Las ofuscadas intenciones del crimen








Una noche de finales de otoño, mientras la luz se tornaba moribunda, sentí el llanto amargo de la oscuridad. Quise contárselo a un amigo, pero le dije que era demasiado hermoso para su vista. Aitor siempre fue un daltónico sin esperanzas. Era mi único hermano. El único amigo de fiar, en unos tiempos revueltos y tempestuosos. Saqué un cigarro y me quedé mirando las insolentes copas de los árboles de aquel nebuloso bosque. Fingí no escuchar mis tambaleantes pensamientos que atizaban mi mente, después de haber acabado con la vida del jodido "Mephis". Empero, todo este enredo comenzó a finales de septiembre de 2015. El comando Karevizf había planificado el secuestro del alcalde de Jobredc una localidad cercana a la nación del Estaño Verde. Aquella villa era una delicia entre jardines afrancesados y viejos robles. El ayuntamiento estaba recubierto con placas de caliza negra. Las hojas de los arboles cubrían los bancos del parque y el cielo se adornaba de un gris plomizo. Esperábamos al objetivo, en este caso, su alcalde; Reniam Driss. Un empresario jubilado del negocio metalúrgico; que entró en política por aquello de satisfacer a gran parte de la vecindad del pueblo. La captura fue muy sencilla, tan sólo tuvimos que esperar su salida del pleno municipal, a la hora de comer y hacernos pasar por soldados de la unidad criminal movilizada del reino de Brodas. Al mando estaba Domonkos Jorkaeff alias “Mephisto”. Un tipo de lo más inestable e imprevisible, al que le acompañaba —su habitual sonrisa psicótica enyesada— a su texturada cara, resultado de una viruela mal curada. Luego, estaba Aitor, mi hermano. Él era un pobre infeliz; que no pudo entrar en el ejército de levas de Tabross por su desdichado daltonismo. A raíz de aquel acontecimiento comenzó a presentar un desorden psíquico muy misterioso y a la vez esquivo. Le diagnosticaron un trastorno maniaco depresivo y comenzó a tomar litio y anticonvulsivos. Cada otoño entraba con el pie cambiado hacía el bajón. Yo siempre me sentí responsable. A fin de cuentas, éramos huérfanos y mi trabajo de asesino a sueldo era inviable con la atención de su patología. Lo introduje como uno más de la banda. Eso sí; siempre respondiendo por él. Nos situamos en un cruce de diferentes destinos de la carretera comarcal y al poco le echamos el alto al Tesla eléctrico que conducía el alcalde Driss. Mephisto le indicó con un ademán que aparcase en el arcén. Se dirigió a él y le dijo que había superado el límite de velocidad en una vía secundaría. Driss estaba algo intranquilo e inquieto. Eso de ver tres agentes en un mismo automóvil, no le cuadraba. Repitió una y otra vez que nos identificáramos. Mephisto le hizo bajar del coche, de malas maneras. Ahí fue cuando yo me acerqué para apaciguar los ánimos. La cosa fue en balde. El hombre estaba nerviosismo, pues, era sabido que la región del sur del reino de Estaño; se caracterizaba por el abundante número de raptos. Lo agarró por el cuello y le coloco un gran pañuelo rojo, empapado en cloroformo, que lo dejó grogui. Me quedé mirando al puto Mephisto y el me esbozó una sonrisa de puto demente sádico. —La vía rápida, Sr. Nojkaz. Ah! ya lo recuerdo que el sensible Nojkat. ¿Nunca has sido muy del boxeo? Eh! colega—Masculló el sibilino Mephis. Bueno, pues, no sabes lo que te pierdes, con eso de la vía rápida del cloroformo—Siguió con su sonrisa de hiena. Lo introdujimos en el maletero del todoterreno Nissan híbrido. Siempre me había jodido que me llamarán los conocidos por mi apellido y menos aún, sabiendo la retahíla de canciones que se inventaban en el colegio sobre los hermanos Nojkat.















                                                                     En el refugio


Llegamos a cabaña de montaña que se hallaba cerca de la zona del sur de los limes del reino de Estaño verde con el reino de Tabross. Un refugio de unos 40m2 con un dormitorio, un baño y un sótano que, en el fondo, era el zulo donde el secuestrado Driss estaría en cautividad. Aquel habitáculo apenas llegaba a los 4 metros de largo por 2,5 de ancho y un metro ochenta y dos centímetros de alto. En el aire se condensaba la mugre, la soledad y la humedad. A veces, el hollín de la chimenea, la música de Coltrane y las ráfagas de viento sacudían el portón camuflado. En la mesa del comedor donde se juntaban Mephisto y Aitor lo consideré el lugar perfecto para dejar una nota de las labores de aseo y trato del reo. Mephisto decía que la tortilla de patata estaba dura. Le espeté:—¡Compra las patatas y la haces. Eh! ¡Te queda claro!—Venga, chaval no te pongas de ese morro, que tampoco eres el chef del rey de Tabroos. Las exquisitas tortillas de patatas de Tabross, con denominación de origen— Muy vacilante y petulante. Ni chef, ni pinche, ni pollas en vinagre...—En un tono chulesco. Abajo en el compartimento/zulo, Driss salía poco a poco del estado del colocón del triclorometano. Su tos aguda retumbaba en las mohosas paredes del chamizo. Y comenzó a gritar: Por favor! Por favor, sacadme de aquí... Roto de dolor y pena. Entre sollozos estaba absorto en aquel agujero, donde habían ido a parar sus huesos. Un castigado saco de dormir de marca blanca —que dejaría su maltrecha espalda del revés— al veterano alcalde. Un lumbago de cojones. Echándose la cabeza hacia atrás, contemplaba el anodino portón infernal, imaginando nubes a la deriva y unas pocas estrellas pálidas, que parecían iluminarse por las sonrisas de sus hijas: Kalindra y Kriska. Buscaba su cartera desesperadamente, intentado encontrar las fotos de ella y su esposa Nadizh. Mientras, arriba Sokrek le hacía un gesto a su hermano Aitor. Evidentemente, éste, se percató de sus tareas. Recoger la mesa y preparar el rancho al prisionero. De repente, Mephisto, se enciende un pitillo y sugiere: le voy a decir al pichón si le hace un cigarrito…—¿Eres idiota o te lo haces? Todavía no ha cenado y el hombre no estará para muchos cigarritos.—Tranquiloo, hombre pacífico—tono irónico. Aitor reclamaba a Sokrez y comenzó a golpear la mesa del comedor... Éste le dio un último consejo a Mephisto—Estate quietecito, y todos saldremos ganando—Manda cojones! Ahora los héroes son las ratas del sótano. Sokrez cogió una bandeja con un plato de tortilla de patata con un pimiento de lata y un plátano. Se acercó hasta el interior del zulo y abrió el portón. Driss estaba obnubilado y con el rosto ojiplático, cuando vio como Sokrez Nojkat, le llevaba la bandeja.—Aquí tiene su rancho. Si tiene más frío, dígalo. Entonces, Sokrez, se sacó una linterna de su bolsillo y se la entregó.—Cuando tenga ganas de orinar en ese cubo verde. Si tiene ganas de hacer de vientre, en el de al lado, color azul. En ese rincón hay un rollo de papel higiénico y no se preocupe. Si Ud. está tranquilo todo irá bien. Buenas noches. —Aitor, tómate tus pastillas y a dormir. Mañana será otro día. 
















                                                          Cuatro meses después


Finales de enero, el invierno estaba exultante y la nieve parecía encender aquel lugar, dejando el territorio de postal navideña. Los copos caían como bolas de algodón a modo de cámara slowmotion, en una atmósfera típica del crudo y frígido invierno del territorio del reino de Estaño verde. Fumaba lentamente un cigarrillo y recapacité si este affaire iba en la dirección correcta. Cuando observé unas pequeñas manchas, que desprendían la horma de la rueda del todoterreno Rover, muy marcadas sobre la abundante nieve que creaba un resplandor de color blanco tierra. Me dolía la cabeza y el café con el paracetamol, no me había hecho mucho efecto, no sé. El carajón seguía en el fondo de mi cabeza. Aquel lugar era un sitio tranquilo y los pocos que sabían de él conocían la labor que se desarrollaba: sicarios a sueldo y bandas organizadas campando a sus anchas. Si algún cazador de las aldeas, fuera capaz de irse de la lengua, su destino podía ser una zanja a dos metros bajo la nieve. Juraría que Mephisto se había marchado sin decir nada. Fue un pálpito, pues, de semejante alimaña cualquier cosa es poco. Entré en la cabaña y fui al zulo, a ver a Reniam Driss. Ahí me di con bruces con Mephisto que le estaba renegando y zarandeándolo. El espectáculo era dantesco, aquel hombre, habría perdido más de 22 kilos y su rostro estaba casi momificado, entre una abundante cabellera blanca, que cubría hasta sus hombros. Así como una larga y copiosa barba de náufrago. Apenas veía tres en un burro y Mephisto le estaba reprimiendo porque se había orinado encima. —¡Qué pasa abuelo, otra vez nos hemos ido por abajo!—Le arengaba con violencia.
—Estoy hasta los cojones. Es la última vez que te meas encima. No soy tu enfermera. Tienes dos cubos el verde, pipi. El azul, cacota.—Reía con cinismo.
—No puedo más. Déjenme marcharme. No veo nada. Por favor, no quiero estar más aquí.—Entre jadeos imploraba compasión.
—Pues, o pagan los tuyos, o te queda mucha mili en el hotelito…
¿Qué pasa Mephisto?—Le espeté con ganas.
¿Qué pasa? Eso digo, yo. Príncipe de la inteligencia.
¿Ha desayunado el Sr. Driss?
—El Sr. Driss se cree que soy la chochona de su nuevo geriátrico.
—Esa no es la respuesta que quería escuchar...
—Mira, Sokretz, yo estoy hasta los reales huevos de este señorito con la próstata floja—El tono era muy despectivo.
—Sube arriba, que si bajo no cabemos.
—Ya subo, que hace un pestuzo, ahí abajo… Vamos, hace de una mofeta el nuevo Ambipur.—Risotada del personaje.
¿No crees que se podría asesar al Sr. Driss?
—Pero, tío, ¿te estás quedando conmigo?
 La puerta del zulo seguía abierta. A pesar del malestar del reo, éste, escuchaba atentamente la conversación del salón de arriba.
—Sabes una cosa Mephisto, te pasas de listo, cuando eres un tarugo y un zángano despreciable.
Pensé brevemente acerca de ir por el cuchillo que tenía en el bolsillo de mi abrigo, pero decidí que no valía la pena. No obstante, con lo que no contaba era con el revólver del 38; que llevaba en mi otro bolsillo.













Es evidente, que mi hermano Aitor era daltónico, empero yo era zurdo de nacimiento. Sin embargo, en el reino de Tabross, donde nacimos, se consideraba a los zurdos diablos. Ello no fue óbice para coger el revólver y en un preciso movimiento rápido... Disparé a Mephisto.
—Jódete, imbécil, cabrón y miserable. — Pum, pum…, y así hasta tres veces. Lo dejé frito en el suelo de la cabaña. Mientras un reguero de sangre salía del agujero del corazón, bazo y estómago. La misma sangre que se filtraba por los tablones del suelo de la cabaña y entraba en el zulo de Mr. Driss. En ese mismo instante, Aitor salía con las legañas todavía pegadas en los párpados y se quedaba mirándome anonadado. Yo seguía pensando en las cortinas cerradas de la cabaña, la simpleza del mobiliario, las sabanas remendadas de la habitación donde habíamos dormido Aitor y yo. Aitor me pregunto:
¿Qué  hacemos hermano?
—Marcharnos a nuestra casa y dejar a este hombre libre.
Bajamos a por Mr. Driss. Le dimos de comer y lo aseamos en el cuarto de baño. Confuso y extrañado. Aún presenciaba el cadáver de Mephisto. Al cual, arrastré y lo lleve a la ladera de la cabaña.
Cavé una zanja y lo enterré. En ese instante hubiera deseado poder gritar ante todo el mundo que me había conocido y a las que debería de haberles dado la mano. Posiblemente, las ofuscadas intenciones seguirían condenado mi propia locura. La vida de un sicario sentimental. Subimos en el coche a Mr. Driss y nos pusimos en marcha hasta llegar a la carretera secundaria. En donde había una tienda self-service. Nos marchamos. El alcalde Driss, envejecido, con su mirada cómplice se quedó sentado. Deseaba una despedida rápida, pero no un adiós. Habíamos sido sus captores; pero en fondo sentía un tapujo que le miraba de refilón una enorme tristeza: tan vidriosa y estéril. A la vez confusa. Llena de anhelo por llorar. Miraba el todoterreno como se alejaba de la estación de servicio. Posiblemente, todos estábamos locos, en aquel viaje enajenado hacia el corazón de las tinieblas. Una locura que fuese lo menos quimérica y quizás en busca eso llamado normalidad aparente. Tan normal como las miradas vagas, entre mi hermano Aitor y yo. Igual que las sonrisas espontáneas de dos niños. En el fondo, la vida de un daltónico puede ser muy divertida, cuando se es el hermano de un loco inmaculado.




                                                  FIN




                           
                     Dedicado a todas las víctimas secuestradas por terroristas de todos los pelajes 







Fotogramas adjuntados




The Man Who Knew Too Much (1934) by Alfred Hitchcok
Prisoners (2013) by Denis Villeneuve
Grabenplatz 17 (1958) by Enrich Engels
The Captive (2014) by Atom Egoyan







  

                       

Mabel Normand; la cineasta femme fatale y Nietzsche










Saben muy bien —que servidor— es un devoto de la cultura criminal. De ese impulso puramente humano —a pesar de los pesares de la unanimidad por la corrección— e incontrolable que es la acción criminal. Haciéndolo más culterano, propondría lo siguiente: La esencia de un criminal por cometer un asesinato es completamente adictiva. Como las crónicas de este humilde amanuense. Por ende, el propio acto que se comete y su existencia, es la misma para todos. Es decir, volvemos a aquello del factor humano y los daños colaterales. Evidentemente, en eso, de lo denominado, como pura praxis del método criminal; nos encontramos con incógnitas no despejadas. Algo así como, las situaciones, los eventos y las personas que son participes, en toda la acción que desencadena el asesinato. Ahí, no podemos hablar de los aludidos, pues, como el Cluedo, son muchos los candidatos. Demasiados. Pero la vieja Babilonia del profeta Isaías tenía el percal muy bien atado y enderezado. Comenzando por ese siniestro personaje, Carl Laemmle. Encargado de que el hermoso bosque desértico californiano mantuviera el estatus del mayor paraíso de lascivia, soberbia y envidia por metro cuadrado del planeta tierra. La gran ramera de la soleada Costa Oeste construyó, en cartón piedra, el espejo de los sueños de medio mundo. Los personajes más hermosos y fascinantes del espectáculo de los anhelos humanos. Pero detrás de aquellas impolutas fachadas; la soledad de la locura y las adicciones llegaron a conquistar a una de las mayores femmes fatales de la historia del pre-code. Hablamos de Mabel Normand, y, con ella posiblemente, el mayor misterio —mejor enterrado— de la disparatada historia de Hollywood: la muerte del cineasta William Desmond Taylor. No se preocupen, que esta crónica, tendrá su tiempo y espacio para goce del personal. Siempre y cuando, el espíritu de ultratumba del sheriff de policía y la fiscalía de la villa —que se encargaron de gestionar todo aquel affaire— no le dé por hacer, algunas llamadas, a fiscales, jueces y demás estamentos corruptibles, para que este mortal pueda contarles los hechos, en todo su esplendor.















Bien, volviendo a nuestra protagonista, diremos que la pequeña Mabel Normand nació un frío 9 de noviembre de 1892 en la villa de Staten Island, NY. Se crió en una atmosfera, condicionada por la escasez y el crecimiento demográfico —que propulsaba— el flujo migratorio a la búsqueda de fortuna, en la utópica América industrial. La pobreza familiar fue la cara de la moneda diaria. Sin apenas contacto con la escuela, pues, las labores de casa y el cuidado de parte de su familia, la tuvieron al pie del cañón. El carácter adusto de su padre, que trabajaba de lo que le saliese, aunque se le daba muy bien atar clavos con maderas Pero con muy poca fortuna, para tan baldío esfuerzo. Aquel ambiente iba haciendo mella, en la adolescente Mabel. Hasta que llegó su momento con apenas 15 años, cuando, posó como modelo para artistas, de la talla de Dana Gibson —el creador de las tarjetas ilustradas Gibson Girl—, donde terminaba dejando su figura y rostro a las postales ilustradas vintages. Fue en el estudio de este artista, donde le sugirieron, que probase como actriz en California. Pero todavía estaba muy lejos de la tierra prometida. No obstante, en la ciudad de NY pudo conseguir sus primeros papeles de figuración para la compañía Vitagraph de Albert E. Smith, hasta finales de 1910. Después, pasó por Biograph y estuvo a las órdenes del gran D.W. Griffitt, dónde dejó un buen sabor de boca y de nuevo, Albert E. Smith le hace una contraoferta, que aceptó, cuando veía que el drama no era su sintonía. De nuevo, regresó a Biograph donde representó con la misma proporcionalidad, papeles cómicos y dramáticos. A veces, bajo el nombre artístico, que le asignó el estudio, de Muriel Fortescue. Pero a mediados de 1911, Normand conoció al director Mack Sennett. Aquel tipo fue su gran mentor, por no decir su auténtico padrino, y hasta el hombre, que siempre estuvo enamorado de ella. Profesionalmente, fueron los mejores años de una actriz que soñaba, con ser algo más, en la utópica Babilonia de Hollywood. En 1912 Sennett había constituido su nueva productora; la Keystone Film Company en California.

















Allí, Mabel Normand, fue pionera en un nuevo tipo de personaje cómico. MN, terminó interviniendo en la mayor parte de los papeles cómicos —tanto masculinos como femeninos— en gran parte, a su gestualidad y rostro gracioso. Así como la manera de poner los ojos estrábicos. Unos ojos de gran tamaño, que invitaban a mirarlos y generalizar una cara conocida y querida por el público; que se entusiasmaba con los gags. Las risas de la platea resonaban en todos los auditorios, donde actuaba. Normand tenía al público en el bolsillo. De belleza menuda, cuasi, pizpireta y juguetona. Mabel Normand fue una mujer visionaria en muchos sentidos. Al participar en otros trabajos, más definitorios, de la formula Sennett. Como el estilo, puramente, físico y loco, donde Mabel Normand fue una de las grandes actrices cómicas de aquel periodo. Mientras trabajaba, en uno de sus films chiflados, bajo las órdenes de Sennett, en 1913. La Normand, no pudo reprimirse el impulso, y le arrojó sobre la cara al actor Ben Turpin, un pastelazo de natillas. Creando así lo que pronto se convirtió en un clásico del cine de comedia precode; el slapstick. Mabel Normand se coronó en ese reinado de estrellas cómicas —chicas slapstick— como Alice Howell, Fay Tincher, Mary Dressler Zasu Pitts, Thelma Todd o la pareja Marion Byron y Anita Garvin. Con la llegada del sonoro, el tortazo fue tremendo para muchos y muchas. Pocas estrellas sobrevivieron al encontronazo del nuevo cine. Pero en la primera década del siglo XX. En la Babilonia más indómita y divertida; Mabel Normand era la estrella, por antonomasia, de la compañía Keystone. Cuando Charlie Chaplin se unió a ella a finales de 1913, aquel joven tozudo, era un completo tuercebotas, en la interpretación más peyorativa, del término. A Chaplin se le atragantaba la cámara. Afortunadamente, para la historia del cine, Normand, apostó por el duende el gitano del británico y le enseñó todo sobre el mundillo, de aquel cine. Y cómo no podría ser de otra manera, el apoyo carnal, de la afable hospitalidad Made in Hollywood. Si hoy conocemos a Chaplin es porque Mabel Normand existió y persuadió a Sennent —la estrella y amante del jefe— para que le diera una segunda oportunidad. MN sacó todo el talento que —el británico— aunaba en su interior. Trabajar con él era divertido y todavía, aún más realizar los films. Mabel Normand cada día lo hacía mejor, como actriz, guionista y directora.















Chaplin tenía sus planes secretos, pero aquel periodo dorado junto a Normand fue extraordinario, un lujo para los ojos de quienes alucinaban con los films que se producían y todo un Minerva— actualmente, para los cinéfilos de final del S.XX y principios del XXI. La actriz comenzó a subir como la espuma y Chaplin estaba tras la estela de FA, como mejor intérprete cómico. Su categoría y estatus de estrella era incuestionable, en Keystone. La primera película que sellaron su amistad laboral fue en “Mabel at the Wheel” (1914). Y poco después, un trio curioso, el propio Senennt con Chaplin y Mabel Normand en “The Fatal Mallet” (1914). Sin embargo, Mabel Normand no era una mujer cualquiera dentro del complejo mundo creativo, de aquel prehistórico inicio, de la industria hollywoodense. Mabel Normand, se puso detrás de una cámara y dirigió a un comprometido Chaplin en “Caught in a Cabaret”. Lo curioso de esta amistad fue el compromiso desde la vis más intelectual, por el amor, a un trabajo y el desarrollo de sus profesiones. Luego vendrían “Mabel's Married Life”, dirigida por Chaplin, “Gentlemen of Nerve” y “Getting Acquainted” y de nuevo, M. Normand detrás de la cámara en “Mabel's Busy Day”. Todas ellas en la legendaria añada de 1914, comienzo de la Primera GM.  En la película, “A Film Johnnie”, Chaplin es capaz de reunir, por primera vez, a Roscoe Arbuckle con Mabel Normand y Ford Sterling. Después otro film que es un gran éxito, “His Trysting Place” junto a Mark Swain”. Hasta la primera película de 82 minutos “Tillie's Punctured Romance” de 1914. Llegados a este film, Mark Sennent pone en escena, a todo su dream team; Marie Dressler, Charles Chaplin, Mabel Normand, Mack Swain, Charles Bennett, Chester Conklin. Normand, hecha una estrella y nada menos, que al lado de otro viejo amigo, el gran Roscoe "fatty" Arbuckle, la otra gran estrella de la comedia muda masculina. Fue un periodo donde Keystone hizo historia en la primitiva y pretérita Babilonia, de aquel tiempo. “The great Tillie’s Punctured Romance” fue un éxito rotundo y ello provocó, un entusiasmo inusitado en el capó Sennet. Éste, no lo dudó, ni un minuto y diseñó la productora, ex profeso, para que Mabel Normand fuera dueña y señora. Luego, estaba la faceta personal de cada uno. Mabel Normand, era una habitual, por los locales nocturnos y fiestas de los mejores hoteles de la ciudad. Así como el temperamental y retorcido Fatty Arbuckle. Realizaron juntos otras tres películas para el sello de Sennett Keystone Mabel's Wilful Way. Fatty detrás de la cámara y actuando junto a MN. El dueto tenía unos repertorio de gags míticos y así llegó “Mabel and Fatty's Wash Day” o “Mabel, Fatty and the Law” en 1915. Evidentemente, el público adoraba a esta pareja. El inefable Chaplin, iba preparando su propio itinerario, en muy pocos años, estaría dentro del gran sueño de Mary Pickford, Fairbanks y W.D. Griffith, de sobra conocido.
















Mabel Normand seguía con Sennett hasta que consumió el rodaje de “Mickey”(1918). MS estaba con su pálpito de retrasar el estreno (alegando problemas de postproducción) y durante ese periodo. La jugada fue un éxito en todos los sentidos. Pero MB estaba harta de Sennett y Keystone. Había dinero en juego y viejas rencillas. Desde el trato económico hacía su protegido Chaplin (se llevaba 1.250 dólares semanales) por los 175$ de la neoyorkina. Algo que, podía haberse discutido y arreglado. Normand estaba en posición ventajosa. Evidentemente, en su relación con Sennett, no todo lo era el dinero. La empatía, el cariño, el odio y el amor iban en el mismo paquete. La motivación de Sennett para alentar Normand, en su empeño, por dirigir films, es incierta. Este sentía una claro respeto por su talento como actriz. Empero, la mayoría de las fuentes consultadas reafirman —lo comentado anteriormente— el encoñamiento del productor por los huesos de la Normand. Sin embargo el factor de la mala salud de MN era otra de las grandes incógnitas —que desembocaron— en la ruptura de ambos, justo en el año 1918, con la desaparición de Keyston producciones. En 1917, Samuel Goldwyn, venía con el bolsillo, repleto de dólares e infinidad de proyectos. Su estudio iba muy en serio, a por el páramo californiano. Mabel Normand se convirtió en el objetivo más inmediato para su mítica productora. MN firmó un contrato de cinco años por la suculenta cifra de 3.500 dólares semanales. Echen cuentas tras baremos de inflación y cambio de siglo. El halcón Goldwyn, puso a MN a trabajar a las órdenes de Clarence G. Badger para rodar una comedia de corte romántico “The Venus Model” (1918). Y otra de cariz dramático “The Floor Below” (1918). Al lado de Tom Moore y Rod La Rocque. Pero Mabel Normand ya no era aquella chica entusiasta y hasta algo ingenua con la que se topó Sennett. El alcohol y las orgías comenzaban a hacerse interminables. Viejos amigos y hoteles 24 horas sin límites. Su vis dramática no enamoraba y lejos del lenguaje Slastyck. La Normand se agarrotaba y trababa. Las cosas comenzaban a complicarse. La ginebra terminaba por empaparle las enaguas y con ello, su propensión al sexo de riesgo, ofreciéndose a cualquiera, en citas a ciegas. Licor de enebro y polvo andino. Además de una incurable tuberculosis que solevantaba con codeína y coñac. Fiestas y desparrames que terminaron por exasperar a Goldwyn. Al parecer, en un ensayo de guion, vio cómo se sacaba su petaca de Cartier, para meterse un buen tanganazo de Ginebra y tirar de su esnifador nasal. Goldwynd tenía la mosca en la oreja, pero tras la evidencia “in situ” rescindió el contrato. Por aquel entonces, su relación con el cineasta, William Desmond Taylor y los devaneos con los camellos de la vieja ciudad le tenían en vilo.















Todo parecía desmoronarse, en apenas, lo que dura una calada a un pitillo. La pregunta quedaba suspendida en el aire; ¿Qué ocurrió con WDT? ¿Por qué Mabel Normand se confesó culpable de ver al director, unos momentos antes del asesinato, a pesar de que fuera inocente? MN estaba en el ojo del huracán. El sensacionalismo de todo este affaire por parte de toda la prensa acabó en una protesta social, donde sus películas fueron censuradas, similar a la de su colega FA. Obviamente, el viejo y fantasioso Hollywood está viviendo tiempos convulsos y de gran agitación social. La sociedad estaba en constante movimiento. El nuevo siglo disponía una nueva década que cuatro años más tarde, todo el desarrollo industrial e inventivo, desembocaría en el primer gran conflicto bélico del S.XX: la Primera Guerra Mundial. Mientras, la sociedad americana hacía participe del desarrollo industrial a las mujeres y estas, intentaban hacerse un hueco, buscando su derecho al voto. La vida en la nueva Babilonia y NY era más rápida, extravagante y, a veces, altiva sobre las drogas y el alcohol. Una mujer apenas con veintipocos años, de origen pobre, abriéndose camino entre auténticos lobos y linces del mundo del espectáculo. La chica de la Biograph, de la Vitagraph, la directora de Keystone, la superstar, al lado del mastodonte histrión, convertido en otra superstar. De la noche a la mañana, jóvenes de todo el país, se aglomeraban ante aquellos deslumbrantes Nickelodeones. Mabel Normand se convertía en una estrella de la constelación babilónica para bien o para mal. Ella, igual que Rosco o Chaplin eran el puto Hoolywood, tanto como Goldwyd, o Zanuck en su momento. La coba, la gloria y la fortuna era su nuevo espacio. Aquellas prehistóricas trabajadoras del espectáculo tomaron conciencia de que, gracias a sus caras bonitas, hacían ganar a los osados empresarios judíos de la Costa Este muchos dólares. ¿Acaso Mabel Normand fue simplemente una damisela en apuros, como en muchos de los personajes representados en sus películas? De reina a villana, esa maldita décima de segundo, hay un bostezo. Los medios de comunicación fabricaron un personaje oscuro y sin escrúpulos.












Mabel Normand es historia del cine contemporáneo. Su currículum es admirable. Dirigió y escribió películas que son patrimonio cultural del cine pre-code. Además, de aparecer en más de 100 films. Muchas de ellas al lado de otro célebre personaje —comprometido y polémico— actor de aquella época y compañero de productora: Fatty Arbuckle. El rey del escándalo, acusado de homicidio sin premeditación y violación de Virgina Rappe. De sobra era sabido que —como buenos colegas de profesión— participaron en infinidad de fiestas y orgías, donde la cocaína, morfina y alcohol, estaban a la orden del camarero de turno. Mujer hiperactiva y con una tuberculosis crónica acabo en los brazos del director William Desmond Taylor en 1920. Los dos habían sido amigos buenos amigos. Se dice que WDT ayudaba a MN en su proceso de desintoxicación del alcohol, la cocaína y morfina. En 1922, se escucharon disparos en la mansión del director. Mabel Normand tuvo el don de la mala ubicuidad. Es decir, estar en el lugar equivocado, en el momento, que no tocaba. La policía la encontró dentro de la casa quemando una documentación en la chimenea junto a la actriz Mary Miles Minter, siendo interrogadas y detenidas por la policía. La Normand quedaba desautorizaba ante la prensa del higadillo y su público. Se pasó más de un mes en el sanatorio Glen Springs. Pero no hubo pruebas cotundentes de que estuviera alli. Falso. Su madre se encargó de sobornar a un buen número de fiscales. La cuestión es que, en apenas unos seis meses, el affaire William Desmond Taylor quedó finiquitado con un montón fallos y pruebas no investigadas. Lo comentado al principio de esta exhaustiva crónica; los muchos aludidos y sospechosos de la muerte del cineasta quedaron libres. Dos de ellos, casualmente, fueron el productor Mark Sennett y la muy castigada —física y moralmente— Mabel Normand. Sennent intento rescatar a la chica de sus sueños y fortuna, con “She made Head Over Heels (1922)”, “Oh, Mabel Behave” (1922). Así como “Suzanna" (1922) y por último, "The Extra Girl" (1923). Tras recibir el visto bueno de los equipos de rodaje y actores, no fue lo mismo con el resto del colectivo de la crítica cinematográfica, ésta, no estaba por la labor de darle tregua en el resurgir de su carrera. Empero, la Normand, es única y vuelve a meterse en camisa de once varas, para no perder comba.


















El día de Año nuevo de 1924. Su chofer un tipo de dudosa credibilidad (la policía confirmó que se trataba de un ex convicto de Oakland) —cuyo auténtico nombre— Horace Greer tomó el revolver, de la diva, y la emprendió a tiros contra el novio de ella, Courtland Dines, un corredor de bolsa del mundo del petróleo. Afortunadamente, Dines, pudo salvar su vida y Normand tuvo que esperar a 1926 para firmar un contrato con la productora de Hal Roach, “Raggedy Rose” y “The Nickel-Hopper” ambas en 1926. En 1927 "Anything Once" y ¿Should Men Walk Home?, esta última, dirigida por Leo McCarey y el último corto antes del agravamiento de los episodios de tuberculosis; “One Hour Married” (1927). Nada volvió a ser igual. La prensa amarilla y la no sensacionalista, habían encontrado un filón en todas aquellas estrellas del cine cómico y sus devaneos personales, fuera de plano. Poco quedaba, en el recuerdo de la industria, del valor de esta extraordinaria mujer. Una pionera en aquel arte, tan primitivo, dentro de una industria agreste y entusiasta. Mabel es la primera mujer que fue filmada en un aeroplano, en “A Dash through the clouds” (1912). Trató de reubicar su vida, sobre todo con su nuevo amante, pero sus films seguían tirándose a las puertas de los teatros y su nombre calumniado sistemáticamente. Cuenta la anécdota que Mabel Normand, leyó un libro, que le dejó WDT pocas horas antes de su asesinato. Se trataba de la obra de Nietzsche “Así habló Zaratrusta”. Curiosamente, en una entrevista al Sunday News, le espetó al periodista; “La vida es demasiado corta”. Los miembros de la familia hablaban de sus constantes estancias, en el sanatorio desde muy joven, y todas, las que su amigo, mentor, jefe y amante, sabría. Le condicionaron sus sobreesfuerzos. Finalmente, su último internamiento, en el Sanatorio Pottenger fue el definitivo. El 23 de febrero de 1930, fallecía en la villa de Monrovia (California) con 37 años. No llegó a los 40 años. Murió con dolor y la sensación de haber luchado contra todo. Dos años (1932) más tarde, su viejo amigo Fatty Abuckle murió, esperando debutar en el cine sonoro. Mack Sennett compungido y dolido produjo su último film, antes de que quebrará su productora. Dixit: nunca le guardaré rencor. Aquel tiempo, será recordado como, algo inolvidable, imprevisible y desternillante. La risa, como la muerte, la induce un tercer factor. En este caso, el talento de Normand se lo llevó con ella. Alguien podría haber dejado en su tumba el siguiente epitafio de “Así habló Zaratrusta”; “Siempre hay una pizca de locura en el amor. Sin embargo, igualmente hay en todo momento un poco de razón en la locura”.





















            Dedicado a la memoria de todas la víctimas del atentado yihadista en Barcelona 17/08/2017 in Memoriam








Biografía consultada y recomendada



Mabel Normand: The Life and Career of a Hollywood Madcap by Timothy Dean Lefler Ed. McFarland  2016
Tinseltown: Murder, Morphine, and Madness at the Dawn by William J. Mann of Hollywood Ed. Harper (2015)





Fotogramas adjuntados

Mabel Normand posando
Mabel’s Dramatic Career (1913)
Mabel Normand and Barney Oldfield in Barney Oldfield's Race for a Life (1913)
Mabel at the Wheel (1914)
Mabel Normand&Roscoe "Fatty" Arbuckle, He Did and He didnt't,(1916)
Samuel Goldwyn& Mabel Normand &Charles Chaplin
Extra Girl (1921)
Pinto (1920) Mabel Normand, Andrew Arbuckle, John Burton, Richard Cummings, Joseph Hazelton & George Kunkel,
Funeral por Mabel Normand







 

        

Sam Fuller; 105 años del mejor director del mundo desconocido







“Tenemos demasiados intelectuales que tienen miedo de usar la pistola del sentido común”
                                                                   
                                                                                                (Samuel M. Fuller /1911-1997)
Según unas fuentes. 1912/1997 otros archivos bautismales/ Por aquello de las celebraciones (…)





“El cine es emoción…” Revelaba Sam Fuller en la segunda mejor película —que más me gusta— del sobrevalorado Godard, “Pierrot el Loco”. “Y, el póquer debe ser algo muy cinematográfico...” Yo soy más del mus; alma de canalla, crápula, insolente, informal y sobre todo hombre acción. Ya no ejerzo por decreto sanitario. Dicen que, en el juego la emoción es sólo resplandor. Lo dudo. Me vuelve el viejo barrunto con eso de la construcción del cine y dramática expandida en el tiempo. ¿Lo entienden Uds? Tres opciones, la primera: llamo a mi amigo el Dr. House. Segunda: le hacemos la pregunta al trascendental Guerín, que se vuelve loco por el tedio y la tercera; la Luger de Fuller. Evidentemente, la lumbrera que va con esta elucubración sigue dando conferencias —no sé quién lo ha dicho, ni me interesa— se adjuntan un montón de doctos escritores en la biografía de abajo. Ya saben cuál es mi opinión del colectivo semiótico: cansancio. ¡Eh!, no se disgusten que los hay muy buenos haciendo empalagamiento y les tengo cariño. ¿Ven Uds. a Fuller entrado en un taller de Coaching? No. Pues, no se froten las manos, que el amanuense de este teclado, todavía no le ha dado por caer en la literatura de autoayuda ni en la metafalacia de Coelho-caja registradora (un día les contaré una anécdota del brasileiro con un ex amigo). ¡A buenas horas, mangas verdes!  En el segundo acto de mi atolondrada vida, criando arrugas y pintando canas verme con un bigote o lo Gable u Oates. No se lo dejó Fuller. Detesto los bigotes como los cancilleres y las obligaciones castrenses; el apurado por decreto de Gillette sobre la barbilla. Eso lo contó muy bien Kubrick. Obviamente, los días malos son parecidos a los niños pequeños, incluso hasta el Barça Playstation y el lagrimoso Spielberg que suelen tenerlos y cada día, mayores. Dicen los sabios del oráculo de la lasitud, que nunca hay que llevar al cine, ningún otro arte narrativo que no sean determinadas novelas del siglo pasado. Genial, porque a mí me tira la cabra al monte. Saquemos la botella del viejo malta irlandés, la caja de puros Montecristo, los polvos cristalizados de éter, las voces, las pistolas y toquemos el pellejo escrotal a la parroquia como el visceral Peckinpah. No hace mucho que hablé del maestro por este armatoste de algoritmos colocado de Coropres y Naloxona. Ahora llega el momento de otro director con el que me iría a los toros, de borrachera, al campo de tiro de la tierra de mi colega Bunbury —las bellas Bardenas reales de los Juegos de Tronos— y después a la filmoteca.
















Sí. Peckinpah está vivo en México ciego de Tequila y escuchando Narcorridos, Fuller está en la bahía de Messina, fumándose unos buenos Montecristos, plácidamente, mientras escucha a Willie Dixon contemplando a las lugareñas. De repente, con la voz en alto me llegan los susurros en la solitaria madrugada; “Amigo, Jon. No me interesa si la historia es occidental, oriental, de Julio César o Marco Bruto. Me interesa la emoción, las mentiras, el engaño... que defina qué clase de drama es “. Aluciné y sonó la alarma del móvil con el olor a pólvora —que no llegaba de Anzio—, sino de los falleros del barrio y sus petardos mañaneros. Sí, hablo de cineastas incomparables, hechos de otra pasta, otros andares y maneras de pensar: al lado de Ray, Kubrick o Welles. Esos tipos son los auténticos revolucionarios del sistema. Los realmente, originales, capaces de cambiar desde dentro las fauces de los grandes estudios sin provocar caries ni flemones al mastodonte Hollywoodense. Es decir, bailar con la sotana del diablo y no quedarte embarazada, pues el vestido de lagarterana novicia no pone ni a un preso. Fuller, tenía un punto de vista genuino a lo que bramaba aquella época del propio régimen de los estudios —llamémosle— convencional o normal, por denominarlo de alguna forma. Definiendo el concepto, sin arabescos: cineastas que tuvieron que bailar otro rock, diferentes y valientes. Pues, las reglas en Hollywood habían cambiado. Soplaban los vientos del Postmacartismo y Hoover era el halcón que de refilón seguía viendo y escuchando a todo aquel que dijera me “me cago en...” Pobre Hoover, si hubiera conocido a Metodo 4 y el Duque “entalegao”, que contento estaría. De esa década de los 50, creo que a Sam Fuller habría que dedicarle un monolito —Montecristo incluido— permanentemente encendido. Un iluminado que se convirtió en el sherpa rompedor del rocoso camino para toda una generación de cineastas que han ido nadando con la corriente a favor. Gracias a su generosidad y acierto narrativo, entre las décadas 60- 70-80 y la última remesa de los 90; los Sres. de lo que llamamos: el cine indie. La voz ronca del “tío Sam” con ceño fruncido y el puro humeante entre los labios, no se quedado en agua de borrajas. Hagamos un elegante fundido y abramos el foco en aquellos dorados y peligrosos 50 llenos de glamour y micrófonos. Periodo marcado por una ideología, que condicionó el trabajo de los estudios engalanados de marfil y platino hasta llegar al actual de tablets, calefacción por bluetooth y minibar sin alcohol en el cómodo Sundance. Bien, ¿qué quieren un travelling o un fundido? Es trampa, he realizado el fundido y lo he avisado.















Ya estamos en Worcester (Massachusetts) el noroeste de USA, la tierra de este genial cineasta. Hijo de inmigrantes judíos de origen ruso vía paterna y polaca por la materna. El apellido Rabinovitch ya no lo ostentó, pues, su la familia en la quimérica América, se transformó en Fuller. Siendo un pequeño de apenas 12 años, corría llevando periódicos y otros devaneos cercanos al oficio de cronista. A los 17 años, ya redactaba crónicas criminales (putas, estafadores, carteristas, pequeños perdedores y todo el lumpen de la noche) para el New York Graphic. No hay nada mejor en un periódico que la redacción de sucesos y tribunales; pregúnteselo al dios Wilder. Entrados en la década de los sucios y duros 30, su temprana juventud dio inicio también a su faceta como escritor, auténtico, ideando básicamente relatos Pulp como “Run, baby, run” (1935). Posteriormente, se fue introduciendo en el oficio de guionista, como ayudante y en poco tiempo, comenzó a escribir guiones y novelas como “Ghost Ryder”. Dicen las fuentes consultadas, que nunca reveló que escribiera guiones anónimamente. Llegó la II G.M. y no lo dudo para unirse a la causa del tío Sam y luchar en primera línea de combate.  Como el gran Calderón de la Barca y Garcilaso estuvo en una división de infantería repartiendo estopa en nombre de la libertad contra los nazis. Desde Bélgica, Checoslovaquia y etc. Hasta la participación en los desembarcos de África, Sicilia y Normandía. Por su labor, servicio y dedicación a la patria obtuvo las más altas condecoraciones; la estrella de Bronce, la de plata y el valeroso Corazón Púrpura, casi nada. Este currículum, convivió a lo largo de la carrera cinematografía del maestro, esencialmente, en sus filmes bélicos y en esa obra de arte que es, Uno rojo, división de choque (1980). Arranca su carrera cinematográfica escribiendo guiones para películas como “Hats Off” (1936), “The gangs of New York” (1938), “Adventure in Sahara” (1938) o “Power of the press” (1943). Decidió tratar de ser director luego, de que Robert L. Lippert, le hablara para que escribiera tres filmes para su compañía. Fuller aceptó escribirlos si le era permitido dirigirlos sin cargo alguno. Lippert aceptó y Fuller realizó su debut como director en In Shot Jesse James (“Yo maté a Jesse Jammes) 1949, seguido por “The Baron of Arizona” (1950). Su tercer film “The Steel Helmet (el casco de acero) 1951, fue el despertar de un cineasta, que sonaba entre la crítica y la industria del celuloide. Una de las primeras películas acerca de la guerra de Corea y Fuller se basó en su propia experiencia militar; así como en testimonios de los veteranos de la guerra.

















A partir de entonces, Fuller era buscado por los estudios cinematográficos más importantes y firmó un contrato para realizar siete películas con 20 Th Century Fox. La primera de estas fue “Fixed Bayonet” (Bayoneta Calada) 1951, también basada en la Guerra de Corea. Fuller vivía el cine como la vida, con cuchillo y tenedor. No obstante, hubo films en los que sólo utilizo las manos; como un Tudor devorando un pavo real. El séptimo filme, “Tigrero”, nunca se filmó y fue el objeto del documental de Mika Kaurismäki  “Tigrero: A Film That Was Never Made”. En 1952, Fuller filmó “Park Row” (La voz en primera plana), una historia de periodistas y del periodismo independiente en el siglo XIX. Darryl F. Zanuck de 20th Century Fox, quería convertir la película en un musical, pero Fuller se opuso a la idea e inició su propia compañía de producción con sus ganancias. Y luego vendría, el delicioso Noir, “Manos peligrosas” (1953), el diablo sobre aguas turbias (1954), “La casa de bambú” (1955), “40 pistolas” (1957), “Corredor hacia China” (1957), “Yuma” (1957), “Verboten” (1959), “El kimono rojo” (1959), “Bajos fondos” (1961), “Invasión en Birmania” (1962),”Corredor sin retorno” (1963), “Una luz en el hampa” (1964), “Los malditos” para TV (1967) , “Arma de dos filos” (1963), “Con furia en la sangre” (1973), (Muerte de un pichón) 1973, la aludida, “Uno rojo división” (1980), “Perro blanco” (1982), “Ladrones en la noche” (1984), “Calle sin retorno” (1989). Autor independiente, de cierta discordancia ideológica —empática incorrección— que le caracterizó como una extraña especie en vías de extinción. Su impactante y directo estilo visual. La concepción agresiva y ágil del sentido de la narración. La singularidad a lo largo de toda su obra del empleo de primerísimos planos, tomas largas y un uso manifiesto de la violencia con un habitual comentario social, siendo una influencia básica para gente como  Cassavetes, Jarmusch, Ferrara, el maestro Scorsese o Millius y un largo etcétera. El cine independiente, en parte es la esencia de genuino sabor Made in Usa. Y si hay que hablar de cine moderno independiente uno de sus padres contemporáneos es Sam Fuller. En cierta medida, el aludido Macartismo dio paso al emblemático cine de superestudios y el starsystem —momento— de tafetán y cuché, que algunos visionarios como el maestro Fuller, supo encontrar el resquicio por donde colocar un mundo “sui generis” con dinero de la propia Fox y la esbelta Columbia. Fuller, es un icono y un gurú de lo que es en términos taurinos llamamos: saber torear y llevarte a la más guapa a tu redil.



















Sus films, se presentaban en una funda de corrección para la platea más bovina, pero con unas esencias de las antípodas —su singular submundo interior— que dejaba patidifusos al más reaccionario y tuercebotas “mesatrofeos” de las majors de turno. No obstante, el sistema tenía una máxima: hacer caja. Y si para ello, había que dejar grietas dentro del método; se dejaban y ocupaban para que siempre estuvieran activos. Ahí, Fuller se encontraba como pez en el agua. Aprovechó su ingenio, habilidad y su gran amistad, que le unía al gran “hueletalentos”: Daryl Zanuck. El zorro DZ, adoraba a Sam, mientras todos los grandes directores le iban comiendo la oreja al fuck boss Mr. Zanuck…—Mr. Zanuck, please…I have one…En cambio, Sam le espetaba—¡Vete a la mierda Andy! ¡Darry, vete hacer puñetas!—En su propia cara (mientras movía el puro de izquierdas a derechas con la flema de un veterano fusilero). A Darry Zanuck, le encantaba ese estilo y siempre había una fumata blanca; financiación, Money para hacer buenas películas. Por ejemplo,”Forty Guns”. Eso sí. Mr. Zanuck era un lince —Oye Sam, la peli hay que venderla, eh!… No me jodas…Nadie, quiere ver a la heroína Barbara Stanwyck muerta — ¿No puedes hacer que viva? Al final, sólo la herían y unas risas… Más un O.K. Lo dicho, Fuller era más listo que un rayo, ni un pelo de tonto: Movie is Bussines. Zanuck vio un potencial enorme en este método Fulleriano de películas con envoltorio de “factoría personalizada”. No hace mucho, hablábamos de otro genio, que tenía su estilo pero su ideología acabó con él. Sí, el ínclito Rossen. En el cenit del maldito Macartismo Fuller rodó “Manos peligrosas” film mayúsculo de la cultura Noir. Fuller, solapadamente, se encargó de enviar un mensaje criptografíado de política completamente heterodoxa. La policía ha cogido al carterista RW y le acosa con el asunto de las notas de la bomba H, que pueden pasar a manos de Stalin. La cuestión es que Hoover, Zanuck y Fuller tuvieron dos reuniones de lo más sustanciosas en el restaurante Romanov. El retrógrado Hoover no estaba de acuerdo con el tono del film, a ver, no quería saber nada del esta película para ser más exactos. No le gustaba que Widwark dijera: “Está ondeando la maldita bandera ante mí…” y Fuller tenía apuntado en su guion: “Está ondeando la puta bandera ante mí…” Cuando Zanuck fue a Washington, Hoover, en cuanto lo vio le dijo: “esto es imposible…” Zanuck, le convenció de intentar suavizar la expresión, porque le daba igual. Y en el segundo almuerzo, a tres bandas, Zanuck dijo: que en vez de utilizar el término puta bandera, se dijera; “maldita bandera” que no quería a ningún estadounidense, en plena guerra fría y dijera al público, sobre todo dirigiéndose a la policía; “Está ondeando la bandera ante mí…” y Zancuck le replicó; Mr. Hoover, es que el personaje es así, actuaba de ese modo y no lo iba a cambiar.


















“En corredor sin retorno”, estamos ante la radiografía del propio Sam Fuller, es decir, su vida. Un lugar donde decir la verdad era crucial para un artista. Se dejó media vida en el ejército, trabajó como una bestia, se partió el culo y presenció historias reales incontables. Por eso cuando te hablaba lo hacía en un tono autoritario. Sabía que la vida no es autocomplacencia y pantallas digitales de la sexy manzana de Cupertino. Fuller ejerció una gran influencia en la forma de rodar a gente como Scorsese y dicen que el chico terrible de Tennessee, Mr. Tarantino. Del primero, es obvio. Pues el estilo de los planos individual es idéntico —Thema Schoonmaker su gran editora— de “Taxi Driver” o “Toro Salvaje”, “Goodfellas” y etc.  Aporta esta lectura: —era como un artista primitivo. Un cine muy personal, a veces con ideas muy crudas y al mismo tiempo sorprendente, original y refrescante. Creo que Rossen —de idiosincrasia diferente a Fuller— se atisba el mismo oficio de cámara que el genio de Massachusetts.  Del rey de Tennessee, si lo dicen los oficialistas pues, fetén. Artista arcaico, generoso, pétreo y lleno de fibra testicular, que utilizaba el cine de una forma muy sui generis. Un neandertal postmoderno y elegante. Una especie prodigiosa que desapareció. Hoy en día, Fuller estaría en un museo o encerrado en un sanatorio mental como el genio de Leopoldo María Panero. No puedo quitarme de la cabeza esa secuencia: la manera de matar —una vez más— en el film “Manos peligrosas" del gangster, entrando a la habitación de Thelma Ritter—Te vas a cavar una tumba prematura…Carga el arma y la cámara se retira hacia el giradiscos del gramófono atascado; clic-clac, clic-clac reiterativo. Se funde con el disparo seco provocando una metáfora del disco girando tras la sustracción del latir del corazón de TR. Algo así, cómo un espíritu saliendo del cuerpo; sutil y majestuoso.  La vis de la muerte dentro de la poética de un tío áspero, íntegro y muy valiente. Definiéndolo en la pantalla de un modo directo y categórico; brusco como el dolor neuropático. Contundente. El cine de Fuller está lleno de vitalidad,  confianza  e impulso de las películas de serie-B, que consisten en un material de género presentado de forma modesta, con actitudes y diálogos cutres, pero él aporta un estilo de cámara barroco exquisito que lo cambia todo. Le decían: “Sam estás rodando una película” y el maestro replicaba: ¡Por Dios, corta el rollo!, ¡No estoy rodando una película, sino una imagen emocionante, idiota! ¡Tiene que moverse! Para Fuller el movimiento equivalía a emoción. Al mover la cámara, se mueve el punto de vista y se añade energía a la película. No es necesario, que esté ligado a los personajes, está atado al ritmo narrativo. Sam Fuller era un maestro en este aspecto. El pura sangre, Lee Marvin comentó en una ocasión, que durante el rodaje de “Uno, división de choque” esta anécdota: — No he visto a nadie decir “Acción” en un rodaje con tanto ahínco. Creo que Ford tenía el récord, pero lo de Fuller te llegaba al alma y encima los tímpanos destrozados. ¿Por qué? Fácil, realizar un film es como construir un viaducto en los Alpes: hay mucho dinero en juego. Si el dinero es tuyo, no es cuestión de echarse sobre una tumbona y ver el resultado desde la moviola. Bertolucci dijo una vez sobre él: “Para mí Sam Fuller es el mejor director desconocido del mundo y sus películas son como el Jazz . Yo, con permiso del genio italiano. Apuntillo: “gracias por haber existido maestro, siga Ud. Igual de desconocido para todos aquellos que le tienen miedo a los hombres con talento y carácter adictos a los Montecristos nº 2, mientras suena Charlie Parker”, otros 105 años más, de salvaje cine de autor.  










                                      Dedicado a Terele Pávez julio 1939/agosto 2017 In Memoriam










Biografía consultada y recomendada


Sam Fuller: Film is a Battleground - A Critical Study, with Interviews, a Filmography and Bibliography  Lee Server Ed: McFarland  (2003)
“Sam Fuller” Phil Hardy Ed. Praeger (1970)
“Sam Fuller” Quim Casas  Ed. Cátedra (2001)
"Shock Corridor" by Sam Fuller  by Michael Avallone Ed. Xanadu Publications (1991)
The films of Samuel Fuller: If You Die, I´II Kill You!  Lisa Dombroski Ed. Wesleyan (2008)
Samuel Fuller: Interviews (Convesations with Filmmakers) by Gerald Peary Ed. University of Mississippi (2012)