Sam Fuller; 105 años del mejor director del mundo desconocido

agosto 12, 2017 Jon Alonso 0 Comments







“Tenemos demasiados intelectuales que tienen miedo de usar la pistola del sentido común”
                                                                   
                                                                                                (Samuel M. Fuller /1911-1997)
Según unas fuentes. 1912/1997 otros archivos bautismales/ Por aquello de las celebraciones (…)





“El cine es emoción…” Revelaba Sam Fuller en la segunda mejor película —que más me gusta— del sobrevalorado Godard, “Pierrot el Loco”. “Y, el póquer debe ser algo muy cinematográfico...” Yo soy más del mus; alma de canalla, crápula, insolente, informal y sobre todo hombre acción. Ya no ejerzo por decreto sanitario. Dicen que, en el juego la emoción es sólo resplandor. Lo dudo. Me vuelve el viejo barrunto con eso de la construcción del cine y dramática expandida en el tiempo. ¿Lo entienden Uds? Tres opciones, la primera: llamo a mi amigo el Dr. House. Segunda: le hacemos la pregunta al trascendental Guerín, que se vuelve loco por el tedio y la tercera; la Luger de Fuller. Evidentemente, la lumbrera que va con esta elucubración sigue dando conferencias —no sé quién lo ha dicho, ni me interesa— se adjuntan un montón de doctos escritores en la biografía de abajo. Ya saben cuál es mi opinión del colectivo semiótico: cansancio. ¡Eh!, no se disgusten que los hay muy buenos haciendo empalagamiento y les tengo cariño. ¿Ven Uds. a Fuller entrado en un taller de Coaching? No. Pues, no se froten las manos, que el amanuense de este teclado, todavía no le ha dado por caer en la literatura de autoayuda ni en la metafalacia de Coelho-caja registradora (un día les contaré una anécdota del brasileiro con un ex amigo). ¡A buenas horas, mangas verdes!  En el segundo acto de mi atolondrada vida, criando arrugas y pintando canas verme con un bigote o lo Gable u Oates. No se lo dejó Fuller. Detesto los bigotes como los cancilleres y las obligaciones castrenses; el apurado por decreto de Gillette sobre la barbilla. Eso lo contó muy bien Kubrick. Obviamente, los días malos son parecidos a los niños pequeños, incluso hasta el Barça Playstation y el lagrimoso Spielberg que suelen tenerlos y cada día, mayores. Dicen los sabios del oráculo de la lasitud, que nunca hay que llevar al cine, ningún otro arte narrativo que no sean determinadas novelas del siglo pasado. Genial, porque a mí me tira la cabra al monte. Saquemos la botella del viejo malta irlandés, la caja de puros Montecristo, los polvos cristalizados de éter, las voces, las pistolas y toquemos el pellejo escrotal a la parroquia como el visceral Peckinpah. No hace mucho que hablé del maestro por este armatoste de algoritmos colocado de Coropres y Naloxona. Ahora llega el momento de otro director con el que me iría a los toros, de borrachera, al campo de tiro de la tierra de mi colega Bunbury —las bellas Bardenas reales de los Juegos de Tronos— y después a la filmoteca.
















Sí. Peckinpah está vivo en México ciego de Tequila y escuchando Narcorridos, Fuller está en la bahía de Messina, fumándose unos buenos Montecristos, plácidamente, mientras escucha a Willie Dixon contemplando a las lugareñas. De repente, con la voz en alto me llegan los susurros en la solitaria madrugada; “Amigo, Jon. No me interesa si la historia es occidental, oriental, de Julio César o Marco Bruto. Me interesa la emoción, las mentiras, el engaño... que defina qué clase de drama es “. Aluciné y sonó la alarma del móvil con el olor a pólvora —que no llegaba de Anzio—, sino de los falleros del barrio y sus petardos mañaneros. Sí, hablo de cineastas incomparables, hechos de otra pasta, otros andares y maneras de pensar: al lado de Ray, Kubrick o Welles. Esos tipos son los auténticos revolucionarios del sistema. Los realmente, originales, capaces de cambiar desde dentro las fauces de los grandes estudios sin provocar caries ni flemones al mastodonte Hollywoodense. Es decir, bailar con la sotana del diablo y no quedarte embarazada, pues el vestido de lagarterana novicia no pone ni a un preso. Fuller, tenía un punto de vista genuino a lo que bramaba aquella época del propio régimen de los estudios —llamémosle— convencional o normal, por denominarlo de alguna forma. Definiendo el concepto, sin arabescos: cineastas que tuvieron que bailar otro rock, diferentes y valientes. Pues, las reglas en Hollywood habían cambiado. Soplaban los vientos del Postmacartismo y Hoover era el halcón que de refilón seguía viendo y escuchando a todo aquel que dijera me “me cago en...” Pobre Hoover, si hubiera conocido a Metodo 4 y el Duque “entalegao”, que contento estaría. De esa década de los 50, creo que a Sam Fuller habría que dedicarle un monolito —Montecristo incluido— permanentemente encendido. Un iluminado que se convirtió en el sherpa rompedor del rocoso camino para toda una generación de cineastas que han ido nadando con la corriente a favor. Gracias a su generosidad y acierto narrativo, entre las décadas 60- 70-80 y la última remesa de los 90; los Sres. de lo que llamamos: el cine indie. La voz ronca del “tío Sam” con ceño fruncido y el puro humeante entre los labios, no se quedado en agua de borrajas. Hagamos un elegante fundido y abramos el foco en aquellos dorados y peligrosos 50 llenos de glamour y micrófonos. Periodo marcado por una ideología, que condicionó el trabajo de los estudios engalanados de marfil y platino hasta llegar al actual de tablets, calefacción por bluetooth y minibar sin alcohol en el cómodo Sundance. Bien, ¿qué quieren un travelling o un fundido? Es trampa, he realizado el fundido y lo he avisado.















Ya estamos en Worcester (Massachusetts) el noroeste de USA, la tierra de este genial cineasta. Hijo de inmigrantes judíos de origen ruso vía paterna y polaca por la materna. El apellido Rabinovitch ya no lo ostentó, pues, su la familia en la quimérica América, se transformó en Fuller. Siendo un pequeño de apenas 12 años, corría llevando periódicos y otros devaneos cercanos al oficio de cronista. A los 17 años, ya redactaba crónicas criminales (putas, estafadores, carteristas, pequeños perdedores y todo el lumpen de la noche) para el New York Graphic. No hay nada mejor en un periódico que la redacción de sucesos y tribunales; pregúnteselo al dios Wilder. Entrados en la década de los sucios y duros 30, su temprana juventud dio inicio también a su faceta como escritor, auténtico, ideando básicamente relatos Pulp como “Run, baby, run” (1935). Posteriormente, se fue introduciendo en el oficio de guionista, como ayudante y en poco tiempo, comenzó a escribir guiones y novelas como “Ghost Ryder”. Dicen las fuentes consultadas, que nunca reveló que escribiera guiones anónimamente. Llegó la II G.M. y no lo dudo para unirse a la causa del tío Sam y luchar en primera línea de combate.  Como el gran Calderón de la Barca y Garcilaso estuvo en una división de infantería repartiendo estopa en nombre de la libertad contra los nazis. Desde Bélgica, Checoslovaquia y etc. Hasta la participación en los desembarcos de África, Sicilia y Normandía. Por su labor, servicio y dedicación a la patria obtuvo las más altas condecoraciones; la estrella de Bronce, la de plata y el valeroso Corazón Púrpura, casi nada. Este currículum, convivió a lo largo de la carrera cinematografía del maestro, esencialmente, en sus filmes bélicos y en esa obra de arte que es, Uno rojo, división de choque (1980). Arranca su carrera cinematográfica escribiendo guiones para películas como “Hats Off” (1936), “The gangs of New York” (1938), “Adventure in Sahara” (1938) o “Power of the press” (1943). Decidió tratar de ser director luego, de que Robert L. Lippert, le hablara para que escribiera tres filmes para su compañía. Fuller aceptó escribirlos si le era permitido dirigirlos sin cargo alguno. Lippert aceptó y Fuller realizó su debut como director en In Shot Jesse James (“Yo maté a Jesse Jammes) 1949, seguido por “The Baron of Arizona” (1950). Su tercer film “The Steel Helmet (el casco de acero) 1951, fue el despertar de un cineasta, que sonaba entre la crítica y la industria del celuloide. Una de las primeras películas acerca de la guerra de Corea y Fuller se basó en su propia experiencia militar; así como en testimonios de los veteranos de la guerra.

















A partir de entonces, Fuller era buscado por los estudios cinematográficos más importantes y firmó un contrato para realizar siete películas con 20 Th Century Fox. La primera de estas fue “Fixed Bayonet” (Bayoneta Calada) 1951, también basada en la Guerra de Corea. Fuller vivía el cine como la vida, con cuchillo y tenedor. No obstante, hubo films en los que sólo utilizo las manos; como un Tudor devorando un pavo real. El séptimo filme, “Tigrero”, nunca se filmó y fue el objeto del documental de Mika Kaurismäki  “Tigrero: A Film That Was Never Made”. En 1952, Fuller filmó “Park Row” (La voz en primera plana), una historia de periodistas y del periodismo independiente en el siglo XIX. Darryl F. Zanuck de 20th Century Fox, quería convertir la película en un musical, pero Fuller se opuso a la idea e inició su propia compañía de producción con sus ganancias. Y luego vendría, el delicioso Noir, “Manos peligrosas” (1953), el diablo sobre aguas turbias (1954), “La casa de bambú” (1955), “40 pistolas” (1957), “Corredor hacia China” (1957), “Yuma” (1957), “Verboten” (1959), “El kimono rojo” (1959), “Bajos fondos” (1961), “Invasión en Birmania” (1962),”Corredor sin retorno” (1963), “Una luz en el hampa” (1964), “Los malditos” para TV (1967) , “Arma de dos filos” (1963), “Con furia en la sangre” (1973), (Muerte de un pichón) 1973, la aludida, “Uno rojo división” (1980), “Perro blanco” (1982), “Ladrones en la noche” (1984), “Calle sin retorno” (1989). Autor independiente, de cierta discordancia ideológica —empática incorrección— que le caracterizó como una extraña especie en vías de extinción. Su impactante y directo estilo visual. La concepción agresiva y ágil del sentido de la narración. La singularidad a lo largo de toda su obra del empleo de primerísimos planos, tomas largas y un uso manifiesto de la violencia con un habitual comentario social, siendo una influencia básica para gente como  Cassavetes, Jarmusch, Ferrara, el maestro Scorsese o Millius y un largo etcétera. El cine independiente, en parte es la esencia de genuino sabor Made in Usa. Y si hay que hablar de cine moderno independiente uno de sus padres contemporáneos es Sam Fuller. En cierta medida, el aludido Macartismo dio paso al emblemático cine de superestudios y el starsystem —momento— de tafetán y cuché, que algunos visionarios como el maestro Fuller, supo encontrar el resquicio por donde colocar un mundo “sui generis” con dinero de la propia Fox y la esbelta Columbia. Fuller, es un icono y un gurú de lo que es en términos taurinos llamamos: saber torear y llevarte a la más guapa a tu redil.



















Sus films, se presentaban en una funda de corrección para la platea más bovina, pero con unas esencias de las antípodas —su singular submundo interior— que dejaba patidifusos al más reaccionario y tuercebotas “mesatrofeos” de las majors de turno. No obstante, el sistema tenía una máxima: hacer caja. Y si para ello, había que dejar grietas dentro del método; se dejaban y ocupaban para que siempre estuvieran activos. Ahí, Fuller se encontraba como pez en el agua. Aprovechó su ingenio, habilidad y su gran amistad, que le unía al gran “hueletalentos”: Daryl Zanuck. El zorro DZ, adoraba a Sam, mientras todos los grandes directores le iban comiendo la oreja al fuck boss Mr. Zanuck…—Mr. Zanuck, please…I have one…En cambio, Sam le espetaba—¡Vete a la mierda Andy! ¡Darry, vete hacer puñetas!—En su propia cara (mientras movía el puro de izquierdas a derechas con la flema de un veterano fusilero). A Darry Zanuck, le encantaba ese estilo y siempre había una fumata blanca; financiación, Money para hacer buenas películas. Por ejemplo,”Forty Guns”. Eso sí. Mr. Zanuck era un lince —Oye Sam, la peli hay que venderla, eh!… No me jodas…Nadie, quiere ver a la heroína Barbara Stanwyck muerta — ¿No puedes hacer que viva? Al final, sólo la herían y unas risas… Más un O.K. Lo dicho, Fuller era más listo que un rayo, ni un pelo de tonto: Movie is Bussines. Zanuck vio un potencial enorme en este método Fulleriano de películas con envoltorio de “factoría personalizada”. No hace mucho, hablábamos de otro genio, que tenía su estilo pero su ideología acabó con él. Sí, el ínclito Rossen. En el cenit del maldito Macartismo Fuller rodó “Manos peligrosas” film mayúsculo de la cultura Noir. Fuller, solapadamente, se encargó de enviar un mensaje criptografíado de política completamente heterodoxa. La policía ha cogido al carterista RW y le acosa con el asunto de las notas de la bomba H, que pueden pasar a manos de Stalin. La cuestión es que Hoover, Zanuck y Fuller tuvieron dos reuniones de lo más sustanciosas en el restaurante Romanov. El retrógrado Hoover no estaba de acuerdo con el tono del film, a ver, no quería saber nada del esta película para ser más exactos. No le gustaba que Widwark dijera: “Está ondeando la maldita bandera ante mí…” y Fuller tenía apuntado en su guion: “Está ondeando la puta bandera ante mí…” Cuando Zanuck fue a Washington, Hoover, en cuanto lo vio le dijo: “esto es imposible…” Zanuck, le convenció de intentar suavizar la expresión, porque le daba igual. Y en el segundo almuerzo, a tres bandas, Zanuck dijo: que en vez de utilizar el término puta bandera, se dijera; “maldita bandera” que no quería a ningún estadounidense, en plena guerra fría y dijera al público, sobre todo dirigiéndose a la policía; “Está ondeando la bandera ante mí…” y Zancuck le replicó; Mr. Hoover, es que el personaje es así, actuaba de ese modo y no lo iba a cambiar.


















“En corredor sin retorno”, estamos ante la radiografía del propio Sam Fuller, es decir, su vida. Un lugar donde decir la verdad era crucial para un artista. Se dejó media vida en el ejército, trabajó como una bestia, se partió el culo y presenció historias reales incontables. Por eso cuando te hablaba lo hacía en un tono autoritario. Sabía que la vida no es autocomplacencia y pantallas digitales de la sexy manzana de Cupertino. Fuller ejerció una gran influencia en la forma de rodar a gente como Scorsese y dicen que el chico terrible de Tennessee, Mr. Tarantino. Del primero, es obvio. Pues el estilo de los planos individual es idéntico —Thema Schoonmaker su gran editora— de “Taxi Driver” o “Toro Salvaje”, “Goodfellas” y etc.  Aporta esta lectura: —era como un artista primitivo. Un cine muy personal, a veces con ideas muy crudas y al mismo tiempo sorprendente, original y refrescante. Creo que Rossen —de idiosincrasia diferente a Fuller— se atisba el mismo oficio de cámara que el genio de Massachusetts.  Del rey de Tennessee, si lo dicen los oficialistas pues, fetén. Artista arcaico, generoso, pétreo y lleno de fibra testicular, que utilizaba el cine de una forma muy sui generis. Un neandertal postmoderno y elegante. Una especie prodigiosa que desapareció. Hoy en día, Fuller estaría en un museo o encerrado en un sanatorio mental como el genio de Leopoldo María Panero. No puedo quitarme de la cabeza esa secuencia: la manera de matar —una vez más— en el film “Manos peligrosas" del gangster, entrando a la habitación de Thelma Ritter—Te vas a cavar una tumba prematura…Carga el arma y la cámara se retira hacia el giradiscos del gramófono atascado; clic-clac, clic-clac reiterativo. Se funde con el disparo seco provocando una metáfora del disco girando tras la sustracción del latir del corazón de TR. Algo así, cómo un espíritu saliendo del cuerpo; sutil y majestuoso.  La vis de la muerte dentro de la poética de un tío áspero, íntegro y muy valiente. Definiéndolo en la pantalla de un modo directo y categórico; brusco como el dolor neuropático. Contundente. El cine de Fuller está lleno de vitalidad,  confianza  e impulso de las películas de serie-B, que consisten en un material de género presentado de forma modesta, con actitudes y diálogos cutres, pero él aporta un estilo de cámara barroco exquisito que lo cambia todo. Le decían: “Sam estás rodando una película” y el maestro replicaba: ¡Por Dios, corta el rollo!, ¡No estoy rodando una película, sino una imagen emocionante, idiota! ¡Tiene que moverse! Para Fuller el movimiento equivalía a emoción. Al mover la cámara, se mueve el punto de vista y se añade energía a la película. No es necesario, que esté ligado a los personajes, está atado al ritmo narrativo. Sam Fuller era un maestro en este aspecto. El pura sangre, Lee Marvin comentó en una ocasión, que durante el rodaje de “Uno, división de choque” esta anécdota: — No he visto a nadie decir “Acción” en un rodaje con tanto ahínco. Creo que Ford tenía el récord, pero lo de Fuller te llegaba al alma y encima los tímpanos destrozados. ¿Por qué? Fácil, realizar un film es como construir un viaducto en los Alpes: hay mucho dinero en juego. Si el dinero es tuyo, no es cuestión de echarse sobre una tumbona y ver el resultado desde la moviola. Bertolucci dijo una vez sobre él: “Para mí Sam Fuller es el mejor director desconocido del mundo y sus películas son como el Jazz . Yo, con permiso del genio italiano. Apuntillo: “gracias por haber existido maestro, siga Ud. Igual de desconocido para todos aquellos que le tienen miedo a los hombres con talento y carácter adictos a los Montecristos nº 2, mientras suena Charlie Parker”, otros 105 años más, de salvaje cine de autor.  










                                      Dedicado a Terele Pávez julio 1939/agosto 2017 In Memoriam










Biografía consultada y recomendada


Sam Fuller: Film is a Battleground - A Critical Study, with Interviews, a Filmography and Bibliography  Lee Server Ed: McFarland  (2003)
“Sam Fuller” Phil Hardy Ed. Praeger (1970)
“Sam Fuller” Quim Casas  Ed. Cátedra (2001)
"Shock Corridor" by Sam Fuller  by Michael Avallone Ed. Xanadu Publications (1991)
The films of Samuel Fuller: If You Die, I´II Kill You!  Lisa Dombroski Ed. Wesleyan (2008)
Samuel Fuller: Interviews (Convesations with Filmmakers) by Gerald Peary Ed. University of Mississippi (2012)





  
                 

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