“Réquiem semiótico por Don Draper y Tyrone Power”




viernes, 30 de noviembre de 2012







De verdad. Sean honestos consigo mismos. ¿No les resulta extraño el magnetismo de  los  relojes de arena? ¿Nunca se han preguntado por las increíbles comparaciones del azar? ¿La duplicidad de los axiomas, el elemento binario dentro del verbo predicativo y la función de la posterioridad del gerundio? En serio ¿Persisten las dudas? Pregunten por el Sr. Carax en cualquier rincón  de los altos del Sena. Seguro, que les saca de sospechas. Nos hemos descapitalizado moralmente. El bloguero corta y pega como el látigo de Liberty Valance, sin ley que lo redima. Es reo de Googlelandya: la pústula caramelizada entre efluvios de guarismos... Esa, que sabe más por cifra  indolente que por diablo. Sacude a millones de conformistas y sustituye los arlequines cubistas de los bosquejos  por mastabas Neorrococó. A ese tío lo conozco, me suena. Fijo. — ¡Joder!, te  lo juro que lo he visto y no hace mucho… No se ofusquen en balde. Sean comprensivos con un rehén; es el síndrome del recibidor navideño de Cassen. Toda ausencia de respuesta tiene su encuentro en la semiótica del pope de turno. Últimamente, ando relajado y con un runrún estomacal sospechoso. A mí no me gusta la cascabelearía intestinal; me produce zozobra alienígena. Encuentros en la tercera fase con logo de la sanidad autonómica empeñada —económicamente y moralmente—  que  vivamos muchísimo. Pero con la farmacia embargada y  la  salud harto precaria.















No es país para viejos, ni Peterpanes pertinaces. Aferrados en apabullar, deslumbrar, impresionar o sorprender. Creemos ser inventores de transmutaciones. Sin embargo,  la realidad es otra. Viejos monacales, graznados caídos y fieles asistentes a la pasión voyeur surrealista. Siempre nos quedará el hombre pensador, innovador y renacentista; Garcilaso. Pobre valiente toledano. Nunca más se supo de la grandeza ecuménica del soneto. Depurado en las estanterías de faquires atestados en abyecta pureza de secta sibarítica. ¿Todavía no ha aparecido el gesto de Tyrone, ni el cigarro de Don? Claro, si es que todo se halla en la reflexividad. ¿Reflexividad? Dónde están las valientes agallas del artista con semejante palabro. Me lo imagino: en el manual de la semiótica de narrativa audiovisual.  Yo sólo encuentro una deriva al término. Del latín réflexum y su supino reflectere: volver hacia atrás. Como decía Garci,  “Volver a empezar” con más pelo y el añoso Chanquete en Gijón, D.E.P. Machado, diría: —en  castellano, Reflexivo...El reflejo del Guadiana y la luz que reflecta Castilla ¿Qué se busca?—Vale, ya lo pillo. Vender bártulos impresentables, indigestibles, invendibles, soporíferos y letárgicos. Ahora, llamados inventores semióticos.





















Qué pena no tener el teléfono de Gila. Podríamos llamar a Ford y Miliki. Convencido, que nos dejarían muy claro lo que pretende la camarilla  etnologista  y su grey de Suresnes. No lo entiendo. No se me enfaden. Con más morfina— que el poeta D. Thomas—mis huesos penden de dos telediarios.  La cripta espera repleta de fango. El dolor neuropático no conoce de apegos.  Quiero hablar de Tyrone Power y Don Draper.  Pero estoy en plena catarsis hacia D. Pío. Eso me dijeron  por mail interior los de la editorial del crimen. Un escabroso para la izquierda, demasiado relapso para la derecha. Así me va... Tranquilo. Sigo con mis encargos. Un hombre de Noir puro y duro. La vida del negro. No es tan mala: las hay peores.




















Tu genio y firma directos a la gloria de algún evangelista agitador de radio nocturna que reivindica las esencias del Belén, ex terroristas maoístas descubriendo una conspiración judeo-masónica en el reino de Navarra, ex políticos jubilados de la guerra sucia de estado ajustando cuentas con viejos colegas  de pana mostaza, memorias de ex presentadora hipomaniaca sexual y cocainómana.  Más  memorias; las de un presentador jubilado de la Radio Vaticano saliendo del armario, ex ministros de Franco con cáncer de próstata o ancianas folclóricas que hicieron fortuna en las Américas. Qué más da. Un sicario bien pagado. Un buena zorra peckinpahniana. Lentamente, como G.V. Higgis. Él, mata.  Yo escribo  para gente importante. Me pagan. ¿El trabajo? Una parte por anticipado antes del encargo.  Se transfiere el  dinero a una cuenta castiza e intervenida por el estado. No suelo utilizar las helvéticas.













Al final de la entrega, la editorial  Ghost Writer da el O.K. vía e-mail.  Así, da gusto. Y el resto de la pasta a mi cuenta. Soy de la vieja escuela como Tyrone  y mi amigo Don. Que sigan ellos con el showroom del mechandinsing pedestre y webesférico, desparramando contra Bramante  y “Mad Men”. ¿Por qué no les gusta? ¿Serán unos modernos con foto satinada en la cartera de la guapa Kelly McGillis? —diría, Charlie Boyero.  Yo se lo digo en cuatro idiomas porque es la hostia. Es una de las mejores cosas que nos han pasado en esta vida. Amén, de la gallina turuleta. Don Draper con su attache. Obcecado por los despachos de trepas mediocres hasta las cejas de Armani. Los cachorros de la HBO. Recibe una patada en el bajo estómago. —No es nuestro rollo. — ¿Dónde dice que ha trabajado? —Dígame… Él, continúo. Obstinado en la agitada búsqueda  y llamó a la puerta de AMC.  El empecinamiento dio paso  a la humeante luz de un status limpio e impoluto. HBO y su directiva con un palmo de narices. Mr. Weiner emulando al maestro Wilder.












Le pedían un C.V. al alma mater de los ingeniosos “The Soprano” —era el que escribía los diálogos— no el creador del producto. Un trabajo de meretriz a destajo (en el argot audiovisual) los que conocemos la manija; bien pagado. Le gustaba Tyrone Power y “Johnny Apollo”. El Noir, las conversaciones, el humo, el alcohol y los trajes de tres piezas. Era muy grande. Tenía unos dientes muy bonitos, unos ojos preciosos y una voz seductora.  No hacía distinciones con el sexo porque era más listo que el hambre: La percha impecable e indómita de Hollywood. Se buscó al recambio en la TV inteligente del siglo XXI, es Don Draper. ¿Aún, siguen pensando que hay demasiados problemas en este país? Bien, pues reclamen o sino hablen con sus libreros. Soy un negro, con alma negra (un puto escritor fantasma, muy bien remunerado) me gusta el Noir como a mis amigos Don Draper y Tyrone Power mientras fumo. Ahora, no puedo por orden facultativa, lo cual,  me produce la misma grima que los apestosos ladrones de ideas y contenidos intelectuales. Ya sabemos que el plagio lo inventó Virgilio y Dumas lo refino. Pero tengan estilo. ¡Por favor! —Brama el graderío al corifeo-a:— no pasa nada colega, tú sigue así como “Sigue sigue Sputnik” y su canción ¿recuerdan aquella basura de tema? Ahí está el furúnculo de Google para el Cut&Copy. Viva la revolución… Sugerencias contra el malestar. Regálenle a Rajoy un matasuegras anticrisis y un GPS de la NASA para encontrar a su niña.














No obstante, la quincalla de Google se empeña en hacer la leche Pascual  del sueño semiótico  y a Wellman dueño del plano aséptico adverbial. Menos mal, que no vive para verlo. De verdad. Aún, siguen pensando que lo de las coincidencias son como los uniformes sanitarios ex soviéticos y los del imperio Austro-húngaro. Pasen y vean. Observen el plano, el vestuario, la pose, el gesto. Es idéntico. Está todo inventado. El planeta  tierra ya parió a Esquilo, Sófocles, Cervantes, Poe, Shakespeare,  Faulkner y los beat. Solo quedan aquellos superhéroes de antaño: los genios. ¿Cómo se soluciona el problema? Con gente como Don Draper y T. Power. Currando, bebiendo, hablando, follando, fumando, comiendo, pensando, observando, viajando y durmiendo cuando no se puede más. ¿Sabían que un neurocirujano tarda en extirpar una metástasis del lóbulo inferior izquierdo 120 minutos? ¿Cuántos post se hacen en 120 minutos? ¿Cuánto tiempo se quema al día en la nada? ¿Cuánto se tarda en hacer cut&copy a un texto de un escritor, un periodista, un músico, un trabajador de las letras, a un ingeniero o un diseñador gráfico? La crónica de los hombres hechos a sí mismos. Buscándose la vida, sin mayéutica ni predisposición a la semiótica de urgencia.














Esta es mi meditación. Busquen y comparen como el detergente Colon ¿Dónde estará Manuel Luque? La genialidad. Se llama Mad Men; él es un tío o el hombre, Don Draper. Le gusta “El filo de la navaja” y el whisky de centeno. El Rococó galáctico entre abolengo y Pop art se hace minimalismo en las entrañas. Los problemas los solucionan talentos como Tyrone o Don. La mediocridad se tambalea bajo el peso del universo postrero y los críticos no saber beber whisky. Andan ciegos de luz,  iphones, calefacción centralizada con mando a distancia, conferencias, pixeles iónicos, Pepsi light, profiteroles,  subvenciones de condados medievales en alquiler, sobredosis de tedio en vena  y desazones tras la ducha matinal frente al espejo del cuarto de baño. La nueva democracia asalta el poder de los cielos de Cooper. Una  caterva de mentes grises, cuyo único recurso es el wshatsapp, el mousse cut&copy, Facebook, el canario Twitter y la semiótica. Gracias por existir Tyrone Power. Ya están llegando los primeros spots de “El Almendro” y “Ferrero Rocher”. Toca el lagrimeo de cocodrilo y aguinaldo con el morro torcido de sobredosis crustácea. No pasa nada. Hay pantoprazol en el cajón y un aluvión de  besos a lo Michael Corleone en la Habana espumosa ,y, confeti en la  puerta de Alcalá. Apenas 20 días de abetos, bolas de vinilo y frases manidas. No se preocupen. El próximo verano, si la dicha sigue. Veré morir  a mi héroe Don Draper y a lo mejor tienen suerte. Lo digo, por aquello del maestro Umbral: “Como parece que yo no les gusto nada a ustedes y que mi oratoria no coincide con su retórica, les voy a sacar a ustedes el sombrero, que está aquí mismo, en el bar, pastando un poco y leyendo el Financial Times”… Igual—servidor— vuelca a la salida del bypass. O mejor aún, una sobredosis de mi botiquín particular. Qué más da... No hay nada seguro en la vida, ni la muerte semiótica.









                    Dedicado al Dr. Garzón del  Dpto. de Neurobiología Molecular del Instituto Cajal CSIC

                     



               




                                                                    Tyrone fumando y haciendo magia




                                      

                                               


                                                                     Don Draper, diabólicamente adictivo  
    
                   



 

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