La seducción de la Red social y Kazan




martes, 7 de enero de 2014







Qué se puede esperar del ser humano si la misma sociedad que ampara valores tan delicados persigue e insulta a sus hombres más valerosos y más conscientes? Poco o nada. Ya lo dijo Kazan en aquella obra maestra que se tradujo en nuestra vieja piel de toro por “un rostro entre la multitud” (1957). Cualquier chiquilicuatre puede llegar lo más lejos posible. Evidentemente, no exento de insolencia y provocación acabará haciendo Rolex, como Uri Geller doblaba cucharillas delante del bigote de Íñigo. Que se lo pregunten a los tramoyistas de Buenafuente. Nuestra sociedad hoy es rica materialmente, aunque ahora los ricos sean unos pocos y la pobreza se extienda cada vez más, pero es mayor, mucho mayor, la pobreza humana que hay en ella que la  pobreza material. Empero, hay algunos tipos con donaire y capacidad de generar eso que está tan en boga; las sinergias.















Los nuevos popes del periodismo ofrecen las bonhomías a sus lectores, que no mejor un vocero —de trinqui— para discernir del colega de enfrente. Todo lo contrario, han sido capaces de convencer al burgo, que como un juego de fiambreras a prueba de mordisco de zombis; es la bicoca de este nuevo siglo. Por eso, ahora, la prensa de toda la vida, incluida la vieja grapa de D. Torcuato: ha sido reconvertida en una bolsa de gasolinera expropiada del viejo ultramar. Seguramente, la próxima gran conquista del periodismo no sea la aparición de una estirpe de fajadores como los corresponsales de Crimea; periodistas de esos que no entendían de fuego cruzado ni ruedas de cañones de artillería. Tan solo, unas bayas maduras para hacer tinta y redactar su crónica vía telegrama.
















Va a ser que no. Las ganas de algunos. Ahora, llegó eso del periodismo social. La red de redes; los rumores y las mil fotografías secuestradas, el vídeo conmovedor, los iphones que hacen de Betacam en HD y encima te sirve de chivato por si la memoria empieza a flojear. No son redacciones de ordenadores ultraligeros, ni viejos columnistas agotados, ni las putas asas de la bolsa de Repsol. Ahora las pocas redacciones son virtuales y sobreviven en pisos patera con máquina de Café Clooney. Y lo que hoy es modernidad, idea nueva y procedimiento de última hora, en un mañana muy inmediato quedará convertido en antigualla de la que nadie habrá de parar mentes. La vida—siempre la vida—puede más que las viejas tendencias de ayer y que las caprichosas y más o menos avanzadas orientaciones de hoy. Por eso, en el periodismo no hay nada parado.














No todo. Si los políticos aplauden y espolean al patio social porque es la editorial online de las redacciones. ¿Qué será de los murmullos del agua en los arroyos y en los manantiales, las nieves del invierno y la felicidad de vivir en la paz y la belleza del pueblo? Los intereses de la plebe son caprichosos como el destino de un telefonillo listillo. Cada día más exigentes y con más razón que nunca deseosos de experimentar —rápidamente— las sensaciones de vitalidad que ofrece el rápido trascurso de las horas y los minutos. Ahí está la red social, una componenda nacida del arrebato del marketing, cuya paradoja ha sido la muerte de la redacción física por el ardid de tres niñatos más listos que el hambre. Mientras se apostaban a ver quién era el más hábil en idear un concurso para puntuar las mejores jais del campus. No se me asusten, algo más maqueada la idea. Sin exagerar. No obstante, la esencia es el mismo postizo.



















Echen un vistazo a la corrala; la prole de hoy exige la atención de los demás. Necesita que todos sepan qué hace o dónde está en cada momento, si tiene sueño o si se acaba de reventar un grano en el pómulo. ¿Cuánta gente conocen Uds. que se pasan la noches de imaginaria tirando de fotos melancólicas ochenteras para colgarlas en el Facebook al día siguiente? Hay que salir en la foto, aunque no tengas nada que decir para la gente siga hablando de ti. Eso es la red: la nueva y más perfecta revista del corazón. Y lo malo, no es el entretenimiento que tiene organizada la parroquia. Así les va al clero y su camarilla de depravadas diócesis. Lo peor es que ese idílico mundo de la comunicación se convierta en tablado de tormentas destructivas entre los individuos.  Si las redes recogen  el sentir de cada hijo de vecino. Algo podría desembocar en un carcinoma algorítmico y una cosa está muy clara; nadie en su sano juicio quiere ir a una guerra, solo alguien profundamente engañado. Kazan podría ser un delator, un tío con ideología, un extranjero en un mundo imperfecto. Lo que no tenía era un pelo de tonto y rodaba como Dios.












                                                       Dedicado a Marcos Barrios y Eusebio In Memoriam










Fotogramas adjuntos

A Face in the Crowd 1957 by Elia Kazan
The Social Network 2008 by David Fincher
Black Mirror TV 2013 by Charlie Brooker
The Fifth Estate 2013 by Bill Condon
Utopia 2013 by Dennis Kelly 







                                          
 

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