Lupe Vélez, leyenda y pasión del chile picante de Potosí

diciembre 14, 2014 Jon Alonso 0 Comments










Dice una vieja leyenda urbana que entre las calles más antiguas y el viejo panteón de San Luis de Potosí, en la madrugada más oscura, aparece una mujer conocida como la dama del taxi. Pues, un taxista le hizo una parada a una mujer justo a las afueras del panteón. El taxista  le extrañó que a esas horas anduviera una mujer sola por aquella zona, así que la subió. La dama le pidió que le llevara a los templos: San Miguelito, San Sebastián, Tlaxcala y otros más. Ella se detenía afuera de las iglesias y se quedaba orando. Una vez terminando el recorrido, le dijo al chofer que le llevara al mismo sitio donde la había cogido. El taxista se le quedó una comezón muy extraña, pero así lo hizo. A las puertas del panteón,  ella le dio una medalla de oro con la efigie de la virgen de Guadalupe y una dirección diciéndole que fuera a cobrar la carrera a la persona que le abriera la puerta. A la mañana siguiente el taxista se personó en el domicilio que le había dicho la ectoplasmática mujer. Se encontró con una señora a la explico lo ocurrido. Le entregó la medalla, pues de seguida sabrían de su identidad y le pagarían. La mujer que le atendió le dijo que era imposible que fuera ella, pues aquella mujer había muerto hace mucho tiempo. Poco después, el taxista cayó enfermo y murió de inmediato. Cuentan los más viejos del lugar que aquella mujer era el espíritu de Lupe Vélez. Muchos taxistas osados vuelven en las madrugadas de luna nueva a controlar si aparece su espíritu. Y es que no mayor cumplido que los eternos karmas como la diosas mayas tintadas en rojo pasión. 70 años hace que se nos fue la Lupe y todavía en su viejo San Luis de Potosí se recuerda el enorme funeral que se organizó en su despedida, México DF era una enorme nube de lágrimas, pues una de sus grandes divas decía adiós entre loas y rezos con tan solo 36 años. María Guadalupe Villalobos Vélez, y de nombre artístico Lupe Vélez nació un 18 de julio en el estado de San Luis de Potosí (México). Era hija de un coronel del ejército mexicano y de una soprano. Desde muy joven demostró cierta inquietud para el baile y la escena. A los 13 años la enviaron a un internado de monjas en EE.UU. Siendo una adolescente presentaba su candidatura a entusiasta tocapelotas. Capaz de sacar de quicio al más forjado en mil batallas. El matrimonio Villalobos logró que aprendiera inglés. Aquel conocimiento de la lengua de Shakespeare le vino de perlas a nuestra protagonista y no tardó en sacarle su máximo rendimiento. Cuando muere el padre de Lupe salió por piernas del convento para unirse a una compañía de vodevil, donde debutaría como cantante y vedette en su México natal. Apenas cumplidos los 17 añitos y una foto de un galán muy machote en apariencia; guapetón, bien dotado y generoso en los catres de roulotte. Si aquella imagen de sus penetrantes ojos azules la tenía obnubilada. ¿Les va sonando el mocetón? Bueno, aquel  ínclito y paternal  hombre tranquilo americano que idolatraba Tony Soprano, se llamaba Gary Cooper. Lupe Vélez dijo una frase muy escueta y contundente:"Me voy a Hollywood a follarme al divino Gary Cooper". 


















Pero hasta aquel encuentro todavía tuvo que pasar por muy de refilón por compañía del zorro Ziegfeld y sus devaneos. De la noche a las mañana se las había arreglado para  hablar con el hacha de Hal Roach. Éste, una vez la vista la esbelta figura y el lenguaje de la mexicana terminó actuando en algunos cortos de “El gordo y el flaco.” Bien, llegados a 1927 llegó su primera gran oportunidad ,y, dio con otro los grandes galanes del cine mudo; Douglas Fairbanks. El sonriente DF, se quedó hechizado con la mirada de la Vélez y terminó siendo contratada en el film “el gaucho” (1927). Aún, suena la anécdota de la prueba de casting donde su mirada terminó por seducir al célebre Douglas Fairbanks durante la pruebas de casting, pues en uno de los diálogos le espetó — "Quítate los zapatos. — ¿Para qué? Eso no es necesario", contestó encorajinada y soberbia. Él, insistió en la pregunta y ella comenzó a insultarle en español: "Ese es el tipo de mujer que quiero, estás contratada". La Vélez era altanera, díscola, provocadora y desinhibida. A la mexicana  le habían bastado un par de años para ser una estrella en su país; sexapil y fuego volcánico derrochaba en cada uno de sus movimientos. Luego, ¿iba a ser un impedimento triunfar en la Meca de la lujuriosa Babilonia con esas referencias? No. En Hollywood siempre hay una silla cómoda esperándote. Eso sí, vigila el relleno del cojín no sea que algún explosivo sospechoso acabe con tu estrella. Vélez trabajó en más de 40 producciones, de las cuales sobresalen Tiger (1929), Palooka (1934), La Zandunga (1937), The Girl from Mexico (1939), Mexican Spitfire (1940) y Naná (1943), entre muchas más. Lupe Vélez, conocida en el cine estadounidense como El Torrente Mexicano, Chica de Chile picante o La Chinanpina mexicana. Una actriz con talento, esencialmente, en el escenario cómico de serie B. No obstante, estuvo a las órdenes de algunos de los más grandes de historia del mítico  Hollywood: D. W Griffith, Cecil B. DeMille, Henry King, Tod Browning Victor Fleming, William Wyler o el fascinante Gregory LaCava. La Vélez se había ganado una gran reputación y era una actriz de las mejor pagadas dentro de su rango. Sin embargo todo ello no fue nada comparado, al encuentro con su deseado Gary Cooper. 

















Finalmente, coincidieron en el rodaje de El canto del lobo (1929). La madre del actor siempre se opuso a ese noviazgo, simplemente porque la chica no le caía bien. Y Cooper era incapaz de llevarle la contraria. Un día Lupe comenzó una dura discusión con su hipotética suegra, que concluyó con el desplante de la diva: ‘Quédese con su niño, señora”. Cargó su lengua con posta del 18 y dejó a la madre del galán en una comida familiar del revés. Lupe Vélez estaba furiosa, en gran medida la mexicana tenía sus razones. Ella además de ayudarle y aconsejarle en muchas facetas personales—le enseñó a vestir y pulió algunos modales toscos— entregándole todo lo bueno que existía en los más hondo de su corazón. Es decir, la Vélez hubiera sido una mujer feliz casada al lado del actor rodeada de churumbeles. Obviamente, recibió un vaquero y devolvió a Hollywood un Gentleman de satín. Del actor también hubo rumores de relaciones homosexuales. Hay que recordar que de Clark Gable se decía que se abrió paso en la pantalla como chapero en su juventud, que Cary Grant vivió una temporada confusa junto a Randolph Scott y que Tyrone Power y Errol Flynn eran notorios bisexuales entre los círculos más íntimos de la industria y la prensa del higadillo. Gary Cooper también tuvo una amistad ambigua con el actor Anderson Lawler, con el que compartió casa y cuya compañía provocaba los celos y la incredulidad de Clara Bow y Lupe Vélez. El guapetón cowboy de Montana tuvo entre  las sabanas a un montón de amantes: Carole Lombard, Merle Oberon, Marlene Dietrich y un sonado romance con la rica heredera Dorothy Taylor, Condesa di Frasso, mientras su marido miraba a otro lado. Coop conoció a la aristócrata consorte en Roma, mientras él trataba de superar una depresión. El siempre eficiente director de cine, Stuart Heisler —que lo conocía desde sus inicios y trabajó con él en El caballero del Oeste 1945 y Dallas, ciudad fronteriza 1950—, lo explicó en términos menos idílicos: "Coop fue el mayor follador que ha existido en Hollywood. Las actrices y otros intérpretes se pegaban y atropellaban por llevárselo a la cama. Además, Gary era una máquina sexual: no podía dejar de joder. Las mujeres no se lo permitían. Iban a acostarse con él a su camerino. Me imagino que se debía a que gozaba de la reputación de tener un polvo maravilloso". Lupe Vélez sabía que aquel hombre fue su hombre, pero el tiempo caminaba inexorablemente. Ella, una vez adquirida su vitola de estrella dentro de la Meca y con el sambenito de “roba hombres” siguió su ruta.


















Tuvo  una vida excitante. Se acostó con todo el mundo". En efecto, la lista es larga: Clark Gable, Al Jolson, Charles Chaplin, Errol Flynn y John Gilbert. Así como el llorado Gary Cooper y toda una fauna de los pelajes más insospechados; encabezada por acróbatas y vaqueros de medio pelo. Finalmente, tras el despecho de Cooper en  el rodaje de Marruecos (1930) junto a su vieja amiga, Dietrich acabó contrayendo matrimonio en 1933 con Johnny Weissmuller. La convivencia con el entrañable Tarzán fue muy compleja. Una especie de tiovivo bipolar; ahora te quiero, ahora te detesto. Entre trifulcas llenas alcohol y todo tipo de drogas—esencialmente, una, que era la reina de Hollywood— y, vieja conocida por estos lares: el maravilloso Seconal.  Los conatos de separaciones y reconciliaciones tuvieron un final previsible. A pesar de lo dicho, en los medios de comunicación y los mentideros de la Meca, Lupe Vélez siempre afirmó los siguiente: “tengo a otro hombre, un buen hombre y extraordinario marido; Johnny Weissmuller. Somos una pareja que a la gente le encanta vernos felices, excepto cuando  él se porta mal, y, le grito y no reparo en agredirle. No me importa si estamos en casa o en una habitación de hotel. Cuando me siento mal suelo pegarle fuego a cosas suyas. No me importa si aparece la policía. A ellos, también les maldigo. Cuando nos casamos nos regalamos unos guantes de boxeo, pero era en broma: un pequeño fetiche. No me importa el daño que nos hicimos, en el fondo fuimos felices. Soy devota católica y sé lo que supone el divorcio en mi mundo. No obstante, en Hollywood creo que está bien sobre todo porque mi religiosidad me induce a llenar mi cuarto de velas encendidas y rezar muchas Avemarías, antes de meterme en la cama con hombres desconocidos. Es comprensible todo el mundo desea mi pequeño y delgado cuerpo lleno de pasión con sus grandes tetas.” En 1937 vuelve a su país y realiza el film la Zandunga (1937) con el galán azteca Arturo de Córdova, cansada de sus equívocos y devaneos la relación con Arturo de Córdova no despegaba, pues él era un hombre casado y muy difícil de convencer que dejara a su esposa. Lupe Vélez decide echarle el ojo a un joven actor austriaco recomendado por el propio AC en el set de rodaje y así es como conoció a su futurible esposo Harald Ramond. El ingenuo Ramond firmó una especie de contrato prematrimonial por si Doña Lupe volvía a las andadas. La cuestión que entre unas historias por un lado, su inestabilidad emocional y el agobiante transitar del tiempo, evidentemente, nos hallábamos en la cumbre del cine sonoro y las nuevas estrellas de la pantalla eran muy competitivas y hermosas. Si a todo este pastel le sumamos, determinados asuntillos relacionados con las finanzas de la mexicana y el lento viaje hacía la segunda división C.


















Tras un largo fundido de cámara apareceremos en la mansión de Beverly Hills de la Vélez en diciembre de 1944. La ciudad tenía un aroma a navidad por los cuatro costados y la estrella de Potosí organizó una fiesta repleta, de una excelsa ornamentación típica del auténtico México. Platillos mexicanos, litros de brandy, champan a gogó, miles de cigarrillos y otras hebras pecaninosas que liar, con el único propósito de decirle adiós a sus mejores amigas (Estelle Taylor y Benita Oakey, mujeres una y dos, respectivamente, de Jack Dempsey) y otras estrellas hollywoodenses de poca monta, como ya lo era la propia Vélez. Así que para inmortalizarse o esculpir su recuerdo en la fúnebre memoria del starsystem, Lupe comió como una leona embarazada y bebió como una cosaco tras una reyerta. Estando a solas, redactó una nota dirigida a Harald Ramond, su último amante. Perfumó su alcoba con cirios y jacintos. Después se tragó un frasco entero de Seconal. Mientras se peinó y maquilló esplendorosamente. Por último, se colocó  un camisón sexy y elegante y se tendió en la cama. Antes del golpe fatal, pensó en los titulares del otro día, que lamentarían su deceso evocando a La Bella Durmiente. Pero no fue así. El mole, los tacos, las pastillas y el alcohol hicieron cortocircuito. Lupe Vélez corrió al cuarto de baño. Juanita, su sirvienta, la encontró con la cabeza sumergida en el retrete (metáfora de un inminente y depravado final). La transformación de la infeliz ramera en diva cinemática incluye, por ejemplo, una escena donde Lupe se transforma en una especie de Salomé, heredera de la princesa judía recubierta de oro y perla, zafiros y rubíes como una chaquetilla del mismísimo Arruza. Las joyas de la Vélez complementan los maquillajes, los postizos, el vestuario suntuoso, todo lo imprescindible para transmutar a una cualquiera en una diva intocable. Hermosa y letal, de una belleza muy Monroe y tan famosa como una  imaginada Liz Taylor. Pero inaccesible, como las diosas del cine mudo. Lo que podría haberle salvado la vida no resultó, ya que al ir al baño a vomitar acabó con un resbalón que golpeó la cabeza con el borde del lavabo causándole la muerte. El mejor epitafio a esta extraordinaria actriz y precoz ausencia en la vida la hubiera puesto aquella algarabía  en un restaurante de Hollywood con el orondo Orson Welles por ahí en el reservado junto a Dolores del río. Exhibiendo su presa. Dolores y Lupe no se tragaban; eso a Welles le ponía y la cosa se quedó en este febril diálogo:

OW—Buenas noches, señora Tarzán. "O mejor, te llamo Jane?
LP—"Qué te den por el  culo gordo asqueroso. Vete al infierno".
OW—¿Dónde está Tarzán, por cierto? Espero que le ponga alguna de sus espléndidas películas.

Corrió como un rayo a la mesa del reservorio y le dio un gancho de izquierda a Welles en la nariz. Comienza a sangrar y la maldice. Entonces, Dolores del Río le espeta en español: "Siempre has sido una puta". En ese mismo instante, que Dolores le coge de la cara, Lupe saca una Derringer de su monedero y le apunta a la cara, espetándole: —Si, chingona pero vamos hacerlo como de las mujeres de verdad. Lo dicho, un torrente mexicano de talento y belleza divagando por la Babilonia de Costa Oeste del Pacífico donde todo era más divertido que ahora. DEP la bella Lupe Vélez y esté tranquila su ánima en el viejo San Luis de Potosí natal. Los cinéfilos siempre la echaremos de menos en su 70 aniversario y a lo largo de nuestra existencia.






















                                           Dedicado a Vicente Leñero junio 1933/diciembre 2014 DEP












Bibliografía consultada y recomendada:
The Golden Age of Hollywood Movies, 1931-1943: Vol VIII Lupe Velez by James R. Ashley Ed.Kindle/Nook (2013)
Lupe Velez: The Life and Career of Hollywood's "Mexican Spitfire" by Michelle Vogel Ed. Mc Farland (2012)
La puerta falsa: de suicidios, suicidas y otras despedidas... por Guadalupe Loaeza Ed.Océano (2011)