Jean Harlow, “la femme fatale rubia platino, a quien Hollywood sólo le dio 26 años”

abril 12, 2021 Jon Alonso 0 Comments


 

No hace ni dos semanas, que este amanuense, dejó su impronta para celebrar los 9 años de este singular espacio cultural que es el Inquietante Bypass. A lo largo de este periplo hemos hablado de todo. He opinado, en más de una ocasión, me he mordido la lengua —nuevamente— para, no ofender las mentes más sensibles o corazoncitos más tiernos. Algo, que no me tendría que haber importado, ya que yo soy así. Cuando profesionalmente, andaba por los medios, de becario, nadie me quería: escribe muy bien y la lengua la tiene muy afilada. Claro, no me preguntaron por la entrepierna. Es obvio, que yo nunca he tenido esos que se conoce como enchufes o filias políticas, vestuario y atrezzo político para ascender, en este mundillo. Me la ha sudado. Sigo haciendo lo que quiero y espero terminar mi tercer libro —que no sé si lo terminaré— 9 años de reescritura de mis dos joyas, las cuales, no se si las verán, ni lo sé yo. Nunca estoy contento, con el último adjetivo o preposición de turno. Como diría mi buen amigo, el escritor y crítico Hilario J. Rodríguez: bienvenido al planeta de los puzles de la reescritura. Creo que lo dijo en un tweet y me encantó. No por ello, quería pasar la oportunidad de hablar de otra de esas femmes fatales que me ha vuelto loco desde el día, en que la vi, y dejan a la cantaora Joplin o el divino Morrison, a la altura del betún en eso de la iconografía rockandlolera y del malditismo… A ver es algo así como; vive rápido, bébete el Nilo y drógate a toda hostia y harás un pequeño cadáver. Hoy tendrían que ponerse todos Uds. de pie (hombres, mujeres y mundo trans) vamos a contarles el porqué de una mujer llamada Jean Harlow. Decía el maestro, Edgar Morin, con quien, tuve la suerte de compartir una comida, con un montón de políticos degenerados e ignotos, de la España de principio de Siglo. Recuerdo esta frase, mientras degustábamos un arroz muy pocho, en un bolo cultural, al cual me habían enviado, en  tierra de la Costera. Ningún periodista de la redacción hablaba francés y menos inglés. Eso, sí. En el CV, ponen que tienen el título de tal y Pascual. A ver que me voy del carril decía el ínclito intelectual: las estrellas femeninas son objeto de la atracción masculina y de culto por el femenino. La chica platino Harlow se ajustaba perfectamente a la descripción. Los hombres se sentían abducidos por su pelo —que prometía diversión; las mujeres en USA comenzaron a teñirse el pelo para imitarla—, y confiaban en que su pícaro encanto, los congregará a su alrededor. Miss Harlow, no solo fue la primera rubia platino de Hollywood. Ella también fue la mujer que marcó un antes y un después, en la hermosa galería de rubias platinos de aquello, que un día decidimos llamarle, el Séptimo Arte. La misma factoría que unos años más tarde se convirtió en el mito Pop, por excelencia, de cualquier icono de modernidad. Se habrán dado cuenta que hablamos del mismo lugar donde un día nacería: Marylin Monroe. Chorros de tinta embadurnada de sublime prosa de grandes escritores, teóricos, y críticos-as. Si lo piensan bien, somos esos mismos hombres y mujeres, en diferentes profesiones; pero que no dejamos de ser parte de esos humanos que pululan por el mundo contemporáneo. Pues, Jean Harlow se encargó de incrustar en las retinas del personal, por la fuerza sexual de su hermoso físico: una combinación letal de belleza y glamour. Si Don Draper hubiera vivido en esa época y hubiera tenido que lanzar una campaña de la marca Coca-Cola; es obvio que los pensamientos del más ingenioso irían directamente a la figura de la botella de cristal y el contorno  sensual de Jean Harlow. Es algo así, como los iconos del armazón de la América unida: acero y hormigón. Piernas, caderas, senos y cristal. 



Esto es Hollywood la tierra de los sueños de todo aquel que llega. Hay en Jean Harlow unos andares de diosa —un poco patosa— que podrían equivaler a los del mismísimo Louis B. Meyer. Es decir, piensen en la plenitud de un cine multigénero. Cuando hablamos de Jean Harlow, es muy similar a charlas de Mae West, es decir, siempre que vayamos en sentido inverso a las agujas de un reloj. La Harlow transmitía la insinuación, algo muy depurado y ese descaro sexy. En el caso de Mae West la provocación, roza  la ordinariez y la grosería. Sin llegar a ser un personaje que por ello transmitiera decadencia. Todo lo contrario. Una y la otra estaban de acuerdo en un punto innegociable: eran rubias platino y vorazmente devoradoras el sexo en todas sus versiones. Aquel Hollywood sólo lo amamos los consumidores del bonoOro EMT y cuatro chiflados amanuenses que se quedaron abducidos el día que la rubia de los modelitos satén blanco pegados al cuerpo —siendo imitados y plagiados por todas las actrices— desde su muerte hasta el día de hoy quiso nacer, para vivir  la vida, al borde del peligro, y  murió chocando contra una curva, que no estaba en el mapa de carreteras que compró en su viaje por Hollywooland.¡Vaya con Los Rockeros y los Popes blandos, esto no era cosa de la Joplin y Morrison! Menudos pedorros—Pensaría la gran Harlow, si los hubiera conocido, en su corta, pero intensísima viva que duró 26 años. La actriz protagonizó todo tipo de escándalos y desdichas. Así fue y así intentaremos contárselo. Nació  en Kansas City, Missouri, el 3 de marzo de 1911, bajo el nombre Harlean Carpenter, conocida con el nombre artístico de Jean Harlow, fue la hija única de un adinerado odontólogo y de una insatisfecha ama de casa de Kansas. Su madre era una madre tremendamente protectora, de la encantadora Harlean. Hija única del matrimonio Carpenter, un cromo de cabellos rubios. Aunque, su madre, Jean Poe Harlow; no le quitaba el ojo. Este ambiente de madre/hija creo una simbiosis biológica, donde su madre era un pedazo de la propia futura estrella y donde el bueno del Sr. Carpenter se hallaba más desplazado.  La pequeña Harlean, era llamada por su madre, insistentemente, “Baby”. Curiosamente cuando Harlean entró en la escuela para niñas “Miss Barstow” de Kansas, la criatura, se enteró de que su verdadero nombre era Harlean y no 'Baby'. Lloró a lágrima suelta. En muy poco, tiempo de su paso, por el colegio Barstown, Harlean Carpenter, observó cómo sus padres se divorciaban. Jean consiguió la custodia de Harlean, quien volvió a ver a su padre, una sola vez del resto de su corta vida. Aunque Jean estudió en una academia actoral, la aventura fracasó y las dos regresaron a Kansas. A los 14 años el abuelo la envió a un campamento en Michigan, pero se contagió de escarlatina. Hay tesis, del toro pasado que esta enfermedad fue la que contribuyó  a su precoz deterioro de salud que terminó con sus huesos en la cripta.  El cómo llegó a la cima; es obvio que fue una carambola o hay quien dice que tenía que pasar. El cielo y el cine; necesitaban a Jean Harlow. Un día acompañó a una amiga a los estudios Fox y mientras la esperaba en el auto, su turgente cuerpo atrajo la atención de un ejecutivo, pero ella rechazó realizar una prueba de cámara. Le duró poco el orgullo porque su madre, Jean Poe Harlow, la convenció de la idoneidad para asistir a un casting.



Finalmente, obtuvo un contrato. Jean Poe tenía a su hija, como el antojo actual de un mando televisivo: la controlaba, la dominaba y solo le decía: ¡haz esto! Todo dio un giro copernicano. Apenas, tenía 16 años, cuando se marchó de casa para contraer con un joven alcohólico empresario, llamado Charles McGrew, siete años mayor que ella. Dándose a la fuga de su hogar y estableciéndose en Los Angeles, donde Mr. McGraw y Harlean contrajeron matrimonio en 1927. Imagínense, finales de los años 20, una ciudad, en plena efervescencia cinéfila que rodeaba la zona en la que residían, Harlean intentó convertirse en actriz, momento, en el cual, adoptó el nombre y apellido de soltera de su madre: Jean Harlow. Dos años después, el matrimonio se divorció y ella se centró en seguir buscando trabajo en el mundo del cine. Pudo conseguir pequeños papeles para intervenir en algunos cortos, la mayoría pertenecientes al género cómico. De esta manera, pudo ser vista en diversas producciones de Hal Roach como “Double Whoppe”. En pleno crack de Wall Street de 1929, antes de comenzar su  década hacía el estrellato, se divorció de McGraw. Un año después logró que el magnate Howard Hughes se fijase en ella para intervenir en “Ángeles Del Infierno”, película en la que suplía a la actriz nórdica Greta Nissen, que fue descartada del casting, por Hughes, debido a un fuerte y frío acento sueco a la hora de ponerle voz al Shakesperiano de LA. La fama conseguida con “Ángeles Del Infierno” y sus pequeñas participaciones en películas de éxito, como “Luces De La Ciudad” de Charles Chaplin, y el film por antonomasia de gánsteres que protagonizó, al lado del gran James Cagney, “El Enemigo Público” de William Wellman, y con el malogrado Robert Williams en “La Jaula De Oro” de Frank Capra. Hizo que se acrecentará el interés de los grandes estudios, especialmente, la mismísima Metro Goldwyn Mayer hacia su persona. Sus legiones de fans enloquecían con sus poses eróticas; su liviandad y su manía de usar trajes pegados al cuerpo sin ropa interior. El extravagante Hughes llegó a ofrecer 10 mil dólares al peluquero que lograra acercarse al tono platino que lucía Jean. Durante cinco años el millonario la exprimió al máximo, y finalmente, accedió a la venta, de su libertad por en 50.000 dólares a la Metro Goldwyn Mayer. Bien, llegados a 1932, año en el que también Jean contrajo matrimonio con Paúl Bern —hombre de confianza del ínclito Irving Thalberg— que era veintidós años mayor que Harlow. Fue una esas historias que hicieron historia en el Hollywood Babilónico sonoro. Acabando este casamiento, en una tremenda desgracia. Fue a partir de ese momento cuando la Harlow alcanzaría la gloria con cintas como The Beast of the City dirigida por Charles Brabin al lado de Walter Huston. Un Film Noir muy digno. Red-Headed Woman (La pelirroja) un drama romántico de Jack Conway y por supuesto, Red Dust con el legendario Victor Fleming (Tierra de pasión) un melodrama de aventuras Clark Gable, Jean Harlow. Estos dos últimos films tanto, La pelirroja o Tierra de Pasión, dispararon a la diosa platino, alérgica a la ropa interior como la estrella del nuevo Hollywood. Ya saben cómo es Hollywood, y 20 años después, filmaría de nuevo, el remake de Victor Fleming (Red Dust). Eso, sí. El maestro John Ford acepto el trabajo, con la condición de un cambio de título, convirtiéndose la historia, que en España se llamó Tierra de Pasión, en Mogambo (1953). De nuevo, protagonizada por un Clark Gable —ya maduro— y acompañado de Ava Gardner y Grace Kelly. En una entrevista con la prensa, el propio CG dixit: “yo preferiría una dama protagonista a la que pudiera tratar como a un hombre, en todo, menos en el aspecto sexual.”





De vuelta, a nuestra hermosa protagonista, Jean Harlow y su veterano esposo Paúl Bern. La rubia platino parecía que encontró la horma de su zapato en un hombrecillo bajito, tímido, medio servil, hábil para los negocios y con la suerte más envidiable de toda la galaxia: tenía en su lecho a Jean Harlow. Sin saber cómo, ni con qué propósito, Paúl Bern se agarró al cielo con las manos y se casó con la mujer más deseada de Hollywood. A todo el mundo se le cayó el alma a los pies cuando Paúl y Jean se unieron; él 42 años y ella 21. Se conocieron en rodaje de Luces de la Ciudad de Charles Chaplin, donde la jovial y volcánica Harlow hace un papel de figurante. Bern quedó hipnotizado por la sinuosa rubia; que tomó bajó su control la carrera de la Harlow y le dio un plus al jugoso contrato con la Metro Goldwyn Mayer. Con su estilo agazapado Bern ya se había echado al costal a más de una celebridad, como Joan Crawford o Mabel Normand. Empero, Jean Harlow era el sueño erótico de toda América, y él encajaba, a medida, en el rol emocional, de ese padre ausente de la actriz. Fuera por una razón o por otra; el matrimonio de cara a la galería funcionó a la perfección o lo parecía. Ya que, después, de un par de meses. El 4 de setiembre de 1932, en el aura del amanecer, cuando el mayordomo de la pareja encontró a Paúl Bern, en el piso del dormitorio. Desnudo, frente a un espejo de cuerpo entero, y con un agujero en la cabeza. La malograda pareja se casó el 2 de julio de 1932. Tan solo, unas  seis semanas, Paul Bern, se encontraba muerto en su propia casa. La muerte de Bern se convirtió en uno de los mayores misterios de la historia de Hollywood. El cuerpo del ejecutivo fue encontrado por su mayordomo junto a un gran charco de sangre densa —que fluía desde el cráneo— de la víctima, en el aposento de su casa de Beverly Hills. Su esposa Jean Harlow se hallaba en casa de su madre ese día —curiosamente— la Harlow y Bern mantuvieron una fuerte discusión la noche anterior, a su óbito. Al lado del cadáver, apareció una nota de suicidio que rezaba: “Querida mía. Desgraciadamente, esta es la única forma de reparar la horrible equivocación que he cometido y de borrar mi miserable humillación. Te quiero, Paul. PS: Entiende que lo de anoche solo era teatro”. Más chocante fue la actitud del mayordomo que, mucho antes de hablar con la policía, había contactado con un despacho ejecutivo de la MGM. Varios de sus responsables fueron enviados al lugar y limpiaron la dantesca escena, para intentar minimizar el escándalo. La policía se presentaría en el hogar dos horas más tarde. La autopsia reveló que Bern había muerto por una herida de bala en la cabeza. ¿Fue un suicidio o un asesinato? El escándalo alimentó las páginas de los tabloides y prensa del higadillo, durante los días siguientes. Comentarios y páginas llenas de comentarios, donde se leía: Paul Bern se voló los sesos de un disparo, pues, se veía incapaz de cumplir el maratón sexual que ella exigía. Jean Harlow, por su parte, nunca quiso comentar nada sobre el asunto públicamente. A pesar de haber sido interrogada por el Departamento de Policía de Los Ángeles y de haber tenido que presentarse ante un gran jurado.




El departamento de prensa y relaciones públicas de la Metro casaron a Jean Harlow con el fotógrafo Harold Rosson y vivieron seis meses juntos, pasados los 180, se divorciaron por el mal carácter del marido. Gran parte de los cuales pasaron separados. Tres semanas después de la boda, Harlow fue trasladada de urgencia al hospital para someterse a una apendicetomía de urgencia. Después de dos semanas en el hospital, la madre de Harlow insistió en que, en lugar de regresar con su esposo, su hija, para ella “Baby” debería continuar su convalecencia en la casa de su madre. Harlow nunca volvió a vivir con Rosson. Jean estaba abriendo un nuevo año, 1934 y ahí llegaron toda una serie de films que aguanto, bajo una presión y un estado físico penoso. The girl from of Missouri (Busco millonario) repite su género favorito de la comedia romántica y en la dirección dos viejos conocidos Sam Wood y Jack Conway. En 1935 protagoniza el melodrama musical, junto al gran William Powell (Reckless) La indómita. Dirige Victor Fleming y cierra el año con los mares de China (China Seas) detrás de la cámara todo un genio, como Tay Garnett en un drama de aventuras, ella como protagonista junto a su actor favorito Clark Glabe y Wallace Beery. El propio Glabe, en este rodaje, mostró una gran preocupación por JH. Hasta que La insistencia de la madre Jean —que siempre iba con segundas intenciones— ya se encargó un año antes de  supervisar la recuperación de su hija, pero a modo, de estratagema para poner fin a su matrimonio. Empero, Jean Harlow estaba diferente, no era la misma. Incluso la bruja de su madre comienza a mostrar una gran preocupación. La dura realidad, del alcoholismo de Jean, era colosal. Evidentemente, la bebida pudo haber ocultado otros problemas de salud, y el control de la madre Jean sobre su hija no se basaba de ninguna manera en una perspectiva saludable. Mamá Harlow era una estudiosa de una escisión radical de una iglesia cristiana. Pero, esencialmente, por encima de Dios o los testigos de Jehová; una voracidad por el dólar pertinaz. Cuando Jean aumentaba un poco de peso, su madre la ponía a dieta de una sola cucharada de requesón, una rodaja de piña y una zanahoria rallada al día. Algo que seguramente podría haberle provocado anemia, haciendo que Harlow, en vez de sentirse más ligera y con mejor disposición; se debilitaba muchísimo debido a un mal estado inmunológico que ya de por sí era propenso a la enfermad. En 1936, Harlow comenzaba a parecer una víctima de su estilo de vida: su rostro estaba hinchado y gris. El acusado cansancio que le acompañaba y un vientre hinchado sospechoso. A todo ello, súmenle 10 años de decoloración semanal. Harlow, rubia de niña, insistió en que era una rubia natural, pero su estilista sabía lo contrario. "Solía decolorar su cabello y hacerlo rubio platino", dijo una vez Alfred Pagano, peluquero de las estrellas. "¡Usamos peróxido, amoníaco, Clorox y escamas Lux! Sí, no alucinen. Eso era así. ¿Amoníaco y lejía Clorox? En realidad, no, es muy difícil de creer que alguien pondría deliberadamente un brebaje en la cabeza de alguien que mezcló amoníaco y lejía Clorox.  Un representante de Clorox, confirmó que los ingredientes principales del blanqueador Clorox en la década de 1930 son los mismos ingredientes del blanqueador Clorox actual, algo que, cuando se mezcla con amoníaco, produce un gas nocivo, ácido clorhídrico. Pura lejía a reacción. Cuesta creer que, una estrella de su categoría, para obtener este tono de rubio: tuviera que pasar por este proceso tan duro y humillante. Su estilista, lo habría hecho semanalmente (Clorox me pidió amablemente que le recordara no mezclar Clorox y amoníaco, especialmente, en su cabeza). Todo ese coctel iría dando unos resultados nocivos, en alguien, con una vida al límite, que observaba como se le caía el cabello, en grandes cantidades.



A pesar de los pesares, el estudio reclamaba su presencia porque Jean Harlow seguía siendo un potosí y en 1936 rueda Riffraff, dirigida por  J. Walter Ruben y  repite con Spencer Tracy. Le siguió Suzy de George Fitzmaurice, junto a Franchot tone, en un drama con la guerra de por medio. Wife vs. Secretary de Clarence Brown una nueva comedia romántica al lado de su fiel amigo, Clark Glabe. Después hizo Libeled Lady de Jack Conway que se convertirá en una diva difamada y se arma una Screwball con el periodismo de por medio y al lado de William Powell, una película muy buena. Y finalmente, Personal Property (1937) dirigida por W.S.Van Dyke donde rodó una comedia romántica al lado de Robert Taylor. Un rodaje, cada persona del equipo del set, observaba como una mujer de tan sólo 26 años estaba mal. Jean Harlow se encontraba muy deprimida y sin parar de beber. Lo peor estaba por venir, ya que en marzo de 1937, cuando descubrió que necesitaba que le extrajeran las cuatro muelas del juicio. Su madre no creía que pudiera manejar cuatro operaciones separadas, por lo que la madre Jean encontró un dentista que estaba dispuesto a extraer las cuatro piezas a la vez. Después de que le extrajeron el tercer diente, el corazón de Harlow dejó de latir brevemente. Se las arregló para recuperarse lo suficiente como para presentarse a trabajar en una nueva película, Saratoga (1937), y a la postre, desgraciadamente, la última. En el equipo de rodaje casi todos los preferidos de JH, la dirección de Jack Conway, el operador de cámara Ray June y como fiel compañero de reparto su querido hermano del alma, Clark Glabe. Sin embargo, dos meses después de la cirugía todavía estaba drenando líquido de su boca infectada. En el rodaje de esa película, a finales de mayo, empezó a quejarse de un fuerte dolor abdominal. Se fue a su casa durante el fin de semana a la mansión de William Powell y pasó el fin de semana en la cama. Todos los allí reunidos pensaban que era la gripe. Pero, el miércoles, comenzó a vomitar y delirar, Jean no estaba bien. Finalmente, fue atendida por un médico, poco riguroso, quien le diagnosticó inflamación de la vesícula biliar y le recetó unas inyecciones de dextrosa. Un par de días después, Clark Gable la visitó y se sorprendió al ver que Harlow parecía estar hinchada al doble de su tamaño habitual, con un olor a podrido que emanaba de su boca. Para que Uds. se haga una idea. Sus órganos estaban entrando en fallo múltiple. Ni meaba ni cagaba. Ante el empeoramiento, de Harlow. Se llamó un nuevo doctor, la misma noche, y apostilló, que el primer médico había realizado un diagnóstico completamente erróneo a Jean Harlow. Su verdadero problema eran los riñones, no su vesícula biliar. Los líquidos, mayoritariamente, y viene un matasanos a darle azúcar. No hace falta hacer químicas para saber que es ese compuesto, es un azucarero. Aquellas malditas inyecciones la estaban matando. A día de hoy, Jean Harlow, se  hubiera beneficiado de muchos de los tratamientos que hay para la insuficiencia real. Desde antibióticos, diálisis o trasplantes de riñón. Dos días después de su diagnóstico correcto. El 7 de junio de 1937, Jean Harlow fallecía. Todo sucedió muy rápido, o tal vez, se había estado desarrollando, lentamente, durante años.






Y al final, la hermosa “Baby” había dejado de pelear. En sus últimos días, un visitante junto a su cama le dijo que mejoraría. Posiblemente, delirando, JH, dijo: "No quiero". Parecía imposible que alguien tan hermosa y joven, cuya presencia en la pantalla rebosaba pura energía y vitalidad, llegara a morir así. Tal vez, por eso, persistían los rumores, que con Jean Harlow, había pasado algo más. Se rumoreaba que los órganos internos de JH habían resultado dañados en una paliza propinada la noche de bodas a manos, de su segundo marido, Paul Bern. Otros se apuntaron a que su enfermedad estaba relacionada con el alcohol, que probablemente no estaba en su raíz, aunque se había confundido el tipo de dolores de cabeza que podrían haber sido señales de advertencia de algom más que una resaca, por lo que se dejó ir sin un tratamiento que podría haberla salvado. Pero el rumor más cacareado de Hollywood era, el cual sostenía, que, Jean Harlow había muerto por una exposición prolongada a los químicos que usaba todos los domingos, para conseguir ese cabello rubio platino. Es hasta paradójico y chocante leer toda esta cantidad de historias para toda esa gente que amaban aquel Hollywood y adoran las historias sobre cómo la gente hace, determinadas cosas, para convertirse en estrellas que terminan destruyéndolas. Lo que sí es verdadero; es lo científico y todo aquello que tenga un estudio clínico. El historial médico junto con su filmografía se lee como una tragedia griega. Según los informes médico desde su nacimiento, Jean Harlow, contrajo poliomielitis, meningitis y escarlatina antes de los 16 años. Luego tuvo neumonía, dos abortos, una apendicetomía, múltiples episodios de influenza y una mala reacción a la extracción de muelas del juicio, todo mientras llevaba la corona de la estrella más sexy. En Hollywood. Permaneció en el set trabajando hasta semanas antes de su muerte. Jean Harlow comenzó interpretando a mujeres de reputación dudosa, siguió con las vampiresas y acabó siendo la ingenua. Y su último gran amor, el actor William Powell, quiso casarse con ella, pero no llegó a tiempo, pues la actriz moriría poco después de que iniciaran su noviazgo. De hecho, el intérprete le compró una cripta en el cementerio Forest Lawn Memorial Park, en California. Harlow se convirtió en una estrella del cine gracias a su feminidad, su glamour y su descarada sensualidad. En la pantalla, destilaba fuerza y seguridad. Sin embargo, fuera del rodaje la sex symbol era una mujer reservada, poco ambiciosa y algo pusilánime, que se dejó explotar por su dominante madre y su codicioso padrastro, y que se refugió en el alcohol, para evadirse de los problemas. La historiadora de cine Jeanine Basinger la describió como un ser especial: “Maestra de la mirada de soslayo que no contiene ningún misterio, Harlow tiene la vulnerabilidad de Monroe, el encanto de Dietrich, el toque cómico de Lombard, la sexualidad fácil de Mae West y la dura palabrería de Santwyck. Ella era única y lo tenía todo”. Murió con 26 años. Se guardó un momento de silencio a las 9:00 a. M. En todos los estudios de Hollywood la mañana del funeral, el 9 de junio de 1937. El servicio fúnebre se celebró en Forest Lawn Glendale, en la capilla Wee Kirk O'Heather y el general de la MGM, Louis B. Mayer, se aseguró de que fuera un gran evento. Los aficionados clamaban a las puertas del cementerio y los fotógrafos trepaban vallas. El césped estaba cubierto de flores que se habían desbordado del interior de la capilla. Clark sirvió como portador del féretro y acomodador y Carole le reservó un asiento. Todo Hollywood se despidió de Jean, con 250 dolientes llenando la pequeña capilla. A ella, le hubiera gustado, decir aquello de... "Me gusta levantarme cada mañana con un hombre distinto".

 


  

                                    Dedicado a Alice Springs junio 1923 abril 2021 In Memoriam






Fotogramas adjuntados

Jean Harlow en la portada de la revista Time 1935

Jean Harlow and ben Lyon in Hells Angels (1930) by Howard Hughes

Jean Harlow and James Cagney in Tje Public Enemy (1931) by William A. Wellman

Jean Harlow and Clark Gable in Red Dust (1932) by Victor Fleming

Jean Harlow and Paul Bern en la puerta de su mansión

Jean Harlow and Cary Grant in Suzy (1936)  by George Fitzmaurice

Jean Harlow and The Chief of Departament of Makeup MaxFactor




Biografía consultada y recomendada

Biografía Platinium Girl: Life and Legends of Jean Harlow by Eve Golden Ed. Abbeville

Jean Harlow: An Intimate Biography by Irving Shulman Ed. Sphere





 



0 comentarios: