Alberto y Rai en el parque. Invierno Vol.1





En el banco del parque, un viento frío pasa cortando la cara de Alberto y se estremece. Su mejor amigo, Raimundo, está sentado junto a él. Dándole a la lengua hasta convertirla en un singular nudo. Hablando una y otra vez sobre su novia o su ex, algo que tiene que ver con las mujeres, algo, que un vez más a Alberto le importa un rábano. Lo único que tiene en mente es su chaqueta. Cómo está sentada en el respaldo de su silla en casa, inútil. Desearía haberla traído para mantenerme caliente y protegerme del jodido frío.

—Y luego tiene el morro de decirme que limpie la puta casa. ¡Son todas sus cosas las que están por todos los rincones de ella! (Ray, así le gusta que le llamemos y escribir su diminutivo con Y griega, se queja malogradamente).

—Es que manda huevos. Esto es ridículo. —Alberto niega con la cabeza. 

—¡Sí, y eso fue después de que trabajé trece horas porque estábamos escasos de personal. Estaba tan cansado. Yo estaba no sé cómo: ¡Trabajé todo el día y tengo que volver a casa contigo diciéndome que encima limpie tu mierda', y ella, me soltó: Guapín. Yo también trabajé ese día. Pero quiero decir que son sus cosas, todas mis cosas están guardadas. Joder! —Ray suspira y saca su teléfono celular.

"Ese es un hombre rudo". Alberto se pregunta si su chaqueta lo extraña tanto como él a ella (su jodida chaqueta de cuero).

Ray se anima cuando aparece un anuncio en su teléfono: —¿Has visto los trailers de la nueva peli de Spiderman? ¡Va a estar petado! Se supone que deben arreglar todas las cosas que se estropearon con los otros. Ya sabes, cómo el hombre araña hace sus propias telarañas y su primera novia es Gwen Stacy, se supone que se asemeja, mucho mejor, a la manera del cómic. ¡No puedo esperar para verla! Qué ganas, tío.





—No he visto ningún tráiler todavía, pero sí, estaría guay ir al estreno. Deberíamos ir a verla, en cuanto salga. —Los ojos de Alberto están dirigidos a su amigo, pero mira hacia la nada.

De repente, un hombre se sienta solo en el banco del parque, tiritando bajo el sol de media tarde. Está solo —a excepción— de una bolsa de basura negra, en el suelo, a su lado. A cierta distancia, tres niños están acurrucados juntos hablando entre ellos, mirándolo.

—¡Venga, te reto a que vayas a hablar con él!. Un chico de cabello castaño le dice a uno de sus amigos.

¡De ninguna manera, Julián! Se supone que no debemos hablar con extraños, ¡y él es realmente extraño! ¡Como un perro doble realmente superdotado! El chico de cabello rubio le responde sacudiendo vigorosamente la cabeza.

¡Vamos, Jaime! Julián le anima. No serás un gato asustadizo ¿verdad, que no?

La chica habla...¡Julián, deja a Jaime en paz! No debería ir a hablar con él, no lo conocemos y está hablando solo allí. Le oí decir algo sobre Spiderman; que es un verdadero trepador.

¿Tú también le tienes miedo, Carla? Una sonrisa arrogante cruza el rostro de Julián. —No soy un gato asustadizo; Iré a hablar con él. —Julián se aleja de sus amigos con la cabeza en alto.

—Cuidado, deberíamos detenerlo. Está siendo un estúpido idiota. ¿Y si ese tipo mete a Julián en su bolso y se va?— Jaime le dice en voz baja a Carla.

Está bien. Simplemente lo observaremos y correremos y le diremos a un adulto si sucede algo aterrador. —Carla lo tranquiliza mientras ven a su amigo alejarse.





Una pausa silenciosa había ocupado el lugar de su conversación, eso, sí, Ray la lo suyo: hablando. Alberto siguió mirando fijamente, la nada,  mientras su amigo jugueteaba con su teléfono.

—Oye, Alberto, un niño está caminando por aquí. Le dice en voz baja, su amigo mientras todavía juega con su teléfono.

Los ojos de Alberto vuelven a centrarse en su amigo y niega con la cabeza. Dando giros ostensibles —Ray, ¿cómo diablos ves cosas así cuando estás jugando con tu teléfono?

—En el noventa por ciento de los accidentes automovilísticos que involucran teléfonos celulares, ambas personas tienen mala visión periférica; esta es una práctica para mantenerse con vida. Sonríe un poco, pero nunca aparta los ojos ni los dedos de su teléfono.

Alberto niega con la cabeza, —¿sólo sus amigos?

Su conversación se queda en silencio, una vez más, esta vez en preparación para el chico de cabello oscuro. Alberto siente curiosidad por saber qué está tramando el chico. Sin embargo, sus ojos permanecen en su amigo, si de alguna manera puede evitarlo, no quiere hablar con este niño.

Desde su punto de vista, Julián empezó con mucha confianza. Pero cuando el hombre empezó a hablar consigo mismo y a negar con la cabeza de nuevo, pareció que el chico se desanimaba. Jaime comenzó a mirar hacia sus zapatos mientras se acercaba a él, como si la hierba se hubiera vuelto muy fascinante de repente.

El hombre miraba en silencio al vacío cuando Julián finalmente lo alcanzó.

“Hoool… él… ¿Oye señor?Julián tartamudeó.

La cabeza del hombre no se movió, sólo siguió mirando a los árboles en la distancia, —¿Qué coño?

—Hmm, mis amigos y yo estábamos, eh, preguntándonos. ¿Eh, pero qué cojones estás… Demonios, mirando? —Julián habló con valentía y curiosidad.

El hombre sonrió un poco, ¡Niño, estoy practicando ver las cosas con el rabillo del ojo, así no me meto en accidentes automovilísticos. Te he estado observando a ti y a tus amigos todo el tiempo que has estado por aquí!

Los ojos de Julián crecieron; "¡Mirándonos! ¡Voy a decirle a mi mamá, lo malo que es Ud! ¡Hará que la policía venga aquí y le atrape! Y con eso Julián comenzó a correr hacia sus amigos que lo miraban de lejos.

La cara del chico estaba roja y sin aliento cuando vuelve con sus dos amigos. Se encorva con las manos en las rodillas, mientras intenta recuperar un poco de aliento.

—Entonces, ¿quién es el gato asustadizo ahora? Huyendo de un tipo que ni siquiera te miraba. —Carla se burla.

—Nooo, Julián respira rápidamente, No, dijo, “Pum”, ha estado jadeando y mirándonos. Julián se endereza sobre sus rodillas. Sus ojos son grandes, de color avellana, y redondos como platos. Como si su tamaño más grande pudiera contener mayor cantidad de miedo en ellos.

—Julián, no intentes asustarnos". —Carla con severidad. No vamos a caer en la trampa.

—Sí, como esa vez que me dijiste que el baño estaba vivo y que le gustaba comer colillas. Todavía tengo pesadillas. No me voy a enamorar  de eso de nuevo. Jaime frunce el ceño ante este amigo.

—No chicos, resopla, ¿Realmente dijo eso? Otro, soplo y más. ¡Vamos a salir de aquí! Jaime suplica.

—Bien, vamos a jugar en otro lugar, pero solo porque este lugar es muy aburrido.No porque estés tratando de asustarnos. Carla se vuelve y comienza a caminar con Julián y Jaime tras ella.

Jaime no puede evitar mirar hacia atrás, hacia el hombre sentado en el banco del parque, riéndose para sí mismo. Probablemente tronchándose de Julián y de cómo sus amigos no le creyeron. Ese tipo es un loco.—Demasiado extraño...


Continuará...



                                  Dedicado a Alan Parker febrero1944/31 de julio 2020 In Memoriam




Fotogramas adjuntados


Les Quatre Cents Coups  1959 By François Truffaut 

Skam (2015) By Julian Andem 

The Last Picture (1971) By Peter Bogdanovich 

Le nouveau (2015)  By Rudi Rosenberg 






                                                           

La criada y la bestia



A veces se despierta en la oscuridad de la noche, envuelta en lágrimas, que brotan de sus mejillas mientras declara las manos que la traicionaron. Su habitación es tan silenciosa como el último día. Donde la luz plateada de la luna llega tenue, relativamente timorata, de un modo, que no termina de atreverse a entrar. La confusión se acumula rápidamente, rodeando sus pies descalzos, los cuales, se deslizan fuera de la cama. Las telas de araña adornadas de polvo se extienden desde el techo en largos y oscilantes picos de montañas invertidas. Las criadas, al igual que la luz de la luna, no se cruzan en su dormitorio, y ella está triste, en la más absoluta de las soledades. Flea Vandendorpe sigue atrapada como de costumbre, entre un mundo terrible y la congoja del siguiente, al que tampoco, ya no pertenece. Sus ojos la persiguen con tan solo un ápice de  traición. Si se vuelven para mirarla es porque el resto de criadas de la casa no se preocupan por ella, y sólo su amada prima muerta, le sonríe con calidez, llenando los rincones oscuros de su corazón con un destello de felicidad. En noches de selección, esperarán a que aparezca la luna llena más brillante del cielo. El hombre estará de pie junto a la ventana principal de su enorme casa con vistas a los aldeanos de abajo y ojos acechantes. Cualquiera de las criadas del patio que sea capaz de ver su verdadera naturaleza, será llevada arriba y declarada como su futura esposa.




La  hija de una criada más veterana afirmó orgullosamente entre la multitud que podía ver su verdadera condición, cuando en realidad no podía. La impotencia le llevó a intentar glorificar su supervivencia con una frase llena de frustración. Su prima fue llevada arriba, al torreón del hombre del castillo y declarada como la primera dama de la quinta generación de la familia. Dentro de un mes, ella estará casada con el hombre más rico de la comarca. Eso, creía.(Espetó, Flea). Dos días más tarde aparecieron cerca de la entrada del bosque: unas pocas entrañas de lo que era el cuerpo original de Drika Vandendorpe. Flea entró en pánico a enterarse que la fallecida era su prima carnal. Comenzó a gritar y sollozar:—viene a por mí. ¡Es, él! La bestia que acabó con Drika. Durante la quinta noche de selección, la única criatura que pudo ver la verdadera naturaleza del hombre era, de hecho, y lo fue: Flea. Debajo de la luna llena, ella observó perfectamente al demonio parado detrás de la sombra del señor de la fortaleza. Una sombra, más oscura, mucho más alta y de mayor envergadura. Invisible para la mayoría de los ojos, pero evidente para la bella y atormentada, Flea, que repetía una y otra vez:— El hombre está encadenado por el cuello a la mano izquierda del diablo.— No os podéis imaginar  lo nauseando que es su rostro. Mientras el resto de doncellas hacían como que no escuchaban o estaban a sus tareas.






Dos semanas más tarde

El lado de la cama está frío como un témpano. Dicen que se ha ido por un tiempo.—¿Quíen?— El Sr. De Haas, (cuchicheaba en voz baja, la cocinera). Quizás él nunca se unió a ella en absoluto. Se mira las manos de nuevo mientras se acerca pausadamente a la puerta, sus ojos atormentados se fijan en la suave banda dorada que la une al hombre que ama. El anillo de bodas vale más que todo lo que haya conocido, y se pregunta, como se siente predispuesta a hacerlo cada noche. El estado mental de Flea era más que evidente que se deterioraba día a día. Siguió haciéndose preguntas más allá de lo puramente cotidiano. ¿Por qué la había elegido a ella, la criada de la lavandería, con sus manos ásperas y su cara sencilla, sobre el resto de las damas y las hijas de los nobles que suplicaban por su mano? Era alguien a quien ella no tenía el derecho de tocar y de contemplar de todos modos. Arjen de Bruin era Barón de Haar. Dueño del castillo  y todo el bosque que bordeaba al mismo y la aldea. Ahora ella lleva a su hijo, está tan segura de que es un niño, pues, la mejor constancia de prueba que jamás podría permitirse: Era el hijo de la bestia. Sus manos acunan su matriz silenciosa. Por eso era mucho más odiada, repudiada y hostigada. De repente, sus pies salen de debajo de ella mientras cruza el rellano. Sus manos se apresuran a atrapar la balaustrada. Entre salpicaduras de escarcha y una rancia lluvia por las escaleras. Ella agarra la barandilla con más fuerza. Su corazón golpea lo suficientemente fuerte como para hacer eco en las paredes de la casa. Una vez que tiene su respiración bajo control, continúa bajando lentamente las escaleras, mirando con gesto acusador a los ojos huecos de una criada que la mira a través de las rejas. Quieren que pierda al niño. Piensan que las ha abandonado a la maldición, que no merece a su esposo más de lo que cualquier sirvienta debería merecer al hombre de la casa. Estaba cansada de ocultarlo; una vez que su amor vuelva a ella, ella lidiará el asunto con él. Cuando entra al comedor, lo encuentra frío y vacío, salvo por el retrato de su difunto suegro, colgado sobre la estéril chimenea. Sus ojos son tan amargos como la poca vida de la pintura del retrato y como lo habían sido en vida, las líneas severas y duras de su rostro se mostraban atrapadas.




Ella se arrodilla frente a su fantasma censor y no la pintura de un hombre muerto que hace mucho tiempo terminó en su tumba. Pasa las manos temblorosas por el mantel, sintiéndose segura con la sensación de la tela tejida debajo de las yemas de los dedos, ya que su padre había sido un gran tejedor, recuerda ella. Quizás haya vaho del nacimiento de la comodidad. La hoja caliente de un cuchillo perfora su piel. Ella retrocede, jadeando por la sorpresa. Su sangre mancha el mantel, un rojo brillante y tentador contra el blanco puro. Ahora está en la cama llena de sangre retorciéndose de dolor, entre unas sábanas empapadas de placenta. Vuelve al comedor y lentamente, agarra el cuchillo, observando su sangre brillar mientras lo gira a la luz del amanecer. Se da cuenta de su rostro y está igualmente paralizada por las manchas rojas en su rostro. Ella se ríe, antes de abandonar el instrumento de la muerte de regreso a su lugar en la mesa. Se escucha una voz aterradora.

¿Cuándo volverá tu esposo, querida?

—Ahhh!

—Es el demonio que mató a Drika

Sus pies la llevan a las cocinas, donde la sangre en el tallado le dice que habrá carne para cenar esta noche.—Cerdo, tal vez; huele a cerdo.—Cerdos, cerdas y cabrones… Las cocinas están tan vacías como el comedor, y con un suave suspiro, regresa por la habitación, evitando prudentemente la mancha carmesí que se extiende por el suelo. La criada todavía está allí cuando sus pies golpean las escaleras; unos ojos blancos y grises fijados delante de ella, envueltos en vergüenza por lo que ha hecho. También ella debería ser más contundente. Pero el miedo la paraliza. No se puede perdonar a los que deliberadamente dañan a otros. Especialmente aquellos que habían sido sus amigos. Caso de su prima y su familia durante las arduas horas en el lavadero. Ella olfatea una —y otra vez— cuando pasa el ánima. A la espera de su esposo, en un regreso redentor, que la retire sólo para salvarla del dolor y la tentación de hacerlo ella misma. No hay sonidos en el zaguán, y ella asume que la dueña de la casa duerme. Eso cree. No puede soportar ver su ceño fruncido, o sentir sus palabras rozar su piel. Cuando amanezca, su amor volverá a estar a su lado y la vida tal vez, vuelva a continuar, como aquellos lindos días de principio de noviazgo. Puede que sí o puede que no. Desgraciadamente los cerdos se comen todo lo que les eches. El tiempo cura o condena todas las heridas.

 

                                                                         FIN



            Dedicado a Carl Reiner marzo de 1922/ junio 2020  In Memoriam 


Fotogramas adjuntados 


Der Dibuk (The Dybbuk) (1937) By Michal Waszynski 

Rosemary´s Baby (1968) by Roman Polanski

One Step Beyond: The Bride Possessed (TV) (1959) By John Newland

The Evil (1981) By Sam Raimi 





El abuelo Eufrasio y el lunático de Karmelo Tirapu






Siempre recordaré la vida como era en 1987. Desde mi ventana, las noches hermosas, de luna llena iluminando el descorchado asfalto. Todos los días contemplo desde ella el latir de aquel barrio. Un lugar en medio del centro, donde la clase media siempre fue media. La clase media alta, lo mismo y la clase media baja se descolgaba un kilómetro fuera del distrito. Ellos siempre habían sido medios, como nosotros hasta que el golpe europeo; los defenestró. En nuestra zona vivíamos los medios normales. Ni nuevos ricos ni híbridos aristocráticos. Empero, nos llevábamos muy bien con todo el mundo. Nosotros tuvimos televisión en blanco y negro con estabilizador de tensión. Menudo trasto unos años más tarde. Luego vino la TV color Pal, con llave en la puerta de los controles. Además de veraneo de montaña. Un día de esos que —la gente espera como el agua de mayo— se celebraba la festividad del gran patrón. Nuestro patrón estaba hermanado con el duende del San Patricio irlandés. Era nuestro San Patricio de toda la vida. Qué alegría en el barrio. Además, con eso de la colonia de estudiantes Erasmus (la primera promoción de esta nueva forma de estudiar en otro país), pasamos una noche para la posteridad. La cerveza y los chupitos de whisky corrieron como conejos en una cacería de Berlanga. Menudo colocón. Inolvidable. Esa noche fue Sodoma y Gomorra. Más divertida que una noche fallera en la opera con los hermanos Marx. Todo estaba permitido, como en una noche de carnaval en Rio de Janeiro. Música en directo, hierba y algún éxtasis para ir dándole la bienvenida al tiempo de las Supernovas. Algo no funcionó y los servicios de emergencias se colapsaron. Fue, como si la gente perdiera el hálito. Me costaba decodificarlo, por no terminar de asumirlo. La gente, cuanto apenas, se podía mover y les costaba respirar. Nadie sabía dar una respuesta. Los médicos de urgencias, desconocían los protocolos, y barajaban la posibilidad de algún tipo de virus muy voraz. El gobierno de coalición no sabía qué hacer. Unas caras sacadas de un capítulo de la maravillosa y fascinante serie "Arriba y Abajo" del canal ITV: se miraban unos a otros. Cuando, el presidente ni corto ni perezoso:—Decretó un estado de sitio. Sacó al ejército y militarizó la calle. En 1987 ver al ejército en la calle era muy desagradable. Vamos que te ponía el vello como escarpias. Pero de nuevo, militares pisando el asfalto de la ciudad. En base a toda una serie de subterfugios, de la vieja constitución democrática. Todo el mundo quedó confinado en su casa. Fueron días angustiosos, donde la zozobra y el nerviosismo se habían instaurado en un barrio que siempre fue el reflejo de una enorme convivencia, tolerancia y amor por la vida. Una tarde calurosa de aquel hacinamiento por orden gubernamental y marcial, a cargo del erario público. Me sentía aburrido de la sobredosis de horas de música en la FM y visionado de clásicos de aventuras, en VHS y el carrusel de mis series policíacas grabadas. De repente, entre tanto hastío comencé a divagar y a jugar a ser un pequeño Sherlock Holmes. No he sido mucho de hablar, pero si un chaval de montarse mil aventuras, a través de la ventana Made in Hitchcock. Avistando la casa de los vecinos. Idéntica a la nuestra pero en disposición inversa. Vi cosas que llamaron mi atención. Ya les digo aquella puerta tenía telarañas desde que se fueron a la nueva dimensión el matrimonio de ancianos Torrado. La verdad que resultaba muy chocante, en pleno confinamiento, y todas las medidas tan férreas que se habían dispuesto. Aquello de que la gente anduviera más preocupada de sus devaneos mucho más que del propio aterrizaje de estos nuevos inquilinos:  realmente era muy sorprendente. Empero mis sospechas se hicieron más intensas al comprobar que esta troupe era muy, pero que muy del clan superaritos.—Ya ven quien lo dice... En fin, cosas de la edad.  Mi hermano mayor Íñigo —que le pilló todo este estallido de rebote— me comentó que los vio aterrizar en su vehículo: un todoterreno Land Rover, color mostaza, hacía como 15 días. —Dos semanas, pensé. Es demasiado tiempo. Observé que el hijo (sabía que era un niño porque iba de azul y llevaba un muñeco de Spiderman y otro de Superman). Bajó del coche con la cabeza cubierta por la capucha de una sudadera y la cara tras una máscara de Bugs Bunny. Sí, del gran Bugs, ¡y aún no se la había quitado! Ni la máscara ni la capucha. Dos semanas con el rostro tapado. Todavía no le había visto la cara. Sus padres, a simple vista, parecían normales, excepto porque andaban de una manera muy rara, como mi nuevo primo de Bermeo; Montxo.











Un chinorri que acababa de aprender a andar Era muy pequeñajo, pero muy majo. Bueno, excepto por eso, y por lo de no salir de casa ni a hacer la visita, de turno, al sicario del futuro hacendado. Llevé un recuento de todo lo que hacían y fui apuntándolo en mi diario personal. Por ejemplo, mi ventana que corresponde al estudio: está justo al lado de la ventana número 3. Esa es la del salón comedor. No tenían la costumbre de descorrer la cortinas siempre estaban como en dos poses; primera. El padre o la madre y el hijo agarrados de las manos y sentados en la mesa redonda de la típica salita comedor. Dos; unidos por la manos sobre el tapete blanco de ganchillo —que tiene en mi abuela una manitas total de la técnica— y las coloca en todos sus muebles, para coronar el adorno, con un jarrón de motivos de la huerta valenciana. Una tarde/noche, me pasó algo con lo que no contaba, y tenía muchas papeletas para ocurrir. Mirando fijamente a todos ellos, me percate que la flor del jarrón tenía un color extraño —un azul muy brillante— como si tuviera una bombilla en su interior. Así como unas raíces muy largas, igual de radiantes, que salían del jarrón y se estiraban hasta tocar a cada uno de ellos. ¿Por qué hacían eso? Era algo más que sorprendente y no terminaba de pillarlo. Así un día, otro, y otro… Hasta que una vez me di cuenta que el padre giró la cabeza a una velocidad diablesca y me miró fijamente. Yo me agaché y estuve sin moverme un buen rato. Luego volví a asomarme, pero ya habían bajado la persiana. Esa mirada no me gustó nada. Me asustó mucho, por eso, desde entonces, me asomaba con sumo cuidado y poco rato. Total, no me perdía mucho; era un poco aburrido. Solamente, se rompía aquel tedio, cuando me quedaba observando al chico que se sentaba en el borde del colchón de su cama, de espaldas a mi ventana, y ahí se quedaba, sin hacer nada, hasta que se hacía de noche. Finalmente, su madre corría la cortina y dejaba  caer la persiana. Yo siempre me escondía; por si ella me veía como hizo el hombre. La verdad es que desde ese día, empecé a tener miedo, un poco, tampoco mucho. Pero tenía mucha curiosidad por conocer a aquel chico y saber cómo se llamaba. Mi mamá había decidido que había llegado la hora de que fuera a conocer al niño. No era la primera vez que se preguntaba el porqué, de estos nuevos vecinos no salían nunca a la calle y siempre tenían todas las ventanas tapadas. Pero nunca había ido a hacerles una visita de presentación con un pastel recién hecho. Eso es como las invasiones alienígenas, solo se hace en las películas americanas.—Aseveró mi papá cuando mi mamá le propuso ir a hacerles una visita—. Ella, como siempre, le hizo caso y a ningún otro vecino parecía interesarle los nuevos. Nadie abrió la puerta. De repente, apareció el auténtico de mi abuelo: Eufrasio. ¿Qué haces Koldo? Aburrirme como una ostra y charlar con mi madre… Hijo, mío. Tú madre se marchó hace unos días. Ya está con el papá. No te acuerdas que se la llevó el maldito virus. Me quedé fuera de lugar. No sé si fue una sensación parecida a la autoría de los Reyes Magos. Muy triste. Venga, dame un fuerte abrazo y un beso—¡Me cagüen en la divina! Con lo que yo te quiero Koldo. Escúchame muy bien… —Mi abuelo tenía un deje, en la forma de hablar, muy parecido al cocinero Chicote y me resultaba muy divertido. Hoy nos vamos a marchar de aquí, de esta casa y de este lugar llamado España. ¡Estoy hasta los cojoneees!—¡Pero abuelo, hay toque de queda! Mira me han tenido encerrado en un complejo militar haciendo pruebas por todos los sitios. Un montón de científicos como si fuera una peli del Spielberg. Y según el estudio de mi ADN, tengo un fuerte sistema ultrainmune, unos pocos aseguran que alguna sustancia de mi organismo repelió al “cannis conversus”…—Abuelo, sabes lo que significa? La verdad es que da igual. Hijo mío, yo de latín, pocas misas comí. El abuelo Eufrasio dijo:— Por primera vez en tres meses, soy muy feliz. Qué alegría de teneros aquí, mis queridos nietos, Koldo e Íñigo. (También, se alegra, pero delega en mí la custodia a Íñigo). ¿Sabéis una cosa? No lo puedo evitar. Nos vamos a casa chicos. ¿Dónde abuelo? A Bermeo a pescar un bonito del Norte. ¡Agarramos la barca y para que te quiero Cantábrico! El abuelo preparó una cena muy rica: tortilla donostiarra, con ensalada de pimientos del piquillo y bonito en escabeche.









De postre cenamos un poco de helado. Hasta que me fui a la cama. —Abuelo ven y me cuentas un cuento.—Eso está hecho. Íñigo se quedó viendo una serie de todas aquellas que grabábamos de la TVE.  Mi abuelo vino a la cama y me relató con gran detallismo uno de sus cuentos, tan alucinantes, que me dejaban en territorio de Morfeo. Comenzó sin el "érase un vez…"Y directo al desarrollo. Nuestro improvisado minero de medianoche había nacido con un defecto en las vértebras cervicales que le impedía enderezar el cuello y lo obligaba a caminar con la cabeza gacha mirando al suelo. Eternamente pensativo y cabizbajo, humilde y sumiso a su pesar. Pero con la mirada de un Victorino amargado; listo para embestir. Karmelo Tirapu, era su nombre, conocía la piel de las calles de su pueblo mejor que la palma de su propia mano. Cada milímetro cuadrado del firme municipal, deteriorado y plagado de baches, le era más familiar que las yemas de sus pulgares. Una vez al mes, justo cuando la luna se hallaba en la fase de rotunda plenitud: Karmelo salía. Cerca de la medianoche, recorriendo las calles de su pueblo, buscando tesoros en el suelo. Armado con un completo equipo de "buscatesoros", localizaba fácilmente el codiciado botín, casi con los ojos cerrados. Una noche radiante de la hermosa y reluciente fortuna, desplegaba sus estimados utensilios y muy lentamente, con la suprema delicadeza y ternura de un amante devoto. Se aplicaba con sutil destreza y precisión de un experto neurocirujano. Recogiendo el preciado bien, para introducirlo en el recipiente, habilitado a tal efecto, para transportarlo y conservarlo en las más óptimas condiciones. Y así durante años, todos los meses, cada 28 días, puntual al ciclo lunar, Karmelo Tirapu, fiel a su ritual. Rastreaba palmo a palmo las desiertas callejuelas recolectando, con indescriptible deleite y retemblando de emoción: los brillantes y divinos diamantes que resplandecían bajo la supernova. La veteranía le había enseñado que en las noches de luna llena y previo chaparrón norteño se presentaban las mejores condiciones de avistamiento y nitidez de las fascinantes piedras. Un fatídico día, el Sr. Alcalde, en época electoral y con la oposición pisándole los pies, hizo caso a su jefe de campaña y decidió; que ya iba siendo hora de renovar el firme de las calles y tapar todos los baches. El hombre aullaba de rabia a medida que su ira y frustración crecían y se desbordaban. Bajo la luna llena de agosto sus denodados esfuerzos resultaban baldíos. Una capa de cemento de más de 8 centímetros de escabrosa espesura homogénea, compacta y nivelada. A la espera del tupido asfalto. Roto de dolor y pena, permaneció largo tiempo con la cabeza baja mirando al suelo, rumiando su desgracia; desesperado y desamparado. Lloró como ese niño que —impotente y espantado— observa como su madre es tragada por la tierra, mientras él permanece inmóvil al borde del insondable precipicio. En más hermoso de los plenilunios de agosto, Karmelo Tirapu pateó todas las calles arriba y abajo. Abatido y desolado contemplaba, como todas sus brillantes piedras habían desaparecido. Empero se dejó caer de rodillas y golpeó y arañó el suelo con la furia de una bestia salvaje tratando de arrancar a zarpazos la negra y gélida mortaja de alquitrán. Encorajinado de rabia, se fue en busca de un pico, y se plantó en el centro de la plaza del ayuntamiento. Armado con un enorme pico, aquel hombre, arremetía con saña contra el recién estrenado pavimento que recubría la plaza del Ayuntamiento. Comenzó a cavar como un poseso. Muchas de las viviendas colindantes abrieron las luces y la gente salió a los balcones. Karmelo, estaba roto. Su agotamiento era obvio; tanto mental como físico. Asumiendo la nulidad de sus colosales esfuerzos. Cayó a plomo de espaldas y se quedó mirando al cielo, con los ojos semicerrados.












Todos los vecinos de la localidad contemplaban la extravagante y espeluznante escena: un hombre tumbado de espaldas, con los brazos en cruz y en la mano derecha su pico percutor dirigiéndose, a la hermosa supernova que tenía, encima de su cogote. Se escuchaban los murmullos del personal, pues, Karmelo le dio por hablar con su luna. Así la llamaba. Mi luna, mi Sra. Tú, fiel esclavo. Riendo como un endemoniado. Unas carcajadas macabras y a veces, lanzaba un aullido que ni el lobo más grande de la comarca. La Guardia Civil se personó en su vivienda, donde halló unos enormes recipientes de vidrio. Totalmente sellados, se veía el agua y unas marcas de los diferentes grados de pureza. También estaban ordenados por un etiquetado de fechas, muy bien grafiado, con tinta azul de rotulador. La investigación siguió, con el posterior interrogatorio de los agentes, pero Karmelo no dijo ni una sola palabra. Le preguntaron por las reseñas numéricas y el porqué de las coincidencias con los días de plenilunio. Siempre 28 días. Finalmente, Karmelo, habló. Lo primero que les dijo: el ayuntamiento y su acalde son unos hijos de la gran puta. Algo, que hizo que los agentes, le rebajasen el tono del exabrupto, y se tranquilizara. Se le preguntó por la gran cantidad de jeringuillas que encontraron en un cajón de haya. Así como una gran cantidad de esponjas de baño de diferentes tamaños. Karmelo Tirapu, le respondió, con relativa perplejidad. Eso, sí. En un tono pedagógico y muy colaborador. Comentó que el uso de las jeringuillas era para extraer todo su tesoro de piedras sin crear deformidades y los juegos de esponjas para el proceso de absorción. Los agentes se miraban con cara de incrédulos y el teniente de la casa cuartel mando colocar grilletes a Karmelo.—¿Sabe una cosa, Sr. Tirapu?—No. Voy a llegar hasta el fondo de esta historia.—Algo me huele mal—Si Ud. lo dice. Aquí solo huele mal el alcalde.—¡Cállese y deje de insultar a una autoridad pública! Karmelo miró hacía el techo y se calló. De repente, dos hombres entran en la habitación de detención. Van con una indumentaria muy similar al personal de un laboratorio —de alto nivel vírico— con trajes muy similares a los de cualquier astronauta. Detrás de sus máscaras, oscurecidas, no se apreciaban bien sus rasgos. Era evidente, que no se distinguieran bien sus rostros. Sin embargo sus voces resultan muy afables.— Karmelo Tirapu, somos el capitán Valdivieso y la alférez Escolar. Pertenecemos a la unidad del servicio bacteriológico del ministerio de defensa. —Muy bien. —Vamos a llevarte con el coronel, tranquilo no te vamos a hacer nada raro. Intentan calmarme e ir de enrollados. No me creo nada y este paripé; es una nueva patraña del cabrón del alcalde. Ahora mismo, no sé dónde me hallo. Me quitan las esposas y me sientan en una silla de ruedas.—No se preocupe Sr. Tirapu, por sus seguridad, vamos a vendarle sus ojos.—¿Toda esta historia es necesaria?—De verdad, confié en nosotros.  Noto como alguien me empuja, desde atrás para mover la silla, avanzando en alguna dirección que no consigo determinar. Calculo como un par de minutos y paramos. Me quitan la venda y veo que estoy en la habitación blanca del miedo. No me lo pienso y me quito una de mis botas. Muevo la suela y saco dos ampollas del falso fondo. Es un líquido idéntico al brillo de una luna llena de verano. Pero, Karmelo, no perdona y rompe las ampollas de Covid19.—Excelentísimo, la próxima vez pregunte o haga un referéndum antes de imponer. Yo soy así, dicen que un poco lunático. ¡Joder! Si se ha quedado como un lirón. Buenas noches, Koldo. Tu abuelo te quiere




                                                                                              FIN 




                            Dedicado a Michel Piccoli, diciembre 1920-mayo 2020, In Memoriam








Fotogramas adjuntos

Pacific Liner (1939) by Lew Landers
Contagion (2011) bySteven Soderbergh
Det sjunde inseglet (1957) by Ingmar Bergman
Black Death (2010) by Christopher Smith





                     

Frances Farmer; Un ángel repleto de hermosura y talento tirado a las serpientes







No tenía ni la más remota idea que todavía soy el propietario de un par de espacios webesféricos muy majos. Por cierto, éste, está de aniversario. Si no me lo recuerda una alarma del móvil, no sabría que el Inquietante Bypass cumple 8 años. Evidentemente, el tiempo nos pasa sin ningún temor ni conmiseración. Luego, ser propietario de las mismas y tenerlas actualizadas: cuesta, un testículo y medio escroto. Es una responsabilidad que te añades. Obviamente, hablo por mis circunstancias. Esto de estar encerrado empieza a notarse en el cuerpo. La alegría la suplo, con tebaína. Sólo ella es capaz de sacarte fugazmente de toda esta pesadilla del jodido Covid-19. Muertos y más muertos. Un virus que apesta a descontrol de laboratorio de alguna superpotencia; de aquello que repetía, en la facultad, el infalible Hermosilla: El nuevo orden mundial. Voy a echar el freno porque entro en cuestiones peliagudas y eso es agua de otro arroyo. No quiero terminar como mi adorada invitada de hoy. Empero si hay algo que me ha dejado muy mal cuerpo han sido esas imágenes de geriátricos —donde se observa como los cadáveres se amontonan— entre otros pobres ancianos con un Alzheimer de cojones. La mirada pérdida hacia la mortaja de la sábana blanca, rematada con alguna bolsa del millonario hacendado Roig. He pecado, mal de gran femme fatale. De cineasta con magisterio y guasón; como el gran Billy Wilder. Dije, es este mismo espacio, que había terminado con mis adorables mujeres fatales. Y he vuelto. Ellas, sólo ellas, han sido lo mejor de aquel tiempo metadivertido y pervertido: la inmensa Babilonia y su colina de VanityLand. Hollywood creo todo lo más fascinante que recuerde mi cerebro y algunas de las mayores aberraciones —con daños colaterales perpetuos— en personas maravillosas de un talento bestial. Gente extraordinaria, que cuando notaban el ahogo: les caía una piedra gigante para rematarlos. Ahora gracias al avance de la tecnología; tenemos el redil social. Yo lo llamo la plaza del pueblo en verano. Cuando baja la temperatura y la gente tiene el mojarro afilado, mientras se arrea su jarra de cerveza bien fresquita. Los saludos y chascarrillos del mundo, físicamente y sin barreras de contravirus. ¿Volverán esos días? No me pregunten a mí. No tengo el talento del presidente: Sánchez Torrejón. Es hora de decir lo que dijo aquel periodista sobre un ángel que creo el cielo y el insaciable Hollywood la destruyó: Frances Farmer. Pobre y desgraciada, Frances.














El periodista John Rosenfield manifestó: "lo que ha ocurrido a Frances Farmer no debería permitirse nunca más” Yo apostillaría; jamás de los jamases. Nunca". Frances era un ser angelical y lleno de vitalidad, con una mente prodigiosa. Lo que ocurre cuando aparecen esos ángeles de cabellos rubios y sonríen en MovieBabilonia, mejor lean a David Peace su tetralogía “Red Riding”. O mejor, busquen la adaptación audiovisual. Bien, hasta aquí hemos despotricado, lo que no me impide la ley del estado de sitio o excepción. Echo de menos salir a pasear, ver al barrio, alegre y con marcha. Los bares, los gimnasios o las clínicas de estética. Así, es Abastos. Sin embargo, escribir, cuando puedo y lo hago: me tiro al pisto, con gusto. ¿No creen Uds. que si uno no se echa unas odas por los hombros, nunca podrá quererse un poquito, de ese, por favor? Vayamos con mi amada invitada de hoy: Frances Farmer. Frances nació un 19 de septiembre de 1913 en Seattle, estado de Washington. Era la hija pequeña del abogado Ernest Melvin Farmer y la obsesiva compulsiva Lillian Farmer que solía dar la murga a los parroquianos con sus interminables discursos sobre las bondades del brócoli. Cosas de dietistas que el primera década del S.XX. La resabida, mama Lillian, también regentaba una pensión para huéspedes. Toda una emprendedora. Frances fue el retoño número tres, pues tenía una hermana Edith y su hermano mayor, Wesley. Desde pequeña destacó en su instrucción académica, consiguiendo muy buenas calificaciones, en el instituto. Frances posiblemente, era de las jóvenes más inteligentes y cultas de todo el estado de Washington. Estudió drama en la UW y compaginó los estudios con actuaciones de las obras teatrales organizadas por la universidad. En 1935 ganó un concurso para suscriptores del periódico de izquierdas The Voice of Action. Su ensayo "God Dies" se convirtió, algo así como el trending topic del momento desde Seattle a New York. Lo mejor estaba por venir.














Aquel premio le valió un viaje a la Unión Soviética, que ella aceptó a pesar de la fuerte objeción de su madre, para poder ver el pionero Teatro de Arte Stanislavski de Moscú. Simpatizante con la ideología marxista. Tal interés fomentó el rumor de que además de atea y comunista compulsiva. A su regreso en verano del mismo año, se detuvo en Nueva York, para comenzar realmente una carrera como actriz de teatro. Alquiló una habitación y comenzó su ronda de castings por toda la ciudad. No le hizo falta, la Paramount tendió sus garras a la "nueva Garbo" poniéndole por delante un contrato de siete años de duración. De repente, entró en la compañía del Theatre Group de la ciudad, y actúa en Golden Boy. Así como en la quinta columna bajo la dirección del legendario, Elia Kazan y Clifford Odets. Curiosamente, el mundo es pura casualidad y la ingenua intelectual tuvo como compañeros en Rhythm on the Range a Bing Crosby, Martha Raye y Bob Burns. Pero los problemas siempre parecían estar surgiendo a su alrededor, incluido en ese momento una demanda de 75,000 dólares presentada por un ex agente. Después de un par de fracasos con el Grupo, en parte atribuible a su relación amorosa con Odets, Farmer estaba en problemas.De por medio, estaba otro enredo con Samuel Goldwyn. Los magnates de Hollywood, vamos los Ceos de las majors parecían presidentes de clubs de futbol, haciendo y deshaciendo contratos. El zorro de la Metro le dijo al caprichoso Zuker: déjame a la rubia angelical por una temporada. Ya hablaremos de Frances, ahora está comenzando. Fue un tiempo donde Fraces Farmer hizo buenos films y las críticas de esas películas eran realmente generosas y entusiastas con la chica de Seattle. "Más grande que la Garbo", pronosticó la serpiente de Louella Parsons rotundamente, y el público pareció hacerse eco de esos sentimientos. Farmer completó cuatro films su primer año en la ciudad, desde papeles secundarios en películas B hasta que su carrera, dio un tour de force, en una doble actuación como madre e hija amadas por el mismo hombre. En la película de Howard Hawks y William Wyler "Come and Get It"(Rivales) 1936













No obstante, Farmer, ya había sido estigmatizada en su ciudad natal, Seattle. Nunca podría sentirse cómoda como una "estrella" de Hollywood Había enojado a Paramount al negarse a cambiar su nombre por algo más glamoroso; ella prefería la ropa vieja, poco maquillaje y un bolso sin pintalabios. Películas como Ebb Tide de James P. Hogan, con Ray Milland. “Exclusive” (1937) de Alexander Hall, al lado de un Fred McMurray. Estaba rendido a los encantos de la valkiria intelectual del Pacífico Norte. También, está “The Toast of New York dirigida por Rowland V. Lee (el ídolo de NY). Todas ellas filmadas en 1937. Aquí en este drama de la Guerra de Secesión al lado del gran Gary Grant: Frances Farmer estuvo exquisita. Pero cambiando de año y aquello de que tengo 23 años y me enamoró del primer idiota de turno. Ese individuo, que conoció en un western de usar y tirar: “Ride a Crooked Mile” (1937) de Alfred E. Green. Era el actor Leif Erikson. Aquello estaba condenado al abismo y como quien dice hecho y dicho. Nos vemos en el juzgado. Casi toda su energía agotada por un pleito inacabable (que ganó por un tecnicismo), se estaba cociendo a fuego lento, el primer derrumbe de Frances. Un cansancio similar al de un confinamiento y una decepción de todo lo que deseaba y esperaba de Hollywoodland. FF hacía películas donde se veía en otra galaxia, como aquella charlotada exótica de John Hall “Al sur de Pago Pago”. ¡Ay, Frances, los tenía bien puestos y no iba a pasar por el aro! Estalló con aquello: maldita mierda de trabajo y ciudad. Lo único que merece la pena es el dinero. Siguió batallando con el halcón de Adolph Zukor, pero ahí estaba en un terreno muy hostil para su propia reputación. El halcón que era perro viejo de AZ, cada día que pasaba, tenía el escritorio lleno de quejas de los diferentes departamentos de la producción de los rodajes, donde estaba FF.
















Aquel tipo se encaprichó con el ángel de Seattle, pero se estaba hartando; de sus idas y venidas con que si este papel es una mierda. ¡Qué si misoginia, qué si el Chejov de los cojones! ¡Qué si no tengo influencia! Le espetaba: —No decían que era la nueva Garbo. En Paramount la querían perder de vista por una larga temporada. Su afición a la camaradería comunista y a darle a la lengua más de la cuenta a la empresa que generosamente le pagaba por su trabajo. Se veía llegar algo muy catastrófico. A pesar de todo este estrés se dejó ver por tres films muy curiosos, pero que no le reportaban un papel de alta densidad dramática. Entre 1941-42 la comedia World Premiere, en plena IIGM, dirigida por Ted Tetzlaff al lado del gran John Barrymore. “Aventureros de Dakota” del Alfred E. Green, al lado de otro actor muy interesante Robert Stack. Un western con una fotografía fantástica, donde la hermosa cara de FF seducía bajo la cámara del maestro de la luz, Stanley Cortez. Y por último, un filmNoir de serie-B dirigido, por un pedazo de director como Stuart Heisler. Albert Dekker era el protagonista y Susan Hayward hacía un gran debut. Algo que Frances no terminó de llevar muy bien. El resultado de la película fue, para algunos cinéfilos y mitómanos de hoy, en día, una rara avis del cine negro. La película cumplió las expectativas de los productores y punto. Aunque, ella, seguía con el morro torcido y una tensión fuera de lo normal. Todavía, hizo otro gran film, posiblemente, la película que le dio una despedida momentánea de la Babilonia mágica. “Son of Fury: The Story de Benjamin Blake”. Nada menos que al lado de otra de las grandes actrices más grandes de la historia del cine y sempiternas atormentadas; Gene Tierney, junto a Frances Farmer, estuvo bien. Hubo empatía en el rodaje, especialmente, por el carisma y la simpatía que despertaba, en cualquier momento, el inmenso Tyronne Power.
















La crítica y la taquilla fue muy buena y todo un acierto para la FOX. Pasaba el último cuatrimestre de 42. El 19 de octubre de 1942: Frances Farmer fue detenida por la policía por una nadería de tráfico. Según su versión. Conducía con más copas de la cuenta por el término de Santa Monica. No llevaba el carnet de conducir e iba con los faros apagados en plena noche por la carretera que bordea el Pacífico. Fue un arresto con mala leche. Los polis, sabían quién era ella. Muchos de estos funcionarios se ponían muy gallitos con muchas de las estrellas de aquel Hollywood. Pero bueno, había algunas y algunos, que siempre llegaban a acuerdos. FF los detestaba. Ahí comenzó el tú más, cabrón. Frances, se resistió, porque los oficiales de tráfico la vejaron con insultos y utilizaron la fuerza para reducirla. Entonces ella les espetó a uno de ellos—Aburres, tío. Siguió con más insultos propios de su gran nivel cultural. Algo que dejaba en evidencia, la masculinidad del oficial de turno. Se armó una tangana de insultos y empujones para intentar reducirla. Siendo encarcelada en Santa Monica Previo juicio, donde su señoría tuvo un tête à tête con Miss Farmer a lo largo del juicio. Le espeta FF: —"Maravilloso”. ¿Acaso a usted nunca le han partido el corazón? y cuando iba a leer la condena, ella cogió un tintero que le lanzo a su señoría. FF tenía una puntería que ni un cazador de jabalíes. Su señoría se llevó un golpe de tinta de su tintero. Mientras, Frances Farmer escuchaba la decisión del tribunal: una sentencia de 180 días y con una libertad condicional. Además de un determinado control de seguimiento, para ver la evolución psicológica de la estrella. Todo Hollywooland sabía que la hermosa sirena del estado de Washington estaba enganchada al alcohol y las anfetaminas (benzedrina pura). Las crisis nerviosas siguieron.














Ya solo le quedaba una carta que jugar y ésta era muy valiosa. Se trataba de una productora de serie B. Era un rodaje con el argumento de una trama de espías, entre nazis y el FBI. Frances sufrió una crisis de ansiedad muy fuerte. Le habían aconsejado que fuera a terapia psiquiátrica, ya que un médico que la vio en prisión, le dijo: que estaba muy cerca del diagnóstico maniacodepresivo. Acababa de darle un puñetazo a una peluquera del departamento de estilismo. Salió por piernas de Monogran Pictures. Ella cogió el automóvil, y puso, rumbo a Sunset Strip. Terminó cogiendo una cogorza del 29 y perdiendo la poca ropa que llevaba con la policía pisándole los tacones hasta su apartamento, donde se atrincheró y los agentes entraron a la fuerza. Rompiendo la cerradura y, tras un salvaje forcejeo, la arrastraron desnuda hasta el vestíbulo del Knickerbocker.  El asunto termino en los juzgados y en esta ocasión llevaba las de perder. Toda la prensa del higadillo delante de ella.  Frances chillando, colérica y desconocida: —“Ratas, cabrones, sois la peor mierda de rata”. Los tabloides propusieron Garbo, no. FF dice: mamona jódete. Terminó que acuñó, toda una dama del método ruso. Frances necesitaba ayuda profesional. Ya que esta estaba estipulada por el sindicato de actores. Estaba muy mal. Lo digo con mucha tristeza. Pero una depresión permanente es algo muy duro. Todo el mundo se lavó las manos. En la Paramount, actores o actrices, huían como si fuera la peste. No querían ser vistos con una de las hermosas amigas del comunismo de mansión. No hubo ningún tipo de ayuda clínica por parte del sindicato de actores. Todo el mundo quedó de perfil. En su lugar, llegó otra pesadilla, un excelente enemigo. Ese monstruo altanero y marcial: su madre Lilian V. Farmer. Ante una enorme pool de toda la prensa nacional. Manifestó a los periodistas en Seattle que los "problemas" de su hija sólo se debían había sido corrompida por profesores radicales.













En realidad, esos agentes del mal, disfrazados de falsos profesores, fueron quienes le llenaron la cabeza de propaganda atea y comunista a mi hija. Luego, argumentó que todo lo del manicomio a donde iba a ser confinada era un montaje publicitario. Algo así como las localizaciones y la preproducción del próximo rodaje de Frances. Un lugar donde, ir planeando un film con secuencias rodadas en la propia cárcel. Así podrá ofrecer una gran actuación basada en una experiencia real. Matizaba Madame Farmer en tono maternal sobre todo este affaire. Aquel largo proceso legal que la llevó a varias terapias mentales, donde permaneció durante la mayor parte de los próximos siete años. Aquella nauseabunda estancia y terapia para la salubridad mental, terminó siendo la casa de las pitones, cobras y víboras en su fragua de azufre. Siempre teniendo a punto el mejor modelo de turno para joderte, lentamente, las demacradas camisas llenas de lamparones de sangre. Y las muy arpías se humedecían cuando comenzaba la mordaza de las cintas de cuero. Guardianas grandullonas y con un look entre la bestia guardaespaldas de Cersei Lanister “La montaña” y el bruto “cabeza de perro”. Sádicas y diabólicas pervertidas. Frances estaba en el peor de los escenarios y muy sola. Una joven de 30 años sistemáticamente despedazada de sus derechos como ser humano. Aguantando tratamientos tan desacreditados como el shock de insulina y la hidroterapia con agua congelada. Y la moda de cerebro a la parrilla con los demoledores electroshocks. El tribunal que la había declarado, a petición de su madre, legalmente demente, certificó su recuperación.  Se comprometió a pasar una estancia de cinco años en otro lugar de culto para la locura, pero eso, sí en su pueblo: el Washington State Hospital en Steilacoom.















Fue una prueba que habría roto a cualquier otra persona, pero su voluntad tan fuerte para sobrevivir, fue su único consuelo. El centro estaba en muy malas condiciones; había muy poco personal y los pacientes se hacinaban en las habitaciones, en las que les encerraban durante 12 horas. Además del catálogo completo de abusos psiquiátricos, también sufrió las más bajas indignidades sexuales, incluidas las violaciones cometidas por presos y funcionarios de la institución. Se llegó a comentar que había una base de soldados cercanas a la institución y sobornaban a los bedeles para poder tener sexo con la pobre Frances. Esto no se pueda afirmar con toda rotundidad. De igual modo, que se ha hablado por muchas vías y publicaciones que solo han buscado su propio rédito personal de un proceso de lobotomización. Frances no fue perforada por el estilete aguja que entraba por el lagrimal hasta el hipotálamo. No. Frances, ya fue lo suficientemente vejada, y despreciada, por una sociedad que la elevó a los altares y del mismo modo; la dejó caer al vacío del dolor. La misma industria que la deseo para sus negocios, películas, donde la hermosa chica de los cabellos rubios, siempre terminaba haciendo feliz al galán de turno. FF siempre detestó todos esos papeles triviales y desatinados, los mismos que hacían que resplandeciese delante de la cámara. Como solía decir: las estólidas películas de turno. Aquella monstruosa Babilonia no la echó de menos. Todo lo contrario, en ese ejercicio de lapidación. Los zorros y halcones ejecutivos de las majors espetaban: ¡Ya no está. Por fin. Y brindaban por ello! El elogio más cariñoso que pudo oírse vino de un gran director, el multipremiado, William Wyler: Joder! Frances Farmer, era muy guapa y buena actriz. Pero no hay dios que la aguante. Además, era una roja sin prejuicios. Nunca tuvo reparos en sentirse muy a gusto con esa pandilla y cobrar, puntualmente, sus estupendas soldadas.












En tiempo, pasó para todos, la luchadora de Frances Farmer salió viva de todo aquel dolor físico y la tortura mental. Aquel juicio más propio de una conjura Torquemadiana la supero. Y como la vida tienes muchas puertas, cerró la del psiquiátrico y volvió al corazón de lo cotidiano. En 1954, Frances se casa de nuevo, con Alfred Lobley, pero le deja repentinamente al cabo de seis meses; huye a Eureka (California) y vive de forma anónima durante varios años, trabajando como secretaria y recepcionista de hotel. No volvió a ver a sus padres, que fallecieron en 1955. En 1957, Leland Mikesell, un productor de TV y radio, la descubre y la anima a volver a los medios. Frances dio varias entrevistas hablando de sus experiencias pasadas, y pronto comienzan a llegarle ofertas de trabajo: actúa en varias series de televisión y en algunas obras de teatro. Se divorcia de Lobley para casarse por tercera vez, con Mikesell. Le ofrecen un programa en una TV local de Indianápolis, “Frances Farmer Presents”, en el que presentaba diariamente la película de sobremesa. El programa tuvo bastante éxito, y Frances trabajó varios años en él. También colaboró con actores universitarios y dio conferencias sobre teatro. Escribió algo de poesía y comenzó a trabajar en una autobiografía. Desgraciadamente Frances fue diagnosticada con cáncer de esófago inoperable. Frances murió el 1 de agosto de 1970, Jean siempre leal y estuvo a su lado. La verdadera tragedia, entonces, no es que Frances murió sola, porque obviamente no lo hizo; La tragedia es que ella murió demasiado pronto. Cuando murió en agosto de 1970, había pocos indicios de que Frances Farmer volvería a llamar la atención del público. Tenía 56 años. Aunque, se avecinaba un mundo muy diferente al de las antiguas majors que monopolizaban todo el entretenimiento visual. ¿Quién sabe? O eso del "a lo mejor". La vida hay que aceptarla y vivirla lo mejor posible.  Frances fue una actriz seria, la cual, soñaba con interpretar a Chejov y a los clásicos. Frances Farmer, está en el cielo con su gran admirador Kurt Cobain, cantándole al oído. Mientras Jimi Hendrix hará sonar con su Stratocaster un Riff réquiem por los amigos de Seattle.





   Dedicado a todas las familias de este país, que han perdido algún ser querido por el Covid-19








Fotogramas adjuntados

Frances Farmer en los Estudios de Paramount
Frances Farmer&JoelMcCrea en Come and Get It (1936)
Frances Farmer&John Garfield en Flowing Gold (1940)
Frances Farmer&Gary Grant The Toast of NY (1937)
Frances Farmer&Tyrone Power en The Son of Fury: The Story of Benjamin Blake (1942)
Frances Farmer forcejeando con un policía en la comisaría de Santa Monica
Frances Farmer&Albert Dekker Among  The Living (1941)
Frances Farmer declarando en comisaría por el affaire Knickerboker
Frances Farmer a la salida del hospital psiquiátrico de los Angeles
Frances Farmer&Leland Mikesell en la TV local de Indianapolis




Bibliografía consultada y recomendada

Shadowland Revisited:The Story of Book and Its AftermathBy William Arnold 1978 Ed. McGraw-Hill

Frances Farmer: The Life and Films a Troubled Star. By Peter Shelley 2010 Ed. McFarland

Will There Really Be a Morning? By Frances Farmer 1973 Ed. Dell Brooks