Tallulah Bankhead; la femme fatale deslenguada y carnal




miércoles, 10 de junio de 2015







Tallulah Bankhead fue la auténtica protohistoria del hedonismo protopunk fashion. Una manera de vivir—sui generis— llevada a su punto más extremo y paroxístico en la vieja Babilonia. La misma que  Bronston, Meyer, Goldwyn, Zanuck, Chaplin and Cía —pusieron en marcha, a imagen y semejanza— de aquella soleada montaña. Tan turbadora y excitante, como el antiguo Irak, donde Alejandro Magno puso la pica de un camino sin retorno a perdición. El viejo Hollywood era tan fascinante y pecaminoso que cualquier realidad superaba a la mejor de las ficciones creada por un entusiasta guionista del estudio de turno. En aquella Sodoma escandalosa y viciosa; Miss Bankhead conjugó sus buenos modales, de casa bien, como la mismísima Deméter. Aquella diosa, que se lamía las heridas por el secuestro de Perséfone, pasó la noche al lado del Triptólemo y engendraron a la semidiosa Puta. Una muchacha, condicionada por sus genes, nacida con el don agrícola de la poda de florestas. Acción que mejoraba la calidad de los frutos procedentes de los arbustos. En el devenir del tiempo, su reputación se extendió por todos los rincones de Grecia. El amor a la divinidad, se transformó en adoración por los agricultores. Estos, en su honor realizaban fiestas en el periodo de poda. Al igual que en toda festividad, Dionisos (o Baco en Roma) era el primer invitado, pues era el dios del vino y del éxtasis sexual— requisitos imprescindibles— que derivaban en sus desenfrenos dionisiacos. Las orgías como respecto a la figura de la diosa Puta, estaban dirigidas por el propio Dionisos, quien a través de sus ménades y sátiras cobraba una dádiva por los placeres sexuales prestados. En Roma, el modus operandi, fue el mismo cambiando el nombre de los interesados, pasando del desenfreno a la bacanal. De todas estas viejas historias, Talluhah Bankhead sabía tanto o más que el viejo Cicerón. La actriz arquetipo de los locos 20 y tóxicos 30, cuando Luciano, Capone, Costello, Lansky, Torrio, y Rothstein peleaban por el control del alcohol y las drogas en una América que imponía la simiente de leyendas del primitivo celuloide: un Potosí que generaba tanto dinero, como las futuras tragaperras de las Vegas. A modo de subidón incontrolable y caída libre, de una decadente tragicomedia, por los excesos en las nuevas bacanales de tafetán y corcho grecorromano. Entre una estrella del Rock&Roll y una diva cool, Tallulah Bankhead se movía como una trucha en el río. La vida de TB estuvo plagada de escándalos, pero ella nunca mostró remordimiento, de hecho, en un entrevista de las innumerables que concedía, dijo: "Si volviera a nacer cometería los mismos errores, pero mucho antes". Abiertamente, confesa bisexual, alardeaba de grandes amoríos de cualquier calzada, alegó que tuvo más de 500 líos de alcoba. Díscola y desvergonzada, se jactaba de no practicar dos vicios al mismo tiempo y apostillaba: "Mi padre me previno sobre los hombres y el alcohol, pero no me dijo nada de las mujeres y la cocaína". Su talento brilló en Broadway y en el West End londinense precozmente. Tallulah hizo de su lengua el magisterio de Catilina y lanzaba mordidas de víbora, en forma de  perlas bucolaríngeas. Una de las muchas ocasiones que estaba alerta a la pregunta de la periodista de turno, fue preguntada con posta del 18. ¿Sra. Bankhead  de no ser actriz que hubiera sido? —ella con sagacidad y contundencia espetó: “dudaba entre madre superiora de un convento, puta o presidente de los Estados Unidos. ¡Espero que pongas en tu libreta que habría hecho de maravilla las tres cosas!” La pequeña Bankhead nació en 1902, dentro del seno de una familia de clase alta sureña, en Huntsville (Alabama). Los Bankhead eran una estirpe de políticos del partido demócrata, en una zona de marcado carácter republicano racial. 














Su padre era un reconocido congresista demócrata, al igual que su tío senador y por ende, el abuelo y el bisabuelo. Un aire aristocrático que Tallulah siempre mantuvo en las formas y los gestos. Pues una gran parte de su educación se formó entre conventos y colegios de alta alcurnia. Su carácter apuntaba maneras, a modo de un alter ego, más potsmoderno: Burt Simpson. Las expulsiones y castigos se convirtieron en moneda de cambio de la adolescente Tallulah. De la noche a la mañana, con apenas 15 años mandó unas fotos a un concurso que organizaba la revista Picture Play, con tan buena fortuna que obtuvo un premio fantástico: un viaje a New York para la participación, en un film del director Dell Henderson, donde interpretaría un papel muy pequeño para “Who Loved Him Best” (1916). Aquella pequeña oportunidad se convirtió en una licencia muy valiosa para engancharse a un Broadway en plena ebullición. Dado su carácter y desparpajo, no se cortó ni un pelo para sacar el máximo provecho a su repetidísimo apellido. En el hotel Algonquin se alojó y terminó siendo su cuartel general, mientras sus representaciones en los teatros y films rodados en la gran manzana iban haciéndole un hueco entre la farándula más canalla. En 1923, tras rechazar un importante papel en la película Dr Jekyll y Mr Hyde, de John S. Robertson al lado de John Barrymore, se lanzó hacía un sueño. Uno que desde muy pequeña le perseguía todas las noches: salir nadando hasta la ciudad del Támesis. Y tratándose de Tallulah, obviamente que lo consiguió. Esas cosas que en la vida, pasan una sola vez, y una que estaba espabilada, no dejó pasar la ocasión. Como el que no quiere, acabó recibiendo un telegrama de Charles Cochran—un célebre director teatral de Londres— gracias a una recomendación de Gerald Du Maurier para actuar en la obra The Dancers. Tallulah aparecía como una visión exótica nunca vista hasta entonces en Londres. Su éxito fue rotundo e inmediato y por fin alcanzó la fama que tanto anhelaba, convirtiéndose en una celebridad tanto en el teatro como en los círculos sociales. En Londres, estaba a gusto y  en los casi 8 años de periplo, actuó en 24 obras. Combinando el trabajo del escenario con una vida privada plena de libertinaje sin pausa, en la que hombres y mujeres de todas las clases sociales entraban y salían por igual de su cama. Era curioso el dato, de que sus más fervientes fans, eran jóvenes mujeres pertenecientes a la clase trabajadora. Para ellas, Tallulah era la encarnación de todas sus fantasías; una bella mujer deseada por todas y todos, que vivía una vida idílica llena de  glamur. Imitaban el peinado, su vestimenta. La personalidad de Tallulah se convirtió en un ritual de culto para sus seguidoras, capaces de esperar hasta 48 horas en la puerta del teatro, ante cada nuevo estreno. Es más, la mayoría de las integrantes de su "club de fans" repetían los pases de la misma obra, varias veces a la semana y eran ultradevotas en los estrenos o los cierres de temporada. Lo dicho, ni la Montana en estos tiempos, llegaban a temporizar un estado de éxtasis tan fascinante. En el instante que Tallulah aparecía en el escenario, el teatro se venía abajo entre aplausos y lipotimias. Todas y cada una de sus obras debían ser interrumpidas por momentos hasta que se acallaran los gritos de ¡"Tallulah, Tallulah" We love you! Impresionante pero tan real como los que pudieron vivirlo in situ. A  finales de la década de los 20 Tallulah fue considerada, de entre las muchas encuestas que realizaba la prensa de aquel tiempo: la tercera mujer más popular de Inglaterra, solamente superada por la Reina María de Teck y Lady Astor, con quienes llegó a entablar amistad. Su estrella nunca se agotó en Londres desde 1923, año de su debut. Posiblemente, una de las personas que la puso en contacto con las altas esferas y resto de la aristocracia londinense fue una ex cantante de ópera, Olga Lynn, con la que Tallulah tuvo un romance.














A raíz del cual, se traslada a la mansión de Lynn, donde—ésta— vivía rodeada de todo tipo de lujos, como una legión de sirvientes pendiente del mínimo de sus movimientos. Tallulah  deslumbraba con su exotismo y  encantaba a toda la alta sociedad de londinense. No obstante, si somos honestos, el auténtico artífice de toda esta propulsión la puso en marcha, el amante británico de Tallulah, Napier Alington que estaba enamorado de la norteamericana hasta las trancas. Hay cronistas y biógrafos que sugieren, el hecho de la vuelta de la desvergonzada actriz a USA fue su peor decisión. Empero sus finanzas entraron en una fase de deterioro crítico, a causa de su descontrolado ritmo de vida y sus reiteradas extravagancias. A finaless de 1930, la Paramount, estaba en proceso de  búsqueda de nuevas féminas atractivas y sugerentes. En Enero de 1931 y luego de dar una tremenda fiesta en su mansión, Tallulah regresa a los Estados Unidos. Momento que aprovechó la Paramount para invertir todo el oro de Egipto en publicidad y promoción de la nueva sensación norteamericana que había conquistado los corazones de Weinmeister. Tallulah, en una de sus ácidas y provocadoras confesiones dijo: "Sólo volví a Estados Unidos para ganar 50.000 dólares por película y de paso, follarme al divino Gary Cooper". Obviamente logró tener su romance con Cooper, quien por cierto, le contagió una gonorrea que la acompañó toda su vida. Poco tiempo después Tallulah fue  internada durante  9 semanas en una clínica, en las que estuvo al borde la muerte, a causa de susodicha enfermedad venerea. Aquel periodo hizo mella en la actriz que inició un serio romance—sin vuelta atrás—con la del cuello largo, metiéndose dos litros de whisky y fumando más 100 pitillos al día. Así como todo tipo de pastillas: para despertarse, dormir o estar más activa, contenta u relajada. Hubo un pequeño espacio de asueto para la diva y el matrimonio. Se casó con el actor, John Emery con quien representó en Broadway Marco Antonio y Cleopatra: un auténtico desastre. La cosa parecía tener poco futuro y tras cuatro años de unión llegó el contadísimo divorcio. Tres años más tarde, el maestro británico del suspense, Sir Alfred Hitchcook, cayó en ella, pues le dejó muy buen sabor de época las interpretaciones por el viejo Londres de los 20 y alguna de sus películas de los años 30 con Borzage, Cukor y Abbot.  En 1944 “Hitch” reúne a todo el equipo de actores y técnicos para el rodaje de su inminente film; “Lifeboat/ Náufragos” (1944), del cual quedó una de las anécdotas más divertidas de la historia del cine contemporáneo. La propia Talluhah se desternillaba de risa, cuando la recordaba. Miss Bankhead era muy aficionada a trabajar sin ropa interior—ex profeso— algo que provocó el enfado de los compañeros de reparto. Imagínense la situación;  todos ellos subidos a un bote balanceándose en el agua. La cosa como el que no quiere dejó al equipo técnico fuera de juego y se fueron a hablar con el Boss “Hitch”, claro que el genio, cómo no era retorcido..., contestaba con su característica flema británica —Bueno, no sé cómo resolverlo,  no tengo muy claro a  que  departamento acudir: vestuario, peluquería o sala de montaje… No se preocupen, ya lo arreglaremos… La crítica alabó la gran interpretación de la descarada femme de Alabama.  Tallulah Banks, en el fondo era una auténtica “tocahuevos” —en el término más peyorativo de la expresión— y una superadicta a todos los vicios más extremos que uno pudiera imaginar. Sin embargo era un pedazo de actriz: excelente.














Algo que no le salvo de ser rechazada en grandes producciones del Hollywood dorado. Uno de los mejores ejemplos de rivalidad y sacar de quicio al personal fue el affaire “The litlle Foxes”/La loba (1941) de reputado William Wyler. Papel que fue a manos de la genial Bette Davis, una de sus mayores enemigas. BD también hizo lo imposible con el director Wyler para que ella fuera la protagonista, más aún, cuando supo del interés del director por una de sus grandes rivales. The Little Foxes/La loba, terminó siendo un éxito de público y crítica y ese año fue nominada a 9 Oscars, incluyendo, el de mejor actriz. Talluah respecto a  Davis fue contundente: ¡"no creáis que no sé quién ha estado de cotilleos sobre mí... después de todas las cosas buenas que he hecho por esa arpía, ¡cuando la coja, voy a arrancarle cada pelo de su bigote!". Ya en sus últimos años, Betty Davis dijo en una ocasión en referencia a TB: “Esa mujer se acostó con todas las estrellas de la Metro Goldwyn Mayer, excepto a la perra Lassie”. La verdad que las revistas del Hollywood de aquellos tiempos, no paraban. Talluah era un filón. A esta lista de desencuentros con el Hollywood dorado habría que añadirle, otra pérdida importante, el film Clash by Night/Encuentro en la noche (1952), para la que el maestro teutón Lang contó con la Stanwyck (a pesar de que el papel, ya lo había representado en Broadway la destroyer Tallulah). También, se quedó de la versión cinematográfica de All About Eve/Eva al desnudo (1950) del ínclito, Joseph L. Mankiewicz, pese a haber bordado el papel en la versión teatral. Talluah siguió con su currículum de conquistas que sumaban todo hombre y mujer—que se pusiera a tiro— sin hacer excepciones por credos y razas. Entre los hombres: Montgomery Clift, Douglas Fairbanks, Jr., Groucho Marx, Marlon Brando y Paul Newman. También se dice que mientras vivió en Londres compartió la cama nada menos que con Winston Churchill. Y mujeres como Mercedes de Acosta, la divas europeas, Greta Garbo y Marlene Dietrich, Jobyna Howland, Eva La Galienne, Katharine Cornell, Lilyan Tashman, Helen Menken, Beatrice Lillie y Patsy Kelly. También tuvo una relación con una actriz más joven, la bella Lizabeth Scott, extraordinaria y recordada por su celebres Noir. Y mujeres de color como Hattie McDaniel, la inolvidable Mammy de “Gone With The Wind/Lo Que El Viento Se Llevó” (1939). Primera actriz negra en ganar un Oscar. Así como la hermosa, Gladys Bentley llamada "la Mae West Negra” y con la genial cantante Billie Holiday, por quien sentía un afecto más allá de lo sexual. Truman  Capote relató una de sus inagotables bacanales en su mansión. Donde espetó a todos los invitados que se bañaran en la piscina. Ella bajó las escaleras vestida con tan sólo un collar de perlas, decía que lo hacía para demostrar que era una rubia natural. A finales de los 50 Tallulah se ve involucrada en un buen lío, en torno a un caso de robo de más de 12.000 dólares. Donde, su secretaria personal, Evyleen Cronin estaba implicada en  aquel desfalco. A lo largo del juicio, Cronin confesó —textualmente— que su trabajo se reducía a "pagar por marihuana, cocaína, licor y sexo" de acuerdo a los caprichos de Tallulah y fue sometida a numerosas humillaciones por el testimonio de su secretaria al hacer revelaciones íntimas sobre su vida. Algo que le dolió mucho a la propia Tallulah, la cual, intercedió en la sentencia final para que Cronin no fuera condenada.















Sin embargo tras aquella frívola imagen de mujer fatal, que con apenas 20 años cuando ya practicaba una curiosa jerarquía de vicios. Aprendió a esnifar cocaína con una lima de uñas (cuando se quedaba sin cocaína, aplastaba una aspirina y la esnifaba, pues ver el polvo blanco en el espejito del maquillaje quedaba de lo más chic) y a experimentar con la marihuana, aunque aún no tomaba alcohol porque se lo había prometido a su padre. Promesa que como hemos visto, no duro demasiado. Dentro de ese corazón loco y ardiente había una mujer de pasiones irrefrenables, a la que no pudo vencer su enseñanza eclesiástica ni los tabúes de una sociedad hipócrita, dispuesta a vivir y amar más allá de lo impensable—repleta de un ímpetu ineludible— no privándose de nada que le proporcionase el ansiado y probablemente nunca saciado placer. Luego, ¿qué epitafio podríamos dejar a una mujer que dijo, una retahíla de perlas dignas de los anales de la historia social de la frivolidad norteamericana? No lo sé. Posiblemente, Tallulah “vivio, amo y disfruto como mucha gente hubiera querido hacerlo”. Tallulah, tuvo un periodo de fama radiofónica, allá por los 50, presentando el programa The Big Show perteneciente al grupo NBC. El espacio duró dos años y fue un auténtico bombazo. Una especie de magazine de entrevistas, donde seleccionaba a protagonistas de su mundo, a modo de charlas íntimas, copa en mano y en los descansos por los lavabos algunos estimulantes no declarados. La NBC, tras la respuesta del público rafiofónico, volvió a poner en la platea a Tallulah de la mano del presentador Milton Berle, en una especie de teatro desenfadado, donde estuvo colaborando y con muy buenas audiencias, delante de las cámaras También, se dejó ver por las Vegas, a modo de bolos de segunda. El declive físico y creativo se iba acelerando. Sus deudas económicas la llevaron a la venta de su hermosa mansión Windows. De repente, se marcha a un bloque de pisos en NY, donde se hace con cuatro viviendas y vive rodeada de una fauna friki de lo más variopinta. Una tropa de travestidos, gays y losers de turno, que le reían las gracias y se apuntaban a cualquier copa, que pagaba el escaso monedero, de una Talluhah en horas bajas. En los 60, su corazón y pulmones se hallaban muy tocados y aún viajo a su amada Inglaterra, donde apareció en un film de terror, Fanatic/Te espera la muerte querida (1965) en una de sus últimas grandes interpretaciones, como una madre— muy sui generis— obsesionada con el recuerdo de su hijo. Producida por la Hammer Films, está considerada película de culto por lo que significa como legado. Poco después, al año siguiente, apareció en el show de TV, “Batman” (1966) encarnando a la viuda negra en dos episodios. Y un par de meses, antes de fallecer, fue la invitada en The Tonight Show, donde los los Beatles; McCartney y Lennon ejercieron de entrevistadores puntuales. A finales de 1968, contrae gripe asiática y antes de fallecer espetó su última frase de culto: “Denme codeína y Bourbon”. Nadie pondrá en duda que fue una entusiasta de la libertad de expresión, aunque aquella lengua estuviera cargada de azufre. Dicen los más nostálgicos que en época de cosecha; su espíritu aparece entre querubines Dionisiacos por el West End de Londres.









                                     Dedicado a  Betsie Palmer Noviembre 1926/Mayo 2015 in Memoriam








Fotogramas adjuntos

Tallulah Bankhead a la edad de 15 años
Tallulah Bankhead en pleno apogeo teatral por Londres
Gary Cooper y Tallulah juntos en el rodaje de Devil and The Deep by Marion Gering (1932)
Tallulah en un momento de descanso en Lifeboard (1944), charlando con Alfred Hitchcook
Marlene Dietrich y Tallulah de fiesta














Biografía consultada y recomendada

Tallulah Bankhead. A scandalous life  by  Brett D. Parigi Ed. Robson Books (1996)
Tallulah: My Autobiography Ed. University Press of Mississippi (2004)
Tallulah!: The Life and times of a Leading Lady by Joel Lobenthal Ed. It Books  (2004)
Miss Tallulah Bankhead by Lee. Israel Ed. Putnam Pub Group (1972)
Internet Movie Data Base (IMDb) Filmografía completa de Tallulah Bankhead












                                   
 

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