“Los píxeles resquebrajados”

noviembre 03, 2012 Jon Alonso 24 Comments







Yo no tengo ni idea de escribir poemas. Ni entiendo de métodos ni modelos. Sencillamente, no sé. Hay poetas que no me gustan nada lo que escriben como cineastas filmar de un modo insoportable. En cambio, hay otros-as, los cuales,  no conozco (ellos y ellas) que plasman en sus letras sentimientos por encima de cualquier adjetivo impronunciable. Obviamente, son  letras mayores. No obstante, sé  de la existencia de paradigmas que están en las mejores bibliotecas del mundo a los que no he conocido personalmente y me fascinan. No asumo almas en la hoguera de los remordimientos, porque no creo en ellos. Ni epigastrios en la frontera de los impenitentes subjuntivos. Resumiendo, me gusta el Noir demasiado. Luego, la metalingüística mejor depongámosla  en el baúl de Karina. Se habrán dado cuenta de mi adicción por las buenas fotografías. Les brindo un nuevo gadget en mi bitácora particular, o si les gusta más, una nueva sección del “IBP”. Siempre me ha gustado “fotografiar hadas” recordando, aquel título de Nick Willing (1997).  Capturar luces como fotografiar hadas es un homenaje a la gente, las cosas, los fenómenos, la luz que me proyecta mi ciudad. No salgo de ella porque no tengo coche. Me gusta conducir tanto como a R. Farnsworth  su motoazada  en “The Straight Story” (1999). Me he ilusionado con las fotografías, pues han sido parte de mi vida y una forma de ganarme la vida, de entre los muchos trabajos que he desarrollado. Devoré con ahínco en las bibliotecas públicas books de todos-as los más grandes de este mundo. Sin fotografía no hay consecuencia inmediata, imágenes en movimiento: cine. Ahora me vienen a la cabeza algunos nombres; Anne Marie Heinrich, Ansel Adams, Man Ray, Ernst Haas, Martín Chambi, Alfred Stieglitz, Henri Cartier-Bresson, W. Eugene Smith, Robert Capa, Helen Levitt  Walker Evans, Jim Marshall, Kevin Cummins, Jenny Lens, Sebastiao Salgado y  Annie Leibovitz, que me han llegado a lo más hondo del corazón. Pero el etcétera es larguísimo. Hablando de la constante del movimiento saben de mi pasión por éste. Me gusta subirme en una moto. Adoro las motos han sido parte de mi vida. Me gusta pilotar cualquier cosas tenga dos, tres o cuatro. Incluso cabalgar y volar.




                       
     













Hace mucho tiempo, tuve la suerte de aprender a montar a caballo y tripular en una avioneta en Ibiza (pasé un par de años memorables en aquel paraíso) con un australiano, que era todo un personaje. Es una sensación tan hermosa—difícil de explicar—, pero altamente recomendable: lanzarse a la quimera del hombre pájaro por unas horas. De verdad, inténtelo. No se vayan de esta vida sin besar a Ícaro. ¿Sabían que para ser un buen actor es importantísimo montar equinos? Hablaremos de las vicisitudes de los actores y directores ante las secuencias con tan nobles animales durante un rodaje. Necesito el movimiento como un teléfono móvil su batería de litio. El dinero te da la libertad de un día a principios de junio por el Aneto. No entiendo a esos, que dicen que el dinero no es lo más importante. Es muy importante. No lo es todo, porque no hay un valor absoluto en la vida. El dinero es fundamental. Me produce la misma grima que a Hawks con la familia Hepburn. El maestro dixit:”Será porque Uds. lo tienen, y por eso no le preocupa…” Sólo espero un golpe de suerte cada martes, jueves, viernes o domingo. En la conjura de los números que me lleven al  planeta alquimia. Entonces volveré a conducir, viajar y moverme sobre ingenios que propuso Da Vinci. Mientras tanto, callo y aguanto a la búsqueda de los planos que produzcan química en mi cerebro o lo pretendo. En otros tiempos me gustaba hacer los storyboards con mi Canon Eos y de vez en cuando con la vieja Olimpus.





                                                   















Volviendo al cine, que tanto amo.  Éste, necesita de encuadre, profundidad, perspectiva, panorámica e ingenio. Buscar es encontrar. Ahí es donde reside la gracia como el fútbol, dirigir el balón a la escuadra. Aunque, luego se hagan gominolas de todo a Cien en Hispania. Este espacio está dedicado a  los miles de anónimos que pueblan la gran ciudad, donde yo aprecio belleza imperecedera y profusa. También a esos ídolos que con su cámara iluminaron la belleza: Charles Lang, Don Burgess, Emmanuel Lubezki, Gregg Toland, Gabriel Figueroa, Gordon Willis, Hans J. Salter, James Wong  Home, John F. Seitz, John Alton, John Alcott, Joseph LaShelle, Nicholas Musuraca, Luis Cuadrado, Néstor Almendros, Roger Deakins, Robert Richardson, Stanley Cortez, Janusz Kaminski,  Sven Nykvist  Karl Freund, Lee Garmes, William H. Daniels o  Vitorio Storaro, etc, etc. Y tantos que me han hecho soñar poniendo las imágenes en el sitio.  Si tuviera que dirigir una película, siempre me hubiera gustado tener a mi lado a uno de ellos. Siguen inspirándonos la esencia de todo gran film: los susurradores de la luz. No hay sueño que dure cien años ni peluca que lo aguante. Quién sabe si es obra de la beldad, esa, que nos me permite deambular en su misma morada cuando consiente.














                             Dedicado a mi amigo, compañero y tocayo de pupitre, JC. Barbera











                                                



                           
P.S.; las fotografías se han realizado desde la cámara de un Smartphone Samsung de 5mpx. Dos de ellas han sido editadas de su color original al blanco y negro.  Por cierto, éstas no las he registrado. Aquellos-as, que quieran utilizarlas para fines altruistas son suyas. No obstante, quienes las  utilicen para su lucro o demonizarlas en su beneficio, por favor, NO LO HAGAN. Muchas Gracias. 

“De Héroes a Villanos, una décima de segundo: Anastasio, Lance y Nacho…”

octubre 28, 2012 Jon Alonso 26 Comments










Hay un momento en la vida donde te das cuenta que todo está inventado. No tiene ningún sentido hablar por hablar, escribir por escribir, correr por correr, beber por beber, pensar por pensar o trabajar por trabajar. Te puedes morir, evidentemente, con gloria y sin ella. Es el decreto final de todo ser humano. No hay más cera que la arde. Los griegos que eran la sabiduría prístina—  lo corroboró  el último cronista de la Historia Antigua, D. Indro  Montanelli, y, eso que era italiano— caligrafiaron el cacumen. El maestro se empecinó en contar la historia de Roma, pero como era un tipo muy inteligente tuvo claro, desde el principio que  la civilización Hellás fue primera. Obviamente, si he de apostar entre Pausanias y Ovidio, el primero sin titubeos. Será, el eterno romanticismo de perdedor—dicen que están de moda—, lo cual, comienza a cansar a uno y convertirse en un ejercicio tedioso. Lo recuerdo del sagaz Alvite, que escribía la eterna cantinela del llorón perdedor y se acordaba de  las canciones del bueno de Serrat. Mejor con Sabina suenan más canallas y hacen piña. Bien, volviendo a mi querido Pausanias y el retrato de la desdicha del efebo, Narciso. Cuenta la leyenda…”Que era hijo del dios Boecio del río Cefiso y de Liriope, una ninfa acuática. El famoso vidente Tiresias ya había hecho  la predicción de que viviría muchos años, siempre y cuando no se viese a sí mismo. A los 16 años, su cuerpo se marchitó y sus huesos se convirtieron en piedra. Sólo su voz permaneció intacta. Pero no fue la única a la que rechazó y una de las despechadas quiso que el joven supiese lo que era el sufrimiento ante el amor no correspondido. El deseo se cumplió cuando un día de verano Narciso descansaba tras la jornada de caza junto a un lago de superficie cristalina que proyectaba su propia imagen, con la que quedó fascinado. Narciso se acercó al agua y se enamoró de lo que veía, hasta tal punto que dejó de comer y dormir por el sufrimiento de no poder conseguir a su nuevo amor, pues cuando se acercaba, la imagen desaparecía. Narciso, obsesionado, consigo mismo, enloqueció. Hasta tal punto, que la propia Eco se entristeció al imitar sus lamentos. El joven murió con el corazón roto e incluso en el reino de los muertos siguió hechizado por su propia imagen, a la que admiraba en las negras aguas de la laguna Estigia”. Lo dijo el maestro Lidio, ¡eh!  Yo soy un cardiópata amateur. ¡Tranquilos. No sé por qué demonios me he acordado de Pausanias y este affaire! Claro, todo está “escrito en el viento”, que diría mi amigo J.A. Barrueco; un pedazo de escritor y una gran persona, lo lleva en los genes. Yo a Narciso nunca le conocí, personalmente. Lo más cercano a un mito ha sido mi amigo, Anastasio. Coincidimos en una planta de Neurología, pasamos un mes y medio disfrutando del silencio, la soledad y la palidez de un cama enrobinada, que finalmente nos la cambiaron por una con mando a distancia Made in Germany. La SS estaba mejor alimentada que en estos pírricos tiempos. Viendo sus 186 centímetros paralizados como una estatua de sal por un meridiano, enmudecí. Tenía una hemiplejia severa en el lado izquierdo. Bien, ¿Y qué coño hacía en una sala de neurología? Cuando, lo mío era cosa de la planta de cardiacos. ¡Ah!, ya lo recuerdo: el overbooking y los tumultos. Cuatro enfermos coronarios: la troupe de la trompeta y la cabra con el patriarca, un yonki invidente por diabetes y alcoholismo, un viejo que no cabía en un hospital de terminales que hacía poesías y escribía coplas para su próxima zarzuela. La historia, se cierra con el  vecino de enfrente. Se parecía al liberal Sagasta y no le gustaba el menú.

















Su esposa siempre traía latas de atún Calvo (destrangis), olivas rellenas de anchoa, saleros del hurto y tomates raf (están riquísimos), aunque a las enfermeras se les ocurrió pensar como los ancianos griegos. Por la gracia divina  de las televisiones culturales y civilizadas de la adelantada TDT: ¡Aquí no hay quién viva! Dixit; la jefa de sala y gritó: “¡SILENCIO TODO EL MUNDO!…” Acabé en Neurología mirando a Anastasio. Esta semana han hablado mucho de Nacho Vidal, sus productivas relaciones con los empresarios del todo a 100 y los hijos de Mao. También, de un deportista que ganó el Premio Príncipe de Asturias, ahora que la monarquía parece una canción eurovisiva de los 70; languidece como mi héroe americano, Lance Armstrong. El primero porque ha sido la  polla de España. Una entrepierna tan grande como nuestro déficit autonómico, que tanto cacarea el Sr. Montoro.  Italia tenía la de Sifredi (éste no trajo la prima de riesgo a Lombardía) y nosotros alardeábamos del sátiro de Mataró. Mi viejo colega, Anastasio, no tenía nada que envidiar a la figura del Pornotube y mercader de dildos. Era un calvario ver a su esposa como le sacaba el miembro para orinar en la famosa bacinilla del hospital: la calabaza gris de envejecido vinilo. Lejos de las anaranjadas chillonas del “1, 2,3”, ahora de inminente Halloween. Sobre el tejano, que se pasó media vida subido a un bicicleta. Le hicieron una orquiectomía  total de los huevos (siempre dicen que se extirpa uno, pero es falso) en USA, cuando extirpan tumores, al igual que con las tetas suelen cortan a la hermana, sea de izquierdas o de derechas. Armstrong, tiró para adelante con dos pelotas de poliestireno siliconado y nos dio una lección de pundonor, amén, de dos craneotomías para extirparle las metástasis cerebrales. La madre de una vecina mía—que la considero como mi suegra—ya que no tengo ni disfruto de mi biológica madre política; se pregunta por el hombre biónico de la estratosfera y el porqué de su obstinación de viajar por el espacio. Yo le respondo que el vademécum a semejante instancia se halla en la medicina y las gafas de sol fashion. Ella, no se lo cree. Yo creo que viene a ser como lo de Armstrong y los yonkis suizos. Todo el mundo se chuta en una sala de aluminio en sillas de Conforama con celador de apoyo y gasas hidrófilas. Ahora, el catalán— que ejerce de Charnego sureño— pues sus padres son de un pueblo muy bonito al sur de Valencia y el Golden boy de Austin (Texas) apestan a mierda de establo. La gente quiere echarlos a la hoguera, imploran el aquelarre de Zorrilla, con texturas “Walking Dead”, porque nadie quiere tener de vecinos a los de la trompeta y la cabra. En el fondo, todo es una mentira.


















Ya se lo dije a Imanol Arias en un rodaje. Me espetó — ¡Y tú, el anarquista. Eh, que te estoy hablando!—¡Qué quieres! — Sabes que eres el figurante especial—Qué honor (era verano en la antigua cárcel modelo de Valencia y estábamos a 32 grados) —No te quejes, se paga bien. —Yo empecé así. —Pues, qué guay…—No me vaciles. —Cómo te voy a vacilar  si eres  el Dr. Severo Ochoa y yo tu carcelero. —Tienes gracia, cabrón. — ¿De dónde eres?— en el DNI, Valencia (Costa Este). Pero, eso es a medias soy medio maketo o mediocharnego. —Ja, ja… Si me voy a reír contigo. — ¿Qué no es verdad?— ¿Qué verdad?  — Pues, que eres a medias... Cómo yo…—Explícate. — Tú no eres de Bilbao, colega. — ¿Tú cómo lo sabes? Porque soy arqueólogo y tu pueblo es Riaño (León), el pueblo de las dos mentiras. Ni tiene peces ni existe. Está enterrado como los muertos. Lo ves mientes y nos sentimos bien. Ni eres leonés, ni eres bilbaíno porque no naciste allí. Frunció el ceño y volvió a espetar—Venga, prepárate qué el colombiano es un poco especial (Sergio Cabrera) aquel de la trascendental “La estrategia de Caracol” (1993). No me pregunten más. Si quieren cotillear hablen con el productor que es un Sr. que filmaba bodas y bautizos de luxe. El Coppola del bodorrio. Ahora tiene tres BMW, ático y chalet de nuevo rico. Almuerza con el bueno de Álex de la Iglesia y se pasea por festivales audiovisuales. Cosas de héroes y villanos. Claro, que también hay algún Narciso. ¿Qué es más  fácil encerrar a Imanol Arias, superar un infarto, un Ictus o un cáncer? Ninguna de las cuatro. No han acertado. Lo jodido es ganar el Planeta y que te invite a cenar el Sr. Lara. No lo digo yo. Un amigo mío, que está obsesionado con ese galardón. Ahora  toma Prozac como un poseso, porque Lorenzo Silva ha ganado el premio y la finalista es la chica, que hacía de Gemma Nierga por las noches en la SER. ¿Se acuerdan de aquel programa de desquiciados vigilantes en los polígonos industriales y kamikazes al volante contando sus miserias…? Siempre le digo a mi amigo que no se encabrone porque lo del talento es innato. Él, sigue obcecado en ir talleres de escritura, como la madre de mi vecina en telefonear a la Teletienda. ¿Seguro que nadie  recuerda el programa de la madrugada?... Si parecía el Cotton Club de los Calimeros. ¿Y por qué cojones cuento todo esto? Si yo iba a hablar de Sam Fuller. Me estoy haciendo viejo y empiezo a perder grasa neuronal como los Narcisos.













                                   Dedicado al mejor utilero de toda la historia del Valencia C.F., "Españeta" y el fotógrafo "Canito"