El Western Noir por tres femmes fatales




martes, 29 de octubre de 2013







Ando muy intrigado tras leer noticias tristes y descorazonadoras. Últimamente, he vuelto a la acromía que tanto me persiguió al inicio de esta singladura por las tierras webesféricas. Todo es efímero y nada se quedará escrito en el viento, aunque algunos se empecinen en semejante esfuerzo baldío. Allá cada uno con su corral. El western es color, brío, majestuosidad del paisaje; y el puto amo: John Ford. ¡Por favor, hay alguien que se atreva a reclamarle el trono! No lo hay. No sonrían, que a lo mejor se llevan la gran sorpresa de sus vidas. ¡Sí, Sí y Sí! Haberlos los hay. Todo es factible en esta vida. Western de indios, yankees, confederados, vaqueros, esclavos negros, exploradores, caravanas más allende de Colorado, buscadores de oro, ferrocarril, asaltos a bancos y en el fondo un montón de tragedias que desembocan en mi lecho; la cultura del crimen. La magia de los escritores del colectivo “a cuatro perras”, ésos que no suelen darse el paseíllo por los escenarios nobles vestidos como un pingüino torpe y empapado de colonia barata gracias a la perfumería del Corte Inglés. Sin embargo, han hecho del séptimo arte un negocio adictivo y lucrativo.
















Historias cotidianas y cercanas que caben en un bolsillo. Folklore americano por menos de un dólar crearon el humus perfecto donde la ormeta de View Montain, no tiene nada que hacer ante la imaginación de cualquier chaval; adolescente, maduro o anciano-a que se ha aventurado a leer esas páginas. Gracias a la impronta de Grey, Gruber, Howard, Harman, Leonard, O´Neill, Price, Slesinger, Short y otros muchos (en calidad de negros). Muy buena gente. Luego, estaban los mitos y leyendas que se forjaron, en torno a ese espacio salvaje como Buffalo Bill, Wild Bill Hickok, Billy el Niño, Wyatt Earp, y el largo etcétera de grandullones con bigotes y perillones. No voy hablar sobre directores, ni maneras de rodar, comprensión de la narrativa, el guion de fulano o mengano o si la prosa está envuelta de lírica pseudogafapasta o tatuada en moños sucios del reino de Libia. No me interesan las tertulias de cuatro copas, en una mesa camilla licuando Cardenal Mendoza, trufada de aromas a tabaco de pipa y naftalina candidata —ex profeso biológico—a una residencia de ancianos.


















En ello, ya no entra en la praxis del IQB. Aquellas críticas excelsas y pulcras se han quedado atrás. De todo eso, estoy cansado de ver y leer blogs que han saturado un espacio, donde ya no se sabe quiénes son los Jesse James auténticos; si los héroes de novela o esos individuos de felpa y dedo calloso mancillando el ratón, mientras saquean el ciberespacio de críticas, estudios, doctorados en cinematografía y archivos fotográficos. ¡Qué más da, la gente tiene su minuto de gloria en ese chamizo de la impronta, “de yo escribí algo en algún lugar”! Cuánto echo de menos, los primeros esbozos —con navaja manchega— haciendo un corazón romboide: “Toni quiere a Rosa 1983”. Qué tierno. Bueno, no quiero ser muy cruel, también hay algo de épica en todo ese saqueo cibernético. Al igual que malhechores y un sinfín de estereotipos que los canales estatales nos muestran entre cineastas subvencionados atracando el erario público, sin ningún remordimiento.



















Las fotografías que nos colocan la pareja de genios de Google, en el fondo es un expolio a los fondos de los estudios de Hollywood. No se preocupen, mientras no desvalijen el cultísimo y hegemónico cine español. Tranquilos, la sangre no llegará al río. Entre 1940 a 1960. Los directores de cine  han hecho fantásticos Noirs; muy oscuros de  tonos saturados y pétreos,  narraciones ágiles (me refiero, que no hace falta irse a los cuadernillos del Cinéma francés para entenderlos) y sobre todo con ese estilo visual ejemplar. Estos son  westerns puramente oscuros, que vinieron mucho antes de que los llamados westerns revisionistas. Sin embargo, en estos tres filmes tenemos los elementos del cine negro. En primer lugar, el antihéroe y su lúgubre final.




















Estos vaqueros o románticos enamorados no tienen la épica del gran Duke y sus andares de centauro saliendo de plano. En segundo lugar, la aparición de una mujer hermosa de pensamientos retorcidos, provocadores y con maneras despóticas: La femme fatale con sombrero a lo Randolph Scott. Y tres, la cercanía de sus protagonistas con el auténtico cine urbano o contemporáneo. Utilización de recursos estéticos y composiciones en el guion que son ídem del clasicismo Noir por excelencia. Es la fagocitación de un género a otro por antonomasia. Operadores de cámara que vienen de ese territorio. El viaje sería muy largo desde el incidente en The Ox-bow incident (Incidente en Ox-bow) (1943, una excelente cosecha), de W.A. Wellman hasta “no es país para viejos” (2007) de los Coen.

















Hay una excelente bibliografía con las que suelo trabajar y recomiendo a todos-as los lectores. Suplicaría encarecidamente, este hábito a  todos-as aquellos-as que quieren hablar de un film y le dedican páginas como papel de fumar a una bola de hachís. No sé cómo andará el aprendizaje en las universidades del S.XXI, pero en las del mío era el pan de cada día aprender a reseñar artículos de estudio y análisis. Lo digo, como hombre de Noir por lo de las sospechas. No les voy a dar ahora clases de periodismo ni documentación. Soy muy viejo. Bien, vayamos con  el primer film “The Outlaw” (1943) “El forajido”. De la mano, de ese bendito que es Jules Furthman, periodista antes que cocinero del guion y dijo: vamos a hablar de la novia mestiza de Billy el Niño (Jack Buetel), cuando éste iba con  Doc Holliday (Walter Huston)  de movidas. El sheriff Pat Garret al quite (Thomas Mitchell). Ahora sabrán cómo se las gasta mi chica, Río (Jane Russell). La cuestión es que ella tiene el título honorifico de la primera femme fatale en el western. Bajo mi punto de vista, Jane Russell es una mujer carnal, hermosa y de apariencia dulce. Donde la ambigüedad sexual y los diálogos burlescos la hacen merecedora de mi admiración.














Su director el outsider y excéntrico millonario, Howard Hughes, personaje llevado a la pantalla por Martin Scorsese  e interpretado por LdC. El film está fotografiado por el insigne Gregg Tolland. Uno de los mejores western Noir puros de toda la historia. El segundo gran film de IBP, como Noir de culto es la maravillosa “Ramrod”. Aquí conocida como “La mujer de fuego”(1947), de mi adorado André de Toth con una pareja clásica del Hollywood dorado; Joel McCrea y la fantástica Veronica Lake. Partiendo de un guion que se adapta—de unos de los aludidos al principio— el genial, Luke Short. Tenemos un lugar del lejano oeste. Una vieja trifulca entre vaqueros y  ganaderos de ovejas. El chico ovejero, Dave Nash (Joel McCrea) está enamorado de la hija del ranchero, Connie Dickason (Veronica Lake) que no lo puede ver en pintura. Y el pater familias ranchero (Charles Ruggles) en medio. Fílmicamente, estamos ante una obra de arte dentro del género. El trabajo del operador de cámara, Russel Harlan es cristalino, cuasi, pluscuamperfecto. La pareja tiene química, a pesar de los pesares. El esfuerzo de ambos es obvio.

















Un film que explora los campos de la introspección humana desde una perspectiva muy evolutiva; la ambición, la frustración, y la manipulación. Algo muy nuevo en un género (redundo en el término), que en esa época la praxis del mensaje era muy conservador y excesivamente mistificador. El componente sexual de la mano de la sugestiva femme fatale Lake se pone de manifiesto en un género que no marca distancias tan severas de lo que aparenta con el urbano y contemporáneo Noir. Bien por último, la joya de la corona “40 Guns” 1957  fotografiado por otro artesano del Noir, Josep F. Biroc; una obra en todos los sentidos del genial Fuller. Su historia-guion y después, una Barbara Stanwyck  pletórica en un papel de déspota terrateniente, Jessica Durmmond, que gobierna un pequeño condado de Arizona, con su banda de secuaces (muchos de ellos, sus hermanos). De repente, se las tendrá que ver con un buen tipo ex pistolero, que acaban por nombrarlo sheriff,  Griff Bonnell (Barry Sullivan).






















El tratamiento de las relaciones de poder entre los géneros masculino y femenino. El culmen de la interpretación de la mano de una pérfida femme fatale, que no deja ni un respiro desde su indumentaria a los gestos: Stanwyck dominatrix. Pulsiones y esa tensión sexual no resuelta rezuman: temor, inquietud, sorpresa e ironía en film Noir, auténtico. Gracias al magnífico trabajo del operador de cámara JFB que borda un cinemascope muy puro del blanco y negro. Innovador, adelantado y visionario trabajo de un director irrepetible, Sam Fuller. Así concibo yo, lo que conocemos como: el Western Noir. ¿Ven cómo la vida y la actitud del individuo es la seducción del crimen? Aquí, pecamos de sinceridad. Si no como decía aquel tipo del detergente; busquen y si encuentran algo mejor cómprelo. G.Night&G.Luck.




                                           



                                                      Dedicado a Lou Reed 1942-2013







Biografía consultada y recomendada

Film Noir: An Encyclopedic Reference to the American Style 1995 by Alain Silver and Elizabeth Ward. Ed. Overlook
The Long Ride Back & Other Western Storie 2013 by Ed Gorman Ed.CreateSpace Independent
Mystery Magazine (1997) entrevista a Loren Estleman
On Dangerous Ground: Stories of Western Noir by Ed Gorman&others 2013 Ed. Cemetery Dance








              
 

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