El increíble bróker glotón del Sr. O´Leary




viernes, 17 de enero de 2014








Aquella mañana me levanté un poco más temprano que de costumbre. La noche muda y gélida disparó mis dolores habituales. En esta ocasión, comenzó desde la cresta ilíaca hasta las costillas dorsales, como un percutor de una grapadora industrial. Me acerqué al nuevo complejo hospitalario, los auxiliares de puerta fueron hacia mí con una silla de ruedas. No entendían mi extraño acento. Estaba hablando un idioma misterioso, confuso y lejano en los mapas. De repente, me desvanecí tras un alarido. El tiempo se quedó silente. A lo lejos se escuchaban  algunos ruidos y el tic-tac de un reloj idéntico al que sostiene la Casa de la Bolsa; me observaba. Era yo, Malcolm O´Leary. Salté la verja. Ya en la calle, eché a andar como un caballero feliz y sin preocupaciones. 


















Desde hacía un mes, nunca había estado tan satisfecho. Acababa de adquirir el convencimiento de que perdía ciento noventa y siete mil euros y algunos céntimos. No tenía ni una perra chica, que le gustaba decir a mi difunta madre. Me quedaban en el bolsillo solamente trece euros con setenta y cinco céntimos. Empero, O´Leary era feliz. Se encontraba frente a una situación, con el mérito de ser clara, diáfana y definitiva. Hacía tres meses que se había lanzado al agua creyendo bañar su cuerpo en la del lago Lemán y adquirir nuevas fuerzas. O´Leary se convenció pronto de que, en ese lago, las ondas seductoras le habían quitado la reputación de que gozaba, y no eran más que un arrollador torrente, por el cual se sentía arrastrado como hebra de pasto arrancada en el batiente. Diariamente, leyendo la cotización  sentía sumergirse; pero al volver a la superficie—obedeciendo a un primitivo instinto de conservación— la realidad era que nuestro hombre estaba angustiado. 


















El ansia del hundimiento y la muerte por inmersión, hacían  que  volviera a ver el cielo milagrosamente, cuando la Bolsa se cerraba. Ahora que O´Leary estaba hundido irremediablemente, conocía la felicidad. Por eso se dirigía, con paso jubiloso a su domicilio en Caledon Road. Para gustar la felicidad perfecta, le faltaba la alegría del sueño reparador. En su cama, donde había pasado desde algunas semanas angustiosas fiebres, O´Leary conoció la dulzura de los sueños paradisiacos en la beatitud del descanso encantador. Cuando despertó tenía hambre. Un hambre feroz, insoportable e irresistible, un hambre como la de los caminantes por interminables carreteras o la de los juvenales poetas. O´Leary registró su habitación. No encontró con que satisfacer el apetito de un mosquito... Pero una idea feliz le hizo saltar de alegría...Sí; se ofrecería como freelance bróker a un alto comensal por una comida gratis, con el encanto de saborear la expresión del rostro de quien había de servirle de cabeza de turco. O´Leary conocía, el Biarritz Waves lejos de su casa, un restaurante lujoso donde había ido a comer —frecuentemente— en los tiempos de esplendor.















De repente, vio a través de la cristalera a un antiguo cliente de las preferentes dándose el festín. O´Leary se puso verde, pálido gris violeta y se encogió hasta quedarse de cuclillas. Se desvaneció. Y llegó la niebla. Un humo lejano, me acercaba a no sé dónde. —Me escucha, Sr. O´Leary soy la Dra. Jones del complejo hospitalario Xrevisse Inc. Ha  perdido el conocimiento por culpa de la sepsis que se le produjo en el  apéndice. ¡Me entiende lo que le estoy diciendo! Le he operado de su ataque de apendicitis. Tendría que tener  cuidado con lo que  come y estafa. ¡You catch it. Liar and swindler… Mr. O´Leary o debería llamarle Sr. O´Leary! ¡Jodido saco de mierda!  ¡No, no olvidamos ni perdonamos! ¿Algún problema con la traducción? No se preocupe, aquí somos buena gente, sólo le hemos extirpado el apéndice. De verdad, el rendimiento es siempre el mismo, idéntico al proporcionado por la fuerza del trabajo. No lo olvide. 











                                             Dedicado a Juan Gelman 1930-2014  In Memoriam







Fotogramas adjuntados



Patterns by Fielder Cook 1956
The Wolf of Wall Street by Martin Scorsese 2013
Margin Call by  J.C. Chador 2011
“E.R.” by Michael Crichton 1994




                
 

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