El dolor sordo de los extraños

junio 01, 2018 Jon Alonso 0 Comments








Aquel instante me pareció el más importante de mi vida en mucho tiempo. Aún, tengo la sensación que, en otro lugar, el sentimiento se hubiera vuelto inexplicable. Pero no dejo de pensar, lo ocurrido ese día. No encuentro palabras para descifrar, mis sueños o la ausencia de lógica en mi comportamiento diario con ese jodido dolor. De repente, la melancolía se apodera de todo mi tronco esquelético. Hay furia y tristeza. La más exultante impotencia que uno pudiera imaginar. La desolación de un hombre excluido. No sé dónde ubicar todos estos efectos. Y de nuevo, volvió aquel intrigante pensamiento: amar o abominar la crueldad de los pinchazos en el tórax.












Las quemazones y las descargas eléctricas. En un segundo, recordé algo, esencial. Si mi mente está dividida en múltiples compartimentos: ¿en cuál de ellos encontraría la auténtica esencia de los humanos perfectos? Empero, si la mente fuera un solo ente, sin estructurar, las diferentes partes del cerebro; evidenciarían que no estarían enteradas —específicamente— de las funciones concretas. Yo lo sé, porque me lo dijeron hace mucho tiempo en la facultad. Pero como explicarle al otro yo; en el oeste de mi cerebro. A lo mejor, la solución, estaría en la frescura de cualquier alumno de primero de medicina. Tan simple, como creer en la etimología de la enfermedad, la cual, lleva expresa tan grosera falacia.











Al final, el dolor te consume, como la ceniza de un cenicero en un bingo. Al igual que la desesperación de no poder comunicarte con el de enfrente. Angustiosa y patética experiencia. Soy incapaz de explicar este sentimiento, pero recuerdo aquel instante, ese momento, en el que fuimos felices. Simplemente, sentados, uno al lado del otro. A pesar de la distancia geográfica y la casuística del lenguaje. Al final aprendimos a escuchar, a traducir, a observarnos y descubrir entre minucias de acertijos. Fue duro y desolador. Cuando, finalmente, asumimos el inexplicable secreto de la sordera del dolor. El dolor de los cuerpos extraños y su perpetua soledad.  








                              Dedicado a Philip Roth marzo1933/mayo 2018 In Memoriam





Fotogramas adjuntados


Jezebel(1938) by William Wyler
Sybil (1976) by Daniel Petrie
Lilith 1964 by Robert Rossen






                    

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