Braulio, amor mío








Me hubiera gustado. Tampoco lo sabía muy bien. Aunque una cosa es experimentar y otra quebrantar. Nada más lejos de la realidad, querido Braulio. Es inefable, el jodido dolor que me causas, día a día. Tu ausencia es como el veneno dentro de un ambientador de marca blanca esparcido por toda la casa. Aún puedo sentirte, olerte y escucharte. Sí, Braulio. Te veo en cada rincón, de este lánguido y enorme casoplón que construimos juntos. ¿Dónde estás? ¿A dónde te fuiste? ¿Por qué lo hiciste? ¿Tanto te costaba aguantar un poco más? ¿Cómo pudiste ser tan egoísta para marcharte, y dejarme sola? Me muerdo las uñas y el pelo se me cae. No sé si estarás pasando frío en la gélida noche. Si te has ido al otro lado del charco o si estás cerca, riéndote de mí. No sé qué pensar. Empero este sinvivir sigue dentro de mi cerebro. Deseando que aún respires, que sigas con vida, allá donde estés. Ya está bien, Braulio. ¡Basta de esta lenta agonía! ¡Por favor! Te lo pido de rodillas, mientras mis lágrimas crean un estanque de agua salada. Veo el sofá, nuestro dormitorio y el estudio, Braulio. Pero no te veo a ti. Sin embargo, Braulio, no era la primera vez que cometía el error de desaparecer. 













A la búsqueda de un afán desesperado por intentar definirse a sí mismo, por ordenarse mentalmente. Braulio era uno de esos tipos que nunca podía decir: “yo soy...” Del mismo modo, que sus labios pronunciaban las palabras, de turno. Ese maldito ser desaparecía... Sólo existía el pasado, ese que únicamente podía definir un borroso esbozo de lo que había sido: enturbiado, ex profeso, por las diferentes tonalidades que se mezclaban en la paleta de la circunstancia. Braulio, no podría llegar a conocerse nunca a sí mismo. La angustia le asaltaba de un modo repentino y caprichoso. En cualquier momento, estallaba. No llamaba a su puerta, entraba así de sopetón, sin previo aviso. Era la llegada del ese momento de desnaturalización del personaje; que lo inundaba todo. Braulio, era demasiado joven... posiblemente, le faltaba mucho por experimentar, y ahora le asaltaba la duda de vivir o morir. 











El mero hecho de percatarse de ello se lo impedía, y entraba entonces en una vorágine de enlaces racionales que deberían haberle permitido comprender su agonía absurda y sin sentido. Braulio, intentaba bucear en sus contrasentidos, causas, consecuencias, emociones, esperanzas y humillaciones. El resto de sensaciones quedaban muy lejos, como los humores etéreos que se arremolinaban, en ese molde, donde ninguna pieza encajaba; que seguía siendo, su atribulada cabeza. — Sí, lo sé todo de ti y lo desconozco todo. Braulio ¿por qué no me dices dónde estás? Te he buscado por los rincones más extraños que pudiera pisar mi honor. Estoy enloqueciendo, siento mi locura, más intensa de lo habitual. Y sólo sufro por ti. ¿Braulio, sabias que nadie más, denota tu desaparición? Pero, solamente es mi imaginación, mi mente que se niega a aceptar la realidad.


                                                                                     Dos años después



Unidad de investigación de personas desaparecidas en un lugar de Segovia…El cuerpo de Nekane Iturralde López ha sido localizado, en un viejo cauce, a la altura de una pedanía cercana a la población de Pedraza. La portavoz de la Undad ha comunicado a los medios de comunicación presentes; que entre las pertenencias localizadas de los restos del cadáver; se encontraba un sobre con una carta, en su interior. 









Una vez levantado el acta del cadáver, por el juez, éste  ha sido enviado al Instituto de Patología Forense del Hospital Ramón y Cajal. Esa misma tarde un medio digital reproducía parte de un extracto de la misiva que llevaba NI. “Braulio, amor mío, vuelve... Yo te quiero. Eres la persona más importante de mi vida. En tantos años pasados; quemaría todo lo escrito y retrocedería a las vigilias que me llevaron al borde del suicidio (a pesar de haber nacido en el seno, de una añoranza de perpetua tristeza, de tú extraña dependencia, siempre me rondó la misma pregunta: ¿se sentiría cómodo siendo feliz?). Posiblemente, ya no era necesario. No obstante, Nekane dijo: ya no lo aguanto más. Esta angustia me está matando. De verdad, Braulio. Es otra de tus crisis habituales o ¿Tienes pensado volver? Porque te necesito más que nunca de vuelta. ¡Braulio, amor mío! Por fin, te encontré para siempre.




                                                                        FIN




                      Dedicado a Harlan Ellison mayo 1934/junio 2018 In memoriam





Fotogramas adjuntados 


Mystery in Mexico (1948) by Robert Wise 
The Night Of The Following Day (1973) by Hubert Cornfield
Séance on a Wet Afternoon (1964) by Bryan Forbes
Le mépris (1963) by Jean-Luc Godard




                               

El dolor sordo de los extraños








Aquel instante me pareció el más importante de mi vida en mucho tiempo. Aún, tengo la sensación que, en otro lugar, el sentimiento se hubiera vuelto inexplicable. Pero no dejo de pensar, lo ocurrido ese día. No encuentro palabras para descifrar, mis sueños o la ausencia de lógica en mi comportamiento diario con ese jodido dolor. De repente, la melancolía se apodera de todo mi tronco esquelético. Hay furia y tristeza. La más exultante impotencia que uno pudiera imaginar. La desolación de un hombre excluido. No sé dónde ubicar todos estos efectos. Y de nuevo, volvió aquel intrigante pensamiento: amar o abominar la crueldad de los pinchazos en el tórax.












Las quemazones y las descargas eléctricas. En un segundo, recordé algo, esencial. Si mi mente está dividida en múltiples compartimentos: ¿en cuál de ellos encontraría la auténtica esencia de los humanos perfectos? Empero, si la mente fuera un solo ente, sin estructurar, las diferentes partes del cerebro; evidenciarían que no estarían enteradas —específicamente— de las funciones concretas. Yo lo sé, porque me lo dijeron hace mucho tiempo en la facultad. Pero como explicarle al otro yo; en el oeste de mi cerebro. A lo mejor, la solución, estaría en la frescura de cualquier alumno de primero de medicina. Tan simple, como creer en la etimología de la enfermedad, la cual, lleva expresa tan grosera falacia.











Al final, el dolor te consume, como la ceniza de un cenicero en un bingo. Al igual que la desesperación de no poder comunicarte con el de enfrente. Angustiosa y patética experiencia. Soy incapaz de explicar este sentimiento, pero recuerdo aquel instante, ese momento, en el que fuimos felices. Simplemente, sentados, uno al lado del otro. A pesar de la distancia geográfica y la casuística del lenguaje. Al final aprendimos a escuchar, a traducir, a observarnos y descubrir entre minucias de acertijos. Fue duro y desolador. Cuando, finalmente, asumimos el inexplicable secreto de la sordera del dolor. El dolor de los cuerpos extraños y su perpetua soledad.  








                              Dedicado a Philip Roth marzo1933/mayo 2018 In Memoriam





Fotogramas adjuntados


Jezebel(1938) by William Wyler
Sybil (1976) by Daniel Petrie
Lilith 1964 by Robert Rossen






                    

Gloria Swanson: la Superdiva fatale que se adelantó a su tiempo







Gloria Swanson fue el arquetipo, de mujer femme fatale, triunfadora del Starsystem. Desde el primer momento tuvo muy claro; que no había llegado a Vanityland para hacer muchos amigos. Ella no era como el resto de la red social de aquel lugar, donde, el mero hecho de pasear a tu perro podía ser un cínico ritual,  para charlar de estrella a estrella, en una acción más del día. Una vez, un actor secundario o terciario apostilló: “nunca quiso ser uno de nosotros". No sacaba la basura, no "usaba algodones", ni tan siquiera iba al baño. La gran Swanson tenía una bañera dorada de emperatriz. La bañera esperaba a la diva. Un vez dentro del agua, el cobre dorado, se convertía en oro. Así era ella, lo más parecido a la diosa Hathor. Incluso obtuvo trato de aristócrata al casarse con un marqués. La Swason gastaba una talla de zapatos, que apenas llegaba a los 35 cts, y, una cintura de niña de unos 27 cts. A pesar de esa aparente fragilidad, ella se veía muy hermosa, cuando fruncía el ceño y levantaba la barbilla con su metro cincuenta. Posiblemente, fue durante la loca década de los años 20 —en el Hollywood mudo— , la estrella más grande de la pantalla. En el fondo, GS era una amalgama de las diferentes virtudes de las estrellas de aquel periodo: algo Garbo, un toque de Dietrich, una mirada de Crawford que levitaban como grandes diosas. Swanson, de por sí, no tenía esa maldad típica de la femme fatale, por excelencia versus Clara Bow. Ni tan siquiera era la peor de las brujas con las que te podías encontrar por aquellos lares. Sin embargo sabía muy bien cómo funcionaba ese juego, el de Hollywood. Empero, había algo dentro de ella que le perdía: la soberbia: Una diva original y frívola. Su expresiva mirada hacía de ella, casi una extraterrestre “convierteformas”, realmente inigualable. Excesivamente, rumbosa y caprichosa, le pegaba fuego al dinero como si fueran pastillas de fósforo para prender leña en la chimenea. Vivió como he dicho antes, ni una princesa del lejano Oriente. Y lo mejor de todo, es que no se privó de nada. Absolutamente, de nada. Risa nos podrían dar los actuales asfixiados y arruinados del S.XXI, Nicholas Cage o Johnny Deep con sus extravagancias y miserias personales. No obstante, como ya les tengo acostumbrados, sepamos el pasado familiar de la gran diva. Nacida con el nombre de Gloria Josephine Mae Svensson, allá por 1899, en Chicago. Hija de un militar de rango raso, Joseph Theodore Swanson y su madre Adelaide Klanowski. De creencias luteranas estrictas. La pequeña Gloria se pasó media vida entre Puerto Rico y Florida.














Aquellas constantes idas y venidas, le aleccionaron en el conocimiento del español, y muy cerca, de un colegio de monjas luteranas para no perder la tradición. Su madre de origen germano/polaco era una ferviente creyente. Gloria, no destacaba en los estudios de la básica. Eso, sí. Cantó en el coro de la Iglesia y participó en varias obras teatrales. En aquel periodo de la niñez muy cercano al tránsito de la pubertad, nuestra querida Gloria, según lo consultado y leído en las biografías que recomendamos, impetuosamente, nunca tuvo un grato recuerdo de aquella época. Gloria tenía prisa por convertirse en mujer y dejar a un lado, las simplezas de la niñez. No tuvo ningún reparo, en aseverar, que odiaba ser una niña. Estaba obsesionada con hacerse mayor. Aquella actitud hostil hacia la infancia ocultaba un viejo trauma, donde las relaciones con su padre fueron clave, en su interés. Volvió a repetir aquello que, como mi padre, nunca ha habido otro: “era el hombre que lo sabía todo. El tipo que tenía respuestas para todas sus inquietudes. De ahí que declarase con contundencia, aquello de; “las cosas de la infancia, nunca encandilaron mi pasión por ese periodo. Siempre consideré que era un preámbulo clandestino y considerablemente bobo, que había algo más real, palpable, misterioso y vibrante”. Detestaba vestirse como una chiquita, vestir muñequitas, lavar cacharritos, jugar y dormir con juguetes.Toda la dinámica de las niñerías, la exasperaban. Sin embargo la vida es caprichosa y azarosa. Tanto como un radiante día de sol de primavera por la mañana y su cruel tormenta de granizo por la tarde. Es decir, uno de los de tantos que salen todas las mañanas, a Gloria le pasó algo, que cambió el rumbo de su vida. Una tía suya la llevó, por pura curiosidad, a Essaney Studios en Chicago. Cuando muchos de los estudios —que finalmente inaugurarían al Nueva Babilonia del Oeste— solían estar ubicados en New York o el mismísimo Chicago. Allí llamó la atención de un jefe de producción. Muy pronto se convirtió en una extra regular. Ganaba un modesto dinero, pero con suficiente dignidad para teminar abandonando la escuela. A los 15 años fue contratada por la compañía Essanay. Interviniendo a continuación en dos cortos realizados por Charles Chaplin. Como The meal tickety His new job (1915). Dejando muy buenas sensaciones. Recién cumplidos los 17 rodaba su primer cortometraje como protagonista, al lado de Bobby Vernon. Todo ello, bajo la mirada del lince productor Mack Sennett en Keystone. La película fue en éxito de taquilla y el público rápidamente se identificó con la maravillosa Gloria Swanson. Y llegó su primer matrimonio; se casó con el que sería el esposo número uno: Tuvo seis maridos; se enlazó con tan sólo 17 años al lado de Wallace Beery —quien la violó la noche de bodas— un distinguido actor, con más de 200 películas en su cartera, e intérprete de la celebérrima, Isla del Tesoro en el papel de Long John Silver. Beery la dejó embarazada y le ocasionó un aborto; además, era un alcohólico y raro era el día que no le diera una paliza.
















Finalmente, salió del aquel horroroso matrimonio, y nuevamente, con apenas 20 años reincidió en el altar con el empresario Herbert K. Somborn, esposo número dos. Gloria se quedó embarazada y tuvo a su primera hija; Gloria Swanson Junior y adoptaron a Joseph Patrick (Sony). A partir de aquel instante, nada la contuvo. Nunca conoció los límites, ni materiales ni personales. Posteriormente, llegó su mejor momento, el esencial encuentro con su director fetiche y amante/confidente; el inefable Cecil B. de Mille. Este mito del 7º arte supo ver en ella; la materia prima perfecta —de un ideal femenino— que haría furor en la década de los 20: la femme fatale. A la vera, de DeMille, y dando todo su talento: Swanson comenzó a subir como la espuma de una botella de champán. En el admirable Crichton (Male and female, 1919, de Cecil B. de Mille), se construye un físico y un estilo, rodeado de un halo misterioso, del que quedaban prendidos cuantos caían delante de sus largas pestañas. Las mismas que se extremaban de rímel, una y otra vez. Su boca totalmente perfilada y la inteligente dosificación de sus artimañas de mujer. Convertida en una figura mítica del cine, obtuvo un importante contrato con la Paramount y mantuvo una frenética actividad, trabajando para Sam Wood de 1921 a 1923, y a las órdenes del magnífico Allan Dwan de 1923 a 1925. Una etapa donde quedó encasillada como la mujer fatal, por excelencia. Empero, su talento iba más allá del estereotipo, y supo extraer de sus personajes todo tipo de complejidades que iban desde la picardía al dramatismo, de la alta comedia a la tragedia. ¿Por qué cambiar de esposa? (1920) y El señorito Primavera (1921), ambas para De Mille; La octava mujer de Barba Azul (1922 Sam Wood), El salario de la virtud (1924) y De la cocina al escenario (1925), de Allan Dwan, títulos que pertenecen a esa fascinante etapa. En 1926 rodó en Francia un filme histórico, Madame Sans-Gêne, de Léon Perret, y ese mismo año formó su productora, asociándose con la United Artists, la compañía creada por el supertrío de oro: Douglas Fairbanks, Mary Pickford y Charles Chaplin. Para el autor de Cleopatra y tantos otros filmes monumentales, Swanson se convirtió en el paradigma de la mujer extravagante y caprichosa que, en aquel tiempo, el público parecía solicitar. Ya lo había conseguido, convertirse en la dueña y señora, de una época, donde la excentricidad era lo más parecido a los personajes de las novelas de Fitzgerald. Nihilista y libertina.


















Vivía al margen del mundo, en su egocéntrico microcosmos natural. Mansiones gigantes, coches enormes, plantillas de criados que ni la Reina de Gran Bretaña. Antes de que existiera Hollywood, ya reinaba entre las diosas primigenias del celuloide. Gloria Swanson, entre nosotros, y para los de a pie encabezaba el derroche con sus contoneos por la Alameda de las Plumas. Las pobres estrellillas —de hoy en día— babean de envidia al conocer el desglose de una factura de Gloria: 25 mil dólares en abrigos de piel; 50 mil en vestidos; 24 mil en medias, zapatos y ropa interior; 30 mil en blusas, bufandas y accesorios; 6 mil para la nube de perfume que la envolvía. Como en aquella ocasión que confesó a la prensa una de sus frases memorables: “El público quería que viviéramos como reyes, así que eso hice”... Su propia hija, Michelle, la consideró una mujer “imposible” de tratar. Sus excentricidades rayaban el paroxismo. Vivía en una mansión con 30 criados; en sus viajes a Europa alquilaba un barco completo para llevar el equipaje y en diez años despilfarró la friolera cantidad de 300 millones de dólares. En su autobiografía sentenció: “el dinero es divertido hasta que no queda nada por comprar”. Es evidente, que la joven Gloria Swanson había visto un nuevo paraíso. Sin duda el sexo, el matrimonio y los hijos le abrieron una ventana a un mundo más tangible, menos iluso pero lleno de sabandijas rastreras, dispuestas a devorar su inocencia. Ella afirmaría que algunos de sus maridos la violaban, en más de una ocasión, tomándose su derecho de pernada. Uno de ellos, curiosamente, la acusó de adulterio con más de 16 hombres diferentes. Esa idealización llegó a tal extremo que —siempre buscó la abstracción física— lo pretendientes tenían que tener esa mácula de madurez y afán protector, de su amado padre. De igual modo, que dilapidó billetes a gogo, también gastó a los hombres. Chirriadora, de facciones un tanto exageradas, bonita sin ser bella, con unas cejas continuas trazadas con puntero, poseía una sensualidad desbordante que derretía a los hombres como si fueran de cera. Pero Gloria no era mujer de un solo hombre y mientras filmaba las lacrimógenas cintas de Cecil B. De Mille su protector y amante sostuvo sonados romances con Rodolfo Valentino y otros 13 actores, que no tenían el pedigrí del italiano, pero si eran grandes conocidos de la fructuosa década. La prensa del higadillo, de por entonces, chismorreó algunos nombres: Ben lyon, Charles Farrell, Douglas Fairbanks, Elliott Dexter, George O,Brien, Hugh Allan, John Gilbert, John Barrymore, Milton Sills, William Haines, Wiliam Powell, Ramón Novarro y Thomas Meighan. Se echó encima de sus espaldas, hasta el último dólar que ganó. En el esplendor de sus días, Gloria Swanson fue la primera actriz de Hollywood en cobrar 1 millón de dólares anuales. Se cuentan por cientos, todos aquellos, que cayeron en la red de sus pestañas y soñaron con besar aquella boca, delicadamente perfilada.   Aquella década era una locura, en todos los sentidos. Tras los duros años de la 1GM, la gente, el público y Norteamérica sólo quería disfrutar de la vida.
















Los locos años 20 infundieron un subidón de endorfinas en la gente que no paraba de bailar Charleston. Vestirse con plumas y deambular por el mundo de pura jarana. Y de repente, apareció un príncipe azul, algo con sangre real: su tercer marido, el Marqués de la Falaise de la Coudrave, Henri le Bailly. Aquello de llevar la tilde de marquesa obtuvo el colmo del divismo. La Swanson contrató cuatro lacayos para que la llevaran alzada en una litera al camerino; el resto del equipo debía hacerle reverencias. Hollywood comenzaba a dar muestras de afixia y se reinventaba en la nueva década de finales de aquellos convulsos años 20. La forma de hacer películas y de distribuirse entraba en un nuevo periodo. GS en 1930 terminó divorciándose de su tercer marido, el Marqués de la Falaise. Y lo más increíble de todo, el nuevo amor de la diva, era un tipo con mucho oficio, pero nada limpio en los negocios: Joseph P.Kennedy, el padre del mítico presidente norteamericano de las década de los 60. El hijo del afamado traficante irlandés de alcohol durante la ley seca: dejó su estilo. El compañero de cama, de la gran Gloria, hizo un viaje en la barca de Caronte. Aunque, hay quien dice que él no fue el viajero de turno, sino el mismo Caronte.  Así, entró en el mundo del cine la estirpe Kennedy, trazando un camino de Boston a Hollywood —un itinerario cruel y espeluznante— por las ruinas de corporaciones desaparecidas... de las que se desprenden aromas de una atmósfera claramente ventajosas. El ascenso de Kennedy a Hollywood se jugó en un gran tablero de ajedrez. La estrategia pasaba por tomar pequeños peones como Robertson-Cole y F.B.O. Y así, ir poco a poco derribando, sistemáticamente, a caballeros y reyes como Pathé y K.A.O. para crear la reina de RKO, en menos de cuatro años. El personaje se movió en un arrojo de crueldad —posiblemente sustentado en el abandono—  de una serie de empresas reorganizadas. Si bien, son muchos, lo que apostillaron que les hizo un favor a muchas de ellas, pues, eran montones de escombros de gestiones fracasadas por ellas.















Gloria Swanson estaba muy cerca de lograr dos de las mejores interpretaciones de su carrera: la de prostituta en Sadie Thompson (1928), del grandísimo Raoul Walsh. Una obra que hizo de la Swanson, una mujer llena de orgullo y valentía, todo un homenaje al coraje femenino. Desde intentar camelar al censor Will Hays, en un almuerzo donde se limaron párrafos del guion y algunas cuestiones peliagudas. Hays le hizo una promesa verbal de que no tendría ningún problema con la realización de una película de este tipo. Swanson se propuso obtener los derechos de la obra haciendo, algunos movimientos de lo más torticeros. Cuando surgieron las noticias sobre lo que se pretendía con la obra, los tres autores amenazaron con demandar. Swanson más tarde intentó negociar una secuela por 25,000 $. Al mismo tiempo que GS (ya tenía un peón jugando en FOX) había comprado los derechos de la historia original. La secuela debía seguir las nuevas hazañas de Sadie en Australia, pero nunca se hizo. Sintiendo que nunca tendría tanta libertad artística e independencia como lo tenía en ese momento, Swanson decidió que el planteamiento del estudio era demasiado formulista, y decidió llamar al director Raoul Walsh, quien firmó con Fox Film Corporation en ese momento. Walsh había sido conocido por traer material controvertido al cine, y en su primer encuentro con la diva fue realmente positivo. La Sadie Thompson interpretada por Gloria Swanson era una realidad. El film fue muy recibido por la crítica y la taquilla. Pero, la excéntrica actriz, se había empecinado en una segunda parte que nunca se realizó. A pesar, se haber estado trabajando —codo, con codo— en el guion con R. Walsh. El código Hays, cada día ejercía una labor más restrictiva. Y finalmente, la Swanson, fue cuando escuchó las campanillas del magnate, Kennedy que había aterrizado en la vieja Babilonia. La relación fue a más. Se convirtieron en amantes y montaron su nidito de amor entre sábanas de satén y lujuriosas cabalgadas sobre la diva de nácar. El bribón de Boston inventó un filme para su querida y le encargó la dirección al lunático y excéntrico Erich von Stroheim. Todo un personaje, bien conocido por la diva de Chicago. Kennedy ya ejercía como productor ejecutivo de Swanson. Inicialmente, el film se titularía, El Pantano. Una cinta que desde el punto de vista comercial y artístico era inviable en 1928. El primer copión que fue visionado por el bostoniano, según palabras textuales, de Kennedy y los socios productores; la tildaron como porno casero de la peor ralea. 















Gloria interpretaba a una jovencita criada en un convento que hereda una cadena de burdeles en África; la actriz pegó el grito al cielo y exigió a su amante que despidiera al loco Von Stroheim. Además de encargarse de salvar la película y los 800 mil dólares que había invertido. Queen Kelly (1929) fue un proceso de arrojo y pundonor por parte de Gloria Swanson, que finalmente, ella mismo terminó, montó y estrenó personalmente, en contra de la voluntad de su director. Lo que ella no sabía, porque no estaba en el set en ese momento, fue que von Stroheim había filmado al príncipe agitándolo bajo sus narices. Después de ver la película con un tono vulgar y grosera. E. B. Derr informó que el personaje interpretado por el "cliente" de Kennedy (así llamaba la camarilla del bostoniano a Gloria Swanson por escrito) "podría ser interpretado por cualquier mujer de tercera clase". Joe se encabronó y se portó como un auténtico patán de los negocios. En lugar de tomarse el fracaso de manera deportiva decidió maniobrar y endosó todas las deudas a Gloria. La diva se pasó casi 20 años pagando facturas. Ya se sabe que la única manera de hacer plata es quitándosela a los demás. La Swanson envió a la mierda a Kennedy, porque este tuvo el desparpajo de presentársela a su esposa Rose y Gloria comentó: “Una cosa es ser la amante y otra exponerme a esta obscenidad”.  El contable anterior a Kennedy de Gloria Swanson, muy pronto, informó que de los registros que pudo conseguir, todo parecía tener una destinataria: Gloria Productions. Empezando por el bungaló que Kennedy había construido para ella en Pathé, el abrigo de visón que le había dado, como señal de amor, junto con todos los gastos del film Queen Kelly. Ahora todo aquello, eran deudas, por un total de más de un millón de dólares, de los cuales, ella era la única responsable. Una versión truncada silenciosa de Queen Kelly se lanzó en 1931 en toda Europa, pero no en América. Gloria Swanson nunca se recuperó de aquel mazazo. Ni financiera, ni profesionalmente. Después de su divorcio con el marqués y la espantada del patriarca de Boston. Decidió casarse con un playboy irlandés: Michael Farmer. Para mayores referencias, alcohólico, trincón y haragán. Una relación desastrosa de la que sólo quedó el tercer retoño, de la diva. Una niña a la que le puso, el nombre de Michelle. Dos años duró el paso del cantamañanas Made in Irlanda. Los problemas por los que estaba pasando Miss Swanson se agudizaban, pues, la llegada del cine sonoro: no terminaba de traer las mejores noticias para Doña Gloria. La estrella de Gloria Swanson comenzaba a menguar y a pasar al rincón de los humanos de parada de autobús y pateo diario, de cualquier lugar. Sometida al banquillo de las reliquias. A pesar de que su figura, como mito, jamás perdió vitalidad. Gloria adivinó que los nuevos procedimientos iban a implicar una revolución profunda, y se esforzó para estar a la altura de los tiempos. Estaba en la madurez de su temperamento artístico, en la cúspide de su arte, y no se podía resignar. Los chupatintas de la prensa señalaron que Swanson fue incapaz de superar el cambio tecnológico del cine mudo al sonoro. A pesar de las lecciones de declamación, trató de adaptarse a las nuevas condiciones de rodaje. Pero se ve que estos nuevos lameculos ignoraban que Gloria tenía una voz de soprano. Se renovó para dar lo mejor de ella en el nuevo medio sonoro. Solo que los sátrapas de los estudios de cine aprovecharon la coyuntura para contratar actores imberbes y jovencitas calenturientas, para desbancar a las verdaderas estrellas que triunfaban como deidades. Empero, su carrera entró en una fase de declive de la que ya no se recuperaría. “Indiscret”(1931) del gran Leo McCarey y “Perfect understanding” (1932) de Cyril Gardner fueron sus dos últimos trabajos importantes. Obviamente, el tiempo es algo tan enigmático y sensible; que a todos nos coge por el camino. Eso, que la física nos recuerda, a diario y que no para de subir, acaba en bajada libre: Gloria pasó del paraíso estratosférico al olvido del tedio ciudadano diario. Los mismos humanos que le rendían pleitesía a su paso, giraban la mirada a la acera de enfrente. Esos mismos humanos de cualquier avenida, los cuales, estamos sometidos a las leyes físicas. La caída libre se palpaba en el ambiente. Faltaba muy poco.














Ella, en el fondo, seguía creyendo que era la reina de África y un tótem de la vieja Babilonia. Se marcó un penúltimo matrimonio con un alcohólico de tres al cuarto, William N. Davey. Un mal bicho que la dejó tirada —en un momento— donde el resquebrajamiento ya era una obviedad. Así de claro, compuesta y sin un céntimo, en la miseria más extrema imaginada. No obstante, como decía la difunta de mi madre: el dinero va y viene. Pues, la pequeña diva de estatura y enormes agallas, Gloria Swanson. Se obstinó en mantener el porte y el señorío, acabó trabajando de secretaria en una agencia de viajes y se involucró en el negocio de la moda para pequeños supermercados. Algo así, como la ropa del siglo XXI de un Lidl alemán. Otra de las grandes ocurrencias que se le pasaron por la cabeza fue cuando se mudó en 1938, a Nueva York e inició una empresa de inventos y patentes. Multiprises Corporation. Una pequeña empresa para rescatar a científicos e inventores judíos de toda Europa y llevarlos a los Estados Unidos. Sin embargo, le quedaba un as en la manga y ese iba a venir de la mano de un genio Made in Austria. El cineasta Billy Wilder en 1950, creo una de obras maestras del 7º Arte. Sunset Boulevard, fue la gran revancha de Gloria Swanson. Y nunca mejor dicho, la mejor candidata, que podía interpretarse a sí misma, a la vieja estrella del cine mudo encerrada, con sus recuerdos en una arcaica mansión de Sunset Boulevard. El equipo completó la narrativa de producción a finales de 1948. Después, de lo cual comenzaron a trabajar en el guion. Wilder contrató a Montgomery Clift para interpretar a Joe Gillis, pero la búsqueda de Norma Desmond resultó complicada. Mae West, Mary Pickford y Pola Negri rechazaron el papel. Fue entonces cuando Wilder recordó a Swanson. Llamó para preguntar si ella entraría para una prueba de pantalla. ¿Yo? ¿Una prueba? Me rebelé ", dijo más tarde. 'Nunca hice una prueba en mi vida... fui grosera con él. Dije para qué demonios me tienes que poner a prueba. ¿Quieres ver si todavía estoy viva, verdad? ¿O dudas que sea capaz de actuar? Al final Swanson cedió y realizó la prueba. "Cuando obtuvo el papel, quedó encantada", decía su hija Michelle. Wilder permaneció hipnotizado por la presencia de la pantalla de Swanson y se decidió a reescribir la historia para que Norma Desmond fuera el personaje central. Dijo Wilder. “Bueno, tenía una cara que no podía duplicarse... Sabía cómo actuar con gestos, algo difícil de enseñar”. En cuanto a Gloria Swanson, sabía que esta era una oportunidad de su vida. Ella dio una interpretación extremadamente atrevida y caminó, a través, de una línea muy fina. Era muy consciente de que su trabajo podría haber ser tildado de ridículo. Pero de todas las personas —que realmente creyeron en el proyecto— fue ella. Pensé que era un guion increíblemente atrevido, como nada que haya visto antes. Algunos encontraron el material demasiado radical. Aunque Wilder quería abrir la película con una escena en la morgue del condado de Los Ángeles en la que 36 cadáveres hablan sobre cómo murieron —la película está narrada por el difunto Joe Gillis— el director se vio obligado a desechar la secuencia tras los malos resultados con las audiencias de casting. Después de una proyección temprana para la industria del cine. En aquel verano de 1950, Louis B. Mayer le espetó: “¿Cómo cojones se atreve este joven, Wilder, a morder la mano, de quién lo alimenta?”. La respuesta de Wilder fue: “Soy el señor Wilder y Ud. se puede ir a la mierda”. Empero, fueron muchísimos los que reconocieron el crudo mensaje de aquella obra maestra; su advertencia de los peligros inherentes a la celebridad moderna. Durante esa misma tarde, cuando Wilder se enfrentó a Mayer. La actriz Barbara Stanwyck se acercó a Swanson llorando. Para arrodillarse ante ella y besar el dobladillo de su vestido, un gesto silencioso, que hablaba de su admiración por la valentía de su actuación y la autenticidad de la película.
















Wilder tuvo el talento, además, de enfrentarla a su antiguo amigo y director, Eric von Stroheim, en el papel de chófer y ex esposo de la vieja estrella del periodo dorado del mudo. De aquel choque de ambas personalidades, surgían un montón de chispas de recuerdos cómplices, y de algún modo, todo ello redundaba en el patetismo del film. Donde la diva Gloria Swanson estaba inmensa. Realmente, llegaba a estremecer y remover la conciencia de más de uno. Curiosamente, el público la aplaudió hasta el delirio, en su aparición en Broadway. Del mismo modo, que aplaudían sus films en la década de los 20.  Dándose un homenaje al interpretar una comedia de Ben Hecht y Charles Mac Arthur, Twentieth century. Aplaudían a la actriz, pero también al mito que no podía morir, a la historia del cine que se encarnaba en ella. La última aparición en el cine, fue en un film de la franquicia Aeropuerto (1975). Donde, concurrían, viejos y viejas conocidas de su tiempo. Al año siguiente, notó que Cupido volvía a llamar a su corazón y con 76 se casó con el periodista William Dufty (30 años menor que la superdiva), y sexto marido. Dufty co-escribió la biografía de ella. En un libro “Swanson on Swanson”. Dónde apostilló otra perla: “de mis maridos no guardó buenos recuerdos, los consumí como si fueran cigarrillos. He dado mucho más de mí a estas memorias, que a ninguno de mis matrimonios. Ya que de un libro, no te puedes divorciar”. El resto de sus días terminaron codeándose con lo mejor de la alta sociedad, norteamericana. Disfrutaron de los mismos gustos (devotos de la alimentación macrobiótica) y viajaron por el mundo como dos adolescentes. En su epitafio se podía leer un aséptico "Gloria May Josephine Swanson 1899-1983". No había sido su última voluntad. Pero las posibilidades eran mínimas. A ella le hubiese gustado dejar un epitafio, muy de su estilo. Tal como soltó, en una entrevista, la siguiente frase para la posteridad. "Pagó sus facturas. Esa es la historia de mi vida". Swanson murió en Nueva York el 4 de abril de 1983. Tenía 84 años. Muchas de sus propiedades fueron subastadas al mejor postor. Apenas les Dejó medio millón de dólares a sus tres hijos, después de haber derrochado la mayor parte de su fortuna. Desgraciadamente, nadie tiene dos vidas, ni le van a regalar otros 84 años extras, los años que los dioses le dejaron vivir como una reina de su época. Lo dicho, entró en el quirófano, contra su voluntad y le operaron de una aneurisma. Falleció el 4 de abril de 1983 en Nueva York. Los hagiógrafos periodísticos publicaron al fin el obituario que tenían redactado hacía 30 años, acerca de una mujer que escribió el vademécum del estrellato, el ícono “fashion” de Hollywood, pero que para su desgracia se adelantó a su tiempo. Multifacética y con muchos talentos, no es de extrañar que Gloria Swanson, a día de hoy, sea venerada en el mundo del cine y del más allá.







                            Dedicado a Antonio Mercero marzo 1936/mayo 2018 In Memoriam








Fotogramas adjuntados

Don´t Change your Husband Cecil B. DeMille  (1919)
Why Change your Wife Cecil B. DeMille (1920)
Under The Last The Shulamire by Sam Wood (1921)
My American Wife by Sam Wood (1922)
Gloria Swanson&your Husband Henri le Bailly  Marqués de la Falaise de la Coudrave (1926)
Indiscreet by Leo McCarey (1931)
Gloria Swanson&William Holden&Eric Von Stroheim in Sunset Boulevard (1950)
Sunset Boulevard by Billy Wilder (1950)








Bibliografía consultada y recomendada

Gloria Swanson (2013) The Ultimate Star by Stephen Michael Sherer Ed. Thomas Dunne Books
Swanson on Swanson (1981) by Gloria Swanson Ed. Pocket Books
Close-up on Sunset Boulevard: Billy Wilder, Norma Desmond, and the Dark Hollywood Dream by Sam Staggs (2002) Ed. St. Martin's Press








 
               

6 años después, el IBP, sigue enamorado de Hubert Selby Jr. y detesta a Mr.Like







Hace ya seis años, que me enrollé la manta al cuello y con la ayuda de la mejor persona del mundo, puse en marcha el Inquietante Bypass. Sepan que no soy muy de celebraciones, ni de escritura personal, ni de la autoayuda, batallitas de chaveas, y por supuesto, mi horrenda empatía social —in person—, que sólo he superado con psicoestimulantes, a lo largo de mi primer cuarto de siglo. Sin embargo, conseguí que mi vida fuera como yo quería: nada de deberle favores a nadie, ni compromisos fraternales. Puedo decir que he hecho lo que me ha salido de los huevos. Eso, sí. Sin dejar de lado mis obligaciones contractuales. Nunca he nombrado a mi familia porque no la tengo. A ver, si la tengo… ¡Demonios! ¿Quién no tiene familia, en este mundo? Aunque, haya sido tu esclavista o maltratador de turno. Una pena, pero claro ese estamento no se elige, se impone. De ahí, mi amor inconmensurable por el gran, Dickens. Me considero un engañado, a todos los efectos. Desde el salto de la placenta de mamá, hasta el lomo de la rana de S. Antonio. Pasando por el fórceps de un obstetra con Celtas emboquillado, pegado a sus amarillos labios, y bigotito falangista, en 1966. Hasta una reanimación cardiaca, debajo de un enrobinado grifo, que chorreaba gélida agua. Afortunadamente, hay algo que me hace feliz, me ha dado mucha felicidad y ha sido mi mejor compañía; el sexo, el dinero y las drogas. El dinero está ahí, no muy lejos. Si trabajas duro, tendrás tu recompensa. Yo he ganado dinero, como me lo he pulido. Una Minipipmer sin tope de voltaje. Y eso, no ha sido nada, comparado con el subterfugio de los jodidos daños colaterales. No. Sres. No conté con ello y de allí, mis malditas penurias. Nunca creí lo que me pasó hace ocho años y menos aún, como me puede estar pasando a mí. ¡Joder! Todavía, sigo sin creérmelo… La putada es que no puedo, ganar dinero como antes. No puedo entrar al campo de juego. He de resignarme, a la realidad, y ese escenario, donde lo vital es apestosamente terrorífico. Sólo quieres desaparecer. A ver, que no me vean en estas últimas letras, escorzos de lloriqueo o moquear. No me quejo, no me gusta el postureo de la lamentación. ¡Cojones! Ahora no puedo ganarme la vida con mis manos. Ya, que sí, que lo sé. Lo entiendo. Síí, medio mundo se muere de hambre para que los acomodados europeos occidentales den la murga. Como estoy de aniversario, se joden y la aguantan. Me crie en un barrio, donde la gente madrugaba mucho para ir a trabajar y las madres hacían cola en el Mercado Central para traer un poco de morralla a la cocina. Un lugar, donde existía un respeto hacía, la edad. Los gerontes tenían galones y sabían de la vida; se les admiraba. En la calle, los colegas estaban a medio camino entre el mundo quinqui, la heroína, la cárcel y la movida: Una estafa de Tierno Galván, pero era tan cool que comparado, con la acera de enfrente, pues hasta tenía su puntito. En el fondo, un hombre sabio, viejo y muy tierno. Dentro de ese colectivo, de ancianos mayores, estaban los que habían tenido sus problemillas con la ley. Es decir, entre ladrones, los códigos existen. Y al abuelo más gamberro, se le respetaba. Bueno, iba a Roma, con su pliego al Papá. Yo era un estudiante modélico de unas notas magníficas, hasta que dejé de serlo. Tenía mucha suerte, con lo del estudio, pues no estudiaba nada y me acordaba de todas las frases, los versos, las formulas matemáticas y las figuras literarias. En esos escasos segundos que, había leído el libro de turno, me colgaba otro notazo en el examen. Hasta que la memoria se empieza a marchar. Se escapa como el confeti de una noche de fin de año. El otro día mirando mi colección de cajas vintage de los mejores Maltas, me di cuenta que la de Bowmore, tenía unas anotaciones, donde se leía títulos universitarios e idiomas. La abrí y me quedé exhausto. No me lo podía creer, tendría que pasarme un día entero para introducirlos en una base de datos.  Mi casa está llena de libros, casi todos comprados en librerías de lance, rastros u ofertas de saldos. Siempre pensé que con una licenciatura, o dos, la gente te abriría una puerta y te miraría mejor, esgrimiendo debajo del brazo un título firmado por el gangoso matadumbos Borbón.














Yo crecí en un tiempo y un barrio, donde las familias eran tan pobres que le decían al vecino; mi hijo es abogado, eh! Claro, que tiene su lógica. Aquellas personas nunca pudieron leer ni un solo libro. En el fondo, es una gran estafa, lo del título de matadumbos. Todavía recuerdo el día que llegué a la universidad —uno estaba encantado— menuda breva. Trajeado como Patrick Bateman. Olía a Ferragamo y pisaba con fuerza mis Clarks. Un 127 Fura, en la puerta y un montón de nenas “Ñan”, que me miraban. No había muchos tíos de 25, todavía quedaba un mes para los 26. Ah!, aquel aspecto aniñado y guapín que daba propinas al camarero del bar de la facultad y pagaba las copas de criaturas que, llevaban la mochila del Corte Inglés pagada, con los Valecortys, de sus viejos. Era el puto amo. Y batí un record. Menuda máquina: trabajando y estudiando 5 años seguidos: me licencié, con tesina y una tesis doctoral que no quise leer, porque la quemé, tras una noche de farra hasta el amanecer. La quemé en un descampado con una botella de Jameson en la mano. Borracho como una cuba, reía y reía delante del fuego. ¡A la mierda! La cuestión es que no paraba, también compaginé un Máster de dirección de cine, guion y producción, que por cierto lo organizaba gente del ESCAC y una universidad palmera que pone la mano. No recuerdo bien, el nombre, hay tantas, como setas. Sí, esos bolos que se montan algunos de los que tan efusivamente, y a día de hoy, pintan canas por las redes sociales con sus retoños. Como Amancios, en su cumpleaños. ¡Qué tal chico, cómo estás...! Y se exhiben, Ahora, cuando, lo ven a uno, dócil y viejo. Desconchado, por las cicatrices de los quirófanos y convertido en un ser sin vida por el dolor. Todo el mundo siente pena y esa lastima por el descalabro. ¡Grande Wilder, a patadas por las escaleras! ¡Qué lejos quedan las promesas envueltas en oro y lentejuelas! A ver, un segundo, que tengo que tomarme una cápsula de morfina y un zumo. Sigamos, ¿por dónde iba? ¡Ah, sí, ya recuerdo! Un par de años antes de entrar en la facultad, comenzó mi primer gran intriga por el cine. Sí, aquello fue un escándalo, de cojones. Al lado de la pija, más guay del sagrado corazón púrpura redentor, no soy muy devoto. Será porque pude elegir entre ética y religión. Poca diferencia, la maldad las separa seis grados, en el limbo. Ahí, comencé otra estafa relacionada con el cine, donde aparecían gentecillas de la divina cultura de esta villa fallera. Desde gente que ganó un Goya, pidiéndome una correa, pues se le caían los pantalones. Ahora, el cabrón agarrado como un chinche; no se pintaba una línea de la papelina que llevaba en el bolsillo. Cosas de aristócratas antisistema. Estaba fuera de órbita. Desde que tuve que aguantar una noche, a ese hijo de la gran puta borrachín, de Córdoba. En el rodaje de un cortometraje, me ponen de nani de guardería en el café de la Infanta. Menudo elemento. Por cierto, con la ley actual ¿Se le podría aplicar los cargos de acoso y violencia de género? ¿O lo acosar, a un tío no es acoso? Creo que los The Goya Corporation, me señalaron de por vida. Ahora, la vida da muchas vueltas y entré en un bombo de la champions league. Donde, yo terminé metiéndole el mejor gol, de mi vida, a todos estos niñatos de Papuchi y Mamuchi. Como lo de escribir, no se me daba mal. Alguien, a quien  le tengo un gran respeto dijo; lo haces un rato bien, criatura. Hay gente que te mira con buenos ojos. Ahora, es el presidente de mi club de fans del IBP. No todo va a ser hulla de Ponferrada. Habrá gente que les joda escucharlo y otros se la sudará. Luego, están los que lo dicen todo con la boca pequeña y los ojos ensangrentados. Lo siento, pero no tengo la culpa de escribir y follar como los ángeles de la Capilla Sixtina. Los ángeles follan, y no es mentira, hasta Versace lo dijo, antes de ser asesinado.












La cuestión es que escribí un guion. Aquel guion era para un formato televisivo de concurso. Tuve una idea cojonuda y la cosa, como el que no quiere, fue un pelotazo. El episodio piloto hizo un gran share. Algo que yo detestaba. La cuestión; es que la productora —que gestionaba el programa— no quería que yo tuviera la autoría y el copyright de aquel sarao. Y dije: Puta madre! Nos fuimos a pleito. Como me la traía floja aquel mundo, de chilicuatres, del postureo digital. Accedí a negociar en una habitación, una suculenta compensación económica. Así como la entrega de todos los derechos de autor. Se lo quedaron y felices con unas perdices los perdí de vista. Querían darme la mano o besarme el culo… Yo solo quería marcharme lejos… Ese guion es la idea original de un programa que —a día de hoy— se emite en más de 50 países. No me quejo, eso sí. Mi picapleitos que es una de las personas, a las que más quiero, junto con mi asesor fiscal. Me dijo que estaba loco de atar. ¿Por qué vender algo que lleva 20 años siendo la gran mazorca de la TVs? Te lo dicho mil veces, Isidro:—No me gustaba, esa mierda. Yo quería hacer cine. Irme lejos de este puto país, cuando se muere mi madre. ¿Inoportuna? Puede. La vida y fatalidad, separadas por un instante muy efímero. Una tragedia más, que metes en tu mochila, y se carga con ella. Fue un época convulsa y compleja. El dinero se consumía. De repente, cogí el teléfono. Al otro lado, del hilo telefónico, el depredador de Isidro. Él sabía lo de mi madre y con lo que ganó de la comisión del affaire del guion. Nunca ha dejado de llamarme y preguntar por mi vida. No obstante, Isidro, me llamaba para decirme algo muy jugoso:— ¿Oye, Jon, si no quieres ser guionista famoso, podrías trabajar como escritor negro…?—Ah, pues, tío. Tiene buena pinta. Va a ser que sí. Me consiguió un contacto con una agencia que necesitaba un escritor con estilo y oficio, para ser Ghostwriter. Así, hasta llegar a la edad, de todas mis desgracias, 43 años. La edad de mi eterno amigo Tony Soprano. No lo puedo evitar, pero lo echo mucho de menos. ¿Ven por qué sigo mustio y muy jodido? Lógico.¿No creen que podría estar ganando un pastuki? Luego, está lo de esta chica, rubia, que manda en Madrid y al parecer quiso hacer un Máster, como el sujeto, Blasito. A ver, se acuerdan de la botella de Malta de Bowmore, claro que sí, con lo bueno que está. Da la casualidad, que como no había tenido bastante con la arqueología, la prehistoria, el cine, los putos guiones y el mundo negro. También hice un Máster de Periodismo y estaba en la cadena de los curas de becario. Tenía muchos tacos y la gente me llamaba el becario científico, por lo de los espolones. Los chavalitos pagaban un pastón como la Cifuentes (perdón, ella no) para hacerlo y poder hacer prácticas gratis. ¡Hay que joderse! Venga, ya! Investiguen las universidades que son cómplices de esta mierda. Les gusta el dinero, tanto como a servidor. En ese Máster conocí a Blasito, que sin tener la licenciatura de Periodismo, acabó siendo un tipo muy importante en la consejería de cultura de fallerolandya.












No digo, sus apellidos y demás, porque esto lo tendría que hacer los de la prensa levantina. No confundir con los cachas. Y ya saben, que el dinero, es esencial para mí. Luego, no tengo ganas de joderle la vida a ese cabrón, al cual le hice hasta el trabajo de fin de Máster y tropecientas mil asignaturas. Bueno, dejémonos del puto Blasito y vean cómo se las gastaban, en la capilla del micro de los curas. Llego allí y me dan un plumero y una caja de folios. ¡A la fotocopiadora, campeón y nos traes dos aguas con gas! Pasaban los minutos y a las dos horas, aparece una chica con cara de angustiada. Me dice:—Oye, chico, que te llaman del estudio central. Allí, que voy yo. Mi voz, al igual que mi entrepierna; suena muy viril y sexy. La cosa como el que no quiere, se mascaba en el ambiente, apuntaba mal pálpito. Aquel corral tenía un gallo grande y viejo, al que mi intervención —“in live”— lo hizo polvo cuando entré en antena. Y se las ingenio, para decirles a los de la dirección del máster; que no era la persona indicada para trabajar en radio. Yo antes de marcharme le espeté: ¡Ud. es un envidioso! Lo lleva en la cara. “Arrieros somos, y en el camino, nos encontraremos.” Me marché muy enfadado, enfadadísimo. Supe con los años que, al payo, le dio un infarto, como el que me dio a mí, de los masivos. Realmente, muy jodidos y letales. Empero, él se murió. Lo siento, yo no le deseaba la muerte. Ni se la deseo a nadie. Sólo un par de hostias públicas o unas disculpas… Ahora hay un Máster de radio con su nombre y una placa. Los niños y las niñas bien que estudian periodismo en la privada pagan por hacer prácticas en la silla del rey de la radio fallera. Como diría mi amado Hubert SelbyJr. He tenido una vida realmente, muy literaria. En 2002, Selby entregó a la imprenta su último trabajo, porque ya no tenía vida pública. Atado a un tubo de oxígeno, había dejado de dar clase y padecía una terrible depresión. El bueno de Selby murió en abril de 2004 por la jodida necrosis pulmonar crónica, que soportaba, desde sus tiempos mozos en la marina. Curiosamente, Hubert rechazó la morfina durante sus últimos días de hálito. ¿Entienden porque me gustaría escribir como Hubert Selby Jr? No hay escritores como él, ni los hacen ni se fabrican. Es muy difícil ver algo tan sui generis, como aquel genio. Recordaré aquella reseña que escribió para L.A. Weekly: “Lo extraño, en realidad, es que todavía estoy vivo, y que periódicamente puedo publicar un libro. Creo que tiene que ver con aquella sentencia de muerte que me dio el médico cuando era joven. Que se vaya a la mierda, pensé entonces. Nadie me dice lo que tengo que hacer”. Durante estos 6 años, el IBP, en realidad se le debe al coraje de una mujer extraordinaria, que me empuja a ponerme delante del ordenador. Aunque, sea en una silla de ruedas. —Escribe, Jon. —No cielo, yo no soy escritor. Para ser escritor se necesita el arte de la disciplina y la técnica. Y yo nunca he sido disciplinado, aunque tenga mucha técnica. Está claro que soy una causa perdida. No tengo miedo a la muerte, sólo a no verte nunca más. Eso si que me da auténtico miedo. Aquí me he sentido libre y escribo cuando puedo, sin presión. Escribo de lo que quiero, siempre con el cine por delante. El dinero, nos da la libertad, para elegir ser muchas cosas. Lo peor, es tenerlo y no tener salud. Es obvio, cuando no tienes un céntimo no haces la declaración de la renta. Por cierto, no le den un like, al post. Pues, me importa un pimiento, Mr. Like. Y todos sus negocios de venta de datos; cuando cagamos, follamos, nos cepillamos los dientes o nos vamos de vacaciones. ¡Qué le den a Mr.Pulgar! Empero, si les ha gustado mucho, tendré que seguir escribiendo hasta que me encuentre en un bar muy canalla con el karma de Selby Jr. Palabra de cardiopata.








                                    Dedicado a Steven Bochco diciembre 1943/abril 2018 In Memoriam





Fotogramas adjuntados


Hubert Selby Jr: It/ll Be Better Tomorrow (2005) by Michael W. Dean& Kenneth Shiffrin
The Big White (2005) by Mark Mylod
Man of a Thousand Faces (1957) by Joseph Pevney
I love You Phillip Morris (2009) by Glenn Ficarra& John Requa