta abril de 1924.














Para Evelyn Nesbit, considerada como la primera supermodelo del mundo, su vida solo continuó en espiral incluso después de que se eliminase a Thaw. Ella tuvo un hijo en 1910, a quien llamó Russell Thaw y afirmó que su ex marido y asesino era el padre, un punto que él negó vehementemente. Lógicamente, llegó el ansiado divorcio para EN en 1916, y cuando murió en 1947: le dejó el uno por ciento de su fortuna (10,000 dólares, el equivalente a 112,000$ actuales). Continuó actuando en una serie de películas mudas, Cuando las películas mudas vivían momentos esplendorosos de popularidad, protagonizó al menos 10 entre 1914 y 1922. Pero casi todo el dinero que ganó se lo gastó en sus gran adicción a las drogas: cocaína, heroina y morfina. Su dependencia a las drogas (en parte heredada, de los devaneos con amigas-os del vodevil y los excesos del marido, ex profeso)  terminaron por destruir su carrera como actriz. Los estudios de cine dejaron de contratarla y acabo en tratamiento para su desintoxicación. Pero con el tiempo, se recuperó y dejó el centro de rehabilitación. Pudo volver a hacer una vida normal, viviendo con sus tres gatos, Weirdie, Alley Kahn y Stumpy, y comenzó a dar clases de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios de Grant Beach. En 1955, la película de Hollywood The Girl in Red Velvet Swing presentó una versión altamente ficticia sobre su vida. Ella fue interpretada por Joan Collins, y se le pagó 10,000 dólares, en concepto de consultora oficial. Sin embargo el producto final, no fue ni remotamente lo que había anticipado, afirmando, que parecía que había seducido a Stanford White, 30 años mayor que ella, en lugar de hacerlo al revés. A pesar del tumultuoso y variopinto, camino  desgarrador que tomó su vida a causa de White, nunca se arrepintió de haberse enamorado de él. Justo antes de que muriera en 1967 a la edad de 82 años, dijo: "Stanford White fue el hombre más maravilloso que he conocido".







                         Dedicado a John Singlenton  enero 1968/mayo 2019  In Memoriam







Fotogramas adjuntados

Evelyn Nesbit posando en Vanity Fair
Evelyn Nesbit portada de Haper Bazar
Stanford White retrato
Evelyn Nesbit declarando como testigo
Harry K. Thaw cenando en su celda, el catering de Delmonico
Harry K. Thaw fumando un puro a su salida del tribunal
Evelyn Nesbit junto a Joan Collins en el rodaje del film de Richard Fleischer
Evelin Nesbit en un taller de pintura y cerámica




Biografía consultada y recomendada

The Girl on the Velvet Swing: Sex, Murder, and Madness at the Dawn of the Twentieth Century by Simon Baatz, (2018)  Ed. Mulholland

American Eve: Evelyn Nesbit, Stanford White, the Birth of the "It" Girl, and the Crime of the Century by Paula Uruburu, (2009) Ed. Riverhead







                  

El maltratador sorprendido








Y desde que ocurrió, aquel hechizo de esa lluviosa tarde, ha pasado tanto tiempo; que ya casi no lo echo de menos... A veces recuerdo como solía ser, al pasar por la fachada de ese lugar, que trae todos esos recuerdos, los cuales, pienso que no deberían de haber ocurrido, pero ocurrieron. No obstante, creo, que si no hubieran sucedido los añoraría aún más. Me vienen a la mente algunas palabras —vagamente e incluso se me arranca alguna carcajada— de aquellas que te salían a ti. Es raro porque en realidad ya no me hace gracia. Si les soy sincero, sonrió dolor por todos mis poros. Todo aquel mundo se desvaneció por arte de magia. Los dos éramos seres ajenos a lo exterior y así nos sentíamos bien; vivos y coleando. Seres intrusos y extraños a todo lo que, en ese momento, no nos acariciaba y envolvía.










Se nos antojaba una presencia invisible, como si hubiéramos sido dos animales indolentes que no creían sentir nada. Sin embargo, lo enumeraban todo: un aroma, un golpe de viento, un ruido de un trueno, el olor de la tierra mojada. ¿Quiénes se atrevieron a pensar que no sentíamos o pretendíamos dar esa sensación fingida? Simplemente nosotros primero y después este jodido mundo. Ah, del mundo! ¡La madre que lo parió! Ahí sigue. Todavía no sé lo que hago por no saber qué fue lo que te alejó, te cansó y te mantuvo tan lejos de mis labios. Pasa el tiempo y las manecillas del segundero cada instante y esa razón la sigo viendo menos clara. Quizá sea esa comezón que me está carcomiendo entre desidia e indiferencia.













Igual es el momento de cortar por lo sano y dejar las putas paranoias, a un lado. De quitar el ojo de mi sombra, relajarme y ¿por qué, no? Sentirme distraído. Ipso facto, La imagen mental de mí, me produjo escalofríos, y, volví a la charla: desairado y evitando entrar en detalles. Intente cambiar de tema todo lo que pude, y, poco a poco, la conversación con el agente de policía tornó a ser más amigable, lo cual no me hizo mucha gracia. Decidí tirarle el vaso de plástico con café en sus  pantalones. Aquello consiguió que ella se desternillará de risa. A mí también, me pareció gracioso. En fin, al agente de policía de tráfico no le gustó nada la broma y terminó esposándome y llevándome en su coche al cuartelillo.










Le pareció que una cosa era empatizar y otra humillar. Me leyó mis derechos y allí terminé con las manos atadas al asiento trasero. Volvió tu voz a mi cabeza y escuché: Ya no volveremos a experimentar ese dolor placentero, un dolor tranquilo, un dolor pacífico: un dolor nauseabundo. Recorrerás ese lugar, mirarás a ese sitio, te acercarás e inesperadamente te sentirás extraño, raro, ausente de ti, de tu forma de ser, pensar y manipular. Volverá un dolor pero esta vez un dolor triste y terrible, en la más absoluta oscuridad. Sí, Andrés, está vez, no es cuestión de interés. Ya es hora que acabes, donde tienes que terminar: encerrado el resto de tu vida en una celda. ¡Te jodes, desgraciado! Ya está bien... Doy gracias a Dios, ya que hoy, el planeta nos acariciará; con un  pequeño soplo de felicidad. Un lugar mejor. donde habitar y soñar con un nuevo futuro.









                                                              FIN




                                                               

            


                        Dedicado a Rafael Sánchez Ferlosio diciembre 1927/abril 2019 In Memoriam







Fotogramas adjuntados

They Made Me a Fugitive (1947) by Alberto Cavalcanti
The Stoning of Soraya M (2008) by Cyrus Nowrasteh
The Girl Hunters (1963) by Roy Rowland
Once Were Warriors (1994) by Lee Tamahori






                     

Saturno un planeta de agua











Han pasado tan solo dos semanas. Me parece una eternidad. Un la larga espera, idéntica, a la búsqueda de la pubertad. Toda nuestra vida está dirigida al sexo y la muerte. Por ello, intentamos comparamos, con la inmensidad de la vidas alegres ajenas. Pero, en realidad, está pasando con más tipos, buscadores de gloria efímera; que en el fondo es una gran parte de nuestra larga existencia. La vida son tonalidades de la paleta de colores, matices, destellos y tonos muy livianos. Una sola pequeña mota de polvo en el desierto cambiaría el destino de millones de desgraciados que buscan manduca y agua todos los jodidos días. Empero, aquí me hallo decidiendo si respirar hondo o acabar con la jodida vecina y su mierdoso negocio del puto Mildfudness. Sí. La maldita puerta 3—un servidor vive en la 4. Es decir, enfrente. Ya saben cómo funciona esto, es lo más parecido a una casa de citas de todo tipo. Llamadas continuadas, a mi puerta y repetitivas respuestas —de mala uva— diciendo; es la puertecita 4 Sres. No hay forma de que la tipa coloque un letrero, idéntico al que reluce en la roñosa puerta del chiringuito: “Saturno un lugar donde meditar es vida”. Puto cartelito de marras. Estás dentro de casa y suena el tono cansino de la jefa de todo el cotarro: ¡Vamos, vamos! ¡Respiren hondooo! Muy hondo! Contengan el aire en el estómago sientan como todas sus vísceras se oxigenan. Sus venas mueven un mayor flujo sanguíneo. Ahora lentamente, bajamos, el ritmo hasta quedarnos obnubilados con un punto fijo. Mirad ese led que destila una luz violeta desde lo alto del rincón de la habitación y nos dejamos llevar, por la quietud y el relax. Poco a poco, exhalamos e inspiramos, en pequeñas cantidades. Y así se repite, día a día, como una cacatúa delante de una excursión de colegiales en el jardín botánico. Ella a su cháchara y a medida, que van saliendo sigue con la puta milonga: continuamos y nos damos la mano mirando el techo y disfrutando del oxígeno que hemos generado en el cuarto meditativo. Imagínense, la película… Así todos los santos días, un grupo de 14 personas, y a la salida, apoquinado 50€ de curso legal. Námaste, Námaste Darío, Námaste, Paula, Námaste Nuria. Y tal y Pascual. Nos vemos y cuídense. Dos días seguidos con la misma monserga, tras muchos meses, diría que dos años desde que aterrizó en nuestra comunidad. Bien, Miss Saturno, a lo suyo: Uno, dos, tres y cuatro. Ahora nos damos un pequeño giro y nos quedamos en posición fetal. Disfruten esas saludables bocanadas del aire purificado gracias al humidificador que luego sortearemos… (Siempre hay un motivo para hacer caja y la ministra Montero buscando las facturas). Ahora notáis una sensación de felicidad que cubre desde los pies a la cabeza. Las ovejas de Buñuel, encantadas de pensar que van a gozar de una grandísima curiosidad: una vida longeva, y como no, plena de apasionantes alegrías. Saturno puerta 3 es un lugar donde las lágrimas son gotas de sempiterna alegría. De fondo suena el puto New Age y toda esa música repleta de ñoñería irlandesa.















El problema surge; cuando aparece el tipo que ha comenzado a escribirles toda esta fraudulenta cantinela. Sí. En la puerta de la vecina, la del Mildfudnees. ¿Se acuerdan? Bien, allá vamos. Ding, dong. Ding, dong. ¡Demonios!—Mis Saturno— ¿Quién será? No tengo cita con nadie. Se acerca a la mirilla y esboza una sonrisa al comprobar que soy yo y unos catálogos de Ikea. —Buenas noches, Ágata. Buenas noches, Sigfredo. Mira cuando llegaba a casa me encontrado esto en el zaguán y te lo he recogido. Ha sido imposible introducirlos en tu buzón. Estaba repleto de documentos — Ella sonreía sardónicamente y me miraba con unos ojillos como diciéndome— Te daba una patada en el culo y largo. En fin, aquí tienes. Ágata—extiende la mano para recoger la publicidad del nuevo Ikea— y es cuando, Sigfredo, esgrime un cuchillo Takamura recién salido de su caja —vía Amazon— para estrenarse, en ciernes. De repente, Sigfredo, le corta toda la vena radial de su antebrazo. Comienza a gritar. Ahhhhhhaggggg! Cabrón, qué dolor! En la habitación lounge superinsonorizada la gente sigue tumbada, en posición fetal, parecen los embriones del futuro parto de Alien de Sir Ridley. ¡Eh, Miss Saturno… Tranquila, respira, cariño! Ves lo que ocurre cuando no gestionamos bien nuestra capacidad de autorregulación del oxígeno enriquecido? —Je, je… Qué te voy a contar…Ahora que cojones les vas a decir a toda tu grey, ahí tumbada en el confort del tedio y el juegoflauta burgués. Ágata Morales, es el nombre real de Miss Saturno. Está en estado de shock: llora y llora. Aunque, sus gritos y sollozos son en vano. Está completamente blanca y temblorosa. Sidgredo, le agarra el otro brazo y le hace un corte muy preciso de la zona carnosa de la clavícula. Mira voy a sacarte un trocito de musculo suprespinoso. Aquí hay un nervio muy jodido. Se puede ver el hueso y parte de los tendones. ¡Eh, fortachona! No te me desmayes…Que he de terminar el libro que le vendiste a mi madre “Mindfulness el arte de crecer”. Eso no está nada bien, querida Ágata. Ir a sacarle 30 euros a una abuelita —pensionista— sorda y narcolépsica con fatiga crónica. Ágata, te quiero entender. Empero, la realidad, es otra. Nos vemos incapaces de tomar, consciencia de la experiencia vivida. ¿Cómo juzgarías toda esta rutina pseudozen…? Por no decir este puto paripé de adictos a la sugestión sin control tributario. ¿Sientes que te ahogas? ¿Nunca habías visto tanta sangre en tu puta vida? Es una espera eterna y angustiosa… No te preocupes llegará en un par de minutos, ese deseado e inesperado fallo de oxígeno a tu cerebro y la factura va ser muy cara. Lentamente, sin prejuicios, ni rencores. Algo así, como si… Lánguidamente estuviéramos expiando todos nuestros pecados.  ¡Cómo si el malvado que te está causando todo este dolor y horror disfrutará de este envenenamiento de tu pequeño chiringuito de adictos Cocoones al oxígeno purificado! No tengo nada contra ti, cielo. ¡Pero que me toquen a la vieja. Uff! ¿Sabías que cuando tenía 5 años, casi me ahogo en la bañera por la puta narcolepsia que sufría mamuchi? ¡No tienes ni idea de todo lo que ha pasado esa mujer, como para venir tú a venderle un cupón para un viaje a la Sierra de Caravaca, donde sorteas un humidificador! Eres un mal bicho y la has jodido bien. ¿Por curiosidad, a cuánto les vendes el humidificador de los chinos a tu grey de desgraciados? ¡Qué traviesa que eres… No te me vayas! Ahora vuelvo. Voy un momento, a saludar a tu camarilla, en el cuarto de los nenes y las nenas fetales…Ja,ja,ja! ¡Hola, chicos. Qué alegría. Comienza la fiesta!















                                                                                     7 años después





Sigfredo Otaiza. Vive en Austria y es uno de los mejores especialistas en terapias de meditación y apoyo a gente con estrés postraumático. Una hermosa mañana de mayo en la hipnótica Salzburgo: se quedó saboreando una taza de café expreso de la máquina del capo Clooney. Pensaba— qué extraño es el mundo, llevo unas 364 semanas sin ver su cara, sin admirar su transparencia, y sus falsas artimañas. La conciencia está bloqueada. Cogí mi attache y mi americana de Donna Karan. Un taxi Uber me esperaba en la puerta del patio y me acercó al Hotel Sheraton donde tenía mi conferencia. Durante el trayecto. Sólo pensaba en todos aquellos tipos encima del futón de la vecina Zen, Ágata. El montón de sangre, ojos colgando, orejas cortadas, brazos con muñones sangrantes, gente sin pies. Otros, con sus lenguas colgando. Mujeres sin nariz. Tripas por todo el suelo: intestinos de todos los tamaños. Era la mayor orgía del horror que se pudiera haber organizado desde una perspectiva y un plano meditativo milimétrico. Intento olvidarme de todo, aquello, de como pude escaparme y crear una nueva identidad. Ahora soy Bernardo Kliman, un tipo doctorado por la Universidad de Berlín y uno de los grandes gurús del Mildfulness. A día de hoy sólo me preocupa morir ahogado. De inmediato, percibo, que estamos saliendo de la capital del genio Mozart y el vehículo ha tomado una ruta a su libre albedrio. Vamos por la autovía del Este. De fondo, se escucha en el equipo de música New Age, la jodida voz de la tristona irlandesa Enya. —La detesto. Le digo al chofer que a dónde cojones se dirige… (En un correcto alemán) —Una voz femenina lejana, pero muy cercana, a la vez, me contesta en inglés— To nice place... Relax, Mr. Sidfredo… La ventana protectora se cerró de golpe y comencé a recordar con suma tristeza (mientras el nerviosismo del viaje —de la conductora— iba haciendo mella en mi control) a mi madre. Joder! Cómo se murió. Aún tengo las manos mojadas por las risas y las lágrimas que la envolvían y acariciaban sus mejillas. La belleza de sus ojos cerrados, su hermosa boca y sus suaves frías manos de finos dedos. La sencilla alianza en el anular (del cabrón del viejo) que siempre se portó como un auténtico canalla. Pienso en ella y sigo fijando su esplendorosa imagen: la más bella y hermosa; que mis ojos han podido ver en toda su existencia. Me indica que no todo lo malo es maldad. Y que tal vez mi desprecio a lo ajeno sea debido: a su perfección, a su total dependencia, a su angustia, a su debilitada y pobre alma por el castigo infligido de la bestia de mi padre. Los reproches, los golpes físicos, las humillaciones. La llenaron de melancolía. Aquella tristeza que le acompañó diariamente, y fue, mi infancia. Un precio demasiado duro que, en contra de mi voluntad ha devuelto, ese sentimiento kármico hacía la conductora, la cual, se dejaba ver a través del retrovisor.













Altamente protegida por unas enormes gafas de sol negras de Fendi. Observe una pequeña cicatriz en el mentón de su cara. Sabía quién era, Ágata y ella quien era yo, Sigfredo. Vecinos y algo más. El ratón tenía al gato en su sillón, el mismo, que le destrozó la vida y que convirtió el oxígeno, en una mácula con la que vivir y recodar el horror de la bestia iracunda. Le pregunté: ¿Ágata, qué quieres de mí? ¿Qué quiero de ti, desgraciado? Aquella situación dentro del impoluto Mercedes de la clase A; era como un boomerang peligroso: golpeaba y volvía a su dueña. Una extraña y peligrosa dependencia. Me quedé en silencio. No era capaz de caber, entre tanta frialdad, en esa nueva imagen de mujer independiente, fuerte y solvente. Por fuera, la veía como la culpable de mis oscuros pensamientos. Los mismos que se repetían todas las noches —desde el asalto, a aquel chiringuito— de Meditación en Saturno. Notaba que todo lo imaginado en mi psique, sonaba despreciable y absurdo. Como bien dijo, Ágata, cuando ya quedaban menos de 500mts a la entrada del lago. —Palabras con las que plasmas tu personal e inexistente débito. ¡Ahora, cabrón! Ante la evidencia, de tu ignominia. ¡Eh, don macho! ¿Ahora, qué, Sigfredo? esto, te perseguirá hasta, tu último hálito: el correteo continuado de silencioso arrepentimiento. Tu salvaje desfachatez y ese puerco anhelo que posees, no tienen límites y “el porqué de sus lágrimas” no es más que una máscara más, como deduje en mi consulta de Saturno.—De repente, sentí miedo, algo de angustia y parálisis, ante sus certeras y valientes palabras. Aun así, puede observar como ella, se giró forzando su perfil enrojecido y alterado. —Esta es la última cara que vas a ver, antes de morir. El monstruo quedará sepultado en las inmensas y hermosas aguas del lago Fuschlsee. —Se cambió de golpe. Bajó la ventanilla y se quitó las gafas delante de mí. ¡Mírala bien, pringao! Esta es la cara de una saturnina en el siglo XXI. Me recorrió un escalofrió que se reveló como todo el pesar del agua entrando dentro del vehículo. La enormidad de aquel lago hacía que el hundimiento fuera más rápido. Traté de soltarme el cinturón de seguridad. Pero sólo me encontré entre carpas, dosieres de Mildfuness, barbas postizas, pasaportes extracomunitarios, lentes de presbicia, una botella de Armani y una navaja de afeitar. Mientras las bolas de agua que expulsaba mi boca completamente repleta de búrbujas, hacía imposible encontrar la triste belleza de la mujer de mi vida: mi madre. Desde la orilla, una mujer muy parecida a Ágata, le reconfortaba con una toalla. —Esbozó una larga sonrisa y emocionada le dijo a la otra mujer—Gracias, Satu. De verdad. Te quiero mucho, cielo. —No creí aquello de que la venganza se sirve en un plato frío, Satu—Y muy mojado. Risas y besos.




                                                                                           FIN




                               Dedicado a Luke Perry octubre 1966/febrero 2019 In Memoriam





Fotogramas adjuntados 



While the City Sleepsn (1956) by Fritz Lang
Les yeux sans visage (1960) by George Franju 
Peeping Tom (1960) by Michael Powell
Hannibal (2013) by Brian Fuller











                 

El piloto amnésico y el diablo









El biplano que pilotaba Alexander Jakov iba dando tumbos, tras ser alcanzado por las defensas antiaéreas. Los daños eran muy graves; fallaba la bomba de aceite y los depósitos de combustible habían sido agujereados. Perdíamos gasolina a chorros. Al teniente AJ no le quedaba otra opción que buscar algún claro para el alunizaje. No hacía mucho tuvo constancia del vuelo por encima de la costa mediterránea, gracias al radiotelegrafista. Empero la maniobra llegó bruscamente. A pesar de la pericia de Jakov y la convicción, en él, de sus cinco compañeros; la elíptica inclinación del aparato hizo que el morro se arrastrara por un suelo arenoso y desigual, haciendo que la hélice de aquel viejo Heinkel 111 se partiera en tres trozos. Finalmente, el cazabombardero, comenzó a frenarse, ante unos árboles que flanqueaban el claro de un humedal. El teniente Alexander Jakov, empapado de agua y barro, tenía un fuerte acúfeno en el oído izquierdo. Un ruido ensordecedor, que le hacía gritar horrorizado. Su cuerpo se sacudió violentamente, mientras lo que quedaba del vetusto biplano yacía, en una enorme nube de polvo y humo. Lanzó alaridos de los nombres de su tripulación. Aunque, lo único que se escuchó fue una brutal explosión en el tanque de cola. Se hizo un silencio sacro y tenebroso. Algo tan conmovedor como el olor metálico de la sangre fresca. Huele a cobre recién cortado. Es un olor limpio e impersonal, que sorprende la primera vez que se percibe. Luego cambia rápidamente a un aroma fétido, quizá más dulce, al morir las células y cuajar los hematíes. La luz matinal se filtró por la ventana de la exigua habitación e iluminó el rostro —lleno de cortes e incrustaciones— de Alexander, quien abrió el ojo libre de vendaje para ver que se encontraba en una cama que gruñía con el más leve movimiento de su cuerpo.















Estaba aturdido y confuso. Le vino a la memoria el aterrizaje forzoso y el terrible choque final contra los árboles, pero no recordaba nada de lo sucedido después. Pasó su mano por encima del vendaje de su ojo y temió tener una herida que pudiera privarle de seguir siendo un piloto. No obstante, esa preocupación la dejó para otro momento. Ahora lo que más urgía era averiguar dónde estaba. ¿Quién le había atendido y que harían con él? ¿Cómo logramos despreciar nuestro cuerpo y someterlo a una profunda dejación? Cuando el alma que lo posee lo azota sin castigo. Había sido abatido en territorio republicano y eso hacía que su futuro más inmediato, probablemente, no fuera muy halagüeño. Ya que pilotaba un bombardero de la Luftwaffe. Retiró la manta que cubría su cuerpo y comprobó que sólo tenía algunos golpes, rasguños y un tobillo vendado. De inmediato, comenzó a oír unas voces provenientes de fuera de la habitación y se volvió a cubrir con la manta. Escuchó una conversación sin lograr entender nada. Alexander no sabía ni una sola palabra de español, pero lo había oído hablar, y llegó a la conclusión de que lo que escuchaba era probablemente; una lengua autóctona del país. Esto no le animó en absoluto, dedujo que quienes estaban al otro lado de la puerta de la habitación eran; o bien anarquistas o comunistas, o quien sabe qué, dispuestos a llevar a cabo el interrogatorio de turno. Jakov, era lo que se dice un hijo de matrimonio entre alemanes y polacos. Era un tipo creyente, de esos que piensan, que llamamos alma a una gran virtud, por el hecho de ser la conciencia del ser humano. Algo así, como el principio de los mayores sentimientos.















Todo un mágico contubernio de emociones que nos permite hacer las locuras más inimaginables y llegar hasta los estadios más altos de la degradación humana.—Y se preguntaba: ¿Pero qué hago yo aquí? ¿Dónde está Tessia y que lejos queda la hermosa Cracovia? Yo teniente del ejército nazi... Cómo puedo llevar estas ropas, si son mis enemigos. Me desangro y sólo veo el sagrado corazón de mi Dios. Gracias a él, la sensación de angustia se apaciguaba. Una ambulancia republicana me sube en una camilla. Dicen que me van a hacer una transfusión y me preguntan mi grupo sanguíneo. Les digo que soy del grupo AB, receptor universal. Empero, cada vez estoy más débil y siento un susurro perturbador en el viejo hospital. Algo así, como, este tipo va a necesitar mucha sangre… El bazo lo tiene destrozado. No hay suficiente cantidad... Es el fin, de mi viaje. Pierdo el conocimiento y despierto postrado en una cama con un cabecero enrobinado de color blanquecino agrietado. A juzgar por mi barba, llevo dormido más de 48 horas. La verdad, es que no tengo ni puta idea. Un médico con sonrisa de felicidad permanente; me dice que me han operado y todo ha ido muy bien. Me han sacado metralla del intestino delgado y me han extirpado el bazo. También me han eliminado unos pequeños trozos de metal del avión, que andaban por el jodido fémur.












No recuerdo muy bien las lecciones de anatomía de las clases de Ciencias, pero me hago una idea. A pesar de la sonrisa, casi de gilipollas, aquel Dr. Era una eminencia. Un tipo legal y con un gran sentido del deber. Gracias, amigo. Me contestó de nada con un; “You´re welcome, friend”, en un perfecto inglés. ¡Qué alivio, el cirujano de la sonrisa afable hablaba inglés! España es sorprendente. De repente, recuerdo aquel humedal lleno de barro y rodeado de mi equipo de cabina; el radiotelegrafista muerto y el segundo piloto artillero con las tripas fuera, en un enorme charco de sangre y juncos. No recuerdo nada de la misión. ¿Pero, cómo demonios acabé pilotando un Heinkel 111 sobre el Ebro? Le pregunté al médico de la sonrisa que hablaba inglés, si sabía de alguien de los que perecimos en el aterrizaje y con una gran mueca me dijo; todos muertos. Don't worry Lieutenant… Se pondrá bien. Y, please, ¿qué sitio es éste? Estamos en el Hospital militar Pére Virgil de Barcelona. Sonreí y le mostré el pulgar en alto. Volví pleno de cansancio al territorio de Morfeo. Cuando desperté, me vi en un chamizo, sonaba de fondo “el día que yo nací” de Imperio Argentina”. Se me acercó un capitán italiano, de bigote ridículo y me dijo: el tenente de la Germania. ¡Ya está presto! ¡Bravisimo! ¿Pero, dónde cojones estoy por Dios? Andiamo, amico, stai nella capitale del regno, tenente... Madrid! Y allí me quedé con los ojos llenos de pánico. Mientas el capitán italiano subía el volumen de la radio y bailaba como poseído por el diablo…Ya lo dijo Dios; quién es malo en el cielo, irá al infierno.




                                        

                                                 FIN





                              Dedicado a Albert Finney mayo 1936/febrero 2019 In Memoriam






Fotogramas adjuntados


Twelve O'Clock High (1949) by Henry King
Hell's Angels (1930) by Howard Hughes
Sully (2016) by Clint Eastwood
Tmavomodrý svet (2001) by Jan Sverák







                    

Una gran historia de seis años








Seis años dicen que se tardan en escribir una gran historia, donde la tinta negra se convierte en roja. Roja como la sangre de un corazón perforado, por una flecha envidiosa y traicionera. en plena pasión de la vida. La leyenda de una historia sin futuro; tan cercana y tan lejana, como tantas otras vistas, a lo largo de nuestras vidas. Atestada de ausentes emociones de los instintos, envueltos entre recuerdos —inverosímilmente fieles— de lo que sólo ocurrió en secreto. Entre provocaciones implacables y complicidad, a base, de medias sonrisas en las que caben universos enteros. Tantas noches amándose en el borde de un precipicio insostenible. Aún, a sabiendas, que no podían mantenerse más horas de las que tenía el reloj. Si se dieron una pequeña tregua para tomarse la justicia por su mano. En aquella pensión barata con la piel a trozos y un aura malvada que los sitiaba —de nuevo— para no permitirles ignorar; que algo cambió el día que se conocieron. A veces, ni se miran de las ganas que se tienen el uno al otro. Puede que esté roto el fregadero o se haya terminado la bombona de gas.












Pero siempre, liquidándose, pensando que la vida no ha continuado, ni se ha movido. Todo un bloqueo por su sempiterno roce de historia. Creen que no han hecho cosas serias ni trascendentes. Tienen el mismo gris que un cuaderno de Rubio. De libros viejos, que dicen inservibles, algunos magistrales y otros regalados; en los coleccionables de la televisión obispal. Algo no iba bien. De repente, observé que la tinta se había ido borrando hasta adquirir un tono más pardo que azul. El libro de notas había sido adquirido y escrito en fecha reciente: eran las memorias de nuestra vida. Todo lo que habíamos vivido antes de la gran tragedia. Mis manos comenzaron a temblar. Aquel libro no era igual que los tediosos libros de esos bisoños rompelápices de autoedición, hechos en la imprenta de un barrio con olor a nuevo rico. No eran ese tipo de libros: iguales y de idénticas palabras. Aquella historia fue retroalimentada en nuestros propios secretos, la certeza del desgaste de un secuestro y años de rehabilitación en el hospital.














Recuerdos que sólo existen en lo más estrecho del hipotálamo y el último hálito de nuestras retinas. Los mismos, que inexplicablemente, estropean el motor del tiempo; y así nunca saben cuánto tiempo ha pasado sin verse ni cuántas cosas no hicieron. Ella y su temor a ser una niña vieja. Su autonomía implacable, su alrededor prescindible, su protección incondicional. Sus compañías engañadas que miman su vanidad. Su soledad, siempre. Como los domingos de él, convertidos en un litro y medio de whisky y sus rendimientos capitalizados a día de hoy: Él y su patética ambición: revés tras revés. Una libertad hipotecada en la candidez y la falta de arraigo. Sus jodidas amistades y su aberrante promiscuidad. Ninguno se sorprende que tantos kilómetros de mar, no hayan conseguido ahogarlos en el fondo del abismo.












A los dos la vida les ha manchado, pero ninguno se sorprende de que les haya machacado a la vez. Empero esta vez no aceleraron voluntariamente la respiración, no firmaron un contrato de los de “cama a doce euros la hora”, a condición, de quererse hasta morir. Sólo, durante un par de minutos, después de alargar un domingo imprevisto; se rozaron los labios, de rondón, para no cometer el error de besarse. Simplemente, por cerrar los ojos un momento y sentirse como antaño, en casa. Únicamente por agradecerle a la vida otro encontronazo inexplicable que reaparece cada vez que sus vidas están cambiando. Un cambalache para recordarles; que los perdedores están señalados de por vida. Ahora, solamente, queda el hedor de los cuerpos en descomposición y un aura de ternura que no tiene nada que ver con la auténtica realidad de ellos. Los rincones de aquella vivienda enterraron los últimos secretos de un amor imposible: un gran libro de seis años.










                  Dedicado a Claudio López de LaMadrid enero1960/enero 2019 in Memoriam









Fotogramas adjuntados



Thérèse Raquin (1953) by Marcel Carné
La curée (1966) by Roger Vadim
Billy Liar (1963) by John Schlesinger
Nana (1983) by Dan Wolman