Veronica Lake, la greña rubia más fatale del Noir




viernes, 28 de junio de 2013







Cuentan las crónicas bíblicas que Jesucristo en su vía crucis, espoleado por los romanos, mientras recorría su calvario con el maderazo a hombros entre indolencia y ojeo impasible del personal. De repente, se le acercó una mujer muy hermosa llamada Verónica y con su pañuelo: le secó la cara de dolor al mesías. El adorado casimir donde los sindonologistas; unos tipos muy agitprop versys Código Da Vinci en su versión cañí, todavía siguen discrepando sobre la faz y el holograma que nos consiguió aquella femme y las calidades del drapeado. De ahí, que su nombre—etimológicamente—en latín proceda de verum (verdad) y del griego eikôn (imagen). La fama de Verónica transcendió tanto que llegó hasta el cetro del emperador Tiberio. Nuestra Veronica—sin acento latino— que nos acompaña, también fue tan gloriosa como la madura Kim Basinger —capuchón misterioso incluido— a modo de Vamp en “L.A Confidential” (1997)  de C. Hanson. El último homenaje decente y acertado al Noir, gracias a la prosa J. Ellroy del ya lejano S.XX. Hasta aquel rudo, hermético y jovial R. Crowe suspiró por su capucha de la turbia rubia. Empero, la auténtica Lake todo el mundo la quería y se convirtió en fantasía nocturna de los marines. Durante la II GM descubrieron una isla en el Pacífico que bautizaron con el nombre de Isla Veronica en su honor. Todo parecía cantar y coser para el pequeño ángel rubio de apenas 151 centímetros. La diva Lake apostilló en plena efervescencia de  su reinado: “en aquel tiempo nadie podía llegar más alto... Era la puta ama". Fue declarada la “pin-up” más famosa de todos los cuerpos del tío Sam. Pero como he dicho antes no hay eikön que sea verum: los más castizos, lo cogerán a la primera.  

















La reina de los calendarios junto con la otra diva de California (ya hablaremos de la icónica angélina) estaban en todas las puertas de las taquillas de los aguerridos soldados Made In Usa. Hasta los nazis sabían quién eran estas dos. Pero nada es eterno y los gerifaltes del US Army se llenaron de cólera.  Ipso facto, el cielo se oscureció cuando  recibió la orden contra la imitación del peinado de la diva y amenazaron a todos los estudios que la contratasen con demandarlos. Sugirieron un nuevo estilismo. La argucia se sostenía en la famosa greña tapando un ojo. Este hermoso mechón producía accidentes entre las entusiastas trabajadoras de armamento por falta de panorámica. Veronica se tuvo que cortar el pelo y perdió su sex appeal. Fue el principio de su caída en barrena. Nacida bajo una luna de escorpio en Brooklyn (Nueva York) por la década de los veinte. Su padre, siendo apenas una niña, murió en un accidente laboral y su madre volvió a casarse con un amigo de la familia. Constance Ockkleman, era su verdadero nombre de pila. Verónica Lake, fue enviada a un colegio católico en Montreal. No fue su fuerte la sociabilidad. Tampoco la empatía con el resto de compañeras y su familia que acabó trasladándose a Florida. Los problemas de su niñez, pasaron a la adolescencia y se le diagnosticó una esquizofrenia paranoide, que siempre se camufló por motivos adulterados. Evidentemente, la conflictividad le acompañó a largo de su carrera. ¿Les suena de algo? Debutó en 1938, con un pequeño papel —sin créditos— en el film ”Sorority House” del genial John Farrow, a la que siguieron otras pequeñas intervenciones hasta que una prueba suya dio con las manos de un ejecutivo de la Paramount. A finales de 1940 se casa con el Director de Arte, John S. Detlie con quien tuvo a sus dos primeros hijos; Elaine y William. La cosa terminó como el rosario de la Aurora.















Posteriormente,  la pequeña rubia del cabello platino firmó un contrato con la Paramount de ocho años y comenzó una carrera meteórica con un papel de mujer fatal—magnética— durante la década de los 40. Directores como M. Leisen y el inefable P. Sturges la catapultaron al estrellato. Formó pareja con dos actores estelares de aquella década: Joel McCrea y el pequeño de gran  talento, Alan Ladd. 165 centímetros, de corazón y polivalencia artística. VL, se convirtió en poco tiempo en el centro de la atención Hollywoodense. A la crítica, técnicamente no le convencía sus dotes. Pero tenía el aplauso de un  público entregado. Verónica Lake  era el nuevo icono femenino en la meca del cine. La década prodigiosa de  Miss Lake fue un producto Made in Hollywood. Diseñaron a la mujer arcana, por excelencia, una suntuosa y elegante vampiresa que se escurría por la pantalla de una manera portentosa. Parapetada en vestidos de seda, rasos o tafetanes tras un rostro angelical, cubierto de un pelo rubio, sedoso y lánguido. Sus cautivadores ojos azules entrecerrados. La verdad es que el personaje creado—ex profeso— iba absorbiendo, lentamente a la propia Verónica, sin que ella se percibiera del efecto. Lo limitado del personaje que le crearon puso un fin rápido a una carrera basada en la artificialidad desmesurada. Todo ello, fue en detrimento de su sobrio y exquisito talento en la pantalla grande. Dos títulos históricos del Noir  clásico: “El cuervo” (This Gun for Hire 1942 y “La llave de cristal” (1942) junto a Alan Ladd,  llegando a protagonizar con él varias películas. En realidad, esta pareja —artísticamente— desprendía una química fantástica y fueron los mejores de films que rodó VL en toda su carrea. Las portadas de revistas de la época, se los rifaban. Obviamente, hacían muy buena pareja.
















Llegó su momento con Clair y aquella “me casé con una bruja”. Un rodaje de locos y enfrentamientos. Consecutivamente, nuevos rodajes y affaires con Fedric March, Joel Mc Crea y la Colbert— tenía mucha correa— aguantando el envite de la diablesa. Era una máquina de hacer dinero y líos. Se atisbaba un precipicio cruel. Lo del tío Sam, citado al principio hizo mucha pupa. Entre los revoloteadores que la cortejaban había una lista interminable y Confidential. Destacamos algunos pesos pesados; Howard Hughes (al boss le gustaban todas), Aristóteles Onasis, Marlon Brando y el director André de Toth. Curiosamente, el hombre del club del parche fue quien se llevó el premio. Un director de origen húngaro, muy solvente con títulos entre la serie híbrida de tipo A con la B, pero con un prurito desbordante al encasillamiento en la serie B. Filmó Noirs y westerns magníficos. Contrajeron matrimonio en 1944. De esta relación nacieron sus hijos: Michael y Diana entre 1945-48. Tras la ristra de filmes fracasados y flojos—que veremos más adelante—llegó otro Noir fantástico; "La Dalia Azul" (1946). Nuevamente, a la vera  de su amigo  Alan Ladd. Aquí recuperó la sonrisa y llegó sacarse una licencia de piloto civil en ese año. Registrando un vuelo entre Los Angeles y New York.
















Es el momento donde la prohibición de su hermoso peinado le dirigió hacia el enclaustramiento de títulos “serie B”. Lúgubremente, los buenos papeles dejaron de llegar y su vida fue distanciándose  de los rodajes y buscando un refugio en su nueva amiga: la del cuello largo. A finales de 1951 se divorcia de André de Toth (tras una relación que daría para una novela pulp, pues la Lake lo tenía de los nervios) y se declara en quiebra por acumulación de deudas con el erario público. La Paramount no le renovó su contrato. Estaba fuera del circo y no rodó otro film hasta 1952, en esta ocasión con la Fox, llamada “Stronghold” muy a regañadientes. Veronica estaba en la cuerda floja. La petaca del mal le estaba jugando una mala pasada y sus problemas con el brebaje dionisíaco eran tan serios como los de nuestro querido Don Draper. Durante aquel período,  muchos actores se negaban a trabajar con ella por su imprevisible genio y salidas de tono. Paramount la remató con películas, realmente, sosas, previsibles y en definitiva, muy malas. Lo único bueno era ver a esta femme y su rostro límpido en la gran pantalla. “Detengan a esa rubia” de G. Marshall (1945), Out of This World de Hal Walker (1945), and Miss Susie Slagle's (1946) de John Berry .

















Todas ellas fueron un desastre y un ejercicio de talento desperdiciado. Años más tarde Veronica se confesó sobre tan lamentable situación:”Nunca me di cuenta, de que había comenzado a deslizarme por la pendiente, y que seguiría cayendo por ella, hasta no poder evitar la caída. Yo pensaba que nada podía perjudicarme, veía mi carrera llena de prosperidad." La Agencia Tributaria de USA, le embarga todos sus bienes y su "carrera" hasta 1955 se limita a apariciones en televisión y en el teatro que no le aportan nada. En 1955 se casó por tercera vez con el músico Joseph A. McCarthy. Tras romperse un tobillo cuatro años después, ya no volvió a trabajar como actriz. Se divorció e inició ese viaje Carontiano a los infiernos que la hizo divagar entre hoteluchos baratos,  pensiones de tres al cuarto y  baretos de Brooklyn  por las zonas más canallas de Nueva York. Fue arrestada en varias ocasiones por embriaguez y escándalo público. Su deterioro mental y físico se aceleró a la velocidad de la luz. Hace lo imposible para no ser vista ante su público como un freak catódico. Enferma, alcohólica y arruinada, intenta desaparecer de la escena pública. Aunque sean en vano. Un periodista se dio de bruces con ella en Manhattan, pues era la camarera del bar.
















Se montó una escena, pues al darse cuenta de la situación VL, intentó hacerse pasar por una clienta. Poco a poco su desgaste salió a la luz y confesó la verdad. Esa publicidad efímera le proporcionó un regreso patético a los escenarios. En 1966, trabajó para la televisión como presentadora en la ciudad de Baltimore. También apareció en un filme lamentable: “Footsteps in the Snow” (1966) dirigido por un tal Martin Green. A partir de ese momento,  su vida se convirtió en la del personaje de “Leaving Las Vegas”. El alcohol se apoderó de su vida, y este hecho le provocó la pérdida de las pocas monedas que le quedaban. Su salud física y mental se quebró del todo. A finales de los 60 estuvo recluida por paranoia (al parecer afirmaba estar siendo investigada por el FBI). Ésta, era la Veronica de los 60; sola, enemistada con toda su familia —incluidos sus hijos— decide escribir su autobiografía titulada: “Veronica”, con la que logró recuperarse —económicamente— por unos instantes.

















Con parte de las ganancias produce una película de terror de serie casi Z “Flesh Feast” (1970), donde su protagonismo es horroroso y lastimoso, siendo un fracaso de aúpa.  Se trasladó al Reino Unido, donde contrajo matrimonio con un marino llamado Robert Carleton-Munro. Duró muy poco, pues  en 1973 regresó a Estados Unidos, donde tuvo que ser hospitalizada debido a sus problemas de alcoholismo que le produjeron una hepatitis crónica e insuficiencia renal. Murió el 7 de Julio de ese mismo año. Ni en una de las mejores novelas de M. Cain, Thompson, Chandler o Hammett lo hubiera hecho mejor: sola, arruinada y joven. Cuando falleció tenía 50 años. Veronica la greña más hermosa de los 40, estrella y títere de su propia historia. Dejó un solemne epitafio: "Nunca deseé ser una estrella, nunca me lo tomé en serio. No podía vivir, no podía soportarlo, odiaba ser algo que, en realidad, no era. De haberme quedado en Hollywood habría terminado como Alan Ladd y Gail Russell: muerta y enterrada. Aquella ciudad de ratas los mató y sé que también me habría matado a mí".














                                Dedicado a Esther y Lidia mis camareras favoritas de la greña de aquel viejo after













Biografía consultada y recomendada


Veronica: The Autobiography of Veronica Lake by Lake, Veronica; Donald Bain Ed. Citadel Press. 1970
Veronica: The Autobiography of Veronica Lake by Donald Bain Ed. Batan Books 1972
Peekaboo: The Story of Veronica Lake by Jeff  Lenburg Ed. IUniverse 2008










                                            


































 

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