"Andares, talentos y recortes en 35mm"

julio 13, 2012 Jon Alonso 14 Comments


                                                 







Resulta muy sorprendente comprobar la gnosis de la plástica en el desarrollo anatómico de un actor-actriz o intérprete  diferente al resto de la mayoría, es decir, la mediocridad. Desde los tiempos del Homo erectus el debate está servido: 20.000.000 de años  de hominización tienen la culpa. No me pregunten por Darwin, ni  quién demonios le iba a decir a Mitchum que estuvo en su día colgado de un árbol por el valle de Olduvai ¿su billonésimabisabuela? No me miren raro, tampoco es una entelequia del Sr. Tarantino en manos de Dennis Hopper. Robert Mitchum nació sobre dos pies; era bípedo como el otro Robert, el Ryan y  The Duke. La locomoción se transforma en eficacia. Algo así, como la cantidad de espacios que puede un Sapiens abarcar de un modo más ecológico. Es decir, un aumento  proporcional a la curvatura de la prima de riesgo. Pelvis más corta y ancha. Columna vertebral curvada para todos los mortales, sino salimos con defecto de fábrica. Pero la ciencia se va a llevar un chasco con lo de la marcha espática, al igual que con la economía… ¿Y, qué demonios es ese diagnóstico? Algo así como la artritis crónica—el Voltaren suele aliviar— mal de viejos, pero ya no lo subvencionan. Se imaginan  Uds. “al tío”, por excelencia, sufriendo  tan penitente  y docta patología… El Sr. Mitchum era un Sapiens extraordinario—rara avis— de espalda equilátera, vamos una hipotenusa cartesiana; esencia Pitagórica. Sabía que su radio visual avanzaría geométricamente a la habilidad de sus manos para triturar huevos crudos en "el Cabo del miedo". Manipulador de ancianas  y demonio acosador de niños cromo en "la noche del cazador". Devorador  de femmes fatales en "Retorno al pasado" y reo de ellas en "Cara de Ángel". La gran mayoría de ocasiones salía triunfante, pues su sexappeal era efluvio de lirio, francotirador directo al pericardio. Ahí están las memorias de la divina  Marilyn en “Río sin Retorno”. En el fondo vemos un montón de films a lo largo de nuestras vidas, algo parecido a la gente que llegas a conocer en la vida. El otro día un viejo amigo de vetustas correrías me dijo: —con esto de la red social te sientes el cuñado del mundo, pero ¿qué película recuerdas? Ninguna. Bien por tu memoria. 














Yo estoy hipnotizado con una de John Farrow, a  la postre el papá de la bella Mia Farrow (la que un día compartió altar con un Older Sinatra) y a posteriori, el rarito de Woody. Se podría decir de la genética y la inteligencia emocional que no es inversamente proporcional al raiting financiero de Ali Baba y los 40 ladrones de Bankia. Luego, ni se compra ni se hereda. Aunque, en ocasiones se puede ir al traste una variable como la otra. Miren al gran Zelznick y el avispado Zanuck, lo compraban porque lo olían a una legua; Mia Farrow lo heredó de su padre. Claro, que Chris Mitchum era un zote y su padre miraba para otro lado—de disimule— mejor, me voy a S. Sebastián y me como unas cocochas en  Arzak. También tenemos otros casos que son de interesantísima lectura en más de una mesa Garciana. Cuando creíamos que Heracles se había quedado con Perseo, pues se acercó a la tierra de los mortales convertido en  “Duke” y le gustaba  arrimarse a la barra del salón en "Río Rojo". ¿Lo han visto salir del encuadre con ese contoneo cuasi patizambo de chulazo?, estratosférico. Aquel jovial grandullón inigualable en "la Diligencia" ¿y el Winchester, qué me dicen de sus virguerías con él? Pero si quieren maneras estilizadas pregunten por sus salidas de plano en "Centauros del desierto" y para aquellos que quieran saber lo que es tomar un trago de whisky y salir andando del salón con el hierro  de 10,8 mm, en mano: mejor en "Valor de ley". Duke, estaba enamorado de las pelirrojas irlandesas y  quién no. No sé si tuvo hijos  y de sus vidas; es un poco como toda la gente que llegas a conocer en la blogesfera, pasas y saludas. Te ilustras y disfrutas en ese rincón de los silentes estratos de la vida, aunque cuando las alarmas se disparan lo mejor es tener cerca a Robert Ryan,—qué andares en "Grupo salvaje", ya talludito— o juvenal "En la casa en la sombra". 















Ahora si quieren admirar talento encima de un ring y  sufrir una somanta de palos memorables, no se pierdan los recortes de ceja que le dejan en "Set Up". Algunas girls podían dar fe de su talento literario y físico, qué se lo pregunten a  Virgina Mayo o la Stanwyck. Aquellos— geográficamente— más al sur lo tienen más fácil, Carmen Sevilla pone la música al Adonis del ring. No obstante, lo más curioso es que nunca nadie se atrevió a ponerlos juntos en un plató. Sí que han hecho duetos. Mitchum&Ryan y Wayne&Ryan, merece la pena verlos. Ya no se hacen cosas como "Encrucijada de Odios", "El Soborno" o "Infierno en la nubes". Luego,  hay un instante en que la vida nos ofrece un minerva: los 90 grados de la trigonometría anatómica más académicamente cinéfilos Made in Hollywood. Vamos, si hasta Ernest Borgnine se troncha de la risa en el regalo que les adjunto al final del artículo. No hay heridas en la frente de la mirada arácnida y seductora del Sr. Ryan, esa que caracteriza la nebulosa de Escorpio. No pican ni se autodestruyen; el cáncer se ocupa de nosotros. Menuda putada a todos los que amamos a los héroes de la testosterona, junto a Mitchum y The Duke. Ahora, es tiempo de Playstation en Cash&Corvers y  recortes por real decreto según el politburó de Bruselas. Bernhard Schilink, ya confesó  que los  arrogantes  recortes del resentimiento, como los personajes de su obra maestra literaria, “El  lector”. No funcionan en estas condiciones. No son los mismos que tuvo que pagar la todopoderosa Alemania en el 48. Gran país, que se regocija de su pomposo filosófico S.XIX— cenit intelectual— previo paso por Grecia; sigue siendo un país de príncipes soberbios. 
















La misma, que desafió en los 30 al resto de la vieja Europa, ahora en manos de  una progre hamburguesa conversa, otrora,  "teen" con litrona de Núremberg tirándose de los pelos mientras caía el muro de Berlín en un arrebato de histeria más propia de una fan de los Beatles en el 67. Frau Merkel— la Merkel— que diría Carminita (la de Paco León) tiene cogido al registrador de Pontevedra por los recortes de la entrepierna, a los vecinos de Pessoa, a los parias de Joyce y los apestados de la vieja Esparta. No sé si las hazañas de los príncipes luteranos son en 35mm, que se lo pregunten  a Robert  Wise. Mal asunto, pues los difuntos suelen ser muy discretos, apenas hablan. Ergo, no se empecinen en buscar "el Dorado" como Saura—aún, hay facturas pendientes del atrezo y el catering— ninguno encontró el grial del talento. O se nace y caminas con él, o te quedas en el banquillo de los mortales normalitos. Y esos andares, ya no se ven. No desesperen, quizá  algún padre lleno de generosidad te deje algo para tu plan de pensiones. A esos tres Brontosaurios  les gustaba beber whisky mientras Lightinin Hopkins sonaba de fondo. Ah!, se me olvidaba; el talento fue la primera unidad de medida monetaria de la humanidad y los griegos las gestionaban. En fin, las cosas de un viejo arqueólogo.












                                             Dedicado a la memoria de Ernest Borgnine (1917-2012) D.E.P