“Martin, Bertolucci y Malle. La Yocasta más fatale del S.XXI es Gretchen Mol”

diciembre 28, 2012 Jon Alonso 32 Comments








“Edipo, hijo del rey Layo de Tebas y Yocasta, había sido abandonado poco después de haber predicho el oráculo que mataría a su padre y se desposaría con su madre. Abandonado para que muriera, fue encontrado y llevado ante el rey Pólibo de Corintio, que no tenía hijos. Edipo creció así sin conocer cuál era su origen, ni la profecía que signaba su destino. Luego de asesinar a Layo, Edipo marchó en dirección a Tebas y libró a la ciudad de la Esfinge. Éste, le retó a una adivinanza, la cual, se tornó en desgracia para el joven Edipo. Pues, la resolvió. Pero Edipo sería proclamado Rey y contraería matrimonio con Yocasta, sin saber que ésta era su madre. Tiempo después, se desata una plaga y el Oráculo culpa al asesino del Rey Layo, entonces Edipo se da cuenta que fue él quien le dio muerte. Finalmente, Edipo descubre las circunstancias de su nacimiento. Yocasta, horrorizada, se suicida y Edipo, se saca los ojos.” (Apolodoro, Biblioteca 3. 5. 7). Contundente, fascinante y lúgubre historia con la que les ilustro este último post del 2012. El gran Sófocles saca una sabia moraleja; “Ni siquiera aquel que parece más feliz está libre de caer en desgracia”. ¿Qué haría una madre por su hijo? No tengo respuesta a semejante enigma. Sólo sé, que mi madre era hermosa, murió joven y vivió sólo para mi, su hijo. Nunca le pregunté el porqué. Algo de todo esto barruntaba por la cabeza del maestro, Martin Scorsese.
















Decidido a saldar algunas cuentas pendientes con su visión gansteril y viejas epopeyas  de antaño, sin resolver. No se lo pensó dos veces. Lo primero, porque es el cineasta más culto de su generación en EE.UU. Cinéfilo implacable— el Italonorteamericano de Queens, NY— viejo enamorado del Neorrealismo y todas sus variantes. Así, como un incondicional de la Nouvelle Vague. Necesitaba del ingenio de los Winter and Cia para completar su póker del crimen en la televisión que hace cine para la gente con buen gusto, HBO. Lanzó un escorzo sutil al sagaz   D. Terence y Mr. Van Patten, sugiriendo  la idoneidad de la ingenua y juvenal, Gretchen Mol como la  nueva Yocasta de este S.XXI. Un ser con destellos de Mirna Loy — actriz de los felices 20 —  en  aquellas películas de gangsters de W.S. Van Dyke. Y, posteriormente,  la madurez la convirtió en una estrella del melodrama. Todo ello rezumado de un carácter y una belleza cercana a la gélida Joan Bennett en “La fugitiva del los trópicos” (1938). No fue tan fácil su elección ni tan previsible su apuesta. Empero, ¿creen que la deliberación del personaje cumple con unos cánones más cercanos a Wellman o Walsh? No, pero sí. Me explico hay dos mujeres que marcan —empedernidamente— la resolución de la reina Yocasta.













Dos féminas, fundamentales, para entender a la madre Gillian, Yocasta de fatales. La primera, la actriz Jill Clayburth, en aquella obra de culto de Bertolucci: “La Luna” (1979). Y en segundo lugar, la hermosa Lea Massari en la contundente “Soplo al corazón” (1971) de L. Malle. Ahí es donde se evidencia el plus de un director exquisito y espléndido cuando entra en la  resolución de su catarsis personal. Los destinos de las madres citadas  y las pasiones  de sus hijos perdidos por la factoría de ficción  Made in USA más inquietante tienen sus antecedentes. Piensen por un instante la satisfacción, que me ha proporcionado el canal mágico de cable del grupo Time Warner. No sé como decírselo, pero me he enamorado de esta actriz y la serie de TV más hermosa de los últimos ocho años. Un prodigio del arte escenográfico y la narrativa visual en un periodo fastuoso, convulso e innovador como aquellos locos años 20. Siempre me quedaré con un deseo en esta vida. Visionar en la sala central del complejo Kinepolis en la Ciudad de la Imagen algo tan soberbio: la adictiva  Boardwalk Empire. Ya sé que esta frase la repito hasta la saciedad (lo digo y dije de Mad Men) y alguno me dirá si tengo sobredosis Boyerista. No de verdad. Al mediático crítico lo conocí— personalmente— en un Seminario de cine español. No es tan fiero como lo pintan. Y en las distancias cortas evidencia un discurso culto—Tampoco, me llevo ningún porcentaje por hablar bien de HBO. Pero, es lo más cercano al cine de calidad (muchas tramas con las que he crecido). Sin embargo, no es momento para esbozar el frenesí que me produce este fenómeno de ficción y talento, donde el maestro Scorsese se ha redimido de algunas de sus mayores frustraciones.














Mujer dura y tierna  cuando quiere. Pero, esencialmente, luchadora. No eran tiempos, de los que se atan longanizas a las colas de los perros en la América de 1900 y con el Sambenito de madre soltera: la baraja pintaba bastos en su destino. No obstante, se  cultivó de buen gusto, ya que el padre aristócrata ejercía la doble moral del tirano de la vieja Tebas. El  mecenas filántropo de la ciudad. Atisbamos una mujer cuidadosamente, vestida, de hablar dulce, elegante y con esa imagen de Circe distinguida. En el fondo, se divisa cierto poso de modernidad y algunos puristas la ven feminista ¿Por qué, no? El feminismo, inteligente es ser mujer. Tanto tiempo reprimiendo la furia para embaucar a su mayor tesoro; su hijo y solventar el linchamiento del rey sátrapa: el Comodoro. Es curioso cómo el karma vuelve contra ella y lo que más quería, su rey Edipo (Jimmy) acaba en el pozo del oráculo con un tiro en frente. Mención, aparte habría que dedicarle a este maravilloso actor— pura casualidad —, que interpretase un papel memorable en un film de Bertolucci, “Soñadores” (2003) con aromas Nouvelle Vague, en un ménage à trois cautivador. Es en ese periodo—llamémosle— de maceración intelectual, cuando viaja a la universidad de Princeton donde comienza a demostrar su talento y los primeros atisbos de enamoramiento con la juvenal pintora Angela Darmody (futura esposa) y de final desgraciado. El cable conductor se desfasa para crear una nueva anomalía: el toque simbólico.  La tortuosa relación materno-filial. El amor, que reside en los corazones de sus dos protagonistas, y ese código de lealtad que se profesan sus respectivas existencias. Es en realidad, el  nexo simbiótico de una relación estrecha y pleistocena, entre una madre aracnoide y su hijo.












No se opera el pasaje del ente yoico— que diría Freud —atrapado en la fascinación del espejo. Aún más, podemos ver un yo incipiente, primitivo, original, que se angustia ante la fragmentación. La castración simbólica del padre—el ictus—, a quien concibe como el legítimo tirano. Hostil, distante y, en cierta medida responsable de la desgraciada vida  de su madre: cómo es ella y en lo que se ha convertido. Transformada, en la tarántula que teje el mal: una malla donde acabas atrapado.  Ahora, en la soledad del embuste y la desgracia toca bailar con “Sugar brown” en la mansión del ajusticiado déspota, bautizado en burdel sangriento. Ni  las notas de Mendelssohn, ni todo el polvo marrón de Charly “Lucky” Luciano, ni el alcohol de Nucky Thompson. Incesto, homosexualidad, promiscuidad, prostitución, sadismo, masoquismo, bondage y el súmmum de toda perversión, a la carta. Todo vale. Dentro de un plano coherente, en un claro contraste donde el hermetismo parental sale de su cascarón para dejarnos ver una obra maestra de mujer y la caótica Gomorra de los hipnóticos años 20. Yo, JCA, rindo pleitesía y devoción a mi nueva diosa, la reina Yocasta en su Hotel&Lounge de la noctámbula Atlantic City. El prostíbulo más hermoso desde “La pequeña” (1978) del gran Malle y lo siento, de todo corazón, por los Bonellistas. Pero me pone más este lenocinio. Alojando  la simiente del crimen de ese país que me provoca pasión y paroxismo por su idiosincrasia del tejido social más heterodoxo de la galaxia. Sí. Estamos de enhorabuena, Scorsese y su grey nos ha traído a la dueña absoluta de todos los burdeles habidos y por haber. Bendito Edipo que ya estás en los altares. Los que te queremos, reina Gretchen, te saludamos; que los dioses te guarden largos años igual de hermosa.








Dedicado a la primera femme fatale que conocí: mi abuela materna, Dña. Remedios Giménez Marzo (1900-1996)






                 


Bibliografía recomendada:

“Áyax, Las Traquinias, Antígona y  Edipo” de Sófocles Ed. Alianza 2011
“Ensayos sobre la vida sexual y la teoría de la neurosis” de  S. Freud   Ed. Alianza 2011”
“La nueva ficción Made in Usa: HBO y otros canales” por Jon C. Alonso
“Boardwalk Empire” HBO y Sexta TV












     
                   

Cuatro piezas literarias y un guión original en videoclip

diciembre 14, 2012 Jon Alonso 59 Comments







“Aquel día Scott estaba contento. Quería posar  en el salón de la mansión delante del abeto navideño sin un Bourbon de más. Pero, haciendo trampa de nuevo. Una petaca de plata repleta de ginebra descendía del bolsillo interior de la americana. Está en los genes. — ¿Eh, socio? — Sonreía nervioso. Quedan unas pocas horas para entrar en 1927. Las bolas doradas y los regalos resultaban impactantes. Los Fitzgerald rezumaban alegría somnífera.  Zelda y la pequeña Frances  “Scottie” ponían la solfa idílica, mientras Hollywood permanecía a la espera.” (Extracto de una de las novelas en las que el “IBP Ghost writer” está  trabajando para alguien importante, no sé quién es ni me importa). Empero, como sigo pensando que este blog es muy joven y el administrador demasiado tierno para estar muerto. Tras una larga meditación desde la piscina de los fehacientes cadáveres del guión. He decidido abrir una nueva sección  días antes de finalizar el 2012. A lo largo, de incontables noches de insomnio. Soñaba  que el cine está lleno de momentos inmortales, en los que el negro sobre blanco termina condensando una emulsión de plata telúrica  y mate— ahora—  ultramegabytes de Hard dicsk.   Más tarde o más temprano llega el día, en que la literatura llama al cine como la pintura a la fotografía. Los extraños binomios del tiempo rugen a los fenómenos imprevisibles. La herencia mesopotámica se condensa en Gutenberg y llegan los panfletos, los libros,  las revistas, los cuadernos enciclopédicos  y hasta las octavillas de movilización a las plazas de perdición. A toda máquina. De autores y negros. De escritores y guionistas. De dialoguistas a directores. Del fiel amanuense al productor. Ese impenitente recorrido hasta la webesfera y el demontre Google. Soy reiterativo en mi discurso, ya me conocen. No puedo contenerme;  el instituto Cervantes está por la labor. La tecnología va a vigilar las buenas formas y los buenos modos de nuestra lengua más utilizada en la piel de toro: la Cervantina. Ésa, que junto a la de Shakespeare, con permiso de nuestros diplomáticos vecinos del otro lado de los Pirineos: nos ha dado tantas satisfacciones. ¿Un homenaje de sabiduría? Esperemos. La lengua escrita es un lujo. Un sueño prístino hecho en Sumer. Ahora digital, para el deleite humano ¿Cuántas grandes obras maestras nos han dado los genios de la literatura? Incalculables. A través del trascurso del runrún sintáctico se han  escrito y ubicado en la memoria de los altares divinos. Sin embargo, pensarán Uds. ¿qué me mueve a descubrirles  secuencias memorables? No lo sé. Desde luego, olvídense de análisis demiurgos sobre la trascendencia de la profundidad del plano según su metamixtura de la disección del plano secuencia y bla, bla, bla... De esas cosas, hay un montón de buenas publicaciones, escuelas, universidades y  sitios que denominan: centros de investigación fílmica. Amén, de  buenas amistades, en la webesfera que les satisfarán de muy buen gusto. Luego,  voy a empezar con uno de mis escritores favoritos y que más me ha influenciado en el  método del relato periodístico o crónicas de los diarios de vetustos kioscos: el gran Truman Capote. El genio de New Orleans, la ciudad del Jazz, el vudú y  Katrina.  Mi encuentro con Capote fue a los 18 años en una biblioteca pública, como de costumbre. Un día celestial para el alma. Cuando leí “A sangre fría” no pude conciliar el sueño. Creía que me ha había hecho grande, pero seguía siendo el eterno niño de los ojos azul acero.He elegido este momento literario, narrado y adaptado por el cineasta y guionista, Richard Brooks (la película, me impactó tanto o más que la novela).  Sólo voy a traducirles el monólogo que muchos de Uds. conocerán de memoria por la lectura del libro. El cine y la literatura en el Bypass se mantendrán como una sección habitual.
















Son los divertidos 60 del planeta neoyorkino. La gran manzana es un hervidero de tendencias culturales, musicales y literarias. Si bien,  el medio oeste y centro del país marca el  ralentí de las horas. Entre los cansinos caminos de la tranquilidad, la calma y el tedio  de las heladas invernales de Kansas y la recolección del maíz. Aquella Norteamérica, pacata, pusilánime y a la vez bondadosa camina tortuosamente. En eso,  que un cineasta definió como la América inocente. Ésa, que nunca echa el cerrojo en la puerta. La noche donde  la familia Clutter se convirtió en un nuevo icono de ese estilo tan sui generis, que el mundo idolatra: The Horror Crimes. Tan mediáticos como las multinacionales petrolíferas. ¿Han visto las noticas del mediodía a largo de este año? Uff… Y Capote se puso en marcha. Veamos este momento glorioso. Estén atentos.







                    “A sangre fría”, Robert Blake (Perry) delante del reverendo Jim Post (Sheldon Allman)


 —Y murió Dick. ¿Sigue latiendo su corazón? Preguntaba Perry. ¿Qué hora es? JP (reverendo) —tranquilo muchacho. ¿Quieres que le escriba a tu padre? Le podría enviar una de tus pinturas o quizás tu estatua de bronce.  Perry—“Envíale los mapas del tesoro Quizás esta vez tenga más suerte. El lobo solitario ¿Sabes qué? Una vez, casi lo logramos. Nosotros dos y nadie más. Estaba muy entusiasmado con su proyecto en Alaska. Una cabaña para turistas que iban de caza. Íbamos a ganar una fortuna, más que con las minas de oro. Porque antes que nada, íbamos a tener algo que jamás habíamos tenido…Una casa de verdad. La construimos y todo… Él y yo, solos codo con codo. El día que terminamos el techo, se puso a bailar por toda la casa. Nunca estuve tan feliz en mi vida. Era una casa hermosa. Pero nunca vino ningún turista. Nadie. Y vivíamos ahí… Solos en esa casa que habíamos fracasado…Hasta que ya no me soporto más. Creo que sucedió así. Estaba comiendo galletitas. Me empezó a gritar; que era un cobarde, egoísta y glotón. Grito y gritó hasta que lo agarré del cuello. No me pude contener. Se soltó y agarró un arma. Y me dijo: ¡Mírame, muchacho! “Mírame bien porque  vas a ser el ultimo ser vivo que vas a ver” Y apretó el gatillo. Pero el arma no estaba cargada. Se puso a llorar. Lloró como si fuera un pequeño chico. Yo me fui a caminar. Cuando volví estaba la luz apagada. La casa cerrada con llave. Todas mis cosas estaban ahí apiladas. Afuera, sobre la nieve…Donde las había tirado Me fui caminando y nunca más, mire atrás. Creo que es lo único que voy a extrañar de este mundo…A ese pobre viejo… Y sus sueños imposibles. JP— Me alegra que ya no odies a tu padre. No es así. Lo odio. Y lo quiero.


                     



                                                      Harvey Kaitel &William Hurt  in “Smoke”







Hay cuentos de navidad que no les hacen falta gore ni efectos especiales. Tan solo, con tropezar con tu vecino de escalera compruebas como está de repleto el árbol de Navidad. Si es de polivinilo o natural. Quién sabe si los futuros ingenieros agrónomos venderán abetos de vivero para decorar y reciclar. La ecología genera acciones en Wall Street como los buscadores de algoritmos en el siglo XXI. ¿Pero dónde reside la felicidad de Paul Auster? ¿No lo saben?, fácil.  En la cotidianeidad del ser humano. Los mismos que bajamos y subimos escaleras, que hablamos con el tendero del barrio, el kioskero,  el gallego del bar de la esquina que sirve un pulpo “a feira” para chuparse los dedos o el renegón del estanquero, que adora su refrigerada cámara de puros. Incluso, hasta Pepe (se puso nuevo nombre como el santo de la ciudad) el oriental que vende bisuta y papel de higiénico por  si las posaderas del roscón han regurgitado un marrón intestinal. Eso es Smoke. Terminales de dendritas diluidas en humo celestial.  H. Keitel, me recuerda a mí. Cuando me arruiné con el estudio de fotografía y me pasaba la vida en el bar hablando de los cambios de luz. Esos que habitan en esquina que cada individuo. Alienado al azar. Todo lo dirige el maldito destino como los dados de Tetis. Las amputaciones, la fortuna, la desgracia, la luz, la noche y la muerte marca el tic-tac del mundo”. Keitel, aquí doblado por el gran Camilo García (la voz de Hannibal Lecter, Anthony Hopkins) que hace muy bien su trabajo. No obstante, la voz de Keitel en V.O. es fantástica.  Nos recuerda en seis minutos que es la Navidad  a su amigo, el  escritor interpretado por Willian Hurt. Quién sabe si con firma o sin firma.  Sentados en la añeja cafetería del Brooklyn de Paul Auster. Aún dudan del espíritu de la navidad. Aquel cuando el viejo— apuraba su Cohibas—  y, concluía lentamente su copa de Martell. “Smoke” en estado puro. Lo ven como en el IQP, también  nos gustan las cosas hermosas. Lentamente, a fuego lento, chupada pausada y purgada. Harvey y William


                                            


                                                  Meryl Streep y  Ed Harris in “The Hours”







Virginia Wolf de la mano del novelista Michael Cunningham en su magnífica novela, ”The Hours”, un texto hermoso y espléndido. Muy recomendable. Nos invita a subir en  la máquina del tiempo planificando su obra maestra; el suicidio. Final de un tiempo donde los tormentos son insoportables, que mejor terapia y remedio a tanta angustia de Mrs. Dalloway. El relato  de tres mujeres que asisten al  encuentro del  sentido de la vida. Diferentes épocas pero, absorbentemente, engarzadas por clónicos anhelos, miedos y penas. La propia Virginia Woolf (Nicole Kidman), en el viejo y elegante  Londres, de principios de los  veinte, pelea contra su locura en el proceso de escritura su primera novela, la citada,  "Mrs. Dalloway". Luego, a finales de  los 40, en el inicio de la guerra fría; Laura Brown (Julianne Moore), una esposa y madre en la ciudad de  Los Ángeles, lee con avidez "Mrs. Dalloway".  El texto se revela como cauce hacia una nueva entelequia vital, que reaparece en la angelical  Clarissa Vaughan (Meryl Streep), en el Nueva York 11-S. Cuidando a su amigo Richard, un brillante poeta enfermo de SIDA que cuenta las horas de su existencia. En ese plano aparece la angustia  temblorosa. Hipnotizado y subyugado por la lectura, descriptiva y visual tienen para la literatura las palabras. Digo que me parece literaria, y lo reitero, porque en "Las horas" nos encontramos con la verdadera felicidad; volátil, efímera, quebrantable. De ahí, la cruzada interior que cada personaje lleva consigo. La vida—la auténtica— sin adornos ni confituras marinadas. Entre  flores,  basura, espejos y peinados se acicalan al ritmo, en do mayor del piano de Philip Glass. Mientras, Ed Harris agoniza y maldice a la condición humana. La contenida y envolvente partitura de la vida y el ser humano en el cristianismo. Ahora, que me muero, invirtiendo la máxima de Wilder. Pagó en sacrificio, vuestra generosidad en el sepelio con el premio del réquiem por uno que nos os va a molestar más. Majestuosa y pletórica aceptación de lo que siempre remarco e inyecto a todos Uds. La atávica generosidad de su atención con el desvalido y la compasión por el que no maldice, ni ofende ni puede ni le dejan. El hálito se hace agnóstico y el suicidio puede resultar  liberador ante  tanta hipocresía y frustración. Atentos al clip.


                   





                                    Trainspotting by Irvine Welsh. Monólogo final de Mark Renton






Nadie mejor que un yonki sagaz y reconocido, contándonos sus patéticos intentos por desengancharse y llevar una vida respetable. Irvine Welsh dixit; “la gente se droga por placer, no porque sean gilipollas sin matices. La inevitable caída en la delincuencia; el alejamiento de los que crees tus amigos...” Como bien pone en la boca de Ewan McGregor. Porque emborracharse es un placer digan lo que digan. El desorientado e inconsecuente, Mark Renton en un saco roto de sabiduría. ¿No es verdad, que  estas Navidades Uds. delante de la mesa del Sr. Plácido de mi viejo amigo Berlanga, pensarán…? “Elige la salud: colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos unos trajes en una amplia gama de putos quejidos. Elige el bricolaje, y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá y ver teleconcursos que embotan la mente y explotan el espíritu, mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo, siendo una carga para los jóvenes a quiénes has engendrado para reemplazarte. Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?” Ni Averroes lo hubiera elucubrado mejor. Ahora, ya puede sonar mi amigo Lou y marcase su antipática y soberbia “Heroin” con la Velvet Underground (el puto, Lou Reed es tan grande en solitario como con la Velvet, diga lo que diga el gilipollas de Sick Boy). No hay apología —supuestamente— hedonista y parcial en toda esta obra maestra. Sólo cuentan los actos y las consecuencias. Asumir el contexto. Difícil, más en estas noches. Padres, madres, hermanos-as, cuñados-as, primos-as, nietos-as, nueras, suegras-os, sobrinos-as, yernos, novios “de estrangis” escaqueados al banquete y demás especies. Igual, alguno de Uds. se deprime. ¿Quién sabe eso? ¿Lobatón?  Yo, apostaría por Wilder.  Les aconsejaría la salida fácil. ¿Dónde? Por ejemplo, en un bar de singles junto a tu vecino apoyado en la barra del bar porque, simplemente, la turbadora realidad de una borrachera es un deleite. Reales,  adictivas y vitales. ¿Se acuerdan de su primera comunión y el primer coñac? Lo dicho,  no olviden el matasuegras y la batería del Smartphone


                     








                                               Julianne Moore y el abogado de Mr. Partridge





Magnolia, es uno de esos logros del cine actual, que nos ha dado en los últimos años del pasado S. XX. Y hace, que no pierda la fe en ese prodigioso invento. Ese tipo, PTA y su estilo, poco convencional, narrativamente ágil, heredero de los grandes clásicos norteamericanos y deudor del cine de los 70. Un guión original, que podía ser una novela de culto. Un submundo de historias múltiples en pro de un anhelo extraño, brillante, raro y caprichoso. Donde se habla del perdón y la redención por los  caminos del abismo y la soledad del individuo. ¡Quién está dispuesto a perdonar o redimirse! Cuando la vida te ha puteado, golpeado y robado tus ansias. Ken Loach se acogía a aquello de todos los días llueven piedras. No obstante,  Thomas Anderson ha retorcido el instinto y busca ranas como langostas persistentes en el Antiguo Testamento. Un puzzle de perdedores, fracasados, menguados y angustiados actores que nos recuerdan a aquella surrealista "Deus ex machina" más cercana al genio de Ionesco con un glaseado de mejor Gabo. Magnolia es un cuento sobre la muerte, la tristeza y la soledad, el abatimiento moral y la frustración. Y la incapacidad de perdonar al prójimo. Cómo estamos en Navidad, me permito la licencia del mismo ¿Perdonan a su vecino el terrorista que le voló los sesos a un ser querido? ¿Se perdona a una monja que roba a un neonato de su madre? ¿Cuánto somos capaces de perdonar? ¿Cuánto cuesta olvidar? Sólo las víctimas de Alzheimer tienen ese don.  No tiene precio ni peaje tan cruel.  Qué jodida es la vida. La música de la película está compuesta por Jon Brion, que ya es una de la músicas de mi vida.  Acompañada por las canciones de la cantautora, Aimee Mann. La combinación del score de Brion con los temas de Aimee resulta esencial, pues la música cobra vital importancia dentro del conjunto coral del film. A modo,  de  ínfula  espiritual da ese plus de sentido al  conjunto de secuencias en las que hace presente. Un ejercicio de magisterio  psicodélico con satinados Made in Broadway nos adentra  en la antesala  del instante iniciático. Cuando nos introducimos el ácido en la lengua y viajamos a los infiernos de Julianne Moore. Siéntense, pónganse cómodos y conecten la vitalidad del dialogo con su abogado de la familia. Uno de los mejores de la historia del cine. ¿Acaso no tiene razón? ¿Es verdad, es mentira? Somos así. O nos escondemos de nuestras propias miserias. Disfruten de 3 minutos y pico, que como guión original es casi una novela: un clásico. Ejemplar



                                         
                                                    
                                                     Dedicado a Pablo Mora Jr., ¿? 01-2013


                     El ácido de Amiee Mann. Cantemos juntos este villancico de Navidad.


                   

P.S.;  Bien,  nos hemos vuelto a adelantar 24h. Un feliz imprevisto. Aprovecho la ocasión para desearles unas Merry Christmas(Felices Navidades) y espero verles el próximo 28 0 29 de este mes con  la última femme fatale del año. Disfruten de lo que hagan. No se olviden, la vida es muy corta. Demasiado

P.D.; Os adjunto el enlace con de esta entrada con el blog de referencia literaria Hankover (Resaca). Muchas gracias a todos-as

 http://hankover.blogspot.com.es/2012/12/el-inquietante-bypass.html

“Réquiem semiótico por Don Draper y Tyrone Power”

noviembre 30, 2012 Jon Alonso 38 Comments








De verdad. Sean honestos consigo mismos. ¿No les resulta extraño el magnetismo de  los  relojes de arena? ¿Nunca se han preguntado por las increíbles comparaciones del azar? ¿La duplicidad de los axiomas, el elemento binario dentro del verbo predicativo y la función de la posterioridad del gerundio? En serio ¿Persisten las dudas? Pregunten por el Sr. Carax en cualquier rincón  de los altos del Sena. Seguro, que les saca de sospechas. Nos hemos descapitalizado moralmente. El bloguero corta y pega como el látigo de Liberty Valance, sin ley que lo redima. Es reo de Googlelandya: la pústula caramelizada entre efluvios de guarismos... Esa, que sabe más por cifra  indolente que por diablo. Sacude a millones de conformistas y sustituye los arlequines cubistas de los bosquejos  por mastabas Neorrococó. A ese tío lo conozco, me suena. Fijo. — ¡Joder!, te  lo juro que lo he visto y no hace mucho… No se ofusquen en balde. Sean comprensivos con un rehén; es el síndrome del recibidor navideño de Cassen. Toda ausencia de respuesta tiene su encuentro en la semiótica del pope de turno. Últimamente, ando relajado y con un runrún estomacal sospechoso. A mí no me gusta la cascabelearía intestinal; me produce zozobra alienígena. Encuentros en la tercera fase con logo de la sanidad autonómica empeñada —económicamente y moralmente—  que  vivamos muchísimo. Pero con la farmacia embargada y  la  salud harto precaria.















No es país para viejos, ni Peterpanes pertinaces. Aferrados en apabullar, deslumbrar, impresionar o sorprender. Creemos ser inventores de transmutaciones. Sin embargo,  la realidad es otra. Viejos monacales, graznados caídos y fieles asistentes a la pasión voyeur surrealista. Siempre nos quedará el hombre pensador, innovador y renacentista; Garcilaso. Pobre valiente toledano. Nunca más se supo de la grandeza ecuménica del soneto. Depurado en las estanterías de faquires atestados en abyecta pureza de secta sibarítica. ¿Todavía no ha aparecido el gesto de Tyrone, ni el cigarro de Don? Claro, si es que todo se halla en la reflexividad. ¿Reflexividad? Dónde están las valientes agallas del artista con semejante palabro. Me lo imagino: en el manual de la semiótica de narrativa audiovisual.  Yo sólo encuentro una deriva al término. Del latín réflexum y su supino reflectere: volver hacia atrás. Como decía Garci,  “Volver a empezar” con más pelo y el añoso Chanquete en Gijón, D.E.P. Machado, diría: —en  castellano, Reflexivo...El reflejo del Guadiana y la luz que reflecta Castilla ¿Qué se busca?—Vale, ya lo pillo. Vender bártulos impresentables, indigestibles, invendibles, soporíferos y letárgicos. Ahora, llamados inventores semióticos.





















Qué pena no tener el teléfono de Gila. Podríamos llamar a Ford y Miliki. Convencido, que nos dejarían muy claro lo que pretende la camarilla  etnologista  y su grey de Suresnes. No lo entiendo. No se me enfaden. Con más morfina— que el poeta D. Thomas—mis huesos penden de dos telediarios.  La cripta espera repleta de fango. El dolor neuropático no conoce de apegos.  Quiero hablar de Tyrone Power y Don Draper.  Pero estoy en plena catarsis hacia D. Pío. Eso me dijeron  por mail interior los de la editorial del crimen. Un escabroso para la izquierda, demasiado relapso para la derecha. Así me va... Tranquilo. Sigo con mis encargos. Un hombre de Noir puro y duro. La vida del negro. No es tan mala: las hay peores.




















Tu genio y firma directos a la gloria de algún evangelista agitador de radio nocturna que reivindica las esencias del Belén, ex terroristas maoístas descubriendo una conspiración judeo-masónica en el reino de Navarra, ex políticos jubilados de la guerra sucia de estado ajustando cuentas con viejos colegas  de pana mostaza, memorias de ex presentadora hipomaniaca sexual y cocainómana.  Más  memorias; las de un presentador jubilado de la Radio Vaticano saliendo del armario, ex ministros de Franco con cáncer de próstata o ancianas folclóricas que hicieron fortuna en las Américas. Qué más da. Un sicario bien pagado. Un buena zorra peckinpahniana. Lentamente, como G.V. Higgis. Él, mata.  Yo escribo  para gente importante. Me pagan. ¿El trabajo? Una parte por anticipado antes del encargo.  Se transfiere el  dinero a una cuenta castiza e intervenida por el estado. No suelo utilizar las helvéticas.














Al final de la entrega, la editorial  Ghost Writer da el O.K. vía e-mail.  Así, da gusto. Y el resto de la pasta a mi cuenta. Soy de la vieja escuela como Tyrone  y mi amigo Don. Que sigan ellos con el showroom del mechandinsing pedestre y webesférico, desparramando contra Bramante  y “Mad Men”. ¿Por qué no les gusta? ¿Serán unos modernos con foto satinada en la cartera de la guapa Kelly McGillis? —diría, Charlie Boyero.  Yo se lo digo en cuatro idiomas porque es la hostia. Es una de las mejores cosas que nos han pasado en esta vida. Amén, de la gallina turuleta. Don Draper con su attache. Obcecado por los despachos de trepas mediocres hasta las cejas de Armani. Los cachorros de la HBO. Recibe una patada en el bajo estómago. —No es nuestro rollo. — ¿Dónde dice que ha trabajado? —Dígame… Él, continúo. Obstinado en la agitada búsqueda  y llamó a la puerta de AMC.  El empecinamiento dio paso  a la humeante luz de un status limpio e impoluto. HBO y su directiva con un palmo de narices. Mr. Weiner emulando al maestro Wilder.












Le pedían un C.V. al alma mater de los ingeniosos “The Soprano” —era el que escribía los diálogos— no el creador del producto. Un trabajo de meretriz a destajo (en el argot audiovisual) los que conocemos la manija; bien pagado. Le gustaba Tyrone Power y “Johnny Apollo”. El Noir, las conversaciones, el humo, el alcohol y los trajes de tres piezas. Era muy grande. Tenía unos dientes muy bonitos, unos ojos preciosos y una voz seductora.  No hacía distinciones con el sexo porque era más listo que el hambre: La percha impecable e indómita de Hollywood. Se buscó al recambio en la TV inteligente del siglo XXI, es Don Draper. ¿Aún, siguen pensando que hay demasiados problemas en este país? Bien, pues reclamen o sino hablen con sus libreros. Soy un negro, con alma negra (un puto escritor fantasma, muy bien remunerado) me gusta el Noir como a mis amigos Don Draper y Tyrone Power mientras fumo. Ahora, no puedo por orden facultativa, lo cual,  me produce la misma grima que los apestosos ladrones de ideas y contenidos intelectuales. Ya sabemos que el plagio lo inventó Virgilio y Dumas lo refino. Pero tengan estilo. ¡Por favor! —Brama el graderío al corifeo-a:— no pasa nada colega, tú sigue así como “Sigue sigue Sputnik” y su canción ¿recuerdan aquella basura de tema? Ahí está el furúnculo de Google para el Cut&Copy. Viva la revolución… Sugerencias contra el malestar. Regálenle a Rajoy un matasuegras anticrisis y un GPS de la NASA para encontrar a su niña.














No obstante, la quincalla de Google se empeña en hacer la leche Pascual  del sueño semiótico  y a Wellman dueño del plano aséptico adverbial. Menos mal, que no vive para verlo. De verdad. ¿Aún, siguen pensando que lo de las coincidencias son como los uniformes sanitarios ex soviéticos y los del imperio Austro-húngaro? Pasen y vean. Observen el plano, el vestuario, la pose, el gesto. Es idéntico. Está todo inventado. El planeta  tierra ya parió a Esquilo, Sófocles, Cervantes, Poe, Shakespeare,  Faulkner y los beat. Solo quedan aquellos superhéroes de antaño: los genios. ¿Cómo se soluciona el problema? Con gente como Don Draper y T. Power. Currando, bebiendo, hablando, follando, fumando, comiendo, pensando, observando, viajando y durmiendo cuando no se puede más. ¿Sabían que un neurocirujano tarda en extirpar una metástasis del lóbulo inferior izquierdo 120 minutos? ¿Cuántos post se hacen en 120 minutos? ¿Cuánto tiempo se quema al día en la nada? ¿Cuánto se tarda en hacer cut&copy a un texto de un escritor, un periodista, un músico, un trabajador de las letras, a un ingeniero o un diseñador gráfico? La crónica de los hombres hechos a sí mismos. Buscándose la vida, sin mayéutica ni predisposición a la semiótica de urgencia.














Esta es mi meditación. Busquen y comparen como el detergente Colon ¿Dónde estará Manuel Luque? La genialidad. Se llama Mad Men; él es un tío o el hombre, Don Draper. Le gusta “El filo de la navaja” y el whisky de centeno. El Rococó galáctico entre abolengo y Pop art se hace minimalismo en las entrañas. Los problemas los solucionan talentos como Tyrone o Don. La mediocridad se tambalea bajo el peso del universo postrero y los críticos no saber beber whisky. Andan ciegos de luz,  iphones, calefacción centralizada con mando a distancia, conferencias, pixeles iónicos, Pepsi light, profiteroles,  subvenciones de condados medievales en alquiler, sobredosis de tedio en vena  y desazones tras la ducha matinal frente al espejo del cuarto de baño. La nueva democracia asalta el poder de los cielos de Cooper. Una  caterva de mentes grises, cuyo único recurso es el wshatsapp, el mousse cut&copy, Facebook, el canario Twitter y la semiótica. Gracias por existir Tyrone Power. Ya están llegando los primeros spots de “El Almendro” y “Ferrero Rocher”. Toca el lagrimeo de cocodrilo y aguinaldo con el morro torcido de sobredosis crustácea. No pasa nada. Hay pantoprazol en el cajón y un aluvión de  besos a lo Michael Corleone en la Habana espumosa ,y, confeti en la  puerta de Alcalá. Apenas 20 días de abetos, bolas de vinilo y frases manidas. No se preocupen. El próximo verano, si la dicha sigue. Veré morir  a mi héroe Don Draper y a lo mejor tienen suerte. Lo digo, por aquello del maestro Umbral: “Como parece que yo no les gusto nada a ustedes y que mi oratoria no coincide con su retórica, les voy a sacar a ustedes el sombrero, que está aquí mismo, en el bar, pastando un poco y leyendo el Financial Times”… Igual—servidor— vuelca a la salida del bypass. O mejor aún, una sobredosis de mi botiquín particular. Qué más da... No hay nada seguro en la vida, ni la muerte semiótica.









                    Dedicado al Dr. Garzón del  Dpto. de Neurobiología Molecular del Instituto Cajal CSIC

                     



               




                                                                    Tyrone fumando y haciendo magia




                                      

                                               


                                                                     Don Draper, diabólicamente adictivo  
    
                   



“Mi nombre es Lana. De profesión femme fatale y no suelo fallar”

noviembre 10, 2012 Jon Alonso 42 Comments







Sófocles dijo que Circe era una semidiosa que representaba a la deidad de los hechiceros. Circe era, a su vez, princesa de la Cólquide, aunque destacó por ser una maga cruel, hipócrita y celosa. No tan hermosa como Lana. Pero se llevó por delante al rey sármata, que en este caso era un mamporrero de segunda. El matón de turno, Johnny Stompanato, machaca del capo Mickey Cohen y empleado de Cosa Nostra S.A. No se conoce criatura de por medio en la antigua Grecia, pero seguro que había una Cheryl Crane ejerciendo de Molly. Esas son las ventajas del Noir. Como dice mi amado Jim Thompson: —“Puedes ser un ex convicto, incluso un asesino, lo dices y eso ni les molesta, seguro. Te darán trabajo, te llevarán a sus casas, se harán amigos tuyos. Pero si tienes algún tipo de problema mental, quiero decir: si alguna vez has tenido alguno, bueno, eso es otra historia. No querrán saber nada de ti” Yo sigo pensado que Lana Turner era una diosa tan hermosa como Afrodita y una mujer de armas tomar (estaba como una cabra, pero le sobraba talento) como las mejores  femmes fatales del género. Me encantan estas mujeres son diferentes, en esencia, almas titánicas. Si me permiten introducir el flashback como elemento narrativo. Bien, pongamos el motor en marcha. Silencio y  acción. El  5 de abril de 1958, ambos cónyuges (Stompanato y Turner) mantuvieron un desagradable altercado en la hermosa mansión versus toque colonial de época en Beverly Hills. Villa donde residía el temperamental matrimonio junto  a su única hija, Chery Crane. La pequeña, por aquel entonces, tenía quince años. Una trifulca entre los citados, se fue calentando hasta llegar al paroxismo. La discusión subió de tono y brío, como una momtaña rusa. El preámbulo de los golpes era una obviedad. Finalmente, el matón la agredió. Amenazándola con desfigurarla en caso de que ella se arriesgara a abandonarlo. Stompanato comenzó a abofetear a la Turner cuando Cheryl Crane, se abalanzó sobre él y lo mató a cuchilladas. De repente se hizo el silencio. Un cuerpo ensangrentado yacía en el suelo mientras quien sabe, como la diosa y su hija intentaban poner orden a su zozobra. Policías, más policías y prensa del higadillo con el forense de turno, cigarrillos en ristre y lapiceros en la oreja. La fiscalía no quiso presentar cargos sobre la niña, alegando que había actuado en defensa de su madre. Según algunas versiones, Cheryl buscó un cuchillo de cocina y apuñaló a Johnny para defender a su madre. Otros comentaristas aportaron datos más sórdidos: afirmaban que Cheryl —una quinceañera taciturna y rebelde— estaba enamorada del gangster y terriblemente celosa de la belleza y del asedio masculino que generaba la presencia materna. La prensa no escatimó detalles, cito textualmente las crónicas de antaño: "Me incliné sobre él y le levanté el suéter. Vi la sangre...—relató más tarde Lana—. Traté de insuflarle aire en los pulmones por medio de la respiración boca a boca. Agonizaba, y poco después murió".



                                               












La muerte de Stompanato saltó a las portadas de todo el país y colapsó la colina de las vanidades in Hollywoodland. Alto, atlético, y tan apuesto como bizarramente siniestro. El Johnny más canalla del  Crime Noir. Se le conocía, también, como Johnny Valentine. El ex guardaespaldas del gangster Mickey Cohen,  amigo de las divas Zsa Zsa Gabor y June Allyson. Stompanato  se le veía a una legua, pues es un personaje más de los films de Wellman, Coppola, Ferrara o Scorsese. Se dedicó con entusiasmo a dilapidar el dinero que ganaba la actriz y logró manejarle la vida a su antojo. ¿Les suena el tema? Es viejo, pero se repite. Miss Turner le temía, pero al mismo tiempo se licuó por su maldad. Su olor, su fuerza y ese maldito  sex appeal que envuelve a los demonios: "Lo adoraba. Reconoció en el estrado durante el juicio—era como una enfermedad. Sabía quién era, cómo era, pero no podía separarme de él. Me dominaba completamente. A veces, tenía la impresión de estar bajo los efectos de la hipnosis. Sólo las mujeres pueden comprender lo que quiero decir. Señoría”. Citaba textualmente en el estrado. Su mentor Mickey Cohen, que lo quería como un hijo reclamaba venganza entre lamentos y sollozos ante el juez, en uno de los espectáculos mediáticos que hizo las delicias de todo papel: el satinado, el cuché y comidilla particular de las barbacoas Made in Usa de los Weekend. La sentencia dictaminó homicidio con atenuante. Pasaron 16 años y hubo un avezado  productor que sugirió a la estrella del Noir recrear el affaire para la gran pantalla. Una producción de tragedia "Stompanto&Turner". Todo ha quedado en un proyecto de un viejo cajón de Hollywood. Pero como lo estoy diciendo hoy: Aún veremos esta historia en algún cine digital. Los remakes y biopics de las estrellas del Noir saldrán como setas y novelas negras en la feria del libro. De la criatura de la hermosa rubia oxigenada, Cheryl Crane, hija del matrimonio de Turner con Stephen Crane declaró en Variety: — “mi madre se encontraba muy bien" en los momentos inmediatamente anteriores a su fallecimiento. Dixit: — "Ha sido un golpe, terrible. Acababa de terminar siete semanas de tratamiento con radiaciones y parecía que se encontraba bien. Simplemente dio un suspiro y se fue “tenía 74 años. Y la pequeña Cheryl ya ha cumplido los 69 y el cáncer también se le presentó. Pero lo ha superado.













Lana tuvo claro desde niña que lo suyo era el mundo del espectáculo. Nacida en el remoto Estado de Idaho en 1920, bajo el nombre de Julia Jean Mildred Frances Turner.  Hija del bailarín y coreógrafo Virgil Turner. La familia Turner — por entonces,  Lana era una adolescente— se trasladó a Hollywood, donde ella realizó estudios de arte dramático y baile. Para seguir con la crónica Noir de esta apasionante mujer. Su padre fue encontrado en una calle de San Francisco con el cráneo destrozado a golpes: lo habían matado para robarle un dinero ganado jugando a los dados. Tenía sólo 36 años, y esa muerte violenta fue el primer drama que marcó la vida de la futura estrella. "Era un gran tipo, su ídolo y  lo adoraba” —decía Lana Turner años más tarde—. Me parezco a él no sólo físicamente sino también en temperamento y destrezas. Tenía una cierta alegría desprejuiciada combinada con la dureza necesaria para enfrentar las consecuencias. Era un luchador." Su hija heredó esa heroica y el espíritu espartano para crearse una carrera en Hollywood, aunque solía reconocer en pleno atracón a solas con los efluvios de Baco. "Soy una mujer desgraciada y hasta débil". No fue sincera del todo, tenía el alma de Circe. Todavía se comenta en aquel Hollywood clásico la algarabía que sostuvo con otra bellísima estrella de la Metro, la pantera Ava Gardner. Fue un asunto nuevamente con los destiles de Baco —confió una vez Robert Taylor, que presenció la disputa— no sólo porque ambas se habían bebido medio Mississippi susodicha noche, sino que además, se disputaron los favores del barman que servía el material escocés: un apuesto latino. La reconciliación llegó cuando optaron por compartir al efebo. Aquellos sagaces “latin lovers” que pululaban en la noche del turbio Hollywood; los que apresuraron el deterioro profesional de ambas. Los cócteles, la cocaína, los barbitúricos y el sexo duro hicieron el resto. Sólo hubiera faltado Sabina en la fiesta y Keith Richards. Obviamente, adentrarse en la vida sentimental de Lana Turner significa recorrer una guía social de Hollywood en su época de oro. Un ejercicio de documentación y deleite lectora que provoca adicción y mucho tiempo de ilustración. Ahí, figuran en la agenda de terciopelo un sabroso listado que pueblan; Errol Flynn, Peter Lawford, Robert Hutton, Rory Calhoun, Turhan Bey, Howard Hughes, Mickey Rooney John Hodiak, Frank Sinatra, Fernando Lamas, Glark Gable,el grandullón Victor Mature y el divino Tyron Power (al que más amó) era el más listo de todos, hasta que su corazón le traicionó. Así como un montón de incontables anónimos que diría el maestro de estas crónicas Noir, James Ellroy. En 1946 Lana era una de las diez mujeres mejor pagadas de los Estados Unidos. Ganaba 226.000 mil dólares al año —el equivalente a casi medio millón de euros actuales—, y aunque los impuestos eran muy elevados vivía como una potentada. Para ella el amor es muy importante y nunca tenía demasiado. Me pregunto, ¿y quién no tiene demasiado? ¿Quién no quiere más? Así es la vida. Una trompeta de Jazz como la de Miles Davis. No dice la canción aquello de, “Cuanto más mejor”.


















Eso es pasión, lo demás queda en el meridiano del tedio. Acaba así un capítulo de la historia del cine que lo tuvo todo: melodramas baratos y obras de arte, “El extraño caso del Dr. Jekyll” (1941), “Senda Prohibida” (1942), “Quiero a este hombre” (1941),) “Cautivos del mal”(1952),  “Vidas borrascosas” (1957) “Imitación a la vida” (1959) y  etc. Pero, ninguna le daría la gloria como una de las femmes fatales más grandes de la historia del Noir, “El Cartero siempre llama dos veces” (1946) del ínclito, Tay Garnett.  Basada en la novela de James M. Cain. Ese personaje —que todavía—, cuando aparece en pantalla plana coreana de 47 pulgadas con esos sexys jerséis apretados estilo años cuarenta; la transforma del revés. Posando en los innumerables carteles de cuarteles militares entre los soldados norteamericanos de la II GM. Glamour con clase. No esa ordinariez del nuevo S. XXI en el solicitado canal italiano y su pope Izaguirre. Los divorcios y el escándalo a cuestas. Lana Turner en estado puro. Su hija, Cheryl fue concebida durante el matrimonio de Lana Turner y el actor Stephen Crane. Turner estuvo casada también con el músico Artie Shaw y con Lex Barker, uno de los actores que interpretó al incansable rey de los monos, Tarzán. En total, siete matrimonios. No está nada mal a la altura de los intratables ojos violeta de Liz Taylor. Su talento era prácticamente indiscernible de un look marcado por una voluptuosidad calculada. Casi tanto, como el modo de su agitada vida sentimental. Entre la confusión y la clonación de impenitente dualidad: realidad Vs ficción. Igual, que  los papeles que interpretaba. Recuerdo una frase lapidaria y sigue siendo más cierta que una catedral gótica de nuestra piel de toro. Dixit: — "Seamos honestos, el aspecto físico es lo primero que me atrae. Luego, si llegas a conocer la mente del hombre, su alma y su corazón, eso es ya la guinda del pastel". Yo pondría en el epitafio a esta mujer, femme fatale, donde las allá. Aquel film irrepetible, perfecto, regularizado en la síntesis de la primigenia de la literatura griega y estilizado con precisión por JMC. Algo indestructible y hermoso. La vetusta química entre ella y John Garfield. Juntos llegaron a proyectar exitosamente un aura de pasión incontrolada ¡Bendita Circe! El productor y el director Tay Garnett pensaron que la ropa blanca atemperaría la sensualidad latente de la estrella y les evitaría problemas con el Código Hayes. Ya podemos reír como le gustaba a la Lana y despedirnos con un  “Qué le den Mr. Hayes”.  Revivamos la magia de aquellos eternos enamorados, Cora y Frank. Frank y Cora, D.E.P. La vida no suele llamar dos veces. Pero el cartero siempre lo hace…










Dedicado a las mujeres hermosas que he amado. Cuánto siento no haberles dado un cuarto de todo el amor que recibí de ellas…










Biografía consultada y recomendada:

Lana: “The Pulblic and Private Lives of Miss Turner” by Joe Morella&Edward Z. Epstein
Ed. Citadel Press NY (1971)
“The Bad Always Die Twice” by Cheryl Crane Ed. Kesington (2011)