Hace
unos cuantos inviernos, demasiados para un mortal, que les pierdo la cuenta
meteorológica.Por aquel entonces, una
lóbrega noche, la luna se posaba sobre un oscuro telón profanado por millones
de pequeñísimas e incontables estrellas apagadas. Mi curiosidad me perdió y no
pude evitar acercarme al marco de la puerta para contemplar aquel mar infinito; yermo y quemado.La bestia de la que siempre me había hablado mi abuela, estaba
ahí, delante de mi nariz. Aquel animal, mitad humano, mitad cuerpo mitológico
era completamente real. Sus ojos rojizos iluminaban la senda que llegaba a la
fuente de la aldea. De pronto, rugió un aullido grave, que se quedó alicatado
en mis tímpanos. Una la loca carrera comenzó desde los nogales de Fresno; el
animal atacaba con espantosa furia y yo estaba exhausto de oponer mi parca
resistencia, a tanta lucha continuada. Cuando, una lanza acertó, en uno de los
ojos de la bestia y cayó entre la abundante sangre que salía de su cuenca
orbital. Me quedé vigilante, mientras escuchaba sus agotados gruñidos y
expulsaba una anaranjada espuma por sus fauces. El cazador se tiró sobre él —con salvaje rabia— hundiendo su cuchillo una y mil veces en el cuerpo de aquela alimaña. Aquel tipo estaba tan roto como la bestia; fatigado y herido se
desplomó seminconsciente a su lado. Yo pensé que haría ahora, ya que si la
bestia volviera a recuperarse: ¿Continuará su camino? ¿Se acercaría hasta
nuestro caserío?... Las ideas se agolpaban y enmarañaban en mi jodido cerebro;
extrañas alucinaciones me embargaban el ánimo, y terminé como aletargado.
No
habría pasado media hora, cuando del espeso ramaje, donde había quedado abatida
la bestia. Una mediana sabina se estremeció y entre dos ramas asomó la cabeza
de un nuevo ser —supuesta cría de la bestia derribada— que el cazador había
matado. Se erguía, como un humano, con la cabeza de un cabrito y sus cuernos
bien definidos. Apenas, 60cms. Pero, me puso los pelos de punta. Aquella noche,
era la más extraña de mi vida, cuando mi cerebro dio con el acertijo. Pues,
aquel cabrón había pasado la noche acurrucado bajo las hojas, muerto de miedo,
presenciando la gran pelea que su madre sostenía con aquél enemigo. En ese instante, observó que todo estaba en calma. Se atrevió a salir de su escondrijo —apoyando sus
patas a lo largo del tronco— y comenzó a bajar muy despacio.
Eh,
venga! Muévase—gritó el cazador.—Hablaba conmigo.
Sin
salir de mi estado fantasmagórico. —Es a mí—¡Sí, venga, corriendo, o la bestia
acabará con todos!
—Sr.
¿Quién es Ud?
—Soy
Nimrod; el cazador del mal.
—Aquí
nunca ha pasado nada.—Me sentía desbordado por los acontecimientos.
—Hasta
que llega, chaval. El mal convertido en una criatura letal.
—Podría
llamarme, Edmundo.
—Edmundo…
(Risas, vaya nombre) En fin, ponte a cubierto. Voy a acabar con el demonio de
Cernunnos.
—¿Cernunnos?
—Sí,
amiguete. Luego, ponte a buen recaudo…
A
partir de ese instante, todo fue un baño de LSD. Desde una mirada volcánica que
salió de los ojos de Nimrod, hasta el primer zarpazo que le arreó la criatura.
Ésta, en apenas 30 minutos, pasó crecer 120cts más. Aquel desgarrón en el pecho
le sacó de su letargo. En mi mente, sonaba, esta frase:una liebre que oye a la
jauría, no corre más deprisa. Del héroe de la noche, Nimrod “el cazador” no
quedaba nada, apenas un hombre despavorido, loco, muerto de miedo, sólo en el
mundo que— corría y corría, para salvar el pellejo— se había desinflado de ese
ardor guerrero, que apenas, unos instantes alardeaba. Cuando Nimrod pudo darse
cuenta de sí, vio inclinado sobre él, el cariñoso rostro de mi
madre.—Acojonante, yo la había perdido cuando tenía 7 años. —Ahí estaba,
hermosa y sonriente. No soñaba, era ella la que le reía, la madre de sus hijos,
viva y salvada, sin duda alguna por un milagro. Gruesas y ardientes lágrimas
corrieron por las curtidas mejillas del cobarde guerrero.—Estaba atónito.
No
obstante, me pregunté por esas lágrimas… ¿Eran las de la alegría del padre que
despierta entre los suyos, o lágrimas de vergüenza de un orgulloso cazador que
se cagó de miedo? Luego, se escuchó una voz celestial, y una plegaria; se dejó
caer como algodón de azúcar, en aquel trozo de bosque. Un momento de paz que
acariciaba, en la hora del inminente peligro. El mismo que siempre veló por el
sino de aquellas criaturas humanas que luchaban por perder su anhelada
mortalidad. Al final, uno dejó de soñar, durante un largo tiempo, para no
convertirme en ese monstruo gris cobrizo que respira en los primeros días
cálidos de los nuevos otoños. Esos que hacen que los veranos parezcan
entremeses y los inviernos menos grises. Es el tiempo de los mortales. Debería
de serlo. Ese, en el que se miran a los ojos. Empero no se confíen, los dioses
son tan osados; que nunca sabrán si te ven, a través de los tuyos, o si tú te
ves reflejado en los suyos. La mediocridad es conformista y el cambio climático
tan repetitivo como el Tramadol y la previsión meteorológica.
Dedicado a Celia Barquín
Julio 1996/Septiembre 2018 In Memoriam
Aquel
día perdí el rumbo y el cuaderno de bitácora, donde recogía las últimas notas.
La tormenta se mostró con una fuerza inusual. Cayeron bártulos y soldados de
plomo, como enormes bolas de granizo. Era un tobogán sin final y claro; el libro de
bitácora despareció. A pesar de aquel desastre; la Sra. Shelley se acariciaba
el pelo, mientras contemplaba el hundimiento de nuestras vidas.
Desgraciadamente, las horas se volvieron erráticas y tediosas. Afortunadamente,
llegó el momento, donde la pantalla del viejo teatro mostraba el The End. El
silencio se volvió jolgorio y la oscuridad luz de cristal, hasta la siguiente
semana. Desde los urinarios llegaban inquietantes efluvios a orina rancia y lejía. A
través, del pasillo se atisbaba una figura sentada, remarcando una sombra
inmóvil. En la calle del viejo Londres; la oscuridad terminaba de impregnar la
nebulosidad total. Incluso nos dejó ver los últimos destellos de las luces de
gas.
La
figura inmóvil toma vida y comienza a seguirnos. Gira su cabeza hacia la
derecha y baja la escalinata del teatro con desparpajo. Allí se queda en la
penumbra. En el último rincón del boulevard, el viento ciega a los peatones y
cambia el itinerario, de aquellos que no saben dónde ir. Conversaciones avisan de la
muerte del verano. Los silbatos y las voces de la policía llaman al orden, y éste
aparece, como espuma de diazepam, en el capuchino del aguerrido personal. La
noche en tormenta no era apetecible para aquellos chavales tímidos y pudorosos
que vimos en la terraza del puerto. Otra vez, el rostro resplandeciente de la
Sra. Shelley desistía de la atemporalidad momentánea —no hizo ningún gesto
expiatorio— mientras mantenía la compostura. La pérdida de la inocencia y la
caída meteorológica de la moral, dejó a la vista un panorama lleno de
prejuicios hacia su persona.
Se
escuchaba el tic-tac del grupeto de relojes de los estados del tiempo. Era el
mismo artilugio que nos acompañaba allá donde fuéramos y tan inexacto como una
predicción apocalíptica. No obstante, confiábamos ciegamente en su mecanismo,
que velaría por nuestra seguridad. La noche se arrancó con unos truenos que nos
generaban taquicardia. Era el preámbulo de la función. Inesperadamente, el
telón no subió en esta ocasión. Cuando todos lloramos la caída del reloj de
arena. De inmediato, se esparcieron las areniscas del runrún de la tragedia. Todos mirábamos a la
Sra. Shelley con el anhelo de una inocencia confundida. Nuestros sueños se
quebraron —de la misma forma violenta, que el reloj— nunca más despertamos de
aquella pesadilla. La Sra. Shelley se marchó envuelta entre tinieblas y sombras
con el gigantesco monstruo de la mano.
Ahora,
si se escuchaba el tic-tac del reloj, y ella llevaba un gran ramo de lirios, en
los brazos. Se giró y nos sonrió, mientras daba un inocente beso a su querida
criatura. Después, arreció el viento y su melena de cabellos blancos
desapareció en el horizonte de la bahía.Alguien, pensó que
éramos demasiado viejos para estar muertos.—Yo sólo me preguntaba: ¿alguna vez
vimos, antes de la tormenta, un bergantín en algún lado del otro, por aquel
viejo Londres? ¿Somos los últimos habitantes del viejo cementerio? La Sra.
Shelley parece feliz, pero se marchó sin invitarnos a tomar su rico pastel.
Finalmente, Las calles estaban anegadas de agua y se formaron riachuelos que
terminaron arrastrándonos, uno a uno, al lado de cosas sin valor. En el fondo,
sólo creí en Dios, aquella tarde de otoño, cuando la Sra. Shelley nos invitó a
su morada.
FIN Dedicado a Macario Gómez Quibus Marzo 1928/Julio 2018 In Memoriam
Fotogramas adjuntados
Frankenstein 1931 by James Whale
The
Frankenstein Chronicles 2015 (TV) by Benjamin Ross
The Bride of Frankenstein 1935 by James Whale
Mary
Shelley's Frankenstein1994 by Kenneth Branagh,
Me
hubiera gustado se un poco más feliz. Tampoco lo sabía muy bien. Aunque una cosa es experimentar y
otra quebrantar. Nada más lejos de la realidad, querido Braulio. Es inefable,
el jodido dolor que me causas, día a día. Tu ausencia es como el veneno dentro
de un ambientador de marca blanca esparcido por toda la casa. Aún puedo
sentirte, olerte y escucharte. Sí, Braulio. Te veo en cada rincón, de este
lánguido y enorme casoplón que construimos juntos. ¿Dónde estás? ¿A dónde te
fuiste? ¿Por qué lo hiciste? ¿Tanto te costaba aguantar un poco más? ¿Cómo
pudiste ser tan egoísta para marcharte, y dejarme sola? Me muerdo las uñas y el
pelo se me cae. No sé si estarás pasando frío en la gélida noche. Si te has ido
al otro lado del charco o si estás cerca, riéndote de mí. No sé qué pensar.
Empero este sinvivir sigue dentro de mi cerebro. Deseando que aún respires, que
sigas con vida, allá donde estés. Ya está bien, Braulio. ¡Basta de esta lenta
agonía! ¡Por favor! Te lo pido de rodillas, mientras mis lágrimas crean un
estanque de agua salada. Veo el sofá, nuestro dormitorio y el estudio, Braulio.
Pero no te veo a ti. Sin embargo, Braulio, no era la primera vez que cometía el
error de desaparecer.
A
la búsqueda de un afán desesperado por intentar definirse a sí mismo, por
ordenarse mentalmente. Braulio era uno de esos tipos que nunca podía decir: “yo
soy...” Del mismo modo, que sus labios pronunciaban las palabras, de turno. Ese
maldito ser desaparecía... Sólo existía el pasado, ese que únicamente podía
definir un borroso esbozo de lo que había sido: enturbiado, ex profeso, por las
diferentes tonalidades que se mezclaban en la paleta de la circunstancia.
Braulio, no podría llegar a conocerse nunca a sí mismo. La angustia le asaltaba
de un modo repentino y caprichoso. En cualquier momento, estallaba. No llamaba
a su puerta, entraba así de sopetón, sin previo aviso. Era la llegada del ese
momento de desnaturalización del personaje; que lo inundaba todo. Braulio, era
demasiado joven... posiblemente, le faltaba mucho por experimentar, y ahora le
asaltaba la duda de vivir o morir.
El
mero hecho de percatarse de ello se lo impedía, y entraba entonces en una
vorágine de enlaces racionales que deberían haberle permitido comprender su
agonía absurda y sin sentido. Braulio, intentaba bucear en sus contrasentidos,
causas, consecuencias, emociones, esperanzas y humillaciones. El resto de
sensaciones quedaban muy lejos, como los humores etéreos que se arremolinaban, en ese molde, donde ninguna pieza encajaba; que seguía siendo, su atribulada
cabeza. — Sí, lo sé todo de ti y lo desconozco todo. Braulio ¿por qué no me
dices dónde estás? Te he buscado por los rincones más extraños que pudiera
pisar mi honor. Estoy enloqueciendo, siento mi locura, más intensa de lo
habitual. Y sólo sufro por ti. ¿Braulio, sabias que nadie más, denota tu
desaparición? Pero, solamente es mi imaginación, mi mente que se niega a
aceptar la realidad.
Dos años después
Unidad
de investigación de personas desaparecidas en un lugar de Segovia…El
cuerpo de Nekane Iturralde López ha sido localizado, en un viejo cauce, a la altura de
una pedanía cercana a la población de Pedraza. La portavoz de la Undad ha
comunicado a los medios de comunicación presentes; que entre las pertenencias localizadas de los restos
del cadáver; se encontraba un sobre con una carta, en su interior.
Una
vez levantado el acta del cadáver, por el juez, éste ha sido enviado al Instituto
de Patología Forense del Hospital Ramón y Cajal. Esa misma tarde un medio digital reproducía parte de un extracto de la misiva que llevaba NI. “Braulio, amor
mío, vuelve... Yo te quiero. Eres la persona más importante de mi vida. En
tantos años pasados; quemaría todo lo escrito y retrocedería a las vigilias que
me llevaron al borde del suicidio (a pesar de haber nacido en el seno, de una
añoranza de perpetua tristeza, de tú extraña dependencia, siempre me rondó la
misma pregunta: ¿se sentiría cómodo siendo feliz?). Posiblemente, ya no era
necesario. No obstante, Nekane dijo: ya no lo aguanto más. Esta angustia me está
matando. De verdad, Braulio. Es otra de tus crisis habituales o ¿Tienes pensado volver? Porque te necesito más que nunca de vuelta. ¡Braulio, amor mío! Por fin,
te encontré para siempre.
FIN
Dedicado
a Harlan Ellison mayo 1934/junio 2018 In memoriam
Fotogramas adjuntados
Mystery
in Mexico (1948) by Robert Wise
The
Night Of The Following Day (1973) by Hubert Cornfield
Aquel
instante me pareció el más importante de mi vida en mucho tiempo. Aún, tengo la
sensación que, en otro lugar, el sentimiento se hubiera vuelto inexplicable.
Pero no dejo de pensar, lo ocurrido ese día. No encuentro palabras para
descifrar, mis sueños o la ausencia de lógica en mi comportamiento diario con
ese jodido dolor. De repente, la melancolía se apodera de todo mi tronco
esquelético. Hay furia y tristeza. La más exultante impotencia que uno pudiera
imaginar. La desolación de un hombre excluido. No sé dónde ubicar todos estos efectos.
Y de nuevo, volvió aquel intrigante pensamiento: amar o abominar la crueldad de
los pinchazos en el tórax.
Las
quemazones y las descargas eléctricas. En un segundo, recordé algo, esencial.
Si mi mente está dividida en múltiples compartimentos: ¿en cuál de ellos
encontraría la auténtica esencia de los humanos perfectos? Empero, si la mente
fuera un solo ente, sin estructurar, las diferentes partes del cerebro;
evidenciarían que no estarían enteradas —específicamente— de las funciones
concretas. Yo lo sé, porque me lo dijeron hace mucho tiempo en la facultad.
Pero como explicarle al otro yo; en el oeste de mi cerebro. A lo mejor, la
solución, estaría en la frescura de cualquier alumno de primero de medicina.
Tan simple, como creer en la etimología de la enfermedad, la cual, lleva
expresa tan grosera falacia.
Al
final, el dolor te consume, como la ceniza de un cenicero en un bingo. Al igual
que la desesperación de no poder comunicarte con el de enfrente. Angustiosa y
patética experiencia.Soy incapaz de
explicar este sentimiento, pero recuerdo aquel instante, ese momento, en el que
fuimos felices. Simplemente, sentados, uno al lado del otro. A pesar de la
distancia geográfica y la casuística del lenguaje. Al final aprendimos a
escuchar, a traducir, a observarnos y descubrir entre minucias de acertijos.
Fue duro y desolador. Cuando, finalmente, asumimos el inexplicable secreto de
la sordera del dolor. El dolor de los cuerpos extraños y su perpetua soledad.
Dedicado
a Philip Roth marzo1933/mayo 2018 In Memoriam
Hace
ya seis años, que me enrollé la manta al cuello y con la ayuda de la mejor
persona del mundo, puse en marcha el Inquietante Bypass. Sepan que no soy muy
de celebraciones, ni de escritura personal, ni de la autoayuda, batallitas de
chaveas, y por supuesto, mi horrenda empatía social —in person—, que sólo he
superado con psicoestimulantes, a lo largo de mi primer cuarto de siglo. Sin
embargo, conseguí que mi vida fuera como yo quería: nada de deberle favores a
nadie, ni compromisos fraternales. Puedo decir que he hecho lo que me ha salido
de los huevos. Eso, sí. Sin dejar de lado mis obligaciones contractuales. Nunca
he nombrado a mi familia porque no la tengo. A ver, si la tengo… ¡Demonios!
¿Quién no tiene familia, en este mundo? Aunque, haya sido tu esclavista o
maltratador de turno. Una pena, pero claro ese estamento no se elige, se
impone. De ahí, mi amor inconmensurable por el gran, Dickens. Me considero un
engañado, a todos los efectos. Desde el salto de la placenta de mamá, hasta el
lomo de la rana de S. Antonio. Pasando por el fórceps de un obstetra con Celtas
emboquillado, pegado a sus amarillos labios, y bigotito falangista, en 1966.
Hasta una reanimación cardiaca, debajo de un enrobinado grifo, que chorreaba
gélida agua. Afortunadamente, hay algo que me hace feliz, me ha dado mucha
felicidad y ha sido mi mejor compañía; el sexo, el dinero y las drogas. El
dinero está ahí, no muy lejos. Si trabajas duro, tendrás tu recompensa. Yo he
ganado dinero, como me lo he pulido. Una Minipipmer sin tope de voltaje. Y eso,
no ha sido nada, comparado con el subterfugio de los jodidos daños colaterales.
No. Sres. No conté con ello y de allí, mis malditas penurias. Nunca creí lo que
me pasó hace ocho años y menos aún, como me puede estar pasando a mí. ¡Joder! Todavía,
sigo sin creérmelo… La putada es que no puedo, ganar dinero como antes. No
puedo entrar al campo de juego. He de resignarme, a la realidad, y ese escenario, donde lo vital es apestosamente terrorífico. Sólo quieres desaparecer. A ver, que no me vean en estas últimas letras,
escorzos de lloriqueo o moquear. No me quejo, no me gusta el postureo de la
lamentación. ¡Cojones! Ahora no puedo ganarme la vida con mis manos. Ya, que sí, que lo sé. Lo entiendo. Síí, medio mundo se muere de hambre para que los acomodados
europeos occidentales den la murga. Como estoy de aniversario, se joden y la
aguantan. Me crie en un barrio, donde la gente madrugaba mucho para ir a
trabajar y las madres hacían cola en el Mercado Central para traer un poco de
morralla a la cocina. Un lugar, donde existía un respeto hacía, la edad. Los
gerontes tenían galones y sabían de la vida; se les admiraba. En la calle, los
colegas estaban a medio camino entre el mundo quinqui, la heroína, la cárcel y
la movida: Una estafa de Tierno Galván, pero era tan cool que comparado, con la
acera de enfrente, pues hasta tenía su puntito. En el fondo, un hombre sabio, viejo y muy tierno. Dentro
de ese colectivo, de ancianos mayores, estaban los que habían tenido sus
problemillas con la ley. Es decir, entre ladrones, los códigos existen. Y al abuelo
más gamberro, se le respetaba. Bueno, iba a Roma, con su pliego al Papá. Yo era
un estudiante modélico de unas notas magníficas, hasta que dejé de serlo. Tenía
mucha suerte, con lo del estudio, pues no estudiaba nada y me acordaba de todas
las frases, los versos, las formulas matemáticas y las figuras literarias. En esos escasos segundos que, había leído el libro de turno, me colgaba otro notazo en el examen. Hasta que
la memoria se empieza a marchar. Se escapa como el confeti de una noche de fin
de año. El otro día mirando mi colección de cajas vintage de los mejores
Maltas, me di cuenta que la de Bowmore, tenía unas anotaciones, donde se leía
títulos universitarios e idiomas. La abrí y me quedé exhausto. No me lo podía
creer, tendría que pasarme un día entero para introducirlos en una base de
datos.Mi casa está llena de libros,
casi todos comprados en librerías de lance, rastros u ofertas de saldos. Siempre
pensé que con una licenciatura, o dos, la gente te abriría una puerta y te
miraría mejor, esgrimiendo debajo del brazo un título firmado por el gangoso matadumbos Borbón.
Yo
crecí en un tiempo y un barrio, donde las familias eran tan pobres que le
decían al vecino; mi hijo es abogado, eh! Claro, que tiene su lógica. Aquellas
personas nunca pudieron leer ni un solo libro. En el fondo, es una gran estafa,
lo del título de matadumbos. Todavía recuerdo el día que llegué a la universidad
—uno estaba encantado— menuda breva. Trajeado como Patrick Bateman. Olía a
Ferragamo y pisaba con fuerza mis Clarks. Un 127 Fura, en la puerta y un montón
de nenas “Ñan”, que me miraban. No había muchos tíos de 25, todavía quedaba un
mes para los 26. Ah!, aquel aspecto aniñado y guapín que daba propinas al
camarero del bar de la facultad y pagaba las copas de criaturas que, llevaban
la mochila del Corte Inglés pagada, con los Valecortys, de sus viejos. Era el
puto amo. Y batí un record. Menuda máquina: trabajando y estudiando 5 años
seguidos: me licencié, con tesina y una tesis doctoral que no quise leer,
porque la quemé, tras una noche de farra hasta el amanecer. La quemé en un
descampado con una botella de Jameson en la mano. Borracho como una cuba, reía
y reía delante del fuego. ¡A la mierda! La cuestión es que no paraba, también
compaginé un Máster de dirección de cine, guion y producción, que por cierto lo
organizaba gente del ESCAC y una universidad palmera que pone la mano. No
recuerdo bien, el nombre, hay tantas, como setas. Sí, esos bolos que se montan
algunos de los que tan efusivamente, y a día de hoy, pintan canas por las redes
sociales con sus retoños.Como Amancios, en
su cumpleaños. ¡Qué tal chico, cómo estás...! Y se exhiben, Ahora, cuando, lo
ven a uno, dócil y viejo. Desconchado, por las cicatrices de los quirófanos y
convertido en un ser sin vida por el dolor. Todo el mundo siente pena y esa
lastima por el descalabro. ¡Grande Wilder, a patadas por las escaleras! ¡Qué
lejos quedan las promesas envueltas en oro y lentejuelas! A ver, un segundo,
que tengo que tomarme una cápsula de morfina y un zumo. Sigamos, ¿por dónde
iba? ¡Ah, sí, ya recuerdo! Un par de años antes de entrar en la facultad,
comenzó mi primer gran intriga por el cine. Sí, aquello fue un escándalo, de
cojones. Al lado de la pija, más guay del sagrado corazón púrpura redentor, no
soy muy devoto. Será porque pude elegir entre ética y religión. Poca
diferencia, la maldad las separa seis grados, en el limbo. Ahí, comencé otra
estafa relacionada con el cine, donde aparecían gentecillas de la divina
cultura de esta villa fallera. Desde gente que ganó un Goya, pidiéndome una
correa, pues se le caían los pantalones. Ahora, el cabrón agarrado como un chinche; no se pintaba una línea de la papelina que llevaba en el bolsillo.
Cosas de aristócratas antisistema. Estaba fuera de órbita. Desde que tuve que
aguantar una noche, a ese hijo de la gran puta borrachín, de Córdoba. En el
rodaje de un cortometraje, me ponen de nani de guardería en el café de la
Infanta. Menudo elemento. Por cierto, con la ley actual ¿Se le podría aplicar
los cargos de acoso y violencia de género? ¿O lo acosar, a un tío no es acoso?
Creo que los The Goya Corporation, me señalaron de por vida. Ahora, la vida da
muchas vueltas y entré en un bombo de la champions league. Donde, yo terminé
metiéndole el mejor gol, de mi vida, a todos estos niñatos de Papuchi y
Mamuchi. Como lo de escribir, no se me daba mal. Alguien, a quien le tengo un gran respeto dijo; lo haces un rato bien, criatura. Hay gente que te mira con buenos
ojos. Ahora, es el presidente de mi club de fans del IBP. No todo va a ser hulla de Ponferrada. Habrá gente que les joda escucharlo
y otros se la sudará. Luego, están los que lo dicen todo con la boca pequeña y
los ojos ensangrentados. Lo siento, pero no tengo la culpa de escribir y follar
como los ángeles de la Capilla Sixtina. Los ángeles follan, y no es mentira,
hasta Versace lo dijo, antes de ser asesinado.
La
cuestión es que escribí un guion. Aquel guion era para un formato televisivo de
concurso. Tuve una idea cojonuda y la cosa, como el que no quiere, fue un
pelotazo. El episodio piloto hizo un gran share. Algo que yo detestaba. La cuestión;
es que la productora —que gestionaba el programa— no quería que yo tuviera la
autoría y el copyright de aquel sarao. Y dije: Puta madre! Nos fuimos a pleito.
Como me la traía floja aquel mundo, de chilicuatres, del postureo
digital. Accedí a negociar en una habitación, una suculenta compensación
económica. Así como la entrega de todos los derechos de autor. Se lo quedaron y
felices con unas perdices los perdí de vista. Querían darme la mano o besarme
el culo… Yo solo quería marcharme lejos… Ese guion es la idea original de un
programa que —a día de hoy— se emite en más de 50 países. No me quejo, eso sí.
Mi picapleitos que es una de las personas, a las que más quiero, junto con mi
asesor fiscal. Me dijo que estaba loco de atar. ¿Por qué vender algo que lleva
20 años siendo la gran mazorca de la TVs? Te lo dicho mil veces, Isidro:—No me
gustaba, esa mierda. Yo quería hacer cine. Irme lejos de este puto país, cuando
se muere mi madre. ¿Inoportuna? Puede. La vida y fatalidad, separadas por un
instante muy efímero. Una tragedia más, que metes en tu mochila, y se carga con
ella. Fue un época convulsa y compleja. El dinero se consumía. De repente, cogí
el teléfono. Al otro lado, del hilo telefónico, el depredador de Isidro. Él
sabía lo de mi madre y con lo que ganó de la comisión del affaire del guion.
Nunca ha dejado de llamarme y preguntar por mi vida. No obstante, Isidro, me
llamaba para decirme algo muy jugoso:— ¿Oye, Jon, si no quieres ser guionista famoso,
podrías trabajar como escritor negro…?—Ah, pues, tío. Tiene buena pinta. Va a ser que sí. Me
consiguió un contacto con una agencia que necesitaba un escritor con estilo y
oficio, para ser Ghostwriter. Así, hasta llegar a la edad, de todas mis
desgracias, 43 años. La edad de mi eterno amigo Tony Soprano. No lo puedo
evitar, pero lo echo mucho de menos. ¿Ven por qué sigo mustio y muy jodido?
Lógico.¿No creen que podría estar ganando un pastuki? Luego, está lo de esta
chica, rubia, que manda en Madrid y al parecer quiso hacer un Máster, como el
sujeto, Blasito. A ver, se acuerdan de la botella de Malta de Bowmore, claro
que sí, con lo bueno que está. Da la casualidad, que como no había tenido bastante
con la arqueología, la prehistoria, el cine, los putos guiones y el mundo
negro. También hice un Máster de Periodismo y estaba en la cadena de los curas
de becario. Tenía muchos tacos y la gente me llamaba el becario científico, por
lo de los espolones. Los chavalitos pagaban un pastón como la Cifuentes
(perdón, ella no) para hacerlo y poder hacer prácticas gratis. ¡Hay que joderse!
Venga, ya! Investiguen las universidades que son cómplices de esta mierda. Les
gusta el dinero, tanto como a servidor. En ese Máster conocí a Blasito, que sin
tener la licenciatura de Periodismo, acabó siendo un tipo muy importante en la
consejería de cultura de fallerolandya.
No
digo, sus apellidos y demás, porque esto lo tendría que hacer los de la prensa
levantina. No confundir con los cachas. Y ya saben, que el dinero, es esencial
para mí. Luego, no tengo ganas de joderle la vida a ese cabrón, al cual le hice
hasta el trabajo de fin de Máster y tropecientas mil asignaturas. Bueno,
dejémonos del puto Blasito y vean cómo se las gastaban, en la capilla del micro de los
curas. Llego allí y me dan un plumero y una caja de folios. ¡A la
fotocopiadora, campeón y nos traes dos aguas con gas! Pasaban los minutos y a
las dos horas, aparece una chica con cara de angustiada. Me dice:—Oye, chico,
que te llaman del estudio central. Allí, que voy yo. Mi voz, al igual que mi
entrepierna; suena muy viril y sexy. La cosa como el que no quiere, se mascaba en el ambiente, apuntaba mal pálpito. Aquel
corral tenía un gallo grande y viejo, al que mi intervención —“in live”— lo
hizo polvo cuando entré en antena. Y se las ingenio, para decirles a los de la
dirección del máster; que no era la persona indicada para trabajar en radio. Yo
antes de marcharme le espeté: ¡Ud. es un envidioso! Lo lleva en la cara.
“Arrieros somos, y en el camino, nos encontraremos.” Me marché muy enfadado,
enfadadísimo. Supe con los años que, al payo, le dio un infarto, como el que me
dio a mí, de los masivos. Realmente, muy jodidos y letales. Empero, él se murió.
Lo siento, yo no le deseaba la muerte. Ni se la deseo a nadie. Sólo un par de
hostias públicas o unas disculpas… Ahora hay un Máster de radio con su nombre y
una placa. Los niños y las niñas bien que estudian periodismo en la privada
pagan por hacer prácticas en la silla del rey de la radio fallera. Como diría
mi amado Hubert SelbyJr. He tenido una vida realmente, muy literaria. En 2002,
Selby entregó a la imprenta su último trabajo, porque ya no tenía vida pública.
Atado a un tubo de oxígeno, había dejado de dar clase y padecía una terrible
depresión. El bueno de Selby murió en abril de 2004 por la jodida necrosis
pulmonar crónica, que soportaba, desde sus tiempos mozos en la marina.
Curiosamente, Hubert rechazó la morfina durante sus últimos días de hálito.¿Entienden porque me gustaría escribir como Hubert Selby Jr? No hay escritores
como él, ni los hacen ni se fabrican. Es muy difícil ver algo tan sui generis,
como aquel genio. Recordaré aquella reseña que escribió para L.A. Weekly: “Lo
extraño, en realidad, es que todavía estoy vivo, y que periódicamente puedo
publicar un libro. Creo que tiene que ver con aquella sentencia de muerte que
me dio el médico cuando era joven. Que se vaya a la mierda, pensé entonces.
Nadie me dice lo que tengo que hacer”. Durante estos 6 años, el IBP, en
realidad se le debe al coraje de una mujer extraordinaria, que me empuja a
ponerme delante del ordenador. Aunque, sea en una silla de ruedas. —Escribe,
Jon. —No cielo, yo no soy escritor. Para ser escritor se necesita el arte de la
disciplina y la técnica. Y yo nunca he sido disciplinado, aunque tenga mucha
técnica. Está claro que soy una causa perdida. No tengo miedo a la muerte, sólo
a no verte nunca más. Eso si que me da auténtico miedo. Aquí me he sentido libre y escribo cuando puedo, sin
presión. Escribo de lo que quiero, siempre con el cine por delante. El dinero,
nos da la libertad, para elegir ser muchas cosas. Lo peor, es tenerlo y no tener
salud. Es obvio, cuando no tienes un céntimo no haces la declaración de la renta.
Por cierto, no le den un like, al post. Pues, me importa un pimiento, Mr. Like. Y todos sus negocios de venta de datos; cuando cagamos, follamos, nos cepillamos los dientes o nos vamos de vacaciones.¡Qué le den a Mr.Pulgar! Empero, si les ha gustado mucho, tendré que seguir escribiendo hasta que me
encuentre en un bar muy canalla con el karma de Selby Jr. Palabra de cardiopata.
Dedicado a Steven
Bochco diciembre 1943/abril 2018 In Memoriam Fotogramas adjuntados
Hubert
Selby Jr: It/ll Be Better Tomorrow (2005) by Michael W. Dean& Kenneth
Shiffrin
The
Big White (2005) by Mark Mylod
Man
of a Thousand Faces (1957) by Joseph Pevney
I
love You Phillip Morris (2009) by Glenn Ficarra& John Requa
Amul Kappor es un
chaval de 10 años que sobrevive en Dharavi, el barrio más grande y pobre del
Indostán. Cerca 175.000 hectáreas de tierras pantanosas viscosas y pegadizas,
pises por donde pises. A unos cuantos kilómetros, de las zonas turísticas de la
ciudad, dirección norte se atisba el paraje. Un caos de desagües abiertos,
chozas con techos de estaño y callejuelas con forma de flaquísimos pasadizos
zigzagueantes. En uno de esos chavolos viven lo que queda de la familia Kapoor.
Falak, el padre, un hombre de 39 años, con aspecto de cincuentón y típico
mostacho con una mirada en la nada. Sus hermosos ojos negros brillan de
sufrimiento e impotencia. Todos los días, comienza el mismo ritual —al lado de su
hijo— en ese mar de basura y suciedad. Dos más, de ese millón de personas, que
trabajan como esclavos para sobrevivir. Pues, no saben ni conocen, eso del
placer de los occidentales humanos: disfrutar el día en la tierra. Aquí la vida es así. En
el barrio, de los llamados Slumdong (perros rabiosos)—apodo, quedetestan— pero que terminan aceptando, en un
nuevo arrebato de resignación impuesta por el feroz capitalismo que se respira
en la megapolis de Mumbai. La metrópoli de Dharavi es el destino de los últimos
desahuciados de verdad del planeta y no esos pobrecitos enojados occidentales
con cámaras digitales y truños de Mediaset. Hoy es un día de julio, infernal,
la temperatura marca más de 45 grados. Esta semana se convertirá en la
auténtica fragua de vulcano. A ello, le sumamos, la maldita humedad y el fango
que envuelve a Falak y el pequeño Amul. Unas caras que parecen de cartón piedra
espolvoreada de ceniza hasta la cejas. Pasa el día hasta que el sol se marcha.
Los días son calcados hasta llegar al chamizo y poder beber algo de agua que
supura del colector principal de la ciudad. Un lugar tan extraño, surrealista y
trastornado como los miles de intocables musulmanes, tamiles, bengalíes y toda
la jarcia de representantes de la India pluricultural que desde la esplendorosa
Mumbay, en los parqués de los barrios, chic juegan al Cricket y ríen en 4K.
Hasta el espítico Danny Boyle hizo su gran película que lo beatificó a los
altares del séptimo arte. ¡Qué más da, si todo sigue igual después de su paso,
por aquel dantesco lugar! Dharavi es una puta ratonera, donde los humanos
pelean contra los roedores por un chusco de pan; que llevarse al estómago. Una zona
donde la pobreza es patética y la climatología malvada. Inundaciones que cuando
llegan les dejan sin ningún harapo. Aquella fértil marisma de finales del
S.XIX —hoy un mar de lodo y miseria, tras consecutivos cataclismos medioambientales— lo
habitaban pescadores Koli, los cuales, terminaron abandonando lo que en un
tiempo fue un lugar lleno de vida fluvial. Ahora es la tierra de todos esos
parias que sueñan con ser protagonistas del utópico Bollywood Made in India.
Películas que ven —Falak y Amul— en el móvil, descargadas destrangis, soñando
con ese día, en el que Amul se convierta en un bello galán bailarín. Empero,
últimamente, el trabajo cuesta sacarlo adelante. Además, esta metrópolis de la
cochambre funciona sin dinero (verdad a medias, gran mentira) pero también sabe
cómo manejarlo. Y evidentemente, un buen fajo de billetes puede ser la
salvación para salir de ese atolladero. Su padre está muerto de cansancio y
hambre. No puede alimentar a su pequeño, Amul. De lo poco que tenemos hay,
apenas para uno. Fuera de mi ventana, oigo que la puerta del cubil se abre y se
cierra por la noche. Su cabeza cabila, no deja de pensar lo mal que lo paso
ayer, cuando Amul casi se ahogó en el río. Él, no está fuerte porque no come.
Todo lo que tiene son unos putos garbanzos podridos y una bolsa con cuatro
lentejas. Su estómago está hinchado. Falak se haya en un estado de
desesperación inquietante. No por ello deja de observar el Hotel Kuthoop, que
es un chamizo con somieres de cuerdas rotas. Donde se acercan a media noche,
unas mujeres muy elegantes y con maletines de colores. Su curiosidad, le lleva
a preguntar a un amigo del barrio (el dueño del locutorio Balum): ¿Quiénes son
las chicas que pululan por el Kuthoop?—No lo sé, Falak. Aquí ya sabes que todos
nos dedicamos a la misma mierda; el plástico. No obstante, habla con el
recepcionista, a ver por dónde te sale… Falak se presenta en la puerta del
hotel y le entra directamente al supuesto recepcionista, que lee en su móvil y
se refresca con un viejo y destartalado ventilador.—Oye, sabes quienes son esas
mujeres tan guapas. —Yo, no lo sé. Pagan y adelante. Falak hace una mueca, como
si fuera de farol en el póker… Pone un billete de 20 rupias en el mostrador y
el tipo sonríe —De verdad, qué no te suenan de nada?—Hace mucho calor y uno
esta despistado. Falak deja otro billete de 10 rupias.—Yo creo que hace mejor
temperatura aquí el mostrador que en la calle—Sí, amigo. La verdad que esto
chorrito de aire hace que uno respire mejor… (Sonríe con cara de avaricioso)
Falak, insiste.—¿Quiénes son esas chicas tan majas?—enfermeras.—¿Enfermeras?
Qué curioso ver
enfermeras por este noble barrio —El recepcionista esboza una carcajada— Sí, si.
Amigo. Este es un lugar con clase. ¿Y qué hacen a estas horas?—No tengo ni
idea, pero te puedo dar un número de teléfono y llamas, a ver que te dicen...
Es algo muy interesante pero tienes que hablar con el que está detrás de ese
móvil. Falak ciñe el rostro y resopla—Pregunto por alguien. —No hace falta,
pero como has sido una persona muy atenta, puedes decirle, que vas de parte de
Babar. Falak, se lleva el papel, donde le ha apuntado el número de teléfono y
se marcha. Babar le espeta:—Buenas noches, amigo. Falak levanta el brazo con
desgana mientras su espectro sombrío se pierde por los pasadizos del sitio. De
vuelta a su cubil. Cuando llega al chabolo se queda observando a su hijo y mira
el número que le apuntado el recepcionista. La noche ha sido soporífera y el
alba está a 32 grados. Comienza la rutina de un nuevo día en la jungla de
plástico de Dharavi. A recoger todos los envases de polivinilo que se
encuentren y trabajar en el batán del jabón. Amul sigue medio hipóxico y deshidratado.
Su padre le da de beber de una botella rellenada de los colectores. Y le echa
un poco por la frente y la nuca. Falak es un hombre desesperado. Hasta que
decide retirarse de la jabonera y cambiar el plástico por un poco de arroz,
unas naranjas y algo de pan. Tiene que sacar fuerzas y arrestos de dónde sea.
Amul, es su única razón de vivir. Finalmente, la naranja y el pan parecen subir
el azúcar a los órganos vitales de su hijo. Incluso sonreír.—Estás mejor
hijo?—Sí, padre. Me encuentro mejor. —Bien, quédate aquí descansando que yo
vendré en una hora.—Pero, padre, ya puedo ir con Ud. y trabajar.—No, Amul, hoy
descansaremos los dos.—Cómo Ud. diga padre. Falak se marcha, al locutorio,
donde está su amigo, Balun. Éste, le comenta, que tal le fue en el hotel y
Falak, le cuenta lo que le dijo el recepcionista; Babar. Balun—No sé, Falak,
pero a mí me da que la gente está vendiendo riñones—¿Riñones? —Sí, amigo. Riñones.
Una prima mía que trabajaba en el Cairo, la tenían esclavizada y la única forma
de salir de allí era dando un riñón. Así consiguió el pasaporte y 200 dólares,
volvió a Mumbai y trabaja de camarera en el Sheraton. Eso, sí. Ha envejecido
mucho y toma un montón de medicamentos…—Entonces, está claro que las enfermeras
llevaban en esas maletas riñones… ¿No?—Riñones u ojos, incluso un hígado. Somos
material reciclable como este terrorífico sitio, donde vivimos. Falak mira al
cielo y le dice a Balun. Mira, amigo, no sé cómo va a salir esto. Pero si a mí,
me pasa algo, encárgate de que Amul pueda salir de este lodazal. Balun pone una
cara muy tensa y asustada (demasiado teatral)—Falak, piénsate bien lo que vayas
a hacer. Ya lo hemos hablado todo. Falak llama al número de teléfono desde un
chamizo donde canjean llamadas por plástico o jabón. Le dan un viejo Nokia de
2001 color rojo, a manchurrones y llama—Diga…—Llamaba para hablar con
alguien—Muy bien. ¿Quién te ha dado este número?—Babar el
recepcionista.—Perfecto. Tienes que venir al hostal pero por la hilera trasera
del sitio. A las 20,00h. Falak vuelve a su pequeño antro a ver a su hijo. Allí
está viendo una película en un pequeño televisor reciclado de la basura de una
superestrella de Bollywood. Está fascinado con ella. Amul, ¿Cómo estamos? —Baja
el volumen y rápidamente, contesta—Muy bien, padre. Ya estoy mejor. Con ganas
de trabajar y hacer lo que Ud. Me diga. Bien, hijo. Mira, yo esta tarde/noche
he de hacer unas cosas. Tú quédate aquí. Y no te preocupes por nada. Cuando
tengas sueño, te acuestas. Falak le da un fuerte abrazo y un beso.
20,00h En el pasadizo de la puerta trasera
del Hotel Kuthoop
Falak apretaba las
manos, se las frotaba y se las pasaba por la cara. Todo era un puro ejercicio
de nerviosismo, mientras esperaba al hombre del teléfono. De repente, apareció
un chaval, no mucho mayor que su hijo y le pregunto:—Es Ud. Falak?—Sorprendido
y extrañado por el desparpajo del chaval. Nuestro atemorizado Falak hizo un
movimiento de cabeza afirmativo. El chaval le invitó a que le siguiera. Aquella
criatura se desenvolvía con la rapidez de un joven galgo y sorteaba los
obstáculos. Vamos! Rápido Sr. ya queda menos. Falak entre el sobresalto y la
ansiedad de una noche más agradable, en aquel basurero de los pasadizos de
Darhavi, invitaba a inhalar los más pestilentes efluvios del maldito infierno. Llegando
a uno de los ensanches del final del mastodóntico barrio, se acercaban a una
zona donde la tierra se mostraba más firme y la noche se tornaba más oscura.
Falak, le preguntó
al chaval,—Cómo te llamas? No le contestó. Sólo le dijo, Adiós! Sr. Y a los
tres minutos aparece un monovolumen SsangYong muy nuevo. Se abre la puerta
corredera, dando el golpe del torno picaporte. La puerta de al lado del
conductor también y baja un tipo de rasgos chinos. Le invita a que suba al
vehículo. Falak se dirige al vehículo y entra. Allí está sentado, un individuo
calvo con aspecto arábico. Le saluda, dándole las buenas noches. —Hola, Sr.
Falak. Yo soy el hombre del teléfono. Siento mucho el trayecto que ha hecho
hasta llegar a mí, pero como bien sabrá… Nosotros no podemos entrar con el
monovolumen hasta la puerta del hotel. Falak observa que al lado del personaje
hay una mujer muy atractiva con rasgos occidentales. Detrás un joven hombre con
semblante egipcio y dos bellas mujeres hindús. Piensa, y se dice a sí mismo,
son las enfermeras de las que hablé con Babar. Ahí, sentadas muy elegantes y
discretas en la densa oscuridad del confort del cuero baccara de los
asientos.—Bien, ¿qué quiere Ud? Sr. Falak. —Falak Kapoor. Deduzco que parece un
hombre sensato e intuitivo. Falak, le espeta: buenas noches, Sr…—Dejémoslo en
el Sr. Alfa. Pues, sí. Creo que Uds. necesitan algo que yo tengo y Uds tienen
algo que necesito.—Sonríe el trajeado con gesto de Emir. Sí. Así, es.—Miren yo
necesito dinero, ya. Quiero marcharme de este lugar y que mi hijo pueda tener
un futuro en la city de Mumbai.—¿Cuantos años tiene su hijo?—Molesto, Falak. Le
dice: 10.—Evidentemente, mucho por recorrer y ver. Respiro hondo el Sr. Alpha y
le propuso lo siguiente. Yo compro órganos—especialmente— riñones. Ya que todo
ser humano con buena salud tiene dos. Con un riñón se puede vivir y otra
persona puede también estar en este mundo. Falak con la mirada fija, en los
ojos del arábico.— ¿Cuanto vale un riñón para Ud? Yo no sé lo que vale un
riñón! —Tornó un gesto de enfado. Yo sí que le puedo decir que a la gente, la
cual, represento: lo que pagan por un riñón sano. Es decir, a cualquier persona
de este país.—¿Cuánto? Algo cínico. 200.000 rupias. —Cerró los ojos y le vino
la imagen de su hijo.—Sí. Adelante. Bien, aquí tienes las condiciones del
contrato y tus obligaciones.—¿Obligaciones…?—Sí, una pequeña analítica para ver
que estás bien y el test de compatibilidad inmunitaria. Una vez salgas del
quirófano pasarás 5 días en la cama y después, si te encuentras bien te
marcharás, con 200.000 rupias, Eso es todo.—¿Tienes alguna pregunta?—¿Son
buenos cirujanos quienes harán esta intervención?—Por supuesto, trabajamos con
los mejores medios humanos y técnicos. Ya verás la clínica y lo dicho, todo
será muy rápido. Ahora, ponte cómodo en el auto y nos vemos en el chequeo. Una
de las hermosas enfermeras le dio una pastilla y Falak cayó en un profundo
sueño. Cuando despertó estaba en una habitación, tumbado en una cama enrobinada
y con unas esposas cogidas a su brazo derecho del cabecero. Vino una enfermera
de aspecto occidental y le dio otra pastilla.
Una semana más tarde en Darhavi
El día levanta a la
plásticopolis de la bulliciosa Mumbai. De nuevo el tórrido calor. Ni una brizna
de aire que sople, para aliviar el rancio olor de los cuerpos sudorosos. Amur
se levanta. Come algo de avena, un par de almendras y poco de leche agria.
Antes de volver al tajo, mira en su teléfono la fotografía de su padre y besa
el gif. Caminando primero a la jabonería y luego a por plástico para hacer
utensilios que vender a los turistas. Está triste, porque su padre era todo lo
que tenía. Su madre y sus dos hermanas murieron en los raíles del tren después
del trágico accidente en 2007. De fondo se ven los nuevos rascacielos del
capitalismo pujante de una de las metrópolis más importantes del mundo. La
verdad que en este lugar hay algo de vieja película. Ese momento, de destino
perdido en un país de salvajes contrastes donde la civilización no es más; que
una caricia sobre arraigadas costumbres ancestrales. De algún modo, los zigzagueantes
pasadizos es el corazón del hogar de Amul Kapool. Cuando al salir de la
jabonería con una saca de trozos de sebillos reciclados. Le llama un hombre.
¿Amul? Eres el hijo de Falak Kapoor.—Sí, lo soy. ¿Sabes quién soy?—Ahora que lo
recuerdo es Ud. Balun el dueño del locutorio del barrio.—Ese mismo, hijo. Mira
Amul, tengo que decirte que tu padre está muy bien.—De verdad. ¿Dónde está?—No
muy lejos. Pronto tendrás noticias de él—Sí. —Además, serán de su propia voz.
Yo sólo quería darte una cosa que él me mandó al locutorio. Saca un sobre del
pantalón salwar y se lo entrega.—Toma hijo, esto es para ti.—Gracias. Amul, se
lo guarda en el interior de su bajo vientre. —Bueno, ya nos vemos con tu padre.
Y hablaremos de cine y esos planes.
Me ha dicho, que
eres un gran entendido (sonríe con una mueca hipócrita). Amul, gira la cara y
alforza el cejo —Si necesitas, cualquier cosa… Bien, ya sabes dónde
estoy.—Muchas gracias, Sr. Balun. Adiós, y suerte. Amul vuelve al chavolo. La
jornada ha sido muy dura y después del encuentro con el personaje Balun; está
alterado y angustiado. El hecho de pensar que su padre está vivo y
que —supuestamente— se reunirá con él; crea un gran estado de excitación. Se
sienta en el catre y saca el sobre que le ha entregado, el funesto Sr. Balun.
Lo abre y se encuentra con 10.000 rupias. Rápidamente, coge los billetes y los
esconde en un bote de plástico de paracetamol vacío. Amul tiene para cenar un
poco de pollo seco y una pizca de arroz con medio vaso de zumo caducado, que ha
conseguido a lo largo de la semana, en el trapicheo del barrio. Sin embargo no
tiene mucha hambre. Se acuesta y vuelve a encender su escacharrado móvil; mira
la foto de su padre y no puede evitar llorar. Pasa el tiempo y la ligera brisa
que sopla estas últimas noches, apacigua un poco el bochorno irrespirable e
invitan al descanso. Amanece un nuevo día en Daharavi.Todo vuelve a ser como el montaje de una
película de Fincher. La monotonía del movimiento: el aseo, en uno de los
callejones, sigue la mecánica del desayuno. Igual que ayer, anteayer y antes de
ese anteayer. Los días son idénticos en la fragua de plasticolandya de los
parias de Mumbai. Amul vuelve a hacer su recorrido. Ahora se acerca para
esperar la llegada de los turistas y vender algo de artesanía reciclada del
polivinilo que recoge en el hiperbasurero. Vuelve a la jabonería y echa unas
cuantas horas en el batán. Cuando va a recoger su ración de trozos de jabón,
escucha un gran bullicio de gente. Hay muchos policías en medio de uno de los
recovecos del barrio. No puede ver lo que ocurre. Hay demasiada gente amontonada
viendo el suceso. Al final se escurre entre las piernas del personal y descubre
un cadáver con una sábana entreabierta. Observa que tiene una gran cicatriz en
el pecho y otras dos laterales. No tiene ojos y está completamente rígido. En
su cara se observa un bigote muy característico. Entre la multitud, hay dos
personajes, conocidos para Amur. Uno es Balun, con el que estuvo hablando ayer
y le lisonjeaba con todos sus sueños. El mismo que el entregó las 10.000
rupias. Al lado de él estaba, Babar, el siniestro recepcionista del hotel
Kuthoopp. Sigue observándolos y se da cuenta que ellos se dirigen juntos, a uno
de los ondulados callejones del barrio. Amur está escondido entre los montones
de basura del chiringuito de comida ambulante y escucha. Bueno, Balun, Falak
está en el otro mundo.—Con cierta dosis de descaro. Éste le responde;— la vida,
es dura amigo. Aquí tienes tu parte… ¿Quieres contarlo?—No está de menos. —sesenta,
setenta, ochenta…, y noventa y cinco mil rupias. Es correcto. Amigo, Balun,
encantado de trabajar contigo.—Igualmente, Babar. Ve con Dios. Adiós! Amur se
queda completamente roto. Descolocado y cataléptico. Se siente el niño más
tonto de todo Daharavi. Intenta caminar hacía el chamizo. Le tiemblan las
piernas, cuando vuelve a ver a mucha gente en la puerta del chiringuito del
marroquinero. Tiene un TV, donde habla el presentador más importante de los
informativos y comenta lo siguiente: Hoy ha aparecido el cadáver de un hombre
en el vertedero del barrio de Daharvi. Al parecer, el hombre estaba muerto
desde hace 3 días. Le habían extirpado sus riñones, el páncreas, el hígado, el
corazón y sus ojos. La jefatura criminal de Mumbai ha detenido a toda una red
de mafiosos que estafaban a pobres hombres y mujeres honestas por cantidades de
dinero que nunca llegaban a cobrar. Alguos de ellos residían en el mismísimo
barrio. Tambien, se están llevando a cabo las tareas de identificación del
cadáver, por si alguien de Daharavi, pudiera dar alguna pista del fallecido. El
forense, sólo puede aseverar que era una hombre de aproximadamente unos 40
años. La investigación ha dado con la clínica Ganesh, en Bangalore, donde se
llevaban a cabo. El jefe del servicio de cirugía plástica; el Dr. Mehta. Era el
encargado de las operaciones de trasplantes junto a su equipo habitual de
trabajo. El entramado llegaba hasta Israel, Turquía y Egipto, donde la gran
demanda de gente potentada de Emiratos árabes eran sus clientes habituales.
Incluso entre la frontera de la India y China, había una ruta de aprovisionamiento
de órganos que vendían los campesinos que no tenía nada, con lo que sacar
adelante, a sus familias. Bien, y ahora, otras noticias. Es viernes y hablamos
del estreno de una de las grandes películas de este año “Toilet” Ek Prem Katha
(2017) con la superestrella de nuestro cine Akshay Kumar. Les dejamos con la
entrevista para nuestro canal Doordarshan TV. Amul Kapoor se marcha hacia su
chamizo, completamente destrozado y envuelto en lágrimas. Mañana sale el sol,
en el infierno de Daharavi. FIN
Dedicado a Jorge
Wagensberg diciembre 1948/marzo 2018 In Memoriam
Fotogramas adjuntados
Apajarito
(1956) by Satyajit Ray
Negocios
Ocultos (2002) by Stephen Frears
Mahanagar
(1963) by Satyajit Ray
Traficantes
de órganos humanos (2012) by John Gabito Angel
Hace
unos cuantos inviernos, demasiados para un mortal, que les pierdo la cuenta
meteorológica.Por aquel entonces, una
lóbrega noche, la luna se posaba sobre un oscuro telón profanado por millones
de pequeñísimas e incontables estrellas apagadas. Mi curiosidad me perdió y no
pude evitar acercarme al marco de la puerta para contemplar aquel mar infinito; yermo y quemado.La bestia de la que siempre me había hablado mi abuela, estaba
ahí, delante de mi nariz. Aquel animal, mitad humano, mitad cuerpo mitológico
era completamente real. Sus ojos rojizos iluminaban la senda que llegaba a la
fuente de la aldea. De pronto, rugió un aullido grave, que se quedó alicatado
en mis tímpanos. Una la loca carrera comenzó desde los nogales de Fresno; el
animal atacaba con espantosa furia y yo estaba exhausto de oponer mi parca
resistencia, a tanta lucha continuada. Cuando, una lanza acertó, en uno de los
ojos de la bestia y cayó entre la abundante sangre que salía de su cuenca
orbital. Me quedé vigilante, mientras escuchaba sus agotados gruñidos y
expulsaba una anaranjada espuma por sus fauces. El cazador se tiró sobre él —con salvaje rabia— hundiendo su cuchillo una y mil veces en el cuerpo de aquela alimaña. Aquel tipo estaba tan roto como la bestia; fatigado y herido se
desplomó seminconsciente a su lado. Yo pensé que haría ahora, ya que si la
bestia volviera a recuperarse: ¿Continuará su camino? ¿Se acercaría hasta
nuestro caserío?... Las ideas se agolpaban y enmarañaban en mi jodido cerebro;
extrañas alucinaciones me embargaban el ánimo, y terminé como aletargado.
No
habría pasado media hora, cuando del espeso ramaje, donde había quedado abatida
la bestia. Una mediana sabina se estremeció y entre dos ramas asomó la cabeza
de un nuevo ser —supuesta cría de la bestia derribada— que el cazador había
matado. Se erguía, como un humano, con la cabeza de un cabrito y sus cuernos
bien definidos. Apenas, 60cms. Pero, me puso los pelos de punta. Aquella noche,
era la más extraña de mi vida, cuando mi cerebro dio con el acertijo. Pues,
aquel cabrón había pasado la noche acurrucado bajo las hojas, muerto de miedo,
presenciando la gran pelea que su madre sostenía con aquél enemigo. En ese instante, observó que todo estaba en calma. Se atrevió a salir de su escondrijo —apoyando sus
patas a lo largo del tronco— y comenzó a bajar muy despacio.
Eh,
venga! Muévase—gritó el cazador.—Hablaba conmigo.
Sin
salir de mi estado fantasmagórico. —Es a mí—¡Sí, venga, corriendo, o la bestia
acabará con todos!
—Sr.
¿Quién es Ud?
—Soy
Nimrod; el cazador del mal.
—Aquí
nunca ha pasado nada.—Me sentía desbordado por los acontecimientos.
—Hasta
que llega, chaval. El mal convertido en una criatura letal.
—Podría
llamarme, Edmundo.
—Edmundo…
(Risas, vaya nombre) En fin, ponte a cubierto. Voy a acabar con el demonio de
Cernunnos.
—¿Cernunnos?
—Sí,
amiguete. Luego, ponte a buen recaudo…
A
partir de ese instante, todo fue un baño de LSD. Desde una mirada volcánica que
salió de los ojos de Nimrod, hasta el primer zarpazo que le arreó la criatura.
Ésta, en apenas 30 minutos, pasó crecer 120cts más. Aquel desgarrón en el pecho
le sacó de su letargo. En mi mente, sonaba, esta frase:una liebre que oye a la
jauría, no corre más deprisa. Del héroe de la noche, Nimrod “el cazador” no
quedaba nada, apenas un hombre despavorido, loco, muerto de miedo, sólo en el
mundo que— corría y corría, para salvar el pellejo— se había desinflado de ese
ardor guerrero, que apenas, unos instantes alardeaba. Cuando Nimrod pudo darse
cuenta de sí, vio inclinado sobre él, el cariñoso rostro de mi
madre.—Acojonante, yo la había perdido cuando tenía 7 años. —Ahí estaba,
hermosa y sonriente. No soñaba, era ella la que le reía, la madre de sus hijos,
viva y salvada, sin duda alguna por un milagro. Gruesas y ardientes lágrimas
corrieron por las curtidas mejillas del cobarde guerrero.—Estaba atónito.
No
obstante, me pregunté por esas lágrimas… ¿Eran las de la alegría del padre que
despierta entre los suyos, o lágrimas de vergüenza de un orgulloso cazador que
se cagó de miedo? Luego, se escuchó una voz celestial, y una plegaria; se dejó
caer como algodón de azúcar, en aquel trozo de bosque. Un momento de paz que
acariciaba, en la hora del inminente peligro. El mismo que siempre veló por el
sino de aquellas criaturas humanas que luchaban por perder su anhelada
mortalidad. Al final, uno dejó de soñar, durante un largo tiempo, para no
convertirme en ese monstruo gris cobrizo que respira en los primeros días
cálidos de los nuevos otoños. Esos que hacen que los veranos parezcan
entremeses y los inviernos menos grises. Es el tiempo de los mortales. Debería
de serlo. Ese, en el que se miran a los ojos. Empero no se confíen, los dioses
son tan osados; que nunca sabrán si te ven, a través de los tuyos, o si tú te
ves reflejado en los suyos. La mediocridad es conformista y el cambio climático
tan repetitivo como el Tramadol y la previsión meteorológica.
Dedicado a Celia Barquín
Julio 1996/Septiembre 2018 In Memoriam
Aquel
día perdí el rumbo y el cuaderno de bitácora, donde recogía las últimas notas.
La tormenta se mostró con una fuerza inusual. Cayeron bártulos y soldados de
plomo, como enormes bolas de granizo. Era un tobogán sin final y claro; el libro de
bitácora despareció. A pesar de aquel desastre; la Sra. Shelley se acariciaba
el pelo, mientras contemplaba el hundimiento de nuestras vidas.
Desgraciadamente, las horas se volvieron erráticas y tediosas. Afortunadamente,
llegó el momento, donde la pantalla del viejo teatro mostraba el The End. El
silencio se volvió jolgorio y la oscuridad luz de cristal, hasta la siguiente
semana. Desde los urinarios llegaban inquietantes efluvios a orina rancia y lejía. A
través, del pasillo se atisbaba una figura sentada, remarcando una sombra
inmóvil. En la calle del viejo Londres; la oscuridad terminaba de impregnar la
nebulosidad total. Incluso nos dejó ver los últimos destellos de las luces de
gas.
La
figura inmóvil toma vida y comienza a seguirnos. Gira su cabeza hacia la
derecha y baja la escalinata del teatro con desparpajo. Allí se queda en la
penumbra. En el último rincón del boulevard, el viento ciega a los peatones y
cambia el itinerario, de aquellos que no saben dónde ir. Conversaciones avisan de la
muerte del verano. Los silbatos y las voces de la policía llaman al orden, y éste
aparece, como espuma de diazepam, en el capuchino del aguerrido personal. La
noche en tormenta no era apetecible para aquellos chavales tímidos y pudorosos
que vimos en la terraza del puerto. Otra vez, el rostro resplandeciente de la
Sra. Shelley desistía de la atemporalidad momentánea —no hizo ningún gesto
expiatorio— mientras mantenía la compostura. La pérdida de la inocencia y la
caída meteorológica de la moral, dejó a la vista un panorama lleno de
prejuicios hacia su persona.
Se
escuchaba el tic-tac del grupeto de relojes de los estados del tiempo. Era el
mismo artilugio que nos acompañaba allá donde fuéramos y tan inexacto como una
predicción apocalíptica. No obstante, confiábamos ciegamente en su mecanismo,
que velaría por nuestra seguridad. La noche se arrancó con unos truenos que nos
generaban taquicardia. Era el preámbulo de la función. Inesperadamente, el
telón no subió en esta ocasión. Cuando todos lloramos la caída del reloj de
arena. De inmediato, se esparcieron las areniscas del runrún de la tragedia. Todos mirábamos a la
Sra. Shelley con el anhelo de una inocencia confundida. Nuestros sueños se
quebraron —de la misma forma violenta, que el reloj— nunca más despertamos de
aquella pesadilla. La Sra. Shelley se marchó envuelta entre tinieblas y sombras
con el gigantesco monstruo de la mano.
Ahora,
si se escuchaba el tic-tac del reloj, y ella llevaba un gran ramo de lirios, en
los brazos. Se giró y nos sonrió, mientras daba un inocente beso a su querida
criatura. Después, arreció el viento y su melena de cabellos blancos
desapareció en el horizonte de la bahía.Alguien, pensó que
éramos demasiado viejos para estar muertos.—Yo sólo me preguntaba: ¿alguna vez
vimos, antes de la tormenta, un bergantín en algún lado del otro, por aquel
viejo Londres? ¿Somos los últimos habitantes del viejo cementerio? La Sra.
Shelley parece feliz, pero se marchó sin invitarnos a tomar su rico pastel.
Finalmente, Las calles estaban anegadas de agua y se formaron riachuelos que
terminaron arrastrándonos, uno a uno, al lado de cosas sin valor. En el fondo,
sólo creí en Dios, aquella tarde de otoño, cuando la Sra. Shelley nos invitó a
su morada.
FIN Dedicado a Macario Gómez Quibus Marzo 1928/Julio 2018 In Memoriam
Fotogramas adjuntados
Frankenstein 1931 by James Whale
The
Frankenstein Chronicles 2015 (TV) by Benjamin Ross
The Bride of Frankenstein 1935 by James Whale
Mary
Shelley's Frankenstein1994 by Kenneth Branagh,
Me
hubiera gustado se un poco más feliz. Tampoco lo sabía muy bien. Aunque una cosa es experimentar y
otra quebrantar. Nada más lejos de la realidad, querido Braulio. Es inefable,
el jodido dolor que me causas, día a día. Tu ausencia es como el veneno dentro
de un ambientador de marca blanca esparcido por toda la casa. Aún puedo
sentirte, olerte y escucharte. Sí, Braulio. Te veo en cada rincón, de este
lánguido y enorme casoplón que construimos juntos. ¿Dónde estás? ¿A dónde te
fuiste? ¿Por qué lo hiciste? ¿Tanto te costaba aguantar un poco más? ¿Cómo
pudiste ser tan egoísta para marcharte, y dejarme sola? Me muerdo las uñas y el
pelo se me cae. No sé si estarás pasando frío en la gélida noche. Si te has ido
al otro lado del charco o si estás cerca, riéndote de mí. No sé qué pensar.
Empero este sinvivir sigue dentro de mi cerebro. Deseando que aún respires, que
sigas con vida, allá donde estés. Ya está bien, Braulio. ¡Basta de esta lenta
agonía! ¡Por favor! Te lo pido de rodillas, mientras mis lágrimas crean un
estanque de agua salada. Veo el sofá, nuestro dormitorio y el estudio, Braulio.
Pero no te veo a ti. Sin embargo, Braulio, no era la primera vez que cometía el
error de desaparecer.
A
la búsqueda de un afán desesperado por intentar definirse a sí mismo, por
ordenarse mentalmente. Braulio era uno de esos tipos que nunca podía decir: “yo
soy...” Del mismo modo, que sus labios pronunciaban las palabras, de turno. Ese
maldito ser desaparecía... Sólo existía el pasado, ese que únicamente podía
definir un borroso esbozo de lo que había sido: enturbiado, ex profeso, por las
diferentes tonalidades que se mezclaban en la paleta de la circunstancia.
Braulio, no podría llegar a conocerse nunca a sí mismo. La angustia le asaltaba
de un modo repentino y caprichoso. En cualquier momento, estallaba. No llamaba
a su puerta, entraba así de sopetón, sin previo aviso. Era la llegada del ese
momento de desnaturalización del personaje; que lo inundaba todo. Braulio, era
demasiado joven... posiblemente, le faltaba mucho por experimentar, y ahora le
asaltaba la duda de vivir o morir.
El
mero hecho de percatarse de ello se lo impedía, y entraba entonces en una
vorágine de enlaces racionales que deberían haberle permitido comprender su
agonía absurda y sin sentido. Braulio, intentaba bucear en sus contrasentidos,
causas, consecuencias, emociones, esperanzas y humillaciones. El resto de
sensaciones quedaban muy lejos, como los humores etéreos que se arremolinaban, en ese molde, donde ninguna pieza encajaba; que seguía siendo, su atribulada
cabeza. — Sí, lo sé todo de ti y lo desconozco todo. Braulio ¿por qué no me
dices dónde estás? Te he buscado por los rincones más extraños que pudiera
pisar mi honor. Estoy enloqueciendo, siento mi locura, más intensa de lo
habitual. Y sólo sufro por ti. ¿Braulio, sabias que nadie más, denota tu
desaparición? Pero, solamente es mi imaginación, mi mente que se niega a
aceptar la realidad.
Dos años después
Unidad
de investigación de personas desaparecidas en un lugar de Segovia…El
cuerpo de Nekane Iturralde López ha sido localizado, en un viejo cauce, a la altura de
una pedanía cercana a la población de Pedraza. La portavoz de la Undad ha
comunicado a los medios de comunicación presentes; que entre las pertenencias localizadas de los restos
del cadáver; se encontraba un sobre con una carta, en su interior.
Una
vez levantado el acta del cadáver, por el juez, éste ha sido enviado al Instituto
de Patología Forense del Hospital Ramón y Cajal. Esa misma tarde un medio digital reproducía parte de un extracto de la misiva que llevaba NI. “Braulio, amor
mío, vuelve... Yo te quiero. Eres la persona más importante de mi vida. En
tantos años pasados; quemaría todo lo escrito y retrocedería a las vigilias que
me llevaron al borde del suicidio (a pesar de haber nacido en el seno, de una
añoranza de perpetua tristeza, de tú extraña dependencia, siempre me rondó la
misma pregunta: ¿se sentiría cómodo siendo feliz?). Posiblemente, ya no era
necesario. No obstante, Nekane dijo: ya no lo aguanto más. Esta angustia me está
matando. De verdad, Braulio. Es otra de tus crisis habituales o ¿Tienes pensado volver? Porque te necesito más que nunca de vuelta. ¡Braulio, amor mío! Por fin,
te encontré para siempre.
FIN
Dedicado
a Harlan Ellison mayo 1934/junio 2018 In memoriam
Fotogramas adjuntados
Mystery
in Mexico (1948) by Robert Wise
The
Night Of The Following Day (1973) by Hubert Cornfield
Aquel
instante me pareció el más importante de mi vida en mucho tiempo. Aún, tengo la
sensación que, en otro lugar, el sentimiento se hubiera vuelto inexplicable.
Pero no dejo de pensar, lo ocurrido ese día. No encuentro palabras para
descifrar, mis sueños o la ausencia de lógica en mi comportamiento diario con
ese jodido dolor. De repente, la melancolía se apodera de todo mi tronco
esquelético. Hay furia y tristeza. La más exultante impotencia que uno pudiera
imaginar. La desolación de un hombre excluido. No sé dónde ubicar todos estos efectos.
Y de nuevo, volvió aquel intrigante pensamiento: amar o abominar la crueldad de
los pinchazos en el tórax.
Las
quemazones y las descargas eléctricas. En un segundo, recordé algo, esencial.
Si mi mente está dividida en múltiples compartimentos: ¿en cuál de ellos
encontraría la auténtica esencia de los humanos perfectos? Empero, si la mente
fuera un solo ente, sin estructurar, las diferentes partes del cerebro;
evidenciarían que no estarían enteradas —específicamente— de las funciones
concretas. Yo lo sé, porque me lo dijeron hace mucho tiempo en la facultad.
Pero como explicarle al otro yo; en el oeste de mi cerebro. A lo mejor, la
solución, estaría en la frescura de cualquier alumno de primero de medicina.
Tan simple, como creer en la etimología de la enfermedad, la cual, lleva
expresa tan grosera falacia.
Al
final, el dolor te consume, como la ceniza de un cenicero en un bingo. Al igual
que la desesperación de no poder comunicarte con el de enfrente. Angustiosa y
patética experiencia.Soy incapaz de
explicar este sentimiento, pero recuerdo aquel instante, ese momento, en el que
fuimos felices. Simplemente, sentados, uno al lado del otro. A pesar de la
distancia geográfica y la casuística del lenguaje. Al final aprendimos a
escuchar, a traducir, a observarnos y descubrir entre minucias de acertijos.
Fue duro y desolador. Cuando, finalmente, asumimos el inexplicable secreto de
la sordera del dolor. El dolor de los cuerpos extraños y su perpetua soledad.
Dedicado
a Philip Roth marzo1933/mayo 2018 In Memoriam
Hace
ya seis años, que me enrollé la manta al cuello y con la ayuda de la mejor
persona del mundo, puse en marcha el Inquietante Bypass. Sepan que no soy muy
de celebraciones, ni de escritura personal, ni de la autoayuda, batallitas de
chaveas, y por supuesto, mi horrenda empatía social —in person—, que sólo he
superado con psicoestimulantes, a lo largo de mi primer cuarto de siglo. Sin
embargo, conseguí que mi vida fuera como yo quería: nada de deberle favores a
nadie, ni compromisos fraternales. Puedo decir que he hecho lo que me ha salido
de los huevos. Eso, sí. Sin dejar de lado mis obligaciones contractuales. Nunca
he nombrado a mi familia porque no la tengo. A ver, si la tengo… ¡Demonios!
¿Quién no tiene familia, en este mundo? Aunque, haya sido tu esclavista o
maltratador de turno. Una pena, pero claro ese estamento no se elige, se
impone. De ahí, mi amor inconmensurable por el gran, Dickens. Me considero un
engañado, a todos los efectos. Desde el salto de la placenta de mamá, hasta el
lomo de la rana de S. Antonio. Pasando por el fórceps de un obstetra con Celtas
emboquillado, pegado a sus amarillos labios, y bigotito falangista, en 1966.
Hasta una reanimación cardiaca, debajo de un enrobinado grifo, que chorreaba
gélida agua. Afortunadamente, hay algo que me hace feliz, me ha dado mucha
felicidad y ha sido mi mejor compañía; el sexo, el dinero y las drogas. El
dinero está ahí, no muy lejos. Si trabajas duro, tendrás tu recompensa. Yo he
ganado dinero, como me lo he pulido. Una Minipipmer sin tope de voltaje. Y eso,
no ha sido nada, comparado con el subterfugio de los jodidos daños colaterales.
No. Sres. No conté con ello y de allí, mis malditas penurias. Nunca creí lo que
me pasó hace ocho años y menos aún, como me puede estar pasando a mí. ¡Joder! Todavía,
sigo sin creérmelo… La putada es que no puedo, ganar dinero como antes. No
puedo entrar al campo de juego. He de resignarme, a la realidad, y ese escenario, donde lo vital es apestosamente terrorífico. Sólo quieres desaparecer. A ver, que no me vean en estas últimas letras,
escorzos de lloriqueo o moquear. No me quejo, no me gusta el postureo de la
lamentación. ¡Cojones! Ahora no puedo ganarme la vida con mis manos. Ya, que sí, que lo sé. Lo entiendo. Síí, medio mundo se muere de hambre para que los acomodados
europeos occidentales den la murga. Como estoy de aniversario, se joden y la
aguantan. Me crie en un barrio, donde la gente madrugaba mucho para ir a
trabajar y las madres hacían cola en el Mercado Central para traer un poco de
morralla a la cocina. Un lugar, donde existía un respeto hacía, la edad. Los
gerontes tenían galones y sabían de la vida; se les admiraba. En la calle, los
colegas estaban a medio camino entre el mundo quinqui, la heroína, la cárcel y
la movida: Una estafa de Tierno Galván, pero era tan cool que comparado, con la
acera de enfrente, pues hasta tenía su puntito. En el fondo, un hombre sabio, viejo y muy tierno. Dentro
de ese colectivo, de ancianos mayores, estaban los que habían tenido sus
problemillas con la ley. Es decir, entre ladrones, los códigos existen. Y al abuelo
más gamberro, se le respetaba. Bueno, iba a Roma, con su pliego al Papá. Yo era
un estudiante modélico de unas notas magníficas, hasta que dejé de serlo. Tenía
mucha suerte, con lo del estudio, pues no estudiaba nada y me acordaba de todas
las frases, los versos, las formulas matemáticas y las figuras literarias. En esos escasos segundos que, había leído el libro de turno, me colgaba otro notazo en el examen. Hasta que
la memoria se empieza a marchar. Se escapa como el confeti de una noche de fin
de año. El otro día mirando mi colección de cajas vintage de los mejores
Maltas, me di cuenta que la de Bowmore, tenía unas anotaciones, donde se leía
títulos universitarios e idiomas. La abrí y me quedé exhausto. No me lo podía
creer, tendría que pasarme un día entero para introducirlos en una base de
datos.Mi casa está llena de libros,
casi todos comprados en librerías de lance, rastros u ofertas de saldos. Siempre
pensé que con una licenciatura, o dos, la gente te abriría una puerta y te
miraría mejor, esgrimiendo debajo del brazo un título firmado por el gangoso matadumbos Borbón.
Yo
crecí en un tiempo y un barrio, donde las familias eran tan pobres que le
decían al vecino; mi hijo es abogado, eh! Claro, que tiene su lógica. Aquellas
personas nunca pudieron leer ni un solo libro. En el fondo, es una gran estafa,
lo del título de matadumbos. Todavía recuerdo el día que llegué a la universidad
—uno estaba encantado— menuda breva. Trajeado como Patrick Bateman. Olía a
Ferragamo y pisaba con fuerza mis Clarks. Un 127 Fura, en la puerta y un montón
de nenas “Ñan”, que me miraban. No había muchos tíos de 25, todavía quedaba un
mes para los 26. Ah!, aquel aspecto aniñado y guapín que daba propinas al
camarero del bar de la facultad y pagaba las copas de criaturas que, llevaban
la mochila del Corte Inglés pagada, con los Valecortys, de sus viejos. Era el
puto amo. Y batí un record. Menuda máquina: trabajando y estudiando 5 años
seguidos: me licencié, con tesina y una tesis doctoral que no quise leer,
porque la quemé, tras una noche de farra hasta el amanecer. La quemé en un
descampado con una botella de Jameson en la mano. Borracho como una cuba, reía
y reía delante del fuego. ¡A la mierda! La cuestión es que no paraba, también
compaginé un Máster de dirección de cine, guion y producción, que por cierto lo
organizaba gente del ESCAC y una universidad palmera que pone la mano. No
recuerdo bien, el nombre, hay tantas, como setas. Sí, esos bolos que se montan
algunos de los que tan efusivamente, y a día de hoy, pintan canas por las redes
sociales con sus retoños.Como Amancios, en
su cumpleaños. ¡Qué tal chico, cómo estás...! Y se exhiben, Ahora, cuando, lo
ven a uno, dócil y viejo. Desconchado, por las cicatrices de los quirófanos y
convertido en un ser sin vida por el dolor. Todo el mundo siente pena y esa
lastima por el descalabro. ¡Grande Wilder, a patadas por las escaleras! ¡Qué
lejos quedan las promesas envueltas en oro y lentejuelas! A ver, un segundo,
que tengo que tomarme una cápsula de morfina y un zumo. Sigamos, ¿por dónde
iba? ¡Ah, sí, ya recuerdo! Un par de años antes de entrar en la facultad,
comenzó mi primer gran intriga por el cine. Sí, aquello fue un escándalo, de
cojones. Al lado de la pija, más guay del sagrado corazón púrpura redentor, no
soy muy devoto. Será porque pude elegir entre ética y religión. Poca
diferencia, la maldad las separa seis grados, en el limbo. Ahí, comencé otra
estafa relacionada con el cine, donde aparecían gentecillas de la divina
cultura de esta villa fallera. Desde gente que ganó un Goya, pidiéndome una
correa, pues se le caían los pantalones. Ahora, el cabrón agarrado como un chinche; no se pintaba una línea de la papelina que llevaba en el bolsillo.
Cosas de aristócratas antisistema. Estaba fuera de órbita. Desde que tuve que
aguantar una noche, a ese hijo de la gran puta borrachín, de Córdoba. En el
rodaje de un cortometraje, me ponen de nani de guardería en el café de la
Infanta. Menudo elemento. Por cierto, con la ley actual ¿Se le podría aplicar
los cargos de acoso y violencia de género? ¿O lo acosar, a un tío no es acoso?
Creo que los The Goya Corporation, me señalaron de por vida. Ahora, la vida da
muchas vueltas y entré en un bombo de la champions league. Donde, yo terminé
metiéndole el mejor gol, de mi vida, a todos estos niñatos de Papuchi y
Mamuchi. Como lo de escribir, no se me daba mal. Alguien, a quien le tengo un gran respeto dijo; lo haces un rato bien, criatura. Hay gente que te mira con buenos
ojos. Ahora, es el presidente de mi club de fans del IBP. No todo va a ser hulla de Ponferrada. Habrá gente que les joda escucharlo
y otros se la sudará. Luego, están los que lo dicen todo con la boca pequeña y
los ojos ensangrentados. Lo siento, pero no tengo la culpa de escribir y follar
como los ángeles de la Capilla Sixtina. Los ángeles follan, y no es mentira,
hasta Versace lo dijo, antes de ser asesinado.
La
cuestión es que escribí un guion. Aquel guion era para un formato televisivo de
concurso. Tuve una idea cojonuda y la cosa, como el que no quiere, fue un
pelotazo. El episodio piloto hizo un gran share. Algo que yo detestaba. La cuestión;
es que la productora —que gestionaba el programa— no quería que yo tuviera la
autoría y el copyright de aquel sarao. Y dije: Puta madre! Nos fuimos a pleito.
Como me la traía floja aquel mundo, de chilicuatres, del postureo
digital. Accedí a negociar en una habitación, una suculenta compensación
económica. Así como la entrega de todos los derechos de autor. Se lo quedaron y
felices con unas perdices los perdí de vista. Querían darme la mano o besarme
el culo… Yo solo quería marcharme lejos… Ese guion es la idea original de un
programa que —a día de hoy— se emite en más de 50 países. No me quejo, eso sí.
Mi picapleitos que es una de las personas, a las que más quiero, junto con mi
asesor fiscal. Me dijo que estaba loco de atar. ¿Por qué vender algo que lleva
20 años siendo la gran mazorca de la TVs? Te lo dicho mil veces, Isidro:—No me
gustaba, esa mierda. Yo quería hacer cine. Irme lejos de este puto país, cuando
se muere mi madre. ¿Inoportuna? Puede. La vida y fatalidad, separadas por un
instante muy efímero. Una tragedia más, que metes en tu mochila, y se carga con
ella. Fue un época convulsa y compleja. El dinero se consumía. De repente, cogí
el teléfono. Al otro lado, del hilo telefónico, el depredador de Isidro. Él
sabía lo de mi madre y con lo que ganó de la comisión del affaire del guion.
Nunca ha dejado de llamarme y preguntar por mi vida. No obstante, Isidro, me
llamaba para decirme algo muy jugoso:— ¿Oye, Jon, si no quieres ser guionista famoso,
podrías trabajar como escritor negro…?—Ah, pues, tío. Tiene buena pinta. Va a ser que sí. Me
consiguió un contacto con una agencia que necesitaba un escritor con estilo y
oficio, para ser Ghostwriter. Así, hasta llegar a la edad, de todas mis
desgracias, 43 años. La edad de mi eterno amigo Tony Soprano. No lo puedo
evitar, pero lo echo mucho de menos. ¿Ven por qué sigo mustio y muy jodido?
Lógico.¿No creen que podría estar ganando un pastuki? Luego, está lo de esta
chica, rubia, que manda en Madrid y al parecer quiso hacer un Máster, como el
sujeto, Blasito. A ver, se acuerdan de la botella de Malta de Bowmore, claro
que sí, con lo bueno que está. Da la casualidad, que como no había tenido bastante
con la arqueología, la prehistoria, el cine, los putos guiones y el mundo
negro. También hice un Máster de Periodismo y estaba en la cadena de los curas
de becario. Tenía muchos tacos y la gente me llamaba el becario científico, por
lo de los espolones. Los chavalitos pagaban un pastón como la Cifuentes
(perdón, ella no) para hacerlo y poder hacer prácticas gratis. ¡Hay que joderse!
Venga, ya! Investiguen las universidades que son cómplices de esta mierda. Les
gusta el dinero, tanto como a servidor. En ese Máster conocí a Blasito, que sin
tener la licenciatura de Periodismo, acabó siendo un tipo muy importante en la
consejería de cultura de fallerolandya.
No
digo, sus apellidos y demás, porque esto lo tendría que hacer los de la prensa
levantina. No confundir con los cachas. Y ya saben, que el dinero, es esencial
para mí. Luego, no tengo ganas de joderle la vida a ese cabrón, al cual le hice
hasta el trabajo de fin de Máster y tropecientas mil asignaturas. Bueno,
dejémonos del puto Blasito y vean cómo se las gastaban, en la capilla del micro de los
curas. Llego allí y me dan un plumero y una caja de folios. ¡A la
fotocopiadora, campeón y nos traes dos aguas con gas! Pasaban los minutos y a
las dos horas, aparece una chica con cara de angustiada. Me dice:—Oye, chico,
que te llaman del estudio central. Allí, que voy yo. Mi voz, al igual que mi
entrepierna; suena muy viril y sexy. La cosa como el que no quiere, se mascaba en el ambiente, apuntaba mal pálpito. Aquel
corral tenía un gallo grande y viejo, al que mi intervención —“in live”— lo
hizo polvo cuando entré en antena. Y se las ingenio, para decirles a los de la
dirección del máster; que no era la persona indicada para trabajar en radio. Yo
antes de marcharme le espeté: ¡Ud. es un envidioso! Lo lleva en la cara.
“Arrieros somos, y en el camino, nos encontraremos.” Me marché muy enfadado,
enfadadísimo. Supe con los años que, al payo, le dio un infarto, como el que me
dio a mí, de los masivos. Realmente, muy jodidos y letales. Empero, él se murió.
Lo siento, yo no le deseaba la muerte. Ni se la deseo a nadie. Sólo un par de
hostias públicas o unas disculpas… Ahora hay un Máster de radio con su nombre y
una placa. Los niños y las niñas bien que estudian periodismo en la privada
pagan por hacer prácticas en la silla del rey de la radio fallera. Como diría
mi amado Hubert SelbyJr. He tenido una vida realmente, muy literaria. En 2002,
Selby entregó a la imprenta su último trabajo, porque ya no tenía vida pública.
Atado a un tubo de oxígeno, había dejado de dar clase y padecía una terrible
depresión. El bueno de Selby murió en abril de 2004 por la jodida necrosis
pulmonar crónica, que soportaba, desde sus tiempos mozos en la marina.
Curiosamente, Hubert rechazó la morfina durante sus últimos días de hálito.¿Entienden porque me gustaría escribir como Hubert Selby Jr? No hay escritores
como él, ni los hacen ni se fabrican. Es muy difícil ver algo tan sui generis,
como aquel genio. Recordaré aquella reseña que escribió para L.A. Weekly: “Lo
extraño, en realidad, es que todavía estoy vivo, y que periódicamente puedo
publicar un libro. Creo que tiene que ver con aquella sentencia de muerte que
me dio el médico cuando era joven. Que se vaya a la mierda, pensé entonces.
Nadie me dice lo que tengo que hacer”. Durante estos 6 años, el IBP, en
realidad se le debe al coraje de una mujer extraordinaria, que me empuja a
ponerme delante del ordenador. Aunque, sea en una silla de ruedas. —Escribe,
Jon. —No cielo, yo no soy escritor. Para ser escritor se necesita el arte de la
disciplina y la técnica. Y yo nunca he sido disciplinado, aunque tenga mucha
técnica. Está claro que soy una causa perdida. No tengo miedo a la muerte, sólo
a no verte nunca más. Eso si que me da auténtico miedo. Aquí me he sentido libre y escribo cuando puedo, sin
presión. Escribo de lo que quiero, siempre con el cine por delante. El dinero,
nos da la libertad, para elegir ser muchas cosas. Lo peor, es tenerlo y no tener
salud. Es obvio, cuando no tienes un céntimo no haces la declaración de la renta.
Por cierto, no le den un like, al post. Pues, me importa un pimiento, Mr. Like. Y todos sus negocios de venta de datos; cuando cagamos, follamos, nos cepillamos los dientes o nos vamos de vacaciones.¡Qué le den a Mr.Pulgar! Empero, si les ha gustado mucho, tendré que seguir escribiendo hasta que me
encuentre en un bar muy canalla con el karma de Selby Jr. Palabra de cardiopata.
Dedicado a Steven
Bochco diciembre 1943/abril 2018 In Memoriam Fotogramas adjuntados
Hubert
Selby Jr: It/ll Be Better Tomorrow (2005) by Michael W. Dean& Kenneth
Shiffrin
The
Big White (2005) by Mark Mylod
Man
of a Thousand Faces (1957) by Joseph Pevney
I
love You Phillip Morris (2009) by Glenn Ficarra& John Requa
Amul Kappor es un
chaval de 10 años que sobrevive en Dharavi, el barrio más grande y pobre del
Indostán. Cerca 175.000 hectáreas de tierras pantanosas viscosas y pegadizas,
pises por donde pises. A unos cuantos kilómetros, de las zonas turísticas de la
ciudad, dirección norte se atisba el paraje. Un caos de desagües abiertos,
chozas con techos de estaño y callejuelas con forma de flaquísimos pasadizos
zigzagueantes. En uno de esos chavolos viven lo que queda de la familia Kapoor.
Falak, el padre, un hombre de 39 años, con aspecto de cincuentón y típico
mostacho con una mirada en la nada. Sus hermosos ojos negros brillan de
sufrimiento e impotencia. Todos los días, comienza el mismo ritual —al lado de su
hijo— en ese mar de basura y suciedad. Dos más, de ese millón de personas, que
trabajan como esclavos para sobrevivir. Pues, no saben ni conocen, eso del
placer de los occidentales humanos: disfrutar el día en la tierra. Aquí la vida es así. En
el barrio, de los llamados Slumdong (perros rabiosos)—apodo, quedetestan— pero que terminan aceptando, en un
nuevo arrebato de resignación impuesta por el feroz capitalismo que se respira
en la megapolis de Mumbai. La metrópoli de Dharavi es el destino de los últimos
desahuciados de verdad del planeta y no esos pobrecitos enojados occidentales
con cámaras digitales y truños de Mediaset. Hoy es un día de julio, infernal,
la temperatura marca más de 45 grados. Esta semana se convertirá en la
auténtica fragua de vulcano. A ello, le sumamos, la maldita humedad y el fango
que envuelve a Falak y el pequeño Amul. Unas caras que parecen de cartón piedra
espolvoreada de ceniza hasta la cejas. Pasa el día hasta que el sol se marcha.
Los días son calcados hasta llegar al chamizo y poder beber algo de agua que
supura del colector principal de la ciudad. Un lugar tan extraño, surrealista y
trastornado como los miles de intocables musulmanes, tamiles, bengalíes y toda
la jarcia de representantes de la India pluricultural que desde la esplendorosa
Mumbay, en los parqués de los barrios, chic juegan al Cricket y ríen en 4K.
Hasta el espítico Danny Boyle hizo su gran película que lo beatificó a los
altares del séptimo arte. ¡Qué más da, si todo sigue igual después de su paso,
por aquel dantesco lugar! Dharavi es una puta ratonera, donde los humanos
pelean contra los roedores por un chusco de pan; que llevarse al estómago. Una zona
donde la pobreza es patética y la climatología malvada. Inundaciones que cuando
llegan les dejan sin ningún harapo. Aquella fértil marisma de finales del
S.XIX —hoy un mar de lodo y miseria, tras consecutivos cataclismos medioambientales— lo
habitaban pescadores Koli, los cuales, terminaron abandonando lo que en un
tiempo fue un lugar lleno de vida fluvial. Ahora es la tierra de todos esos
parias que sueñan con ser protagonistas del utópico Bollywood Made in India.
Películas que ven —Falak y Amul— en el móvil, descargadas destrangis, soñando
con ese día, en el que Amul se convierta en un bello galán bailarín. Empero,
últimamente, el trabajo cuesta sacarlo adelante. Además, esta metrópolis de la
cochambre funciona sin dinero (verdad a medias, gran mentira) pero también sabe
cómo manejarlo. Y evidentemente, un buen fajo de billetes puede ser la
salvación para salir de ese atolladero. Su padre está muerto de cansancio y
hambre. No puede alimentar a su pequeño, Amul. De lo poco que tenemos hay,
apenas para uno. Fuera de mi ventana, oigo que la puerta del cubil se abre y se
cierra por la noche. Su cabeza cabila, no deja de pensar lo mal que lo paso
ayer, cuando Amul casi se ahogó en el río. Él, no está fuerte porque no come.
Todo lo que tiene son unos putos garbanzos podridos y una bolsa con cuatro
lentejas. Su estómago está hinchado. Falak se haya en un estado de
desesperación inquietante. No por ello deja de observar el Hotel Kuthoop, que
es un chamizo con somieres de cuerdas rotas. Donde se acercan a media noche,
unas mujeres muy elegantes y con maletines de colores. Su curiosidad, le lleva
a preguntar a un amigo del barrio (el dueño del locutorio Balum): ¿Quiénes son
las chicas que pululan por el Kuthoop?—No lo sé, Falak. Aquí ya sabes que todos
nos dedicamos a la misma mierda; el plástico. No obstante, habla con el
recepcionista, a ver por dónde te sale… Falak se presenta en la puerta del
hotel y le entra directamente al supuesto recepcionista, que lee en su móvil y
se refresca con un viejo y destartalado ventilador.—Oye, sabes quienes son esas
mujeres tan guapas. —Yo, no lo sé. Pagan y adelante. Falak hace una mueca, como
si fuera de farol en el póker… Pone un billete de 20 rupias en el mostrador y
el tipo sonríe —De verdad, qué no te suenan de nada?—Hace mucho calor y uno
esta despistado. Falak deja otro billete de 10 rupias.—Yo creo que hace mejor
temperatura aquí el mostrador que en la calle—Sí, amigo. La verdad que esto
chorrito de aire hace que uno respire mejor… (Sonríe con cara de avaricioso)
Falak, insiste.—¿Quiénes son esas chicas tan majas?—enfermeras.—¿Enfermeras?
Qué curioso ver
enfermeras por este noble barrio —El recepcionista esboza una carcajada— Sí, si.
Amigo. Este es un lugar con clase. ¿Y qué hacen a estas horas?—No tengo ni
idea, pero te puedo dar un número de teléfono y llamas, a ver que te dicen...
Es algo muy interesante pero tienes que hablar con el que está detrás de ese
móvil. Falak ciñe el rostro y resopla—Pregunto por alguien. —No hace falta,
pero como has sido una persona muy atenta, puedes decirle, que vas de parte de
Babar. Falak, se lleva el papel, donde le ha apuntado el número de teléfono y
se marcha. Babar le espeta:—Buenas noches, amigo. Falak levanta el brazo con
desgana mientras su espectro sombrío se pierde por los pasadizos del sitio. De
vuelta a su cubil. Cuando llega al chabolo se queda observando a su hijo y mira
el número que le apuntado el recepcionista. La noche ha sido soporífera y el
alba está a 32 grados. Comienza la rutina de un nuevo día en la jungla de
plástico de Dharavi. A recoger todos los envases de polivinilo que se
encuentren y trabajar en el batán del jabón. Amul sigue medio hipóxico y deshidratado.
Su padre le da de beber de una botella rellenada de los colectores. Y le echa
un poco por la frente y la nuca. Falak es un hombre desesperado. Hasta que
decide retirarse de la jabonera y cambiar el plástico por un poco de arroz,
unas naranjas y algo de pan. Tiene que sacar fuerzas y arrestos de dónde sea.
Amul, es su única razón de vivir. Finalmente, la naranja y el pan parecen subir
el azúcar a los órganos vitales de su hijo. Incluso sonreír.—Estás mejor
hijo?—Sí, padre. Me encuentro mejor. —Bien, quédate aquí descansando que yo
vendré en una hora.—Pero, padre, ya puedo ir con Ud. y trabajar.—No, Amul, hoy
descansaremos los dos.—Cómo Ud. diga padre. Falak se marcha, al locutorio,
donde está su amigo, Balun. Éste, le comenta, que tal le fue en el hotel y
Falak, le cuenta lo que le dijo el recepcionista; Babar. Balun—No sé, Falak,
pero a mí me da que la gente está vendiendo riñones—¿Riñones? —Sí, amigo. Riñones.
Una prima mía que trabajaba en el Cairo, la tenían esclavizada y la única forma
de salir de allí era dando un riñón. Así consiguió el pasaporte y 200 dólares,
volvió a Mumbai y trabaja de camarera en el Sheraton. Eso, sí. Ha envejecido
mucho y toma un montón de medicamentos…—Entonces, está claro que las enfermeras
llevaban en esas maletas riñones… ¿No?—Riñones u ojos, incluso un hígado. Somos
material reciclable como este terrorífico sitio, donde vivimos. Falak mira al
cielo y le dice a Balun. Mira, amigo, no sé cómo va a salir esto. Pero si a mí,
me pasa algo, encárgate de que Amul pueda salir de este lodazal. Balun pone una
cara muy tensa y asustada (demasiado teatral)—Falak, piénsate bien lo que vayas
a hacer. Ya lo hemos hablado todo. Falak llama al número de teléfono desde un
chamizo donde canjean llamadas por plástico o jabón. Le dan un viejo Nokia de
2001 color rojo, a manchurrones y llama—Diga…—Llamaba para hablar con
alguien—Muy bien. ¿Quién te ha dado este número?—Babar el
recepcionista.—Perfecto. Tienes que venir al hostal pero por la hilera trasera
del sitio. A las 20,00h. Falak vuelve a su pequeño antro a ver a su hijo. Allí
está viendo una película en un pequeño televisor reciclado de la basura de una
superestrella de Bollywood. Está fascinado con ella. Amul, ¿Cómo estamos? —Baja
el volumen y rápidamente, contesta—Muy bien, padre. Ya estoy mejor. Con ganas
de trabajar y hacer lo que Ud. Me diga. Bien, hijo. Mira, yo esta tarde/noche
he de hacer unas cosas. Tú quédate aquí. Y no te preocupes por nada. Cuando
tengas sueño, te acuestas. Falak le da un fuerte abrazo y un beso.
20,00h En el pasadizo de la puerta trasera
del Hotel Kuthoop
Falak apretaba las
manos, se las frotaba y se las pasaba por la cara. Todo era un puro ejercicio
de nerviosismo, mientras esperaba al hombre del teléfono. De repente, apareció
un chaval, no mucho mayor que su hijo y le pregunto:—Es Ud. Falak?—Sorprendido
y extrañado por el desparpajo del chaval. Nuestro atemorizado Falak hizo un
movimiento de cabeza afirmativo. El chaval le invitó a que le siguiera. Aquella
criatura se desenvolvía con la rapidez de un joven galgo y sorteaba los
obstáculos. Vamos! Rápido Sr. ya queda menos. Falak entre el sobresalto y la
ansiedad de una noche más agradable, en aquel basurero de los pasadizos de
Darhavi, invitaba a inhalar los más pestilentes efluvios del maldito infierno. Llegando
a uno de los ensanches del final del mastodóntico barrio, se acercaban a una
zona donde la tierra se mostraba más firme y la noche se tornaba más oscura.
Falak, le preguntó
al chaval,—Cómo te llamas? No le contestó. Sólo le dijo, Adiós! Sr. Y a los
tres minutos aparece un monovolumen SsangYong muy nuevo. Se abre la puerta
corredera, dando el golpe del torno picaporte. La puerta de al lado del
conductor también y baja un tipo de rasgos chinos. Le invita a que suba al
vehículo. Falak se dirige al vehículo y entra. Allí está sentado, un individuo
calvo con aspecto arábico. Le saluda, dándole las buenas noches. —Hola, Sr.
Falak. Yo soy el hombre del teléfono. Siento mucho el trayecto que ha hecho
hasta llegar a mí, pero como bien sabrá… Nosotros no podemos entrar con el
monovolumen hasta la puerta del hotel. Falak observa que al lado del personaje
hay una mujer muy atractiva con rasgos occidentales. Detrás un joven hombre con
semblante egipcio y dos bellas mujeres hindús. Piensa, y se dice a sí mismo,
son las enfermeras de las que hablé con Babar. Ahí, sentadas muy elegantes y
discretas en la densa oscuridad del confort del cuero baccara de los
asientos.—Bien, ¿qué quiere Ud? Sr. Falak. —Falak Kapoor. Deduzco que parece un
hombre sensato e intuitivo. Falak, le espeta: buenas noches, Sr…—Dejémoslo en
el Sr. Alfa. Pues, sí. Creo que Uds. necesitan algo que yo tengo y Uds tienen
algo que necesito.—Sonríe el trajeado con gesto de Emir. Sí. Así, es.—Miren yo
necesito dinero, ya. Quiero marcharme de este lugar y que mi hijo pueda tener
un futuro en la city de Mumbai.—¿Cuantos años tiene su hijo?—Molesto, Falak. Le
dice: 10.—Evidentemente, mucho por recorrer y ver. Respiro hondo el Sr. Alpha y
le propuso lo siguiente. Yo compro órganos—especialmente— riñones. Ya que todo
ser humano con buena salud tiene dos. Con un riñón se puede vivir y otra
persona puede también estar en este mundo. Falak con la mirada fija, en los
ojos del arábico.— ¿Cuanto vale un riñón para Ud? Yo no sé lo que vale un
riñón! —Tornó un gesto de enfado. Yo sí que le puedo decir que a la gente, la
cual, represento: lo que pagan por un riñón sano. Es decir, a cualquier persona
de este país.—¿Cuánto? Algo cínico. 200.000 rupias. —Cerró los ojos y le vino
la imagen de su hijo.—Sí. Adelante. Bien, aquí tienes las condiciones del
contrato y tus obligaciones.—¿Obligaciones…?—Sí, una pequeña analítica para ver
que estás bien y el test de compatibilidad inmunitaria. Una vez salgas del
quirófano pasarás 5 días en la cama y después, si te encuentras bien te
marcharás, con 200.000 rupias, Eso es todo.—¿Tienes alguna pregunta?—¿Son
buenos cirujanos quienes harán esta intervención?—Por supuesto, trabajamos con
los mejores medios humanos y técnicos. Ya verás la clínica y lo dicho, todo
será muy rápido. Ahora, ponte cómodo en el auto y nos vemos en el chequeo. Una
de las hermosas enfermeras le dio una pastilla y Falak cayó en un profundo
sueño. Cuando despertó estaba en una habitación, tumbado en una cama enrobinada
y con unas esposas cogidas a su brazo derecho del cabecero. Vino una enfermera
de aspecto occidental y le dio otra pastilla.
Una semana más tarde en Darhavi
El día levanta a la
plásticopolis de la bulliciosa Mumbai. De nuevo el tórrido calor. Ni una brizna
de aire que sople, para aliviar el rancio olor de los cuerpos sudorosos. Amur
se levanta. Come algo de avena, un par de almendras y poco de leche agria.
Antes de volver al tajo, mira en su teléfono la fotografía de su padre y besa
el gif. Caminando primero a la jabonería y luego a por plástico para hacer
utensilios que vender a los turistas. Está triste, porque su padre era todo lo
que tenía. Su madre y sus dos hermanas murieron en los raíles del tren después
del trágico accidente en 2007. De fondo se ven los nuevos rascacielos del
capitalismo pujante de una de las metrópolis más importantes del mundo. La
verdad que en este lugar hay algo de vieja película. Ese momento, de destino
perdido en un país de salvajes contrastes donde la civilización no es más; que
una caricia sobre arraigadas costumbres ancestrales. De algún modo, los zigzagueantes
pasadizos es el corazón del hogar de Amul Kapool. Cuando al salir de la
jabonería con una saca de trozos de sebillos reciclados. Le llama un hombre.
¿Amul? Eres el hijo de Falak Kapoor.—Sí, lo soy. ¿Sabes quién soy?—Ahora que lo
recuerdo es Ud. Balun el dueño del locutorio del barrio.—Ese mismo, hijo. Mira
Amul, tengo que decirte que tu padre está muy bien.—De verdad. ¿Dónde está?—No
muy lejos. Pronto tendrás noticias de él—Sí. —Además, serán de su propia voz.
Yo sólo quería darte una cosa que él me mandó al locutorio. Saca un sobre del
pantalón salwar y se lo entrega.—Toma hijo, esto es para ti.—Gracias. Amul, se
lo guarda en el interior de su bajo vientre. —Bueno, ya nos vemos con tu padre.
Y hablaremos de cine y esos planes.
Me ha dicho, que
eres un gran entendido (sonríe con una mueca hipócrita). Amul, gira la cara y
alforza el cejo —Si necesitas, cualquier cosa… Bien, ya sabes dónde
estoy.—Muchas gracias, Sr. Balun. Adiós, y suerte. Amul vuelve al chavolo. La
jornada ha sido muy dura y después del encuentro con el personaje Balun; está
alterado y angustiado. El hecho de pensar que su padre está vivo y
que —supuestamente— se reunirá con él; crea un gran estado de excitación. Se
sienta en el catre y saca el sobre que le ha entregado, el funesto Sr. Balun.
Lo abre y se encuentra con 10.000 rupias. Rápidamente, coge los billetes y los
esconde en un bote de plástico de paracetamol vacío. Amul tiene para cenar un
poco de pollo seco y una pizca de arroz con medio vaso de zumo caducado, que ha
conseguido a lo largo de la semana, en el trapicheo del barrio. Sin embargo no
tiene mucha hambre. Se acuesta y vuelve a encender su escacharrado móvil; mira
la foto de su padre y no puede evitar llorar. Pasa el tiempo y la ligera brisa
que sopla estas últimas noches, apacigua un poco el bochorno irrespirable e
invitan al descanso. Amanece un nuevo día en Daharavi.Todo vuelve a ser como el montaje de una
película de Fincher. La monotonía del movimiento: el aseo, en uno de los
callejones, sigue la mecánica del desayuno. Igual que ayer, anteayer y antes de
ese anteayer. Los días son idénticos en la fragua de plasticolandya de los
parias de Mumbai. Amul vuelve a hacer su recorrido. Ahora se acerca para
esperar la llegada de los turistas y vender algo de artesanía reciclada del
polivinilo que recoge en el hiperbasurero. Vuelve a la jabonería y echa unas
cuantas horas en el batán. Cuando va a recoger su ración de trozos de jabón,
escucha un gran bullicio de gente. Hay muchos policías en medio de uno de los
recovecos del barrio. No puede ver lo que ocurre. Hay demasiada gente amontonada
viendo el suceso. Al final se escurre entre las piernas del personal y descubre
un cadáver con una sábana entreabierta. Observa que tiene una gran cicatriz en
el pecho y otras dos laterales. No tiene ojos y está completamente rígido. En
su cara se observa un bigote muy característico. Entre la multitud, hay dos
personajes, conocidos para Amur. Uno es Balun, con el que estuvo hablando ayer
y le lisonjeaba con todos sus sueños. El mismo que el entregó las 10.000
rupias. Al lado de él estaba, Babar, el siniestro recepcionista del hotel
Kuthoopp. Sigue observándolos y se da cuenta que ellos se dirigen juntos, a uno
de los ondulados callejones del barrio. Amur está escondido entre los montones
de basura del chiringuito de comida ambulante y escucha. Bueno, Balun, Falak
está en el otro mundo.—Con cierta dosis de descaro. Éste le responde;— la vida,
es dura amigo. Aquí tienes tu parte… ¿Quieres contarlo?—No está de menos. —sesenta,
setenta, ochenta…, y noventa y cinco mil rupias. Es correcto. Amigo, Balun,
encantado de trabajar contigo.—Igualmente, Babar. Ve con Dios. Adiós! Amur se
queda completamente roto. Descolocado y cataléptico. Se siente el niño más
tonto de todo Daharavi. Intenta caminar hacía el chamizo. Le tiemblan las
piernas, cuando vuelve a ver a mucha gente en la puerta del chiringuito del
marroquinero. Tiene un TV, donde habla el presentador más importante de los
informativos y comenta lo siguiente: Hoy ha aparecido el cadáver de un hombre
en el vertedero del barrio de Daharvi. Al parecer, el hombre estaba muerto
desde hace 3 días. Le habían extirpado sus riñones, el páncreas, el hígado, el
corazón y sus ojos. La jefatura criminal de Mumbai ha detenido a toda una red
de mafiosos que estafaban a pobres hombres y mujeres honestas por cantidades de
dinero que nunca llegaban a cobrar. Alguos de ellos residían en el mismísimo
barrio. Tambien, se están llevando a cabo las tareas de identificación del
cadáver, por si alguien de Daharavi, pudiera dar alguna pista del fallecido. El
forense, sólo puede aseverar que era una hombre de aproximadamente unos 40
años. La investigación ha dado con la clínica Ganesh, en Bangalore, donde se
llevaban a cabo. El jefe del servicio de cirugía plástica; el Dr. Mehta. Era el
encargado de las operaciones de trasplantes junto a su equipo habitual de
trabajo. El entramado llegaba hasta Israel, Turquía y Egipto, donde la gran
demanda de gente potentada de Emiratos árabes eran sus clientes habituales.
Incluso entre la frontera de la India y China, había una ruta de aprovisionamiento
de órganos que vendían los campesinos que no tenía nada, con lo que sacar
adelante, a sus familias. Bien, y ahora, otras noticias. Es viernes y hablamos
del estreno de una de las grandes películas de este año “Toilet” Ek Prem Katha
(2017) con la superestrella de nuestro cine Akshay Kumar. Les dejamos con la
entrevista para nuestro canal Doordarshan TV. Amul Kapoor se marcha hacia su
chamizo, completamente destrozado y envuelto en lágrimas. Mañana sale el sol,
en el infierno de Daharavi. FIN
Dedicado a Jorge
Wagensberg diciembre 1948/marzo 2018 In Memoriam
Fotogramas adjuntados
Apajarito
(1956) by Satyajit Ray
Negocios
Ocultos (2002) by Stephen Frears
Mahanagar
(1963) by Satyajit Ray
Traficantes
de órganos humanos (2012) by John Gabito Angel