Cuatro piezas literarias y un guión original en videoclip

diciembre 14, 2012 Jon Alonso 59 Comments







“Aquel día Scott estaba contento. Quería posar  en el salón de la mansión delante del abeto navideño sin un Bourbon de más. Pero, haciendo trampa de nuevo. Una petaca de plata repleta de ginebra descendía del bolsillo interior de la americana. Está en los genes. — ¿Eh, socio? — Sonreía nervioso. Quedan unas pocas horas para entrar en 1927. Las bolas doradas y los regalos resultaban impactantes. Los Fitzgerald rezumaban alegría somnífera.  Zelda y la pequeña Frances  “Scottie” ponían la solfa idílica, mientras Hollywood permanecía a la espera.” (Extracto de una de las novelas en las que el “IBP Ghost writer” está  trabajando para alguien importante, no sé quién es ni me importa). Empero, como sigo pensando que este blog es muy joven y el administrador demasiado tierno para estar muerto. Tras una larga meditación desde la piscina de los fehacientes cadáveres del guión. He decidido abrir una nueva sección  días antes de finalizar el 2012. A lo largo, de incontables noches de insomnio. Soñaba  que el cine está lleno de momentos inmortales, en los que el negro sobre blanco termina condensando una emulsión de plata telúrica  y mate— ahora—  ultramegabytes de Hard dicsk.   Más tarde o más temprano llega el día, en que la literatura llama al cine como la pintura a la fotografía. Los extraños binomios del tiempo rugen a los fenómenos imprevisibles. La herencia mesopotámica se condensa en Gutenberg y llegan los panfletos, los libros,  las revistas, los cuadernos enciclopédicos  y hasta las octavillas de movilización a las plazas de perdición. A toda máquina. De autores y negros. De escritores y guionistas. De dialoguistas a directores. Del fiel amanuense al productor. Ese impenitente recorrido hasta la webesfera y el demontre Google. Soy reiterativo en mi discurso, ya me conocen. No puedo contenerme;  el instituto Cervantes está por la labor. La tecnología va a vigilar las buenas formas y los buenos modos de nuestra lengua más utilizada en la piel de toro: la Cervantina. Ésa, que junto a la de Shakespeare, con permiso de nuestros diplomáticos vecinos del otro lado de los Pirineos: nos ha dado tantas satisfacciones. ¿Un homenaje de sabiduría? Esperemos. La lengua escrita es un lujo. Un sueño prístino hecho en Sumer. Ahora digital, para el deleite humano ¿Cuántas grandes obras maestras nos han dado los genios de la literatura? Incalculables. A través del trascurso del runrún sintáctico se han  escrito y ubicado en la memoria de los altares divinos. Sin embargo, pensarán Uds. ¿qué me mueve a descubrirles  secuencias memorables? No lo sé. Desde luego, olvídense de análisis demiurgos sobre la trascendencia de la profundidad del plano según su metamixtura de la disección del plano secuencia y bla, bla, bla... De esas cosas, hay un montón de buenas publicaciones, escuelas, universidades y  sitios que denominan: centros de investigación fílmica. Amén, de  buenas amistades, en la webesfera que les satisfarán de muy buen gusto. Luego,  voy a empezar con uno de mis escritores favoritos y que más me ha influenciado en el  método del relato periodístico o crónicas de los diarios de vetustos kioscos: el gran Truman Capote. El genio de New Orleans, la ciudad del Jazz, el vudú y  Katrina.  Mi encuentro con Capote fue a los 18 años en una biblioteca pública, como de costumbre. Un día celestial para el alma. Cuando leí “A sangre fría” no pude conciliar el sueño. Creía que me ha había hecho grande, pero seguía siendo el eterno niño de los ojos azul acero.He elegido este momento literario, narrado y adaptado por el cineasta y guionista, Richard Brooks (la película, me impactó tanto o más que la novela).  Sólo voy a traducirles el monólogo que muchos de Uds. conocerán de memoria por la lectura del libro. El cine y la literatura en el Bypass se mantendrán como una sección habitual.
















Son los divertidos 60 del planeta neoyorkino. La gran manzana es un hervidero de tendencias culturales, musicales y literarias. Si bien,  el medio oeste y centro del país marca el  ralentí de las horas. Entre los cansinos caminos de la tranquilidad, la calma y el tedio  de las heladas invernales de Kansas y la recolección del maíz. Aquella Norteamérica, pacata, pusilánime y a la vez bondadosa camina tortuosamente. En eso,  que un cineasta definió como la América inocente. Ésa, que nunca echa el cerrojo en la puerta. La noche donde  la familia Clutter se convirtió en un nuevo icono de ese estilo tan sui generis, que el mundo idolatra: The Horror Crimes. Tan mediáticos como las multinacionales petrolíferas. ¿Han visto las noticas del mediodía a largo de este año? Uff… Y Capote se puso en marcha. Veamos este momento glorioso. Estén atentos.







                    “A sangre fría”, Robert Blake (Perry) delante del reverendo Jim Post (Sheldon Allman)


 —Y murió Dick. ¿Sigue latiendo su corazón? Preguntaba Perry. ¿Qué hora es? JP (reverendo) —tranquilo muchacho. ¿Quieres que le escriba a tu padre? Le podría enviar una de tus pinturas o quizás tu estatua de bronce.  Perry—“Envíale los mapas del tesoro Quizás esta vez tenga más suerte. El lobo solitario ¿Sabes qué? Una vez, casi lo logramos. Nosotros dos y nadie más. Estaba muy entusiasmado con su proyecto en Alaska. Una cabaña para turistas que iban de caza. Íbamos a ganar una fortuna, más que con las minas de oro. Porque antes que nada, íbamos a tener algo que jamás habíamos tenido…Una casa de verdad. La construimos y todo… Él y yo, solos codo con codo. El día que terminamos el techo, se puso a bailar por toda la casa. Nunca estuve tan feliz en mi vida. Era una casa hermosa. Pero nunca vino ningún turista. Nadie. Y vivíamos ahí… Solos en esa casa que habíamos fracasado…Hasta que ya no me soporto más. Creo que sucedió así. Estaba comiendo galletitas. Me empezó a gritar; que era un cobarde, egoísta y glotón. Grito y gritó hasta que lo agarré del cuello. No me pude contener. Se soltó y agarró un arma. Y me dijo: ¡Mírame, muchacho! “Mírame bien porque  vas a ser el ultimo ser vivo que vas a ver” Y apretó el gatillo. Pero el arma no estaba cargada. Se puso a llorar. Lloró como si fuera un pequeño chico. Yo me fui a caminar. Cuando volví estaba la luz apagada. La casa cerrada con llave. Todas mis cosas estaban ahí apiladas. Afuera, sobre la nieve…Donde las había tirado Me fui caminando y nunca más, mire atrás. Creo que es lo único que voy a extrañar de este mundo…A ese pobre viejo… Y sus sueños imposibles. JP— Me alegra que ya no odies a tu padre. No es así. Lo odio. Y lo quiero.


                     



                                                      Harvey Kaitel &William Hurt  in “Smoke”







Hay cuentos de navidad que no les hacen falta gore ni efectos especiales. Tan solo, con tropezar con tu vecino de escalera compruebas como está de repleto el árbol de Navidad. Si es de polivinilo o natural. Quién sabe si los futuros ingenieros agrónomos venderán abetos de vivero para decorar y reciclar. La ecología genera acciones en Wall Street como los buscadores de algoritmos en el siglo XXI. ¿Pero dónde reside la felicidad de Paul Auster? ¿No lo saben?, fácil.  En la cotidianeidad del ser humano. Los mismos que bajamos y subimos escaleras, que hablamos con el tendero del barrio, el kioskero,  el gallego del bar de la esquina que sirve un pulpo “a feira” para chuparse los dedos o el renegón del estanquero, que adora su refrigerada cámara de puros. Incluso, hasta Pepe (se puso nuevo nombre como el santo de la ciudad) el oriental que vende bisuta y papel de higiénico por  si las posaderas del roscón han regurgitado un marrón intestinal. Eso es Smoke. Terminales de dendritas diluidas en humo celestial.  H. Keitel, me recuerda a mí. Cuando me arruiné con el estudio de fotografía y me pasaba la vida en el bar hablando de los cambios de luz. Esos que habitan en esquina que cada individuo. Alienado al azar. Todo lo dirige el maldito destino como los dados de Tetis. Las amputaciones, la fortuna, la desgracia, la luz, la noche y la muerte marca el tic-tac del mundo”. Keitel, aquí doblado por el gran Camilo García (la voz de Hannibal Lecter, Anthony Hopkins) que hace muy bien su trabajo. No obstante, la voz de Keitel en V.O. es fantástica.  Nos recuerda en seis minutos que es la Navidad  a su amigo, el  escritor interpretado por Willian Hurt. Quién sabe si con firma o sin firma.  Sentados en la añeja cafetería del Brooklyn de Paul Auster. Aún dudan del espíritu de la navidad. Aquel cuando el viejo— apuraba su Cohibas—  y, concluía lentamente su copa de Martell. “Smoke” en estado puro. Lo ven como en el IQP, también  nos gustan las cosas hermosas. Lentamente, a fuego lento, chupada pausada y purgada. Harvey y William


                                            


                                                  Meryl Streep y  Ed Harris in “The Hours”







Virginia Wolf de la mano del novelista Michael Cunningham en su magnífica novela, ”The Hours”, un texto hermoso y espléndido. Muy recomendable. Nos invita a subir en  la máquina del tiempo planificando su obra maestra; el suicidio. Final de un tiempo donde los tormentos son insoportables, que mejor terapia y remedio a tanta angustia de Mrs. Dalloway. El relato  de tres mujeres que asisten al  encuentro del  sentido de la vida. Diferentes épocas pero, absorbentemente, engarzadas por clónicos anhelos, miedos y penas. La propia Virginia Woolf (Nicole Kidman), en el viejo y elegante  Londres, de principios de los  veinte, pelea contra su locura en el proceso de escritura su primera novela, la citada,  "Mrs. Dalloway". Luego, a finales de  los 40, en el inicio de la guerra fría; Laura Brown (Julianne Moore), una esposa y madre en la ciudad de  Los Ángeles, lee con avidez "Mrs. Dalloway".  El texto se revela como cauce hacia una nueva entelequia vital, que reaparece en la angelical  Clarissa Vaughan (Meryl Streep), en el Nueva York 11-S. Cuidando a su amigo Richard, un brillante poeta enfermo de SIDA que cuenta las horas de su existencia. En ese plano aparece la angustia  temblorosa. Hipnotizado y subyugado por la lectura, descriptiva y visual tienen para la literatura las palabras. Digo que me parece literaria, y lo reitero, porque en "Las horas" nos encontramos con la verdadera felicidad; volátil, efímera, quebrantable. De ahí, la cruzada interior que cada personaje lleva consigo. La vida—la auténtica— sin adornos ni confituras marinadas. Entre  flores,  basura, espejos y peinados se acicalan al ritmo, en do mayor del piano de Philip Glass. Mientras, Ed Harris agoniza y maldice a la condición humana. La contenida y envolvente partitura de la vida y el ser humano en el cristianismo. Ahora, que me muero, invirtiendo la máxima de Wilder. Pagó en sacrificio, vuestra generosidad en el sepelio con el premio del réquiem por uno que nos os va a molestar más. Majestuosa y pletórica aceptación de lo que siempre remarco e inyecto a todos Uds. La atávica generosidad de su atención con el desvalido y la compasión por el que no maldice, ni ofende ni puede ni le dejan. El hálito se hace agnóstico y el suicidio puede resultar  liberador ante  tanta hipocresía y frustración. Atentos al clip.


                   





                                    Trainspotting by Irvine Welsh. Monólogo final de Mark Renton






Nadie mejor que un yonki sagaz y reconocido, contándonos sus patéticos intentos por desengancharse y llevar una vida respetable. Irvine Welsh dixit; “la gente se droga por placer, no porque sean gilipollas sin matices. La inevitable caída en la delincuencia; el alejamiento de los que crees tus amigos...” Como bien pone en la boca de Ewan McGregor. Porque emborracharse es un placer digan lo que digan. El desorientado e inconsecuente, Mark Renton en un saco roto de sabiduría. ¿No es verdad, que  estas Navidades Uds. delante de la mesa del Sr. Plácido de mi viejo amigo Berlanga, pensarán…? “Elige la salud: colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos unos trajes en una amplia gama de putos quejidos. Elige el bricolaje, y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá y ver teleconcursos que embotan la mente y explotan el espíritu, mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo, siendo una carga para los jóvenes a quiénes has engendrado para reemplazarte. Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?” Ni Averroes lo hubiera elucubrado mejor. Ahora, ya puede sonar mi amigo Lou y marcase su antipática y soberbia “Heroin” con la Velvet Underground (el puto, Lou Reed es tan grande en solitario como con la Velvet, diga lo que diga el gilipollas de Sick Boy). No hay apología —supuestamente— hedonista y parcial en toda esta obra maestra. Sólo cuentan los actos y las consecuencias. Asumir el contexto. Difícil, más en estas noches. Padres, madres, hermanos-as, cuñados-as, primos-as, nietos-as, nueras, suegras-os, sobrinos-as, yernos, novios “de estrangis” escaqueados al banquete y demás especies. Igual, alguno de Uds. se deprime. ¿Quién sabe eso? ¿Lobatón?  Yo, apostaría por Wilder.  Les aconsejaría la salida fácil. ¿Dónde? Por ejemplo, en un bar de singles junto a tu vecino apoyado en la barra del bar porque, simplemente, la turbadora realidad de una borrachera es un deleite. Reales,  adictivas y vitales. ¿Se acuerdan de su primera comunión y el primer coñac? Lo dicho,  no olviden el matasuegras y la batería del Smartphone


                     








                                               Julianne Moore y el abogado de Mr. Partridge





Magnolia, es uno de esos logros del cine actual, que nos ha dado en los últimos años del pasado S. XX. Y hace, que no pierda la fe en ese prodigioso invento. Ese tipo, PTA y su estilo, poco convencional, narrativamente ágil, heredero de los grandes clásicos norteamericanos y deudor del cine de los 70. Un guión original, que podía ser una novela de culto. Un submundo de historias múltiples en pro de un anhelo extraño, brillante, raro y caprichoso. Donde se habla del perdón y la redención por los  caminos del abismo y la soledad del individuo. ¡Quién está dispuesto a perdonar o redimirse! Cuando la vida te ha puteado, golpeado y robado tus ansias. Ken Loach se acogía a aquello de todos los días llueven piedras. No obstante,  Thomas Anderson ha retorcido el instinto y busca ranas como langostas persistentes en el Antiguo Testamento. Un puzzle de perdedores, fracasados, menguados y angustiados actores que nos recuerdan a aquella surrealista "Deus ex machina" más cercana al genio de Ionesco con un glaseado de mejor Gabo. Magnolia es un cuento sobre la muerte, la tristeza y la soledad, el abatimiento moral y la frustración. Y la incapacidad de perdonar al prójimo. Cómo estamos en Navidad, me permito la licencia del mismo ¿Perdonan a su vecino el terrorista que le voló los sesos a un ser querido? ¿Se perdona a una monja que roba a un neonato de su madre? ¿Cuánto somos capaces de perdonar? ¿Cuánto cuesta olvidar? Sólo las víctimas de Alzheimer tienen ese don.  No tiene precio ni peaje tan cruel.  Qué jodida es la vida. La música de la película está compuesta por Jon Brion, que ya es una de la músicas de mi vida.  Acompañada por las canciones de la cantautora, Aimee Mann. La combinación del score de Brion con los temas de Aimee resulta esencial, pues la música cobra vital importancia dentro del conjunto coral del film. A modo,  de  ínfula  espiritual da ese plus de sentido al  conjunto de secuencias en las que hace presente. Un ejercicio de magisterio  psicodélico con satinados Made in Broadway nos adentra  en la antesala  del instante iniciático. Cuando nos introducimos el ácido en la lengua y viajamos a los infiernos de Julianne Moore. Siéntense, pónganse cómodos y conecten la vitalidad del dialogo con su abogado de la familia. Uno de los mejores de la historia del cine. ¿Acaso no tiene razón? ¿Es verdad, es mentira? Somos así. O nos escondemos de nuestras propias miserias. Disfruten de 3 minutos y pico, que como guión original es casi una novela: un clásico. Ejemplar



                                         
                                                    
                                                     Dedicado a Pablo Mora Jr., ¿? 01-2013


                     El ácido de Amiee Mann. Cantemos juntos este villancico de Navidad.


                   

P.S.;  Bien,  nos hemos vuelto a adelantar 24h. Un feliz imprevisto. Aprovecho la ocasión para desearles unas Merry Christmas(Felices Navidades) y espero verles el próximo 28 0 29 de este mes con  la última femme fatale del año. Disfruten de lo que hagan. No se olviden, la vida es muy corta. Demasiado

P.D.; Os adjunto el enlace con de esta entrada con el blog de referencia literaria Hankover (Resaca). Muchas gracias a todos-as

 http://hankover.blogspot.com.es/2012/12/el-inquietante-bypass.html