La criada y la bestia

julio 04, 2020 Jon Alonso 0 Comments



A veces se despierta en la oscuridad de la noche, envuelta en lágrimas, que brotan de sus mejillas mientras declara las manos que la traicionaron. Su habitación es tan silenciosa como el último día. Donde la luz plateada de la luna llega tenue, relativamente timorata, de un modo, que no termina de atreverse a entrar. La confusión se acumula rápidamente, rodeando sus pies descalzos, los cuales, se deslizan fuera de la cama. Las telas de araña adornadas de polvo se extienden desde el techo en largos y oscilantes picos de montañas invertidas. Las criadas, al igual que la luz de la luna, no se cruzan en su dormitorio, y ella está triste, en la más absoluta de las soledades. Flea Vandendorpe sigue atrapada como de costumbre, entre un mundo terrible y la congoja del siguiente, al que tampoco, ya no pertenece. Sus ojos la persiguen con tan solo un ápice de  traición. Si se vuelven para mirarla es porque el resto de criadas de la casa no se preocupan por ella, y sólo su amada prima muerta, le sonríe con calidez, llenando los rincones oscuros de su corazón con un destello de felicidad. En noches de selección, esperarán a que aparezca la luna llena más brillante del cielo. El hombre estará de pie junto a la ventana principal de su enorme casa con vistas a los aldeanos de abajo y ojos acechantes. Cualquiera de las criadas del patio que sea capaz de ver su verdadera naturaleza, será llevada arriba y declarada como su futura esposa.




La  hija de una criada más veterana afirmó orgullosamente entre la multitud que podía ver su verdadera condición, cuando en realidad no podía. La impotencia le llevó a intentar glorificar su supervivencia con una frase llena de frustración. Su prima fue llevada arriba, al torreón del hombre del castillo y declarada como la primera dama de la quinta generación de la familia. Dentro de un mes, ella estará casada con el hombre más rico de la comarca. Eso, creía.(Espetó, Flea). Dos días más tarde aparecieron cerca de la entrada del bosque: unas pocas entrañas de lo que era el cuerpo original de Drika Vandendorpe. Flea entró en pánico a enterarse que la fallecida era su prima carnal. Comenzó a gritar y sollozar:—viene a por mí. ¡Es, él! La bestia que acabó con Drika. Durante la quinta noche de selección, la única criatura que pudo ver la verdadera naturaleza del hombre era, de hecho, y lo fue: Flea. Debajo de la luna llena, ella observó perfectamente al demonio parado detrás de la sombra del señor de la fortaleza. Una sombra, más oscura, mucho más alta y de mayor envergadura. Invisible para la mayoría de los ojos, pero evidente para la bella y atormentada, Flea, que repetía una y otra vez:— El hombre está encadenado por el cuello a la mano izquierda del diablo.— No os podéis imaginar  lo nauseando que es su rostro. Mientras el resto de doncellas hacían como que no escuchaban o estaban a sus tareas.






Dos semanas más tarde

El lado de la cama está frío como un témpano. Dicen que se ha ido por un tiempo.—¿Quíen?— El Sr. De Haas, (cuchicheaba en voz baja, la cocinera). Quizás él nunca se unió a ella en absoluto. Se mira las manos de nuevo mientras se acerca pausadamente a la puerta, sus ojos atormentados se fijan en la suave banda dorada que la une al hombre que ama. El anillo de bodas vale más que todo lo que haya conocido, y se pregunta, como se siente predispuesta a hacerlo cada noche. El estado mental de Flea era más que evidente que se deterioraba día a día. Siguió haciéndose preguntas más allá de lo puramente cotidiano. ¿Por qué la había elegido a ella, la criada de la lavandería, con sus manos ásperas y su cara sencilla, sobre el resto de las damas y las hijas de los nobles que suplicaban por su mano? Era alguien a quien ella no tenía el derecho de tocar y de contemplar de todos modos. Arjen de Bruin era Barón de Haar. Dueño del castillo  y todo el bosque que bordeaba al mismo y la aldea. Ahora ella lleva a su hijo, está tan segura de que es un niño, pues, la mejor constancia de prueba que jamás podría permitirse: Era el hijo de la bestia. Sus manos acunan su matriz silenciosa. Por eso era mucho más odiada, repudiada y hostigada. De repente, sus pies salen de debajo de ella mientras cruza el rellano. Sus manos se apresuran a atrapar la balaustrada. Entre salpicaduras de escarcha y una rancia lluvia por las escaleras. Ella agarra la barandilla con más fuerza. Su corazón golpea lo suficientemente fuerte como para hacer eco en las paredes de la casa. Una vez que tiene su respiración bajo control, continúa bajando lentamente las escaleras, mirando con gesto acusador a los ojos huecos de una criada que la mira a través de las rejas. Quieren que pierda al niño. Piensan que las ha abandonado a la maldición, que no merece a su esposo más de lo que cualquier sirvienta debería merecer al hombre de la casa. Estaba cansada de ocultarlo; una vez que su amor vuelva a ella, ella lidiará el asunto con él. Cuando entra al comedor, lo encuentra frío y vacío, salvo por el retrato de su difunto suegro, colgado sobre la estéril chimenea. Sus ojos son tan amargos como la poca vida de la pintura del retrato y como lo habían sido en vida, las líneas severas y duras de su rostro se mostraban atrapadas.




Ella se arrodilla frente a su fantasma censor y no la pintura de un hombre muerto que hace mucho tiempo terminó en su tumba. Pasa las manos temblorosas por el mantel, sintiéndose segura con la sensación de la tela tejida debajo de las yemas de los dedos, ya que su padre había sido un gran tejedor, recuerda ella. Quizás haya vaho del nacimiento de la comodidad. La hoja caliente de un cuchillo perfora su piel. Ella retrocede, jadeando por la sorpresa. Su sangre mancha el mantel, un rojo brillante y tentador contra el blanco puro. Ahora está en la cama llena de sangre retorciéndose de dolor, entre unas sábanas empapadas de placenta. Vuelve al comedor y lentamente, agarra el cuchillo, observando su sangre brillar mientras lo gira a la luz del amanecer. Se da cuenta de su rostro y está igualmente paralizada por las manchas rojas en su rostro. Ella se ríe, antes de abandonar el instrumento de la muerte de regreso a su lugar en la mesa. Se escucha una voz aterradora.

¿Cuándo volverá tu esposo, querida?

—Ahhh!

—Es el demonio que mató a Drika

Sus pies la llevan a las cocinas, donde la sangre en el tallado le dice que habrá carne para cenar esta noche.—Cerdo, tal vez; huele a cerdo.—Cerdos, cerdas y cabrones… Las cocinas están tan vacías como el comedor, y con un suave suspiro, regresa por la habitación, evitando prudentemente la mancha carmesí que se extiende por el suelo. La criada todavía está allí cuando sus pies golpean las escaleras; unos ojos blancos y grises fijados delante de ella, envueltos en vergüenza por lo que ha hecho. También ella debería ser más contundente. Pero el miedo la paraliza. No se puede perdonar a los que deliberadamente dañan a otros. Especialmente aquellos que habían sido sus amigos. Caso de su prima y su familia durante las arduas horas en el lavadero. Ella olfatea una —y otra vez— cuando pasa el ánima. A la espera de su esposo, en un regreso redentor, que la retire sólo para salvarla del dolor y la tentación de hacerlo ella misma. No hay sonidos en el zaguán, y ella asume que la dueña de la casa duerme. Eso cree. No puede soportar ver su ceño fruncido, o sentir sus palabras rozar su piel. Cuando amanezca, su amor volverá a estar a su lado y la vida tal vez, vuelva a continuar, como aquellos lindos días de principio de noviazgo. Puede que sí o puede que no. Desgraciadamente los cerdos se comen todo lo que les eches. El tiempo cura o condena todas las heridas.

 

                                                                         FIN



            Dedicado a Carl Reiner marzo de 1922/ junio 2020  In Memoriam 


Fotogramas adjuntados 


Der Dibuk (The Dybbuk) (1937) By Michal Waszynski 

Rosemary´s Baby (1968) by Roman Polanski

One Step Beyond: The Bride Possessed (TV) (1959) By John Newland

The Evil (1981) By Sam Raimi 





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