Mabel Normand; la cineasta femme fatale y Nietzsche

agosto 24, 2017 Jon Alonso 0 Comments










Saben muy bien —que servidor— es un devoto de la cultura criminal. De ese impulso puramente humano —a pesar de los pesares de la unanimidad por la corrección— e incontrolable que es la acción criminal. Haciéndolo más culterano, propondría lo siguiente: La esencia de un criminal por cometer un asesinato es completamente adictiva. Como las crónicas de este humilde amanuense. Por ende, el propio acto que se comete y su existencia, es la misma para todos. Es decir, volvemos a aquello del factor humano y los daños colaterales. Evidentemente, en eso, de lo denominado, como pura praxis del método criminal; nos encontramos con incógnitas no despejadas. Algo así como, las situaciones, los eventos y las personas que son participes, en toda la acción que desencadena el asesinato. Ahí, no podemos hablar de los aludidos, pues, como el Cluedo, son muchos los candidatos. Demasiados. Pero la vieja Babilonia del profeta Isaías tenía el percal muy bien atado y enderezado. Comenzando por ese siniestro personaje, Carl Laemmle. Encargado de que el hermoso bosque desértico californiano mantuviera el estatus del mayor paraíso de lascivia, soberbia y envidia por metro cuadrado del planeta tierra. La gran ramera de la soleada Costa Oeste construyó, en cartón piedra, el espejo de los sueños de medio mundo. Los personajes más hermosos y fascinantes del espectáculo de los anhelos humanos. Pero detrás de aquellas impolutas fachadas; la soledad de la locura y las adicciones llegaron a conquistar a una de las mayores femmes fatales de la historia del pre-code. Hablamos de Mabel Normand, y, con ella posiblemente, el mayor misterio —mejor enterrado— de la disparatada historia de Hollywood: la muerte del cineasta William Desmond Taylor. No se preocupen, que esta crónica, tendrá su tiempo y espacio para goce del personal. Siempre y cuando, el espíritu de ultratumba del sheriff de policía y la fiscalía de la villa —que se encargaron de gestionar todo aquel affaire— no le dé por hacer, algunas llamadas, a fiscales, jueces y demás estamentos corruptibles, para que este mortal pueda contarles los hechos, en todo su esplendor.















Bien, volviendo a nuestra protagonista, diremos que la pequeña Mabel Normand nació un frío 9 de noviembre de 1892 en la villa de Staten Island, NY. Se crió en una atmosfera, condicionada por la escasez y el crecimiento demográfico —que propulsaba— el flujo migratorio a la búsqueda de fortuna, en la utópica América industrial. La pobreza familiar fue la cara de la moneda diaria. Sin apenas contacto con la escuela, pues, las labores de casa y el cuidado de parte de su familia, la tuvieron al pie del cañón. El carácter adusto de su padre, que trabajaba de lo que le saliese, aunque se le daba muy bien atar clavos con maderas Pero con muy poca fortuna, para tan baldío esfuerzo. Aquel ambiente iba haciendo mella, en la adolescente Mabel. Hasta que llegó su momento con apenas 15 años, cuando, posó como modelo para artistas, de la talla de Dana Gibson —el creador de las tarjetas ilustradas Gibson Girl—, donde terminaba dejando su figura y rostro a las postales ilustradas vintages. Fue en el estudio de este artista, donde le sugirieron, que probase como actriz en California. Pero todavía estaba muy lejos de la tierra prometida. No obstante, en la ciudad de NY pudo conseguir sus primeros papeles de figuración para la compañía Vitagraph de Albert E. Smith, hasta finales de 1910. Después, pasó por Biograph y estuvo a las órdenes del gran D.W. Griffitt, dónde dejó un buen sabor de boca y de nuevo, Albert E. Smith le hace una contraoferta, que aceptó, cuando veía que el drama no era su sintonía. De nuevo, regresó a Biograph donde representó con la misma proporcionalidad, papeles cómicos y dramáticos. A veces, bajo el nombre artístico, que le asignó el estudio, de Muriel Fortescue. Pero a mediados de 1911, Normand conoció al director Mack Sennett. Aquel tipo fue su gran mentor, por no decir su auténtico padrino, y hasta el hombre, que siempre estuvo enamorado de ella. Profesionalmente, fueron los mejores años de una actriz que soñaba, con ser algo más, en la utópica Babilonia de Hollywood. En 1912 Sennett había constituido su nueva productora; la Keystone Film Company en California.

















Allí, Mabel Normand, fue pionera en un nuevo tipo de personaje cómico. MN, terminó interviniendo en la mayor parte de los papeles cómicos —tanto masculinos como femeninos— en gran parte, a su gestualidad y rostro gracioso. Así como la manera de poner los ojos estrábicos. Unos ojos de gran tamaño, que invitaban a mirarlos y generalizar una cara conocida y querida por el público; que se entusiasmaba con los gags. Las risas de la platea resonaban en todos los auditorios, donde actuaba. Normand tenía al público en el bolsillo. De belleza menuda, cuasi, pizpireta y juguetona. Mabel Normand fue una mujer visionaria en muchos sentidos. Al participar en otros trabajos, más definitorios, de la formula Sennett. Como el estilo, puramente, físico y loco, donde Mabel Normand fue una de las grandes actrices cómicas de aquel periodo. Mientras trabajaba, en uno de sus films chiflados, bajo las órdenes de Sennett, en 1913. La Normand, no pudo reprimirse el impulso, y le arrojó sobre la cara al actor Ben Turpin, un pastelazo de natillas. Creando así lo que pronto se convirtió en un clásico del cine de comedia precode; el slapstick. Mabel Normand se coronó en ese reinado de estrellas cómicas —chicas slapstick— como Alice Howell, Fay Tincher, Mary Dressler Zasu Pitts, Thelma Todd o la pareja Marion Byron y Anita Garvin. Con la llegada del sonoro, el tortazo fue tremendo para muchos y muchas. Pocas estrellas sobrevivieron al encontronazo del nuevo cine. Pero en la primera década del siglo XX. En la Babilonia más indómita y divertida; Mabel Normand era la estrella, por antonomasia, de la compañía Keystone. Cuando Charlie Chaplin se unió a ella a finales de 1913, aquel joven tozudo, era un completo tuercebotas, en la interpretación más peyorativa, del término. A Chaplin se le atragantaba la cámara. Afortunadamente, para la historia del cine, Normand, apostó por el duende el gitano del británico y le enseñó todo sobre el mundillo, de aquel cine. Y cómo no podría ser de otra manera, el apoyo carnal, de la afable hospitalidad Made in Hollywood. Si hoy conocemos a Chaplin es porque Mabel Normand existió y persuadió a Sennent —la estrella y amante del jefe— para que le diera una segunda oportunidad. MN sacó todo el talento que —el británico— aunaba en su interior. Trabajar con él era divertido y todavía, aún más realizar los films. Mabel Normand cada día lo hacía mejor, como actriz, guionista y directora.















Chaplin tenía sus planes secretos, pero aquel periodo dorado junto a Normand fue extraordinario, un lujo para los ojos de quienes alucinaban con los films que se producían y todo un Minerva— actualmente, para los cinéfilos de final del S.XX y principios del XXI. La actriz comenzó a subir como la espuma y Chaplin estaba tras la estela de FA, como mejor intérprete cómico. Su categoría y estatus de estrella era incuestionable, en Keystone. La primera película que sellaron su amistad laboral fue en “Mabel at the Wheel” (1914). Y poco después, un trio curioso, el propio Senennt con Chaplin y Mabel Normand en “The Fatal Mallet” (1914). Sin embargo, Mabel Normand no era una mujer cualquiera dentro del complejo mundo creativo, de aquel prehistórico inicio, de la industria hollywoodense. Mabel Normand, se puso detrás de una cámara y dirigió a un comprometido Chaplin en “Caught in a Cabaret”. Lo curioso de esta amistad fue el compromiso desde la vis más intelectual, por el amor, a un trabajo y el desarrollo de sus profesiones. Luego vendrían “Mabel's Married Life”, dirigida por Chaplin, “Gentlemen of Nerve” y “Getting Acquainted” y de nuevo, M. Normand detrás de la cámara en “Mabel's Busy Day”. Todas ellas en la legendaria añada de 1914, comienzo de la Primera GM.  En la película, “A Film Johnnie”, Chaplin es capaz de reunir, por primera vez, a Roscoe Arbuckle con Mabel Normand y Ford Sterling. Después otro film que es un gran éxito, “His Trysting Place” junto a Mark Swain”. Hasta la primera película de 82 minutos “Tillie's Punctured Romance” de 1914. Llegados a este film, Mark Sennent pone en escena, a todo su dream team; Marie Dressler, Charles Chaplin, Mabel Normand, Mack Swain, Charles Bennett, Chester Conklin. Normand, hecha una estrella y nada menos, que al lado de otro viejo amigo, el gran Roscoe "fatty" Arbuckle, la otra gran estrella de la comedia muda masculina. Fue un periodo donde Keystone hizo historia en la primitiva y pretérita Babilonia, de aquel tiempo. “The great Tillie’s Punctured Romance” fue un éxito rotundo y ello provocó, un entusiasmo inusitado en el capó Sennet. Éste, no lo dudó, ni un minuto y diseñó la productora, ex profeso, para que Mabel Normand fuera dueña y señora. Luego, estaba la faceta personal de cada uno. Mabel Normand, era una habitual, por los locales nocturnos y fiestas de los mejores hoteles de la ciudad. Así como el temperamental y retorcido Fatty Arbuckle. Realizaron juntos otras tres películas para el sello de Sennett Keystone Mabel's Wilful Way. Fatty detrás de la cámara y actuando junto a MN. El dueto tenía unos repertorio de gags míticos y así llegó “Mabel and Fatty's Wash Day” o “Mabel, Fatty and the Law” en 1915. Evidentemente, el público adoraba a esta pareja. El inefable Chaplin, iba preparando su propio itinerario, en muy pocos años, estaría dentro del gran sueño de Mary Pickford, Fairbanks y W.D. Griffith, de sobra conocido.
















Mabel Normand seguía con Sennett hasta que consumió el rodaje de “Mickey”(1918). MS estaba con su pálpito de retrasar el estreno (alegando problemas de postproducción) y durante ese periodo. La jugada fue un éxito en todos los sentidos. Pero MB estaba harta de Sennett y Keystone. Había dinero en juego y viejas rencillas. Desde el trato económico hacía su protegido Chaplin (se llevaba 1.250 dólares semanales) por los 175$ de la neoyorkina. Algo que, podía haberse discutido y arreglado. Normand estaba en posición ventajosa. Evidentemente, en su relación con Sennett, no todo lo era el dinero. La empatía, el cariño, el odio y el amor iban en el mismo paquete. La motivación de Sennett para alentar Normand, en su empeño, por dirigir films, es incierta. Este sentía una claro respeto por su talento como actriz. Empero, la mayoría de las fuentes consultadas reafirman —lo comentado anteriormente— el encoñamiento del productor por los huesos de la Normand. Sin embargo el factor de la mala salud de MN era otra de las grandes incógnitas —que desembocaron— en la ruptura de ambos, justo en el año 1918, con la desaparición de Keyston producciones. En 1917, Samuel Goldwyn, venía con el bolsillo, repleto de dólares e infinidad de proyectos. Su estudio iba muy en serio, a por el páramo californiano. Mabel Normand se convirtió en el objetivo más inmediato para su mítica productora. MN firmó un contrato de cinco años por la suculenta cifra de 3.500 dólares semanales. Echen cuentas tras baremos de inflación y cambio de siglo. El halcón Goldwyn, puso a MN a trabajar a las órdenes de Clarence G. Badger para rodar una comedia de corte romántico “The Venus Model” (1918). Y otra de cariz dramático “The Floor Below” (1918). Al lado de Tom Moore y Rod La Rocque. Pero Mabel Normand ya no era aquella chica entusiasta y hasta algo ingenua con la que se topó Sennett. El alcohol y las orgías comenzaban a hacerse interminables. Viejos amigos y hoteles 24 horas sin límites. Su vis dramática no enamoraba y lejos del lenguaje Slastyck. La Normand se agarrotaba y trababa. Las cosas comenzaban a complicarse. La ginebra terminaba por empaparle las enaguas y con ello, su propensión al sexo de riesgo, ofreciéndose a cualquiera, en citas a ciegas. Licor de enebro y polvo andino. Además de una incurable tuberculosis que solevantaba con codeína y coñac. Fiestas y desparrames que terminaron por exasperar a Goldwyn. Al parecer, en un ensayo de guion, vio cómo se sacaba su petaca de Cartier, para meterse un buen tanganazo de Ginebra y tirar de su esnifador nasal. Goldwynd tenía la mosca en la oreja, pero tras la evidencia “in situ” rescindió el contrato. Por aquel entonces, su relación con el cineasta, William Desmond Taylor y los devaneos con los camellos de la vieja ciudad le tenían en vilo.















Todo parecía desmoronarse, en apenas, lo que dura una calada a un pitillo. La pregunta quedaba suspendida en el aire; ¿Qué ocurrió con WDT? ¿Por qué Mabel Normand se confesó culpable de ver al director, unos momentos antes del asesinato, a pesar de que fuera inocente? MN estaba en el ojo del huracán. El sensacionalismo de todo este affaire por parte de toda la prensa acabó en una protesta social, donde sus películas fueron censuradas, similar a la de su colega FA. Obviamente, el viejo y fantasioso Hollywood está viviendo tiempos convulsos y de gran agitación social. La sociedad estaba en constante movimiento. El nuevo siglo disponía una nueva década que cuatro años más tarde, todo el desarrollo industrial e inventivo, desembocaría en el primer gran conflicto bélico del S.XX: la Primera Guerra Mundial. Mientras, la sociedad americana hacía participe del desarrollo industrial a las mujeres y estas, intentaban hacerse un hueco, buscando su derecho al voto. La vida en la nueva Babilonia y NY era más rápida, extravagante y, a veces, altiva sobre las drogas y el alcohol. Una mujer apenas con veintipocos años, de origen pobre, abriéndose camino entre auténticos lobos y linces del mundo del espectáculo. La chica de la Biograph, de la Vitagraph, la directora de Keystone, la superstar, al lado del mastodonte histrión, convertido en otra superstar. De la noche a la mañana, jóvenes de todo el país, se aglomeraban ante aquellos deslumbrantes Nickelodeones. Mabel Normand se convertía en una estrella de la constelación babilónica para bien o para mal. Ella, igual que Rosco o Chaplin eran el puto Hoolywood, tanto como Goldwyd, o Zanuck en su momento. La coba, la gloria y la fortuna era su nuevo espacio. Aquellas prehistóricas trabajadoras del espectáculo tomaron conciencia de que, gracias a sus caras bonitas, hacían ganar a los osados empresarios judíos de la Costa Este muchos dólares. ¿Acaso Mabel Normand fue simplemente una damisela en apuros, como en muchos de los personajes representados en sus películas? De reina a villana, esa maldita décima de segundo, hay un bostezo. Los medios de comunicación fabricaron un personaje oscuro y sin escrúpulos.












Mabel Normand es historia del cine contemporáneo. Su currículum es admirable. Dirigió y escribió películas que son patrimonio cultural del cine pre-code. Además, de aparecer en más de 100 films. Muchas de ellas al lado de otro célebre personaje —comprometido y polémico— actor de aquella época y compañero de productora: Fatty Arbuckle. El rey del escándalo, acusado de homicidio sin premeditación y violación de Virgina Rappe. De sobra era sabido que —como buenos colegas de profesión— participaron en infinidad de fiestas y orgías, donde la cocaína, morfina y alcohol, estaban a la orden del camarero de turno. Mujer hiperactiva y con una tuberculosis crónica acabo en los brazos del director William Desmond Taylor en 1920. Los dos habían sido amigos buenos amigos. Se dice que WDT ayudaba a MN en su proceso de desintoxicación del alcohol, la cocaína y morfina. En 1922, se escucharon disparos en la mansión del director. Mabel Normand tuvo el don de la mala ubicuidad. Es decir, estar en el lugar equivocado, en el momento, que no tocaba. La policía la encontró dentro de la casa quemando una documentación en la chimenea junto a la actriz Mary Miles Minter, siendo interrogadas y detenidas por la policía. La Normand quedaba desautorizaba ante la prensa del higadillo y su público. Se pasó más de un mes en el sanatorio Glen Springs. Pero no hubo pruebas cotundentes de que estuviera alli. Falso. Su madre se encargó de sobornar a un buen número de fiscales. La cuestión es que, en apenas unos seis meses, el affaire William Desmond Taylor quedó finiquitado con un montón fallos y pruebas no investigadas. Lo comentado al principio de esta exhaustiva crónica; los muchos aludidos y sospechosos de la muerte del cineasta quedaron libres. Dos de ellos, casualmente, fueron el productor Mark Sennett y la muy castigada —física y moralmente— Mabel Normand. Sennent intento rescatar a la chica de sus sueños y fortuna, con “She made Head Over Heels (1922)”, “Oh, Mabel Behave” (1922). Así como “Suzanna" (1922) y por último, "The Extra Girl" (1923). Tras recibir el visto bueno de los equipos de rodaje y actores, no fue lo mismo con el resto del colectivo de la crítica cinematográfica, ésta, no estaba por la labor de darle tregua en el resurgir de su carrera. Empero, la Normand, es única y vuelve a meterse en camisa de once varas, para no perder comba.


















El día de Año nuevo de 1924. Su chofer un tipo de dudosa credibilidad (la policía confirmó que se trataba de un ex convicto de Oakland) —cuyo auténtico nombre— Horace Greer tomó el revolver, de la diva, y la emprendió a tiros contra el novio de ella, Courtland Dines, un corredor de bolsa del mundo del petróleo. Afortunadamente, Dines, pudo salvar su vida y Normand tuvo que esperar a 1926 para firmar un contrato con la productora de Hal Roach, “Raggedy Rose” y “The Nickel-Hopper” ambas en 1926. En 1927 "Anything Once" y ¿Should Men Walk Home?, esta última, dirigida por Leo McCarey y el último corto antes del agravamiento de los episodios de tuberculosis; “One Hour Married” (1927). Nada volvió a ser igual. La prensa amarilla y la no sensacionalista, habían encontrado un filón en todas aquellas estrellas del cine cómico y sus devaneos personales, fuera de plano. Poco quedaba, en el recuerdo de la industria, del valor de esta extraordinaria mujer. Una pionera en aquel arte, tan primitivo, dentro de una industria agreste y entusiasta. Mabel es la primera mujer que fue filmada en un aeroplano, en “A Dash through the clouds” (1912). Trató de reubicar su vida, sobre todo con su nuevo amante, pero sus films seguían tirándose a las puertas de los teatros y su nombre calumniado sistemáticamente. Cuenta la anécdota que Mabel Normand, leyó un libro, que le dejó WDT pocas horas antes de su asesinato. Se trataba de la obra de Nietzsche “Así habló Zaratrusta”. Curiosamente, en una entrevista al Sunday News, le espetó al periodista; “La vida es demasiado corta”. Los miembros de la familia hablaban de sus constantes estancias, en el sanatorio desde muy joven, y todas, las que su amigo, mentor, jefe y amante, sabría. Le condicionaron sus sobreesfuerzos. Finalmente, su último internamiento, en el Sanatorio Pottenger fue el definitivo. El 23 de febrero de 1930, fallecía en la villa de Monrovia (California) con 37 años. No llegó a los 40 años. Murió con dolor y la sensación de haber luchado contra todo. Dos años (1932) más tarde, su viejo amigo Fatty Abuckle murió, esperando debutar en el cine sonoro. Mack Sennett compungido y dolido produjo su último film, antes de que quebrará su productora. Dixit: nunca le guardaré rencor. Aquel tiempo, será recordado como, algo inolvidable, imprevisible y desternillante. La risa, como la muerte, la induce un tercer factor. En este caso, el talento de Normand se lo llevó con ella. Alguien podría haber dejado en su tumba el siguiente epitafio de “Así habló Zaratrusta”; “Siempre hay una pizca de locura en el amor. Sin embargo, igualmente hay en todo momento un poco de razón en la locura”.





















            Dedicado a la memoria de todas la víctimas del atentado yihadista en Barcelona 17/08/2017 in Memoriam








Biografía consultada y recomendada



Mabel Normand: The Life and Career of a Hollywood Madcap by Timothy Dean Lefler Ed. McFarland  2016
Tinseltown: Murder, Morphine, and Madness at the Dawn by William J. Mann of Hollywood Ed. Harper (2015)





Fotogramas adjuntados

Mabel Normand posando
Mabel’s Dramatic Career (1913)
Mabel Normand and Barney Oldfield in Barney Oldfield's Race for a Life (1913)
Mabel at the Wheel (1914)
Mabel Normand&Roscoe "Fatty" Arbuckle, He Did and He didnt't,(1916)
Samuel Goldwyn& Mabel Normand &Charles Chaplin
Extra Girl (1921)
Pinto (1920) Mabel Normand, Andrew Arbuckle, John Burton, Richard Cummings, Joseph Hazelton & George Kunkel,
Funeral por Mabel Normand







 

        

0 comentarios: