El pequeño Álvaro Mendizábal y su madre

diciembre 02, 2023 Jon Alonso 0 Comments

 


Aún, recuerdo mi lugar favorito de aquella casa antigua donde vivíamos; el salón. Tenía una gran mesa castellana y las sillas de roble a juego. Cuando estuve allí, me sentí feliz y seguro. También, me viene a la cabeza, la forma que tenía papá para encender el fuego de la chimenea. Después, sintonizaba un canal de música en la radio y yo me sentaba, en medio del suelo, sobre la gran alfombra. Ahí comenzaba a dar palmaditas con las manos, indicándome que viniera y me acompañase. La verdad que era un niño encantador. Me enseñó a sentarme al estilo indio cuando era pequeño. Nos sentábamos cara a cara y él me hacía preguntas: ¿Cómo me encontraba, me hacía la broma de la nariz desaparecida? ¿Qué es lo más divertido que me había pasado en el colegio? O si hice nuevos amigos…

Después vino mi turno de preguntas. ¿Cómo de alto seré cuando sea mayor? ¿Voy a ser un hombre rico? Y le remarcaba: ¿seré tan valiente como tú, papi? Recuerdo que respondió muchas veces, bueno ya veremos: Tendremos que esperar y ver como creces...

Mamá se sentaba en su silla favorita. Ella miraba hacia abajo y nos sonreía, mientras tarareaba la música. Normalmente, solía estar cocinando, cosiendo o leyendo novelitas de Corín Tellado. La verdad, que siempre la recordaré haciendo algo. Ella nunca se sentó con nosotros. Dijo que le gustaba más cuidar de sus hombres. Empero, aquello fue hace mucho tiempo. Hoy mamá se paró en la puerta y me hizo señas para que la acompañase. —No quise ir. Le pregunté: ¿Puedo quedarme aquí? Los ojos de mi madre estaban tristes pero decididos. Teníamos que irnos. Ella lo sabía, y aun sintiéndome como yo, asustado, yo también lo sabía. Sus ojos siempre decían más con una mirada rápida, que, lo que otras personas podían decirte en diez minutos de conversación. Lo que tú quieras, tenemos que irnos.—dijo mi madre extendiéndome la mano para que la tomara. Negué con la cabeza. Tenía siete años y era demasiado grande para coger de la mano a mi madre.—Eso creía. La seguí por fuera de la casa.



Caminábamos uno al lado del otro por la acera, pasando por casas y tiendas familiares. Íbamos a alguna parte, pero no sabía a dónde me llevaría. Simplemente caminé y me quedé al lado de mi madre. Vi un destello por el rabillo del ojo. ¡Mami, el malo ha vuelto a salir! Realmente nunca vi al hombre malo; era un relámpago que pasaba o una sombra emboscada en esa misma sombra atisbada. De alguna manera, pude ver sus ojos. Sus ojos me miraron. No sabía si quería herirme o si sentía lástima por mí. Pero sabía que él vendría a por mí y que me atraparía. Intenté subirme a los brazos de mami. Quería que ella me cogiera y correr. Teníamos que huir del hombre malo.

Ella me empujó hacia atrás y me dijo: ¡No debes de mostrar miedo, Álvaro. Nunca! Me oyes. Nunca, en la vida ¿Qué pensaría tu padre?—Hacia tiempo que no escuchaba un tono tan marcial en ella. Mi nombre es Álvaro Mendizábal Vallejo, pero mi padre me llamaba Alby. De mi padre siempre tengo aquel recuerdo de lo que fue: un hombre valiente. Tenía demasiados defectos, aunque su mayor virtud fue esa, un tipo muy valeroso. Desgraciadamente, lo mataron en la gran guerra. Saltó en paracaídas desde un B-17 en Normandía, perdido por algún lugar de Francia. Alguien le disparó. Tampoco quedó muy claro lo de su muerte… Sus amigos de escuadrilla siempre me decían lo valiente que era. Desde entonces, le extrañaba.

—Bueno, mami si no quieres ayudarme ¿Por qué estás aquí? Al final, tuve que arrepentirme de haber dicho eso, mucho antes de terminar de decirlo.—Sentí una gran impotencia. —Estoy aquí porque tú quieres que esté aquí.

 



Lo siento mamá.—dije. Tomé su mano y seguimos caminando.—Mami, ¿Y si él me atrapa? Si te atrapa, quién tú y yo sabemos. Obviamente, se queda con todos. ¿Incluso, contigo mami?

—Sí, hijo, yo también”.

Aparté la mirada del hombre. Miré al frente y seguí caminando. Podía sentirlo. Se acercaba detrás de mí, casi tocándome, pero luego desaparecía. Agarré con más fuerza la mano de mamá, pero mantuve la vista al frente y seguí andando.

Sentí que el hombre se iba. Mamá miró a su alrededor pero tampoco lo vio. Él se había ido.—Eso, creía.

Paramos, Mami. —Mi madre se arrodilló para mirarme a la cara. —No me ha entendido, mamá

Hoy no, Albo— Su voz era triste. Hoy no, cariño. Tal vez esta noche, quizás,  mañana. Pero prepárate, Álvaro, porque será pronto, muy pronto.

Me quede despagado e insistí: ¿Por qué estás aquí, mami?

Me dije, estás enfermo, Albo y no lo estás pensando bien. Esto debería ser mucho más fácil, si yo estoy cerca. Por eso estoy aquí, hijo mío. Quiero ayudarte.—Mamá me miró. Tenía esa sonrisa en su rostro que decía que me amaba mucho. La mueca que decía que ella siempre me amaría y que estaría ahí cuando la necesitase.




Reconocí el edificio frente al que estábamos pero no sabía qué era. Sabía que tenía que entrar. Escuché una voz preguntar: —¿Cuánto tiempo lleva aquí?

Desde el desayuno, salió y se sentó en la silla más cercana a la puerta. Dijo que su madre vendría a buscarlo. Es triste verlo así. ¿Sabes lo que solía ser este tipo? Y ahora, fíjate cómo se encuentra —dijo la primera voz.

 ¡Señor. Mendizábal! —La segunda voz me llamó.

 ¿No podemos dejarlo dormir? Fijaros, lo confusa que está su mente… ¿Qué hacemos. No puede seguir por aquí? Se va a perder…

—Tengo que despertarlo, es hora de cenar. ¡Señor Mendizábal!

Pude abrir los ojos sólo un poco; mi visión se notaba borrosa. Sí —Respondí.

Estabas dormido. —¿Vino tu madre?—¿Cómo? Ha venido su madre…

Mi voz era frágil y fatigosa: “La vi hoy, pero no vino a buscarme. Ella dijo que hoy no vendría. A lo mejor, esta noche o puede que mañana. Me habló muy alto y decía: que debería estar listo porque será pronto, muy pronto habrá terminado todo. No te preocupes, Álvaro. Mamá siempre cumple. Y cuando digo, siempre, lo es.

                                                            FIN



                         Dedicado a Concha Velasco noviembre 1939/diciembre2023 In Memoriam




Fotogramas adjuntados 


The Canterville Ghost (1944) By Jules Dassin                    

The Sixth Sense (1999) By M. Night Shyamalan

The Ghost and Mrs. Muir (1947) By Joseph L. Mankiewicz

The Others (2001) By Alejandro Amenábar

 





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