Barbara Payton; La femme fatale de Bukowski y Cagney






Alguien me preguntó, hace muy poco, que cuanto tiempo llevaba escribiendo en el IBP. Me sorprendió. Pues, le dije: no escribo allí. Yo soy el director de la publicación, el jefe de redacción, el director de arte y el chico de los recados.—Ah! pues, no sabía que, tú…—Ya lo sabes. Esto empezó siendo cuaderno de sueños y crónicas puntuales, de alguien que ha vivido muy bien, y ahora, lo ve todo desde recovecos tediosos e infernales. Apenas recuerdo si se inauguró hace 8, 7 o 6 años. Todo lo que me pasa, en el día a día, se me hace más escurridizo y ausente. Es difícil definirlo. ¿Quién sabe? Igual es que llevo escribiendo toda la vida de cine. Desde una perspectiva, sui generis, sobre una serie de personajes —esencialmente— femeninos (es obvia, mi pasión y devoción por las femmes fatales). Reiterando, la misma consigna. Es decir, una adulación o fascinación, la cual, está muy lejos de los tics que tan, en boga andan, como cicateros rótulos de… ¡Eh, tú, sí…! ¡Es mentira, caca y culo! Los que dicen; ya matamos a Galileo. Seguimos igual de embrutecidos. Insisto, el argumento ramplón que rezuma, a día de hoy; postwebesfera. Me da náuseas, y eso, junto con el estreñimiento por los opioides: es sumamente jodido. Pero volviendo a lo sustantivo, y, acordándome de uno de los escritores más grandes que he tenido la suerte de leer: Charles Bukowski. Solo puedo entender a Hollywood como un gran parque temático que —desde muy pequeño— me sedujo y abrió los ojos a un montón de estrellas que las hice participes; de mi particular mundo imaginario. Pues, creo que no hay otra profesión en la vida más alucinante y divertida; que la de ser actor, y con suerte, una estrella del firmamento de la colina de las vanidades. Me gustan las historias fuertes y desagradables. Reales como la puta vida. Tan aterradoramente cómplices, pero, llenas de una empatía adictiva; como un encantador chato de vino en un bar de chaperos o prostitutas. Yo soy como una vieja Norton llena de parches, que le gusta el escocés y la acción. Empero volviendo a lo que todos Uds. buscan en este lugar: están de suerte. Tengo el honor de presentarles una de las historias más sórdidas y agridulces del viejo y legendario Hollywood de los 50. Ese al que una especie de establishment (muy respetable) detesta y condena con desprecio su tragedia y fatalidad. Sí, amigos-as, aquel Hollywood, que se coge de la mano, a éste-a, tan de paripé y febril de las Networks retroalimentándose y atragantándose las amígdalas. Es ese, donde sus amados comediantes se quitan las caretas de histriones y sacan la dramática ternura y la desgracia más miserable. De eso, sabe muy bien, la auténtica protagonista de esta crónica; la gran Barbara Payton. Una mujer increíblemente adictiva y hermosa. 













La pequeña Payton nació con el nombre de Barbara Lee Redfield en noviembre de 1927 en Cloquet, estado de Minnesota. Junto a su hermano Frank Leslie III, más pequeño, en 1931, y sus padres, Erwin Lee Redfield y Mabel Irene Todahl (de ascendencia noruega). Estos gestionaban un restaurante y una heladería. La infancia de la pequeña Barbara fue despreocupada y cómoda. Su fisonomía mostraba unos rasgos para su edad muy atléticos, muy bien aprovechados, para las condiciones de aquellos lares, en las actividades deportivas del largo invierno como esquiar y patinar sobre los grandes lagos helados. Muy interesada en las labores culinarias mostró sus dotes de Masterchef en la cocina y se convirtió en una cocinera precozmente top. En el onceavo aniversario de su vida, sus padres compraron un motel de cabañas, en “Antlers Court”, Odessa (Texas). Gracias a la ayuda económica de la hermana de la madre de Barbara. Aquel negocio se anticipaba una bicoca, dado el auge del negocio del petróleo, en el que toda la población participaba de algún modo. Barbara sintió el gran cambio del solitario y gélido invierno fronterizo del Canadá, a la cálida, y extensa tierra tejana. Lo que no cambió fue el carácter de su padre Erwin Lee. Era un hombre trabajador pero complejo y de poca sociabilidad; parco y seco. Tenía un modo de hablar torpe y muy mala leche. Mabel se ocupó a tiempo completo de la crianza y las tareas domésticas de la familia. Eso sí, ambos progenitores compartían la afición por la del cuello largo. Lo normal, era que comenzarán a darle al alpiste por la mañana. Algo que terminaba con la pérdida de control de Mr. Lee y el abuso sexual a su esposa. La adolescente Barbara, comenzó sus estudios de bachillerato en la High School de la población. Aquella criatura, ya era una moza de un aspecto y rasgos impresionantes. Barbara Payton en la escuela secundaria fue conocida como una niña gozosa, dispuesta a complacer, y aprendió desde muy temprana edad que tenía un efecto seductor sobre el sexo masculino. Sus penetrantes ojos azules deslumbraban en el sol y su tersa tez apabullaba. Apenas, cumplió 15 años y preparó su primera fuga, con un novio lleno de acné, William Hodge, con quien contrajo su primer matrimonio. Sus padres pudieron localizarla y anular —de facto— aquella alocada y legal unión. Sin embargo, Barbara, insistió hasta que pudo salir por piernas e independizarse. Ahora tenía 17 años y se casó con un capitán de las Fuerzas Aéreas, muy joven, de 22 años: Su esposo John Payton. Decidieron trasladarse a California, donde Barbara dio a luz a su primer retoño, John Lee Payton, en febrero de 1947. Aquel hijo, no vino a este mundo gracias a la fuerza a aérea, sino a los arrojos y agallas de su madre, Barbara que lo trajo al mundo en su propia casa, por si sola siempre estuvo muy unida a él hasta que perdió la noción de la realidad. En un reducido espacio de tiempo, tras una rápida sucesión, de cambios en sus decisiones, abandonó a su marido y dejó al bebé con sus padres. La ropa que llevaba puesta, una sola maleta y directa a Hollywood. Barbara, tenía el gusanillo del cine, dentro de su mente y se puso a ello. Sólo tenía un pensamiento en la cabeza, comerse a la ciudad y triunfar. Vanityland se afilaba los dientes a la espera de aquella juvenal hermosa rubia.












Consiguió un trabajo como camarera en Stan's Drive-In, en la esquina de Sunset Boulevard y Highland Avenue, y utilizó alguno de los consejos que le dieron, otras buscadoras de sueños como ella. Finalmente, entra en la escena de los clubs nocturnos más chics de la ciudad. Empezó como modelo y gracias, a ese esbelto y extraordinario físico, muy pronto llamó la atención de los ojeadores de muchos estudios. Pero, unos meses antes de las miradas de cazatalentos de la Universal. Ahí estaba ella, con su dulce pero sexy apariencia, y su sentido del humor. Muy pronto se convirtió en una figura popular por los lugares más lujosos de Sunset Strip; como Ciro, Mocambo y Trocadero. Ganándose el sobrenombre de la "Reina de los clubes nocturnos". Hasta que un día, las cabezas pensantes de la Universal, le ofrecieron un contrato de formación —a modo de actores becarios— y capacitación para jóvenes promesas. Allí, coincidió con grandes e inmediatas estrellas de su generación: Tony Curtis, Shelley Winters, Jeff Chandler y Rock Hudson en la escuela de actuación y tomó lecciones de la tutora residente, Sophie Rosenstein. Bárbara Payton, que no estaba preparada para actuar, según algunas lenguas. Pero como muy bien dijo, ella, aquí hay más víboras por metro cuadrado que en el desierto de Arizona. A finales de 1948 consiguió un contrato profesional con Universal Studios. Hizo algunos pequeños papeles para el estudio, pero éste la abandonó en el verano siguiente, después de salir en la prensa que estaba teniendo una aventura con el hombre casado. El tipo con fama y cédula de matrimonio, no fue otro que el gran actor/cómico Bob Hope. Conoció a Hope en marzo de 1949 en una fiesta, de un hotel, en Houston. Ella, con cierta ingenuidad, acabó convertida en una especie de groupie de Hope al seguirlo por todo el país durante varias semanas mientras hacía apariciones personales. A su regreso a Hollywood, el actor supuestamente la colocó en un pequeño nido de amor en la avenida Cheremoya. Dándose buena prisa en adquirir un buen atrezzo; los mejores y necesarios muebles, para sentirse como el rey de la casa. Incluso, en palabras de un periódico sensacionalista, un doble lecho extra. Aquella enorme cama fue el escenario de muy buenos ratos. Empero, la aventura sexual de la pareja, duró, seis meses, terminando abruptamente con Barbara Payton. Hope está muy nervioso a verse presionado por de ella, al solicitarle, grandes cantidades de dinero para ayudar a cubrir sus gastos de subsistencia. A pesar, de la delicada situación emocional de Hope y la rumorología que llegaba a oídos de su esposa. Sus asesores terminaron por acordar, el pago de una buena suma de dinero, y un contrato, donde se estipulaba el silencio y la desaparición de Barbara Payton. Ésta, se retiró felizmente y pasó una muy buena temporada quemando los dólares del simpaticón Hope. Poco duró aquel dinero.








No tardó mucho, aquella cara de ángel con el grupo sanguíneo Jim Beam, en volver a picotear por el calor y la oscuridad de la noche, del Mocambo. Volvió a la farra del festivalero Mocambo, donde fue fotografiada, al lado del multimillonario Howard Hughes. Acurrucada en un stand, entre el tío de la película John Ireland y el mafioso Mickey Cohen. Y hasta, con un pez gordo de la construcción de la Costa Oeste, Jerry Bialac. Finalmente, Barbara Payton se hizo con un pequeño papel, de fotógrafa, en la comedia; 'Once More, My Darling' en 1949, y participó en dos musicales protagonizados por Tex Williams. BP, no tardó mucho en darse cuenta de la toxicidad de la vida nocturna de Hollywoodland y lo que le ofrecía. Chica joven, rubia atlética, ojos azules. Divertida y perspicaz se deleitaba con el ambiente de fiesta alocada y continuada. Era popular y también, aunque suene mezquino y zafio: una trepa sin escrúpulos. Salía a la caza de muchos hombres, agentes, managers, actores y directores de prestigio. Empero sus gustos por el canalleo fino y lo peligroso; le colmaron de una enorme y larga lista de amantes: El veterano actor de películas B, Mickey Knox también salió con B. Payton. Durante este tiempo se vio involucrada en Don Cougar era solo uno de los muchos personajes sombríos a quienes una Payton pasada de copas ansiaba emocionarlo. Ella también estaba transitando con otra de las chicas noctambulas de las grandes juergas de Hollywood, Lila Leeds (con ella entabló una amistad, más interesada) y con varios miembros de la famosa mafia de Sica. A principios de 1950, los tabloides estaban llenos de titulares aterradores. Cuando ella y Don Cougar fueron convocados ante un Gran Jurado Federal; en el juicio por perjurio de su amigo Stanley Adams. Un consumado traficante de heroína que ya había estado en la trena, por matar a un informante de la policía, Abe Davidian. B. Payton y D. Cougar apoyaron el testimonio de Adams dando por hecho —que cenaba con ellos— en el apartamento de Payton, en el momento del golpe. Empero al parecer sus coartadas eran tan débiles y tan poco convincentes que Adams fue declarado culpable de perjurio y permaneció encarcelado por el cargo de asesinato. Barbara Payton se estaba moviendo demasiado rápido entre juegos de funambulismo y noches locas de sexo. Logró un breve romance con el actor George Raft, y un compromiso aún más breve con el abogado de la industria del entretenimiento; Greg Bautzer. Hasta el legendario productor de cine A.C. Lyles llegó a comentar sobre la joven B. Payton; “cuando le picaba una oreja, estaba muy claro que alguien estaba en su mira telescópica”. Obviamente, el sistema de Vanityland se sostenía en tipos con Montecristo entre los dientes y pies encima de su mesa, mientras se movían en sus enormes sillones multiposición. La búsqueda de caras nuevas y chicas explosivas vivía su apogeo entre los magnates de los grandes estudios. Estaba claro, que la mayor parte de ellos, son los tipos que aplastaban su culo, en los confortables sillones, de turno. La moneda de cambio de aquel tiempo era intentar ser el cuerpo y los ojos, por los que esos productores y directores, no pararían de ir detrás de estas jóvenes actrices, dispuestas a todo, por un sueño.










Ahí, en ese escenario, fue donde Barbara, capitalizó lo mejor que le había dado la naturaleza biológica: un físico espectacular para obtener papeles principales al lado de estrellas consagradas. Las noches de alcohol y sexo, por los garitos más chic y destroyer de la ciudad, fueron parte de sus devaneos nocturnos. Sin embargo, Barbara, nunca se saciaba de alcohol y sexo. Hasta que llegaron las drogas duras; heroína, anfetaminas, cocaína y el secobarbital. La fascinante Barbara Payton tenía 22 años cuando obtuvo uno de sus mejores papeles de su corta carrera: fue la protagonista principal del film Trapped (1949), como la novia del protagonista, Lloyd Bridges. La película se filmó con un estilo documental similar a la maravillosa Naked City (1948) de J. Dassin. Earl Felton hizo un magnífico guion y el columnista Mark Hellinger escribió que Barbara era una de las mejores cosas que aportaba el film. Earl Felton, era evidente, que le gustaba. Incluso, se involucraron en conversaciones muy íntimas y relacionadas con aspectos artísticos de la producción. Algo que a más de uno le sorprenderá. Pero Barbara Payton tenía algo; la cámara la quería. Felton terminó suicidándose y aquello terminó así de contundente y seco. El director, de la película, un enorme Richard Fleischer, dijo: "Barbara Payton tiene una calidad que es inusual, como si hubiera corrido alrededor de una pista, está conteniendo la respiración y esa contención llega a la interpretación al mismo tiempo". Ser una gran estrella estaba al alcance de su mano. Y con epítetos de esa talla, debería haber pensado en ella un poco más. Empero era muy hermosa e individualmente, era una de esas mujeres que llamaba la atención, no había actrices idénticas a ella. Lo cual, le podría haber dejado un pasillo de largo recorrido para  competir otras grandes estrellas de la época. Su actuación fue bien recibida y Esto llevó a Barbara al productor William Cagney, el hermano de James Cagney. "Todos hablaban de ella", dijo W. Cagney,  debido a su trabajo con Lloyd Bridges. Ella era inquietante y explosiva. Cuando vino para una entrevista, estaba tensa y nerviosa, y le dije que se relajara.” Se apartó el pelo de la cara con uno de esos rápidos movimientos de su mano y me lanzó una mirada gélida. Le pregunté si sabía algo sobre el film que estábamos haciendo, “Kiss Tomorrow Goodbye.” Ella dijo que no tenía ni idea. A pesar del hipnotismo que dejó petrificado al W. Cagney, nunca se pudo verificar si terminó acostándose con él. Empero, el resultado, de tan gratas horas de conversación, derivó en el ofrecimiento de una prueba de pantalla para un papel en la película de 1950 de James Cagney, "KTG". Cualquiera que sea la verdad, de todo este affaire de la producción y la hermosa Payton; terminó con un lucrativo contrato de $ 5,000 por semana para Warner Bros y Cagney Productions. Barbara estaba en el camino que toma toda estrella, cuando va a la cima... o debería de haberse instalado en ella. A pesar de los cotilleos del affair con Bob Hope; la verdadera preocupación real —de la carrera de BP— era alguno de los personajes con los que se estaba rodeando en sus correrías nocturnas.











La estrella de Barbara se elevó aún más durante el año siguiente y apareció con Gary Cooper en Dallas (1950) y con Gregory Peck en "Only the Valiant" (1951). Tuvo una gran aventura de amor con Gregory Peck —desde que comenzaron juntos— en el rodaje de "Only the Valiant". La gente que conoció bien al gran G. Peck, comentaron que fue una mujer que le llegó al corazón. Pero, con el paso del tiempo, se ha constatado ampliamente que Payton coqueteó medio stand del rodaje. De igual modo, cuando filmó Dallas al lado del enorme Gary Cooper. Mantuvo al mismo tiempo relaciones sexuales con Cooper y la coestrella, Steve Cochran, durante el rodaje de la película. Un antiguo fotógrafo de escenas fijas (que trabajaba para otro estudio) conoció a Payton en la década de 1950 y afirmó: “Sé lo de ella y Steve Cochran se engañaron cuando estaban en Dallas. Solían ir detrás de los escenarios del Este, justo a la espalda de la WB y agarrar un rapidito”. Obviamente, ella y Gary Cooper tenían, lo que podría llamarse un “un affair de camerino rodante”. Lo más triste, era el vox populi, del aura de Barbara Payton como una chica fácil y estrella de segundo plato. Es decir, la reputación despectiva de un cínico y machista Hollywood. Su salario aumentó gradualmente a 10,000$ por semana, un ingreso muy grande en efecto en 1951, y se encontró regularmente en compañía de estrellas como Frank Sinatra, Lana Turner y Ava Gardner. Atrapada en un mundo tan glamoroso, comenzó a hacer que su vida social fuera más importante que su trabajo y no pasó mucho tiempo antes de que su incipiente carrera comenzara a ocupar el segundo lugar en una zambullida imprudente y precipitada en una apasionada vida amorosa con hombres ricos y poderosos, muchos de ellos, con esposas y familias. Comienza en gran lío de los líos de la prensa del higadillo del Hollywood tabloide y demás amarillismo. Pero siguiendo, en lo personal, de esta fascinante mujer; desde su despegue en 1950, Barbara Payton conoció al actor Franchot Tone. Éste, era un auténtico actor de Hollywood, ex marido de Joan Crawford y una estrella de cine desde la década de 1930. Un carrera muy trabajada, donde se incluía una gran interpretación por Mutiny on the Bounty (Frank Lloyd), que obtuvo la nominación al a Oscar 1935. Se había casado y divorciado actriz Jean Wallace durante la década de 1940. Sus amigos trataron de disuadirlo, en todo momento, para que no se involucrara con Bárbara. La insaciable Miss Payton se había labrado una horrible consideración entre la comunidad de Hollywoodiense, a modo, de robamaridos de parné. Empero, FT estaba completamente enamorado de ella. En octubre de 1950, anunció su compromiso y le busca un apartamento de lujo en Hollywood Boulevard. Aquel nidito de amor, le costó un potosí. Ya sé sabe: el amor no tiene límites. Mientras tanto, Barbara siguió su carrera y afianzando su nombre, a sí misma, en lo que se denominaría peyorativamente una visitadora frecuente de los vestuarios de las grandes estrellas de la colina.










Barbara continuaba interpretando papeles de menor rango, pero seguía siendo una actriz con nombre. Fue cuando se inició el rodaje de una película llamada “Drums in the Deep South” (1951) dirigida por William Cameron Menzies, coprotagonizada por James Craig y Guy Madison. Fiel a su forma, no pasó mucho tiempo antes de que se hiciera muy amiga de Madison. Franchot Tone prestó atención a los cotilleos sobre su promiscuo estilo de vida y él vigiló el apartamento de Barbara desde un edificio al otro lado de la calle. Vio a Guy Madison entrar en el edificio y, después de esperar un rato, Tone irrumpió y encontró a la pareja en la cama. Se produjo una pelea de gritos y todo el drama se informó en la revista Confidential. Mientras estaba comprometida con F. Tone, Barbara conoció a Tom Neal (el protagonista tan sui generis en el Noir de culto de Ulmer "Detour") en una fiesta en la piscina de Hollywood. Tom Neal era un ex boxeador de los Guantes Dorados y un actor de películas 'B' a tiempo parcial. Barbara comenzó una aventura con Neal e incluso le dijo a sus amigos que estaba comprometida con él. Alternó descuidadamente entre Tone y Neal hasta que las cosas llegaron a un punto crítico con una violenta pelea entre ellos. Franchot Tone resultó gravemente herido y quedó en estado de coma en el hospital con una fractura en el pómulo izquierdo y la mandíbula superior. Se le llevó a cabo una cirugía plástica —de urgencia— en diferentes zonas de la cara. Sorprendentemente, no se vino abajo y cuando terminó su periodo de convalecencia; decidió contraer matrimonio con   Barbara el 28 de septiembre de 1951.Obviamente, aquello era una olla a presión. Al principio, él, hizo un gran ejercicio de paciencia y comprensión, pero fue la crónica de un divorcio anunciado. Warner Bross decidió darle una nueva oportunidad en la creación de “Bride of the Gorilla” (1951), de serie B y con un presupuesto de un director debutante. A pesar de estar en la dirección Curt Siodmak, hermano de la leyenda de Robert Siodmak. Los rumores rebotaron en la ciudad de que Payton estaba llevando a cabo, un mayor número de "sórdidos encuentros", esta vez con dos de los actores de reparto de la película, caso del alcohólico y maduro Tom Conway y el actor negro/estrella del fútbol americano Woody Strode. En una entrevista con el documentalista Tom Weaver en 2002, el difunto Herman Cohen, el productor de la película, dijo que "Barbara Barbara era una hermosa niña, y, que era una persona divertida. Le gustaba reír... y que fue una chica un poco alocada. (Podría decirse) ella era una puta que tuvo suerte”. Ahora, sí que se respiraba una aroma que tocaba las puertas del final de una prometedora carrera.  Después de ocho semanas, Barbara Payne estaba llamando a Tom Neal como el yonki que necesita su papelina para calmar el mono. Franchone Tone decidió tomar un poco de aire y dio, a Barbara una pequeña tregua antes de la separación definitiva. La supuesta reconciliación con su todavía esposo; dio con una sobredosis de Secorbital. No obstante, aquí no terminaban las desventuras de esta insólita actriz. Barbara salió por piernas a la búsqueda de Neal y F.Tone, ya tomó la decisión en firme. En mayo de 1952 se divorciaron. Tan felices se las prometía nuestra hermosa amiga, que la vuelta con el machote Neal duró tanto como una hermosa noche de verano.











Era otra mancha negra para la lastrada y perdida carrera Barbara: la Warner Bros estaba muy cerca de poner fin a su contrato. El lamentable evento debería haber sido una lección para Tone, pero él persistió en la relación; un trio letal. Neal y Payton, ambos aparentemente destrozados y disolutos por las interminables noches de Sunset Strip, terminaron en manos del productor de serie B, Robert L. Lippert. Ahora que eran objeto de las burlas de la crítica y los tabloides, fue cuando Neal le dijo a Barbara que en Inglaterra había trabajo para una actriz de su categoría y él. En la década de los 50 Hammer Films entró en el negocio del cine negro con el productor estadounidense de películas B Robert L. Lippert. En los próximos años, Lippert enviaría a sus asociados ingleses una larga lísta de estrellas de Hollywood que se desvanecían, así como otros que habían estado en el proceso de despuntar, pero el tiempo les había hecho mella. Grandes secundarios-as de diversos géneros. Actores y actrices como; Dan Duryea, Zachary Scott, Lizabeth Scott y Paul Henreid, y Dane Clark. La Payne, muy pronto, hará las maletas para rodar dos films con la productora de culto. A la espera de la decisión de T.Neal. Mientras, en California Lippert firmó con el dueto Payton/Neal. Donde actuaron en un horroroso western, “The Great Jessie James Raid” dirigido por un amateur Reginald Le Borg (1953). En aquel film era una autentía pantomima, desde el amateurismo del director, a la apatía del reparto masculino. Posiblemente, la mayor profesionalidad, venía cuando aparecía en escena Barbara Payton. Envuelta en un chaleco apretado y pantalones vaqueros saliendo indemne de la explosión de una mina. Además de cantar en el salón del bar ante un fuerte y robusto Neal, al que le da un par de tortas, muy bien dadas. En junio del 53, la pareja realizó una gira en una producción de stock de verano de The Postman Always Rings Twice. Durante la presentación de la noche de apertura de la obra en el Drury Lane Theatre en Chicago, Barbara Payton supuestamente subió al escenario y se desmayó en los brazos de Neal. Momentos más tarde revivió para colapsarse nuevamente, finalmente fue llevada fuera del escenario y llevada a un hospital local para observación. El dúo terminó la gira en una serie de ciudades remotas y alejadas de la civilización más conocida. Warner Bros perdió la paciencia con ella y canceló su contrato. Se firmó una tregua y Neal optó por la vía del viejo mundo. Rodar en UK con la Hammer y Lippert. La primera de estas fue Bad Blonde (1953) es el tipo de película que existe en dos tramas. En la primera, se propone un entretenido film noir sobre un prometedor boxeador que se siente atraído a un plan para cometer un asesinato por parte de la duplicada esposa de un promotor de boxeo que desde pequeña ha sido una niña mala. Y el segundo film dirigido por infefable Terence Fisher “Four Sided Triangle” (1953). Una historia de Sci-fi Sobre un científico que diseña una máquina que es capaz de duplicar a las personas, de manera que él y su amigo puedan amar sin ninguna complicación a la misma mujer. Ninguna de las dos películas fomentó su posición en el negocio. La película está muy bien realizada y tiene un guion que es la adaptación de una novela de William F. Temple. Barbara Payton siempre la vio como una parodia de lo que se decía de ella por los chascarrillos de Hollywooland; una devorahombres. Oliéndose la posibilidad de conseguir algo de trabajo para su pareja, Tom, se unió a ella en Londres. En la ciudad del Tamesis reanudaron sus peleas, maratones sexuales y borrachos. Sin nada más en la cartera, ni posibles proyectos de seguir trabajando en Gran Bretaña, Barbara y Tom hicieron el viaje de regreso a Hollywood. Después de 5 meses lejos de Vanityland, ninguno de los dos films reavivaron la carrera de Barbara y mucho menos la Tom Neal. Payton anunció formalmente que T. Neal había asumido la gestión de su carrera (convirtiéndole en manager personal) y prometió que solo aceptaría "papeles de películas realmente fuertes". 










Más tarde, en  ese mismo mes, Payton capituló con aquella promesa de no volverse a poner un modelito de chica de caverna neaderthalensis woman. Pero transigió necesitaba cualquier dólar viniera de cualquier bolo. Finalmente, coprotagonizó a Sonny Tufts, otro artista impregnado de alcohol en una diapositiva de carrera, en una ridícula comedia titulada Run for the Hills (Jack Broder Productions). Dirigido en un estilo slapstick amplio por el caballo de guerra B-película Lew Landers (El cuervo, El retorno del vampiro), la trama banal de la película se refiere a la paranoia de un actuario de seguros sobre lo que él cree que es un inminente holocausto nuclear, y sus intentos de escapar. Moviéndose en una mina del desierto con su esposa. Salpicado de figurantes hambrientos de un bocadillo y de varios artistas de bajo nivel; aunque confiables, como Jean Willes, Richard Benedict y Byron Foulger, Run for the Hills tenía el aspecto y el ambiente de un cortometraje. Hasta fue enviada a hacer un bolo en las Vegas y terminó gravitando en la cama ante un actor desconocido llamado Gordon Scott. Pronto se convertiría en el próximo Tarzán de Hollywood, Scott fue una repetición casi instantánea de la atracción de Barbara por Tom. Barbara se encontraba muy cerca de un pozo sin final. Incluso para los propios esquemas más básicos de dignidad personal, Barbara había conseguido un record difícil de sustentar. Surgieron rumores de que Neal derrotaba físicamente a Payton, y, a fines de 1953, aquella relación sadomasoquista finalmente se disolvió en una tormenta de alcohol y violencia. Éste, sin mediar palabra la abandonó en aquel instante. Barbara Payne estaba K.O. Su vis autodestructiva estaba en su pleno cenit. Al año siguiente, se lanzó la última película de Payton, una película subestimada titulada Murder Is My Beat (1953), dirigida por el inconformista de la película de culto que enalteció a Tom Neal. No era otro que el imprevisible Edgar G. Ulmer. Payton interpretó a un cantante de un club nocturno y a un asesino convicto que une fuerzas con un policía duro (interpretado por Paul Langton) para intentar demostrar su inocencia. Aunque la actuación de Payton fue convincente, la película no fue un éxito. Ese mismo año, se llevó a un nuevo amante: un hombre negro del otro lado de la ciudad que hizo conocer su presencia a sus vecinos al rugir por los terrenos de su suntuosa propiedad de Beverly Hills en una motocicleta. Payton continuó tocando su narices en la urbanización, trasladándolo a su casa y orquestando las arriesgadas llegadas de la pareja a varias fiestas de Hollywood. Su temerario alarde de su relación biracial despertó la furia de la industria, convirtiéndose en su persona non grata de una vez por todas. De aquellos dos amores que le tenían con la sopa boba, se supo que Tom Neal, fue condenado a 6 años de prisión, en 1965 por disparar a su ex amante, ésta falleció en el acto. A pesar de que Neal sostuvo, en todo momento, su inocencia y que aquel asesinato fue un accidente, fortuito. La suerte de un jurado cinéfilo y la habilidad de su abogado defensor le consiguieron tan generosa condena: culpable de homicidio involuntario. Eso sí, el destino, tiene sus cosas y a veces, pueden ponerse caprichosas. En 1952, al poco de salir de la trena, falleció por una insuficiencia cardíaca en 1972. Tenía 58 años. Por el contrario, su exmarido Franchot Tone, tras una larga y fructuosa carrera en la gran pantalla, acabó co-protagonizando la serie de televisión "Ben Casey" 1965-66 y se retiró poco después, cuando su salud comenzó a deteriorarse. Se lo podía ver, en silla de ruedas, visitando a su exesposa Joan Crawford por Nueva York. F. Tone era un fumador empedernido y falleció de cáncer de pulmón a la edad de 63 años en septiembre de 1968. Y nuestra femme fatale de platino oxigenado de hermosa sonrisa; descompuesta y sin trabajo en Hollywood. Como todos sabemos los pocos billetes del colchón de ahorro, duran muy poco. Olvidada y agotada de su propia existencia se dejó llevar por una ingesta de alcohol que ni el personaje más sórdido de Shelby o Bukowski uno hubiera imaginado.  Después de una fiesta se desvaneció y cayó en su propio charco de sangre, aparentemente, resultado de un embarazo ectópico.  En 1954 fue arrestada por pasar cheques sin fondos en un supermercado. Al año siguiente, terminó perdiendo la custodia de su hijo, con su exesposo, el militar John Payton. Ella seguía en su propia orgia personal y se casó, de nuevo, con un joven de 23 años llamado Tony Provas. El matrimonio ya sabrán Uds. que tras tres años de vejaciones, alcohol y drogadicción terminó en divorcio. En 1957 inició un negocio de chicas escorts en Chicago.










Al lado de una vieja amiga de correrías; la actriz Lila Leeds. La desgraciada Lila fue acusada de prostitución y envidada a la cárcel. Barbara escapó por piernas. A partir de ese instante; su vida se convirtió en un Leaving Las Vegas. Una sucesión de arrestos, incontables, por embriaguez y prostitución. Barbara Payton comenzó a frecuentar los bares sórdidos de Hollywood recogiendo puteros de tres al cuarto, y con los pocos dólares que sacaba, inmediatamente eran invertidos en vodka, bourbon, whisky o ron. Su rostro estaba hinchado, sus manos sucias y sus uñas trituradas. A pesar de los repasos de esmalte. Una vez que la esteticista low cost podía asearlas —de un modo decente— la ausencia de keratina volvía a dejarlas agrietadas y destrozadas. En 1962 fue encontrada, cubierta de moretones, en traje de baño y un abrigo, a modo de manta. Se hallaba durmiendo en un banco de la parada de autobús de Sunset Boulevard, siendo acusada de embriaguez pública. En la primavera de 1963, fue apuñalada por un putero y recibió 38 puntos por la herida. En 1964 fue arrestada por robar en una tienda. Al año siguiente fue acusada de posesión de heroína y una jeringuilla hipodérmica. Los cargos fueron desestimados por falta de pruebas. Como el que no quiere, Barbara Payton, pasó cerca de 7 años desamparada, viviendo en una novela de Bukowski “Women”. BP se ganaba la vida como prostituta. Cuando Miss Payton murió en 1967, con solo 39 años, su cuerpo estaba en un estado tan terrible que la policía tardó dos días en hacer una identificación precisa. Ella pesaba más de 90 kilos, tenía una tez roja, de ronchas y cortes en la cara, la mayoría de sus dientes estaban triturados y los pocos que le quedaban ennegrecidos. Ella era una prostituta callejera drogadicta y alcohólica. Es irónico y macabro que la encontraran tirada debajo de un cubo de basura. Y es que Barbara Payton había sido masticada por la máquina cruel de ese Hollywood idílico; que finalmente la escupió. Como un esputo de tabaco de mascar. Veinte años antes había comenzado como una estrella glamorosa en Hollywood. Alguien con algún docto títulos de psicología, antropología o sociología trataría de analizar el comportamiento de Barbara Payton. Desde hipócritas puritanos, que lo calificarían de   indecoroso, a muchos-as que fue un desastre y todo lo que le pasó se lo buscó. Yo pienso que ella hizo de su vida; su propia cama, una rebelde, talentosa y desquiciada que acabó dañando su carrera de actriz profesional. Sin embargo, el infierno no tiene furia como una mujer despreciada, y no lo dijo Dante. Ahora, no se olviden, que el infierno no tiene tanta furia como todas esas legiones de hombres de Hollywood —muchos de ellos probablemente fueron despedidos por la hermosa y joven Barbara— observando y disfrutando de la decadencia y el ocaso de una mujer. Cuando la pomposa WB había llamado recientemente "el diamante blanco con ojos azules" estaba sentada en la cima del mundo. ¡Qué lejos quedaban aquellas lisonjas! Barbara creó muchos de sus problemas, pero también sufrió daños, desde la infancia, desde Hollywood, hasta las bebidas y las drogas. Hay algo más allá del sexismo cuando se trata de Barbara Payton: el sadismo y el masoquismo. Incluso la pequeña Jane Hudson fue tratada mejor (y se le trató mejor) que Barbara. Al menos ella tenía una criada, una estupenda casa y una hermana. El gremio amarillista sacó rápidamente “I Am Not Ashamed” by Barbara Payton y lo serializó entre sus muchos affaires y escándalos de turno. El editor Holloway House, puso a Leo Guild como el negro literario de esta autobiografía donde habla sin complejos, ni pelos en la lengua.














A día de hoy reeditado y convertido en libro de culto. Le pagaron 1.000 dólares. Cantidad monetaria que disolvió entre botella de alcohol y cucharillas ennegrecidas al calor del mechero, mientras la heroína hervía.  Pero eso era solo fantasía. Ella se jactaba a su manera, de igual modo que algunos de los personajes de las novelas de Horance McCoy. Entre las perlas que dejaba en él se leían belugas de esta calidad… "Esto puede parecer engreído, pero es cierto. Fui la primera en usar lo que ahora se llama de "El Método". Sentí mi poder incluso antes de ponerme delante de las cámaras. Jimmy Cagney fue la estrella. Interpreté a una chica llamada 'Holiday' en la película Kiss Tomorrow Goodbye."Simplemente hablé, tropecé y no era formal, solo me divertía. A los críticos les encantó. La palabra "natural" se usó en todas las revisiones. Bueno, si les soy sincera tenía miedo ante de situarme en la línea de cámara, pero todo funcionó perfectamente”. Siguiendo con el Starsystem, otra puyita que no tiene desperdicio. "Salí con cada gran estrella masculina en la ciudad. Querían mi cuerpo y yo necesitaba sus nombres para el éxito. Ahí estaba mi foto en las portadas de todos los periódicos del país”. Pero más de una década después, las cosas habían cambiado: “Hoy vivo en un apartamento infestado de ratas sin un grano a mi nombre y bebo demasiado vino rosado. No me gusta lo que me dice la escala. El poco dinero que acumulo para pagar el alquiler proviene de antiguos residuos, poesía y favores para los hombres. Me encanta la raza negra y solo aceptaré dinero de los negros. ¿Todo te suena deprimente? ¿Aturdido? Pues, bueno yo no estoy avergonzada y punto”. Pero aquí está la cosa, las divagaciones y los recuerdos borrachos de Payton (¿quién sabe cuánto son verdaderos o más verdaderos de lo que podrías imaginar?) La meteórica caída de Barbara Payton desde la cima de la fama de Hollywood hasta las entrañas de las calles y callejones de L.A. la había llevado a donde estaba ahora, en lo más hondo de las entrañas humanas, recostada entre un montón de basura descompuesta. Pocos más han caído de tanta opulencia, a su mayor miseria, de manera tan rápida y contundente. A pesar de ser consciente, al tomar tal determinación, que poseía para autodestruirse por completo. A sabiendas, de los muchos enemigos que ella hizo durante sus 20 años en La tierra de los sueños perdidos. En el fondo, estamos ante el bramido de esa mujer clandestina, que nos dice que hay algo malo sobre su aspecto (y ciertamente con su hígado), pleno de arrepentimiento, duda, humor negro, orgullo y la conmovedora seguridad de que podría funcionar algún día sabiendo muy bien que no lo hará. La vida útil de una actriz era aterradora entonces, y aterradora ahora. La desaparición de Barbara se lee como una película de terror para cualquier actriz que pierde demasiadas partes a medida que avanza el tiempo. Los papeles se están secando. ¿Qué hacer? El mundo se tuerce para hacer que parezcan grotescos, Barbara en realidad se convirtió en eso. El libro vino y se fue y luego, a través del tiempo, volvió otra vez, una curiosidad de culto. La caída definitiva. ¿Quién había escrito un libro tan descaradamente sin vergüenza? Nadie. El 8 de mayo de 1967, se derrumbó en el piso del baño en la casa de sus padres y murió en los brazos de su madre. Ella tenía 39 años.








                         Dedicado a Álvaro de Luna abril 1935 /noviembre 2018 In Memoriam






Bibliografia consultada y recomendada

Kiss Tomorrow Goodbye: The Barbara Payton Story by John O´Down Ed. BearManor Media (2013)
"I am not ashamed" by Barbara Payton  Ed. Holloway House (1963)



Fotogramas adjuntados




  Barbara Payton posando para una publicación en la piscina
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 Barbara Payton en Ciro Hollywood
 Barbara Payton&Beau Bridges en Trapped by Richard Fleischer (1949)
 James Cagney&Barbara Payton en Kiss Tomorrow Goodbye (1950)
 Gregory Peck&Barbara Payton en Only the Valiant (1951)
 Barbara Payton comiendo con los protagonistas de Dallas by Stuart Heisler (1951)
 Barbara Payton en  Four Sided Triangle by Terence Fisher (1953)
 Barbara Payton&Tom Neal a pie de avión hacía UK
 Barbara Payton abatida bajando las escaleras del hospital, tras ver a Franchot Tone
 Barbara Payton detenida por embriaguez en la comisaria de Hollywood







                

La cuestión meteorológica y la flaqueza del héroe







Hace unos cuantos inviernos, demasiados para un mortal, que les pierdo la cuenta meteorológica.  Por aquel entonces, una lóbrega noche, la luna se posaba sobre un oscuro telón profanado por millones de pequeñísimas e incontables estrellas apagadas. Mi curiosidad me perdió y no pude evitar acercarme al marco de la puerta para contemplar aquel mar infinito; yermo y quemado. La bestia de la que siempre me había hablado mi abuela, estaba ahí, delante de mi nariz. Aquel animal, mitad humano, mitad cuerpo mitológico era completamente real. Sus ojos rojizos iluminaban la senda que llegaba a la fuente de la aldea. De pronto, rugió un aullido grave, que se quedó alicatado en mis tímpanos. Una la loca carrera comenzó desde los nogales de Fresno; el animal atacaba con espantosa furia y yo estaba exhausto de oponer mi parca resistencia, a tanta lucha continuada. Cuando, una lanza acertó, en uno de los ojos de la bestia y cayó entre la abundante sangre que salía de su cuenca orbital. Me quedé vigilante, mientras escuchaba sus agotados gruñidos y expulsaba una anaranjada espuma por sus fauces. El cazador se tiró sobre él —con salvaje rabia— hundiendo su cuchillo una y mil veces en el cuerpo de aquela alimaña. Aquel tipo estaba tan roto como la bestia; fatigado y herido se desplomó seminconsciente a su lado. Yo pensé que haría ahora, ya que si la bestia volviera a recuperarse: ¿Continuará su camino? ¿Se acercaría hasta nuestro caserío?... Las ideas se agolpaban y enmarañaban en mi jodido cerebro; extrañas alucinaciones me embargaban el ánimo, y terminé como aletargado.











No habría pasado media hora, cuando del espeso ramaje, donde había quedado abatida la bestia. Una mediana sabina se estremeció y entre dos ramas asomó la cabeza de un nuevo ser —supuesta cría de la bestia derribada— que el cazador había matado. Se erguía, como un humano, con la cabeza de un cabrito y sus cuernos bien definidos. Apenas, 60cms. Pero, me puso los pelos de punta. Aquella noche, era la más extraña de mi vida, cuando mi cerebro dio con el acertijo. Pues, aquel cabrón había pasado la noche acurrucado bajo las hojas, muerto de miedo, presenciando la gran pelea que su madre sostenía con aquél enemigo. En ese instante, observó que todo estaba en calma. Se atrevió a salir de su escondrijo —apoyando sus patas a lo largo del tronco— y comenzó a bajar muy despacio.
Eh, venga! Muévase—gritó el cazador.—Hablaba conmigo.
Sin salir de mi estado fantasmagórico. —Es a mí—¡Sí, venga, corriendo, o la bestia acabará con todos!
—Sr. ¿Quién es Ud?
—Soy Nimrod; el cazador del mal.
—Aquí nunca ha pasado nada.—Me sentía desbordado por los acontecimientos.
—Hasta que llega, chaval. El mal convertido en una criatura letal.
—Podría llamarme, Edmundo.
—Edmundo… (Risas, vaya nombre) En fin, ponte a cubierto. Voy a acabar con el demonio de Cernunnos.
—¿Cernunnos?
—Sí, amiguete. Luego, ponte a buen recaudo… 












A partir de ese instante, todo fue un baño de LSD. Desde una mirada volcánica que salió de los ojos de Nimrod, hasta el primer zarpazo que le arreó la criatura. Ésta, en apenas 30 minutos, pasó crecer 120cts más. Aquel desgarrón en el pecho le sacó de su letargo. En mi mente, sonaba, esta frase: una liebre que oye a la jauría, no corre más deprisa. Del héroe de la noche, Nimrod “el cazador” no quedaba nada, apenas un hombre despavorido, loco, muerto de miedo, sólo en el mundo que— corría y corría, para salvar el pellejo— se había desinflado de ese ardor guerrero, que apenas, unos instantes alardeaba. Cuando Nimrod pudo darse cuenta de sí, vio inclinado sobre él, el cariñoso rostro de mi madre.—Acojonante, yo la había perdido cuando tenía 7 años. —Ahí estaba, hermosa y sonriente. No soñaba, era ella la que le reía, la madre de sus hijos, viva y salvada, sin duda alguna por un milagro. Gruesas y ardientes lágrimas corrieron por las curtidas mejillas del cobarde guerrero.—Estaba atónito.











No obstante, me pregunté por esas lágrimas… ¿Eran las de la alegría del padre que despierta entre los suyos, o lágrimas de vergüenza de un orgulloso cazador que se cagó de miedo? Luego, se escuchó una voz celestial, y una plegaria; se dejó caer como algodón de azúcar, en aquel trozo de bosque. Un momento de paz que acariciaba, en la hora del inminente peligro. El mismo que siempre veló por el sino de aquellas criaturas humanas que luchaban por perder su anhelada mortalidad. Al final, uno dejó de soñar, durante un largo tiempo, para no convertirme en ese monstruo gris cobrizo que respira en los primeros días cálidos de los nuevos otoños. Esos que hacen que los veranos parezcan entremeses y los inviernos menos grises. Es el tiempo de los mortales. Debería de serlo. Ese, en el que se miran a los ojos. Empero no se confíen, los dioses son tan osados; que nunca sabrán si te ven, a través de los tuyos, o si tú te ves reflejado en los suyos. La mediocridad es conformista y el cambio climático tan repetitivo como el Tramadol y la previsión meteorológica.




                                      Dedicado a Celia Barquín Julio 1996/Septiembre 2018 In Memoriam








Fotogramas adjuntados


Lanka Dahan  (1917) by Dhundiraj Govind Phalke
American Gods (2017) by Bryan Fuller
La corona di ferro (1941) by Alessandro Blaseti
Ulises (1954) by Mario Bava & Mario Camerini




                  

Bugsy Siegel, un gangster cinéfilo y visionario











Benjamin (Bugsy) Siegel fue un gangster atípico; un hibrido rebosante de sueños románticos y un obsesivo compulsivo del crimen. Aquella mezcla de violencia homicida y vil encanto sin diluir, no tardó mucho en llamar a las puertas de la Cosa Nostra, para convertirse; en "el hombre más peligroso de Estados Unidos", tal como lo bautizó el jefe del sindicato Joe Adonis.  Bugsy Siegel, nació en Brooklyn en 1906, muy pronto se convirtió en cabecilla pandillero, y en los años 20, y principios de los 30, junto Meyer Lansky acabaron formando la "cuadrilla de Bugs y Meyer", que movía el alcohol de todo garito y gestionaba con astucia los juegos de azar. En 1935, abandonó a su esposa, Esta, y las dos hijas —que tuvo— cerca de la zona cercana al Scarsdale, de Nueva York. La mafia envió a Siegel a Los Ángeles junto al asilvestrado Mickey Cohen. Allí, en la bulliciosa y nocturna L.A. establecieron su sede central. Poco a poco, fueron estrechando lazos a lo largo de la costa oeste, con los casinos de ultramar y manipulando; el gratificante negocio de la usura de préstamos. Se puso en marcha, la germinación logística del tráfico de narcóticos entre México y los Estados Unidos. Sin embargo, aquel apuesto psicópata estaba enamorado de Hollywood y tal fue su fijación por la Babilonia de los sueños dorados que —le estuvo rondando el capricho real— anhelaba ser actor, pero muy en serio. La imagen de chico duro y estrella de cine de Siegel resultó irresistible. Festejaba por todo lo alto, al lado de sus incondicionales, celebridades como Cary Grant, Humphrey Bogart, Lauren Bacall y la heredera de Woolworth Barbara Hutton. Flirteando y aventurándose con las sirenas de Hollywood: Jean Harlow “la rubia platino” —quien— se convirtió en la madrina extraoficial de su joven hija. Bugsy disfrutó de diferentes affaires con Marie "The Body" McDonald y muchas otras, que intentaron ocultar, los devaneos con semejante bicho. No obstante, el amor platónico de Siegel; fue la actriz británica Wendy Barrie. Ésta, de origen británico, supuestamente, le ayudó en la gestión del proceso: para convertirse en ciudadana norteamericana. Ella, se sentía en deuda con el gangster y casi, acabó aceptando una pedida de mano. Evidentemente, la buena de Wendy, era tan correcta e ingenua, en la vida real, como en la pantalla. La hija de Siegel, Millicent, en sus memorias, recuerda, que en el fondo, siempre fue el auténtico amor de toda su vida.













Afortunadamente, el perspicaz, George Raft, le advirtió a Wendy Barry: "Si vas de la mano con Ben Siegel, acabarás lastimándote, cielo."Obviamente, ver al gangster de NY por los rodajes de los principales estudios era algo rutinario. No en vano, algunos de ellos fueron los propios inductores y convencieron a productores de la necesidad y oportunidad para que BS pudiera hacer una prueba, la cual, se hizo en su propia mansión y dejó grabada. Uno de los amigos más cercanos de Siegel de las grandes fiestas de Hollywood, curiosamente, fue George Raft. El mismo, que en 1946, tiró de la chequera y le prestó a Siegel 100.000 dólares cuando el Flamingo daba signos de gran ruina, antes de abrir. George Raft comentó en una entrevista: "tenía la corazonada de que, como mucha gente, era un actor frustrado y secretamente quería una carrera en el cine". Esa bipolaridad en sus decisiones, le acompañó hasta el final de sus días como la mujer que sería su compañera de cama y negocios: Virgina Hill. Cuando aterrizó en Hollywood con el disfraz de aspirante a actriz. En el fondo, siempre fue una joven camarera del clan de Joe Epstein —con mucha mili— a sus espaldas y repleta de desparpajo. Una mezcla de mujer sagaz y sutil belleza. Podríamos decir que la femme fatale Hill iba avanzando en la relación con Siegel, de proporción idéntica,  al lastre que ella tiraba y marcaba distancia, con sus empobrecidas raíces rurales de Alabama. Lavándose las manos de la compleja herencia de sacar adelante a 9 hermanos, cuando su padre los abandonó. A medida que el gangster seductor prosperaba, en sus devaneos, se atisbaba a un hombre calado hasta los huesos por la Hill. Se sentía feliz y enamorado. No escatimaba en gastar montones de dólares, entre alta peletería, joyas y una casa de Florida. Todo por y para Virginia; su sueño y vida. Eran amantes tempestuosos, a menudo se arrojaban insultos y muebles. Su esposa, Esta Krakower, la verdadera madre de sus dos hijas, Barbara y Millicent, finalmente se divorció de Siegel en 1946. Pero su chica, Virginia, seguía en contacto con el viejo politburó de NY, Luciano, Capone o Meyer, los cuales, estaban al día de los trapicheos de Bugsy. Informados de primera mano, fructuoso negocio con la conexión mexicana. Hay quien dice, que Siegel iba un paso por delante, en este juego de poder y feromonas de plumas de oca.












La Hill, cuando se iba a México se dejaba caer por el emblemático bar Ciros. Aquel local fue el sitio, icónico de la creatividad cultural, en todas sus vertientes. Por allí pasaron clientes tan notables como; Rita Hayworth, Orson Welles, Kirk Douglas, que se entremezclaban con Agustín Lara, Diego Rivera y Frida Kahlo. Todos ellos con un nivel de popularidad exquisito. Empero, en muy poco tiempo la hermosa Virginia acabó coronándose como la celebridad más pomposa de la farándula de México D.F. Sin embargo, ella buscaba al capitán del estado mayor; Luis Amezcua. Éste, le puso en contacto con el empresario Blumenthal y el coronel Carlos Serrano el jefe de la dirección federal de seguridad del país azteca. Ese trio organizaron de mexicanos, junto con Virginia Hill crearon una de las mayores redes de abastecimiento de drogas de la Cosa Nostra en la historia del crimen organizado. Van entendiendo, el porqué, de que Bugsy Siegel iba con un paso por delante. No era tan idiota, como para saber que las piernas de la Hill eran capricho de dioses en tierras aztecas. Pero aquel dueto apasionado y autodestructivo se convirtieron, en algo más, que amantes, ya que terminaron siendo socios del hampa. Avaricia y lujuria. Esa extraña mezcla, tan salvaje, era la unión de esta pareja. Incluso, James Toback, guionista del film de Warren Beauty "Bugsy", relataba una anécdota muy curiosa; cuando viendo las fotografías de época del individuo, se vislumbraba “a un apuesto psicópata.” Se puede ver por los ojos: esa mirada de concentración penetrante y deseo combinado con un desapego glacial. Aquella seductora y gamberra sonrisa, que parecía decirte: “Hola, tío. Soy un buen judío de Brooklyn”. Empero, Siegel fue un hombre de eternas contradicciones: violento en cuestión de segundos, y encantador como un búho cazador. Ni segundos, era cuestión de décimas. Aparentemente, seguro de sí mismo, pero anhelando respetabilidad. En 1941, Siegel, cuando estaba aterrizando en Hollywood tuvo un momento, en que se quedó fuera de juego, por la acción del asesinato del mafioso Harry (Big Greenie) Greenberg, el cual, había revelado algunos nombres importantes al FBI. Temporalmente estuvo encarcelado, aunque el sistema de conexiones con NY funcionó. Aquel tiempo en la trena, se las ingenió para tener su propio cocinero, ya que la comida no era de su antojo.  O darle rienda suelta a sus quehaceres sexuales, permitiéndosele, mujeres de alterne y alguna que otra amiga. También lo dejaron ir al dentista. Varias semanas después de su encarcelamiento, los dos testigos principales que tenía que testificar contra él, murieron, de un modo, escabroso. Sin pruebas que sostuvieran su caso, el fiscal de distrito se vio obligado a abandonar el caso.












Sin embargo, si por alguna de sus excentricidades, más rimbombante pasara a la historia fue el affaire en Europa, donde el fascismo se hallaba campando a sus anchas. Bugsy siguiendo con sus desaguisados de Hollywood, un día le presentan a una condesa divorciada y millonaria: Dorothy di Frasso. Éste, de inmediato, se quedó prendado de su belleza e inteligencia. La cuestión es que nuestro gangster y su torá, se asoció junto a ella, para vender armas de contrabando, al gobierno fascista italiano. Según el historiador Larry Gragg, el trato se centró en un nuevo explosivo llamado atomita (una variable más de la auténtica dinamita), que supuestamente era más poderoso que el célebre explosivo de Nobel. Siegel y la condesa esperaban conseguir un contrato para venderlo al dictador Benito Mussolini, pero su plan se esfumó después de que el explosivo no fuese capaz de impresionar al “Duce” durante una manifestación. Antes de salir de Roma, curiosamente, la pareja se cruzó con el segundo en jefe de Adolf Hitler, Hermann Göring, que estaba en la ciudad para una audiencia con Mussolini. Siegel, pensó en su etnia y más tarde, se jactaba en reuniones y cenas, que deseó haber asesinado, al ministro morfinómano de la Lutwaffe, cuando tuvo la oportunidad. Visto así parece una fanfarronada de un film de Scorsese, pero conociendo a Benjamin Siegel. Todo era posible. Sin embargo, Bugsy, era por encima de todo, un visionario y ya a principios de los 40, se fijó en el estado de Nevada y las Vegas. Sabía que el futuro pasaba por la explotación —de los casinos más cool— de los EE.UU. A partir de ese instante, se gestó la construcción de su sempiterna ópera prima y pesadilla del resto de su vida: el Flamingo. A pesar de que el juego había sido legal en Nevada por más de una década, el Flamingo fue el primer resort casino de lujo en lo que ahora es The Strip. El proyecto fue a la vez una inspiración de maldición bíblica. Benjamin Siegel era incapaz de controlar los crecientes costos de construcción, que aumentaron de 1 millón de dólares a 6 millones, y una vez que el hotel abrió, fue víctima de estafadores que se embolsaban grandes sumas de las mesas de juego. Cuando los cheques girados en las cuentas de hoteles salían devueltos, los colegas de la mafia en el Este, comenzaron a ver al Flamingo como un error fatal, de cálculo, tanto por su balance contable y la imagen que transmitía. El hecho de que Siegel fuera sospechoso de encubrir a Hill, quien había robado 2 millones $ (18 millones de dólares de nuestro tiempo) desde la cima, no ayudó. La suerte de Siegel, definitivamente, se estaba desvaneciendo. Y el aliento de Lucky Luciano, se hedía más cerca.















El zorro de Charlie, insistía, por activa y por pasiva, en la devolución de su dinero invertido. La policía de Chicago planeaba arrestarlo por una presunta operación de contrabando de drogas: lo que actualmente, conocemos como la DEA, antigua Oficina Federal de Narcóticos. No había organismo policial que, no estuviera al acecho de sus desaguisados con México. Ante semejante concentración de incondicionales: se adivinaba un precipitado final. Poco antes de la medianoche, del 20 de junio de 1947, Benjamin Siegel, con 41 años, recibía el impacto de una bala, en su cabeza, mientras leía un periódico en la mansión que le compró a Virginia Hill en Beverly Hills. La ejecución fue muy profesional. Un tiro muy milimétrico, con mira telescópica, desde un rifle de precisión. A pesar de que el crimen nunca fue resuelto, pocos son los que dudan, que fue obra del sindicato y la sombra de Charlie Lucky Luciano estaba muy cerca. "El asesinato de Bugsy fue toda seguridad un ataque llevado, a cabo, con el visto bueno de Luciano y Lansky". La historiografía concluye que Bugsy "se había dejado llevar por su visión, como la mayoría de los idealistas". Solo cinco personas asistieron al funeral de Siegel. Virginia Hill, se hallaba en México con dos maletas llenas de dinero. A finales de 1948 Miss Hill es arrestada por una célula del FBI en la capital azteca. Cuando la detienen, Hill espetó: “Estas son mis últimas palabras para ustedes. Estoy cansada de su maldita persecución. Deseo desde el fondo de mi corazón no volver a pisar su hermoso “mundo libre". Estoy hasta el moño de todos Uds. Y de sobra conocen toda mi vida; no les debo nada. Posiblemente, sean Uds. quienes me deban más que la vida. Si todavía buscan sicarios y delincuentes empiecen por lo alto del capitolio y acaben por los rincones, de más abajo. De verdad, que, van a tener trabajo mandando a tanto canalla a la cárcel. Este mundo será un poco más limpio y libre. Luego, que les den al tío Sam y el puto gobierno de USA.” Se las arregló para cruzar el charco y quedarse en Europa, concretamente, en la impoluta Suiza y luego, en Austria. Terminó casada con un esquiador austriaco. Pero, La Cosa Nostra sabía de todos sus movimientos. De sobra, sabían que montó una pantomima cuando se enteró de la muerte de Bugsy. No estaba en México, sino en Paris.













Fue madre por primera vez, de una niña, en Europa. Las llamadas del clan la tenían en vilo: la del cuello largo y el secobarbital hacían mella en su físico. Acabó, casi, viviendo de limosnas de los viejos amigos, que se apiadaban de ella, cuando apareció en sentada, en un banco de un parque, de la Salzburgo de Mozart, rodeada de un montón de nieve y su abrigo de pieles colgando en la rama de un árbol. Tenía 49 años. Fuentes bien informadas, comentaron, que intentó en más de una ocasión suicidarse. Los hechos decían que Virginia Hill llevaba dos días muerta en ese banco de madera. Otras teorías y conspiraciones incluyen una lucha de la mafia por el servicio de cableado en las carreras de caballos, que Siegel controlaba, o incluso que Siegel estaba envuelto en un triángulo amoroso con su novia y otro gangster. La identidad del sicario también está envuelta en un halo de misterio. Las figuras de la mafia Frankie Carbo y Eddie Cannizarro se encuentran entre los principales sospechosos. A día de hoy, el caso sigue abierto. BS lo predijo, el Flamingo, bajo el control de Lansky, se convirtió en una operación enormemente lucrativa poco después de su muerte y, desde los años 70, ha sido propiedad de la cadena hotelera Hilton. Así, fue el gangster que se rodeó del glamour dorado de aquel indómito Hollywood de los 40. Ese tipo de malvado que te cae bien y cuando más lo conoces, te vas dando cuenta, que su peor pecado era su jodida fogosidad, aquella que lo convirtió en un éxito, pero que lo acabó destruyendo". ¿Por cierto, que queda de aquel sueño de construir una ciudad en el desierto? Es obvio. Las Vegas, a día de hoy, tiene más habitaciones de hotel y motel que cualquier otra ciudad en el país excepto Orlando, Florida. En el fondo, todo se reduce a aquella genial frase del personaje: “El cariñoso recuerdo de la familia” La vida pura y dura, porque en el fondo, es verdad, que la familia, siempre se preocupa por nosotros. A veces, con demasiado celo.








                       Dedicado a la memoria de Aretha Franklin 25 de marzo/16 de agosto 2018 





Fotogramas adjuntados


Bugsy Siegel y George Raft
Virginia Hill declarando en la corte suprema de los Angeles
Bugsy y el fiscal Jerry Giesler
Foto del Flamingo (1949).A punto  de ser inaugurado en mitad del desierto de las Vegas
Virginia Hill sonriente y sentada en uno de los sillones de su mansión
Etiqueta colgando del cadáver de Bugsy Siegel y la indicación del motivo de su muerte