Navidades en familia, Aristóteles, Hegel y la familia de Chalie Lawson

diciembre 28, 2021 Jon Alonso 0 Comments


 

¿Han pensado todos Uds. con sus estómagos recientemente agradecidos por las suntuosas viandas de grandes mesas repletas de langostinos, gambas, ibéricos y alguna mascarilla, haciendo de servilleta, como van a ser sus vidas, a partir de las 8h A.M. de la mañana del próximo mes de enero y esos días extra hasta el roscón de Reyes? Me lo imagino. Es obvio, que esa vuelta a la realidad puede ser demasiado frustrante, aunque dentro de la dicotomía afectiva que representa la Navidad uno no sabe si el infortunio es por volver al ritmo normal de las cosas o por dejar atrás el streaming en pausa. En resumidas cuentas, la Navidad es una patraña y el Espíritu navideño una estafa. Agarremos la brújula del móvil y preguntémonos: si no fuera por esa Navidad calendarizada y sus impulsores, ya sean religiosos o comerciales, ¿pasaríamos ese tiempo en familia? ¿Nos permitiríamos ser sentidos y sentimentales? ¿Decidiríamos detenernos un día, unas horas, y volver a encontrarnos con las personas con las que compartimos raíces y ancestros? ¿Querríamos volver a lo que somos y disfrutarlo, más allá de cuestionarnos lo que podríamos ser o compararnos con otros? ¿Y no es esa pausa, precisamente, la razón final para la existencia de un Espíritu navideño? Cómo van sus cabezas. No me digan, que andan con el tronco y el serrucho de Homer Simpson. Bien, el puto Aristóteles define a Dios como causa primera, causa eficiente, motor inmóvil, causa necesaria de la que derivan todas las demás cosas. El Dios de Aristóteles es el ser absoluto, el Dios metafísico por excelencia, pero como tal, su relación con el hombre es casi inexistente. Filósofos posteriores han planteado la relación entre Dios y el hombre en términos de la relación entre finito (hombre) e infinito (Dios). Han defendido que finito e infinito son inseparables, de la misma manera que ser y nada también lo son. Ninguno puede existir con independencia del otro. Por lo tanto, el perfecto infinito, para serlo, necesariamente ha de contener el finito, ha de envolverlo. Según Hegel, lo finito y lo infinito son uno. Y los seres particulares, los seres finitos, no son sino momentos de lo infinito. Así, la verdadera eternidad, como expresión de lo infinito, no excluye el tiempo, sino que lo contiene.  Siguiendo con este planteamiento, si Dios es infinito, entonces, ¿Qué es ser finito para Dios? Ser finito es asumir la naturaleza humana. Pues, va a ser que no. La naturaleza humana es vil, bruta, salvaje y despiadada. No estoy pensando en el beato y misógino de Andy Warhol, en este momento, pero si en esos paisanos suyos que en el fondo, son a día de hoy parte de eso que muchos modernos adoran como la concepción transustancial de la cultura Pop Made in Usa. ¿Quieren navidades? Yo les voy a contar una historia de navidades, de esas muy bien escritas, a las que ya les tengo acostumbrados y después, dirán. Santa Rita! A mí no. ¡Qué estoy muy a gusto con el cabrón de mi sobrino jugando al Scalextric! Soy muy bueno y muy trabajador.




Érase una vez en un pueblo del medio oeste de los Estados Unidos de América, Una cabaña solitaria en medio de Carolina del Norte, en la localidad de Germanton,  donde no vayan a pensar que se encuentran esas hermosas granjas azotadas por el viento. Eso llegó con el último mandato del machote “Ike”. Empero, lo único que queda es una tierra atormentada por espíritus y una trinchera de tumbas, de una familia llamada Lawson. En 1929, en plena depresión económica, Mr. Charlie Lawson, era el patriarca de un clan de aparceros; que trabajaban con mucha diligencia la plantación del tabaco y su manufactura. El día de Navidad se suicidó con una escopeta del calibre 12. Ni sin antes, matar a su esposa y a seis de sus siete hijos. Disparó y  repartió hostias por todos los cuerpos, de cada uno, de sus congéneres. Provenientes de Lawsonville, del mismo estado, Carolina del Norte, los Lawson se trasladaron 20 millas dirección sur alrededor, sobre 1918 hasta llegar a Germanton. Charlie Lawson y su esposa, Fannie, ahorraron un dinero y compraron una granja en abril de 1927 en Brook Cove Road. En 1929, Charlie y Fannie tenían siete hijos. Según todos los informes, los Lawson no parecían diferentes, ni gentes extravagantes, palabras y chascarrillos de aquellos años, en boca, de sus vecinos; que cualquier otra familia trabajadora, del medio rural, en los campos de tabaco de Carolina del Norte. Una semana y media antes de Navidad, Charlie llevó a su familia a la cercana ciudad de Winston-Salem para que le hicieran un retrato familiar. Este lujo inaudito se produjo en con el desagrado y protesta de su esposa, Fannie, a quien le preocupaba, el gasto excesivo para comprar trajes nuevos en el almacén de ultramarinos. La tienda para todo y más aún, con el estipendio del trabajo de su duro trabajo en la plantación. Los Lawson habían podido ahorrar dinero y aquella Navidad de 1929 tenían el dinero de sobra, para permitirse semejante capricho. No sin escuchar, ciertos reproches. “Todos compran lo que más desean en la vida” —les dijo Charlie. "Todo es parte de la sorpresa navideña de la que les hablé". El retrato de la familia Lawson sigue siendo uno de los más espeluznantes jamás realizados en Winston-Salem.




Ahí está Arthur, de 16 años, el niño mayor, de pie a la izquierda. Junto a él está Marie, la hija mayor de Charlie y Fannie, de 17 años. Charlie y Fannie, sosteniendo al bebé Mary Lou, se colocan a la derecha. La primera fila muestra a James, 4 años, Mae Bell, de 7, Raymond, de tan sólo 2 y Carrie, 12 años. La familia está muy viva en la foto, pero la sensación de malestar es palpable y aterradora. Es como si pudieran sentir que algo no andaba bien. Habría sido inaudito que una familia de clase trabajadora como los Lawson gastasen tanto dinero en un retrato, de esas características y todos luciendo nuevos atuendos. Muchos han dicho que esto demuestra que las acciones posteriores de Charlie fueron premeditadas. La familia regresó a su granja y continuó con sus negocios, siguiendo la  costumbre, porque era casi Navidad. Cuando llegó el 25 de diciembre, Charlie se marchó por la mañana para una práctica de tiro a algunas botellas con vecinos. Es canallesco, pero así fue. Fannie lo vio irse y estaba preocupada. Lo había estado durante algún tiempo y los vecinos y amigos podían ver claramente que algo no terminaba de estar bien. Charlie había sufrido un golpe en la cabeza durante el proyecto de construcción de una granja y la lesión lo había hecho retroceder. Marie, la hija mayor se levantó temprano, ya que era la encargada de cocinar el pastel navideño con pasas. Delantal, en ristre y manos a la obra. De la cocina bullía el aroma clásico de esas fiestas tan entrañables y familiares. Además de los problemas, Fannie tenía el sospechoso pálpito que su esposo estaba llevando a cabo, una relación incestuosa con su hija mayor, Marie, de 17 años. Más tarde se confirmó que un pariente, Stella Lawson, había escuchado a otros allegados discutir cómo Fannie les había confiado sus temores, al respecto, de Charlie y Marie. Incluso la propia madre de Stella Lawson había tenido conocimiento de ello. Fannie no sabía qué hacer. Además de padecer una crónica enfermedad de corazón. Cada vez que pensaba en los problemas de su familia, le sobrevenía un fuerte dolor pectoral. No obstante, siempre trató de apartarlos de su mente. Después de todo, era Navidad. Los niños jugaron juntos. Había nevado con fuerza la noche anterior y el suelo mostraba un espeso manto blanco. Charlie envió a su hijo mayor Arthur a hacer un recado inesperado (curioso detalle, porque era el hijo mayor de papá Lawson, y posiblemente, el único que podía haberle arrebatado la maldita escopeta).

 


Ese año no hay entrega de regalos, sólo, el conocimiento de la sorpresa navideña de su padre. Fannie envió a Carrie y la pequeña Maybell ir a la casa de su tío, que estaba a menos de un kilometro. Mientras pasaban por delante del establo del tabaco, Marie repitió una conversación reciente con su amiga cercana, Ella May. Marie había tenido mucha confianza con Ella May. Hacía apenas un par de semanas, contándole entre lágrimas que estaba embarazada y que el bebé era de su padre Charlie. ¿Qué iba a hacer ella? Y el dinero... acababa de gastar todo su dinero en ese retrato familiar. Marie tenía la edad suficiente para saber lo extraño que era. Empero el amor de Marie, Charlie Wade Hampton, la iba a recoger más tarde esa noche para ir a la iglesia. Ella se concentró en arreglarse para ir misa. Poco después, Charlie regresó a casa. Y espetó:—¿Para qué lo están arreglando todo? Marie le habló sobre la invitación de Charlie Hampton al Programa de Navidad de la Iglesia Palmyra. —Te dije que te mantuvieras alejado de ese chico, renegó. —No me vas a detener, papá. Me voy y eso es todo.—Oh, no, no lo estás. Solo veremos si lo hace o no...De repente, apareció Charlie Hampton en la puerta y Charlie Lawson supo que tenía que actuar con rapidez. Fannie estaba muy tensa por la espera de Carrie y Maybell. Salió por la puerta. Marie sabía que su padre estaba enojado, pero se volcó en entretener a su invitada. En mitad de su charla, el sonido de un disparo de escopeta resonó en frío aire navideños de diciembre. Pero algo no cuadraba. Estuvo cerca, muy cerca. Ese disparo venía del granero de tabaco. Fannie salió corriendo al porche y llamó a Charlie. Pero Charlie la había estado esperando junto al establo de tabaco donde Carrie y Mae Bell seguramente esperando el momento para tenerlas en el objetivo del arma, justo, en el camino a casa de su tío. Cuando estuvieron a tiro, salió, apuntó y disparó. Una vez, luego gritó, y volvió a disparar. Por si quedaban, connatos de algún atisbo de oxígeno, se acercó a los cuerpos envueltos en sangre y las golpeó hasta asegurarse de que habían muerto. Las alzó y las metió en el interior del depósito. Luego, recargó el arma y se dirigió al porche de su cabaña donde estaba Fannie tomando aire. Quizá su mujer había salido a ver qué eran esos disparos cercanos o quizá solo estaba descansando de un ajetreado día en la cocina con los cansinos preparativos. Ella no tuvo tiempo de nada, su marido apretó el gatillo. La mató y entró esquivando el cuerpo.

 

 


 

Marie escuchó el estruendo y soltó un grito fuerte e intentó huir por la puerta trasera. Sabía todo sobre la ira de Charlie Lawson y podría haber adivinado lo que estaba sucediendo. Su padre no estaba dispuesto a perdonarle la vida a nadie y le disparó a quemarropa sin dudar, cayendo con el atizador de hierro de la chimenea. No tuvo tiempo, de presentar resistencia. Los pequeños de la familia, James y Raymond, sí adivinaron a tiempo lo que estaba pasando y corrieron a esconderse. Fue inútil. Charlie los encontró y los asesinó a golpes. Todavía quedaba la pequeña Mary Lou en su cuna, pero su padre no la pasó por alto. Se fue hasta donde estaba y la golpeó varias veces en la cabeza. Aquel bebé murió por fractura de cráneo. Después los arrastro hacía el granero. La mirada  de sus ojos enrojecidos. Seguidamente, colocó almohadas debajo de las cabezas de los que habían sido su familia, piedras para los dos en el establo de tabaco. Cruzó los brazos sobre los tórax de cada uno y caminó a través de su casa ensangrentada. Salió por la puerta y entró en el bosque cercano. Su sorpresa de Navidad, ya era realidad. Lentamente, los cuerpos fueron descubiertos por los vecinos, a medida, que estos comenzaron a pasar para desear una Feliz Navidad a la familia Lawson. Algunos habían escuchado los disparos, pero asumieron que la familia estaba contenta, y lo de echarse unos tiros al aire, era muy típico por aquellos, aprovechando que la alegría pasaba por la comunidad. Una vez que todo estuvo en silencio, los vecinos contemplaron consternados el panorama. Fannie Lawson yacía muerta en el porche. Dentro, Marie y los niños, tirados en el suelo. La sangre se acumuló sobre las tablas del suelo de madera y se coaguló junto a los cuerpos. Charlie permaneció escondido en el bosque. Las noticias comenzaron a viajar y una multitud comenzó a reunirse en la casa. Unas horas después de los asesinatos, sonó un último disparo. Allí, en el cercano bosque, que Charlie Lawson, conocía palmo a palmo: terminaba la agonía, quitándose la vida. En un anillo alrededor de un árbol cerca de su cuerpo, la nieve estaba compacta y se veía la hierba pisoteada; Charlie había estado dando vueltas alrededor de ese árbol durante horas, delirando. Junto al cuerpo se encontraron cartas a sus padres. Se dice que en sus bolsillos la policía encontró dos notas escritas en la parte de atrás de unos recibos de la granja. Eran frases inconclusas. En una decía: “Los problemas pueden traer...” y no terminaba la idea. La otra: “Nadie a quien culpar”. Es probable que nadie sepa nunca lo que decían esas cartas. Arthur, el único hijo, que sobrevivió al magnicidio llegó a creer que su padre lo había enviado a hacer un recado; ya que era el único lo suficientemente fuerte como para interferir potencialmente con los espantosos planes de su padre. Más tarde se descubrió que un joven vecino también se escondió en la casa durante todo el período de los asesinatos. Brindó muchos detalles sobre lo que sucedió ese día; debido a su edad ahora avanzada y su mala salud, desea permanecer en el anonimato.

 


Siete ataúdes (la bebé Mary Lou fue enterrada en los brazos de su madre) fueron velados en el cementerio Browder en Germanton, Carolina del Norte, en las afueras del terreno sagrado de la iglesia bautista. Los visitantes de las tumbas han notado algunas rarezas e incluso, dicen, haber escuchado las voces de niños pequeños. La casa Lawson se convirtió en una atracción turística y el pastel que hizo Marie en ese fatídico día se puso bajo vidrio y se conservó durante muchos años. La gente a menudo veía a dos niños pequeños jugando cerca de la casa, solo para recorrer la casa y jadear de miedo ante el retrato de la familia Lawson: los dos niños eran los fantasmas de Raymond y Mae Bell Lawson exterminados. La vieja vivienda acabó siendo demolida. Los intrusos en esa tierra no son bienvenidos, y hoy en día, a menudo se encuentran a punta de pistola por propietarios que desconfían de los buscadores de emociones. Se informó que un puente cercano hecho con las tablas de la casa de Lawson estaba terriblemente embrujado. Arthur Lawson vivió hasta 1945, cuando murió instantáneamente en un accidente automovilístico. Ella May, a quien Marie había mantenido en secreto sobre el espantoso secreto de la familia, dijo con el tiempo, que Fannie y Charlie, también sabían sobre el bebé. ¿Charlie mató a su familia, incapaz de vivir con las consecuencias de sus acciones y la vergüenza que les sobrevendría? ¿Estaba mentalmente discapacitado debido a su herida anterior en la cabeza? ¿O era Charlie Lawson un hombre cincelado de pura maldad, un demonio enorme, repleto de más demonios justo debajo de la superficie, esperando florecer? Desde entonces se han escrito historias y libros, se han representado obras de teatro y se han escrito múltiples baladas sobre asesinatos. Pero, ¿por qué Charlie Lawson se suicidó a sí mismo y a su familia en el día familiar, más importante del calendario, de millones de personas del mundo, Navidad? Es posible que nunca se sepa la verdad. "No ahora, pero en los próximos años será una tierra mejor. Leeremos el significado de nuestras lágrimas y luego, en algún momento, lo entenderemos". Inscripción en la fosa común de Lawson.




Bien, ahora es el momento de la despedida. Y quiero hacerlo deseándoles, unas muy Felices Fiestas, y especialmente, un magnífico 2022. Ojalá traiga cosas buenas y se lleve todo lo malo y sobrante del que se marcha. A pesar de los pesares, todos Uds. son conscientes que la Navidad está cargada de expectativas. Obviamente, cuando estas expectativas sobrepasan ciertos límites inalcanzables para la persona, acaban transformándose en  frustración y esto es lo que provoca, que muchas de ellas, tengan la sensación de estar inmersas en un naufragio, sin posibilidad de salvación. Sé que más de uno de Uds., daría mucho por eliminar "estas fechas del calendario”. Lo dicho, intenten ser lo más realistas posibles, están aquí. Respiren hondo y piensen que es lo que debemos hacer y como deberíamos de sentirnos en estos días. Merece la pena, tomarse 3 minutos, antes de realizar cualquier acción. Palabra de amanuense aristotélico.





              Dedicado a Joan Didion diciembre 1934/diciembre 2021 In Memoriam



Fotogramas adjuntados

Family Lawson in Christmas

Black Christmas (1974) By Bob Clark

In a Cold Blood (1967) By Richard Brooks

The Children (2008) By Tom Shankland

Praznik (1967) By Djordje Kadijevic

 L'ultimo treno della notte (1975) By Aldo Lado 

To All a Goodnight (1980) By David Alexander Hess 

Le Monte-charge By (1962) Marcel Blüwal



Bibliografía consultada y recomendada

White Christmas-Bloody Christmas: Finally the True Story of the Lawson Family Murders of Christmas Day by Bruce Jones&Trudy J. Smith 1990  Ed. Upwords Pubns








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