Bugsy Siegel, un gangster cinéfilo y visionario











Benjamin (Bugsy) Siegel fue un gangster atípico; un hibrido rebosante de sueños románticos y un obsesivo compulsivo del crimen. Aquella mezcla de violencia homicida y vil encanto sin diluir, no tardó mucho en llamar a las puertas de la Cosa Nostra, para convertirse; en "el hombre más peligroso de Estados Unidos", tal como lo bautizó el jefe del sindicato Joe Adonis.  Bugsy Siegel, nació en Brooklyn en 1906, muy pronto se convirtió en cabecilla pandillero, y en los años 20, y principios de los 30, junto Meyer Lansky acabaron formando la "cuadrilla de Bugs y Meyer", que movía el alcohol de todo garito y gestionaba con astucia los juegos de azar. En 1935, abandonó a su esposa, Esta, y las dos hijas —que tuvo— cerca de la zona cercana al Scarsdale, de Nueva York. La mafia envió a Siegel a Los Ángeles junto al asilvestrado Mickey Cohen. Allí, en la bulliciosa y nocturna L.A. establecieron su sede central. Poco a poco, fueron estrechando lazos a lo largo de la costa oeste, con los casinos de ultramar y manipulando; el gratificante negocio de la usura de préstamos. Se puso en marcha, la germinación logística del tráfico de narcóticos entre México y los Estados Unidos. Sin embargo, aquel apuesto psicópata estaba enamorado de Hollywood y tal fue su fijación por la Babilonia de los sueños dorados que —le estuvo rondando el capricho real— anhelaba ser actor, pero muy en serio. La imagen de chico duro y estrella de cine de Siegel resultó irresistible. Festejaba por todo lo alto, al lado de sus incondicionales, celebridades como Cary Grant, Humphrey Bogart, Lauren Bacall y la heredera de Woolworth Barbara Hutton. Flirteando y aventurándose con las sirenas de Hollywood: Jean Harlow “la rubia platino” —quien— se convirtió en la madrina extraoficial de su joven hija. Bugsy disfrutó de diferentes affaires con Marie "The Body" McDonald y muchas otras, que intentaron ocultar, los devaneos con semejante bicho. No obstante, el amor platónico de Siegel; fue la actriz británica Wendy Barrie. Ésta, de origen británico, supuestamente, le ayudó en la gestión del proceso: para convertirse en ciudadana norteamericana. Ella, se sentía en deuda con el gangster y casi, acabó aceptando una pedida de mano. Evidentemente, la buena de Wendy, era tan correcta e ingenua, en la vida real, como en la pantalla. La hija de Siegel, Millicent, en sus memorias, recuerda, que en el fondo, siempre fue el auténtico amor de toda su vida.













Afortunadamente, el perspicaz, George Raft, le advirtió a Wendy Barry: "Si vas de la mano con Ben Siegel, acabarás lastimándote, cielo."Obviamente, ver al gangster de NY por los rodajes de los principales estudios era algo rutinario. No en vano, algunos de ellos fueron los propios inductores y convencieron a productores de la necesidad y oportunidad para que BS pudiera hacer una prueba, la cual, se hizo en su propia mansión y dejó grabada. Uno de los amigos más cercanos de Siegel de las grandes fiestas de Hollywood, curiosamente, fue George Raft. El mismo, que en 1946, tiró de la chequera y le prestó a Siegel 100.000 dólares cuando el Flamingo daba signos de gran ruina, antes de abrir. George Raft comentó en una entrevista: "tenía la corazonada de que, como mucha gente, era un actor frustrado y secretamente quería una carrera en el cine". Esa bipolaridad en sus decisiones, le acompañó hasta el final de sus días como la mujer que sería su compañera de cama y negocios: Virgina Hill. Cuando aterrizó en Hollywood con el disfraz de aspirante a actriz. En el fondo, siempre fue una joven camarera del clan de Joe Epstein —con mucha mili— a sus espaldas y repleta de desparpajo. Una mezcla de mujer sagaz y sutil belleza. Podríamos decir que la femme fatale Hill iba avanzando en la relación con Siegel, de proporción idéntica,  al lastre que ella tiraba y marcaba distancia, con sus empobrecidas raíces rurales de Alabama. Lavándose las manos de la compleja herencia de sacar adelante a 9 hermanos, cuando su padre los abandonó. A medida que el gangster seductor prosperaba, en sus devaneos, se atisbaba a un hombre calado hasta los huesos por la Hill. Se sentía feliz y enamorado. No escatimaba en gastar montones de dólares, entre alta peletería, joyas y una casa de Florida. Todo por y para Virginia; su sueño y vida. Eran amantes tempestuosos, a menudo se arrojaban insultos y muebles. Su esposa, Esta Krakower, la verdadera madre de sus dos hijas, Barbara y Millicent, finalmente se divorció de Siegel en 1946. Pero su chica, Virginia, seguía en contacto con el viejo politburó de NY, Luciano, Capone o Meyer, los cuales, estaban al día de los trapicheos de Bugsy. Informados de primera mano, fructuoso negocio con la conexión mexicana. Hay quien dice, que Siegel iba un paso por delante, en este juego de poder y feromonas de plumas de oca.












La Hill, cuando se iba a México se dejaba caer por el emblemático bar Ciros. Aquel local fue el sitio, icónico de la creatividad cultural, en todas sus vertientes. Por allí pasaron clientes tan notables como; Rita Hayworth, Orson Welles, Kirk Douglas, que se entremezclaban con Agustín Lara, Diego Rivera y Frida Kahlo. Todos ellos con un nivel de popularidad exquisito. Empero, en muy poco tiempo la hermosa Virginia acabó coronándose como la celebridad más pomposa de la farándula de México D.F. Sin embargo, ella buscaba al capitán del estado mayor; Luis Amezcua. Éste, le puso en contacto con el empresario Blumenthal y el coronel Carlos Serrano el jefe de la dirección federal de seguridad del país azteca. Ese trio organizaron de mexicanos, junto con Virginia Hill crearon una de las mayores redes de abastecimiento de drogas de la Cosa Nostra en la historia del crimen organizado. Van entendiendo, el porqué, de que Bugsy Siegel iba con un paso por delante. No era tan idiota, como para saber que las piernas de la Hill eran capricho de dioses en tierras aztecas. Pero aquel dueto apasionado y autodestructivo se convirtieron, en algo más, que amantes, ya que terminaron siendo socios del hampa. Avaricia y lujuria. Esa extraña mezcla, tan salvaje, era la unión de esta pareja. Incluso, James Toback, guionista del film de Warren Beauty "Bugsy", relataba una anécdota muy curiosa; cuando viendo las fotografías de época del individuo, se vislumbraba “a un apuesto psicópata.” Se puede ver por los ojos: esa mirada de concentración penetrante y deseo combinado con un desapego glacial. Aquella seductora y gamberra sonrisa, que parecía decirte: “Hola, tío. Soy un buen judío de Brooklyn”. Empero, Siegel fue un hombre de eternas contradicciones: violento en cuestión de segundos, y encantador como un búho cazador. Ni segundos, era cuestión de décimas. Aparentemente, seguro de sí mismo, pero anhelando respetabilidad. En 1941, Siegel, cuando estaba aterrizando en Hollywood tuvo un momento, en que se quedó fuera de juego, por la acción del asesinato del mafioso Harry (Big Greenie) Greenberg, el cual, había revelado algunos nombres importantes al FBI. Temporalmente estuvo encarcelado, aunque el sistema de conexiones con NY funcionó. Aquel tiempo en la trena, se las ingenió para tener su propio cocinero, ya que la comida no era de su antojo.  O darle rienda suelta a sus quehaceres sexuales, permitiéndosele, mujeres de alterne y alguna que otra amiga. También lo dejaron ir al dentista. Varias semanas después de su encarcelamiento, los dos testigos principales que tenía que testificar contra él, murieron, de un modo, escabroso. Sin pruebas que sostuvieran su caso, el fiscal de distrito se vio obligado a abandonar el caso.












Sin embargo, si por alguna de sus excentricidades, más rimbombante pasara a la historia fue el affaire en Europa, donde el fascismo se hallaba campando a sus anchas. Bugsy siguiendo con sus desaguisados de Hollywood, un día le presentan a una condesa divorciada y millonaria: Dorothy di Frasso. Éste, de inmediato, se quedó prendado de su belleza e inteligencia. La cuestión es que nuestro gangster y su torá, se asoció junto a ella, para vender armas de contrabando, al gobierno fascista italiano. Según el historiador Larry Gragg, el trato se centró en un nuevo explosivo llamado atomita (una variable más de la auténtica dinamita), que supuestamente era más poderoso que el célebre explosivo de Nobel. Siegel y la condesa esperaban conseguir un contrato para venderlo al dictador Benito Mussolini, pero su plan se esfumó después de que el explosivo no fuese capaz de impresionar al “Duce” durante una manifestación. Antes de salir de Roma, curiosamente, la pareja se cruzó con el segundo en jefe de Adolf Hitler, Hermann Göring, que estaba en la ciudad para una audiencia con Mussolini. Siegel, pensó en su etnia y más tarde, se jactaba en reuniones y cenas, que deseó haber asesinado, al ministro morfinómano de la Lutwaffe, cuando tuvo la oportunidad. Visto así parece una fanfarronada de un film de Scorsese, pero conociendo a Benjamin Siegel. Todo era posible. Sin embargo, Bugsy, era por encima de todo, un visionario y ya a principios de los 40, se fijó en el estado de Nevada y las Vegas. Sabía que el futuro pasaba por la explotación —de los casinos más cool— de los EE.UU. A partir de ese instante, se gestó la construcción de su sempiterna ópera prima y pesadilla del resto de su vida: el Flamingo. A pesar de que el juego había sido legal en Nevada por más de una década, el Flamingo fue el primer resort casino de lujo en lo que ahora es The Strip. El proyecto fue a la vez una inspiración de maldición bíblica. Benjamin Siegel era incapaz de controlar los crecientes costos de construcción, que aumentaron de 1 millón de dólares a 6 millones, y una vez que el hotel abrió, fue víctima de estafadores que se embolsaban grandes sumas de las mesas de juego. Cuando los cheques girados en las cuentas de hoteles salían devueltos, los colegas de la mafia en el Este, comenzaron a ver al Flamingo como un error fatal, de cálculo, tanto por su balance contable y la imagen que transmitía. El hecho de que Siegel fuera sospechoso de encubrir a Hill, quien había robado 2 millones $ (18 millones de dólares de nuestro tiempo) desde la cima, no ayudó. La suerte de Siegel, definitivamente, se estaba desvaneciendo. Y el aliento de Lucky Luciano, se hedía más cerca.















El zorro de Charlie, insistía, por activa y por pasiva, en la devolución de su dinero invertido. La policía de Chicago planeaba arrestarlo por una presunta operación de contrabando de drogas: lo que actualmente, conocemos como la DEA, antigua Oficina Federal de Narcóticos. No había organismo policial que, no estuviera al acecho de sus desaguisados con México. Ante semejante concentración de incondicionales: se adivinaba un precipitado final. Poco antes de la medianoche, del 20 de junio de 1947, Benjamin Siegel, con 41 años, recibía el impacto de una bala, en su cabeza, mientras leía un periódico en la mansión que le compró a Virginia Hill en Beverly Hills. La ejecución fue muy profesional. Un tiro muy milimétrico, con mira telescópica, desde un rifle de precisión. A pesar de que el crimen nunca fue resuelto, pocos son los que dudan, que fue obra del sindicato y la sombra de Charlie Lucky Luciano estaba muy cerca. "El asesinato de Bugsy fue toda seguridad un ataque llevado, a cabo, con el visto bueno de Luciano y Lansky". La historiografía concluye que Bugsy "se había dejado llevar por su visión, como la mayoría de los idealistas". Solo cinco personas asistieron al funeral de Siegel. Virginia Hill, se hallaba en México con dos maletas llenas de dinero. A finales de 1948 Miss Hill es arrestada por una célula del FBI en la capital azteca. Cuando la detienen, Hill espetó: “Estas son mis últimas palabras para ustedes. Estoy cansada de su maldita persecución. Deseo desde el fondo de mi corazón no volver a pisar su hermoso “mundo libre". Estoy hasta el moño de todos Uds. Y de sobra conocen toda mi vida; no les debo nada. Posiblemente, sean Uds. quienes me deban más que la vida. Si todavía buscan sicarios y delincuentes empiecen por lo alto del capitolio y acaben por los rincones, de más abajo. De verdad, que, van a tener trabajo mandando a tanto canalla a la cárcel. Este mundo será un poco más limpio y libre. Luego, que les den al tío Sam y el puto gobierno de USA.” Se las arregló para cruzar el charco y quedarse en Europa, concretamente, en la impoluta Suiza y luego, en Austria. Terminó casada con un esquiador austriaco. Pero, La Cosa Nostra sabía de todos sus movimientos. De sobra, sabían que montó una pantomima cuando se enteró de la muerte de Bugsy. No estaba en México, sino en Paris.













Fue madre por primera vez, de una niña, en Europa. Las llamadas del clan la tenían en vilo: la del cuello largo y el secobarbital hacían mella en su físico. Acabó, casi, viviendo de limosnas de los viejos amigos, que se apiadaban de ella, cuando apareció en sentada, en un banco de un parque, de la Salzburgo de Mozart, rodeada de un montón de nieve y su abrigo de pieles colgando en la rama de un árbol. Tenía 49 años. Fuentes bien informadas, comentaron, que intentó en más de una ocasión suicidarse. Los hechos decían que Virginia Hill llevaba dos días muerta en ese banco de madera. Otras teorías y conspiraciones incluyen una lucha de la mafia por el servicio de cableado en las carreras de caballos, que Siegel controlaba, o incluso que Siegel estaba envuelto en un triángulo amoroso con su novia y otro gangster. La identidad del sicario también está envuelta en un halo de misterio. Las figuras de la mafia Frankie Carbo y Eddie Cannizarro se encuentran entre los principales sospechosos. A día de hoy, el caso sigue abierto. BS lo predijo, el Flamingo, bajo el control de Lansky, se convirtió en una operación enormemente lucrativa poco después de su muerte y, desde los años 70, ha sido propiedad de la cadena hotelera Hilton. Así, fue el gangster que se rodeó del glamour dorado de aquel indómito Hollywood de los 40. Ese tipo de malvado que te cae bien y cuando más lo conoces, te vas dando cuenta, que su peor pecado era su jodida fogosidad, aquella que lo convirtió en un éxito, pero que lo acabó destruyendo". ¿Por cierto, que queda de aquel sueño de construir una ciudad en el desierto? Es obvio. Las Vegas, a día de hoy, tiene más habitaciones de hotel y motel que cualquier otra ciudad en el país excepto Orlando, Florida. En el fondo, todo se reduce a aquella genial frase del personaje: “El cariñoso recuerdo de la familia” La vida pura y dura, porque en el fondo, es verdad, que la familia, siempre se preocupa por nosotros. A veces, con demasiado celo.








                       Dedicado a la memoria de Aretha Franklin 25 de marzo/16 de agosto 2018 





Fotogramas adjuntados


Bugsy Siegel y George Raft
Virginia Hill declarando en la corte suprema de los Angeles
Bugsy y el fiscal Jerry Giesler
Foto del Flamingo (1949).A punto  de ser inaugurado en mitad del desierto de las Vegas
Virginia Hill sonriente y sentada en uno de los sillones de su mansión
Etiqueta colgando del cadáver de Bugsy Siegel y la indicación del motivo de su muerte








                   

El aroma de la Sra. Shelley







Aquel día perdí el rumbo y el cuaderno de bitácora, donde recogía las últimas notas. La tormenta se mostró con una fuerza inusual. Cayeron bártulos y soldados de plomo, como enormes bolas de granizo. Era un tobogán sin final y claro; el libro de bitácora despareció. A pesar de aquel desastre; la Sra. Shelley se acariciaba el pelo, mientras contemplaba el hundimiento de nuestras vidas. Desgraciadamente, las horas se volvieron erráticas y tediosas. Afortunadamente, llegó el momento, donde la pantalla del viejo teatro mostraba el The End. El silencio se volvió jolgorio y la oscuridad luz de cristal, hasta la siguiente semana. Desde los urinarios llegaban inquietantes efluvios a orina rancia y lejía. A través, del pasillo se atisbaba una figura sentada, remarcando una sombra inmóvil. En la calle del viejo Londres; la oscuridad terminaba de impregnar la nebulosidad total. Incluso nos dejó ver los últimos destellos de las luces de gas.
















La figura inmóvil toma vida y comienza a seguirnos. Gira su cabeza hacia la derecha y baja la escalinata del teatro con desparpajo. Allí se queda en la penumbra. En el último rincón del boulevard, el viento ciega a los peatones y cambia el itinerario, de aquellos que no saben dónde ir. Conversaciones avisan de la muerte del verano. Los silbatos y las voces de la policía llaman al orden, y éste aparece, como espuma de diazepam, en el capuchino del aguerrido personal. La noche en tormenta no era apetecible para aquellos chavales tímidos y pudorosos que vimos en la terraza del puerto. Otra vez, el rostro resplandeciente de la Sra. Shelley desistía de la atemporalidad momentánea —no hizo ningún gesto expiatorio— mientras mantenía la compostura. La pérdida de la inocencia y la caída meteorológica de la moral, dejó a la vista un panorama lleno de prejuicios hacia su persona.















Se escuchaba el tic-tac del grupeto de relojes de los estados del tiempo. Era el mismo artilugio que nos acompañaba allá donde fuéramos y tan inexacto como una predicción apocalíptica. No obstante, confiábamos ciegamente en su mecanismo, que velaría por nuestra seguridad. La noche se arrancó con unos truenos que nos generaban taquicardia. Era el preámbulo de la función. Inesperadamente, el telón no subió en esta ocasión. Cuando todos lloramos la caída del reloj de arena. De inmediato, se esparcieron las areniscas del runrún de la tragedia. Todos mirábamos a la Sra. Shelley con el anhelo de una inocencia confundida. Nuestros sueños se quebraron —de la misma forma violenta, que el reloj— nunca más despertamos de aquella pesadilla. La Sra. Shelley se marchó envuelta entre tinieblas y sombras con el gigantesco monstruo de la mano.
















Ahora, si se escuchaba el tic-tac del reloj, y ella llevaba un gran ramo de lirios, en los brazos. Se giró y nos sonrió, mientras daba un inocente beso a su querida criatura. Después, arreció el viento y su melena de cabellos blancos desapareció en el horizonte de la bahía. Alguien, pensó que éramos demasiado viejos para estar muertos.—Yo sólo me preguntaba: ¿alguna vez vimos, antes de la tormenta, un bergantín en algún lado del otro, por aquel viejo Londres? ¿Somos los últimos habitantes del viejo cementerio? La Sra. Shelley parece feliz, pero se marchó sin invitarnos a tomar su rico pastel. Finalmente, Las calles estaban anegadas de agua y se formaron riachuelos que terminaron arrastrándonos, uno a uno, al lado de cosas sin valor. En el fondo, sólo creí en Dios, aquella tarde de otoño, cuando la Sra. Shelley nos invitó a su morada. 





                                                                                                  


                                                                                        FIN


                                 Dedicado a  Macario Gómez Quibus Marzo 1928/Julio 2018   In Memoriam
                              








Fotogramas adjuntados


Frankenstein 1931 by James Whale                                                      
The Frankenstein Chronicles 2015 (TV) by Benjamin Ross
The Bride of Frankenstein 1935 by James Whale
Mary Shelley's Frankenstein1994 by Kenneth Branagh,









                    

Braulio, amor mío








Me hubiera gustado se un poco más feliz. Tampoco lo sabía muy bien. Aunque una cosa es experimentar y otra quebrantar. Nada más lejos de la realidad, querido Braulio. Es inefable, el jodido dolor que me causas, día a día. Tu ausencia es como el veneno dentro de un ambientador de marca blanca esparcido por toda la casa. Aún puedo sentirte, olerte y escucharte. Sí, Braulio. Te veo en cada rincón, de este lánguido y enorme casoplón que construimos juntos. ¿Dónde estás? ¿A dónde te fuiste? ¿Por qué lo hiciste? ¿Tanto te costaba aguantar un poco más? ¿Cómo pudiste ser tan egoísta para marcharte, y dejarme sola? Me muerdo las uñas y el pelo se me cae. No sé si estarás pasando frío en la gélida noche. Si te has ido al otro lado del charco o si estás cerca, riéndote de mí. No sé qué pensar. Empero este sinvivir sigue dentro de mi cerebro. Deseando que aún respires, que sigas con vida, allá donde estés. Ya está bien, Braulio. ¡Basta de esta lenta agonía! ¡Por favor! Te lo pido de rodillas, mientras mis lágrimas crean un estanque de agua salada. Veo el sofá, nuestro dormitorio y el estudio, Braulio. Pero no te veo a ti. Sin embargo, Braulio, no era la primera vez que cometía el error de desaparecer. 













A la búsqueda de un afán desesperado por intentar definirse a sí mismo, por ordenarse mentalmente. Braulio era uno de esos tipos que nunca podía decir: “yo soy...” Del mismo modo, que sus labios pronunciaban las palabras, de turno. Ese maldito ser desaparecía... Sólo existía el pasado, ese que únicamente podía definir un borroso esbozo de lo que había sido: enturbiado, ex profeso, por las diferentes tonalidades que se mezclaban en la paleta de la circunstancia. Braulio, no podría llegar a conocerse nunca a sí mismo. La angustia le asaltaba de un modo repentino y caprichoso. En cualquier momento, estallaba. No llamaba a su puerta, entraba así de sopetón, sin previo aviso. Era la llegada del ese momento de desnaturalización del personaje; que lo inundaba todo. Braulio, era demasiado joven... posiblemente, le faltaba mucho por experimentar, y ahora le asaltaba la duda de vivir o morir. 











El mero hecho de percatarse de ello se lo impedía, y entraba entonces en una vorágine de enlaces racionales que deberían haberle permitido comprender su agonía absurda y sin sentido. Braulio, intentaba bucear en sus contrasentidos, causas, consecuencias, emociones, esperanzas y humillaciones. El resto de sensaciones quedaban muy lejos, como los humores etéreos que se arremolinaban, en ese molde, donde ninguna pieza encajaba; que seguía siendo, su atribulada cabeza. — Sí, lo sé todo de ti y lo desconozco todo. Braulio ¿por qué no me dices dónde estás? Te he buscado por los rincones más extraños que pudiera pisar mi honor. Estoy enloqueciendo, siento mi locura, más intensa de lo habitual. Y sólo sufro por ti. ¿Braulio, sabias que nadie más, denota tu desaparición? Pero, solamente es mi imaginación, mi mente que se niega a aceptar la realidad.


                                                                                     Dos años después



Unidad de investigación de personas desaparecidas en un lugar de Segovia…El cuerpo de Nekane Iturralde López ha sido localizado, en un viejo cauce, a la altura de una pedanía cercana a la población de Pedraza. La portavoz de la Undad ha comunicado a los medios de comunicación presentes; que entre las pertenencias localizadas de los restos del cadáver; se encontraba un sobre con una carta, en su interior. 









Una vez levantado el acta del cadáver, por el juez, éste  ha sido enviado al Instituto de Patología Forense del Hospital Ramón y Cajal. Esa misma tarde un medio digital reproducía parte de un extracto de la misiva que llevaba NI. “Braulio, amor mío, vuelve... Yo te quiero. Eres la persona más importante de mi vida. En tantos años pasados; quemaría todo lo escrito y retrocedería a las vigilias que me llevaron al borde del suicidio (a pesar de haber nacido en el seno, de una añoranza de perpetua tristeza, de tú extraña dependencia, siempre me rondó la misma pregunta: ¿se sentiría cómodo siendo feliz?). Posiblemente, ya no era necesario. No obstante, Nekane dijo: ya no lo aguanto más. Esta angustia me está matando. De verdad, Braulio. Es otra de tus crisis habituales o ¿Tienes pensado volver? Porque te necesito más que nunca de vuelta. ¡Braulio, amor mío! Por fin, te encontré para siempre.




                                                                        FIN




                      Dedicado a Harlan Ellison mayo 1934/junio 2018 In memoriam





Fotogramas adjuntados 


Mystery in Mexico (1948) by Robert Wise 
The Night Of The Following Day (1973) by Hubert Cornfield
Séance on a Wet Afternoon (1964) by Bryan Forbes
Le mépris (1963) by Jean-Luc Godard




                               

El dolor sordo de los extraños








Aquel instante me pareció el más importante de mi vida en mucho tiempo. Aún, tengo la sensación que, en otro lugar, el sentimiento se hubiera vuelto inexplicable. Pero no dejo de pensar, lo ocurrido ese día. No encuentro palabras para descifrar, mis sueños o la ausencia de lógica en mi comportamiento diario con ese jodido dolor. De repente, la melancolía se apodera de todo mi tronco esquelético. Hay furia y tristeza. La más exultante impotencia que uno pudiera imaginar. La desolación de un hombre excluido. No sé dónde ubicar todos estos efectos. Y de nuevo, volvió aquel intrigante pensamiento: amar o abominar la crueldad de los pinchazos en el tórax.












Las quemazones y las descargas eléctricas. En un segundo, recordé algo, esencial. Si mi mente está dividida en múltiples compartimentos: ¿en cuál de ellos encontraría la auténtica esencia de los humanos perfectos? Empero, si la mente fuera un solo ente, sin estructurar, las diferentes partes del cerebro; evidenciarían que no estarían enteradas —específicamente— de las funciones concretas. Yo lo sé, porque me lo dijeron hace mucho tiempo en la facultad. Pero como explicarle al otro yo; en el oeste de mi cerebro. A lo mejor, la solución, estaría en la frescura de cualquier alumno de primero de medicina. Tan simple, como creer en la etimología de la enfermedad, la cual, lleva expresa tan grosera falacia.











Al final, el dolor te consume, como la ceniza de un cenicero en un bingo. Al igual que la desesperación de no poder comunicarte con el de enfrente. Angustiosa y patética experiencia. Soy incapaz de explicar este sentimiento, pero recuerdo aquel instante, ese momento, en el que fuimos felices. Simplemente, sentados, uno al lado del otro. A pesar de la distancia geográfica y la casuística del lenguaje. Al final aprendimos a escuchar, a traducir, a observarnos y descubrir entre minucias de acertijos. Fue duro y desolador. Cuando, finalmente, asumimos el inexplicable secreto de la sordera del dolor. El dolor de los cuerpos extraños y su perpetua soledad.  








                              Dedicado a Philip Roth marzo1933/mayo 2018 In Memoriam





Fotogramas adjuntados


Jezebel(1938) by William Wyler
Sybil (1976) by Daniel Petrie
Lilith 1964 by Robert Rossen






                    

Gloria Swanson: la Superdiva fatale que se adelantó a su tiempo







Gloria Swanson fue el arquetipo, de mujer femme fatale, triunfadora del Starsystem. Desde el primer momento tuvo muy claro; que no había llegado a Vanityland para hacer muchos amigos. Ella no era como el resto de la red social de aquel lugar, donde, el mero hecho de pasear a tu perro podía ser un cínico ritual,  para charlar de estrella a estrella, en una acción más del día. Una vez, un actor secundario o terciario apostilló: “nunca quiso ser uno de nosotros". No sacaba la basura, no "usaba algodones", ni tan siquiera iba al baño. La gran Swanson tenía una bañera dorada de emperatriz. La bañera esperaba a la diva. Un vez dentro del agua, el cobre dorado, se convertía en oro. Así era ella, lo más parecido a la diosa Hathor. Incluso obtuvo trato de aristócrata al casarse con un marqués. La Swason gastaba una talla de zapatos, que apenas llegaba a los 35 cts, y, una cintura de niña de unos 27 cts. A pesar de esa aparente fragilidad, ella se veía muy hermosa, cuando fruncía el ceño y levantaba la barbilla con su metro cincuenta. Posiblemente, fue durante la loca década de los años 20 —en el Hollywood mudo— , la estrella más grande de la pantalla. En el fondo, GS era una amalgama de las diferentes virtudes de las estrellas de aquel periodo: algo Garbo, un toque de Dietrich, una mirada de Crawford que levitaban como grandes diosas. Swanson, de por sí, no tenía esa maldad típica de la femme fatale, por excelencia versus Clara Bow. Ni tan siquiera era la peor de las brujas con las que te podías encontrar por aquellos lares. Sin embargo sabía muy bien cómo funcionaba ese juego, el de Hollywood. Empero, había algo dentro de ella que le perdía: la soberbia: Una diva original y frívola. Su expresiva mirada hacía de ella, casi una extraterrestre “convierteformas”, realmente inigualable. Excesivamente, rumbosa y caprichosa, le pegaba fuego al dinero como si fueran pastillas de fósforo para prender leña en la chimenea. Vivió como he dicho antes, ni una princesa del lejano Oriente. Y lo mejor de todo, es que no se privó de nada. Absolutamente, de nada. Risa nos podrían dar los actuales asfixiados y arruinados del S.XXI, Nicholas Cage o Johnny Deep con sus extravagancias y miserias personales. No obstante, como ya les tengo acostumbrados, sepamos el pasado familiar de la gran diva. Nacida con el nombre de Gloria Josephine Mae Svensson, allá por 1899, en Chicago. Hija de un militar de rango raso, Joseph Theodore Swanson y su madre Adelaide Klanowski. De creencias luteranas estrictas. La pequeña Gloria se pasó media vida entre Puerto Rico y Florida.














Aquellas constantes idas y venidas, le aleccionaron en el conocimiento del español, y muy cerca, de un colegio de monjas luteranas para no perder la tradición. Su madre de origen germano/polaco era una ferviente creyente. Gloria, no destacaba en los estudios de la básica. Eso, sí. Cantó en el coro de la Iglesia y participó en varias obras teatrales. En aquel periodo de la niñez muy cercano al tránsito de la pubertad, nuestra querida Gloria, según lo consultado y leído en las biografías que recomendamos, impetuosamente, nunca tuvo un grato recuerdo de aquella época. Gloria tenía prisa por convertirse en mujer y dejar a un lado, las simplezas de la niñez. No tuvo ningún reparo, en aseverar, que odiaba ser una niña. Estaba obsesionada con hacerse mayor. Aquella actitud hostil hacia la infancia ocultaba un viejo trauma, donde las relaciones con su padre fueron clave, en su interés. Volvió a repetir aquello que, como mi padre, nunca ha habido otro: “era el hombre que lo sabía todo. El tipo que tenía respuestas para todas sus inquietudes. De ahí que declarase con contundencia, aquello de; “las cosas de la infancia, nunca encandilaron mi pasión por ese periodo. Siempre consideré que era un preámbulo clandestino y considerablemente bobo, que había algo más real, palpable, misterioso y vibrante”. Detestaba vestirse como una chiquita, vestir muñequitas, lavar cacharritos, jugar y dormir con juguetes.Toda la dinámica de las niñerías, la exasperaban. Sin embargo la vida es caprichosa y azarosa. Tanto como un radiante día de sol de primavera por la mañana y su cruel tormenta de granizo por la tarde. Es decir, uno de los de tantos que salen todas las mañanas, a Gloria le pasó algo, que cambió el rumbo de su vida. Una tía suya la llevó, por pura curiosidad, a Essaney Studios en Chicago. Cuando muchos de los estudios —que finalmente inaugurarían al Nueva Babilonia del Oeste— solían estar ubicados en New York o el mismísimo Chicago. Allí llamó la atención de un jefe de producción. Muy pronto se convirtió en una extra regular. Ganaba un modesto dinero, pero con suficiente dignidad para teminar abandonando la escuela. A los 15 años fue contratada por la compañía Essanay. Interviniendo a continuación en dos cortos realizados por Charles Chaplin. Como The meal tickety His new job (1915). Dejando muy buenas sensaciones. Recién cumplidos los 17 rodaba su primer cortometraje como protagonista, al lado de Bobby Vernon. Todo ello, bajo la mirada del lince productor Mack Sennett en Keystone. La película fue en éxito de taquilla y el público rápidamente se identificó con la maravillosa Gloria Swanson. Y llegó su primer matrimonio; se casó con el que sería el esposo número uno: Tuvo seis maridos; se enlazó con tan sólo 17 años al lado de Wallace Beery —quien la violó la noche de bodas— un distinguido actor, con más de 200 películas en su cartera, e intérprete de la celebérrima, Isla del Tesoro en el papel de Long John Silver. Beery la dejó embarazada y le ocasionó un aborto; además, era un alcohólico y raro era el día que no le diera una paliza.
















Finalmente, salió del aquel horroroso matrimonio, y nuevamente, con apenas 20 años reincidió en el altar con el empresario Herbert K. Somborn, esposo número dos. Gloria se quedó embarazada y tuvo a su primera hija; Gloria Swanson Junior y adoptaron a Joseph Patrick (Sony). A partir de aquel instante, nada la contuvo. Nunca conoció los límites, ni materiales ni personales. Posteriormente, llegó su mejor momento, el esencial encuentro con su director fetiche y amante/confidente; el inefable Cecil B. de Mille. Este mito del 7º arte supo ver en ella; la materia prima perfecta —de un ideal femenino— que haría furor en la década de los 20: la femme fatale. A la vera, de DeMille, y dando todo su talento: Swanson comenzó a subir como la espuma de una botella de champán. En el admirable Crichton (Male and female, 1919, de Cecil B. de Mille), se construye un físico y un estilo, rodeado de un halo misterioso, del que quedaban prendidos cuantos caían delante de sus largas pestañas. Las mismas que se extremaban de rímel, una y otra vez. Su boca totalmente perfilada y la inteligente dosificación de sus artimañas de mujer. Convertida en una figura mítica del cine, obtuvo un importante contrato con la Paramount y mantuvo una frenética actividad, trabajando para Sam Wood de 1921 a 1923, y a las órdenes del magnífico Allan Dwan de 1923 a 1925. Una etapa donde quedó encasillada como la mujer fatal, por excelencia. Empero, su talento iba más allá del estereotipo, y supo extraer de sus personajes todo tipo de complejidades que iban desde la picardía al dramatismo, de la alta comedia a la tragedia. ¿Por qué cambiar de esposa? (1920) y El señorito Primavera (1921), ambas para De Mille; La octava mujer de Barba Azul (1922 Sam Wood), El salario de la virtud (1924) y De la cocina al escenario (1925), de Allan Dwan, títulos que pertenecen a esa fascinante etapa. En 1926 rodó en Francia un filme histórico, Madame Sans-Gêne, de Léon Perret, y ese mismo año formó su productora, asociándose con la United Artists, la compañía creada por el supertrío de oro: Douglas Fairbanks, Mary Pickford y Charles Chaplin. Para el autor de Cleopatra y tantos otros filmes monumentales, Swanson se convirtió en el paradigma de la mujer extravagante y caprichosa que, en aquel tiempo, el público parecía solicitar. Ya lo había conseguido, convertirse en la dueña y señora, de una época, donde la excentricidad era lo más parecido a los personajes de las novelas de Fitzgerald. Nihilista y libertina.


















Vivía al margen del mundo, en su egocéntrico microcosmos natural. Mansiones gigantes, coches enormes, plantillas de criados que ni la Reina de Gran Bretaña. Antes de que existiera Hollywood, ya reinaba entre las diosas primigenias del celuloide. Gloria Swanson, entre nosotros, y para los de a pie encabezaba el derroche con sus contoneos por la Alameda de las Plumas. Las pobres estrellillas —de hoy en día— babean de envidia al conocer el desglose de una factura de Gloria: 25 mil dólares en abrigos de piel; 50 mil en vestidos; 24 mil en medias, zapatos y ropa interior; 30 mil en blusas, bufandas y accesorios; 6 mil para la nube de perfume que la envolvía. Como en aquella ocasión que confesó a la prensa una de sus frases memorables: “El público quería que viviéramos como reyes, así que eso hice”... Su propia hija, Michelle, la consideró una mujer “imposible” de tratar. Sus excentricidades rayaban el paroxismo. Vivía en una mansión con 30 criados; en sus viajes a Europa alquilaba un barco completo para llevar el equipaje y en diez años despilfarró la friolera cantidad de 300 millones de dólares. En su autobiografía sentenció: “el dinero es divertido hasta que no queda nada por comprar”. Es evidente, que la joven Gloria Swanson había visto un nuevo paraíso. Sin duda el sexo, el matrimonio y los hijos le abrieron una ventana a un mundo más tangible, menos iluso pero lleno de sabandijas rastreras, dispuestas a devorar su inocencia. Ella afirmaría que algunos de sus maridos la violaban, en más de una ocasión, tomándose su derecho de pernada. Uno de ellos, curiosamente, la acusó de adulterio con más de 16 hombres diferentes. Esa idealización llegó a tal extremo que —siempre buscó la abstracción física— lo pretendientes tenían que tener esa mácula de madurez y afán protector, de su amado padre. De igual modo, que dilapidó billetes a gogo, también gastó a los hombres. Chirriadora, de facciones un tanto exageradas, bonita sin ser bella, con unas cejas continuas trazadas con puntero, poseía una sensualidad desbordante que derretía a los hombres como si fueran de cera. Pero Gloria no era mujer de un solo hombre y mientras filmaba las lacrimógenas cintas de Cecil B. De Mille su protector y amante sostuvo sonados romances con Rodolfo Valentino y otros 13 actores, que no tenían el pedigrí del italiano, pero si eran grandes conocidos de la fructuosa década. La prensa del higadillo, de por entonces, chismorreó algunos nombres: Ben lyon, Charles Farrell, Douglas Fairbanks, Elliott Dexter, George O,Brien, Hugh Allan, John Gilbert, John Barrymore, Milton Sills, William Haines, Wiliam Powell, Ramón Novarro y Thomas Meighan. Se echó encima de sus espaldas, hasta el último dólar que ganó. En el esplendor de sus días, Gloria Swanson fue la primera actriz de Hollywood en cobrar 1 millón de dólares anuales. Se cuentan por cientos, todos aquellos, que cayeron en la red de sus pestañas y soñaron con besar aquella boca, delicadamente perfilada.   Aquella década era una locura, en todos los sentidos. Tras los duros años de la 1GM, la gente, el público y Norteamérica sólo quería disfrutar de la vida.
















Los locos años 20 infundieron un subidón de endorfinas en la gente que no paraba de bailar Charleston. Vestirse con plumas y deambular por el mundo de pura jarana. Y de repente, apareció un príncipe azul, algo con sangre real: su tercer marido, el Marqués de la Falaise de la Coudrave, Henri le Bailly. Aquello de llevar la tilde de marquesa obtuvo el colmo del divismo. La Swanson contrató cuatro lacayos para que la llevaran alzada en una litera al camerino; el resto del equipo debía hacerle reverencias. Hollywood comenzaba a dar muestras de afixia y se reinventaba en la nueva década de finales de aquellos convulsos años 20. La forma de hacer películas y de distribuirse entraba en un nuevo periodo. GS en 1930 terminó divorciándose de su tercer marido, el Marqués de la Falaise. Y lo más increíble de todo, el nuevo amor de la diva, era un tipo con mucho oficio, pero nada limpio en los negocios: Joseph P.Kennedy, el padre del mítico presidente norteamericano de las década de los 60. El hijo del afamado traficante irlandés de alcohol durante la ley seca: dejó su estilo. El compañero de cama, de la gran Gloria, hizo un viaje en la barca de Caronte. Aunque, hay quien dice que él no fue el viajero de turno, sino el mismo Caronte.  Así, entró en el mundo del cine la estirpe Kennedy, trazando un camino de Boston a Hollywood —un itinerario cruel y espeluznante— por las ruinas de corporaciones desaparecidas... de las que se desprenden aromas de una atmósfera claramente ventajosas. El ascenso de Kennedy a Hollywood se jugó en un gran tablero de ajedrez. La estrategia pasaba por tomar pequeños peones como Robertson-Cole y F.B.O. Y así, ir poco a poco derribando, sistemáticamente, a caballeros y reyes como Pathé y K.A.O. para crear la reina de RKO, en menos de cuatro años. El personaje se movió en un arrojo de crueldad —posiblemente sustentado en el abandono—  de una serie de empresas reorganizadas. Si bien, son muchos, lo que apostillaron que les hizo un favor a muchas de ellas, pues, eran montones de escombros de gestiones fracasadas por ellas.















Gloria Swanson estaba muy cerca de lograr dos de las mejores interpretaciones de su carrera: la de prostituta en Sadie Thompson (1928), del grandísimo Raoul Walsh. Una obra que hizo de la Swanson, una mujer llena de orgullo y valentía, todo un homenaje al coraje femenino. Desde intentar camelar al censor Will Hays, en un almuerzo donde se limaron párrafos del guion y algunas cuestiones peliagudas. Hays le hizo una promesa verbal de que no tendría ningún problema con la realización de una película de este tipo. Swanson se propuso obtener los derechos de la obra haciendo, algunos movimientos de lo más torticeros. Cuando surgieron las noticias sobre lo que se pretendía con la obra, los tres autores amenazaron con demandar. Swanson más tarde intentó negociar una secuela por 25,000 $. Al mismo tiempo que GS (ya tenía un peón jugando en FOX) había comprado los derechos de la historia original. La secuela debía seguir las nuevas hazañas de Sadie en Australia, pero nunca se hizo. Sintiendo que nunca tendría tanta libertad artística e independencia como lo tenía en ese momento, Swanson decidió que el planteamiento del estudio era demasiado formulista, y decidió llamar al director Raoul Walsh, quien firmó con Fox Film Corporation en ese momento. Walsh había sido conocido por traer material controvertido al cine, y en su primer encuentro con la diva fue realmente positivo. La Sadie Thompson interpretada por Gloria Swanson era una realidad. El film fue muy recibido por la crítica y la taquilla. Pero, la excéntrica actriz, se había empecinado en una segunda parte que nunca se realizó. A pesar, se haber estado trabajando —codo, con codo— en el guion con R. Walsh. El código Hays, cada día ejercía una labor más restrictiva. Y finalmente, la Swanson, fue cuando escuchó las campanillas del magnate, Kennedy que había aterrizado en la vieja Babilonia. La relación fue a más. Se convirtieron en amantes y montaron su nidito de amor entre sábanas de satén y lujuriosas cabalgadas sobre la diva de nácar. El bribón de Boston inventó un filme para su querida y le encargó la dirección al lunático y excéntrico Erich von Stroheim. Todo un personaje, bien conocido por la diva de Chicago. Kennedy ya ejercía como productor ejecutivo de Swanson. Inicialmente, el film se titularía, El Pantano. Una cinta que desde el punto de vista comercial y artístico era inviable en 1928. El primer copión que fue visionado por el bostoniano, según palabras textuales, de Kennedy y los socios productores; la tildaron como porno casero de la peor ralea. 















Gloria interpretaba a una jovencita criada en un convento que hereda una cadena de burdeles en África; la actriz pegó el grito al cielo y exigió a su amante que despidiera al loco Von Stroheim. Además de encargarse de salvar la película y los 800 mil dólares que había invertido. Queen Kelly (1929) fue un proceso de arrojo y pundonor por parte de Gloria Swanson, que finalmente, ella mismo terminó, montó y estrenó personalmente, en contra de la voluntad de su director. Lo que ella no sabía, porque no estaba en el set en ese momento, fue que von Stroheim había filmado al príncipe agitándolo bajo sus narices. Después de ver la película con un tono vulgar y grosera. E. B. Derr informó que el personaje interpretado por el "cliente" de Kennedy (así llamaba la camarilla del bostoniano a Gloria Swanson por escrito) "podría ser interpretado por cualquier mujer de tercera clase". Joe se encabronó y se portó como un auténtico patán de los negocios. En lugar de tomarse el fracaso de manera deportiva decidió maniobrar y endosó todas las deudas a Gloria. La diva se pasó casi 20 años pagando facturas. Ya se sabe que la única manera de hacer plata es quitándosela a los demás. La Swanson envió a la mierda a Kennedy, porque este tuvo el desparpajo de presentársela a su esposa Rose y Gloria comentó: “Una cosa es ser la amante y otra exponerme a esta obscenidad”.  El contable anterior a Kennedy de Gloria Swanson, muy pronto, informó que de los registros que pudo conseguir, todo parecía tener una destinataria: Gloria Productions. Empezando por el bungaló que Kennedy había construido para ella en Pathé, el abrigo de visón que le había dado, como señal de amor, junto con todos los gastos del film Queen Kelly. Ahora todo aquello, eran deudas, por un total de más de un millón de dólares, de los cuales, ella era la única responsable. Una versión truncada silenciosa de Queen Kelly se lanzó en 1931 en toda Europa, pero no en América. Gloria Swanson nunca se recuperó de aquel mazazo. Ni financiera, ni profesionalmente. Después de su divorcio con el marqués y la espantada del patriarca de Boston. Decidió casarse con un playboy irlandés: Michael Farmer. Para mayores referencias, alcohólico, trincón y haragán. Una relación desastrosa de la que sólo quedó el tercer retoño, de la diva. Una niña a la que le puso, el nombre de Michelle. Dos años duró el paso del cantamañanas Made in Irlanda. Los problemas por los que estaba pasando Miss Swanson se agudizaban, pues, la llegada del cine sonoro: no terminaba de traer las mejores noticias para Doña Gloria. La estrella de Gloria Swanson comenzaba a menguar y a pasar al rincón de los humanos de parada de autobús y pateo diario, de cualquier lugar. Sometida al banquillo de las reliquias. A pesar de que su figura, como mito, jamás perdió vitalidad. Gloria adivinó que los nuevos procedimientos iban a implicar una revolución profunda, y se esforzó para estar a la altura de los tiempos. Estaba en la madurez de su temperamento artístico, en la cúspide de su arte, y no se podía resignar. Los chupatintas de la prensa señalaron que Swanson fue incapaz de superar el cambio tecnológico del cine mudo al sonoro. A pesar de las lecciones de declamación, trató de adaptarse a las nuevas condiciones de rodaje. Pero se ve que estos nuevos lameculos ignoraban que Gloria tenía una voz de soprano. Se renovó para dar lo mejor de ella en el nuevo medio sonoro. Solo que los sátrapas de los estudios de cine aprovecharon la coyuntura para contratar actores imberbes y jovencitas calenturientas, para desbancar a las verdaderas estrellas que triunfaban como deidades. Empero, su carrera entró en una fase de declive de la que ya no se recuperaría. “Indiscret”(1931) del gran Leo McCarey y “Perfect understanding” (1932) de Cyril Gardner fueron sus dos últimos trabajos importantes. Obviamente, el tiempo es algo tan enigmático y sensible; que a todos nos coge por el camino. Eso, que la física nos recuerda, a diario y que no para de subir, acaba en bajada libre: Gloria pasó del paraíso estratosférico al olvido del tedio ciudadano diario. Los mismos humanos que le rendían pleitesía a su paso, giraban la mirada a la acera de enfrente. Esos mismos humanos de cualquier avenida, los cuales, estamos sometidos a las leyes físicas. La caída libre se palpaba en el ambiente. Faltaba muy poco.














Ella, en el fondo, seguía creyendo que era la reina de África y un tótem de la vieja Babilonia. Se marcó un penúltimo matrimonio con un alcohólico de tres al cuarto, William N. Davey. Un mal bicho que la dejó tirada —en un momento— donde el resquebrajamiento ya era una obviedad. Así de claro, compuesta y sin un céntimo, en la miseria más extrema imaginada. No obstante, como decía la difunta de mi madre: el dinero va y viene. Pues, la pequeña diva de estatura y enormes agallas, Gloria Swanson. Se obstinó en mantener el porte y el señorío, acabó trabajando de secretaria en una agencia de viajes y se involucró en el negocio de la moda para pequeños supermercados. Algo así, como la ropa del siglo XXI de un Lidl alemán. Otra de las grandes ocurrencias que se le pasaron por la cabeza fue cuando se mudó en 1938, a Nueva York e inició una empresa de inventos y patentes. Multiprises Corporation. Una pequeña empresa para rescatar a científicos e inventores judíos de toda Europa y llevarlos a los Estados Unidos. Sin embargo, le quedaba un as en la manga y ese iba a venir de la mano de un genio Made in Austria. El cineasta Billy Wilder en 1950, creo una de obras maestras del 7º Arte. Sunset Boulevard, fue la gran revancha de Gloria Swanson. Y nunca mejor dicho, la mejor candidata, que podía interpretarse a sí misma, a la vieja estrella del cine mudo encerrada, con sus recuerdos en una arcaica mansión de Sunset Boulevard. El equipo completó la narrativa de producción a finales de 1948. Después, de lo cual comenzaron a trabajar en el guion. Wilder contrató a Montgomery Clift para interpretar a Joe Gillis, pero la búsqueda de Norma Desmond resultó complicada. Mae West, Mary Pickford y Pola Negri rechazaron el papel. Fue entonces cuando Wilder recordó a Swanson. Llamó para preguntar si ella entraría para una prueba de pantalla. ¿Yo? ¿Una prueba? Me rebelé ", dijo más tarde. 'Nunca hice una prueba en mi vida... fui grosera con él. Dije para qué demonios me tienes que poner a prueba. ¿Quieres ver si todavía estoy viva, verdad? ¿O dudas que sea capaz de actuar? Al final Swanson cedió y realizó la prueba. "Cuando obtuvo el papel, quedó encantada", decía su hija Michelle. Wilder permaneció hipnotizado por la presencia de la pantalla de Swanson y se decidió a reescribir la historia para que Norma Desmond fuera el personaje central. Dijo Wilder. “Bueno, tenía una cara que no podía duplicarse... Sabía cómo actuar con gestos, algo difícil de enseñar”. En cuanto a Gloria Swanson, sabía que esta era una oportunidad de su vida. Ella dio una interpretación extremadamente atrevida y caminó, a través, de una línea muy fina. Era muy consciente de que su trabajo podría haber ser tildado de ridículo. Pero de todas las personas —que realmente creyeron en el proyecto— fue ella. Pensé que era un guion increíblemente atrevido, como nada que haya visto antes. Algunos encontraron el material demasiado radical. Aunque Wilder quería abrir la película con una escena en la morgue del condado de Los Ángeles en la que 36 cadáveres hablan sobre cómo murieron —la película está narrada por el difunto Joe Gillis— el director se vio obligado a desechar la secuencia tras los malos resultados con las audiencias de casting. Después de una proyección temprana para la industria del cine. En aquel verano de 1950, Louis B. Mayer le espetó: “¿Cómo cojones se atreve este joven, Wilder, a morder la mano, de quién lo alimenta?”. La respuesta de Wilder fue: “Soy el señor Wilder y Ud. se puede ir a la mierda”. Empero, fueron muchísimos los que reconocieron el crudo mensaje de aquella obra maestra; su advertencia de los peligros inherentes a la celebridad moderna. Durante esa misma tarde, cuando Wilder se enfrentó a Mayer. La actriz Barbara Stanwyck se acercó a Swanson llorando. Para arrodillarse ante ella y besar el dobladillo de su vestido, un gesto silencioso, que hablaba de su admiración por la valentía de su actuación y la autenticidad de la película.
















Wilder tuvo el talento, además, de enfrentarla a su antiguo amigo y director, Eric von Stroheim, en el papel de chófer y ex esposo de la vieja estrella del periodo dorado del mudo. De aquel choque de ambas personalidades, surgían un montón de chispas de recuerdos cómplices, y de algún modo, todo ello redundaba en el patetismo del film. Donde la diva Gloria Swanson estaba inmensa. Realmente, llegaba a estremecer y remover la conciencia de más de uno. Curiosamente, el público la aplaudió hasta el delirio, en su aparición en Broadway. Del mismo modo, que aplaudían sus films en la década de los 20.  Dándose un homenaje al interpretar una comedia de Ben Hecht y Charles Mac Arthur, Twentieth century. Aplaudían a la actriz, pero también al mito que no podía morir, a la historia del cine que se encarnaba en ella. La última aparición en el cine, fue en un film de la franquicia Aeropuerto (1975). Donde, concurrían, viejos y viejas conocidas de su tiempo. Al año siguiente, notó que Cupido volvía a llamar a su corazón y con 76 se casó con el periodista William Dufty (30 años menor que la superdiva), y sexto marido. Dufty co-escribió la biografía de ella. En un libro “Swanson on Swanson”. Dónde apostilló otra perla: “de mis maridos no guardó buenos recuerdos, los consumí como si fueran cigarrillos. He dado mucho más de mí a estas memorias, que a ninguno de mis matrimonios. Ya que de un libro, no te puedes divorciar”. El resto de sus días terminaron codeándose con lo mejor de la alta sociedad, norteamericana. Disfrutaron de los mismos gustos (devotos de la alimentación macrobiótica) y viajaron por el mundo como dos adolescentes. En su epitafio se podía leer un aséptico "Gloria May Josephine Swanson 1899-1983". No había sido su última voluntad. Pero las posibilidades eran mínimas. A ella le hubiese gustado dejar un epitafio, muy de su estilo. Tal como soltó, en una entrevista, la siguiente frase para la posteridad. "Pagó sus facturas. Esa es la historia de mi vida". Swanson murió en Nueva York el 4 de abril de 1983. Tenía 84 años. Muchas de sus propiedades fueron subastadas al mejor postor. Apenas les Dejó medio millón de dólares a sus tres hijos, después de haber derrochado la mayor parte de su fortuna. Desgraciadamente, nadie tiene dos vidas, ni le van a regalar otros 84 años extras, los años que los dioses le dejaron vivir como una reina de su época. Lo dicho, entró en el quirófano, contra su voluntad y le operaron de una aneurisma. Falleció el 4 de abril de 1983 en Nueva York. Los hagiógrafos periodísticos publicaron al fin el obituario que tenían redactado hacía 30 años, acerca de una mujer que escribió el vademécum del estrellato, el ícono “fashion” de Hollywood, pero que para su desgracia se adelantó a su tiempo. Multifacética y con muchos talentos, no es de extrañar que Gloria Swanson, a día de hoy, sea venerada en el mundo del cine y del más allá.







                            Dedicado a Antonio Mercero marzo 1936/mayo 2018 In Memoriam








Fotogramas adjuntados

Don´t Change your Husband Cecil B. DeMille  (1919)
Why Change your Wife Cecil B. DeMille (1920)
Under The Last The Shulamire by Sam Wood (1921)
My American Wife by Sam Wood (1922)
Gloria Swanson&your Husband Henri le Bailly  Marqués de la Falaise de la Coudrave (1926)
Indiscreet by Leo McCarey (1931)
Gloria Swanson&William Holden&Eric Von Stroheim in Sunset Boulevard (1950)
Sunset Boulevard by Billy Wilder (1950)








Bibliografía consultada y recomendada

Gloria Swanson (2013) The Ultimate Star by Stephen Michael Sherer Ed. Thomas Dunne Books
Swanson on Swanson (1981) by Gloria Swanson Ed. Pocket Books
Close-up on Sunset Boulevard: Billy Wilder, Norma Desmond, and the Dark Hollywood Dream by Sam Staggs (2002) Ed. St. Martin's Press