Frances Farmer; Un ángel repleto de hermosura y talento tirado a las serpientes

abril 13, 2020 Jon Alonso 0 Comments







No tenía ni la más remota idea que todavía soy el propietario de un par de espacios webesféricos muy majos. Por cierto, éste, está de aniversario. Si no me lo recuerda una alarma del móvil, no sabría que el Inquietante Bypass cumple 8 años. Evidentemente, el tiempo nos pasa sin ningún temor ni conmiseración. Luego, ser propietario de las mismas y tenerlas actualizadas: cuesta, un testículo y medio escroto. Es una responsabilidad que te añades. Obviamente, hablo por mis circunstancias. Esto de estar encerrado empieza a notarse en el cuerpo. La alegría la suplo, con tebaína. Sólo ella es capaz de sacarte fugazmente de toda esta pesadilla del jodido Covid-19. Muertos y más muertos. Un virus que apesta a descontrol de laboratorio de alguna superpotencia; de aquello que repetía, en la facultad, el infalible Hermosilla: El nuevo orden mundial. Voy a echar el freno porque entro en cuestiones peliagudas y eso es agua de otro arroyo. No quiero terminar como mi adorada invitada de hoy. Empero si hay algo que me ha dejado muy mal cuerpo han sido esas imágenes de geriátricos —donde se observa como los cadáveres se amontonan— entre otros pobres ancianos con un Alzheimer de cojones. La mirada pérdida hacia la mortaja de la sábana blanca, rematada con alguna bolsa del millonario hacendado Roig. He pecado, mal de gran femme fatale. De cineasta con magisterio y guasón; como el gran Billy Wilder. Dije, es este mismo espacio, que había terminado con mis adorables mujeres fatales. Y he vuelto. Ellas, sólo ellas, han sido lo mejor de aquel tiempo metadivertido y pervertido: la inmensa Babilonia y su colina de VanityLand. Hollywood creo todo lo más fascinante que recuerde mi cerebro y algunas de las mayores aberraciones —con daños colaterales perpetuos— en personas maravillosas de un talento bestial. Gente extraordinaria, que cuando notaban el ahogo: les caía una piedra gigante para rematarlos. Ahora gracias al avance de la tecnología; tenemos el redil social. Yo lo llamo la plaza del pueblo en verano. Cuando baja la temperatura y la gente tiene el mojarro afilado, mientras se arrea su jarra de cerveza bien fresquita. Los saludos y chascarrillos del mundo, físicamente y sin barreras de contravirus. ¿Volverán esos días? No me pregunten a mí. No tengo el talento del presidente: Sánchez Torrejón. Es hora de decir lo que dijo aquel periodista sobre un ángel que creo el cielo y el insaciable Hollywood la destruyó: Frances Farmer. Pobre y desgraciada, Frances.














El periodista John Rosenfield manifestó: "lo que ha ocurrido a Frances Farmer no debería permitirse nunca más” Yo apostillaría; jamás de los jamases. Nunca". Frances era un ser angelical y lleno de vitalidad, con una mente prodigiosa. Lo que ocurre cuando aparecen esos ángeles de cabellos rubios y sonríen en MovieBabilonia, mejor lean a David Peace su tetralogía “Red Riding”. O mejor, busquen la adaptación audiovisual. Bien, hasta aquí hemos despotricado, lo que no me impide la ley del estado de sitio o excepción. Echo de menos salir a pasear, ver al barrio, alegre y con marcha. Los bares, los gimnasios o las clínicas de estética. Así, es Abastos. Sin embargo, escribir, cuando puedo y lo hago: me tiro al pisto, con gusto. ¿No creen Uds. que si uno no se echa unas odas por los hombros, nunca podrá quererse un poquito, de ese, por favor? Vayamos con mi amada invitada de hoy: Frances Farmer. Frances nació un 19 de septiembre de 1913 en Seattle, estado de Washington. Era la hija pequeña del abogado Ernest Melvin Farmer y la obsesiva compulsiva Lillian Farmer que solía dar la murga a los parroquianos con sus interminables discursos sobre las bondades del brócoli. Cosas de dietistas que el primera década del S.XX. La resabida, mama Lillian, también regentaba una pensión para huéspedes. Toda una emprendedora. Frances fue el retoño número tres, pues tenía una hermana Edith y su hermano mayor, Wesley. Desde pequeña destacó en su instrucción académica, consiguiendo muy buenas calificaciones, en el instituto. Frances posiblemente, era de las jóvenes más inteligentes y cultas de todo el estado de Washington. Estudió drama en la UW y compaginó los estudios con actuaciones de las obras teatrales organizadas por la universidad. En 1935 ganó un concurso para suscriptores del periódico de izquierdas The Voice of Action. Su ensayo "God Dies" se convirtió, algo así como el trending topic del momento desde Seattle a New York. Lo mejor estaba por venir.














Aquel premio le valió un viaje a la Unión Soviética, que ella aceptó a pesar de la fuerte objeción de su madre, para poder ver el pionero Teatro de Arte Stanislavski de Moscú. Simpatizante con la ideología marxista. Tal interés fomentó el rumor de que además de atea y comunista compulsiva. A su regreso en verano del mismo año, se detuvo en Nueva York, para comenzar realmente una carrera como actriz de teatro. Alquiló una habitación y comenzó su ronda de castings por toda la ciudad. No le hizo falta, la Paramount tendió sus garras a la "nueva Garbo" poniéndole por delante un contrato de siete años de duración. De repente, entró en la compañía del Theatre Group de la ciudad, y actúa en Golden Boy. Así como en la quinta columna bajo la dirección del legendario, Elia Kazan y Clifford Odets. Curiosamente, el mundo es pura casualidad y la ingenua intelectual tuvo como compañeros en Rhythm on the Range a Bing Crosby, Martha Raye y Bob Burns. Pero los problemas siempre parecían estar surgiendo a su alrededor, incluido en ese momento una demanda de 75,000 dólares presentada por un ex agente. Después de un par de fracasos con el Grupo, en parte atribuible a su relación amorosa con Odets, Farmer estaba en problemas.De por medio, estaba otro enredo con Samuel Goldwyn. Los magnates de Hollywood, vamos los Ceos de las majors parecían presidentes de clubs de futbol, haciendo y deshaciendo contratos. El zorro de la Metro le dijo al caprichoso Zuker: déjame a la rubia angelical por una temporada. Ya hablaremos de Frances, ahora está comenzando. Fue un tiempo donde Fraces Farmer hizo buenos films y las críticas de esas películas eran realmente generosas y entusiastas con la chica de Seattle. "Más grande que la Garbo", pronosticó la serpiente de Louella Parsons rotundamente, y el público pareció hacerse eco de esos sentimientos. Farmer completó cuatro films su primer año en la ciudad, desde papeles secundarios en películas B hasta que su carrera, dio un tour de force, en una doble actuación como madre e hija amadas por el mismo hombre. En la película de Howard Hawks y William Wyler "Come and Get It"(Rivales) 1936













No obstante, Farmer, ya había sido estigmatizada en su ciudad natal, Seattle. Nunca podría sentirse cómoda como una "estrella" de Hollywood Había enojado a Paramount al negarse a cambiar su nombre por algo más glamoroso; ella prefería la ropa vieja, poco maquillaje y un bolso sin pintalabios. Películas como Ebb Tide de James P. Hogan, con Ray Milland. “Exclusive” (1937) de Alexander Hall, al lado de un Fred McMurray. Estaba rendido a los encantos de la valkiria intelectual del Pacífico Norte. También, está “The Toast of New York dirigida por Rowland V. Lee (el ídolo de NY). Todas ellas filmadas en 1937. Aquí en este drama de la Guerra de Secesión al lado del gran Gary Grant: Frances Farmer estuvo exquisita. Pero cambiando de año y aquello de que tengo 23 años y me enamoró del primer idiota de turno. Ese individuo, que conoció en un western de usar y tirar: “Ride a Crooked Mile” (1937) de Alfred E. Green. Era el actor Leif Erikson. Aquello estaba condenado al abismo y como quien dice hecho y dicho. Nos vemos en el juzgado. Casi toda su energía agotada por un pleito inacabable (que ganó por un tecnicismo), se estaba cociendo a fuego lento, el primer derrumbe de Frances. Un cansancio similar al de un confinamiento y una decepción de todo lo que deseaba y esperaba de Hollywoodland. FF hacía películas donde se veía en otra galaxia, como aquella charlotada exótica de John Hall “Al sur de Pago Pago”. ¡Ay, Frances, los tenía bien puestos y no iba a pasar por el aro! Estalló con aquello: maldita mierda de trabajo y ciudad. Lo único que merece la pena es el dinero. Siguió batallando con el halcón de Adolph Zukor, pero ahí estaba en un terreno muy hostil para su propia reputación. El halcón que era perro viejo de AZ, cada día que pasaba, tenía el escritorio lleno de quejas de los diferentes departamentos de la producción de los rodajes, donde estaba FF.
















Aquel tipo se encaprichó con el ángel de Seattle, pero se estaba hartando; de sus idas y venidas con que si este papel es una mierda. ¡Qué si misoginia, qué si el Chejov de los cojones! ¡Qué si no tengo influencia! Le espetaba: —No decían que era la nueva Garbo. En Paramount la querían perder de vista por una larga temporada. Su afición a la camaradería comunista y a darle a la lengua más de la cuenta a la empresa que generosamente le pagaba por su trabajo. Se veía llegar algo muy catastrófico. A pesar de todo este estrés se dejó ver por tres films muy curiosos, pero que no le reportaban un papel de alta densidad dramática. Entre 1941-42 la comedia World Premiere, en plena IIGM, dirigida por Ted Tetzlaff al lado del gran John Barrymore. “Aventureros de Dakota” del Alfred E. Green, al lado de otro actor muy interesante Robert Stack. Un western con una fotografía fantástica, donde la hermosa cara de FF seducía bajo la cámara del maestro de la luz, Stanley Cortez. Y por último, un filmNoir de serie-B dirigido, por un pedazo de director como Stuart Heisler. Albert Dekker era el protagonista y Susan Hayward hacía un gran debut. Algo que Frances no terminó de llevar muy bien. El resultado de la película fue, para algunos cinéfilos y mitómanos de hoy, en día, una rara avis del cine negro. La película cumplió las expectativas de los productores y punto. Aunque, ella, seguía con el morro torcido y una tensión fuera de lo normal. Todavía, hizo otro gran film, posiblemente, la película que le dio una despedida momentánea de la Babilonia mágica. “Son of Fury: The Story de Benjamin Blake”. Nada menos que al lado de otra de las grandes actrices más grandes de la historia del cine y sempiternas atormentadas; Gene Tierney, junto a Frances Farmer, estuvo bien. Hubo empatía en el rodaje, especialmente, por el carisma y la simpatía que despertaba, en cualquier momento, el inmenso Tyronne Power.
















La crítica y la taquilla fue muy buena y todo un acierto para la FOX. Pasaba el último cuatrimestre de 42. El 19 de octubre de 1942: Frances Farmer fue detenida por la policía por una nadería de tráfico. Según su versión. Conducía con más copas de la cuenta por el término de Santa Monica. No llevaba el carnet de conducir e iba con los faros apagados en plena noche por la carretera que bordea el Pacífico. Fue un arresto con mala leche. Los polis, sabían quién era ella. Muchos de estos funcionarios se ponían muy gallitos con muchas de las estrellas de aquel Hollywood. Pero bueno, había algunas y algunos, que siempre llegaban a acuerdos. FF los detestaba. Ahí comenzó el tú más, cabrón. Frances, se resistió, porque los oficiales de tráfico la vejaron con insultos y utilizaron la fuerza para reducirla. Entonces ella les espetó a uno de ellos—Aburres, tío. Siguió con más insultos propios de su gran nivel cultural. Algo que dejaba en evidencia, la masculinidad del oficial de turno. Se armó una tangana de insultos y empujones para intentar reducirla. Siendo encarcelada en Santa Monica Previo juicio, donde su señoría tuvo un tête à tête con Miss Farmer a lo largo del juicio. Le espeta FF: —"Maravilloso”. ¿Acaso a usted nunca le han partido el corazón? y cuando iba a leer la condena, ella cogió un tintero que le lanzo a su señoría. FF tenía una puntería que ni un cazador de jabalíes. Su señoría se llevó un golpe de tinta de su tintero. Mientras, Frances Farmer escuchaba la decisión del tribunal: una sentencia de 180 días y con una libertad condicional. Además de un determinado control de seguimiento, para ver la evolución psicológica de la estrella. Todo Hollywooland sabía que la hermosa sirena del estado de Washington estaba enganchada al alcohol y las anfetaminas (benzedrina pura). Las crisis nerviosas siguieron.














Ya solo le quedaba una carta que jugar y ésta era muy valiosa. Se trataba de una productora de serie B. Era un rodaje con el argumento de una trama de espías, entre nazis y el FBI. Frances sufrió una crisis de ansiedad muy fuerte. Le habían aconsejado que fuera a terapia psiquiátrica, ya que un médico que la vio en prisión, le dijo: que estaba muy cerca del diagnóstico maniacodepresivo. Acababa de darle un puñetazo a una peluquera del departamento de estilismo. Salió por piernas de Monogran Pictures. Ella cogió el automóvil, y puso, rumbo a Sunset Strip. Terminó cogiendo una cogorza del 29 y perdiendo la poca ropa que llevaba con la policía pisándole los tacones hasta su apartamento, donde se atrincheró y los agentes entraron a la fuerza. Rompiendo la cerradura y, tras un salvaje forcejeo, la arrastraron desnuda hasta el vestíbulo del Knickerbocker.  El asunto termino en los juzgados y en esta ocasión llevaba las de perder. Toda la prensa del higadillo delante de ella.  Frances chillando, colérica y desconocida: —“Ratas, cabrones, sois la peor mierda de rata”. Los tabloides propusieron Garbo, no. FF dice: mamona jódete. Terminó que acuñó, toda una dama del método ruso. Frances necesitaba ayuda profesional. Ya que esta estaba estipulada por el sindicato de actores. Estaba muy mal. Lo digo con mucha tristeza. Pero una depresión permanente es algo muy duro. Todo el mundo se lavó las manos. En la Paramount, actores o actrices, huían como si fuera la peste. No querían ser vistos con una de las hermosas amigas del comunismo de mansión. No hubo ningún tipo de ayuda clínica por parte del sindicato de actores. Todo el mundo quedó de perfil. En su lugar, llegó otra pesadilla, un excelente enemigo. Ese monstruo altanero y marcial: su madre Lilian V. Farmer. Ante una enorme pool de toda la prensa nacional. Manifestó a los periodistas en Seattle que los "problemas" de su hija sólo se debían había sido corrompida por profesores radicales.













En realidad, esos agentes del mal, disfrazados de falsos profesores, fueron quienes le llenaron la cabeza de propaganda atea y comunista a mi hija. Luego, argumentó que todo lo del manicomio a donde iba a ser confinada era un montaje publicitario. Algo así como las localizaciones y la preproducción del próximo rodaje de Frances. Un lugar donde, ir planeando un film con secuencias rodadas en la propia cárcel. Así podrá ofrecer una gran actuación basada en una experiencia real. Matizaba Madame Farmer en tono maternal sobre todo este affaire. Aquel largo proceso legal que la llevó a varias terapias mentales, donde permaneció durante la mayor parte de los próximos siete años. Aquella nauseabunda estancia y terapia para la salubridad mental, terminó siendo la casa de las pitones, cobras y víboras en su fragua de azufre. Siempre teniendo a punto el mejor modelo de turno para joderte, lentamente, las demacradas camisas llenas de lamparones de sangre. Y las muy arpías se humedecían cuando comenzaba la mordaza de las cintas de cuero. Guardianas grandullonas y con un look entre la bestia guardaespaldas de Cersei Lanister “La montaña” y el bruto “cabeza de perro”. Sádicas y diabólicas pervertidas. Frances estaba en el peor de los escenarios y muy sola. Una joven de 30 años sistemáticamente despedazada de sus derechos como ser humano. Aguantando tratamientos tan desacreditados como el shock de insulina y la hidroterapia con agua congelada. Y la moda de cerebro a la parrilla con los demoledores electroshocks. El tribunal que la había declarado, a petición de su madre, legalmente demente, certificó su recuperación.  Se comprometió a pasar una estancia de cinco años en otro lugar de culto para la locura, pero eso, sí en su pueblo: el Washington State Hospital en Steilacoom.















Fue una prueba que habría roto a cualquier otra persona, pero su voluntad tan fuerte para sobrevivir, fue su único consuelo. El centro estaba en muy malas condiciones; había muy poco personal y los pacientes se hacinaban en las habitaciones, en las que les encerraban durante 12 horas. Además del catálogo completo de abusos psiquiátricos, también sufrió las más bajas indignidades sexuales, incluidas las violaciones cometidas por presos y funcionarios de la institución. Se llegó a comentar que había una base de soldados cercanas a la institución y sobornaban a los bedeles para poder tener sexo con la pobre Frances. Esto no se pueda afirmar con toda rotundidad. De igual modo, que se ha hablado por muchas vías y publicaciones que solo han buscado su propio rédito personal de un proceso de lobotomización. Frances no fue perforada por el estilete aguja que entraba por el lagrimal hasta el hipotálamo. No. Frances, ya fue lo suficientemente vejada, y despreciada, por una sociedad que la elevó a los altares y del mismo modo; la dejó caer al vacío del dolor. La misma industria que la deseo para sus negocios, películas, donde la hermosa chica de los cabellos rubios, siempre terminaba haciendo feliz al galán de turno. FF siempre detestó todos esos papeles triviales y desatinados, los mismos que hacían que resplandeciese delante de la cámara. Como solía decir: las estólidas películas de turno. Aquella monstruosa Babilonia no la echó de menos. Todo lo contrario, en ese ejercicio de lapidación. Los zorros y halcones ejecutivos de las majors espetaban: ¡Ya no está. Por fin. Y brindaban por ello! El elogio más cariñoso que pudo oírse vino de un gran director, el multipremiado, William Wyler: Joder! Frances Farmer, era muy guapa y buena actriz. Pero no hay dios que la aguante. Además, era una roja sin prejuicios. Nunca tuvo reparos en sentirse muy a gusto con esa pandilla y cobrar, puntualmente, sus estupendas soldadas.












En tiempo, pasó para todos, la luchadora de Frances Farmer salió viva de todo aquel dolor físico y la tortura mental. Aquel juicio más propio de una conjura Torquemadiana la supero. Y como la vida tienes muchas puertas, cerró la del psiquiátrico y volvió al corazón de lo cotidiano. En 1954, Frances se casa de nuevo, con Alfred Lobley, pero le deja repentinamente al cabo de seis meses; huye a Eureka (California) y vive de forma anónima durante varios años, trabajando como secretaria y recepcionista de hotel. No volvió a ver a sus padres, que fallecieron en 1955. En 1957, Leland Mikesell, un productor de TV y radio, la descubre y la anima a volver a los medios. Frances dio varias entrevistas hablando de sus experiencias pasadas, y pronto comienzan a llegarle ofertas de trabajo: actúa en varias series de televisión y en algunas obras de teatro. Se divorcia de Lobley para casarse por tercera vez, con Mikesell. Le ofrecen un programa en una TV local de Indianápolis, “Frances Farmer Presents”, en el que presentaba diariamente la película de sobremesa. El programa tuvo bastante éxito, y Frances trabajó varios años en él. También colaboró con actores universitarios y dio conferencias sobre teatro. Escribió algo de poesía y comenzó a trabajar en una autobiografía. Desgraciadamente Frances fue diagnosticada con cáncer de esófago inoperable. Frances murió el 1 de agosto de 1970, Jean siempre leal y estuvo a su lado. La verdadera tragedia, entonces, no es que Frances murió sola, porque obviamente no lo hizo; La tragedia es que ella murió demasiado pronto. Cuando murió en agosto de 1970, había pocos indicios de que Frances Farmer volvería a llamar la atención del público. Tenía 56 años. Aunque, se avecinaba un mundo muy diferente al de las antiguas majors que monopolizaban todo el entretenimiento visual. ¿Quién sabe? O eso del "a lo mejor". La vida hay que aceptarla y vivirla lo mejor posible.  Frances fue una actriz seria, la cual, soñaba con interpretar a Chejov y a los clásicos. Frances Farmer, está en el cielo con su gran admirador Kurt Cobain, cantándole al oído. Mientras Jimi Hendrix hará sonar con su Stratocaster un Riff réquiem por los amigos de Seattle.





   Dedicado a todas las familias de este país, que han perdido algún ser querido por el Covid-19








Fotogramas adjuntados

Frances Farmer en los Estudios de Paramount
Frances Farmer&JoelMcCrea en Come and Get It (1936)
Frances Farmer&John Garfield en Flowing Gold (1940)
Frances Farmer&Gary Grant The Toast of NY (1937)
Frances Farmer&Tyrone Power en The Son of Fury: The Story of Benjamin Blake (1942)
Frances Farmer forcejeando con un policía en la comisaría de Santa Monica
Frances Farmer&Albert Dekker Among  The Living (1941)
Frances Farmer declarando en comisaría por el affaire Knickerboker
Frances Farmer a la salida del hospital psiquiátrico de los Angeles
Frances Farmer&Leland Mikesell en la TV local de Indianapolis




Bibliografía consultada y recomendada

Shadowland Revisited:The Story of Book and Its AftermathBy William Arnold 1978 Ed. McGraw-Hill

Frances Farmer: The Life and Films a Troubled Star. By Peter Shelley 2010 Ed. McFarland

Will There Really Be a Morning? By Frances Farmer 1973 Ed. Dell Brooks



     

            

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