JOSEF VON STERNBERG, LOS GANGSTERS SE VISTEN DE ETIQUETA EXPRESIONISTA

junio 08, 2012 Jon Alonso 10 Comments

                                       
                                            “La ley del Hampa” (Underworld) 1927


Los protogansters empiezan a evolucionar en  busca de su  Arcadia. Hay un momento en ese proceso que denomino; la  hibridación. En el trayecto mutante del protoganster  topamos con la sublime, “La ley del Hampa” (Underworld) 1927, film que encumbra al estrellato al genial Josef Von Sternberg. Una obra de gangsters—que pese a sus carencias— no tan genuinos, si es fiel a los cánones básicos del género: el capo, el negocio de contrabando, la policía, la corrupción y la violencia. No obstante, J.V. Sternberg se atreve con otros aspectos cuasi, previsionarios al fenómeno contemporáneo. Hablamos en un film vanguardista donde la critica coincide—homogéneamente—al declararla como la primera película de gangsters modernos, junto al triunvirato de aquellos primeros años 30: “Little Caesar” (1930), “El enemigo público” (1931) y “Scarface” (1932). El austriaco-americano al que dedicaremos un monográfico, en su momento (pues, es uno de los grandes directores del bypass), amén de su obra; nunca podremos olvidarnos los cinéfilos que fue quien nos descubrió a la gran Marlene Dietrich. Sternberg se las arregla para empañar la cámara de bruma y plástica expresionista, ejercitando un impresionante magisterio en la edición de un montaje pluscuamperfecto para aumentar el impacto de la violencia en la pantalla. Se evidencia una clara influencia estética de la escuela gala y su fascinación por el coetáneo, E.V. Ströheim, condición que acompañará a este cineasta a lo largo de su carrera. El resultado es un  melodrama criminal brillantemente ejecutado que ayudó a preparar el escenario de uno de los géneros más conocidos de Hollywood: el cine de gansters. La utilización de diversos objetivos y una escenografía de otro alemán emigrado —Hans Dreier, director de arte habitual en los trabajos de JVS—vuelca toda su impronta a unos decorados celestiales haciendo de “La ley del hampa” algo más que imágenes del crimen organizado o el clásico documental de gangs en la gran urbe. Por otro lado, tenemos el gran oficio del operador de cámara, Bert Glennon— pulcro artesano—coetáneo al embrujo de los pioneros alemanes; Karl Freund y Fritz Arno Wagner. Algo más, que simples directores de fotografía, pues su puestas en escena despertaron gran admiración entre la industria cinematográfica norteamericana, que dejaron impronta en los genuinos Gregg Toland, Harold Rosson o  Lee Garmes (grandes colaboradores del genio). Una luz que nos resulta natural, pues, los valores del expresionismo se filtraran en el cine negro como  la nieve en el nevero de la cima. La historia—un pastiche de noticias de las portadas de los periódicos de la época—que fue adaptada por un fascinado, Ben Hecht (escritor y periodista) por el mundo de los bajos fondos. Se condensó en un relato  inicial  de  18 páginas, siendo la génesis del proyecto-tratamiento abordado por Robert N. Lee y como guión final de la mano de Charles Furthman. Ambos acreditados como creadores de la historia en la película. Ganó el premio (oscar) de la academia al mejor guión original. El argumento giraba en torno al encuentro de dos personajes: “Bull” Weed (George Bancroft) es un gangster de mediopelo con un carácter portentoso. “Rolls Royce”, Wensel (Clive Brook) es un abogado talentoso, pero sumido en el alcoholismo y la indigencia. Una noche tras un atraco, ambos personajes coinciden causalmente en medio de una calle, y surge la amistad entre ambos. “Weed” con su pertinaz coraje, sacará  al abogado decrepito de la existencia  miserable en la que vive, mientras que “Rolls Royce” Wensel lo ayudará con su talento a ascender rápidamente en el mundo del crimen. Cuando, ambos  se encuentran  en la cima aparece la figura de “Feathers” McCoy (Evelyn Brent) —la novia de de toda la vida de Bull— ésta, iniciará un romance oculto con “RR” Wensel. Evidentemente, el destino da rienda suelta a un flirteo inocente, que a la vez abre una brecha entre la lealtad y el amor en un “ménage á trois” explosivo condenado inexorablemente a  la fatalidad. A destacar las buenas actuaciones por George Bancroft, cuyo, papel envuelto  una mímica  sonriente  cuasi de eterna jactancia  tiene un plus de conversión estratosférico en furiosa rabia, propia de los grandes del cine mudo. Clive Brook, muestra un profundo carácter  introvertido, entre lo cínico y flemático. Así como la excelente, Evenlyn Brent que transmite ese anhelo de las primeras femmes fatales con toques realmente genuinos en un lenguaje de miradas ingenuas y primeros planos magistrales creando esa atmósfera de envoltorio fantástico y  fáustico —la escena del local donde todas las bandas de gangsters están haciendo el recuento de votos llenos de alcohol y confeti hasta las entrañas— pleno de pequeños detalles que se conectan a hechos reales, como el asesinato a tiros de un gangster en una tienda de flores, suceso que el público y la crítica de la época relaciona con el asesinato del  mafioso capo de Chicago, Dion O'Banion tres años antes.



JVS, en su amalgama de creador—obcecado— en la  búsqueda de la genialidad de un submundo gansteril, ahondando en ese touch poético. Recopiló todo el material que disponía en el estudio condimentando una fusión de sus deseos vanguardistas  en la gran oportunidad de convertir a este film en vehículo integrador de una obra cuasi pluscuamperfecta. Incluso la crítica que no salía de su asombro ante la  estética virtuosita en un film de gansters, especialmente, su habilidad para transmitir la compleja acción de la trama en unos pocos disparos a quemarropa en la floristería. Dijo el maestro: “que todo es resultado de un proceso sencillo cuando se utiliza la imaginación y se entrega uno a fondo en el mismo, no esporádicamente o como una broma. Es un método que se acomoda exactamente a la pantalla y un poco usado.” A lo largo de la película de JVS es particularmente aficionado a usar sombras expresivas, como el detalle de las manos de Rolls Royce tocando las plumas de Mc Coy, iniciándose un primer “face to face” y el desarrollo de las primeras pulsiones. Comienza a formalizar la estructura ese trío de amigos/amantes con una ambigüedad propia de su factura más Dietrich. En el fondo Mc Coy siente una tensión sexual retardada por Rolls Royce pero se debe a Bull Weed y en ese tour de forcé a medida que va pasando el metraje, el cineasta maneja las cartas como un experto croupier. Los destellos que hilvanan esta hermosa historia los vemos en el plano del juicio por el crimen del mafioso a B. Weed donde,  emerge su enorme sombra de gangster en la pared. La hipotética fuga con RR, preparando unas maletas que son equipaje en agua de borrajas o el plano detalle de la botella de leche y el gatito, cuando B. Weed da unas gotas al felino ante un hipotético envenenamiento una vez llegado a su bunker tras la fuga de la prisión. Momentos que maneja como un relojero suizo y se gusta en la plasmación visual al recordarnos el trasfondo de traiciones y lealtades que son la complicidad del “quid pro quod” de mi  vida por la tuya. 


Esto se compensa con el fuerte sentido de Sternberg en la utilización de los primeros planos para enfatizar las emociones y quebrar  el campo visual. En la aplicación de los insertos en ese devenir de la traición recogidos en diálogos hermosos: —“No podemos engañarle. Se lo debemos todo”, “Ves, me has enseñado a ser decente” o “En esta hora he aprendido más que en todas las horas de mi vida”… Dan fe del fluir de una decencia que se encuentra al final del camino, actuando bajo presión y aún a costa de ellos mismos. Y contra todo lo que ocurre, hay un triunfo de la dignidad y del hombre en toda su grandeza tras su huida en busca de quienes son sus amigos, amantes, cómplices o traidores.Finalmente, llegamos al clímax de la película donde los contrastes y las formas elípticas que eventualmente dan lugar a un ritmo de edición frenético se alza en esa secuencia premonitoria—Bull Weed, acorralado en su apartamento con una ametralladora Thompson en mano— arengando y colerizado, sus ojos toman el color del fuego de las balas. Recogida  de por vida en los anales de la historia del  cine y servida a posteriori, por Hawks y en los 70 otro grande, S. Peckinpah se haría eco. JVS, describe la película en su autobiografía como: "un experimento en la violencia y el montaje fotográfico”. Lo dicho, film ejemplar donde los dogmas e incógnitas del alma fáustica, los símbolos, los exultantes primeros planos, la distorsión, las risas macabras, la fascinación por el mal, la dualidad,  y destino convertido una vez más en fatalidad. Lo dicho, J.V. Sternberg en estado puro. No se la pierdan





                         



                              Dedicado a la gente que se viste con estilo en las celebraciones importantes







Bibliografía consultada y recomendada:

"Diversión en una lavandería china". Memorias (1952), Josef Sternberg; Ediciones JC Clementine, Madrid, 2002
"Dreams and Dead Ends" The American Gangster Film Edition  Mit by Jack Shadoian 2002

"Born to Lose": The Gangster Film in America by Eugene Rosow Ed. Oxford University 1979