Las familias magnéticas de Nobili

diciembre 08, 2017 Jon Alonso 0 Comments







Todos los sueños de noviembre comenzaban de la misma forma; unas hermosas damiselas flotando sobre un campo magnético de cristal fluorescente con las caras desalentadas. Cada una de ellas, improvisaba un aria inmaculada y certera. A pesar de sentir la sombra del miedo, detrás de las cortinas, en cada respiración del imantado escenario: el espectáculo continuaba su itinerario. Sin embargo, aquellas sombras pavorosas; terminaron por convertirse en público luminescente. Desde, ese instante, comenzaron a cantar todo su repertorio en Do menor. Finalmente, sonrieron sardónicamente a la platea y desaparecieron como en un prestigioso truco de magia.
—Esto es insoportable. ¡Por Dios, qué crueldad! Me parece terribleesputaba una voz. Desde el fondo, del decadente patio de butacas. La barítono del cuarteto miraba su libreto de notas convertido en algoritmo caótico. 













Aquel programa cambiaba de grafía y se transformaba en pétalos de flores multicolores que caían y volvían a elevarse. El olor que desprendía aquel libreto, no era precisamente a orquídeas salvajes, sino un hediondo légamo dentro de un millón de letrinas embozadas.
—Todo sigue igual. Sin cambios. Tan solo, un halo de éxtasis, a modo de tiempo muerto, parecía ser la nueva eternidad. Me pareció la gran pantomima de un patético infierno —Comentaban las luciérnagas, mientras traían el celestial aroma a pan horneado. ¡No, no! Estás muy equivocado. ¡Tío listo! No voy a servirte ni te serviré jamás. Tu alternativa es lo más parecido a llorar o sentir el punzón de tu maldita enfermedad crónica. —Ah! Cabrona. ¡Piedad, por favor! Nunca cambiaras, ni sabrás del significado de tal palabra. No tiene sentido, perder el tiempo en tu puta cantinela. 












Tu ADN lleva grabada la palabra, perdedor.—Le respondió ella. El pilar del flujo de magma que olía a caspa y barras de chocolate recién desprecintadas del paquete, empezó a atragantarse entre risas flojas. En aquel lugar las vibraciones eran bizarras y descompasadas. Cuando la rotura del cristal de una bombilla crujió en mi estribo. Pero, todo quedó en una almádena que se estrelló contra el cerebro de aquella alcahueta.
—A esos que sirves, ya no te ven como una persona, ahora eres un arma sensible. Un artefacto viviente para guardar y sacar cuando necesitan. Algo destruido. Ansias la libertad, pero estás encadenado a tus Domines. ¡Sírveme y te daré toda la libertad que quieras! Una ola de rayos gamma se iba concentrado a marchas forzadas. Ella sacudió la cabeza violentamente y gritó. Parece que alguien o algo desconocido rompió las barreras; y ahora la ley pura está en los planos de la realidad virtual.











La ley pura es veneno para los seres vivos, pues, cambian. —Eso es tan malo como la propia interpenetración del caos. Ahora, sabrá cuál es la situación. —Prepárese para estar listo, en cualquier momento. Cuanta más información tenga; el diseño del plan de ataque dejará de ser una quimera. Mi garganta la notaba seca. ¡Hora de beber! Venga, idiotas! Beban. Es gratis. Nobili se inclinó ante su público y se dirigió rápidamente hacia la puerta. De repente, un extraño rayo de energía cayó del cielo y golpeó los cristales de la tramoya. Su armonía dejó una sonoridad tripartita que se intensificaba, cada vez que sorbías un poco de vodka. Nobili sintió la naturaleza de una deformidad —dentro del rayo ámbar— de energía que fulminó el escenario. Fuera lo que fuera, estaba hecho con una alineación y simetría perfecta. Realmente, prodigioso. Aunque la viga tenía un ángel pegado a una escocia. Nunca supimos si era un ser bueno o malo. Definitivamente, Nobili se despertó y espetó: ¿aprendieron algo de expuesto hoy aquí? —Creo que va a ser que no. No se preocupen, estas cosas pasan en las mejores familias.





                                                                                     FIN




                              Dedicado a Johnny Hallyday Junio 1943/diciembre 2017   In Memoriam






Fotogramas adjuntados


Edison, the Man by Clarence Brown (1940)
Primer by Shane Carruth (2004)
The Invisible Man by James Whale (1933)
The Imitation Game by Morten Tyldum (2014)









                   

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Gloria Grahame; La musa del bisturí y la sexualidad del Noir dorado

noviembre 17, 2017 Jon Alonso 0 Comments






En unos tiempos donde lo de ser actor y productor; está bajo mínimos y supeditado a un chequeo diario de rayos X. Las inmundicias de Hollywooland (redundantes viejas depravaciones morales de los intocables hombres creadores de sueños) han salido a la luz. Todos esos inconfesables secretos, ocultos, y equivocadamente guardados, en nidos de águilas, ahora, carne de cañón del prime time. La paranoia entre la comunidad de la farándula de Beverly Hills; es una realidad. Me acuerdo de las arpías Hedda Hopper y Louella Parsons. Pobres cotillas. A día de hoy estarían descolocadas. Las confidencias personales y sobornables son presas fáciles para Twitter y demás tramoya de la Network. Este columnista jubilado sobrevive —malamente— en una época donde existía todo lo dicho, hace un instante. Uno sigue, intentando hablar de las mujeres de su vida, a pesar de los pesares, del mundo políticamente megamediático. Sin embargo, también fue un tiempo, donde mujeres extraordinarias dieron su alma por un arte y un estilo. El Hollywood dorado de las femmes fatales repletas de belleza ambigua e inquietante. Geiseres de energía sexual, de una personalidad atronadora y confusamente seductora. Aquellos iconos de actrices fatales —por excelencia— dentro del cine negro norteamericano, de mediados de los 40 y los 50; nos presentaban mujeres hermosas, inteligentes, poderosas, demoledoras y autodestructivas. Siguiendo nuestro viejo itinerario por aquel pasadizo del tiempo, nos encontramos con una de las mejores femes fatales de la historia del cine negro clásico. La fascinante y sublime Gloria Grahame. Y lo digo con entusiasmo, tras volver a visionar, en “Un lugar solitario” (1950). Hará como unas tres semanas —de este nuevo encuentro— del film del ínclito Nicholas Ray. La aparición, por delante de mi retina —de un actor otra galaxia—, Humphrey Bogart en el papel de Dixon Steele. Es poesía visual. Cuando esa alucinante frase que sale de su boca —dan ganas de tatuársela— directa al corazón, con aquello de: “Nací cuando ella me besó. Morí cuando me abandonó. Viví unas semanas mientras ella me amó.” Luego, ves el rostro de esa Lauren Gray (Gloria Grahame). Y dices, ya puedo morir tranquilo. Porque podría decir muchas cosas, evidentemente, pero ¿creen que voy a cambiar sus hábitos o pautas de comportamiento escuchando de mi boca semejante lisonja? No se preocupen, yo me lo guiso, sirvo y mastico. Luego, me pregunto: ¿Es una obra maestra del cine clásico norteamericano? Sí. ¿Posiblemente sea la mejor película de Nicholas Ray? Sí. ¿Y que si Gloria Grahame no hubiera existido habría que haberla inventado? SÍ y SÍ. En mayúscula. Hablar de Gloria Grahame es algo que me produce respeto, admiración y relativa tristeza. Es la misma sensación, que te deja una buena novela negra, de R. Chandler o James M. Cain, algo así como una extraña mezcla de éxtasis y abatimiento. Compungido y derrotado en el sillón. Porque no he visto una actriz tan impregnada de los personajes —que interpretaba— como ella. Muy pocas. Ella era lo que se conocía en el mundillo Hollywoodense una broad. Es decir, una dura, una tía dura, áspera, cortante y desafiante. Además de algún calificativo más despectivo, que lo damos por entendido. Gloria Grahame y Barbara Stanwych representarían ese perfil de actrices bregadas, hechas a sí mismas, como también tendríamos —en un escalón muy cercano—, a las imprescindibles: Eve Arden, Shelley Winters, Carolyn Jones o Dorothy Malone. La vida de gloria Grahame era de las más Noir. Posiblemente, se hace difícil separar la vida real, de las obras que interpretaba. Toda una dama de la pantalla —increíblemente— sagaz, trágica y fascinante. Rebobinemos unos años en el tiempo.













Gloria Hallward McDougal llegó a este mundo, un 28 de noviembre de 1923, en la ilustre y cinematográfica villa de Los Ángeles, California. Dentro del seno de una familia acomodada; que lo celebró como un regalo de Día de Acción de Gracias. Sus padres, el arquitecto y escritor Reginald Hallward y su madre Jeanne McDougall —una británica muy Shakesperiana— que desde muy niña le inculcó la pasión por la interpretación, ya que Miss Mc Dougall, utilizaba el sobrenombre de Jean Grahame, en el teatro. Entusiasmo que también rozó a su hermana pequeña Joy Hallward, la cual, pasó de ser una anécdota al convertirse en la esposa del hermano pequeño del gran actor gran Robert Mitchum, el pequeño John Mitchum. Empero, si alguien te quiere aconsejar como Dios manda; nadie mejor que tu propia madre. Ella te contará que hay dos sitios en este mundo del espectáculo, si quieres hacerte un nombre; Hollywoodland y Broadway en NY. Grahame ganó en su juventud una beca de estudios para la prestigiosa escuela de Arte dramático Guy Bates Post y estuvo en una compañía teatral, haciendo sus primeros bolos por Chicago y San Francisco. Finalmente, termina ingresando en las tablas de Broadway, como sustituta de Miriam Hopkins en la obra “La piel de nuestros dientes”. Su nombre ya sonaba en Broadway donde un astuto Louis B. Meyer —que la estaba observando— desde un palco, atentamente, le ofreció un contrato para la MGM en 1944. De paso le cambió el apellido Hallward para tomar el artístico de su madre Grahame. Debutó en la gran pantalla en Blonde fever (1944), al lado de la mismísima Mary Astor. Aunque no pasó inadvertida y su presencia dejó contentos a los más cercanos. Su talento y sensualidad eran más que evidentes. No obstante, la MGM sólo veía pegas, pues, no terminaba de encajar en el perfil de la domesticidad femenina presentada por el Hollywood de posguerra. Pasó en el estudio de Meyer como un figurante de medio pelo, ya que la mayor parte de las cinco películas que hizo allí, entre 1944 y 1947. Without Love (45) de Harold S. Bucquet al lado de pareja intocable SpencerTracy/ Katerine Hepburn. Poco tiempo delante de la cámara, pero cumpliendo con su bobo papel. La aclamada It´s a Wonderful Life (1946) de Frank Capra, intentando coquetear con el gran Stewart, Merton of the Movies (1947) de Robert Alton, otra comedia romántica. Luego vendría, It Happened in Brooklyn de Richard Whorf (1947) y Song Of The Thin Man (1947) de Edward Buzzell, enésima entrega del matrimonio detectivesco —Powel/Loy— que habían desarrollado, a partir de la obra original, del irrepetible Dashiell Hammett, “The Thin Man”, y asistía como comparsa, de un nuevo film, en calidad de franquicia. Con relativo empalago, al buen rollito, del matrimonio guay. Al lado, de otros actores fantásticos, como Keenan Wynn o un jovencísimo Dean Stockwell. Evidentemente, la gente de MGM nunca supo sacarla del rol —chica sirena ingenua adolescente— macerada de comicidad rural. Sempiterna secundaria de rondón. Sin embargo, durante ese peregrinaje, en 1946, rodó la película que le cambió la vida. El empecinamiento de un Frank Capra, a la búsqueda de una actriz —ex profeso— para el papel de Violet Bick, en su magistral ¡Qué bello es vivir! Algo cambio para Gloria Grahame en su interior. Aquel singular cineasta rebuscó en el catálogo de actrices de RKO, pero no daba con esa cara. Al final, acabó contactando con MGM y preguntó si tenían una rubia tipo Monroe, pero con una mirada más sexual y osada. El jefe de casting Billy Grady le espetó: “estoy de los coños rubios hasta los topes y su falta de oportunidades. Es una pena. Pero tú mismo”. Grady mostró a Capra algunas pruebas, y cuando Capra le preguntó acerca de una en particular, él, le respondió: "ella es una estrella, pero ¿crees que ha podido conseguir, que los idiotas de producción, le hagan una audición como procede?" Hace dos años que pulula por aquí recogiendo sus ligas. Puedes quedar con ella para tomar un café: su nombre es Gloria Grahame. He aquí, una joven rubia de unos rasgos sutiles y una mirada bizarra, la cual, mostraba una increíble fascinación por lo tentador, entre tanta moralina.  














Aquel trabajo de Grahame en It’s a Wonderful Life! Con apenas, 21 años, interpretando a la mítica Violet Bick. Esa sensual e insinuante rubia que levantaba pasiones entre los lugareños del pueblo— menos en el buenazo de George Bailey (James Sterwart). La poliédrica actriz estaba infrautilizada por un caprichoso Louis B. Meyer y la fórmula del estudio. Obviamente, GG no es ajena a la repercusión mediática del film que acaba de realizar con Capra, y por primera vez, explora su rostro resplandeciente en una pantalla gigante de 9x20mts. La situación mostró un interior frágil y angustioso. Una constante falta de confianza que se trasladó a la mayor adicción de su vida; los quirófanos de cirugía estética, en vena. Obsesionada con un problema en el labio superior —ya que se lo veía muy delgado— se las ingenió, al situarse unas pequeñas toallitas y otros remedios más peregrinos, a través, del maquillaje. El nuevo aspecto de Grahame era más que visible en 1947. La actriz estaba muy bella y Louis B. Mayer, hecho un mar de dudas, la cede al estudio del cine negro clásico por excelencia, RKO. Allí un director fantástico —aunque no exento de polémica— Edward Dmytryk dirige un film maravilloso, Crossfire (1947). La primera película de Hollywood en lidiar directamente con el antisemitismo. Una trama que se desarrollaba a partir de la novela original del gran Richard Brooks. Una atmosfera de puro Noir, envuelta en un misterioso asesinato, de un hombre en su apartamento tras una brutal paliza. El detective que lleva la investigación del caso recibe la confidencia, de una conocida del fallecido, diciéndole que unas horas antes, lo había visto acompañado por tres soldados, tomando copas en un bar. Una historia densa, claustrofóbica, y turbia donde se pone el mismo director en el disparadero de su ocaso, con RKO.  En su primera escena, Grahame. Se deja ver el estilo de mujer sexy, carnal y vulnerable. En un baile con un soldado, éste, le dice que le recuerda a su esposa. Ella le sugiere que le acompañe a su casa. El film fue un éxito (nominada a 5 Oscars) de crítica y taquilla. Gloria Grahame en su debut con el nuevo estudio fue nominada al Oscar de reparto por unos 20 minutos magistrales. RKO compró su contrato, y la sexy camarera cabaretera —que Grahame interpretó en Crossfire— se ponía la vitola de musa del futuro Noir Film. El dueño Howard Hughes, aprovechó para liquidar al director, Edward Dmytryk. RKO era el estudio que lanzó al estrellato a Welles, pero el jefe de aquel sitio, estaba en manos de un tipo de los más imprevisible y caprichoso; que campaba por el soleado Hollywood. Le gustaba putear a muchísimas de sus estrellas y directores. Luego, si querías seguir trabajando, mejor aguantarle sus antojos. ¿Les suena esta cantinela? Y tanto, que sí. A la novata Grahame le obligó a realizar un film casi de culto, la última película en Hollywood, del legendario Josef Von Sternberg: Macao. De nuevo, repetía, junto a otro mito del cine negro masculino, Robert Mitchum (ahora cuñado de GG) y la tremenda Jane Russell. Grahame volvió a salir airosa del rodaje, que despertó, el aplauso de colegas y críticos. Pero ella siempre quiso ser libre en sus papeles, capaz de elegir estudio. Hughes no se lo puso fácil y hasta que el estudio no fue absorbido por Paramount, tuvo que aguantar sus caprichos.













Entre ellos la amenaza constante, en torno, a su valor contractual con RKO. Gloria Grahame estaba muy interesada en realizar Born Yesterday, de George Cukor, en Columbia (papel que se llevó el Oscar, en 1950, a su protagonista July Holliday) y lo mismo con A Place in The Sun de George Stevens con la Paramount (otro papel que obtuvo el Oscar, de 1951, a la mejor actriz Shelley Winters). De igual modo, también lo intentó con Warner, fue el subterfugio que le valió de pasaporte para liberarse de RKO. Pero, aún restaba contrato por cumplir. Empero, gracias a esa atadura con el canal del Film Noir, pudimos films de una calidad excelente, y muchos de ellos, nunca hubieran existido sin su porte y talento. La Grahame trabajó con directores que son auténtica historia del Séptimo arte. Al aludido Frank Capra, Josef Von Sternberg y Edward Dmytryk. Le seguirían Elia Kazan, Fritz Lang, Fred Zinnemann, Robert Wise, Cecil B. DeMille y, por supuesto, Nicholas Ray que sería el más inmediato rodaje, tras el film de Mark Robson “Roughshod” 1948 y “A Woman Secret” (1948) de N. Ray, que coincidían en el mismo año. Aquel rodaje con el enfant terrible del nuevo cine de la generación perdida de los 50. Nicholas Ray, fue una de las grandes epopeyas del cine clásico dorado del viejo Hollywood. Mientras filmaba A Woman's Secret, Nick Ray y Grahame, ambos casados y caprichosos (Ray tenía un hijo de su primera esposa), tuvieron un romance tormentoso y se casaron alrededor de las seis semanas, después de la filmación. Tuvieron un hijo nacido en noviembre de 1948. Cuando comenzaron In a Lonely Place, a finales de 1949, el matrimonio de Ray y Grahame estaba al borde del colapso; debido en gran parte a las burlas de Gloria y al impulso de los brotes de celos de Ray. "muchos de los que conocían a Grahame la consideraban una ninfómana que tenía un montón de parejas sexuales". Según la actriz Jeff Donnell, Grahame esperaba que Ray fuera "posesivo y temperamental, y cuando no lo era ella crearía situaciones para que eso sucediera". Y es que si hay algo que pasará a los anales de la historia del Hollywood dorado fue la tempestuosa relación de Gloria Grahame y Nicholas Ray. Una historia donde el amor no fue, por los siglos de los siglos, que diría el cura de turno. Bien, es conocido, el cacareado vacile de Ray, en petit comité, con aquello: "Yo estaba encaprichado con ella, pero la verdad es que no me gusta mucho." Gloria llegó a Las Vegas en abril de 1948 para comenzar en esas seis semanas, de residencia, y que le permitiera agilizar el divorcio de su anterior marido. La domiciliación finalizó el 1 de junio, y en la misma tarde, Gloria Grahame consiguió su divorcio. Esa noche, ella se casó con Ray. Su hijo Timmy nació cinco meses después. Aunque su matrimonio con Ray no era exactamente un picnic —El mismo, N, Ray, admitió más tarde que pasó la mayoría del tiempo siguiéndole la cuerda matrimonial para que no hubiera ninguna compensación económica por su estipulación matrimonial de bienes gananciales— y no cuestionó la disputa por la dirección y creación de In a Lonely Place.













Película basada en la adaptación de la novela de Dorothy Hughes, que estaba desarrollando para Humphrey Bogart con su productora independiente Santana y la supervisión/distribución de Columbia Pictures. En la novela de Hughes, el protagonista Dixon Steele se había proyectado como un escritor misterioso para cubrir su verdadera vocación, es decir, un asesino en serie. Una película con un tono de denuncia desde dentro de Hollywood y sobre el Hollywood de aquel tiempo. Una velada insinuación a la caza de brujas que tiene lugar en el mundo del cine americano. Compone un retrato crítico y desmitificador de Vanityland, donde Ray nunca se sintió cómodo y a gusto. Sólida exploración de la incomunicación, la desconfianza, la violencia y el fatalismo, en el marco de un estudio lúcido y sutil de la condición humana. Bogart había querido lanzar a su esposa, Lauren Bacall, como Laurel Gray, pero Warner Brothers se negó a prestarla, así que Ray, puso a su propia esposa en su lugar. Había cierta preocupación por parte del equipo sobre el rodaje, en general, ya que la naturaleza combativa del matrimonio Ray/Grahame podría causar problemas al conjunto, de la obra final. Nicholas Ray obligó a Gloria Grahame a firmar un contrato en el que se acordó la siguiente estipulación: "mi marido tendrá derecho a dirigir, controlar, instruir y sugerir las acciones de mi persona, desde la 9 am a 6 pm, todos los días, excepto el domingo, día libre de rodaje”. A lo largo de proceso de realización, GG, luchó contra la imposición de ese contrato. Definiéndolo como "trabajo esclavo y torturador". Empero, no tuvo más remedio que aceptarlo si quería hacer la película. Ella terminó acercándose a una actitud de pretregua. Es decir, también estuvo al lado de su esposo reescribiendo algunos diálogos y secuencias, donde todo el universo Ray/Grahame, se descarga en un manantial creativo, de la personalísima historia de ambos. Las líneas más famosas de la película fueron escritas por el propio Ray, expresadas como frases que Bogart quiere tratar de encajar en su propio guion, que admite a Laurel Grey en un momento de gran tensión.  Estableciendo la trama de la ficción, donde se traslada el karma emocional, de una pareja en avanzado estado de descomposición matrimonial. No obstante, al contrario, de lo que hubiéramos podido imaginar, el rodaje fue una balsa de aceite: apenas tuvo problemas ni contratiempos. GG estuvo correcta, muy profesional y receptiva a todas las órdenes de Ray. Completando el horario previsto de las escenas y la finalización de la película.












Ray se había mudado de su hogar conyugal, pero quiso darle a la aludida pretregua, el cariz de una tregua más firme, después del buen sabor de boca que dejó el film. Gloria Grahame y N. Ray, junto al pequeño Timmy trasladaron a su nueva casa en Malibu. El sexo fue un gran hilo conductor indisoluble entre ellos, pero también una bomba nuclear. Sin embargo, la realidad del matrimonio Ray&Grahame superaba la mejor de las ficciones.Hay quien dice que un día GG sacó una pistola de su bolso y le ordenó que se la follara o se muriera". Una noche a principios del verano de 1951, Grahame abrió la puerta de la casa de Malibu y se encontró con Anthony Ray, el hijo de 13 años de Nick de su matrimonio anterior. Grahame conoció a Tony Ray Jr., cuando tenía 10 años. Hijo del primer matrimonio del cineasta con su primera esposa, la periodista Jean Evans. Había estado ausente, pues estaba estudiando en la escuela militar, y ahora, se le brindaba un tiempo para pasarlo al lado de su padre, con quien nunca había estado muy cerca. Pero ese día, de 1951, Nick no estaba en casa. Gloria Grahame en su condición de volcán sexual, evidenció, que entre ella y el joven, había algo muy potente. Tony Ray no podía quitarle los ojos a ella, de igual modo, que ella a él. Se fueron a la cama y allí fue donde Nick los encontró cuando llegó a casa. Aquel affaire fue la gota que colmó el vaso de Gloria Grahame con Nicholas Ray. Tony Ray desaparecería de su vida. Pero el tiempo suele ser caprichoso. En el momento de este escándalo —que era vox populi— se conocía en Hollywood, pero se discutía solo en voz baja. La carrera de Gloria estaba en la cresta de la ola. Del mismo modo, que toda la gente sabía que Nicholas Ray era bisexual, alcohólico, ludópata y adicto a las anfetaminas. Grahame era una adicta al sexo y la cirugía estética. Por cierto, el asunto de su labio superior, el propio Ray, fue un acicate, en plan buen rollo, solía comentarle que si lo agrandaba sería más fotogénico. Ella, obsesionada con el aspecto físico. Si quieres caldo, dos tazas. Nada nuevo bajo el sol. Todo el mundo tenía una vida y la vida no es fácil. Mucho menos, lidiar con ella. Ahí selló su más fiel compañero de penas y alegría; el divino bisturí. Lo más alucinante fue como liquidó a su primer esposo Stanley Clements, un actor de medio pelo (el pobre diablo no se enteraba que durante el rodaje de Woman secret, Gloria se estaba acostándose con el cineasta de Wisconsin e inmediato esposo) cuyo papel más relevante fue un anuncio de papas Pringles. El mismo día que firmó el divorcio como hemos comentado anteriormente se marchó a Las Vegas y se casó con N. Ray. Estando embarazada de su futuro hijo Timothy, un día se llegó a gastar más de 40.000 en tratamientos faciales y ropa. Gloria siguió con trabajando, con mayor inestabilidad emocional, pero seguía siendo una de las grandes de aquella década. Se casaría con el guionista Cy Howard, en 1954 con el que mantuvo una relación tensa y constreñida, de la que saldría al mundo, una hija, Marianna. El golpe fue tan duro como que le dejó la moral por los suelos. Nada mejor que intentar unos nuevos retoques —de cirugía, pura y dura— para seguir en el circo de Hollywood. Operaciones, en la cara: pómulos, rellenos de mentón, blefaroplastia y rejuvenecimiento facial. 













Pero, seguía con su maldito sambenito; el labio superior. Modificó sus dientes con el apoyo de la cirugía dental. El runrún de su hija Marianna, no terminaba de llevarlo bien. Aquel el tira y afloja con el ex marido la sacaba de sus casillas. Tal era la situación que, aquel lastre afectó, en gran parte, su carrera fílmica. A partir de ese instante, los rodajes se complicaban. Su carácter temperamental chocaba con los directores y su vida sentimental se enmarañaba. Y eso sólo, fue el principio, de muchas otras Un sitio donde se juzgaban las apariencias. Sabía de sobra, que su mundo era una charca de lobos, leopardos y serpientes. Aunque los peores eran los productores de barriga hipopótamica. Finalmente se divorció en 1957, y siguió, sacando los dientes, en mitad de una batalla, contra la prensa del higadillo. Ésta, se estaba dando un festín que, ni un Safari en Botsuana. Auténticos depredadores. Ella siempre dijo: “No entiendo que es Hollywood y de que va”. Aparte del sarcasmo, GG sabía de sobra que aquel lugar, se proponían sueños mágicos y muchos de ellos, cristales rotos. El director de cine Robert Wise, contó con ella para un papel pequeño, pero esencial de un film que mostraba, una historia de perdedores. Una película dura, destructiva y decadente. El asalto a un pequeño banco en la ciudad de Pensilvania centrara gran parte de la atención de la magistral Odds Against Tomorrow (1959). Gloria Grahame, interpreta a una vecina que llamando a la puerta de al lado, aparece un viejo amigo (Robert Ryan) de la inolvidable Crossfire. Aquí, nuevamente, en el papel de retorcido racista criminal, Earl Slater. Ahí, vemos a la auténtica Grahame, fascinada por el tipo que tiene delante, sonsacando conversación, como el que no quiere enterarse de la historia y éste cae, en su encanto. Los diálogos juegan entre un provocador sadismo erótico y la autodestrucción del personaje. La mirada de Grahame —ese mercurio en sus ojos— mientras, el gran Robert Ryan tira del sujetador de encaje negro, delicado y hacinado, subiendo la temperatura de un plano que mostraba; la fractura de unos personajes perdedores. Gloria Grahame parecía ser consciente que su cuerpo había cambiado, pero a pesar del tiempo, ella seguía siendo la tentación, hecha femme fatale, y la osadía del Noir bien hecho. Todo parece visto para sentencia; la despedida del esa mujer fatal, rebelde y carnal. El paso de la película y el inminente fracaso de unos personajes irrepetibles, dan paso a un último hálito de deseo marchito, el paisaje devora a todos y por supuesto, a la gran diva GG. A punto de llegar a mayo de 1960, la noticia bomba salta a todas las rotativas del Hollywood Confidential. En mayo de 1960, a los 36 años, con Tony Ray, de 23 años, hijo de Nicholas Ray en una unión previa a Grahame: se casan en Tijuana.













El matrimonio fue algo así como un viaje kármico de las estrellas que pueblan las pantallas cinematográficas. Caso cuasi calcado al de Woody Allen/ Mia Farrow y la criatura adoptada Soon Yi. Aunque, Gloria Grahame tuvo peor suerte que el neoyorkino. Cy Howard acusaba a Gloria Grahame de madre descuidada, caprichosa y peligrosa. Además, de exigir la custodia de Marianna. Gloria se descontroló y en plena crisis nerviosa: es engañada por un cirujano, con la tan anhelada queiloplastia final. La intervención —del intruso y pesetero matasanos— fue una chapuza, ya que el labio terminó, mucho peor de lo estaba inicialmente. Gloria acabó arrastrando las sílabas y su habla grave sonaba medio beoda. Obsesionada con una expresión perfecta. Aquel affaire terminó como el rosario de la Aurora, GG, al verse delante de su público como una mala madre; no lo puedo soportar. Aquella presión fue tan fuerte que se derrumbó emocionalmente. Terminó recluida, por un pequeño tiempo, en una institución mental. Y se le administró terapia de electroconvulsiva. Gloria Grahame se recompuso con la ayuda de su nuevo esposo, el joven Tony Ray. Ahora, era padrastro de su medio hermano de 11 años. Es decir; el hijo que tuvieron en común: Gloria Grahame y Nicholas Ray. Curiosamente, la unión con Tony Ray duraría 15 años.  Durante ese periodo llegaron dos hijos —de algún modo, hermanastros— de su padre biológico convertido en padrastro. Aunque, se sientan, algo desubicados y confundidos, en todo este affaire, no hay incesto, en el sentido más estricto, de la sexualidad consanguínea. Todo ello era una terrible carga para volver a recuperar un público que había cambiado de hábitos y década. Grahame ganó mucho dinero, pero sus mejores papeles se diluían y se vio obligada a hacer todo lo posible para alimentar su cuerpo y su alma. Volvió a la platea y a ponerse delante de las cámaras. Tiró de su orgullo y todo lo que era. En la década de los 60 Grahame se mantuvo muy activa en el medio teatral, de vuelta a la Inglaterra materna, disfruto de un pequeño tiempo de las tablas Shakesperianas. Prácticamente abandonó el cine, pero no la TV, uno de los refugios de segunda categoría, de aquellos años 60, muy concurrido por viejas glorias del viejo Hollywood dorado. Podríamos decir tanto de Gloria Grahame que —nos daría para escribir una gran novela— la noche caería en madrugada y ésta, en alba. Desde ese humus, adhesivo implacable, en todos sus personajes; llenos de extravagancia, dolor, misterio y la sexualidad aplastante que sugería los deseos más indescriptibles del ser humano. Grahame solía tomar esas pequeñas partes que le daban, puliendo los roles como tomates magullados, envueltos de una piel sardónica llena de vulnerabilidad. Al final uno dudada de la ficción y casi todos los individuos del negros sobre blanco terminaban por convertirse en sujetos de la peor ralea. Desde la Margie de Macao, vacilando a Jane Russel. Aqyella Ginny, chica del garito, de los soldados que bailaba por un trago. Esa Susan Caldwell arqueando las cejas como ninguna otra femme fatale.















La esposa exuberante de Fredric March; Zama deambulando por la vieja Checoslovaquia. La fría manipuladora y frívola arpía —de Irene Neves— que amenazaba a Joan Crawford. A la sirena negra de Lang, en particular, cuyo ronroneo agrietado y liso surgía de una boca extraña, torturada y pintada liberalmente: ubicada entre el sadismo y el masoquismo. Ganadora del Oscar a la mejor actriz de reparto en Cautivos del Mal (1952). La bella Rosemary Bartlow, toda una dama sureña dentro de un Hollywood lleno de artificios, vanidades y mentiras. La pelirroja Angel encima de un elefante dejando al público con la mayor de sus sonrisas del mejor circo del mundo. Las obras maestras del Noir de Lang; esa femme fatale Debby Marsh y aquella cafetera aterradora, llena de café, sobre su cara, en las manos de unos de los villanos más geniales de la historia del cine: el endiablado Vice Stone (Lee Marvin). La sugerente y hermosa Vicki Buckley más Zoliana que la novela original. La Vicki Buckley en los deseos más humanos y retorcidos del cine negro. La tortuosa morena de Marianna en Naked Alibi, interpretando a un cantante de bar. La entrometida esposa Karen McIver del Doctor Richard Windwark que dirigía aquel psiquiátrico de clase alta. La viuda millonaria Harriet Lang, con una gran cuadra de caballos en Greenville Carolina del Sur. Donde se selló beso ardiente e histórico, entre dos estrellas del Noir film, MitchumVsGrahame. Fue la inocente y cómica Annie Carnes, en el musical que puso de los nervios al maestro Zinnemann. Es verdad que en la cultura Noir los hombres —muchos de ellos— creados en la cultura Pulp, la herencia de los grandes conflictos de I y IIGM, generó toda una amalgama de personajes malvados y violentos. La autoridad moral machista —reitero— propia de una coyuntura, se cebó en muchas situaciones con el golpeo sistemático a la femme fatale, por antonomasia, Gloria Grahame. Siempre se ha visto el mundo real, de la propia Grahame, en sus protagonistas del celuloide. Deseo, placer, infidelidad, violencia, venganza, ira y celos. Sería muy difícil no concluir, que Gloria Grahame, estaba de alguna manera; involucrada en un magma misógino de violencia. El mismo que fue representado en casi todas sus films. Además de la involucración personal desde el proceso de ensayo del personaje. Posiblemente, todo ese cine ofreció una visión amarga de la política sexual en los años de la posguerra y Eisenhower. Pero eso, es trabajo de los sociólogos y la antropología. No seré yo quien pueda poner bajo la lupa el trabajo y el oficio de muchas de estas películas, auténticas, obras de arte del séptimo arte.













Por último, recordar algunos de los trabajos que realizó entre mediados de los sesenta y los 70. Algunos de ellos, se ganaron buenas reseñas de la profesión y crítica teatral por trabajos, como The Time of Your Life con Henry Fonda, The Glass Menagerie (como Amanda), ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Martha) Por aspectos, puramente físicos y clínicos —desgraciadamente— no terminaba de conseguir un protagonismo general de los compromisos que realizó. Actuaciones acotadas y muy puntuales, donde a pesar de carencias y dificultades, siempre les dio un toque de actriz distinguida y de un oficio exquisito. Interviniendo la Sam Benedict (1962) Dial G for Grindl (1964) 1964 Grindl (TV Series) The Guests (1964) - The Homecoming,  El fugitivo (TV ) Who Killed April? Todas ellas en 1964. Who Killed the Rabbit's Husband? 1966 Noche de violencia o Iron Horse (1967). En la década de los 1970 Grahame comenzó a trabajar en cine y televisión con más frecuencia, aunque principalmente en asuntos de bajo presupuesto. Eso sí, pudimos disfrutarla en una de miniseries más importantes de la historia de la televisión la miniserie Rich Man, Poor Man y la comedia Howard Hughes-Melvin Dumar Melvin & Howard dirigida con una hábil mano por el fallecido Jonathan Demme. Daniel Boone (1970) Mannix (1971) Blood&Lace (1971) Black Noon 1971 The Escape The Loners (1972) Tarots junto a Fernando Rey (1973) y dirigida por José María Forqué. Mama's Dirty Girls 1973 Mansion of the Doomed 1976 Head Over Heels 1979 A Nightingale Sang in Berkeley Square 1979 Tales of the Unexpected TV (1979) y finalmente, la bizarra The Nesting (1981). Ésta película a la postre puso el punto y final a su carrera. A principios de 1981 le diagnosticaron un cáncer estomacal, pero evadió los tratamientos médicos y prefirió curarse con homeopatía volviendo a la vieja Gran Bretaña. En cuestión de semanas su estado se deterioraba muy rápido. Su familia la trajo de vuelta a Nueva York y en una operación para drenarle líquido del abdomen le perforaron el intestino y murió de peritonitis.  El 5 de octubre de 1981, a los 57 años dejó este mundo. Ella fue enterrada en Chatsworth, su natal California. Afortunadamente, después de tanto tiempo, sin saber de nuestra amada Gloria Grahame. El director Paul McGuigan ha rodado el peridodo de tiempo que paso la actriz en casa de su familia, en Livepool junto a su ex amante Peter Turner. Éste escribió el libro de memorias, que sirve de guion y título de la película. Film Stars Do not Die en Liverpool (2017). Donde, Annette Bening, es Gloria Grahame y está divina.






                         Dedicado a Paul Buckmaster junio 1946/noviembre2017 In Memoriam







Fotogramas adjuntados


Blonde Fever (1944) by Richard Whorf
Croosfire (1947) by Edward Dmytryk
Sudden Fear (1952) by David Miller
The Bad and the Beautiful (1952) by Vicent Minelli
In a Lonely Place (1950) by Nicholas Ray
Gloria Grahame&Nicholas Ray
Human Desire (1953) by Fritz Lang
The Big Heat (1953) by Fritz Lang
Macao (1952) by Josef von Sternberg
Odds Against Tomorrow(1960) by Robert Wise


Bibliografía consultada y recomendada
Suicide Blonde: The Life of Gloria Grahame by Curcio, Vincent
Ed William Morrow & Co 1989
Film Stars Don't Die in Liverpool: A True Story by Peter Turner
Ed Main Market 2016
Gloria Grahame, Bad Girl of Film Noir: The Complete Career by Robert J. Lentz
Ed. McFarland 2011
Nicholas Ray: The Glorious Failure by Patrick McGilligan Ed.Igniter 2011




           

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Las ofuscadas intenciones del crimen

octubre 01, 2017 Jon Alonso 0 Comments








Una noche de finales de otoño, mientras la luz se tornaba moribunda, sentí el llanto amargo de la oscuridad. Quise contárselo a un amigo, pero le dije que era demasiado hermoso para su vista. Aitor siempre fue un daltónico sin esperanzas. Era mi único hermano. El único amigo de fiar, en unos tiempos revueltos y tempestuosos. Saqué un cigarro y me quedé mirando las insolentes copas de los árboles de aquel nebuloso bosque. Fingí no escuchar mis tambaleantes pensamientos que atizaban mi mente, después de haber acabado con la vida del jodido "Mephis". Empero, todo este enredo comenzó a finales de septiembre de 2015. El comando Karevizf había planificado el secuestro del alcalde de Jobredc una localidad cercana a la nación del Estaño Verde. Aquella villa era una delicia entre jardines afrancesados y viejos robles. El ayuntamiento estaba recubierto con placas de caliza negra. Las hojas de los arboles cubrían los bancos del parque y el cielo se adornaba de un gris plomizo. Esperábamos al objetivo, en este caso, su alcalde; Reniam Driss. Un empresario jubilado del negocio metalúrgico; que entró en política por aquello de satisfacer a gran parte de la vecindad del pueblo. La captura fue muy sencilla, tan sólo tuvimos que esperar su salida del pleno municipal, a la hora de comer y hacernos pasar por soldados de la unidad criminal movilizada del reino de Brodas. Al mando estaba Domonkos Jorkaeff alias “Mephisto”. Un tipo de lo más inestable e imprevisible, al que le acompañaba —su habitual sonrisa psicótica enyesada— a su texturada cara, resultado de una viruela mal curada. Luego, estaba Aitor, mi hermano. Él era un pobre infeliz; que no pudo entrar en el ejército de levas de Tabross por su desdichado daltonismo. A raíz de aquel acontecimiento comenzó a presentar un desorden psíquico muy misterioso y a la vez esquivo. Le diagnosticaron un trastorno maniaco depresivo y comenzó a tomar litio y anticonvulsivos. Cada otoño entraba con el pie cambiado hacía el bajón. Yo siempre me sentí responsable. A fin de cuentas, éramos huérfanos y mi trabajo de asesino a sueldo era inviable con la atención de su patología. Lo introduje como uno más de la banda. Eso sí; siempre respondiendo por él. Nos situamos en un cruce de diferentes destinos de la carretera comarcal y al poco le echamos el alto al Tesla eléctrico que conducía el alcalde Driss. Mephisto le indicó con un ademán que aparcase en el arcén. Se dirigió a él y le dijo que había superado el límite de velocidad en una vía secundaría. Driss estaba algo intranquilo e inquieto. Eso de ver tres agentes en un mismo automóvil, no le cuadraba. Repitió una y otra vez que nos identificáramos. Mephisto le hizo bajar del coche, de malas maneras. Ahí fue cuando yo me acerqué para apaciguar los ánimos. La cosa fue en balde. El hombre estaba nerviosismo, pues, era sabido que la región del sur del reino de Estaño; se caracterizaba por el abundante número de raptos. Lo agarró por el cuello y le coloco un gran pañuelo rojo, empapado en cloroformo, que lo dejó grogui. Me quedé mirando al puto Mephisto y el me esbozó una sonrisa de puto demente sádico. —La vía rápida, Sr. Nojkaz. Ah! ya lo recuerdo que el sensible Nojkat. ¿Nunca has sido muy del boxeo? Eh! colega—Masculló el sibilino Mephis. Bueno, pues, no sabes lo que te pierdes, con eso de la vía rápida del cloroformo—Siguió con su sonrisa de hiena. Lo introdujimos en el maletero del todoterreno Nissan híbrido. Siempre me había jodido que me llamarán los conocidos por mi apellido y menos aún, sabiendo la retahíla de canciones que se inventaban en el colegio sobre los hermanos Nojkat.















                                                                     En el refugio


Llegamos a cabaña de montaña que se hallaba cerca de la zona del sur de los limes del reino de Estaño verde con el reino de Tabross. Un refugio de unos 40m2 con un dormitorio, un baño y un sótano que, en el fondo, era el zulo donde el secuestrado Driss estaría en cautividad. Aquel habitáculo apenas llegaba a los 4 metros de largo por 2,5 de ancho y un metro ochenta y dos centímetros de alto. En el aire se condensaba la mugre, la soledad y la humedad. A veces, el hollín de la chimenea, la música de Coltrane y las ráfagas de viento sacudían el portón camuflado. En la mesa del comedor donde se juntaban Mephisto y Aitor lo consideré el lugar perfecto para dejar una nota de las labores de aseo y trato del reo. Mephisto decía que la tortilla de patata estaba dura. Le espeté:—¡Compra las patatas y la haces. Eh! ¡Te queda claro!—Venga, chaval no te pongas de ese morro, que tampoco eres el chef del rey de Tabroos. Las exquisitas tortillas de patatas de Tabross, con denominación de origen— Muy vacilante y petulante. Ni chef, ni pinche, ni pollas en vinagre...—En un tono chulesco. Abajo en el compartimento/zulo, Driss salía poco a poco del estado del colocón del triclorometano. Su tos aguda retumbaba en las mohosas paredes del chamizo. Y comenzó a gritar: Por favor! Por favor, sacadme de aquí... Roto de dolor y pena. Entre sollozos estaba absorto en aquel agujero, donde habían ido a parar sus huesos. Un castigado saco de dormir de marca blanca —que dejaría su maltrecha espalda del revés— al veterano alcalde. Un lumbago de cojones. Echándose la cabeza hacia atrás, contemplaba el anodino portón infernal, imaginando nubes a la deriva y unas pocas estrellas pálidas, que parecían iluminarse por las sonrisas de sus hijas: Kalindra y Kriska. Buscaba su cartera desesperadamente, intentado encontrar las fotos de ella y su esposa Nadizh. Mientras, arriba Sokrek le hacía un gesto a su hermano Aitor. Evidentemente, éste, se percató de sus tareas. Recoger la mesa y preparar el rancho al prisionero. De repente, Mephisto, se enciende un pitillo y sugiere: le voy a decir al pichón si le hace un cigarrito…—¿Eres idiota o te lo haces? Todavía no ha cenado y el hombre no estará para muchos cigarritos.—Tranquiloo, hombre pacífico—tono irónico. Aitor reclamaba a Sokrez y comenzó a golpear la mesa del comedor... Éste le dio un último consejo a Mephisto—Estate quietecito, y todos saldremos ganando—Manda cojones! Ahora los héroes son las ratas del sótano. Sokrez cogió una bandeja con un plato de tortilla de patata con un pimiento de lata y un plátano. Se acercó hasta el interior del zulo y abrió el portón. Driss estaba obnubilado y con el rosto ojiplático, cuando vio como Sokrez Nojkat, le llevaba la bandeja.—Aquí tiene su rancho. Si tiene más frío, dígalo. Entonces, Sokrez, se sacó una linterna de su bolsillo y se la entregó.—Cuando tenga ganas de orinar en ese cubo verde. Si tiene ganas de hacer de vientre, en el de al lado, color azul. En ese rincón hay un rollo de papel higiénico y no se preocupe. Si Ud. está tranquilo todo irá bien. Buenas noches. —Aitor, tómate tus pastillas y a dormir. Mañana será otro día. 
















                                                          Cuatro meses después


Finales de enero, el invierno estaba exultante y la nieve parecía encender aquel lugar, dejando el territorio de postal navideña. Los copos caían como bolas de algodón a modo de cámara slowmotion, en una atmósfera típica del crudo y frígido invierno del territorio del reino de Estaño verde. Fumaba lentamente un cigarrillo y recapacité si este affaire iba en la dirección correcta. Cuando observé unas pequeñas manchas, que desprendían la horma de la rueda del todoterreno Rover, muy marcadas sobre la abundante nieve que creaba un resplandor de color blanco tierra. Me dolía la cabeza y el café con el paracetamol, no me había hecho mucho efecto, no sé. El carajón seguía en el fondo de mi cabeza. Aquel lugar era un sitio tranquilo y los pocos que sabían de él conocían la labor que se desarrollaba: sicarios a sueldo y bandas organizadas campando a sus anchas. Si algún cazador de las aldeas, fuera capaz de irse de la lengua, su destino podía ser una zanja a dos metros bajo la nieve. Juraría que Mephisto se había marchado sin decir nada. Fue un pálpito, pues, de semejante alimaña cualquier cosa es poco. Entré en la cabaña y fui al zulo, a ver a Reniam Driss. Ahí me di con bruces con Mephisto que le estaba renegando y zarandeándolo. El espectáculo era dantesco, aquel hombre, habría perdido más de 22 kilos y su rostro estaba casi momificado, entre una abundante cabellera blanca, que cubría hasta sus hombros. Así como una larga y copiosa barba de náufrago. Apenas veía tres en un burro y Mephisto le estaba reprimiendo porque se había orinado encima. —¡Qué pasa abuelo, otra vez nos hemos ido por abajo!—Le arengaba con violencia.
—Estoy hasta los cojones. Es la última vez que te meas encima. No soy tu enfermera. Tienes dos cubos el verde, pipi. El azul, cacota.—Reía con cinismo.
—No puedo más. Déjenme marcharme. No veo nada. Por favor, no quiero estar más aquí.—Entre jadeos imploraba compasión.
—Pues, o pagan los tuyos, o te queda mucha mili en el hotelito…
¿Qué pasa Mephisto?—Le espeté con ganas.
¿Qué pasa? Eso digo, yo. Príncipe de la inteligencia.
¿Ha desayunado el Sr. Driss?
—El Sr. Driss se cree que soy la chochona de su nuevo geriátrico.
—Esa no es la respuesta que quería escuchar...
—Mira, Sokretz, yo estoy hasta los reales huevos de este señorito con la próstata floja—El tono era muy despectivo.
—Sube arriba, que si bajo no cabemos.
—Ya subo, que hace un pestuzo, ahí abajo… Vamos, hace de una mofeta el nuevo Ambipur.—Risotada del personaje.
¿No crees que se podría asesar al Sr. Driss?
—Pero, tío, ¿te estás quedando conmigo?
 La puerta del zulo seguía abierta. A pesar del malestar del reo, éste, escuchaba atentamente la conversación del salón de arriba.
—Sabes una cosa Mephisto, te pasas de listo, cuando eres un tarugo y un zángano despreciable.
Pensé brevemente acerca de ir por el cuchillo que tenía en el bolsillo de mi abrigo, pero decidí que no valía la pena. No obstante, con lo que no contaba era con el revólver del 38; que llevaba en mi otro bolsillo.













Es evidente, que mi hermano Aitor era daltónico, empero yo era zurdo de nacimiento. Sin embargo, en el reino de Tabross, donde nacimos, se consideraba a los zurdos diablos. Ello no fue óbice para coger el revólver y en un preciso movimiento rápido... Disparé a Mephisto.
—Jódete, imbécil, cabrón y miserable. — Pum, pum…, y así hasta tres veces. Lo dejé frito en el suelo de la cabaña. Mientras un reguero de sangre salía del agujero del corazón, bazo y estómago. La misma sangre que se filtraba por los tablones del suelo de la cabaña y entraba en el zulo de Mr. Driss. En ese mismo instante, Aitor salía con las legañas todavía pegadas en los párpados y se quedaba mirándome anonadado. Yo seguía pensando en las cortinas cerradas de la cabaña, la simpleza del mobiliario, las sabanas remendadas de la habitación donde habíamos dormido Aitor y yo. Aitor me pregunto:
¿Qué  hacemos hermano?
—Marcharnos a nuestra casa y dejar a este hombre libre.
Bajamos a por Mr. Driss. Le dimos de comer y lo aseamos en el cuarto de baño. Confuso y extrañado. Aún presenciaba el cadáver de Mephisto. Al cual, arrastré y lo lleve a la ladera de la cabaña.
Cavé una zanja y lo enterré. En ese instante hubiera deseado poder gritar ante todo el mundo que me había conocido y a las que debería de haberles dado la mano. Posiblemente, las ofuscadas intenciones seguirían condenado mi propia locura. La vida de un sicario sentimental. Subimos en el coche a Mr. Driss y nos pusimos en marcha hasta llegar a la carretera secundaria. En donde había una tienda self-service. Nos marchamos. El alcalde Driss, envejecido, con su mirada cómplice se quedó sentado. Deseaba una despedida rápida, pero no un adiós. Habíamos sido sus captores; pero en fondo sentía un tapujo que le miraba de refilón una enorme tristeza: tan vidriosa y estéril. A la vez confusa. Llena de anhelo por llorar. Miraba el todoterreno como se alejaba de la estación de servicio. Posiblemente, todos estábamos locos, en aquel viaje enajenado hacia el corazón de las tinieblas. Una locura que fuese lo menos quimérica y quizás en busca eso llamado normalidad aparente. Tan normal como las miradas vagas, entre mi hermano Aitor y yo. Igual que las sonrisas espontáneas de dos niños. En el fondo, la vida de un daltónico puede ser muy divertida, cuando se es el hermano de un loco inmaculado.




                                                  FIN




                           
                     Dedicado a todas las víctimas secuestradas por terroristas de todos los pelajes 







Fotogramas adjuntados




The Man Who Knew Too Much (1934) by Alfred Hitchcok
Prisoners (2013) by Denis Villeneuve
Grabenplatz 17 (1958) by Enrich Engels
The Captive (2014) by Atom Egoyan







  

                       

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