Algunos hombres buenos




domingo, 8 de diciembre de 2013







No ando suelto de mielitas por debajo del parietal, así como de presteza en los isquiotibiales. Pero algún profeta barruntó aquello de la libertad acaba con la esclavitud y  por ende, el sometimiento de todo humano. La dispersión del capital empuja  a nuevas maniobras  mentales. Muchas de ellas, no son gozo de todo el arrabal. Entonces, tenemos un problema más feo que el de Houston sin mamarlo ni beberlo. Y es que, todavía quedan algunos hombres buenos en la tierra. Hombres que se visten de dignidad todos los días en sus trabajos, familias, amigos y eso que amamos: la vida. Luchadores de esa utopía, llamada libertad. A la búsqueda de un pequeño haz de luz que ilumine su camino. Enemigos acérrimos de los inmovilistas planteamientos, que siempre han macerado ese caldo de cultivo rancio y enmohecido del totalitarismo. La verdad que pocos hubieran apostado on line, por un mediocre austriaco con alma de artista frustrado,  nos creara la mayor de las miserias del ser humano; el nazismo. Algunos, no saben o no quieren nombrarlo. También están los que hacen como si la música con fuera con ellos. No está de menos recordar que la generosidad, la solidaridad, el esfuerzo y la tolerancia nos son malas recetas contra el horror de un cerebro humano capaz de diseñar el mayor de los genocidios de la historia del siglo XX; la limpieza étnica de las ideas y la supremacía de las gentilezas raciales.
















La cosa es que pensaran Uds; me he reblandecido o estoy acercándome a esa pecaminosa edad donde un hombre pintado en canas y la cara arrugada, se emociona viendo a unos chavales jugar un partido de fútbol en su antiguo colegio de la E.G.B. La gente que me conoce sabe de mi auténtico ADN. Uno, que ha sido camiseta de franela todos los inviernos se llama; juego limpio, sensatez, sensibilidad y  honestidad. Lo dicho, parece que el diablo se haya aposentado en mi alma y el que escribe es alter ego. Empero, a los hombres buenos también les gusta bailar y dejarse llevar por las más guapas del ferial. No por ello, ningún seguro de vida le cubrirá a un mandado, que te salves de una serenata intestinal y su pertinaz subidón de hematíes a los carrillos. En lo más hondo de tu corazón, quizás te quede el grito a los cuatro vientos de “tierra trágame”. Claro, que muchos de nosotros no nacimos con los zapatos de Astaire ni las zapatillas de mi tocaya, Alonso. Aunque a Duke le encantase el rock de la cárcel y tu partenaire te pidiera— insistentemente— un twist como el de Travolta y Thurman en Pulp Fiction. No soy de esos que la dejaría tirada con una copa de Cava, en vez de un digestivo y exquisito Champagne que consume algún independentista con tripa de gangster postmoderno. Por ello, es tiempo de tener la oreja expectante y un mechero a mano para ser convincente a la hora de prender el cohibas de Guevara.
















Ahora, me vienen a la cabeza muchas frases que nos ha dejado para la posteridad el gran Alvite. ¿Qué hubiera sido de mi vida, sin  su existencia? ¡A ver, qué me jode muchísimo lo mal que lo está pasando y le queda guerra para rato! Lo que tengo, muy claro, es que la piel de toro sería un lugar más aburrido. Y fíjense podría decir un montón de chorradas al respecto. Pues, en este blog se habla de todo y cada día está más cerca del precipicio desastre, que de la etiqueta cine. Aunque, el cine sea como el inglés de Martínez Soria, es decir, el decodificador lingüístico que vertebra todo este discurso para llegar a Uds. La magia del cine es imagen y palabra. A veces, bullicio, silencio y motores de todos los colores. De la naturalidad de esos tipos que no son sex- symbols ni grandes mecenas de la metrosexualidad. La rutina de hablar sobre lo que ponen los acentos, los murmullos y hasta las miradas en el patio de butacas. Aquellos tipos que enamoran con un gesto, una sílaba o un escorzo de tramoyistas. Puede que no muy cultos, aunque repletos de recatos, amantes del devenir diario del hermoso canto de un ruiseñor, de un fregadero sin Mistol, de un prado que huele a hierba recién cortada, o de un bate de beisbol.














Porque la fe en los escrúpulos, es mil veces más fuerte que toda la mezquindad del silencio de los extraños. Luego no se olviden de que existen algunos hombres buenos. Puede que  irrisorios, exhaustos de tanta ingratitud vecinal que esquivan el voltaje del oropel. No sería la primera vez que se van cabizbajos, en el crepúsculo de la bagatela  de una jornada huera y acaben llorando en el callejón del garaje de Paco el mecánico del barrio cuando los viejos Citroën no lo tapan. Existen algunos hombres que rebosan sinceridad, suelen mirar a los ojos, fijamente, y en esa obstinación cómplice de la contemplación saben si mañana lloverá o si dejarán la pelliza colgada del gastado perchero. Los hombres buenos suelen visitar esta morada y es un honor recibirlos mirándoles a los ojos y con la mano extendida, buscando un apretón de ley. Quizás, en ese instante solemos esbozar una sonrisa sutil y refinada, pues nada se oculta en nuestros destinos. Sabemos de sobra que nos volveremos a encontrar en el reino de los hombres buenos.









            Dedicado a Roy B, al maestro JL Alvite y Nelson Mandela (DEP) Julio 1918-Diciembre 2013










 Fotogramas adjuntos


 To Kill a Mockingbird by Robert Mulligan (1962)
 The Quiet Man by John Ford (1952)
 The Man Who Shot Liberty by John Ford Valance (1962)
 A Few Good Men  by Rob  Reiner (1992)







                 
 

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