El dolor sordo de los extraños








Aquel instante me pareció el más importante de mi vida en mucho tiempo. Aún, tengo la sensación que, en otro lugar, el sentimiento se hubiera vuelto inexplicable. Pero no dejo de pensar, lo ocurrido ese día. No encuentro palabras para descifrar, mis sueños o la ausencia de lógica en mi comportamiento diario con ese jodido dolor. De repente, la melancolía se apodera de todo mi tronco esquelético. Hay furia y tristeza. La más exultante impotencia que uno pudiera imaginar. La desolación de un hombre excluido. No sé dónde ubicar todos estos efectos. Y de nuevo, volvió aquel intrigante pensamiento: amar o abominar la crueldad de los pinchazos en el tórax.












Las quemazones y las descargas eléctricas. En un segundo, recordé algo, esencial. Si mi mente está dividida en múltiples compartimentos: ¿en cuál de ellos encontraría la auténtica esencia de los humanos perfectos? Empero, si la mente fuera un solo ente, sin estructurar, las diferentes partes del cerebro; evidenciarían que no estarían enteradas —específicamente— de las funciones concretas. Yo lo sé, porque me lo dijeron hace mucho tiempo en la facultad. Pero como explicarle al otro yo; en el oeste de mi cerebro. A lo mejor, la solución, estaría en la frescura de cualquier alumno de primero de medicina. Tan simple, como creer en la etimología de la enfermedad, la cual, lleva expresa tan grosera falacia.











Al final, el dolor te consume, como la ceniza de un cenicero en un bingo. Al igual que la desesperación de no poder comunicarte con el de enfrente. Angustiosa y patética experiencia. Soy incapaz de explicar este sentimiento, pero recuerdo aquel instante, ese momento, en el que fuimos felices. Simplemente, sentados, uno al lado del otro. A pesar de la distancia geográfica y la casuística del lenguaje. Al final aprendimos a escuchar, a traducir, a observarnos y descubrir entre minucias de acertijos. Fue duro y desolador. Cuando, finalmente, asumimos el inexplicable secreto de la sordera del dolor. El dolor de los cuerpos extraños y su perpetua soledad.  








                              Dedicado a Philip Roth marzo1933/mayo 2018 In Memoriam





Fotogramas adjuntados


Jezebel(1938) by William Wyler
Sybil (1976) by Daniel Petrie
Lilith 1964 by Robert Rossen






                    

Gloria Swanson: la Superdiva fatale que se adelantó a su tiempo







Gloria Swanson fue el arquetipo, de mujer femme fatale, triunfadora del Starsystem. Desde el primer momento tuvo muy claro; que no había llegado a Vanityland para hacer muchos amigos. Ella no era como el resto de la red social de aquel lugar, donde, el mero hecho de pasear a tu perro podía ser un cínico ritual,  para charlar de estrella a estrella, en una acción más del día. Una vez, un actor secundario o terciario apostilló: “nunca quiso ser uno de nosotros". No sacaba la basura, no "usaba algodones", ni tan siquiera iba al baño. La gran Swanson tenía una bañera dorada de emperatriz. La bañera esperaba a la diva. Un vez dentro del agua, el cobre dorado, se convertía en oro. Así era ella, lo más parecido a la diosa Hathor. Incluso obtuvo trato de aristócrata al casarse con un marqués. La Swason gastaba una talla de zapatos, que apenas llegaba a los 35 cts, y, una cintura de niña de unos 27 cts. A pesar de esa aparente fragilidad, ella se veía muy hermosa, cuando fruncía el ceño y levantaba la barbilla con su metro cincuenta. Posiblemente, fue durante la loca década de los años 20 —en el Hollywood mudo— , la estrella más grande de la pantalla. En el fondo, GS era una amalgama de las diferentes virtudes de las estrellas de aquel periodo: algo Garbo, un toque de Dietrich, una mirada de Crawford que levitaban como grandes diosas. Swanson, de por sí, no tenía esa maldad típica de la femme fatale, por excelencia versus Clara Bow. Ni tan siquiera era la peor de las brujas con las que te podías encontrar por aquellos lares. Sin embargo sabía muy bien cómo funcionaba ese juego, el de Hollywood. Empero, había algo dentro de ella que le perdía: la soberbia: Una diva original y frívola. Su expresiva mirada hacía de ella, casi una extraterrestre “convierteformas”, realmente inigualable. Excesivamente, rumbosa y caprichosa, le pegaba fuego al dinero como si fueran pastillas de fósforo para prender leña en la chimenea. Vivió como he dicho antes, ni una princesa del lejano Oriente. Y lo mejor de todo, es que no se privó de nada. Absolutamente, de nada. Risa nos podrían dar los actuales asfixiados y arruinados del S.XXI, Nicholas Cage o Johnny Deep con sus extravagancias y miserias personales. No obstante, como ya les tengo acostumbrados, sepamos el pasado familiar de la gran diva. Nacida con el nombre de Gloria Josephine Mae Svensson, allá por 1899, en Chicago. Hija de un militar de rango raso, Joseph Theodore Swanson y su madre Adelaide Klanowski. De creencias luteranas estrictas. La pequeña Gloria se pasó media vida entre Puerto Rico y Florida.














Aquellas constantes idas y venidas, le aleccionaron en el conocimiento del español, y muy cerca, de un colegio de monjas luteranas para no perder la tradición. Su madre de origen germano/polaco era una ferviente creyente. Gloria, no destacaba en los estudios de la básica. Eso, sí. Cantó en el coro de la Iglesia y participó en varias obras teatrales. En aquel periodo de la niñez muy cercano al tránsito de la pubertad, nuestra querida Gloria, según lo consultado y leído en las biografías que recomendamos, impetuosamente, nunca tuvo un grato recuerdo de aquella época. Gloria tenía prisa por convertirse en mujer y dejar a un lado, las simplezas de la niñez. No tuvo ningún reparo, en aseverar, que odiaba ser una niña. Estaba obsesionada con hacerse mayor. Aquella actitud hostil hacia la infancia ocultaba un viejo trauma, donde las relaciones con su padre fueron clave, en su interés. Volvió a repetir aquello que, como mi padre, nunca ha habido otro: “era el hombre que lo sabía todo. El tipo que tenía respuestas para todas sus inquietudes. De ahí que declarase con contundencia, aquello de; “las cosas de la infancia, nunca encandilaron mi pasión por ese periodo. Siempre consideré que era un preámbulo clandestino y considerablemente bobo, que había algo más real, palpable, misterioso y vibrante”. Detestaba vestirse como una chiquita, vestir muñequitas, lavar cacharritos, jugar y dormir con juguetes.Toda la dinámica de las niñerías, la exasperaban. Sin embargo la vida es caprichosa y azarosa. Tanto como un radiante día de sol de primavera por la mañana y su cruel tormenta de granizo por la tarde. Es decir, uno de los de tantos que salen todas las mañanas, a Gloria le pasó algo, que cambió el rumbo de su vida. Una tía suya la llevó, por pura curiosidad, a Essaney Studios en Chicago. Cuando muchos de los estudios —que finalmente inaugurarían al Nueva Babilonia del Oeste— solían estar ubicados en New York o el mismísimo Chicago. Allí llamó la atención de un jefe de producción. Muy pronto se convirtió en una extra regular. Ganaba un modesto dinero, pero con suficiente dignidad para teminar abandonando la escuela. A los 15 años fue contratada por la compañía Essanay. Interviniendo a continuación en dos cortos realizados por Charles Chaplin. Como The meal tickety His new job (1915). Dejando muy buenas sensaciones. Recién cumplidos los 17 rodaba su primer cortometraje como protagonista, al lado de Bobby Vernon. Todo ello, bajo la mirada del lince productor Mack Sennett en Keystone. La película fue en éxito de taquilla y el público rápidamente se identificó con la maravillosa Gloria Swanson. Y llegó su primer matrimonio; se casó con el que sería el esposo número uno: Tuvo seis maridos; se enlazó con tan sólo 17 años al lado de Wallace Beery —quien la violó la noche de bodas— un distinguido actor, con más de 200 películas en su cartera, e intérprete de la celebérrima, Isla del Tesoro en el papel de Long John Silver. Beery la dejó embarazada y le ocasionó un aborto; además, era un alcohólico y raro era el día que no le diera una paliza.
















Finalmente, salió del aquel horroroso matrimonio, y nuevamente, con apenas 20 años reincidió en el altar con el empresario Herbert K. Somborn, esposo número dos. Gloria se quedó embarazada y tuvo a su primera hija; Gloria Swanson Junior y adoptaron a Joseph Patrick (Sony). A partir de aquel instante, nada la contuvo. Nunca conoció los límites, ni materiales ni personales. Posteriormente, llegó su mejor momento, el esencial encuentro con su director fetiche y amante/confidente; el inefable Cecil B. de Mille. Este mito del 7º arte supo ver en ella; la materia prima perfecta —de un ideal femenino— que haría furor en la década de los 20: la femme fatale. A la vera, de DeMille, y dando todo su talento: Swanson comenzó a subir como la espuma de una botella de champán. En el admirable Crichton (Male and female, 1919, de Cecil B. de Mille), se construye un físico y un estilo, rodeado de un halo misterioso, del que quedaban prendidos cuantos caían delante de sus largas pestañas. Las mismas que se extremaban de rímel, una y otra vez. Su boca totalmente perfilada y la inteligente dosificación de sus artimañas de mujer. Convertida en una figura mítica del cine, obtuvo un importante contrato con la Paramount y mantuvo una frenética actividad, trabajando para Sam Wood de 1921 a 1923, y a las órdenes del magnífico Allan Dwan de 1923 a 1925. Una etapa donde quedó encasillada como la mujer fatal, por excelencia. Empero, su talento iba más allá del estereotipo, y supo extraer de sus personajes todo tipo de complejidades que iban desde la picardía al dramatismo, de la alta comedia a la tragedia. ¿Por qué cambiar de esposa? (1920) y El señorito Primavera (1921), ambas para De Mille; La octava mujer de Barba Azul (1922 Sam Wood), El salario de la virtud (1924) y De la cocina al escenario (1925), de Allan Dwan, títulos que pertenecen a esa fascinante etapa. En 1926 rodó en Francia un filme histórico, Madame Sans-Gêne, de Léon Perret, y ese mismo año formó su productora, asociándose con la United Artists, la compañía creada por el supertrío de oro: Douglas Fairbanks, Mary Pickford y Charles Chaplin. Para el autor de Cleopatra y tantos otros filmes monumentales, Swanson se convirtió en el paradigma de la mujer extravagante y caprichosa que, en aquel tiempo, el público parecía solicitar. Ya lo había conseguido, convertirse en la dueña y señora, de una época, donde la excentricidad era lo más parecido a los personajes de las novelas de Fitzgerald. Nihilista y libertina.


















Vivía al margen del mundo, en su egocéntrico microcosmos natural. Mansiones gigantes, coches enormes, plantillas de criados que ni la Reina de Gran Bretaña. Antes de que existiera Hollywood, ya reinaba entre las diosas primigenias del celuloide. Gloria Swanson, entre nosotros, y para los de a pie encabezaba el derroche con sus contoneos por la Alameda de las Plumas. Las pobres estrellillas —de hoy en día— babean de envidia al conocer el desglose de una factura de Gloria: 25 mil dólares en abrigos de piel; 50 mil en vestidos; 24 mil en medias, zapatos y ropa interior; 30 mil en blusas, bufandas y accesorios; 6 mil para la nube de perfume que la envolvía. Como en aquella ocasión que confesó a la prensa una de sus frases memorables: “El público quería que viviéramos como reyes, así que eso hice”... Su propia hija, Michelle, la consideró una mujer “imposible” de tratar. Sus excentricidades rayaban el paroxismo. Vivía en una mansión con 30 criados; en sus viajes a Europa alquilaba un barco completo para llevar el equipaje y en diez años despilfarró la friolera cantidad de 300 millones de dólares. En su autobiografía sentenció: “el dinero es divertido hasta que no queda nada por comprar”. Es evidente, que la joven Gloria Swanson había visto un nuevo paraíso. Sin duda el sexo, el matrimonio y los hijos le abrieron una ventana a un mundo más tangible, menos iluso pero lleno de sabandijas rastreras, dispuestas a devorar su inocencia. Ella afirmaría que algunos de sus maridos la violaban, en más de una ocasión, tomándose su derecho de pernada. Uno de ellos, curiosamente, la acusó de adulterio con más de 16 hombres diferentes. Esa idealización llegó a tal extremo que —siempre buscó la abstracción física— lo pretendientes tenían que tener esa mácula de madurez y afán protector, de su amado padre. De igual modo, que dilapidó billetes a gogo, también gastó a los hombres. Chirriadora, de facciones un tanto exageradas, bonita sin ser bella, con unas cejas continuas trazadas con puntero, poseía una sensualidad desbordante que derretía a los hombres como si fueran de cera. Pero Gloria no era mujer de un solo hombre y mientras filmaba las lacrimógenas cintas de Cecil B. De Mille su protector y amante sostuvo sonados romances con Rodolfo Valentino y otros 13 actores, que no tenían el pedigrí del italiano, pero si eran grandes conocidos de la fructuosa década. La prensa del higadillo, de por entonces, chismorreó algunos nombres: Ben lyon, Charles Farrell, Douglas Fairbanks, Elliott Dexter, George O,Brien, Hugh Allan, John Gilbert, John Barrymore, Milton Sills, William Haines, Wiliam Powell, Ramón Novarro y Thomas Meighan. Se echó encima de sus espaldas, hasta el último dólar que ganó. En el esplendor de sus días, Gloria Swanson fue la primera actriz de Hollywood en cobrar 1 millón de dólares anuales. Se cuentan por cientos, todos aquellos, que cayeron en la red de sus pestañas y soñaron con besar aquella boca, delicadamente perfilada.   Aquella década era una locura, en todos los sentidos. Tras los duros años de la 1GM, la gente, el público y Norteamérica sólo quería disfrutar de la vida.
















Los locos años 20 infundieron un subidón de endorfinas en la gente que no paraba de bailar Charleston. Vestirse con plumas y deambular por el mundo de pura jarana. Y de repente, apareció un príncipe azul, algo con sangre real: su tercer marido, el Marqués de la Falaise de la Coudrave, Henri le Bailly. Aquello de llevar la tilde de marquesa obtuvo el colmo del divismo. La Swanson contrató cuatro lacayos para que la llevaran alzada en una litera al camerino; el resto del equipo debía hacerle reverencias. Hollywood comenzaba a dar muestras de afixia y se reinventaba en la nueva década de finales de aquellos convulsos años 20. La forma de hacer películas y de distribuirse entraba en un nuevo periodo. GS en 1930 terminó divorciándose de su tercer marido, el Marqués de la Falaise. Y lo más increíble de todo, el nuevo amor de la diva, era un tipo con mucho oficio, pero nada limpio en los negocios: Joseph P.Kennedy, el padre del mítico presidente norteamericano de las década de los 60. El hijo del afamado traficante irlandés de alcohol durante la ley seca: dejó su estilo. El compañero de cama, de la gran Gloria, hizo un viaje en la barca de Caronte. Aunque, hay quien dice que él no fue el viajero de turno, sino el mismo Caronte.  Así, entró en el mundo del cine la estirpe Kennedy, trazando un camino de Boston a Hollywood —un itinerario cruel y espeluznante— por las ruinas de corporaciones desaparecidas... de las que se desprenden aromas de una atmósfera claramente ventajosas. El ascenso de Kennedy a Hollywood se jugó en un gran tablero de ajedrez. La estrategia pasaba por tomar pequeños peones como Robertson-Cole y F.B.O. Y así, ir poco a poco derribando, sistemáticamente, a caballeros y reyes como Pathé y K.A.O. para crear la reina de RKO, en menos de cuatro años. El personaje se movió en un arrojo de crueldad —posiblemente sustentado en el abandono—  de una serie de empresas reorganizadas. Si bien, son muchos, lo que apostillaron que les hizo un favor a muchas de ellas, pues, eran montones de escombros de gestiones fracasadas por ellas.















Gloria Swanson estaba muy cerca de lograr dos de las mejores interpretaciones de su carrera: la de prostituta en Sadie Thompson (1928), del grandísimo Raoul Walsh. Una obra que hizo de la Swanson, una mujer llena de orgullo y valentía, todo un homenaje al coraje femenino. Desde intentar camelar al censor Will Hays, en un almuerzo donde se limaron párrafos del guion y algunas cuestiones peliagudas. Hays le hizo una promesa verbal de que no tendría ningún problema con la realización de una película de este tipo. Swanson se propuso obtener los derechos de la obra haciendo, algunos movimientos de lo más torticeros. Cuando surgieron las noticias sobre lo que se pretendía con la obra, los tres autores amenazaron con demandar. Swanson más tarde intentó negociar una secuela por 25,000 $. Al mismo tiempo que GS (ya tenía un peón jugando en FOX) había comprado los derechos de la historia original. La secuela debía seguir las nuevas hazañas de Sadie en Australia, pero nunca se hizo. Sintiendo que nunca tendría tanta libertad artística e independencia como lo tenía en ese momento, Swanson decidió que el planteamiento del estudio era demasiado formulista, y decidió llamar al director Raoul Walsh, quien firmó con Fox Film Corporation en ese momento. Walsh había sido conocido por traer material controvertido al cine, y en su primer encuentro con la diva fue realmente positivo. La Sadie Thompson interpretada por Gloria Swanson era una realidad. El film fue muy recibido por la crítica y la taquilla. Pero, la excéntrica actriz, se había empecinado en una segunda parte que nunca se realizó. A pesar, se haber estado trabajando —codo, con codo— en el guion con R. Walsh. El código Hays, cada día ejercía una labor más restrictiva. Y finalmente, la Swanson, fue cuando escuchó las campanillas del magnate, Kennedy que había aterrizado en la vieja Babilonia. La relación fue a más. Se convirtieron en amantes y montaron su nidito de amor entre sábanas de satén y lujuriosas cabalgadas sobre la diva de nácar. El bribón de Boston inventó un filme para su querida y le encargó la dirección al lunático y excéntrico Erich von Stroheim. Todo un personaje, bien conocido por la diva de Chicago. Kennedy ya ejercía como productor ejecutivo de Swanson. Inicialmente, el film se titularía, El Pantano. Una cinta que desde el punto de vista comercial y artístico era inviable en 1928. El primer copión que fue visionado por el bostoniano, según palabras textuales, de Kennedy y los socios productores; la tildaron como porno casero de la peor ralea. 















Gloria interpretaba a una jovencita criada en un convento que hereda una cadena de burdeles en África; la actriz pegó el grito al cielo y exigió a su amante que despidiera al loco Von Stroheim. Además de encargarse de salvar la película y los 800 mil dólares que había invertido. Queen Kelly (1929) fue un proceso de arrojo y pundonor por parte de Gloria Swanson, que finalmente, ella mismo terminó, montó y estrenó personalmente, en contra de la voluntad de su director. Lo que ella no sabía, porque no estaba en el set en ese momento, fue que von Stroheim había filmado al príncipe agitándolo bajo sus narices. Después de ver la película con un tono vulgar y grosera. E. B. Derr informó que el personaje interpretado por el "cliente" de Kennedy (así llamaba la camarilla del bostoniano a Gloria Swanson por escrito) "podría ser interpretado por cualquier mujer de tercera clase". Joe se encabronó y se portó como un auténtico patán de los negocios. En lugar de tomarse el fracaso de manera deportiva decidió maniobrar y endosó todas las deudas a Gloria. La diva se pasó casi 20 años pagando facturas. Ya se sabe que la única manera de hacer plata es quitándosela a los demás. La Swanson envió a la mierda a Kennedy, porque este tuvo el desparpajo de presentársela a su esposa Rose y Gloria comentó: “Una cosa es ser la amante y otra exponerme a esta obscenidad”.  El contable anterior a Kennedy de Gloria Swanson, muy pronto, informó que de los registros que pudo conseguir, todo parecía tener una destinataria: Gloria Productions. Empezando por el bungaló que Kennedy había construido para ella en Pathé, el abrigo de visón que le había dado, como señal de amor, junto con todos los gastos del film Queen Kelly. Ahora todo aquello, eran deudas, por un total de más de un millón de dólares, de los cuales, ella era la única responsable. Una versión truncada silenciosa de Queen Kelly se lanzó en 1931 en toda Europa, pero no en América. Gloria Swanson nunca se recuperó de aquel mazazo. Ni financiera, ni profesionalmente. Después de su divorcio con el marqués y la espantada del patriarca de Boston. Decidió casarse con un playboy irlandés: Michael Farmer. Para mayores referencias, alcohólico, trincón y haragán. Una relación desastrosa de la que sólo quedó el tercer retoño, de la diva. Una niña a la que le puso, el nombre de Michelle. Dos años duró el paso del cantamañanas Made in Irlanda. Los problemas por los que estaba pasando Miss Swanson se agudizaban, pues, la llegada del cine sonoro: no terminaba de traer las mejores noticias para Doña Gloria. La estrella de Gloria Swanson comenzaba a menguar y a pasar al rincón de los humanos de parada de autobús y pateo diario, de cualquier lugar. Sometida al banquillo de las reliquias. A pesar de que su figura, como mito, jamás perdió vitalidad. Gloria adivinó que los nuevos procedimientos iban a implicar una revolución profunda, y se esforzó para estar a la altura de los tiempos. Estaba en la madurez de su temperamento artístico, en la cúspide de su arte, y no se podía resignar. Los chupatintas de la prensa señalaron que Swanson fue incapaz de superar el cambio tecnológico del cine mudo al sonoro. A pesar de las lecciones de declamación, trató de adaptarse a las nuevas condiciones de rodaje. Pero se ve que estos nuevos lameculos ignoraban que Gloria tenía una voz de soprano. Se renovó para dar lo mejor de ella en el nuevo medio sonoro. Solo que los sátrapas de los estudios de cine aprovecharon la coyuntura para contratar actores imberbes y jovencitas calenturientas, para desbancar a las verdaderas estrellas que triunfaban como deidades. Empero, su carrera entró en una fase de declive de la que ya no se recuperaría. “Indiscret”(1931) del gran Leo McCarey y “Perfect understanding” (1932) de Cyril Gardner fueron sus dos últimos trabajos importantes. Obviamente, el tiempo es algo tan enigmático y sensible; que a todos nos coge por el camino. Eso, que la física nos recuerda, a diario y que no para de subir, acaba en bajada libre: Gloria pasó del paraíso estratosférico al olvido del tedio ciudadano diario. Los mismos humanos que le rendían pleitesía a su paso, giraban la mirada a la acera de enfrente. Esos mismos humanos de cualquier avenida, los cuales, estamos sometidos a las leyes físicas. La caída libre se palpaba en el ambiente. Faltaba muy poco.














Ella, en el fondo, seguía creyendo que era la reina de África y un tótem de la vieja Babilonia. Se marcó un penúltimo matrimonio con un alcohólico de tres al cuarto, William N. Davey. Un mal bicho que la dejó tirada —en un momento— donde el resquebrajamiento ya era una obviedad. Así de claro, compuesta y sin un céntimo, en la miseria más extrema imaginada. No obstante, como decía la difunta de mi madre: el dinero va y viene. Pues, la pequeña diva de estatura y enormes agallas, Gloria Swanson. Se obstinó en mantener el porte y el señorío, acabó trabajando de secretaria en una agencia de viajes y se involucró en el negocio de la moda para pequeños supermercados. Algo así, como la ropa del siglo XXI de un Lidl alemán. Otra de las grandes ocurrencias que se le pasaron por la cabeza fue cuando se mudó en 1938, a Nueva York e inició una empresa de inventos y patentes. Multiprises Corporation. Una pequeña empresa para rescatar a científicos e inventores judíos de toda Europa y llevarlos a los Estados Unidos. Sin embargo, le quedaba un as en la manga y ese iba a venir de la mano de un genio Made in Austria. El cineasta Billy Wilder en 1950, creo una de obras maestras del 7º Arte. Sunset Boulevard, fue la gran revancha de Gloria Swanson. Y nunca mejor dicho, la mejor candidata, que podía interpretarse a sí misma, a la vieja estrella del cine mudo encerrada, con sus recuerdos en una arcaica mansión de Sunset Boulevard. El equipo completó la narrativa de producción a finales de 1948. Después, de lo cual comenzaron a trabajar en el guion. Wilder contrató a Montgomery Clift para interpretar a Joe Gillis, pero la búsqueda de Norma Desmond resultó complicada. Mae West, Mary Pickford y Pola Negri rechazaron el papel. Fue entonces cuando Wilder recordó a Swanson. Llamó para preguntar si ella entraría para una prueba de pantalla. ¿Yo? ¿Una prueba? Me rebelé ", dijo más tarde. 'Nunca hice una prueba en mi vida... fui grosera con él. Dije para qué demonios me tienes que poner a prueba. ¿Quieres ver si todavía estoy viva, verdad? ¿O dudas que sea capaz de actuar? Al final Swanson cedió y realizó la prueba. "Cuando obtuvo el papel, quedó encantada", decía su hija Michelle. Wilder permaneció hipnotizado por la presencia de la pantalla de Swanson y se decidió a reescribir la historia para que Norma Desmond fuera el personaje central. Dijo Wilder. “Bueno, tenía una cara que no podía duplicarse... Sabía cómo actuar con gestos, algo difícil de enseñar”. En cuanto a Gloria Swanson, sabía que esta era una oportunidad de su vida. Ella dio una interpretación extremadamente atrevida y caminó, a través, de una línea muy fina. Era muy consciente de que su trabajo podría haber ser tildado de ridículo. Pero de todas las personas —que realmente creyeron en el proyecto— fue ella. Pensé que era un guion increíblemente atrevido, como nada que haya visto antes. Algunos encontraron el material demasiado radical. Aunque Wilder quería abrir la película con una escena en la morgue del condado de Los Ángeles en la que 36 cadáveres hablan sobre cómo murieron —la película está narrada por el difunto Joe Gillis— el director se vio obligado a desechar la secuencia tras los malos resultados con las audiencias de casting. Después de una proyección temprana para la industria del cine. En aquel verano de 1950, Louis B. Mayer le espetó: “¿Cómo cojones se atreve este joven, Wilder, a morder la mano, de quién lo alimenta?”. La respuesta de Wilder fue: “Soy el señor Wilder y Ud. se puede ir a la mierda”. Empero, fueron muchísimos los que reconocieron el crudo mensaje de aquella obra maestra; su advertencia de los peligros inherentes a la celebridad moderna. Durante esa misma tarde, cuando Wilder se enfrentó a Mayer. La actriz Barbara Stanwyck se acercó a Swanson llorando. Para arrodillarse ante ella y besar el dobladillo de su vestido, un gesto silencioso, que hablaba de su admiración por la valentía de su actuación y la autenticidad de la película.
















Wilder tuvo el talento, además, de enfrentarla a su antiguo amigo y director, Eric von Stroheim, en el papel de chófer y ex esposo de la vieja estrella del periodo dorado del mudo. De aquel choque de ambas personalidades, surgían un montón de chispas de recuerdos cómplices, y de algún modo, todo ello redundaba en el patetismo del film. Donde la diva Gloria Swanson estaba inmensa. Realmente, llegaba a estremecer y remover la conciencia de más de uno. Curiosamente, el público la aplaudió hasta el delirio, en su aparición en Broadway. Del mismo modo, que aplaudían sus films en la década de los 20.  Dándose un homenaje al interpretar una comedia de Ben Hecht y Charles Mac Arthur, Twentieth century. Aplaudían a la actriz, pero también al mito que no podía morir, a la historia del cine que se encarnaba en ella. La última aparición en el cine, fue en un film de la franquicia Aeropuerto (1975). Donde, concurrían, viejos y viejas conocidas de su tiempo. Al año siguiente, notó que Cupido volvía a llamar a su corazón y con 76 se casó con el periodista William Dufty (30 años menor que la superdiva), y sexto marido. Dufty co-escribió la biografía de ella. En un libro “Swanson on Swanson”. Dónde apostilló otra perla: “de mis maridos no guardó buenos recuerdos, los consumí como si fueran cigarrillos. He dado mucho más de mí a estas memorias, que a ninguno de mis matrimonios. Ya que de un libro, no te puedes divorciar”. El resto de sus días terminaron codeándose con lo mejor de la alta sociedad, norteamericana. Disfrutaron de los mismos gustos (devotos de la alimentación macrobiótica) y viajaron por el mundo como dos adolescentes. En su epitafio se podía leer un aséptico "Gloria May Josephine Swanson 1899-1983". No había sido su última voluntad. Pero las posibilidades eran mínimas. A ella le hubiese gustado dejar un epitafio, muy de su estilo. Tal como soltó, en una entrevista, la siguiente frase para la posteridad. "Pagó sus facturas. Esa es la historia de mi vida". Swanson murió en Nueva York el 4 de abril de 1983. Tenía 84 años. Muchas de sus propiedades fueron subastadas al mejor postor. Apenas les Dejó medio millón de dólares a sus tres hijos, después de haber derrochado la mayor parte de su fortuna. Desgraciadamente, nadie tiene dos vidas, ni le van a regalar otros 84 años extras, los años que los dioses le dejaron vivir como una reina de su época. Lo dicho, entró en el quirófano, contra su voluntad y le operaron de una aneurisma. Falleció el 4 de abril de 1983 en Nueva York. Los hagiógrafos periodísticos publicaron al fin el obituario que tenían redactado hacía 30 años, acerca de una mujer que escribió el vademécum del estrellato, el ícono “fashion” de Hollywood, pero que para su desgracia se adelantó a su tiempo. Multifacética y con muchos talentos, no es de extrañar que Gloria Swanson, a día de hoy, sea venerada en el mundo del cine y del más allá.







                            Dedicado a Antonio Mercero marzo 1936/mayo 2018 In Memoriam








Fotogramas adjuntados

Don´t Change your Husband Cecil B. DeMille  (1919)
Why Change your Wife Cecil B. DeMille (1920)
Under The Last The Shulamire by Sam Wood (1921)
My American Wife by Sam Wood (1922)
Gloria Swanson&your Husband Henri le Bailly  Marqués de la Falaise de la Coudrave (1926)
Indiscreet by Leo McCarey (1931)
Gloria Swanson&William Holden&Eric Von Stroheim in Sunset Boulevard (1950)
Sunset Boulevard by Billy Wilder (1950)








Bibliografía consultada y recomendada

Gloria Swanson (2013) The Ultimate Star by Stephen Michael Sherer Ed. Thomas Dunne Books
Swanson on Swanson (1981) by Gloria Swanson Ed. Pocket Books
Close-up on Sunset Boulevard: Billy Wilder, Norma Desmond, and the Dark Hollywood Dream by Sam Staggs (2002) Ed. St. Martin's Press








 
               

6 años después, el IBP, sigue enamorado de Hubert Selby Jr. y detesta a Mr.Like







Hace ya seis años, que me enrollé la manta al cuello y con la ayuda de la mejor persona del mundo, puse en marcha el Inquietante Bypass. Sepan que no soy muy de celebraciones, ni de escritura personal, ni de la autoayuda, batallitas de chaveas, y por supuesto, mi horrenda empatía social —in person—, que sólo he superado con psicoestimulantes, a lo largo de mi primer cuarto de siglo. Sin embargo, conseguí que mi vida fuera como yo quería: nada de deberle favores a nadie, ni compromisos fraternales. Puedo decir que he hecho lo que me ha salido de los huevos. Eso, sí. Sin dejar de lado mis obligaciones contractuales. Nunca he nombrado a mi familia porque no la tengo. A ver, si la tengo… ¡Demonios! ¿Quién no tiene familia, en este mundo? Aunque, haya sido tu esclavista o maltratador de turno. Una pena, pero claro ese estamento no se elige, se impone. De ahí, mi amor inconmensurable por el gran, Dickens. Me considero un engañado, a todos los efectos. Desde el salto de la placenta de mamá, hasta el lomo de la rana de S. Antonio. Pasando por el fórceps de un obstetra con Celtas emboquillado, pegado a sus amarillos labios, y bigotito falangista, en 1966. Hasta una reanimación cardiaca, debajo de un enrobinado grifo, que chorreaba gélida agua. Afortunadamente, hay algo que me hace feliz, me ha dado mucha felicidad y ha sido mi mejor compañía; el sexo, el dinero y las drogas. El dinero está ahí, no muy lejos. Si trabajas duro, tendrás tu recompensa. Yo he ganado dinero, como me lo he pulido. Una Minipipmer sin tope de voltaje. Y eso, no ha sido nada, comparado con el subterfugio de los jodidos daños colaterales. No. Sres. No conté con ello y de allí, mis malditas penurias. Nunca creí lo que me pasó hace ocho años y menos aún, como me puede estar pasando a mí. ¡Joder! Todavía, sigo sin creérmelo… La putada es que no puedo, ganar dinero como antes. No puedo entrar al campo de juego. He de resignarme, a la realidad, y ese escenario, donde lo vital es apestosamente terrorífico. Sólo quieres desaparecer. A ver, que no me vean en estas últimas letras, escorzos de lloriqueo o moquear. No me quejo, no me gusta el postureo de la lamentación. ¡Cojones! Ahora no puedo ganarme la vida con mis manos. Ya, que sí, que lo sé. Lo entiendo. Síí, medio mundo se muere de hambre para que los acomodados europeos occidentales den la murga. Como estoy de aniversario, se joden y la aguantan. Me crie en un barrio, donde la gente madrugaba mucho para ir a trabajar y las madres hacían cola en el Mercado Central para traer un poco de morralla a la cocina. Un lugar, donde existía un respeto hacía, la edad. Los gerontes tenían galones y sabían de la vida; se les admiraba. En la calle, los colegas estaban a medio camino entre el mundo quinqui, la heroína, la cárcel y la movida: Una estafa de Tierno Galván, pero era tan cool que comparado, con la acera de enfrente, pues hasta tenía su puntito. En el fondo, un hombre sabio, viejo y muy tierno. Dentro de ese colectivo, de ancianos mayores, estaban los que habían tenido sus problemillas con la ley. Es decir, entre ladrones, los códigos existen. Y al abuelo más gamberro, se le respetaba. Bueno, iba a Roma, con su pliego al Papá. Yo era un estudiante modélico de unas notas magníficas, hasta que dejé de serlo. Tenía mucha suerte, con lo del estudio, pues no estudiaba nada y me acordaba de todas las frases, los versos, las formulas matemáticas y las figuras literarias. En esos escasos segundos que, había leído el libro de turno, me colgaba otro notazo en el examen. Hasta que la memoria se empieza a marchar. Se escapa como el confeti de una noche de fin de año. El otro día mirando mi colección de cajas vintage de los mejores Maltas, me di cuenta que la de Bowmore, tenía unas anotaciones, donde se leía títulos universitarios e idiomas. La abrí y me quedé exhausto. No me lo podía creer, tendría que pasarme un día entero para introducirlos en una base de datos.  Mi casa está llena de libros, casi todos comprados en librerías de lance, rastros u ofertas de saldos. Siempre pensé que con una licenciatura, o dos, la gente te abriría una puerta y te miraría mejor, esgrimiendo debajo del brazo un título firmado por el gangoso matadumbos Borbón.














Yo crecí en un tiempo y un barrio, donde las familias eran tan pobres que le decían al vecino; mi hijo es abogado, eh! Claro, que tiene su lógica. Aquellas personas nunca pudieron leer ni un solo libro. En el fondo, es una gran estafa, lo del título de matadumbos. Todavía recuerdo el día que llegué a la universidad —uno estaba encantado— menuda breva. Trajeado como Patrick Bateman. Olía a Ferragamo y pisaba con fuerza mis Clarks. Un 127 Fura, en la puerta y un montón de nenas “Ñan”, que me miraban. No había muchos tíos de 25, todavía quedaba un mes para los 26. Ah!, aquel aspecto aniñado y guapín que daba propinas al camarero del bar de la facultad y pagaba las copas de criaturas que, llevaban la mochila del Corte Inglés pagada, con los Valecortys, de sus viejos. Era el puto amo. Y batí un record. Menuda máquina: trabajando y estudiando 5 años seguidos: me licencié, con tesina y una tesis doctoral que no quise leer, porque la quemé, tras una noche de farra hasta el amanecer. La quemé en un descampado con una botella de Jameson en la mano. Borracho como una cuba, reía y reía delante del fuego. ¡A la mierda! La cuestión es que no paraba, también compaginé un Máster de dirección de cine, guion y producción, que por cierto lo organizaba gente del ESCAC y una universidad palmera que pone la mano. No recuerdo bien, el nombre, hay tantas, como setas. Sí, esos bolos que se montan algunos de los que tan efusivamente, y a día de hoy, pintan canas por las redes sociales con sus retoños. Como Amancios, en su cumpleaños. ¡Qué tal chico, cómo estás...! Y se exhiben, Ahora, cuando, lo ven a uno, dócil y viejo. Desconchado, por las cicatrices de los quirófanos y convertido en un ser sin vida por el dolor. Todo el mundo siente pena y esa lastima por el descalabro. ¡Grande Wilder, a patadas por las escaleras! ¡Qué lejos quedan las promesas envueltas en oro y lentejuelas! A ver, un segundo, que tengo que tomarme una cápsula de morfina y un zumo. Sigamos, ¿por dónde iba? ¡Ah, sí, ya recuerdo! Un par de años antes de entrar en la facultad, comenzó mi primer gran intriga por el cine. Sí, aquello fue un escándalo, de cojones. Al lado de la pija, más guay del sagrado corazón púrpura redentor, no soy muy devoto. Será porque pude elegir entre ética y religión. Poca diferencia, la maldad las separa seis grados, en el limbo. Ahí, comencé otra estafa relacionada con el cine, donde aparecían gentecillas de la divina cultura de esta villa fallera. Desde gente que ganó un Goya, pidiéndome una correa, pues se le caían los pantalones. Ahora, el cabrón agarrado como un chinche; no se pintaba una línea de la papelina que llevaba en el bolsillo. Cosas de aristócratas antisistema. Estaba fuera de órbita. Desde que tuve que aguantar una noche, a ese hijo de la gran puta borrachín, de Córdoba. En el rodaje de un cortometraje, me ponen de nani de guardería en el café de la Infanta. Menudo elemento. Por cierto, con la ley actual ¿Se le podría aplicar los cargos de acoso y violencia de género? ¿O lo acosar, a un tío no es acoso? Creo que los The Goya Corporation, me señalaron de por vida. Ahora, la vida da muchas vueltas y entré en un bombo de la champions league. Donde, yo terminé metiéndole el mejor gol, de mi vida, a todos estos niñatos de Papuchi y Mamuchi. Como lo de escribir, no se me daba mal. Alguien, a quien  le tengo un gran respeto dijo; lo haces un rato bien, criatura. Hay gente que te mira con buenos ojos. Ahora, es el presidente de mi club de fans del IBP. No todo va a ser hulla de Ponferrada. Habrá gente que les joda escucharlo y otros se la sudará. Luego, están los que lo dicen todo con la boca pequeña y los ojos ensangrentados. Lo siento, pero no tengo la culpa de escribir y follar como los ángeles de la Capilla Sixtina. Los ángeles follan, y no es mentira, hasta Versace lo dijo, antes de ser asesinado.












La cuestión es que escribí un guion. Aquel guion era para un formato televisivo de concurso. Tuve una idea cojonuda y la cosa, como el que no quiere, fue un pelotazo. El episodio piloto hizo un gran share. Algo que yo detestaba. La cuestión; es que la productora —que gestionaba el programa— no quería que yo tuviera la autoría y el copyright de aquel sarao. Y dije: Puta madre! Nos fuimos a pleito. Como me la traía floja aquel mundo, de chilicuatres, del postureo digital. Accedí a negociar en una habitación, una suculenta compensación económica. Así como la entrega de todos los derechos de autor. Se lo quedaron y felices con unas perdices los perdí de vista. Querían darme la mano o besarme el culo… Yo solo quería marcharme lejos… Ese guion es la idea original de un programa que —a día de hoy— se emite en más de 50 países. No me quejo, eso sí. Mi picapleitos que es una de las personas, a las que más quiero, junto con mi asesor fiscal. Me dijo que estaba loco de atar. ¿Por qué vender algo que lleva 20 años siendo la gran mazorca de la TVs? Te lo dicho mil veces, Isidro:—No me gustaba, esa mierda. Yo quería hacer cine. Irme lejos de este puto país, cuando se muere mi madre. ¿Inoportuna? Puede. La vida y fatalidad, separadas por un instante muy efímero. Una tragedia más, que metes en tu mochila, y se carga con ella. Fue un época convulsa y compleja. El dinero se consumía. De repente, cogí el teléfono. Al otro lado, del hilo telefónico, el depredador de Isidro. Él sabía lo de mi madre y con lo que ganó de la comisión del affaire del guion. Nunca ha dejado de llamarme y preguntar por mi vida. No obstante, Isidro, me llamaba para decirme algo muy jugoso:— ¿Oye, Jon, si no quieres ser guionista famoso, podrías trabajar como escritor negro…?—Ah, pues, tío. Tiene buena pinta. Va a ser que sí. Me consiguió un contacto con una agencia que necesitaba un escritor con estilo y oficio, para ser Ghostwriter. Así, hasta llegar a la edad, de todas mis desgracias, 43 años. La edad de mi eterno amigo Tony Soprano. No lo puedo evitar, pero lo echo mucho de menos. ¿Ven por qué sigo mustio y muy jodido? Lógico.¿No creen que podría estar ganando un pastuki? Luego, está lo de esta chica, rubia, que manda en Madrid y al parecer quiso hacer un Máster, como el sujeto, Blasito. A ver, se acuerdan de la botella de Malta de Bowmore, claro que sí, con lo bueno que está. Da la casualidad, que como no había tenido bastante con la arqueología, la prehistoria, el cine, los putos guiones y el mundo negro. También hice un Máster de Periodismo y estaba en la cadena de los curas de becario. Tenía muchos tacos y la gente me llamaba el becario científico, por lo de los espolones. Los chavalitos pagaban un pastón como la Cifuentes (perdón, ella no) para hacerlo y poder hacer prácticas gratis. ¡Hay que joderse! Venga, ya! Investiguen las universidades que son cómplices de esta mierda. Les gusta el dinero, tanto como a servidor. En ese Máster conocí a Blasito, que sin tener la licenciatura de Periodismo, acabó siendo un tipo muy importante en la consejería de cultura de fallerolandya.












No digo, sus apellidos y demás, porque esto lo tendría que hacer los de la prensa levantina. No confundir con los cachas. Y ya saben, que el dinero, es esencial para mí. Luego, no tengo ganas de joderle la vida a ese cabrón, al cual le hice hasta el trabajo de fin de Máster y tropecientas mil asignaturas. Bueno, dejémonos del puto Blasito y vean cómo se las gastaban, en la capilla del micro de los curas. Llego allí y me dan un plumero y una caja de folios. ¡A la fotocopiadora, campeón y nos traes dos aguas con gas! Pasaban los minutos y a las dos horas, aparece una chica con cara de angustiada. Me dice:—Oye, chico, que te llaman del estudio central. Allí, que voy yo. Mi voz, al igual que mi entrepierna; suena muy viril y sexy. La cosa como el que no quiere, se mascaba en el ambiente, apuntaba mal pálpito. Aquel corral tenía un gallo grande y viejo, al que mi intervención —“in live”— lo hizo polvo cuando entré en antena. Y se las ingenio, para decirles a los de la dirección del máster; que no era la persona indicada para trabajar en radio. Yo antes de marcharme le espeté: ¡Ud. es un envidioso! Lo lleva en la cara. “Arrieros somos, y en el camino, nos encontraremos.” Me marché muy enfadado, enfadadísimo. Supe con los años que, al payo, le dio un infarto, como el que me dio a mí, de los masivos. Realmente, muy jodidos y letales. Empero, él se murió. Lo siento, yo no le deseaba la muerte. Ni se la deseo a nadie. Sólo un par de hostias públicas o unas disculpas… Ahora hay un Máster de radio con su nombre y una placa. Los niños y las niñas bien que estudian periodismo en la privada pagan por hacer prácticas en la silla del rey de la radio fallera. Como diría mi amado Hubert SelbyJr. He tenido una vida realmente, muy literaria. En 2002, Selby entregó a la imprenta su último trabajo, porque ya no tenía vida pública. Atado a un tubo de oxígeno, había dejado de dar clase y padecía una terrible depresión. El bueno de Selby murió en abril de 2004 por la jodida necrosis pulmonar crónica, que soportaba, desde sus tiempos mozos en la marina. Curiosamente, Hubert rechazó la morfina durante sus últimos días de hálito. ¿Entienden porque me gustaría escribir como Hubert Selby Jr? No hay escritores como él, ni los hacen ni se fabrican. Es muy difícil ver algo tan sui generis, como aquel genio. Recordaré aquella reseña que escribió para L.A. Weekly: “Lo extraño, en realidad, es que todavía estoy vivo, y que periódicamente puedo publicar un libro. Creo que tiene que ver con aquella sentencia de muerte que me dio el médico cuando era joven. Que se vaya a la mierda, pensé entonces. Nadie me dice lo que tengo que hacer”. Durante estos 6 años, el IBP, en realidad se le debe al coraje de una mujer extraordinaria, que me empuja a ponerme delante del ordenador. Aunque, sea en una silla de ruedas. —Escribe, Jon. —No cielo, yo no soy escritor. Para ser escritor se necesita el arte de la disciplina y la técnica. Y yo nunca he sido disciplinado, aunque tenga mucha técnica. Está claro que soy una causa perdida. No tengo miedo a la muerte, sólo a no verte nunca más. Eso si que me da auténtico miedo. Aquí me he sentido libre y escribo cuando puedo, sin presión. Escribo de lo que quiero, siempre con el cine por delante. El dinero, nos da la libertad, para elegir ser muchas cosas. Lo peor, es tenerlo y no tener salud. Es obvio, cuando no tienes un céntimo no haces la declaración de la renta. Por cierto, no le den un like, al post. Pues, me importa un pimiento, Mr. Like. Y todos sus negocios de venta de datos; cuando cagamos, follamos, nos cepillamos los dientes o nos vamos de vacaciones. ¡Qué le den a Mr.Pulgar! Empero, si les ha gustado mucho, tendré que seguir escribiendo hasta que me encuentre en un bar muy canalla con el karma de Selby Jr. Palabra de cardiopata.








                                    Dedicado a Steven Bochco diciembre 1943/abril 2018 In Memoriam





Fotogramas adjuntados


Hubert Selby Jr: It/ll Be Better Tomorrow (2005) by Michael W. Dean& Kenneth Shiffrin
The Big White (2005) by Mark Mylod
Man of a Thousand Faces (1957) by Joseph Pevney
I love You Phillip Morris (2009) by Glenn Ficarra& John Requa








               

Amul Kapoor, el slumdong que soñaba con Bollywood







Amul Kappor es un chaval de 10 años que sobrevive en Dharavi, el barrio más grande y pobre del Indostán. Cerca 175.000 hectáreas de tierras pantanosas viscosas y pegadizas, pises por donde pises. A unos cuantos kilómetros, de las zonas turísticas de la ciudad, dirección norte se atisba el paraje. Un caos de desagües abiertos, chozas con techos de estaño y callejuelas con forma de flaquísimos pasadizos zigzagueantes. En uno de esos chavolos viven lo que queda de la familia Kapoor. Falak, el padre, un hombre de 39 años, con aspecto de cincuentón y típico mostacho con una mirada en la nada. Sus hermosos ojos negros brillan de sufrimiento e impotencia. Todos los días, comienza el mismo ritual —al lado de su hijo— en ese mar de basura y suciedad. Dos más, de ese millón de personas, que trabajan como esclavos para sobrevivir. Pues, no saben ni conocen, eso del placer de los occidentales humanos: disfrutar la vida. Aquí la vida es así. En el barrio, de los llamados Slumdong (perros rabiosos) —apodo, que  detestan— pero que terminan aceptando, en un nuevo arrebato de resignación impuesta por el feroz capitalismo que se respira en la megapolis de Mumbai. La metrópoli de Dharavi es el destino de los últimos desahuciados de verdad del planeta y no esos pobrecitos enojados occidentales con cámaras digitales y truños de Mediaset. Hoy es un día de julio, infernal, la temperatura marca más de 45 grados. Esta semana se convertirá en la auténtica fragua de vulcano. A ello, le sumamos, la maldita humedad y el fango que envuelve a Falak y el pequeño Amul. Unas caras que parecen de cartón piedra espolvoreada de ceniza hasta la cejas. Pasa el día hasta que el sol se marcha. Los días son calcados hasta llegar al chamizo y poder beber algo de agua que supura del colector principal de la ciudad. Un lugar tan extraño, surrealista y trastornado como los miles de intocables musulmanes, tamiles, bengalíes y toda la jarcia de representantes de la India pluricultural que desde la esplendorosa Mumbay, en los parqués de los barrios, chic juegan al Cricket y ríen en 4K. Hasta el espítico Danny Boyle hizo su gran película que lo beatificó a los altares del séptimo arte. ¡Qué más da, si todo sigue igual después de su paso, por aquel dantesco lugar! Dharavi es una puta ratonera, donde los humanos pelean contra los roedores por un chusco de pan; que llevarse al estómago. Una zona donde la pobreza es patética y la climatología malvada. Inundaciones que cuando llegan les dejan sin ningún harapo. Aquella fértil marisma de finales del S.XIX —hoy un mar de lodo y miseria, tras consecutivos cataclismos medioambientales— lo habitaban pescadores Koli, los cuales, terminaron abandonando lo que en un tiempo fue un lugar lleno de vida fluvial. Ahora es la tierra de todos esos parias que sueñan con ser protagonistas del utópico Bollywood Made in India. Películas que ven—Falak y Amul— en el móvil, descargadas destrangis, soñando con ese día, en el que Amul se convierta en un bello galán bailarín. Empero, últimamente, el trabajo cuesta sacarlo adelante. Además, esta metrópolis de la cochambre funciona sin dinero (verdad a medias, gran mentira) pero también sabe cómo manejarlo. Y evidentemente, un buen fajo de billetes puede ser la salvación para salir de ese atolladero. Su padre está muerto de cansancio y hambre. No puede alimentar a su pequeño, Amul. De lo poco que tenemos hay, apenas para uno. Fuera de mi ventana, oigo que la puerta del cubil se abre y se cierra por la noche. Su cabeza cabila, no deja de pensar lo mal que lo paso ayer, cuando Amul casi se ahogó en el río. Él, no está fuerte porque no come. Todo lo que tiene son unos putos garbanzos podridos y una bolsa con cuatro lentejas. Su estómago está hinchado. Falak se haya en un estado de desesperación inquietante. No por ello deja de observar el Hotel Kuthoop, que es un chamizo con somieres de cuerdas rotas. Donde se acercan a media noche, unas mujeres muy elegantes y con maletines de colores. Su curiosidad, le lleva a preguntar a un amigo del barrio (el dueño del locutorio Balum): ¿Quiénes son las chicas que pululan por el Kuthoop?—No lo sé, Falak. Aquí ya sabes que todos nos dedicamos a la misma mierda; el plástico. No obstante, habla con el recepcionista, a ver por dónde te sale… Falak se presenta en la puerta del hotel y le entra directamente al supuesto recepcionista, que lee en su móvil y se refresca con un viejo y destartalado ventilador.—Oye, sabes quienes son esas mujeres tan guapas. —Yo, no lo sé. Pagan y adelante. Falak hace una mueca, como si fuera de farol en el póker… Pone un billete de 20 rupias en el mostrador y el tipo sonríe —De verdad, qué no te suenan de nada?—Hace mucho calor y uno esta despistado. Falak deja otro billete de 10 rupias.—Yo creo que hace mejor temperatura aquí el mostrador que en la calle—Sí, amigo. La verdad que esto chorrito de aire hace que uno respire mejor… (Sonríe con cara de avaricioso) Falak, insiste.—¿Quiénes son esas chicas tan majas?—enfermeras.—¿Enfermeras?













Qué curioso ver enfermeras por este noble barrio—El recepcionista esboza una carcajada—Sí, si. Amigo. Este es un lugar con clase. ¿Y qué hacen a estas horas?—No tengo ni idea, pero te puedo dar un número de teléfono y llamas, a ver que te dicen... Es algo muy interesante pero tienes que hablar con el que está detrás de ese móvil. Falak ciñe el rostro y resopla—Pregunto por alguien. —No hace falta, pero como has sido una persona muy atenta, puedes decirle, que vas de parte de Babar. Falak, se lleva el papel, donde le ha apuntado el número de teléfono y se marcha. Babar le espeta:—Buenas noches, amigo. Falak levanta el brazo con desgana mientras su espectro sombrío se pierde por los pasadizos del sitio. De vuelta a su cubil. Cuando llega al chabolo se queda observando a su hijo y mira el número que le apuntado el recepcionista. La noche ha sido soporífera y el alba está a 32 grados. Comienza la rutina de un nuevo día en la jungla de plástico de Dharavi. A recoger todos los envases de polivinilo que se encuentren y trabajar en el batán del jabón. Amul sigue medio hipóxico y deshidratado. Su padre le da de beber de una botella rellenada de los colectores. Y le echa un poco por la frente y la nuca. Falak es un hombre desesperado. Hasta que decide retirarse de la jabonera y cambiar el plástico por un poco de arroz, unas naranjas y algo de pan. Tiene que sacar fuerzas y arrestos de dónde sea. Amul, es su única razón de vivir. Finalmente, la naranja y el pan parecen subir el azúcar a los órganos vitales de su hijo. Incluso sonreír.—Estás mejor hijo?—Sí, padre. Me encuentro mejor. —Bien, quédate aquí descansando que yo vendré en una hora.—Pero, padre, ya puedo ir con Ud. y trabajar.—No, Amul, hoy descansaremos los dos.—Cómo Ud. diga padre. Falak se marcha, al locutorio, donde está su amigo, Balun. Éste, le comenta, que tal le fue en el hotel y Falak, le cuenta lo que le dijo el recepcionista; Babar. Balun—No sé, Falak, pero a mí me da que la gente está vendiendo riñones—¿Riñones? —Sí, amigo. Riñones. Una prima mía que trabajaba en el Cairo, la tenían esclavizada y la única forma de salir de allí era dando un riñón. Así consiguió el pasaporte y 200 dólares, volvió a Mumbai y trabaja de camarera en el Sheraton. Eso, sí. Ha envejecido mucho y toma un montón de medicamentos…—Entonces, está claro que las enfermeras llevaban en esas maletas riñones… ¿No?—Riñones u ojos, incluso un hígado. Somos material reciclable como este terrorífico sitio, donde vivimos. Falak mira al cielo y le dice a Balun. Mira, amigo, no sé cómo va a salir esto. Pero si a mí, me pasa algo, encárgate de que Amul pueda salir de este lodazal. Balun pone una cara muy tensa y asustada (demasiado teatral)—Falak, piénsate bien lo que vayas a hacer. Ya lo hemos hablado todo. Falak llama al número de teléfono desde un chamizo donde canjean llamadas por plástico o jabón. Le dan un viejo Nokia de 2001 color rojo, a manchurrones y llama—Diga…—Llamaba para hablar con alguien—Muy bien. ¿Quién te ha dado este número?—Babar el recepcionista.—Perfecto. Tienes que venir al hostal pero por la hilera trasera del sitio. A las 20,00h. Falak vuelve a su pequeño antro a ver a su hijo. Allí está viendo una película en un pequeño televisor reciclado de la basura de una superestrella de Bollywood. Está fascinado con ella. Amul, ¿Cómo estamos? —Baja el volumen y rápidamente, contesta—Muy bien, padre. Ya estoy mejor. Con ganas de trabajar y hacer lo que Ud. Me diga. Bien, hijo. Mira, yo esta tarde/noche he de hacer unas cosas. Tú quédate aquí. Y no te preocupes por nada. Cuando tengas sueño, te acuestas. Falak le da un fuerte abrazo y un beso.                


                               20h PM En el pasadizo de la puerta trasera del Hotel Kuthoop


Falak apretaba las manos, se las frotaba y se las pasaba por la cara. Todo era un puro ejercicio de nerviosismo, mientras esperaba al hombre del teléfono. De repente, apareció un chaval, no mucho mayor que su hijo y le pregunto:—Es Ud. Falak?—Sorprendido y extrañado por el desparpajo del chaval. Nuestro atemorizado Falak hizo un movimiento de cabeza afirmativo. El chaval le invitó a que le siguiera. Aquella criatura se desenvolvía con la rapidez de un joven galgo y sorteaba los obstáculos. Vamos! Rápido Sr. ya queda menos. Falak entre el sobresalto y la ansiedad de una noche más agradable, en aquel basurero de los pasadizos de Darhavi, invitaba a inhalar los más pestilentes efluvios del maldito infierno. Llegando a uno de los ensanches del final del mastodóntico barrio, se acercaban a una zona donde la tierra se mostraba más firme y la noche se tornaba más oscura.












Falak, le preguntó al chaval,—Cómo te llamas? No le contestó. Sólo le dijo, Adiós! Sr. Y a los tres minutos aparece un monovolumen SsangYong muy nuevo. Se abre la puerta corredera, dando el golpe del torno picaporte. La puerta de al lado del conductor también y baja un tipo de rasgos chinos. Le invita a que suba al vehículo. Falak se dirige al vehículo y entra. Allí está sentado, un individuo calvo con aspecto arábico. Le saluda, dándole las buenas noches. —Hola, Sr. Falak. Yo soy el hombre del teléfono. Siento mucho el trayecto que ha hecho hasta llegar a mí, pero como bien sabrá… Nosotros no podemos entrar con el monovolumen hasta la puerta del hotel. Falak observa que al lado del personaje hay una mujer muy atractiva con rasgos occidentales. Detrás un joven hombre con semblante egipcio y dos bellas mujeres hindús. Piensa, y se dice a sí mismo, son las enfermeras de las que hablé con Babar. Ahí, sentadas muy elegantes y discretas en la densa oscuridad del confort del cuero baccara de los asientos.—Bien, ¿qué quiere Ud? Sr. Falak. —Falak Kapoor. Deduzco que parece un hombre sensato e intuitivo. Falak, le espeta: buenas noches, Sr…—Dejémoslo en el Sr. Alfa. Pues, sí. Creo que Uds. necesitan algo que yo tengo y Uds tienen algo que necesito.—Sonríe el trajeado con gesto de Emir. Sí. Así, es.—Miren yo necesito dinero, ya. Quiero marcharme de este lugar y que mi hijo pueda tener un futuro en la city de Mumbai.—¿Cuantos años tiene su hijo?—Molesto, Falak. Le dice: 10.—Evidentemente, mucho por recorrer y ver. Respiro hondo el Sr. Alpha y le propuso lo siguiente. Yo compro órganos—especialmente— riñones. Ya que todo ser humano con buena salud tiene dos. Con un riñón se puede vivir y otra persona puede también estar en este mundo. Falak con la mirada fija, en los ojos del arábico.— ¿Cuanto vale un riñón para Ud? Yo no sé lo que vale un riñón! —Tornó un gesto de enfado. Yo sí que le puedo decir que a la gente, la cual, represento: lo que pagan por un riñón sano. Es decir, a cualquier persona de este país.—¿Cuánto? Algo cínico. 200.000 rupias. —Cerró los ojos y le vino la imagen de su hijo.—Sí. Adelante. Bien, aquí tienes las condiciones del contrato y tus obligaciones.—¿Obligaciones…?—Sí, una pequeña analítica para ver que estás bien y el test de compatibilidad inmunitaria. Una vez salgas del quirófano pasarás 5 días en la cama y después, si te encuentras bien te marcharás, con 200.000 rupias, Eso es todo.—¿Tienes alguna pregunta?—¿Son buenos cirujanos quienes harán esta intervención?—Por supuesto, trabajamos con los mejores medios humanos y técnicos. Ya verás la clínica y lo dicho, todo será muy rápido. Ahora, ponte cómodo en el auto y nos vemos en el chequeo. Una de las hermosas enfermeras le dio una pastilla y Falak cayó en un profundo sueño. Cuando despertó estaba en una habitación, tumbado en una cama enrobinada y con unas esposas cogidas a su brazo derecho del cabecero. Vino una enfermera de aspecto occidental y le dio otra pastilla.



                                                                   Una semana más tarde en Darhavi       


El día levanta a la plásticopolis de la bulliciosa Mumbai. De nuevo el tórrido calor. Ni una brizna de aire que sople, para aliviar el rancio olor de los cuerpos sudorosos. Amur se levanta. Come algo de avena, un par de almendras y poco de leche agria. Antes de volver al tajo, mira en su teléfono la fotografía de su padre y besa el gif. Caminando primero a la jabonería y luego a por plástico para hacer utensilios que vender a los turistas. Está triste, porque su padre era todo lo que tenía. Su madre y sus dos hermanas murieron en los raíles del tren después del trágico accidente en 2007. De fondo se ven los nuevos rascacielos del capitalismo pujante de una de las metrópolis más importantes del mundo. La verdad que en este lugar hay algo de vieja película. Ese momento, de destino perdido en un país de salvajes contrastes donde la civilización no es más; que una caricia sobre arraigadas costumbres ancestrales. De algún modo, los zigzagueantes pasadizos es el corazón del hogar de Amul Kapool. Cuando al salir de la jabonería con una saca de trozos de sebillos reciclados. Le llama un hombre. ¿Amul? Eres el hijo de Falak Kapoor.—Sí, lo soy. ¿Sabes quién soy?—Ahora que lo recuerdo es Ud. Balun el dueño del locutorio del barrio.—Ese mismo, hijo. Mira Amul, tengo que decirte que tu padre está muy bien.—De verdad. ¿Dónde está?—No muy lejos. Pronto tendrás noticias de él—Sí. —Además, serán de su propia voz. Yo sólo quería darte una cosa que él me mandó al locutorio. Saca un sobre del pantalón salwar y se lo entrega.—Toma hijo, esto es para ti.—Gracias. Amul, se lo guarda en el interior de su bajo vientre. —Bueno, ya nos vemos con tu padre. Y hablaremos de cine y esos planes.













Me ha dicho, que eres un gran entendido (sonríe con una mueca hipócrita). Amul, gira la cara y alforza el cejo —Si necesitas, cualquier cosa… Bien, ya sabes dónde estoy.—Muchas gracias, Sr. Balun. Adiós, y suerte. Amul vuelve al chavolo. La jornada ha sido muy dura y después del encuentro con el personaje Balun; está alterado y angustiado. El hecho de pensar que su padre está vivo y que—supuestamente— se reunirá con él; crea un gran estado de excitación. Se sienta en el catre y saca el sobre que le ha entregado, el funesto Sr. Balun. Lo abre y se encuentra con 10.000 rupias. Rápidamente, coge los billetes y los esconde en un bote de plástico de paracetamol vacío. Amul tiene para cenar un poco de pollo seco y una pizca de arroz con medio vaso de zumo caducado, que ha conseguido a lo largo de la semana, en el trapicheo del barrio. Sin embargo no tiene mucha hambre. Se acuesta y vuelve a encender su escacharrado móvil; mira la foto de su padre y no puede evitar llorar. Pasa el tiempo y la ligera brisa que sopla estas últimas noches, apacigua un poco el bochorno irrespirable e invitan al descanso. Amanece un nuevo día en Daharavi.  Todo vuelve a ser como el montaje de una película de Fincher. La monotonía del movimiento: el aseo, en uno de los callejones, sigue la mecánica del desayuno. Igual que ayer, anteayer y antes de ese anteayer. Los días son idénticos en la fragua de plasticolandya de los parias de Mumbai. Amul vuelve a hacer su recorrido. Ahora se acerca para esperar la llegada de los turistas y vender algo de artesanía reciclada del polivinilo que recoge en el hiperbasurero. Vuelve a la jabonería y echa unas cuantas horas en el batán. Cuando va a recoger su ración de trozos de jabón, escucha un gran bullicio de gente. Hay muchos policías en medio de uno de los recovecos del barrio. No puede ver lo que ocurre. Hay demasiada gente amontonada viendo el suceso. Al final se escurre entre las piernas del personal y descubre un cadáver con una sábana entreabierta. Observa que tiene una gran cicatriz en el pecho y otras dos laterales. No tiene ojos y está completamente rígido. En su cara se observa un bigote muy característico. Entre la multitud, hay dos personajes, conocidos para Amur. Uno es Balun, con el que estuvo hablando ayer y le lisonjeaba con todos sus sueños. El mismo que el entregó las 10.000 rupias. Al lado de él estaba, Babar, el siniestro recepcionista del hotel Kuthoopp. Sigue observándolos y se da cuenta que ellos se dirigen juntos, a uno de los ondulados callejones del barrio. Amur está escondido entre los montones de basura del chiringuito de comida ambulante y escucha. Bueno, Balun, Falak está en el otro mundo.—Con cierta dosis de descaro. Éste le responde;— la vida, es dura amigo. Aquí tienes tu parte… ¿Quieres contarlo?—No está de menos. —sesenta, setenta, ochenta…, y noventa y cinco mil rupias. Es correcto. Amigo, Balun, encantado de trabajar contigo.—Igualmente, Babar. Ve con Dios. Adiós! Amur se queda completamente roto. Descolocado y cataléptico. Se siente el niño más tonto de todo Daharavi. Intenta caminar hacía el chamizo. Le tiemblan las piernas, cuando vuelve a ver a mucha gente en la puerta del chiringuito del marroquinero. Tiene un TV, donde habla el presentador más importante de los informativos y comenta lo siguiente: Hoy ha aparecido el cadáver de un hombre en el vertedero del barrio de Daharvi. Al parecer, el hombre estaba muerto desde hace 3 días. Le habían extirpado sus riñones, el páncreas, el hígado, el corazón y sus ojos. La jefatura criminal de Mumbai ha detenido a toda una red de mafiosos que estafaban a pobres hombres y mujeres honestas por cantidades de dinero que nunca llegaban a cobrar. Alguos de ellos residían en el mismísimo barrio. Tambien, se están llevando a cabo las tareas de identificación del cadáver, por si alguien de Daharavi, pudiera dar alguna pista del fallecido. El forense, sólo puede aseverar que era una hombre de aproximadamente unos 40 años. La investigación ha dado con la clínica Ganesh, en Bangalore, donde se llevaban a cabo. El jefe del servicio de cirugía plástica; el Dr. Mehta. Era el encargado de las operaciones de trasplantes junto a su equipo habitual de trabajo. El entramado llegaba hasta Israel, Turquía y Egipto, donde la gran demanda de gente potentada de Emiratos árabes eran sus clientes habituales. Incluso entre la frontera de la India y China, había una ruta de aprovisionamiento de órganos que vendían los campesinos que no tenía nada, con lo que sacar adelante, a sus familias. Bien, y ahora, otras noticias. Es viernes y hablamos del estreno de una de las grandes películas de este año “Toilet” Ek Prem Katha (2017) con la superestrella de nuestro cine Akshay Kumar. Les dejamos con la entrevista para nuestro canal Doordarshan TV. Amul Kapoor se marcha hacia su chamizo, completamente destrozado y envuelto en lágrimas. Mañana sale el sol, en el infierno de Daharavi.



                               


                                                                                     FIN









                       Dedicado a Jorge Wagensberg diciembre 1948/marzo 2018 In Memoriam






Fotogramas adjuntados

Apajarito (1956) by Satyajit Ray
Negocios Ocultos (2002) by Stephen Frears
Mahanagar (1963) by Satyajit Ray
Traficantes de órganos humanos (2012) by John Gabito Angel