La crisis, la cultura y lo indeterminado




viernes, 11 de octubre de 2013







En estos últimos días, voy mal de tiempo para escribir en mi  bizarra e inquietante bitácora, que ya tiene una relativa veteranía—un año y medio— poca esterilla para su apabullante precocidad en todo este engendro webesférico. Quisiera darle una mayor periodicidad. Pero no puedo. Ni me apetece, hay más vida. Recuerdo con agrado un comentario— de entre los exquisitos y generosos— que se han visto por estos lares. Aquel lector y colega bloguero me dijo que mis artículos eran imprescindibles. Llegó a exponer, que este espacio daba la sensación de estar, como siete años creando historias alrededor del cine. Yo fui muy cortés—al igual que con el resto de lectores— porque en ningún momento mi prosa será algo que se quedará en la posteridad. 


















Esa, ya ha pasado su criba, previa firma en la orgía de los negros tinteros (de la que soy participe). Indudablemente, el dinero sí que importa mucho más que mi parrafada, la de Vargas Llosa o el resto del contenedor bloguerístico. Dándole vueltas al cacumen he llegado a la conclusión que lo más importante en la vida; es todo niño en un catre, sin un cacho de pan dentro del estómago. Estoy exhausto de ver como este país se consume entre desidia, hartazón y desilusión. Mi amada piel de toro, tiene más mierda en sus omoplatos, que la camioneta de Fonda a la búsqueda de uvas rancias. Los castizos le hubiéramos puesto unas habichuelas infestadas por título. Ni Steinbeck, ni la sintaxis son asuntos vitales de unos autores que vivimos por amor al arte y en descubierto, con la puta sucursal —gracias a la plutotroika— cada final de mes, antes llamados 25 o 26. Ahora por orden divino adelantado a los 15 o 14 de cada mes: la gente está rota. 















Algunos barruntan que es cosa de su color de gloria y opulencia, una esfera blanca que encierra la eternidad; mil números, mil facturas, mil veces: —cállate niño porque no hay para las zapas de tu futbolista de moda… O esta noche la cena va a ir floja de ración, prenda. Luego, tengamos la mesa en paz. Al instante, escucho —absorto— el nivel de comprensión lectora y algebraica que presentan los paisanos mi tierra, nación, patria o país es paupérrimo. O lo que queda de él y como mejor Uds. deseen llamarlo ¿Para qué hostias perdí el tiempo en la biblioteca pública y la puta universidad? ¿A quién escribo en esta maldita tramoya de los Golden boys  Made in Mountain Wiew? Entre la fijeza del aturdimiento, las opiniones de los tomboleros tertulianos, y el invariable ritmo de un gobierno sagrado y empalmado, mientras destrangis miran el tetamen ucraniano. ¡A la mierda la redención porque  a este país ya no lo amo! Ése, de la subvención, el contacto trifásico y su corazón postmonárquico muy anticuado e impavido.


















Si la cultura es esa; yermas bibliotecas públicas que apestan aburrimiento, y colegios convertidos en frenopáticos donde Fernán Gómez pide auxilio entre arcadas y la pérdida de atribución. ¡Adiós! Cómo no  sirvo de ejemplo, estipulo en público mi contrato con Fausto Noir ediciones. La fraseología del disoluto bypass asomará en manos de algún mediático contado memorias o el porqué de su adicción al clembuterol y la cocaína. Sin remordimientos, ya que los donaires de pedaleador de máquina de coser en la escritura es una falacia. La vida se llama Lampedusa y en esa pequeña isla sobreviven los idiotas y los desheredados. Esos que no tienen ni siquiera una oportunidad como mi viejo amigo, que se desvivía por leerme con su único ojo que le funcionaba. Empero, ¡a qué precio! Mínimo seis meses, mientras su retinopatía avanza como la lava de un volcán excitado. 


















Los tesoros de Velázquez en el Prado no los volverá a ver. El tic-tac siniestro acecha. Tengo la edad del hombre indefinido, que al mirarse por dentro se encuentra reo de la captura intrascendente. Muy cerca de ese viaje entre lo anómalo o contranómalo; tal como una vaga larva humana. Como mi amigo, como mi país, como lo indeterminado. Heinsenberg hubiera aplicado su ecuación preventiva. Sin embargo, con Hispania ni efecto túnel ni conexión hoyo. Abortada la acción moral y desactivada la acción intelectual el resultado de la incógnita es: laxitud especulativa. No es lugar para viejos empecinados, que reivindican una gramática impoluta y ejemplar  en los libros de primaria. Vivimos tiempos de espantosa frivolidad ante la hecatombe y el pueblo anda con el intestino flojo porque las ofertas del DIA se acaban y los vales caducos no cuelan. La política de todo al vapor no funciona.


















Ahora muertos de miedo sin potestad a renunciar; ¿qué nos queda de la cultura escrita y leída, si el personal está rogando a los evangelios de Mediaset? No se preocupen. El espíritu de Raoul Walsh, sigue buscando al lúcido roedor que le rompió el parabrisas aquella mañana cristalina en la vieja Arizona. Ya no sé qué pensar, pues creo que lo del azar es como los tsunamis. Nadie sabe quién los pone en marcha. Los mismos que miran al horizonte esparciendo cenizas entre mares de lágrimas. El papel húmedo se llevó las últimas gotas de tinta en este absurdo país. La comida escasea, más que la belleza y ahora se nos sonda con esa confitería lujuriosa de colesterol fragoso en un bypass cansado de mi existencia y la miseria del día a día.







                                                                      




                                                  Dedicado a María de Villota 1980-2013 (D.E.P) Y Alice Munro









Fotogramas adjuntos:



  The Grapes of Wrath (1940) by John Ford
  Fotograma del libro Weegee's New York: Photography 1930-1960 Ed.Te neues
“Honkytonk Man” (1982) by Clint Eastwood
“Sounder” (1972) by Martin Ritt
“Road to Perdition” (2002) by Sam Mendes



                       




                                        





 

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