De asesinos en serie y otros ejemplares




domingo, 20 de octubre de 2013








No hace muchos días comenté en las redes sociales mi estado de autocomplacencia, que he desarrollado en estos últimos tres años de lejanía del mundo criminal. Me han aburguesado y domesticado en la indiferencia. Un estado tan interesante como el de la ingravidez. Estoy contagiado de ella, mientras me atraganto de empacho del nuevo “Caso” en HD por la gracia de Mediaset. Formato presentador mozarrón de buen ver, con trazas a lo Gere y polifacético autor de gasolinera Best-séller. Dispara asesinatos que ni una Thompson en manos de Cagney. Eso sí, por una excelente soldada anual. Mi amigo, Gorka dice que me estoy haciendo viejo, y yo  le replico que he encontrado la píldora número 18—de entre las 17— que me tomo todos los días para poder seguir en la tramoya.



















La maravillosa píldora 18 se llama Matrix y me le envía desde Shanghái, el gurú Botín. Se las esconde destrangis en los tirantes rojos de tiburón a lo Michael Douglas empachado de botox. El sistema capitalista, ha creado una densa amalgama para entender el dolor y la incomodidad de un algoritmo matemático llamado ideología del crimen. Esto si quieren decodificarlo mejor, lo hablan con la OCDE que es una gran organización criminal con patente de corso. No confundir con el informe Pisa. No es culpa mía. O busquen sobre la comprensión de una realidad universal: el propio crimen. Don Draper lo hubiera resumido en una de sus geniales campañas publicitarias del siguiente modo; ver cine, leer un libro, prensa en internet, hablar de tú a tú con las personas de carne y hueso.















Escuchar un chiste de “martes y trece” —en enésima reposición— por el canal pseudocultural de la 2 o ir al baño a hacer un pis. Como ven quehaceres diarios convertidos en rutina anodina del día a día. Procesos de tensión que muchas veces se resuelven por la vía rápida del cloroformo. En el fondo el K.O. pugilístico de los que ya no tengo el placer de gozarlos en directo, porque este deporte se lo cargó la grey chochona de Zapatero y  los niños bien del sequito Rajoy. Algunos dirán que ahí estaban los del canal friki de MARCA. También, habría que preguntarle a Kim Basinger por Oscar de la Hoya, igual  los de Fotogramas hacían una tirada especial ante semejante chascarrillo, no vaya a ser que Twitter reviente el soplo. Luego, es evidente que mi acercamiento al perfil de psychokiller es una obviedad. No obstante, mis voces interiores me han aconsejado un alejamiento progresivo de círculos y actividades convencionales.














¿Ahora, ya se empieza a entender el sentimiento de inhibición al devenir de la vida tras la mampara de policarbononato traslucido, entre la abulia forzada y mis silencios obligados? Me la suda. Empero, ese aislamiento me está llevando a la marginación y sobrevivir al caos económico—nuevamente— como sicario repleto de ansia. No sé cómo he caído en esto, pero conociendo al que escribe en este inquietante lugar, se entiende la coyuntura de supervivencia en la cultura del crimen. No hay que ser una lumbrera para pensar ¿por qué asesinar nos proporciona placer? ¿Tienen Uds la respuesta? Venga a 1 el euro quien ilumine el tresillo.  Bien, pues los ayudaré un poco. A la gente le pone—muchísimo— este tipo de individuos de lo que podemos llamar industria criminal –pero no aislada– centrada en el procesamiento de los indicios de transferencia y en la interpretación científica de los datos de la transferencia.
















¡Uy, qué se me lían! Es decir, posibles candidatos... Todos aquellos que hayan sufrido un problema psicológico que quizá sea consecuencia de un trauma vivido en su infancia, prácticas satánicas o sumisión a voces infrahumanas. Raras veces tienen los sentimientos desarrollados, carentes de alma, como si no sintieran nada. No se sabe por qué matan, simplemente les gusta. La pregunta es: ¿puede alguien disfrutar viendo morir a alguien? Nuestra respuesta sería que no. Cualquier persona con un mínimo grado de sentimiento respondería que no. Bien, un asesino común, hubiera respondido que sí. O sea, qué seguimos sin tener respuesta al  porqué. Si al final, lo he de resolver todo. ¡La hostia!, cómo el pobre Poe en sus novelas.

















¡Ay qué joderse! Pues, todo asesino es un producto inespecífico de la sociedad capitalista—el culmen— lo que  denominan los jornaleros del perfil psicológico, non plus ultra de los asesinos en serie y ahí me encuentro con mi psiquiatra preferido: el Dr. Hannibal Lecter.  Esteta del  asesinato en 3D y Dolby Surround, con un desarrollo integral de la iconografía del terror exquisita y pompa en do mayor. La misma que nos produce esas pulsiones, mientras admiramos a nuestras estrellas del celuloide entre colores, sabores y aromas  conjugados en pretéritos pluscuamperfectos del  acto vil: en un largo aplauso sonoro de la platea. ¿No me digan que son de los que aplauden, lloran y patalean en un cine, cuando aparece el malo, el bueno y el psychokiller? Lo dicho, no somos mala gente y más tarde o más temprano, seguro que nos vemos por la calle Morgue. Como decía el genial Elmore Leonard, al final todos nos encontraremos en la vejez.









                                                   Dedicado a Patrice Chéreau D.E.P (1944-2013)





Fotogramas adjuntados



Cape Fear (1962) J. Lee Thompson
Es geschah am hellichten Tag  (1958) Ladislao Vadja
The Boston Strangler (1968) Richard Fleischer
Fargo 1995 (1996) The Coen Brothers
Les yeux sans visage (1960) Georges Franju
Hannibal (2001) Ridley Scott












                    
 

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