El alma Noir sabe a pulp, D. Goodis









Una vez me pregunté como escribía tan bien aquel entusiasta parapléjico con su “lettera 10”, portátil de color rojo. Ese tipo, era el tío de uno de los inolvidables amigos de mi querida EGB. Esos que te acompañan en tus últimas visiones de la vida o exhalos del final de nuestra escapada. A lo largo de su existencia escribió más de 500 novelas para la editorial Bruguera de bolsillo. Lo hacía bien y con estilo. Al final comprendí esa extrañeza del porqué aparentaba una felicidad imperecedera. Era un gran escritor como David Goodis, autores pulp: cultos, ilustrados y metódicos. Si hay Noir es porque la prosa Noir genera la génesis de todo conflicto; la cultura del crimen. David Goodis fue un autor poco conocido de novelas policiacas "de kiosco", como las del tío de mi amigo. Empero, sus historias y personajes atraparon a muchos incondicionales. Ahora 95 años después, la creme existencialista contra la que luchó Curro Jiménez; el último tío y actor de este destripado y saqueado país; Sancho Gracia. Reclaman su excelsa obra. Legado y misión con  redoble de tambores. En el fondo un ruido leve y espaciado. La gloria literaria es efímera en la tierra, más  que  si fueran gotas de lluvia en el capo de un viejo Ford. David Loeb Goodis nació en Filadelfia, allá por el año 1917. De familia judía, murió con apenas 49 tacos. Víctima del alcohol, la soledad, la tristeza y algún que otro brote esquizofrénico. Un año después de que yo alunizará por Azulandya. David era un enamorado de su ciudad, tanto como el odio que sentía por ella. Anduvo por la universidad de Indiana, pero se aburría de la rigidez del sistema y la tramoya que tenían organizada la troupe del rectorado. En 1938 la abandona. Con 21 años, escribe su primera novela y atisbamos a un tipo con recursos literarios adictivos. Leemos textualmente: "Permaneció allí, junto a la mesa, contemplando fragmentos de uña”.  Su pluma oscura y delicada como un Scheffer elástica y frágil nos descubre una escritura que olfatea el aire roído de la noche.















Buscando ese aroma fresco de las almas en vilo, las mismas que están a punto de ser liquidadas por otros o por su propia absurda existencia. No obstante, DG sigue siendo un desconocido. Inicia el proceso Don Draper; la publicidad. Pero en su ADN florecía la palabra escritor. Y ahí amigos… O  se nace o lo demás son terapias y entretenimientos webesféricos llamando a las puertas de Batavia. Había que comer y los bolos de las agencias de publicidad  mantenían el parcheado. Comenzó a escribir como un poseso todo tipo de novelas en los estilos más inimaginables; crimen, drama, enredos de amor, picantes, Sci-fi, Western y etc. Diariamente, llegó a redactar unas 10.000 palabras: una locura. Se habla que en 5 años y medio llegó a crear cerca de 5 millones de palabras para todo tipo de novelas pulp. En la década de los 40 estuvo trabajando para cadenas de radio, escribiendo guiones y probó suerte en editoriales con mayor prestigio. La empresa se presentó en balde. Pero su creatividad no bajó la guardia  hasta que el gran estudio Warner Broos se cruzó en su camino y se marchó a la colina de las vanidades, donde firmó un contrato de seis años. Tras su primer éxito de crítica con su novela “Dark Passage”, la cual,  se publicó en el The Saturday Evening Post, a modo de entregas semanales. Goodis, estaba alucinado, pues “Dark Passage” (la senda tenebrosa, 1947) iba a ser una película). Protagonizada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall. Dirigida por el ínclito Delmer Daves. Este último se aprovechó de la poca identidad de Goodis. Es obvio, que para toda esa amalgama de vanidad y artificio seguía sin ser nadie. Daves y su grey se encargaron de transformar la novela en el guion cinematográfico de la película de culto protagonizada por la pareja de moda de aquella época. “La senda tenebrosa” (1947) es evidente, que a estas alturas nadie niega que estamos ante una pequeña obra maestra del Noir.















No vamos a ocultarlo. Bien, pensaran Uds. ¡qué claro cómo era un bienpagado del estudio. Sí y tal con Pascual! Sin embargo, es muy duro ver como un hijo tuyo es despellejado y triturado. ¿Falta de carácter. Un careto atípico o los daños colaterales de la industria del cine, que nunca lo consideró un escritor serio? Peckinpah daría su tesis sobre las putas; buenas y malas. Claro, que mi adorado Sam no cuenta con aquello de los egos, las poses y dime quién eres, te diré con quién vas. Buena cuenta podría dar esa retahíla, que no voy a nombrar para no generar ningún conflicto —coetáneos— que nunca le echaron una mano. Ni te la suelen echar en toda tu vida. A veces, una sonrisa y no te quejes. Les va tintineando el sonajero de la vida. Sus guiones se manipulaban sistemáticamente por la graciosa divinidad del productor de turno. Dicen que eso le volvió un hombre más triste y melancólico. En 1950 con apenas 33 años decide regresar a la vieja  Filadelfia y comienza de nuevo a reinventarse, como periodista y autor (bajo seudónimo) de novelitas basura para los libros de bolsillo —baratísimos— impresos en papel de diario, con dibujos sensacionalistas en sus tapas. Todos los santos días delante de su máquina de escribir e instalado en la casa de sus padres. La conocida, 6305 de North 11th Street, Filadelfia. Allí se hizo cargo de Herbert, su hermano esquizofrénico, y se ocupó de su padre, dicen que pudo haber sido su único gran amor. Más tarde descubriremos que Goodis tuvo sus escarceos. Estaba tan empanado que en su primera novela olisqueaba algo así como; “Al rato, uno se siente tan mal que quiere detener el mundo en ese instante.” Es curioso que con esa prosa, nadie le hiciera caso. La eterna historia del personaje Noir, pues Goodis era el mejor personaje de sus novelas. Solamente, pensar por un momento, lo que significa el recorrido por las 17 mejores novelas que firmó da vértigo.














El Minerva diamantino. El tema absoluto a  lo largo de la obra de Goodis es el fracaso, la mala suerte como entidad vital; la soledad y la tristeza.  “Al caer la noche”, de 1947, refleja con nitidez su visión de la existencia, es más el cineasta Jacques Tourneur recogió ese mensaje. Trasladando, junto a Silliphant por una vez la verdadera atmósfera de los diálogos de DG. Sin embargo, será con Paul Wendkos donde encuentre el cenit de su carrera. Pues, fue el auténtico guionista  al lado de un director que le tenía afecto y respeto. El caso de su novela Viernes 13. Es perturbador. Citamos —textualmente— unas líneas. “Es viernes 13 y para ciertas personas, éste es un día que no termina nunca. Lo llevan consigo permanentemente”. Sus personajes se mueven en un mundo sin salida, como en  "la calle de los perdidos". Llevada a la gran pantalla por un crepuscular y eficiente Sam Fuller en Francia con el nombre de “La calle sin retorno”. Un libro esencial, en la obra de este autor. No quiero olvidarme  de “Rateros”, la tengo muy fresca aún y como hemos comentado, anteriormente Paul  Wendkos la adaptó como “The burglar” (El ladrón). En dónde un fantástico Dan Dureya y una primeriza, Jane Mansfield dan vida a  unos personajes exasperados y ardientes de palpitaciones en los papeles principales de la auténtica obra de DG.  La máxima de  la constante  desesperanza, plano a plano. Si comparamos los héroes de Goddis con los taciturnos antihéroes de Chandler, observamos que en la prosa de D. Raymond  siempre se atisba un glaseado  de esperanza, un vistazo generoso en la redención y la exploración correcta. Por el contrario,  El Spade de Dashiell Hammett, se caracterizó por su cinismo. Jugaba al póker del toro pasado, siempre se puede obtener algo de justicia poética y real. Los personajes de Goodis, en cambio, están marcados desde su encargo premarital. No hay obstáculos que puedan alterar el devenir de los acontecimientos. La predestinatio es un hecho. Y por ende, la muerte. La autodestrucción no sin antes haber sufrido un proceso de autohumillación, una culpa solapada al cogote, que tatúa —incesantemente— la desolación del redundante acomodo; el carnaval de los perdedores.















Un planeta inerte, baldío e infecto de aridez. El concepto existencia para Goodis, es pura hermenéutica  circunstancial. Sus personajes laten en la constante  escapada de un pasado defectuoso, donde la desdicha es sustantiva. Nadie espera que lluevan brevas del futuro: la insatisfacción del latir de sus corazones. De su vida personal, poco se sabía hasta hace poco tiempo. Pues, siempre se comentó que DG, fue soltero y no se conocía relación alguna. No obstante, según fuentes de la última biografía sobre el escritor; estuvo casado con Elaine Astor de 1943 a 1946. Finalmente tras apenas, tres años de convivencia se divorciaron. No tuvieron hijos. En 1963, fallece su hermano Herbert al que se debía, junto a la escritura por completo. Tres años más tarde su madre. El golpe fue terrible, lo que propicio la caída en barrena de Goodis. Por su propia voluntad, acabó recluido en un hospital psiquiátrico. El 7 de enero de 1967, una mañana cercana a la hora del almuerzo fallece con 49 años. Las causas de la muerte se achacaron a un ictus, pero se habla de un posible affaire oscuro, donde unos tipos pudieron haberle dado una paliza. Ver y leer para creer. Ni en la ficción termina su realidad. Goodis llevó a cabo un proceso de demanda contra la cadena de TV ABC, que estrenaba la serie, “el fugitivo” (1963). Acuso a la productora de plagio por utilizar al personaje principal y el resto de la trama como un spin-off de su novela “Dark Passage”.













El proceso se dilató hasta 1972 donde el caso quedó cerrado. No obstante, el sindicato de guionistas, por una vez se puso del lado del escritor en todo este asunto. Por aquel entonces, todos sus libros estaban descatalogados en USA. Veinte años más tarde se llevó a cabo, un proceso de reedición de su obra con escasos resultados. David Goodis fue descubierto en Francia unos años después. Cuando el cineasta, Francois Truffaut dirigió la célebre “Disparen sobre el pianista”, una buena película basada en la novela de DG, “Música en el fango”. La crítica cinematográfica se deshizo en elogios con el galo, pero muy pocos escudriñaron en el auténtico embrión de la autoría; el portentoso hombre de la máquina de escribir de Filadelfia. Un ser humano lleno de angustia, de oscuridad, de fatalidad y sin esperanzas. En la Francia de postguerra, la de Sartre pudo residir el alma de este amanuense del Noir y la subcultura del pulp. En las décadas de los 70 y 80 se realizaron remakes de sus novelas con más pena que gloria. Ni los directores estuvieron a la altura ni los guiones estaban empapados de la macula insoslayable del candor Goodisiano. El hombre triste y trabajador de Filadelfia nunca terminó de encontrarse con Camus en Paris. Prefirió seguir conduciendo su mugriento y escacharrado Crhrysler por los aledaños del viejo y canalla Downtown en los Angeles, de otrora tiempos mozos. Ya lo dijo Wilder; nadie es perfecto. Sólo la cultura del crimen  perdura y la desdicha aguarda un futuro inexistente. Al igual que la de aquel amanuense de su vieja lettera 10 roja a bordo de su inseparable silla de ruedas.









                                     Dedicado al gran Joseph Berna el tío de mi amigo Paco J. Cantó





Fotogramas adjuntados


David Goddis junto a Bogie y Laurent Bacall posando tras el annuncio del rodaje 
Dark Passage by Delmer Daves (1947)
Al caer la noche by Jacques Tourneur  (1956)
Honor de ladrón by Paul Wendkos (1957)
Tirad sobre el pianista by François Truffaut (1960)
Como liebre acosada by René Clément (1972)




                








Biografía consultada y recomendada


"Goodis la vie en noir et blanc", Philipe Garnier. Biografhie Ed. du Seuil (1984)












David Chase, la Cultura y el Leifmotiv







Pero, Ud. es un jukebok?— ¿Por qué?— Todo el mundo lo dice.— Eso es porque Uds. me miran con muy buenos ojos… Contestó un cínico David de Cesare. Una de las mayores grandezas de los Soprano es su BSO, obra y pensamiento del gran David Cesare. Más cercano para el ciudadano de a pie, sería su actual nombre: David Chase. Yo no voy a hablar de los Soprano. Está todo dicho sobre esa obra maestra. A pesar de que sea un adicto a Mad Men. Por encima del hombre de Madison Square está la bestia de New Jersey. Maticemos, que Mathew Weiner— el creador de Don Draper— escribió muchísimos capítulos junto a Chase y Terence Winter en aquella mítica serie de TV. Creo, que ya barrunté sobre ese cantar por esta bitácora rejuvenecida. Bien y ahora me pregunto, ¿dónde reside el trabajo del editor of soundtracks o banda sonora de edición no original? Fácil y complejo a la vez, incluso algo irrisorio cuando los eruditos de la semiótica del contexto circunstancial y praxis de la mayéutica dentro de la composición fílmica darían su aprobado. ¡Uy que don repipispedantis me ha quedado!—diría una maruja postmoderna de la troupe Almodóvar. Y alguna hostia me llevaré del grupo musical “maldita vecindad bloguera” junto con los habitantes webesféricos de la ínsula  purista e hipermoderna transmutados en una bolsa de Matutano.








Es obvio, que Mr. Chase tiene más razón que un santo. Más que nuestro gran santo nacional; el genio de Móstoles desterrado de los tres palos por obra del espíritu divino y el marqués de Jamaica a mendigar en las cadenas navarras del escudo monárquico hasta 2020. No se me pierdan, pues la cuestión es más de profesor de economía mediático, al cual se resisten determinados colectivos nacionales; eliminar costos y discusiones. Esa es la cuestión y encontrar un leitmotiv (por qué, cómo, cuándo y dónde). Este recurso es muy antiguo, pues fue utilizado en 1927 con más estilo o gracia. Siempre se podía encontrar a un buen Jazzman o bluesman para ejecutar la BSO o Soundtrack—que les gusta decir a nuestros queridos  anglosajones— en sus littles bands por cuatro perras y unas birras. Sin embargo, lo que necesitamos cuando hablamos de música es muy sencillo. El director de cine tiene que ser melómano por antonomasia; un tipo cultivado en sus pabellones auditivos: el erudito musical. Por ejemplo, Kubrick o Coppola pecaban de esta enfermedad y lo bordaban. No basta con ser un simple oficiante o funcionario de: ¡Now and Action and Cut! Los pequeños detalles y pormenores cuantos más insignificantes son, más fascinantes. En definitiva, no es más que expresión de talento innato. Es la seducción de esos tipos que su trabajo lo convierten en  pura obsesión compulsiva como Hawks, Hitchcook, Kubrick o Scorsese.









La diferencia la marca, el hecho de quien es más pobre y carece de recursos cualitativos y cuantitativos. El estatus social hace mucho más sencillo el acceso a la cultura. Porque seamos sinceros… Cuando la gente habla de cultura… Se emborracha hablando de ella. Todo el mundo sabe de fútbol, cine, ópera, teatro, toros y etc. Resumiendo, el respetable  es muy culto, por ende: sabio. Fetén. Sin embargo, la cultura sigue siendo patrimonio de las élites. No sé muy bien a dónde quiero llegar con tanta perífrasis, pero llegaré. Tranquilos no he vuelto a la ginebra ni a los polvos del altiplano. Estoy bajo control. Bien, volviendo a la esencia del leitmotiv, ése que nos mueve a escribir de nuevo: la música. A día de hoy, gracias a la recuperación de nuevos compositores por reescribir el neosinfonismo del periodo dorado de Hollywood (Herrmann, Newman,  Rózsa, Steiner,  Tiomkin o Waxman)  hace que servidor vaya a ver bodrios insoportables. Por ejemplo, el blockbuster “Hombre de Acero”, para que nos entendamos; El nuevo Superman—insoportable— mal dirigida y protagonizada por un pésimo actor. Qué pena lo del aquel tío con sus calzoncillos rojos como Dios manda, Christopher Reeve—diría mi abuela. En fin, a todos nos llegará nuestro S. Martín. Eso es seguro. En cambio, el film tiene una exquisita banda sonora que obnubila toda la cascabelería y tramoya de los FX y demás berridos de la Bernarda en 3D.  










Los nuevos Dolbys y Hi-fi del nuevo milenio producen una sensación tan agradable que crees, por un momento confundir a un tipo tan previsible como Hans Zimmer con las celestiales notas del magiar; Miklos Rózsa. Lo mismo ocurre con el ínclito Howard Shore o James Newton-Howard. Ahora mismo, mientras tecleo tengo de fondo la BSO—exquisita— de un film horroroso, pero con unos violines de JNH que dan el pego por A. Newman. Cuando lo normal y lógico por estos lares sería escuchar a W. Dixon. No obstante, si escribo me gusta escuchar BSO de compositores originales. Es una pena que no tenga a mano muchos de los Cd´s de los aludidos arriba. Las mudanzas las maneja el diablo, nunca se empecinen en ellas. Les va media vida en ese affaire. No me pregunten el porqué, pero la cuestión sigue siendo el leitmotiv, y eso lo hacía de cojones; Allen,  Kubrick y en la TV de los ochenta el inventor del videoclip Michael Mann, que ha trasladado el modus operandi, a sus obras en la pantalla grande con la misma eficacia. Sólo tienen que ver el mal gusto musical de directores videocliperos cutres y fashion victim como Luzmarh&Cia. Ahí es donde uno se prende—mentalmente— con lo del  “bad taste” que adoran las nuevas hordas teen. Luego, cuando David Chase habla de música uno tiene que agarrarse a la bacinilla y recoger abundante secreción bucal ante un desconocimiento abismal de lo que es una memoria prodigiosa de la historia contemporánea del rock.








Es reconfortante escuchar comentarios de los asistentes en la edición de la banda sonora de los Soprano sobre Mr. Chase, durante el proceso de postproducción:—“Cuando te sugieren 20 canciones por escena, lo diferentes que pueden ser... Solamente lo puede hacer una Jukebox. ¡Hey, David es que tengo una duda!… Y te aparece con un tema de 1956. Los versos de cada estrofa y repiten los coros o si tiene sección instrumental.” Ahí,  en esas observaciones reside  la esencia al enigma. Cuando alguien te dice que una película no debería haberla protagonizado el desaparecido— y que en paz descanse—, inmenso  y prodigioso James Gandolfini  sino Mick Jagger,  Bob Dylan o Elvis Costello. El duende te apabulla, una pasada escuchar esos cuatrocientos y pico temas, que por la red se pueden localizar. Otro personaje inquietante ha sido  Kubrick, uno de los grandes forjadores de este oficio. De joven fue intérprete de Jazz, y un melómano empedernido con nitroglicerina en las manos. Sin embargo, recibió una educación exquisita. El caso de Allen es similar—todavía recurre a su banda— tocando el clarinete con soltura y evidentemente, su criterio con las Sountracks es excelso. Tanto uno como el otro cambian los métodos, es decir, un compositor de renombre y música grabada; Alex North, Wendy Carlos y temas conocidísimos de Beethoven,  Mahler o similares. No obstante, el podio es  para el amo de NY, Scorsese.









Es el jefe en  este territorio porque es capaz de tararearte  un tema de 1917—rareza escrita por John Keleitte e interpretada por un elenco de estrellas a lo largo de la historia musical de EE.UU—que es el alma mater de “Enemy Public” (1931) de mi amado W. Wellman, en las voces de un dueto irrepetible; Albert Campbell e Irving Gillette, para introducir de seguido a Small Faces, Perry Como, The Almann Brothers o The Clash. Incluso, vacilarnos con Bach o Mozart y sus réquiems. Vease sus Cd,s editados desde “Malas Calles” a “Casino”, qué  películas y no ese fraude llamado Quentin… Y la historia que “el xic” saber rodar y es de uno de los pueblos que más cariño le tengo —musicalmente— hablando, Tennessee. Matizo, sobre gustos no hay nada escrito ya que los Tarantinianos estarán del higadillo, porque  no lo incluyo en el clan de los maestros. Cuando pase la reválida del videoclub, quizá para el 2021. Me gusta el número. Le he cogido cariño. Ése, es el universo de los tipos que saben donde pisan;  los detalles. Las pequeñas cosas son importantes a la hora de trabajar, porque saben que cada céntimo invertido en su aporte cultural tiene un motivo y un porqué. Saben que hay alguien detrás, que en muchas ocasiones están bien formados y quieren ganar dinero. Pero, no se confundan. Lo quieren con un buen trabajo. Dignidad y elegancia. Esa es la virtud de la cultura. Luego, cuando nos llenamos la boca de su nombre  y enarbolamos la bandera de esto o lo otro, siempre hay algo muy bizarro que se nos escapa de las manos. Y es que la cultura, no es una sartén contemporánea. Ni el patrimonio exclusivo de unos pocos indocumentados. Ven como una banda sonora da mucho de sí. Demasiado, en el fondo todo este barrunto musical del bypass reside en el leitmotiv, y al final, lo he encontrado.


                                                    

                                                                                   Dedicado a Anna Volkova 1917-2013







                                          




                                          


                       



Jon Bypass in Summer Hollydays









Nunca se acostaba antes de que regresara la dueña, y cuando escuchaba sus pasos vacilantes acudía a recibirle sin darle tiempo a llamar. Jon BP siempre llegaba de mala uva, tenía el whisky triste, cuando no belicoso, y a veces la golpeaba. Ella aguantaba el injusto castigo en silencio. Empero en más de una ocasión nos dimos de bruces con su cuerpo desnudo, de  cabellos revueltos y apenado rostro inundado en lágrimas. La huida por la puerta de atrás era un buen recurso. No obstante, en la calle ya se sabe que todo es mugre. Buscó refugio en el bar de la señora Lorelli, sita en el piso del entresuelo de la casa. Tiempo después volvería a verla casada con Reginald Bishop, arquitecto y gran admirador de los Yankees.














Jon BP no contestó y reanudó su paseo. Andaba dando largas zancadas, pisando duro los adoquines para espantar el frío que le congelaba los pies. Era un joven de mediana estatura, de rostro simpático, desembarazado de aureolas  señorías y frugal donaire que parecía protestar de la gran estenosis que acusaba la porosidad y el mal pelaje de su tres cuartos. Pasaban los minutos y JB volvió a trabar la hebra con la viajera de enfrente. Hablaban pausadamente, como forzados de refilón, cual si de todos los males que sufrían el de la tertulia fuese el menor. JB iba a la costa de Texas, cerca del Golfo de México; ella tenía un billete para Luisiana que sujetaba en su mano.








V—¿De dónde viene usted? preguntó la sensual joven.
JB—Del Bypass.
V—¿De dónde?
JB—Es una historia larga. Allí he vivido casi un año y medio... Ahora vivo en Seattle, he viajado mucho.      
JB—Y usted?
V— De Chicago.
JB—Encantado de saludarle.
V—Igualmente.
V—Qué, de vacaciones...
JV—Correcto, hoy mismo las comienzo.
V—Felicidades!
JB—Gracias.



                                                                    
JB es Jon Bypas
V es Miss Viajera



                                                                                           
                                                                       

                                                                                 Fin











                                          Dedicado a los excelentes lectores-as que pasan por este lugar











                                   






      Fotogramas; Josep Cotten en Shadow of a Doubt (1943) y Mickey Rourke en Angel Heart (1987)






El prodigio de lo innato; Séraphine








Nunca he creído en métodos y aplicaciones establecidas. Siempre he sido un gran amante de la condición innata del prodigio humano. A veces, ese, viene por orden divino; el Olimpo. No lo sé. Cada vez veo más lejos aquel altar de mi querida antigua Grecia. Es evidente, que  su traslado a las islas de Santorini es una realidad. Luego, lo más cercano a Olimpo es sentir las risas de Julie Delpy bajo la luz de las velas en buena compañía, mientras saboreo un buen Chardonnay. Claro, que la luz es otro misterio. Volviendo al orden divino, una de las primeras premisas que me enseñó mi madre fue contemplar y tolerar. Era muy creyente, pero hacia lo que le salía de su entrepierna. La marca de la casa. Mucha gente pensó que era una hippy revolucionaria: una ácrata. Una especie de Frank Zappa femenina. ¡A saber!… En realidad era el prodigio de un talento escondido.  Ahora, desde la distancia estoy siendo ruin con ella, pienso que era cobarde. Empero, ¿cómo una mujer analfabeta cocinaba mejor que Arzak, cosía que ni Saint Laurent, cantaba como Ella Fitzgerald y bailaba con la misma gracia que Ginger Rogers? No tengo ni puta idea, sigo haciéndome la misma pregunta. 


















Una hembra, con atisbos de  hibrida—físicamente— entre Gardner y Taylor. Exquisita. La vida nunca supo recompensarla. Puede que en el fondo entre mi madre y Seraphine Louis hubiera una delgada línea kármica que nunca llegaron a traspasar. ¿Quién sabe dónde estaba la colina del aquel encuentro, que no llegó a fructificar? Seguro que, una, envuelta de naturaleza y pinturas, la otra de cacharros de cocina, hilos y tijeras. Hace unos días, me encontré con una vieja amiga pintora y aseveró; tu madre y Seraphine atravesaron unos matorrales retorcidos y espinosos de ramas duras resecas que olían a roca calcinada. No salía de mi asombro ¿Por qué?, Pues porque las dos se criaron en la edad de la inocencia. Escucha la historia de  Séraphine Louis o Selins para unos y los otros con los dos apellidos completos. Nació en septiembre en 1864 en Assy (Oise). Su padre era un jornalero de la tierra y su madre una aldeana. 
















Apenas, con un año de vida perdió a su madre y el silente labriego se casó en nuevas nupcias. Siete años más tarde su padre muere y se hace cargo de ella su hermana mayor. A Séraphine nadie le llevó a ninguna escuela. Es eso que los mediocres no saben descifrar. No estudió pintura, ni nada de nada. Ya que sólo conoció trabajos duros: pastora y sirvienta.  En 1881 ejerció la desgarradora labor de señora de la limpieza—cubo y trapo— cuclillas y rodilla hincada, en el convento de las hermanas de la Providencia en Clemont Oise. Llegó el año 1 del siglo XX, el cual, le daría la entrada como trabajadora domestica; “la chacha”, para entendernos de la familia de clase media Senlis. ¿Cuándo empezó a plasmar con formas y colores sus sueños y sus impulsos? ¿Por qué lo haría? Sabemos muy poco del drama íntimo de su pequeño ser. Y quizás todavía sabríamos menos de su arte si el azar no la hubiera reunido con aquel hombre que, impresionado por las imaginaciones de Rousseau, seguía la huella de los modernos primitivos.















Veinte años en el monasterio, veinte años fuera del mundo, que prosperan misticismo. Aquel día—según la propia Séraphine— la Virgen le ordenó pintar. ¡Venga corre! diseñando sus propios colores, creando, componiendo sin academicismos y entelequias. Inundó de estructuras cuadros celestiales inspirados en  las  oraciones, la naturaleza de la infancia, los campos de flores silvestres, el olor de la hierba y como dijo mi amiga; la edad de la inocencia. La suerte de Séraphine fue aquel día en el que,  Wilhelm  Uhde— el célebre marchante— coleccionista alemán  quedó  fascinado por la obra de ésta; la limpiadora y chacha de la mansión. De noche transformada en inquietante pintora espontanea que susurraba a las flores. Mademoiselle Louise pintó "una de las obras más poderosas de la historia", estima, por su parte, el pulcro y exquisito W. Uhde. Aquel memorable ojeador, que nos  descubrió a la bestia de Picasso, Braque, Marie Laurencin o Henri Rousseau. Su encuentro en 1907 con la pintura de Séraphine, en casa de los Senlis fue brutal. 















El chorro de colorido, de aquella sorprendente criada lo dejó pasmado. La acomodada burguesía se enciende en un disgusto relleno de ínfulas recelosas de los talentos excepcionales de la divina Séraphine, que califican como "primitivos modernos", a Rousseau, Bombois, Bauchant. Fue un momento efímero en su vida—finales del 20—, para gloria intelectual y el respeto de los academicistas; la creme de la creme. Antes de ser internada por "psicosis crónica" en el aterrador desfile del sanatorio psiquiátrico. Fuera el círculo cacareaba sobre el “art brut” y la psiquiatría, pues los comentarios chabacanos sobre la identidad de Séraphine eran obvios. Mientras las risas arreciaban a las hienas, sus pinturas adornaban las paredes de varios museos de París a Senlis, Niza y Grenoble en Laval. Claro Seraphine no era políticamente correcta. No voy a hacer lecturas sobre sus pinturas, respecto a los paralelismos con Khalo o trazos de Kandinsky y sus 70 cuadros inspirados en la naturaleza; esa pasión por las frutas y las hojas.
















Me quedo con el recuerdo de una mujer que empezó a pintar con 42 añós y acabó muerta en una fosa común tras pasar sus últimos años en el hospital psiquiátrico de Clermont-sur-Oise. Tenía 78 años. Francia estaba ocupada por los nazis.  Séraphine una iluminada, una outsider anacrónica y autodidacta que elaboraba sus colores, su famoso color rojo con sangre de cerdo mezclada con cera de vela. Séraphine como Felicié la protagonista de “un corazón sencillo” del gran Flaubert es piadosa como la dicha del alma simple. Excéntrica y algo patética, protegía su dignidad con un carácter agudo y una intensa comunicación con los ángeles que le ordenaban que pintara. Al igual que una vasija divina, Séraphine adobaba su vida hobbesiana con horas de creación nocturna. Artista esencial que en el bypass está considerada una de las mejores pintoras del siglo XX. A mi amiga la pintora se olvidó rematar esta fabula; tu madre agonizó sus últimos dos años de vida hasta que acabó incinerada con 59 años. Sencillamente cosas del prodigio y el azar.












                  Dedicado a Amparo la impenitente pintora, a Miguel y su maravillosa madre de La Latina 















Bibliografía consultada y recomendada


“Seraphine”(2008) de Martin Provost
  Seraphine de Alain Vircondelet  Ed. Elba 2010
  Seraphine de Senlis, Jeaan-Pierre Foucher Ed. Du Temps Coll Paris 1964
  Seraphine Louis,  Frankreichs Grosse Naive Malerin  by  Ernst Probst Ed. Grin Verlag 2013
“En torno al Art Brut” de Varios Ed. Bellas Artes 2007









                             




Ninguneados, manipulados y tontos










Eso es lo que somos. El soma del nuevo milenio se llama Google. Nos vigilan, en FB, en los móviles “listillos”, que nos dan las operadoras de telefonía a precios desorbitados en el país con más paro de Europa y de los más altos del mundo. No obstante, a la gente le gusta la webesfera y paga & traga con lo que le den. ¿Qué pasa con Google?, no lo sé... Habría que preguntárselo a los hermanos Farelly—grandes intelectuales de la comedia—cineastas de este siglo XXI. Por ahí se va diciendo de su trascendencia. No es mi negocio. Volviendo a lo que me produce un sarpullido de la hostia. Google me está puteando todo lo que puede y más. Saben cuándo voy al WC, a comprar, a comer, al cine o a copular. Es el gran hermano que Orwell predijo; ya está aquí como decían los chicos de Radio Futura. Olemos a Truman Burbank de Monte Palomar. Cuando abrí este blog lo hice con la plataforma de los avariciosos  chicos  de Mountain Wiew; Chrome.



















Estos geniales chavalines, no cobran, no hacen  publicidad con su gran buscador…Ja, ja… Permítanme este momento tan hilarante...Je, je, jo, jo, ju, ju.... Llegamos a la parte más sustanciosa. Como Trust está adquiriendo todo tipo de licencias. Bien, en el IBP hay unos audios que están alojados en Goear. Son míos de  mi propiedad (trabajo del nene) me gusta tenerlos ahí para que la gente los disfrute. Una plataforma elegante con estilo y libre de pelusas malolientes: la mierda. Los chicos de MW(Ca) están como locos por compralo. Empero, chocan con su rival Mr. Gates, pues tiene una relación muy cordial y según he investigado se ha quedado con Goear. Seguimos, no se me líen. La cuestión es que en el faldón del blog tengo mis queridos audios y es donde quiero que se queden: punto y pelota que dice la new modernité futbolera. Cuando estaba trabajando con Google propietario del negociete Blogger, cada vez que publicaba algo; vosotros-as, lectores-as y demás gentes. Entrabais en el blog y aparecía un caco de esos de los TBO Made in Escobar y una advertencia: "este blog está infectado de virus". Cojonudo, mandé a tomar por viento a Chrome y me busqué la vida con Mozilla. Estos señores , los mozilleros, son otros piezas.  Iban de padres franciscanos con un saco de hierba de hippys fumaos y enrollados proclamando a los cuatro vientos: plataforma “free for the face”. 
















¡Tururú! Ahora van pidiendo dinerillos y etc. para sus mandangas. ¡Vale!, he acabado en Windows y no sé por que algoritmo. No tengo ni puta idea. El blog no actualiza mis entradas. Luego, todos aquellos que me tengan como publicación enlazada aparece lo que les salga de la entrepierna… Estoy muy relajado, pues es verano. Y de verdad, me estoy planteando si pasarme a Wordpress o no sé qué lanzadera. Amén, que no me sale de mi pellejo escrotal quitar los audios como han hecho otros compañeros por el mobbing y hostigamiento del caco del antifaz. Ahora estoy utilizando Opera, pero a Chrome le jode que los nórdicos tengan un navegador tan ligero y vanguardista como un Drakkar. Luego, esa es la razón de mi epistolar. Lo dicho, buen verano y visiten las secciones del Bypass. Hace tres días que se publicó la historia de Veronica Lake y es muy hermosa, además de fatale. Buen verano a todos-as, ¿Esto del buen verano ya se lo había dicho, no?...Estoy un poco despistado. Pues eso a disfrutar de 80 y tantos días de sol...



 










                        Dedicado a mí  por sobrevivir y al montón de cabrones que aguardaban en la funeraria





















Los fotogramas adjuntados


  Half Nelson by Ryan Fleck (2006)
“Railroaded” by Anthonny Mann (1947)
 Jon Alonso, propietario de este espacio: El IBP