Cuerpo y Alma (1947) de R. Rossen. “Los amigos, los delatores y las víctimas colaterales”




viernes, 1 de febrero de 2013






La ruta Noir prosigue y la mafia—igual—, actualizada y atenta por los lares de los chanchullos de combates en las desgastadas cuatro cuerdas del ring. Controlando a todos. Siempre controlando. Sin dejar los vetustos negocios de toda la vida; alcohol, drogas, juegos de azar, carreras de caballos y nuevos deportes. De fondo, se oye la voz del crupier: Rien ne va plus. Entre brillantina, linimento y sombreros de fieltro pululaban mis amados gangsters,  al costado del capo más listo de la Cosa Nostra, junto al eléctrico Charly Luciano. Sí, amigos-as, Arnold Rothstein—que buen feeling literario, le dio al maestro Fitzgerald— amañó el idílico beisbol (episodio histórico de estafa enciclopédica) Made in Usa. Una vez más, la protohistoria del Noir (béisbol, boxeo y carreras de caballos) convertida en triada contemporánea. La  corrupción se amasaba con levadura empapada de hematíes. El punto de ebullición estaba en su grado ideal; años donde el despegue económico norteamericano ya era una realidad. La guerra  comenzaba a verse como algo lejano, y poco a poco, el latir de la sociedad se acercaba vertiginosamente a los 50. Periodo dorado de  un deporte que gozó y goza de la empatía de todas la clases sociales —inicialmente— más pobres y que poco conquistó todos los estratos. Las apuestas y la manipulación de púgiles era el pan de cada día en este ambiente.












Estos deportistas con sus virtudes y miserias serán los nuevos antihéroes/reos de los golpes físicos y morales en el celuloide Noir. De nuevo, los adictivos EE.UU dibujados entre metalepsis y  sinécdoques del esperpento de los bajos fondos. El cine negro, aprovecha esta coyuntura para apropiarse de un deporte, llamémosle, políticamente incorrecto —boxeo— a los ojos de una platea autocomplaciente donde la sangre salpica a pocos metros, pero  la plástica y la belleza de su ancestro— la lucha grecolatina— seduce a los novelistas del Noir. Escritores y poetas se emborrachan de estos nuevos personajes, pues narrativamente son  Mustangs  de 8 cilindros y  4000 cc. Estamos casi en el 47, y de aquel extraordinario año—cinematográficamente hablando— sobresale un título por antonomasia; “Cuerpo y alma” (1947)/ Body&Soul  del atormentado y eficiente Robert Rossen. Simiente de un territorio, que aportará grandes logros desde  la perspectiva formal del montaje y el lenguaje de la cámara por un lado.  Y del margen de enfrente;  la adicción de la novela negra por un deporte, que es pura pasión y metáfora de la vida. Hablar de boxeo es un espacio muy lejano de mi existencia, un flashback muy largo hasta la butaca televisiva del periplo “Neverland” (imágenes de un niño de apenas 6 años) viendo a aquellos Carrasco, Urtain, Evangelista, Ortiz o Fernández por un título mundial o europeo. En una España pintada en blanco y negro con hambre de libertad, que miraba deseosa la luminosidad de Pal color Telefunken. En la voz de aquel periodista lleno de pasión y generosidad; Héctor Quiroga, que nos descubrió la grandeza de Ali, Frazier o Foreman. A modo de polizón—incluido— pijama de franela, y casi de escorzo.










Observaba a aquellos hercúleos tipos llenos de cicatrices, moratones y chorretones de sangre en un gris tamizado de rayas por falta de antena y televisor de botonera limitada, con estabilizador de tensión. ¡Qué combates! A mi madre no le gustaba ese deporte, ni estaba por labor de premiarme con su vistosidad. Pero mi abuela me enchufaba, a su vera  para disfrutar del espectáculo rey  de gladiadores en el cuadrilátero. Jóvenes repletos de utopías en los teatros de los sueños; el Palacio de Deportes de Madrid o el Madison Square Garden de NY. Entrenadores chillando, asistentes con el cigarrillo pegado a la comisura de los labios — cubo de agua en ristre— mientras estrujaban la esponja enmohecida de sudor, sangre y lágrimas. Aquel lugar, donde los  nuevos gangsters, como nuevos ricos emperifollados en alpaca, se dejaban acompañar de femmes fatales que seducían  a promotores, trepas, cantamañanas y miserables de toda estirpe presente en la hoguera de los estrados. Sres. y Sras. Bienvenidos al espectáculo de un submundo y una subcultura Noir; lección de la vida. Sí, el boxeo en todo su esplendor, sin colores que expresen dulzura o vitalismo.  No sé cuantas hojas podría embardunar de pixeles negros sobre blanco para decirles, que la primera pelea de este ejemplar deporte se vio hace 6000 años A.C. en la vieja Etiopia, cuna del origen del ser humano ¿Les suena, eso de Olduvai? Algo les hará tilín,  aunque sea de algún documental de la 2. No puedo olvidar mi deformación profesional, como a Agatha Christie, que se lo digan a mi segunda ex mujer: “Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará…”Nos lo pasábamos bien, pero como todo tiene un final. 



                                     


Sin embargo, el boxeo como lo conocemos hoy en día se gestó en el Reino Unido para que los EE.UU terminarán por importarlo y refinarlo en las reglas modernas, que se conocen hasta nuestros días. Haciendo del mismo, un deporte espectacular y épico. No obstante, dejémonos de prehistoria y entremos en materia. Lo  más lógico, sería que una disciplina deportiva tan incorrecta para individuos normales y serenos, genere de por sí rechazo o simple desinterés. Por fortuna, como a los taurinos-as; el maestro José Tomás, y Clint Eastwood han ayudado a comprender la enjundia del viejo  arte de  Creta y Olduvai. Gracias a los dos. Y por ende, algo tan atractivo y emocionante tendría sus buenas razones para  su traslación a la gran pantalla, convirtiéndose en filón de grandes éxitos. Empero, los films de boxeo siguen siendo una veta. No hace mucho, hasta el propio C. Bale interpretó a otra vieja gloria del boxeo de los 80 (Dicky Eklund) víctima de las drogas—bordando un papel—que le daría su primer Oscar como actor de reparto en el film, de David O. Russel nominado a mejor director por “The Fighter”.














“Cuerpo y Alma” es la historia de tres tipos irrepetibles; John Garfield, Abraham Polonsky y el director Robert Rossen; un combate a tres bandas en el cuadrilátero de las audiencias políticas y cinematográficas. Robert Rossen un director, productor y guionista de cine estadounidense. Nacido en el seno de una familia de origen judío—que originalmente dejó sus estudios universitarios— para trabajar como escritor y director teatral en la década de los 30. Periodo donde sintonizó con la ideas del  Partido Comunista Americano, una lógica comprensible durante esos años, que pasan como exhalaciones estelares.  Posteriormente, comenzó a escribir guiones Siguiendo los pasos de John Huston. Robert Rossen ingresó en la nómina de  Warner Brothers como guionista, tarea que desarrolló ininterrumpidamente a lo largo de diez años. Entre sus guiones más sobresalientes, destacamos sus maravillosas aportaciones al Noir para los grandes del momento, como  “La mujer marcada” (1937) de Lloyd Bacon o  “They won’t forget” (1937) de Mervyn LeRoy, “Los violentos años 20” (1939), de Raoul Walsh o “El extraño amor de Martha Ivers” y “Un paseo bajo el sol”, ambas  de Lewis Milestone u “Out of The Fog” de A. Litvak. No está mal para un rookie. Finalmente, en “El tesoro de Sierra Madre”, de John Huston donde, no figuró en los títulos de crédito. No me pregunten el porqué. Pues en otro par de películas, tampoco fue reputado. Era un gran prosista y sobre todo un hábil guionista— creo que de los mejores— bajo mi punto de vista.















¿Se puede hablar de película maldita? Sí, sin ninguna duda.  En el Bypass lo certificamos, sin reparos. El film, pasó a engrosar la lista de títulos proscritos por el Macarthismo. Y los tres almas mater de este proyecto cayeron en desgracia. La comisión de Actividades Antiamericanas al conocer la vinculación de Robert Rossen al Partido Comunista durante varios años, truncó la que podría haber sido una de las más certeras carreras entre los directores de su generación. ¿Por qué Rossen delató a su amigo, el guionista  A. Polonsky (miembro del PCUSA)?  De algún modo, quién animó a Rossen a simpatizar con la ideas (que cualquier persona es muy libre de tenerlas) sean del color que sean. Era su amigo —Faltaría no poder expresarse libremente. Ellos, eran—esencialmente—amigos, que compartían hasta su condición judía. Les voy a ser sinceros, pero  esta situación me provoca  un dilema moral muy difícil de encajar. El affaire de la caza de brujas en el Hollywood, de aquel senador monstruoso, JMc y lo que supuso para un montón de artistas llenos de talento fue deleznable, patético y bochornoso visto desde los prismas de un país que es ejemplo de libertades constitucionales. Veamos, yo me crie como el personaje del film Charlie Davis—en mi adolescencia—en un barrio de clase medio-baja de mi ciudad.  Donde muchos de los antiguos colegas de diversión se fueron a la otra dimensión, por sus contantes flirteos con juegos letales. Pero había un código; “no mires más de la cuenta a la novia de tu colega, no le quites nada a uno de tus colegas (ni el bocadillo, comparte  lo tuyo) y nunca te chives de lo que haga un colega”. Esté bien o mal. Eso ha sido así toda mi vida. Los pocos amigos de verdad que tengo, pondrían la mano en el fuego por mi fidelidad ,y, yo por la de ellos. Luego, ¿quién es quién para juzgar los actos morales y éticos? ¿Quién tiene patente de corso para ejercer la delación, cómo se justifica la misma, cuál es el contexto y como se evalúan las víctimas? No lo sé.














Sí que me viene lo del famoso eufemismo de daños colaterales, o el tú o yo. EE.UU, cometió un gran crimen moral—es mi opinión—dejar campar a sus anchas a un tipo como McCarthy. Todo el mundo perdió algo. Intrínsecamente, los seres humanos soportaron la sombra del remordimiento. Los artistas fueron sometidos a un tercer grado.  No voy a entrar en frases solemnes como las de Welles y otros grandes al respecto. Comienzan a acuñarse algunos términos tristemente célebres con posterioridad, como la torticera diferenciación entre “declarantes enrollados”, “americanos de pro” y hostiles rojillos” (se descalifican por si mismos…) Hubo gente que calló la boca y otros hablaron lo incontable. Lo dicho, es como preguntarse ¿por qué existen las guerras, los tiranos o la pobreza? No sé lo que le pasó por la cabeza a Rossen, al maestro Kazan o E. Dmytryk. La cuestión es que Rossen de algún, modo buscó su revancha como un buscavidas. Igual, esa es la miseria o la grandeza de la vida; instinto de supervivencia. Tú o yo. El resultado un film majestuoso. Garfield,  fue perseguido y profesionalmente arruinado por la Caza de Brujas, da vida a un muchacho de un barrio pobre de la ciudad de Nueva York que, a pesar de la opinión contraria de su madre, ve una salida a la pobreza familiar a través del boxeo. Nuestro Charlie Davis está a punto de dejarse corromper por el color del dinero, el lujo y la podredumbre que rodea a ese deporte, pero en el tramo final de la película se salva porque tanto Rossen como el guionista Abraham Polonsky, eran esencialmente, gente buena. Obviamente, también estaban los grandes magnates de las majors—muchos de ellos— por la labor de —un quid pro quo— a cambio de una buena plusvalía y déjame a  lo mío, O.K.








                                      






“Yo te saco unos cuantos bolcheviques del escondrijo…” y te daré a cambio… La primera Comisión Parlamentaria contra “ la infiltración comunista en Hollywood» —cito textualmente— data de octubre de 1947. Rossen, resistió la primera citación en 1951, aunque las consecuencias de su manifestación “hostil” le cambiaron la vida: los estudios Columbia rompen su contrato y lo incluyen en la lista negra. De mayo a junio del 53, se viene abajo. En pocos días, arroja la toalla y delata a más de cincuenta ex-camaradas del PCUSA. Decide exiliarse a México. Ya no fue el mismo. No consiguió rehacerse profesional ni personalmente. Garfield, chico de barrio, actor de teatro que simpatizaba con los comunistas, co-productor independiente de películas como Cuerpo y alma (1947) y “Force of Evil” (1948), en 1949 fue llamado ante el comité de actividades antinorteamericanas. Se negó a declarar. Su boca se sello como la silicona rápida. Pasó directamente, a la lista negra. Las hemerotecas  recogen la actitud heroica, de un tío sobrado de fibra testicular. The Roger Richman´s  Agency recoge esta cita: “John rehusó cooperar con el comité; su actitud valerosa, por desgracia, afectó negativamente a su carrera si bien mantuvo su honor intacto”. En 1952, a los 39 años, murió de un infarto fulminante. ¿Mereció la actitud delatora el extraordinario y visionario Kazan, Rossen o Dmytryk en detrimento de Trumbo y otros tantos? Qué fácil es hablar a toro pasado y que difícil encontrar las razones de un episodio tan denigrante. De verdad, muy triste. Después de leer y leer libros, archivos y  documentos sobre los hechos acontecidos. Sigo igual de dolorido.












Yo disfruto y sigo deleitándome con las obras de mi admirado Kazan, con los prodigiosos westerns de Dmytryk y el cine de Rossen. Y así seguirá siendo. Ya en el exilio Rossen reconoció su ayuda económica a las arcas del Partido Comunista y, posteriormente, denunció a decenas de antiguos compañeros. Pese a este espíritu colaboracionista, Rossen se alejó de Hollywood (como decíamos, no era él muy abatido, lleno de atriciones)  primero en México—como hemos comentado— y a posteriori, aceptó la oferta de Dino De Laurentiis y Carlo Ponti) Se habló, que Rossen abandonó el partido comunista en 1945. Ya no estaba en la órbita de izquierdas, por utilizar el eufemismo. La delación estaba facturada, pues, la comisión tuvo los nombres de los “que bautizaron con el sambenito de  los malos” y  ese remordimiento persiguió a todo ser humano. Porque durante el reinado del miedo los Estados Unidos se destruyeron algunas de sus mentes más lúcidas, brillantes y críticas. Rossen, visto como uno de los muchos damnificados-villanos por la caza de brujas, conformando esa “generación perdida” cinematográfica a los citados a lo largo del artículo, sumemos los nombres de gente tan relevante como Chaplin, Jules Dassin, Fred Zinnemann, J. Losey y  Welles,  que nunca tuvo  que envidiar a los Hemingway, Dos Passos, Faulkner, Fitzgerald o Steinbeck desde el plano de los intelectuales de las letras. El séptimo arte —dilapidó un yacimiento de talento— otros, creen o dicen, que se ganaron prodigiosos films tan grandes como la capilla Sixtina. He aportado una amplia bibliografía para que sean Uds. quienes juzguen el episodio. Al igual que Kazan en con su ley del silencio. Donde se resarcía de toda la pesadilla acontecida. Rossen, se tomó su propia revancha, de la mano de la obra de Robert Penn Warren "El político"  —un viaje al estrellato del gobernador de Louisiana Huey Long repleto de mentiras— un intento por fulgurar a la clase política de los Estados Unidos, buena parte de cuyos representantes seguían el perfil anticomunista del paranoico Edgar Hoover—superjefe—del FBI, a  J. Parnell Thomas, o  el mismísimo Joseph McCarthy, que el tiempo lo puso en su sitio. Las seis nominaciones al Oscar que obtuvo el film acallaron la ira de los miembros del Comité de Actividades Antiamericanas.
















El film que analizamos arranca con un plano-grúa preciso desde el saco de cuero negro, meciéndose como una cuna, colgando a modo de cadalso. Gracias al viento que mueve las ramas y las hojas, la cámara se deja posar con suavidad y se fija en el rostro de Garfield (Charlie Davies) envuelto en sudor y farfullando: —Ben ha muerto... El despertar es fulgurante. Sale  corriendo de la habitación, mientras se enfunda la americana en busca de su coche.  La granja de entrenamiento se queda atrás, ante las atónitas miradas de toda la camarilla y asistentes de entrenos (que acompaña al protagonista). Conduce como alma en vilo, entre planos solapados de la noche neoyorkina buscando  la casa de su madre. Es de noche, al día siguiente el campeón tendrá su último combate y lo ha vendido. Les cuenta la verdad a su madre y su novia Peg (Lili Palmer). No les convence y  el mal trago se compensa con el que le sirve el barman del club donde actúa la marioneta Femme fatale, Alice (Hazel Brooks) para trasladarnos al palacio de deportes y situarnos encima de la camilla con la manos vendadas sobre la cara. Memorable secuencia que nos advierte que estamos ante cine mayúsculo. La textura que alcanza el ínclito operador de cámara; James Wong Howe es impagable. Se atisba la angustia y la tragedia.  El  corazón late con más rapidez, en cuanto vemos a Garfield  tumbado.  Mientras murmulla:” El campeón del mundo soy yo. Pero, por qué, por qué yo” Arranca el flashback: con esa frase lapidaria; “Lo he perdido todo... Tantos años para nada” y se rebobina toda su vida. No hay mejor comienzo de un Noir que el célebre recurso del flashback y la evidencia más explícita del fiasco de la vida del protagonista. La pérdida como consecuencia del desengaño de tu propia vida  que anula a todo personaje del Noir.













Los remordimientos y los traspiés. En el caso de Charlie Davies esta carencia se traduce en la perdida de sus raíces. Pues, siguiendo el relato del principio de toda esta historia. Nuestro protagonista acaba de ganar un campeonato de boxeo amateur y es invitado a bailar con Peg, que está en un traje de baño como celebración del mismo. Evidenciándose, que es un pésimo bailarín ante el júbilo del público. Pero Peg lo maneja y al final, Charlie se emociona. Se  van a  casa de ella y se encuentra con su compañera de apartamento que es una escultora, más bien una estudiante, deseosa, por  triunfar. Lo que se consideraría un estudio compartido de dos artistas.  Charlie,  se ha enamorado del ambiente artístico y de Peg. Luego,  este cuento de los puños se convierte en un bosquejo sutil hacia ese capitalismo fuera de control. Un sistema que mastica y devora, cuando te absorbe y  te atrapa hasta triturarte la médula, si no estás en guardia.  Charlie lo sufre,  entre  sus sueños y anhelos  despedazados. Pero, lo que nadie le va a quitar es el  flechazo y el primer beso con Peg. Su amigo de Shorty  (Joseph Pevney) le sugiere a Charlie que le acompañe para que conozca a Quinn (William Conrad) aquel actor de de ojos azules grandes y algo orondo —que se  hizo famoso— en una serie de TV por  los divertidos 70; “Cannon”.Donde   interpretaba a un detective privado, algo "sui generis". Ganó el Emmy al mejor actor y serie de aquella  época. Aquí, hace de promotor de "medio pelo", merodeando por los gimnasios del barrio a la búsqueda de ingenuos púgiles. La madre de Charlie Anna Davis (Anne Revere) siempre rehacía y hostil a este deporte y las compañías de Charlie. Ejerce una autoridad férrea sobre los deseos de su hijos, junto a su esposo son un matrimonio judío, que regentan un  negocio de alimentación en el barrio. Aquí se produce una de las pocas lagunas del guión. La desaparición de la pantalla del padre de Charlie tras un atentado, que no queda muy claro, si es por motivos raciales o una vendetta de la mafia. Esta falta del padre de Charlie, agudiza  la situación económica de la familia Davis. Momento, en el cual, Charlie  se toma muy en  serio lo del boxeo. Al final Quinn organiza un combate, y Shorty queda como manager amigo, que a posteriori, se verá traicionado por la avaricia incauta y protectora del, mismísimo, Charlie (otra segunda falla) pues este personaje se queda relegado en un fuera de juego perpetuo. Pevney pasó de actuar  a dirigir como director de algunos títulos de renombre y sobre todo en la TV.   En una carrera larga y exitosa ¿Casualidades de la vida?  Shorty, Charlie, y Peg, quedan  para cenar con Anna Davis. En ese instante, llega una mujer de los servicios sociales, pues la madre de Charlie ha solicitado una ayuda económica al estado.















Charlie no soporta el interrogatorio de la funcionaria y le dice que se marché. Pues ellos no necesitan caridad de nadie. Su madre no lo aprueba, pero Peg se une a él y le manifiesta que lo ama. Es el inicio de la carrera de un gran Garfield que no para de ganar y ganar combates, hasta que llega el momento de la velada más importante de su vida. Aparece el diablo disfrazado de Roberts (Lloyd Goff)—el mafioso promotor— para proponerle cómo funciona el negocio del boxeo. A este escenario, añadimos  la aparición de la trepa femme fatale —la avariciosa— Alice (comparsa del cínico Quinn). Finalmente, pelea contra Ben Chaplin en un sangriento combate y éste último, acaba derrotado y con secuelas físicas. Charlie, empieza a ser consciente de la cantidad de basura que hay ese mundo pero se hace “el sueco”. Finalmente, Robert les propone que ponga el título en juego. Al día siguiente, Charlie va al pesaje y la posterior  rueda de prensa con adversario Marlowe. De repente, golpea a su oponente y aspirante delante de todo el mundo. Roberts,  le dice a Charlie que se deje perder, pues las apuestas están a favor de su derrota y eso generará un montón de dinero para todos...Más o menos esta es la urdimbre de la historia. Obviamente, la cualidad esencial de Cuerpo y Alma es la integridad: una obra maestra de artesanos comprometidos, no sólo con su arte, sino con el film desde una perspectiva de  crítica social y coyuntural. Por un lado, el panorama es un melodrama brillante, en esa conjunción con el mundo del boxeo y el hampa. Y en otro, estrato  una acusación directa a la voracidad del capitalismo. La metáfora del patrón y el trabajador—desde las relaciones con Quinn— abnegado asalariado del boxeo y marioneta del sistema. Vemos muchas de las antagónicas reglas de la producción del mercado dictadas por el mercado. Un resultado visionario y muy Noir. Cuando Charlie Davis acepta a Ben Chaplin (Canada Lee), el boxeador negro al que Charlie derrotó, en el combate de su coronación como campeón—amañado— del mundo, para que sea  su preparador físico. Apreciamos el aroma del mejor climax Noir, en su versión más dramática. Fantástico en todos los sentidos.  Reiteramos, de nuevo, a la mafia disfrazada de promotora deportiva. Algo que es actualidad, sólo basta ver el telediario. El boxeo desprendido de la heroica para hacer caja y los escándalos en el oscuro negocio de las apuestas ilícitas de la mano. El film tiene 66 años y se considera el alma mater de la película  pluscuamperfecta de boxeo; “Toro Salvaje” de Martin Scorsese. Influenciada por todos sus costados, que se lo digan a Michael Chapman. El film pasará a  la historia por la magnífica interpretación de  Garfield,  nominado al Oscar —que perdió, ante Ronald Colman por  “Doble vida” — las injusticias de la Academia de las Vanidades y las nominaciones al mejor guión  de (Abraham Polonsky) y mejor montaje  de Francis Lyon& Robert Parrish (futuro director de Noirs cuasi serie-B), quienes si consiguieron, el Oscar,  pues su trabajo fue modélico. Lo dicho, una vez más.  Cuerpo y Alma tiene un legado amargo. De sus actores y parte del   equipo, incluyendo Garfield, Anne Revere, Gough, Lee y Polonsky, ya lo hemos comentado —anteriormente—fueron llamados ante el tribunal de la famosa comisión de marras para indagar sobre presuntas afiliaciones al Partido comunista. En definitiva, majestuosa historia donde las presunciones y la vaciedad que se esconden tras los deseos de triunfo de Charlie Davis chocan con las imposiciones de la mafia y su avaricia. Resumida en  dos collages narrativos, que actúan como contrapunto para resumir los éxitos de la carrera profesional del protagonista. Una victoria, que no consigue alcanzar la cima, pero si la autonomía social. Añadir la excepcional BSO, llena de buen jazz conducida por Emil Newman. Sirve de contrapunto musical a  las imágenes. Pequeña obra maestra, que no llega a la perfección por algunos pequeños orificios de guion, que no por ello desmerece el apelativo de pieza de culto. Inspirador y motivador film que ha dejado una mácula indeleble. Así como el sello de un realizador magistral, Mr. Rossen








  Dedicado a mi amigo de la infancia; Manolo Bertrán. Líder de la legendaria banda de rock Doctor Divago










Frases geniales del film

Roberts— Coge el dinero de este combate  y cómprate un restaurante...
Charlie Davis—Yo no quiero limosnas ¿Crees que me gusta esperar a que el mundo decida que hacer conmigo?
Shorty —"Él no se preocupa por ti…” "Él sólo quiere su parte del pastel, Charlie"
Charlie— ¿Cuál es la diferencia? "Si el  pastel es más gordo, más trozos para todos…”
 Roberts—"Aquí., nadie sale herido. Tienes mi palabra"
Charlie Davis— ¡Fuera de aquí, fuera! No queremos ninguna ayuda (delante de su madre)
—Diles que ya estamos muertos…
Peg— ¿Estás bien, Charlie? —Nunca me he sentido mejor en toda mi vida
Charlie Davis—Me has vendido, Rata. Igual que a Ben…
Roberts — ¿Qué te hace pensar que te has salido con la tuya?
Charlie Davis—Qué vas a matarme
Roberts—Todo el mundo muere








                               














Bibliografía consultada y recomendada




"Las 100 mejores películas de boxeo"   Francisco González-Fierro Santos Ed. Cacitel 2007

The Sweet Science  by  A.J. Liebling  Ed Noir point press 2004
Communism in Hollywood: “The Moral Paradoxes of Testimony, Silence, and Betrayal” by Alan Casty Ed. Scarecrow Press 2007

“Boxeo y literatura”  Eduardo Arroyo Ed. Turner 2010

El  boxeo en el cine 1894-1994 Pablo Mérida Ed. Laertes 1998

 “Historias del cuadrilátero”(Grandes ídolos del boxeo) Sergio Guadalupe Ed. T&B 2011

Diccionario de Cine Negro Javier Coma Ed. RBA 1995

"Classic Gangster Films" Robert Bookbinder   Ed. Carol Publishing Group 1993
“La caza de brujas en Hollywood”  Roman Gubern  Ed. Anagrama 2002

“Las películas de la caza de Brujas”  Javier Coma Ed. Notorius 2007

Robert Rossen “Su obra y su tiempo” Ed. Donostia Kultura 2009



















 

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