Miroslava, la marcomana triste y fatale; un Noir de Moctezuma

febrero 28, 2013 Jon Alonso 50 Comments







“Papa perdóname, no puedo seguir. No tengo valor, gracias por todo y perdóname que no tenga suficiente voluntad para vivir… Te quiere tu Bamkulka (niña pequeña o muñeca, muy afectivo en checo). Escribe y envía el regalo a Luis Miguel  Dominguín (Una campana de plata) y que sea feliz. “

Últimas voluntades de Miroslava Stern







La ninfa marina Halia, decidió suicidarse ante el ultraje de sus hijos. Pero Afrodita tenía tanto poder que acabó por refrenar la vieja máxima, “ofendiendo donde puede y no él que quiere” Ello, suele dar equívocos y encontrarte con dioses de poderes incalculables. Ahí aparecen los demonios —y con ellos,  no puedo vivir— musitaba la bella Halia.  Nadie decide cuando nace ni cuando muere. Son dos números envueltos  en el  azar, pero fijos en la vida de cualquier ser humano. Tampoco a nadie le dicen que nazca alegre o triste por decreto, guapo o feo. La vida es así de extraña en la mayoría de ocasiones. La vida de Miroslava tiene tanto de desgracia como de guión Noir. Evidentemente, para comprender el presente es importantísimo aprender del pasado. Creo que lo he repetido, en más de una ocasión (un juez me diría, ¡letrado, reiterativo!). No obstante, lo evidente fueron aquellas crónicas —algo histriónicas— propias de los historiadores romanos. No busquemos reporteros objetivos, pues la objetividad periodística no existe. Desde Heródoto a Wolfe. De Tito Livio a Hunter Thompson y etcéteras. Pero, hoy quiero apoyarme en Tácito. Hombre de buen pico e historiador maduro. Saben, que la gente del Noir nos vuelve locos los flashbacks y les voy proponer uno muy largo. Por favor, acomódense y cierren los ojos. Bien estamos, aproximadamente, en el año 165 D.C. en la campaña de la guerra del emperador Marco Aurelio por la baja Germania —alguno estará pensando el gran Richard Harris— y el plano secuencia inicial de Scott en Gladiator. Hablaba —textualmente— del comportamiento de las tribus de la Germania en general: “Soy de la opinión de los que entienden que los Germanos nunca se juntaron en casamientos con otras naciones, y que así se han conservado puros y sencillos, sin parecerse a sí mismos. Los Marcomanos y  los Cuados (tribu vecina) son gentes, que tienen casi todos la misma disposición y talle; los ojos azules y fieros, los cabellos rubios, los cuerpos grandes y fuertes solamente para el primer ímpetu. No tienen el mismo sufrimiento en el trabajo y obras de él; no son sufridores de calor y sed. Empero llevan bien el hambre y el frío, como acostumbrados a la aspereza e inclemencia de tal suelo y cielo. Las mujeres usan el mismo hábito que los hombres, sino que sus vestidos las más veces son de lienzo, teñidos con labores de púrpura, y sin mangas, porque traen descubiertos los brazos y las espaldas, y la parte también superior del pecho. Llegan tarde a mujeres, y por eso conservan más largo tiempo la flor de la juventud. Tampoco se dan prisa en casar las hijas. Gozan de la misma pubertad, y tienen semejante grandeza de cuerpo, y juntarse de una edad, y ambos fuertes, y así los hijos sacan las fuerzas de los padres “.


















Fundimos a negro y llegamos a la década de los 40  para corroborar la existencia de una mujer procedente de la misma tierra que mencionaba Tácito. Miroslava Stern era tan hermosa como las más “In” de Hollywoodland. Un icono, un portento de belleza y una  leyenda maldita del séptimo arte, que nos brindó  el firmamento cinematográfico.  Sus genes sudaban sangre Marcomana, evidente. Tanto como lágrimas plenas de nostalgia por su añorada tierra, la misma, que la del genial e imprevisible Kafka. Esta actriz —puede—, que muchos de Uds. la desconozcan. Sin embargo,  en  el exótico y salvaje  México se le hace reverencia  y rinde pleitesía como a una heroína, que hizo  historia en la cinematografía azteca. Ya sé que la mitomanía nos lleva a Monroe, Bardot, Bergman,  Gardner, Hayworth, Kelly, Loren o  Tierney. Pero,  Miroslava  fue diferente a todos ellas y quién sabe si más guapa. Nacida un 26 de febrero de 1926 en la otrora Checoslovaquia, ahora República Checa. Hay fuentes que apuntan el año 27, con lo que tendríamos la oportunidad de celebrar póstumamente el aniversario de las dos rubias suicidas: la californiana y la checo-mexicana. Su padre adoptivo, Oscar Stern, a pesar de su acomodada posición económica, se vio forzado a abandonar el país debido al runrún de los sables nazis, cada día más cercanos y demoledores en la Europa de finales de los 30. El peregrinaje de la familia tuvo como destino algunas ciudades escandinavas antes de llegar a México en 1940.  Su primera gran amargura la sufrió con la separación de su abuela.  La familia Stern en su exilio estaba compuesta por su padre el Dr. Stern —ya citado— su madre Miroslava Becka, y  su hermano Ivo. Fueron dos años deambulando  por diversos países (Bélgica, Suecia, Finlandia) hasta que en 1941 se establecieron en México. El doctor Stern decidió que lo mejor para la joven Miroslava era que estudiara en un internado de los EE.UU y pasó unos años en  Nueva York, el tiempo que necesitó  la familia para establecerse. Así, la joven de escasos quince años —añorando a su abuela y la vieja Checoslovaquia— sufrió el destierro perpetuo de los tormentos. Sumiéndose en una profunda depresión que la llevó a un primer intento de suicidio, siendo una adolescente. Es evidente, que Miroslava tenía una predisposición genética a la depresión —desgraciadamente— y sus caídas eran constantes. Somos un mar de genética —diría el encantador E. Punset.  Su madre, Miroslava Beková, que murió de cáncer, sufría también de fuertes depresiones. Ya tenemos unos antecedentes genéticos. En el año 1944, el padre de la joven Miroslava la envió a estudiar arquitectura por USA. Pero abandonó la precoz vocación.  Además del continuo sinvivir de su salud mental, tampoco tenía mucha suerte en las relaciones sentimentales. En una de las innumerables visitas del torero español Luis Miguel Dominguín a tierras aztecas, entabló con él una amistad que pronto se transformaría en una relación amorosa.
















No obstante, decidió volver a México y participa en un baile del Country Club de México D.F., en donde es elegida “reina” del evento. Al final, se decide a estudiar arte dramático, siendo alumna del maestro Seki Sano. Durante, el periodo de aprendizaje en este estudio coincidió con el joven aspirante actor, Jesús Jaime Gómez Obregón. Al poco tiempo, contrajo nupcias y descubre su condición de homosexual. Vuelve a recaer.  Sin embargo, queda otro cabo suelto, no menos interesante. Su relación sentimental con  Dominguín el  bravo arrogante y seductor matador de toros. Miroslava y Dominguín se conocieron en agosto de 1954 cuando la policía franquista acusó a la actriz de ser espía comunista. Le negaban la entrada a España. Cuando, el torero se ofreció de garante y la acompañó durante su estancia. Coincidieron en el Festival de Venecia del año 1954, ella era la embajadora de la delegación Mexicana y él estaba en todas las tómbolas. Pero, éste se había ido de najas tras la dulce chica del mostrador de nata milanés; la bella Lucia Bosé.  Miroslava volvió a la piel de toro para encontrarse con Dominguín otra vez. El famoso matador llevó a la actriz hasta su finca Villa de la Paz y después la acompañó a San Michelle de Capri donde le prometió amor eterno y le juró casarse con ella. Pobre ingenua de Miss Stern, cuando  supo de su querido torero —un año después— se había casado con la actriz italiana, Lucia Bose. Nuevamente,  cayó en una crisis depresiva. Miroslava, era un ser divino —físicamente— no tenía nada que ver con los cánones de belleza de las grandes estrellas del México dorado de la época. Los paradigmas que simbolizaban Dolores del Río, María Félix —rival de amoríos, pues el torero ya tuvo sus cosas con el volcán de Sonora— y, Angélica María. Miroslava, le podía la rigidez —tremendo encogimiento—  que le marcaba la dicción del castellano mexicano. Era como el de los actores dobladores de films extranjeros. Evitando el susurro de las consonantes aspiradas propio de los eslavos. No sé cómo explicarlo, pero era diferente y encantador. Tenía madera, pues aportaba corrección y buena técnica. No se le sacó todo el potencial que guardaba. En fin, como  digo en más de una ocasión, al toro pasado todo es muy fácil. Fue dirigida por los mejores directores –Roberto Gavaldón, Julio Bracho, Emilio Fernández, Chano Urueta–, y trabajó al lado de las figuras más cotizadas de la Época de Oro –Arturo de Córdova, Jorge Negrete, Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Pedro Infante o Ernesto Alonso. Entre sus películas más conocidas se cuentan “El puerto de los siete vicios”– que incluía una de las imágenes más famosas de Miroslava, sensualmente recargada en el timón de un barco, enfundada en un elegante vestido de noche, “Trotacalles” –dirigida por Matilde Landeta– , y “Escuela de Vagabundos”que la acercó al gusto popular al trabajar al lado de Pedro Infante.



















De 1950 a 1953 fueron unos años, especialmente, intensos de la dorada centroeuropea para su carrera. Destacando, el año 1951 con cinco películas estrenadas. Incluidas sus incursiones en Hollywood donde generó, una expectación ambigua: “Las aventuras de Casanova” del mexicano, Roberto Gavaldón (1948) y en  1950, trabajó por segunda vez en el filme norteamericano "The brave bulls" (toros bravos) realizada por Robert Rossen quizá el film más mediático por el reparto de estrellas que  acompañaban a la estrella marcomana —nuestro viejo amigo— andaba de capa caída con la etiqueta  de medio exiliado y delator, con quien mantuvo  una buena amistad. Al pobre  Rossen  también le cayó el sambenito de maestro zen iniciador en el Comunismo a la  afrodita checa. Ver para creer. Por lo que pronto se corrió el rumor de que la actriz simpatizaba con ideas marxistas, sumado a su origen checo y judío. De ahí que su filmografía fuera dispersa, con algunos títulos interesantes. En 1955 trabajó en su penúltimo film de su carrera  a las órdenes de J. Tourneur en el western de serie-B “El jinete misterioso” y finalmente, el maestro  Buñuel se sintió, de algún modo fascinado por este ser, cuasi angelical y la dirigió en esa pequeña obra maestra “Ensayo de un crimen” (1955). La fascinación de los mexicanos hacia la checa era indudable. Treinta películas realizadas en México, y tres producidas en Hollywood."Sin embargo, el cine mexicano no supo qué hacer con Miroslava en su regreso a México. No obstante, la gloria de la actriz nunca le ayudó a superar la depresión congénita. Volviendo al fatídico  idus de  marzo, la criada de Miroslava, María Rosario telefoneó a su padre, pues la hermosa diva no contestaba a sus llamadas. Su padre cuando abrió la puerta se dio de bruces con el cuerpo de su hija. Yacía inerte y su mano apretada con una fotografía del torero Dominguín. En la mesilla de cama había una caja del letal "Dodecalivez" —pirimidina pura vintage— y tres escritos póstumos. Un año después de la edad mítica de todo suicida, pues unas semanas después hubiera cumplido, 29 primaveras. Ahí nació el mito de la Marcornama de Moctezuma. La Monroe de adopción para los aztecas había fallecido. La pequeña Bambulka del Este, se marchó cuando algunas lenguas comentaban que su carrera podía tener un futuro prometedor. Pero, como siempre digo hablar a “rerum gestarum” hasta Cicerón lo bordaba. La bella Mirosava Stern alcanzó la fama gracias a su actuación en las citadas comedias, las  películas de terror y junto al maestro Luis Buñuel en  un  triste epitafio premonitorio de su muerte como hemos aludido.  Luego, llegados a este punto. Yo disparo a otra versión, no menos rica y sustanciosa de la diva marcomana. En un laborioso y costoso trabajo de investigación tras la farándula, la crónica negra y la política  descubro un suculento cóctel de indiscutible y apasionante seducción. Ésta, es la otra versión de uno de los suicidios más oscuros y enigmáticos de la historia del séptimo arte.















Hagamos una lectura más femme fatale de Miss Stern. La forma en que murió: el suicidio es un hecho que en el México de Buñuel, Figueroa, Negrete y del saliente Miguel Alemán-con muy poco tiempo en el poder Ruiz Cortines- conmocionó a la república azteca y medio mundo ¿Podía la gente creer que una estrella como ella se suicidaba por el amor de un torero? La prensa del higadillo hizo una cruzada del caso y aprovechó el filón. La melancolía de mujer de ojos plateadoverdosos; el exotismo tribal de la vieja Chequia y la alquimia intelectual. ¿Sirvió el óbito de esta actriz para ejercer un trabajo de postmarketing de su film “Ensayo de un crimen”? Sí, fue así y siempre seguirá siendo de ese modo,  fuera de la gran pantalla. Miroslava  entre bambalinas era una veta de oro.  La inocente rubia se quita la vida  con la foto del mediático Luis Miguel Dominguín sobre el pecho aplastado con su mano. Como toda leyenda,  tras ella se esconde el mito.  Giramos la cabeza y  hacemos memoria: Kennedy, el 11S, Monroe, Marley, Ben Laden, Guevara o el 11M Made in Spain. Luego la comidilla de pasquines y demás fanzineo de la época obedeció a la versión —digámosle oficial—  de la muerte de Miroslava, romántica y sentimental durante un buen  tiempo con la vitola de expediente-X incorrecto. Hasta que la ANDA (la asociación nacional de actores)  exigió al gobierno que  censurara esta información que se adjunta.  Miroslava no se suicidó al descubrir que el diestro Dominguín anunciaba su inminente matrimonio con Lucía Bosé, sino que habría muerto en un accidente de aviación, acompañada de su amante. Y aquí, nos encontramos con  dos cadáveres;  la actriz y el de Jorge Pasquel —conocido como el Sr. X, (siempre hay un Sr. X en la vida)—, yerno de Plutarco Elías Calles, cristero (una especie de ultracatólico) en su juventud y político germanófilo en la madurez, promotor del beisbol profesional y dueño del periódico “Novedades” y del Parque Delta. Pasquel representó en vida el prototipo de millonario siempre al  límite de la ley: acusado de contrabando y de vender concesiones; aprovechando su influencia en el gobierno. Personaje —sui generis— que solucionaba los problemas como mis viejos amigos de andanzas, tirando de chequera o pipa—gangsteril—, pero muy frecuente por las tierras de Quetzalcóalt. En el cenit de su carrera, Pasquel fue acusado de matar  a un agente aduanas, empero salió de rositas a cambio del pago de una suntuosa fianza. Tampoco, queda aclarado el affaire de Sánchez Bretón —periodista asesinado— que se traspapelo por los archivos de la jefatura Federal de policía. Así como la destrucción de papeles clasificados y octavillas que utilizaba como acicate para la causa antigermana. El asunto cada vez se enturbia más y huele a Noir fronterizo dirigido por John Farrow  con la supervisión de James M. Cain. Bien. No quiero que pierdan el hilo. Luego, tomen aire. El 8 de marzo de 1955, el avión de Jorge Pasquel, con siete pasajeros, se estrella a pocos kilómetros  de Ciudad Valles en San Luis Potosí. Nuestro Sr. X, había volado ese mismo día por una transacción ganadera y debía volver antes de las diez de la noche, pues su hijo estaba convaleciente de una operación de las anginas. 















El diario, mexicano  “La Prensa” un día después del terrible suceso comienza a sacar conclusiones tras las pesquisas de los reporteros: "Nadie sabe a quién corresponde el séptimo cadáver, ya que el parte forense y la orden de vuelo  del accidente certificó la muerte seis personas, incluyendo a Jorge Pasquel". El piloto —uno de los fallecidos— era Jacobo Estrada Luna, un experto piloto, que pertenecía a un cuerpo de élite de una patrulla mexicana de aviadores —muy experimentados— y no se justifica la pérdida de control del aparato.  Sí que es cierto que  el modelo de avión estaba obsoleto y prohibido por el gobierno mexicano en los años 40, pues  el ex presidente Lázaro Cárdenas estuvo a punto de estrellarse en uno, en una gira por Mazatlán. Pasados unos cuantos días se da a conocer el accidente y la muerte de Pasquel  saca la identidad de los otros cinco muertos: un copiloto, un radio operador, otro piloto además de Estrada, un mecánico y el criado de Pasquel. ¿Demasiada tripulación de vuelo? ¿Cuántos pilotos para un hombre de negocios? Ni el papa, tiene esa cobertura. No lo sé, pues dado su estado actual. Vayan Uds. a saber. La policía identificó su cadáver, gracias a un tornillo que tenía en la pierna, producto de una intervención quirúrgica tras un enfrentamiento con un leopardo, actividad que disfrutó en vida: los safaris. La pregunta quedó en el aire ¿Quién puede necesitar tres pilotos para un vuelo de San Luis a la Ciudad de México? Pero, el Noir es así y da la casualidad que el 11 de marzo, apenas tres días después del fatídico accidente, nos  encontramos con el cadáver de Miroslava. Ya conocen de mi prurito por Christie y Hammett. Hay demasiados cabos sueltos ¿Nos les resulta sospechoso tanta demora en la confirmación del fallecimiento de mi querida Marconoma? La criada María del Rosario, tuvo su último contacto visual,  el 8 de marzo y no es sino hasta el 10 que se atreve a entrar por el balcón al dormitorio. La encuentra muerta y el 11 se da a conocer el suicidio. Lo extraño es que la criada estaba en la casa de Kepler 83 desde las seis de la tarde del día 9 de marzo. En el acta pericial: "Se le apreciaron signos de muerte real, no reciente, temperatura inferior al medio ambiente y con rigidez post mortem." La ANDA, que por entonces presidia Rodolfo Echeverría, obtuvo la excepción de la autopsia y fue incinerada a las cuatro de la tarde en el Mausoleo Civil porque, a decir de su padre, sepultarían sus cenizas al lado de las de su madre en una cripta que poseía la familia en el Panteón Francés de San Joaquín.

















Al día siguiente, el diario La Prensa público una entrevista con el actor cubano César del Campo que avivó las sospechas: —"La vi y hablé con ella el lunes pasado (7 de marzo). Estábamos en mi casa tomando café y fumando cigarrillos. Me habló de sus planes de trabajo, tenía pendiente un viaje a San Luis Potosí para hacer unas presentaciones". Pero, lo curioso de estas versiones, tan opacas, choca cuando el 13 de marzo, el mismo diario señaló que las cenizas de Miroslava, aún no se habían sepultado. Pues, resultó que el mausoleo donde se suponía que estaba la madre, no existía. Las cenizas de madre e hija fueron a descansar finalmente al depósito de cadáveres. Frente al rumor, el sábado 12, la policía exhibió las tres cartas de suicidio que Miroslava dejó en su dormitorio —dos de ellas, se aportan como entradilla del artículo— y el peritaje comprobaba que eran de su puño y letra. Después difundieron la descripción de su alcoba. El clima de obsesión por Luis Miguel Dominguín no puede ser más perfecto y por ello, casi increíble: la foto del diestro español sobre el pecho, las obras completas de Federico García Lorca y un libro del Greco en la mesa de noche. Parecía el escenario perfecto de un C.S.I. Ahora lanzo la pregunta del millón de euros  ¿por qué Miroslava se suicida por un hombre que había protagonizado escándalos amorosos con las actrices de moda del momento? Desde Gardner, Hayworth, Bacall, Keer, María Félix, Schneider o la patria Carmen Sevilla y un largo etcétera. A Dominguín le gustaban las mujeres más que a mí y  a un viejo colega que adora las gorras a cuadros. Coleccionaba féminas como cornamentas los maridos de muchas de ellas. Amén, de jactarse del más “pintao” de sus cónyuges o parejas. Pero, los genios son así: soberbios y vanidosos, que diría el maestro Hemingway.  Mi madre decía. —“no es guapo el cabrón,  pero tiene algo”Hay mucha literatura sobre el madrileño. Cosas de  la constelación de Escorpio, como su buen amigo: el genio malagueño del insigne suéter alistado. ¿O tal vez, cosas  de  Meigas de las líneas 900, es que estos tíos son “mu sexuales”?  Las contradicciones surgen de nuevo y vuelvo a insistir. Apenas cuatro meses después, del flirteo entre la bella marconoma y el torero la prensa anunciaba el matrimonio de Dominguín con la actriz italiana Lucía Bosé, pero la criada de Miroslava decía que le ocultaba la información periodística que hablaba de la boda: "Sabía yo —de antemano— que si la señora se enteraba era capaz de sufrir un desmayo". Cuesta trabajo creer que la boda tomo por sorpresa a Miroslava: la noticia del matrimonio es tan vieja como su amistad con Dominguín. La historia oficial sobrevivió al rumor. Nunca han existido pruebas para afirmar que Miroslava murió en el avión con Jorge Pasquel y que su cadáver carbonizado fue después transportado a la Ciudad de México. Sin embargo, la historia oficial del suicidio tampoco es del todo coherente.















Bien, sigamos estrujándonos los sesos. Si quisiéramos que Miroslava fuera —no un paradigma de la pasión desgarradora con pijama de seda— sino el de una mujer del Milagro Mexicano, podríamos contar otra historia oficial en la que Miss Stern fuera una heroína voluntariosa, a la Nahui Ollín o a la Rivas Mercado: una actriz que escogía a sus amantes sin rubores —la bella afrodita centroeuropea— mantuvo tórridos romances con Arturo de Córdova, Steve Cochran, Mario Moreno “Cantinflas”,  Mel Ferrer, Pedro Armendáriz y el enigmático, Jorge Pasquel. Así como, la actriz Ninón Sevilla en una hipotética relación lésbica. Pero no está del todo claro, ya que su reputación fue salvada gracias a las actuaciones de sus amistades más recatadas. El día 8 de marzo de 1955, hundida en una profunda tristeza que le agobiaba durante semanas y días antes del nefasto fallecimiento, solicitó   retirarse de sus labores por lo menos durante uno o dos días. Miroslava —solamente— bajó de su alcoba una ocasión para beber un vaso de leche. Al día siguiente, regresó su criada (MR) para acompañar a Miroslava, la actriz respondió —recordándole— lo que le había pedido el día anterior, y después de un lapso de silencio le pidió que si llegaba el señor Stern, le dijera que no estaba en la casa. El jueves 10 de marzo, a las 11 de la mañana el ama de llaves llamó —insistentemente— a la habitación de la actriz, quien no respondió, por lo que la empleada pensó que su patrona se encontraba dormida; a las 12 horas volvió a llamar, pero al no obtener respuesta de la actriz; la señora  María Rosario buscó —desesperadamente— al señor O. Stern, inútilmente. Miroslava había muerto. Dicen que yacía como una princesa marcomana. Silente, con los ojos cerrados y las manos apretadas con las cartas de despedida. Otra versión afirmaba que después de la muerte del empresario, la actriz había sido asesinada. Este es el penoso final a la historia de una femme fatale, diferente, triste y desdichada que el azar no le dio todo lo que muchos  terrenales  le desearon por  la gracia divina de los dioses de Moctezuma. Esta es una historia que sólo los muertos conocen. Pero claro, los muertos no hablan. ¿Se acuerdan de los secretos de Lana Turner?, aquí hay todo un Noir para filmar. Uds. son el jurado y tienen la última palabra, yo tengo mi propia tesis. La tristeza como la alegría  puede ser una cuestión meteorológica.











                              Dedicado a J.L. Moreno-Ruiz el reportero de Contradiarios, un buen tipo










                    











Biografía recomendada y consultada


"Miroslava" Guadalupe Loaeza Ed. Cal y Arena 1990
“Germania” Tácito Ed. Lósada 2007
 Hemeroteca de la Universidad Autónoma de México
 Cineteca Nacional de México
“Miroslava”, (la historia de la actriz) de Alejandro Pelayo 1993
 Hemeroteca de la Revista "Life"