La belleza más desafortunada y fatale se llamó Gene




lunes, 10 de junio de 2013






Murió el mismo día que mi madre. Casualidad, que los últimos resuellos llegarán en Noviembre. Nació bajo el mismo sol  y fallecieron en las mismas lunas. Cosas de los DNI. Dicen que el obsesivo, millonario y egregio Howard Hughes intentó —infructuosamente— galantearla; pero le dio calabazas. El mítico Daryl F. Zanuck fue quien la contrató para la 20th Century Fox en 1940, con apenas 19 años,  a las órdenes de un tipo muy sui generis: Fritz Lang (la hizo actriz). Empero, conquistó con esa mirada de Helena de Troya —no hubo una figura  mejor esculpida— a los mejores de toda una época, detrás de la cámara; E. Lubitsch, J. Ford,  J. Cromwell, H. Hathaway, H. King, Josef Von Stenberg, E. Goulding, JL Manckiewicz, J. Dassin, O. Preminger, el aludido Lang o  el rebelde, W. Wellman. (Me dejo unos cuantos en el tintero, seguro…) Pedigrí puro. Demostró aplomo y versatilidad, no sólo para ejercer de virginal jarrón chino. Evitó la taxonomía y como buena Afrodita buscó la gloria de femme fatale (pertenece a ese repóquer mítico del viejo Noir) forajida, aventurera, ingenua enamorada, moderna altanera, aldeana valerosa y exótica perla polinésica.















Se casó, divorció, enviudó y perdió hijos como muchas de las hijas de Zeus, cayó en la melancolía y la tristeza. De ella dijo su primer marido: “fue el ser más hermosamente afortunado, pero también el más desafortunado del mundo”. Gene lo tuvo todo en la vida: lo bueno, y lo malo (algunos, ni lo primero ni lo segundo: nada). Su auténtica vida, lejos del glamour y los focos, generaba abatimiento y compasión. Éxito tras éxito, clásico tras clásico, la trayectoria de Gene en Hollywood era un cometa.  Fue una actriz Made in Usa 100%; popular, bien pagada y querida por todos. Pero,  en la vida no es oro todo lo que reluce. Detrás de esa hermosa esfinge de éxito profesional meteórico;  se escondía una vida personal desdichada y cuasi patética. Ni siquiera Hipócrates hubiera podido remediar todos los males melancólicos de mi amada Gene. No es cuestión de humores, pues la sangre era roja y la bilis nunca se supo si fue amarilla o negra.












Las decepciones arrancaron el día que descubrió a su padre de idilio extraconyugal a espaldas de su madre ¿les suena la música? Lo cual,  precipitó  el divorcio de ambos. Gene Tierney hacia aguas como el Titanic. Si a ello, le sumamos el affaire de los cuartos (pues, dilapidó hasta el último céntimo de los ahorros de Gene), que lo suyo le costó ganárselo. El golpe dejó secuelas perpetuas. Sin embargo, la vida sigue y Gene contrae  matrimonio, en 1941  con el aristócrata y diseñador de moda franco-ruso Oleg Cassini, unión a la que se opusieron tanto el padre de Gene –que consideraba a Cassini “un cazafortunas” –, como la 20th Century Fox y la Paramount, las cuales,  despidieron al recién casado al saber de su boda con la actriz. Dos años más tarde, la pareja tiene a su primera hija, Daria. Nació con un retraso mental, sorda y casi ciega. No hay nada seguro en la vida, siempre lo digo.

















Fuentes proscritas del periodo, dijeron que  GT contrajo la rubeola —embarazada— en un acto de apoyo al ejército. El tío Sam tiene estas cosas. El  golpe fue un directo a la hermosa cintura de la diva, sumiéndose en una terrible crisis. Sobre todo al cerciorarse de que no hay esperanza, de cura para su primogénita. Daria, terminó ingresada en una institución hospitalaria. Cinco años después dará a luz a una hija sana y fuerte, Christina. Malos tiempos, pues el matrimonio Cassini-Tierney se tambaleaba como un cayuco en el estrecho. Según fuentes consultadas de la época; se iba de najas por otras faldas y la Tierney le paró los pies. Aún con todo este mar de fondo, Gene nunca lo dejó definitivamente y siguió a rempujones con el modisto.  Eran los tiempos de los afamados micros de Hoover, que dieron constancia del lujurioso, JFK. Estuvo rondándole, al igual que otras  divinitys. Gene tuvo unos periodos de flirteo y devaneos, pero se los llevó a la tumba. Curioso el affaire con el príncipe indo-italiano Alí Khan (sombrío personaje que hubiera hecho las delicias del guion más cool).














Llega la etapa, donde los nervios son mercurio dentro de un colador. Sus obsesiones cotidianas ya  pasan a tormentos diarios. El desequilibrio emocional es imparable y aciago.  Siendo ingresada durante la década de los 50, por diferentes instituciones mentales donde fue sometida a brutales tratamientos de choque  — ¿se acuerdan de nuestro amigo McMurphy? — que eliminarán parte de su memoria y  ella  denunciará —reiteradamente— a lo largo de su vida (incluso, se dio la ocasión de salir por piernas, aterrorizada de lo que se cocía en tan higiénicos lugares). En una ocasión, se le encontró  en la repisa de su apartamento en camisón completamente “Out” y con evidentes trazas de suicidarse. Afortunadamente,  la policía logró evitarlo y nuevamente, se le interna en el hostal McMurphy. El mundo, como la vida  pasa como la corriente alterna.  Se dio con una terapia, que generó sus mejores frutos en esta hermosa Afrodita. Al fin, más centrada la bella, Gene vuelve a la gran pantalla. Un detalle esclarecedor de la terapia, lo tenemos en las sesiones que le obligaron a pasar una temporada como vendedora —a tiempo parcial— previa evaluación del gabinete.
















Tras cumplir todas las exigencias, volvió a resplandecer y tomó la decisión en 1960 de casarse con el magnate W. Howard Lee. De repente, golpe en la boca del estómago; se quedó embarazada y sufre un nuevo aborto. El cine seguía reclamando a la diosa. Sin embargo, su ánimo era inviable. Se le vio por última vez en el largometraje  “En busca del amor” (1964). Ya en la década de los años 80, con algún que otro pico de inestabilidad psicológica. Apareció en pasarelas de festivales (esencialmente, en Europa) oficiando como anfitriona y diferentes homenajes a modo de tributo. Todavía seguía conservando ese halito legendario de diva inconmensurable. Finalmente, un enfisema pulmonar la finiquitó el 6 de noviembre de 1991. Gene Tierney había comenzado a fumar —en gran parte, por el encanto de la época— aunque, la verdadera historia residía en que el tabaco le producía aspereza en sus cuerdas vocales. Su voz  se hacía más grave, a cambio de convertirse en una impenitente yonqui de la nicotina. Una de las mejores fumadoras del Hollywood dorado. Afición que hizo compulsiva, pues en 1981 fallecía  su segundo esposo. Esta es la otra cara de la moneda —posiblemente— del ángel fatale más hermoso de la historia del cine con permiso de Doña Ava, Marilyn y Miroslava.












                                       Dedicado a las hijas de Zeus y el maestro D. Ramón Irigoyen

                              



  
                                  
 

     






Biografía recomendada y consultada

Gene Tierney &The invisible Wedding Gift by Kathryn Heisenfelt Ed. Whitman (1947)
Gene Tierney “A biography” Michelle Vogel Ed. Mc Farland (2005)
Gene Tierney by Terrence James Victorino Ed. Log Press (2012)











 

El Bypass sigue estos blogs

Con la tecnología de Blogger.

Entradas populares

Otras adicciones

El corazón del bypass

El corazón del bypass
Passion Moves

Páginas vistas en total

top navigation

Seguir a 2nd Funniest Thing en Facebook Seguir a 2nd Funniest Thing en Twitter Seguir a 2nd Funniest Thing por email

Google+ Followers

Seguidores

Search This Blog

Contact Us

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

La entrada más visitada

Copyright © 2015 • El Inquietante Bypass