Fantasmas solitarios

junio 07, 2019 Jon Alonso 0 Comments








Casi no nos acordamos de cómo era aquel tiempo; unas veces bueno por la frugalidad de sus días y en otras ocasiones, malo por lo perecedero de su significado. Nunca estaremos seguros si lo mejor de aquellos días, pudo ser lo más propicio. Cuando imagino que tú estarás olvidando lo inolvidable, a tu lenta manera, esa manera, tan tuya, que en la mayoría de las veces, terminabas por arrepentirte. Empero, no te aflijas por tus errores ni recapacites y piensa, en aquellos días como algo marchitó, que no resucitará por toda la esperanza del mundo, convertida en nostalgia. Tras ella, emerge con timidez una mirada, unos pómulos, un rostro descolorido, apagado. Una mano de curtidos dedos se apoya en el borde de la puerta de piedra. Tras un gemido de placer que resuena en la entrañas de este ser. Con un impulso vehemente posó sus pies en la hierba.












Y desaparece entre las sombras. Pero es hacia adentro, en las entrañas de su interior, donde queremos postrar nuestra mirada y nuestra atención. Disuadimos al observador cauteloso y nos introducimos en la sombra del recinto. Solo una hilera de candiles recién apagados, guiaban a los otros. Todos ellos conducen a un polvoriento pasadizo de aire cada vez más vicioso e irrespirable. Proseguimos descendiendo sin ver el final de nuestro camino, tan oculto y lejano como lo está ahora nuestro regreso. Nuestra vida se tiñó de rojo y negro: el rojo de la sangre en la que se ahogaron nuestras víctimas, el negro de nuestro silencio.














Sí, amor mío, porque, callándonos, ocultamos el dolor y la culpa que albergábamos en el corazón: preferimos hundirnos en la farsa del jolgorio que nos ha ido matando poco a poco. Y eso hace que seamos dos fantasmas, porque, en el país lejano, también eres una especie de espectro, con el rostro pegado a la ventana de otra civilización: observando otras vidas. Y muchas de las cosas que ves, como la armoniosa vida en la sábana, tienen otra cara. Una grieta en la pared de un nicho dejando caer polvo y tierra tras su movimiento que comienza a abrirse. Dando sombra a la oscura noche. Como un parpadear de ojos nocturnos alumbrados por una linterna de mano…vemos, sentimos y agonizamos. Llega el oxígeno y con él, un final. Nos aproximamos sin dilación y emergemos a una gran sala. El tictac de las antorchas por la corriente de aire, se pierde en su infinito techo.













Columnas elaboradas y estatuas humanas de agonizantes rostros nos rodean. Sin embargo, ni si quiera sus manos arañándose la cara, nos hacen mirar atrás y decidimos seguir adelante. Estatuas de miradas perdidas, vamos dejando tras nosotros, pausas de luz y sombra, hasta llegar a un pórtico bien cuidado. En su centro un símbolo: una luna traspasada con una aguja verticalmente ,y este alfiler, con lo que parece una gota de sangre en su extremo afilado. Daba una sensación de alejamiento, de hallarse la palabra, flotando en medio de una nada blanca, sin un alrededor posible. Concluyendo que Soledad sería el nombre más hermoso y adecuado a una existencia de tristes lémures.






               Dedicado a Narciso Ibáñez Serrador 4 Julio 1935/7 Junio 2019 In Memoriam






Fotogramas adjuntados


The Ghost and Mrs. Muir (1947) by Joseph L. Mankiewicz
Kaidan (1964) by Masaki Kobayashi
La torre de los siete jorobados (1944) Edgar Neville
Operazione paura (1966) by Mario Bava





                           

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