“Mi nombre es Lana. De profesión femme fatale y no suelo fallar”




sábado, 10 de noviembre de 2012






Sófocles dijo que Circe era una semidiosa que representaba a la deidad de los hechiceros. Circe era, a su vez, princesa de la Cólquide, aunque destacó por ser una maga cruel, hipócrita y celosa. No tan hermosa como Lana. Pero se llevó por delante al rey sármata, que en este caso era un mamporrero de segunda. El matón de turno, Johnny Stompanato, machaca del capo Mickey Cohen y empleado de Cosa Nostra S.A. No se conoce criatura de por medio en la antigua Grecia, pero seguro que había una Cheryl Crane ejerciendo de Molly. Esas son las ventajas del Noir. Como dice mi amado Jim Thompson: —“Puedes ser un ex convicto, incluso un asesino, lo dices y eso ni les molesta, seguro. Te darán trabajo, te llevarán a sus casas, se harán amigos tuyos. Pero si tienes algún tipo de problema mental, quiero decir: si alguna vez has tenido alguno, bueno, eso es otra historia. No querrán saber nada de ti” Yo sigo pensado que Lana Turner era una diosa tan hermosa como Afrodita y una mujer de armas tomar (estaba como una cabra, pero le sobraba talento) como las mejores  femmes fatales del género. Me encantan estas mujeres son diferentes, en esencia, almas titánicas. Si me permiten introducir el flashback como elemento narrativo. Bien, pongamos el motor en marcha. Silencio y  acción. El  5 de abril de 1958, ambos cónyuges (Stompanato y Turner) mantuvieron un desagradable altercado en la hermosa mansión versus toque colonial de época en Beverly Hills. Villa donde residía el temperamental matrimonio junto  a su única hija, Chery Crane. La pequeña, por aquel entonces, tenía quince años. Una trifulca entre los citados, se fue calentando hasta llegar al paroxismo. La discusión subió de tono y brío, como una momtaña rusa. El preámbulo de los golpes era una obviedad. Finalmente, el matón la agredió. Amenazándola con desfigurarla en caso de que ella se arriesgara a abandonarlo. Stompanato comenzó a abofetear a la Turner cuando Cheryl Crane, se abalanzó sobre él y lo mató a cuchilladas. De repente se hizo el silencio. Un cuerpo ensangrentado yacía en el suelo mientras quien sabe, como la diosa y su hija intentaban poner orden a su zozobra. Policías, más policías y prensa del higadillo con el forense de turno, cigarrillos en ristre y lapiceros en la oreja. La fiscalía no quiso presentar cargos sobre la niña, alegando que había actuado en defensa de su madre. Según algunas versiones, Cheryl buscó un cuchillo de cocina y apuñaló a Johnny para defender a su madre. Otros comentaristas aportaron datos más sórdidos: afirmaban que Cheryl —una quinceañera taciturna y rebelde— estaba enamorada del gangster y terriblemente celosa de la belleza y del asedio masculino que generaba la presencia materna. La prensa no escatimó detalles, cito textualmente las crónicas de antaño: "Me incliné sobre él y le levanté el suéter. Vi la sangre...—relató más tarde Lana—. Traté de insuflarle aire en los pulmones por medio de la respiración boca a boca. Agonizaba, y poco después murió".



                                               












La muerte de Stompanato saltó a las portadas de todo el país y colapsó la colina de las vanidades in Hollywoodland. Alto, atlético, y tan apuesto como bizarramente siniestro. El Johnny más canalla del  Crime Noir. Se le conocía, también, como Johnny Valentine. El ex guardaespaldas del gangster Mickey Cohen,  amigo de las divas Zsa Zsa Gabor y June Allyson. Stompanato  se le veía a una legua, pues es un personaje más de los films de Wellman, Coppola, Ferrara o Scorsese. Se dedicó con entusiasmo a dilapidar el dinero que ganaba la actriz y logró manejarle la vida a su antojo. ¿Les suena el tema? Es viejo, pero se repite. Miss Turner le temía, pero al mismo tiempo se licuó por su maldad. Su olor, su fuerza y ese maldito  sex appeal que envuelve a los demonios: "Lo adoraba. Reconoció en el estrado durante el juicio—era como una enfermedad. Sabía quién era, cómo era, pero no podía separarme de él. Me dominaba completamente. A veces, tenía la impresión de estar bajo los efectos de la hipnosis. Sólo las mujeres pueden comprender lo que quiero decir. Señoría”. Citaba textualmente en el estrado. Su mentor Mickey Cohen, que lo quería como un hijo reclamaba venganza entre lamentos y sollozos ante el juez, en uno de los espectáculos mediáticos que hizo las delicias de todo papel: el satinado, el cuché y comidilla particular de las barbacoas Made in Usa de los Weekend. La sentencia dictaminó homicidio con atenuante. Pasaron 16 años y hubo un avezado  productor que sugirió a la estrella del Noir recrear el affaire para la gran pantalla. Una producción de tragedia "Stompanto&Turner". Todo ha quedado en un proyecto de un viejo cajón de Hollywood. Pero como lo estoy diciendo hoy: Aún veremos esta historia en algún cine digital. Los remakes y biopics de las estrellas del Noir saldrán como setas y novelas negras en la feria del libro. De la criatura de la hermosa rubia oxigenada, Cheryl Crane, hija del matrimonio de Turner con Stephen Crane declaró en Variety: — “mi madre se encontraba muy bien" en los momentos inmediatamente anteriores a su fallecimiento. Dixit: — "Ha sido un golpe, terrible. Acababa de terminar siete semanas de tratamiento con radiaciones y parecía que se encontraba bien. Simplemente dio un suspiro y se fue “tenía 74 años. Y la pequeña Cheryl ya ha cumplido los 69 y el cáncer también se le presentó. Pero lo ha superado.













Lana tuvo claro desde niña que lo suyo era el mundo del espectáculo. Nacida en el remoto Estado de Idaho en 1920, bajo el nombre de Julia Jean Mildred Frances Turner.  Hija del bailarín y coreógrafo Virgil Turner. La familia Turner — por entonces,  Lana era una adolescente— se trasladó a Hollywood, donde ella realizó estudios de arte dramático y baile. Para seguir con la crónica Noir de esta apasionante mujer. Su padre fue encontrado en una calle de San Francisco con el cráneo destrozado a golpes: lo habían matado para robarle un dinero ganado jugando a los dados. Tenía sólo 36 años, y esa muerte violenta fue el primer drama que marcó la vida de la futura estrella. "Era un gran tipo, su ídolo y  lo adoraba” —decía Lana Turner años más tarde—. Me parezco a él no sólo físicamente sino también en temperamento y destrezas. Tenía una cierta alegría desprejuiciada combinada con la dureza necesaria para enfrentar las consecuencias. Era un luchador." Su hija heredó esa heroica y el espíritu espartano para crearse una carrera en Hollywood, aunque solía reconocer en pleno atracón a solas con los efluvios de Baco. "Soy una mujer desgraciada y hasta débil". No fue sincera del todo, tenía el alma de Circe. Todavía se comenta en aquel Hollywood clásico la algarabía que sostuvo con otra bellísima estrella de la Metro, la pantera Ava Gardner. Fue un asunto nuevamente con los destiles de Baco —confió una vez Robert Taylor, que presenció la disputa— no sólo porque ambas se habían bebido medio Mississippi susodicha noche, sino que además, se disputaron los favores del barman que servía el material escocés: un apuesto latino. La reconciliación llegó cuando optaron por compartir al efebo. Aquellos sagaces “latin lovers” que pululaban en la noche del turbio Hollywood; los que apresuraron el deterioro profesional de ambas. Los cócteles, la cocaína, los barbitúricos y el sexo duro hicieron el resto. Sólo hubiera faltado Sabina en la fiesta y Keith Richards. Obviamente, adentrarse en la vida sentimental de Lana Turner significa recorrer una guía social de Hollywood en su época de oro. Un ejercicio de documentación y deleite lectora que provoca adicción y mucho tiempo de ilustración. Ahí, figuran en la agenda de terciopelo un sabroso listado que pueblan; Errol Flynn, Peter Lawford, Robert Hutton, Rory Calhoun, Turhan Bey, Howard Hughes, Mickey Rooney John Hodiak, Frank Sinatra, Fernando Lamas, Glark Gable,el grandullón Victor Mature y el divino Tyron Power (al que más amó) era el más listo de todos, hasta que su corazón le traicionó. Así como un montón de incontables anónimos que diría el maestro de estas crónicas Noir, James Ellroy. En 1946 Lana era una de las diez mujeres mejor pagadas de los Estados Unidos. Ganaba 226.000 mil dólares al año —el equivalente a casi medio millón de euros actuales—, y aunque los impuestos eran muy elevados vivía como una potentada. Para ella el amor es muy importante y nunca tenía demasiado. Me pregunto, ¿y quién no tiene demasiado? ¿Quién no quiere más? Así es la vida. Una trompeta de Jazz como la de Miles Davis. No dice la canción aquello de, “Cuanto más mejor”.


















Eso es pasión, lo demás queda en el meridiano del tedio. Acaba así un capítulo de la historia del cine que lo tuvo todo: melodramas baratos y obras de arte, “El extraño caso del Dr. Jekyll” (1941), “Senda Prohibida” (1942), “Quiero a este hombre” (1941),) “Cautivos del mal”(1952),  “Vidas borrascosas” (1957) “Imitación a la vida” (1959) y  etc. Pero, ninguna le daría la gloria como una de las femmes fatales más grandes de la historia del Noir, “El Cartero siempre llama dos veces” (1946) del ínclito, Tay Garnett.  Basada en la novela de James M. Cain. Ese personaje —que todavía—, cuando aparece en pantalla plana coreana de 47 pulgadas con esos sexys jerséis apretados estilo años cuarenta; la transforma del revés. Posando en los innumerables carteles de cuarteles militares entre los soldados norteamericanos de la II GM. Glamour con clase. No esa ordinariez del nuevo S. XXI en el solicitado canal italiano y su pope Izaguirre. Los divorcios y el escándalo a cuestas. Lana Turner en estado puro. Su hija, Cheryl fue concebida durante el matrimonio de Lana Turner y el actor Stephen Crane. Turner estuvo casada también con el músico Artie Shaw y con Lex Barker, uno de los actores que interpretó al incansable rey de los monos, Tarzán. En total, siete matrimonios. No está nada mal a la altura de los intratables ojos violeta de Liz Taylor. Su talento era prácticamente indiscernible de un look marcado por una voluptuosidad calculada. Casi tanto, como el modo de su agitada vida sentimental. Entre la confusión y la clonación de impenitente dualidad: realidad Vs ficción. Igual, que  los papeles que interpretaba. Recuerdo una frase lapidaria y sigue siendo más cierta que una catedral gótica de nuestra piel de toro. Dixit: — "Seamos honestos, el aspecto físico es lo primero que me atrae. Luego, si llegas a conocer la mente del hombre, su alma y su corazón, eso es ya la guinda del pastel". Yo pondría en el epitafio a esta mujer, femme fatale, donde las allá. Aquel film irrepetible, perfecto, regularizado en la síntesis de la primigenia de la literatura griega y estilizado con precisión por JMC. Algo indestructible y hermoso. La vetusta química entre ella y John Garfield. Juntos llegaron a proyectar exitosamente un aura de pasión incontrolada ¡Bendita Circe! El productor y el director Tay Garnett pensaron que la ropa blanca atemperaría la sensualidad latente de la estrella y les evitaría problemas con el Código Hayes. Ya podemos reír como le gustaba a la Lana y despedirnos con un  “Qué le den Mr. Hayes”.  Revivamos la magia de aquellos eternos enamorados, Cora y Frank. Frank y Cora, D.E.P. La vida no suele llamar dos veces. Pero el cartero siempre lo hace…










Dedicado a las mujeres hermosas que he amado. Cuánto siento no haberles dado un cuarto de todo el amor que recibí de ellas…










Biografía consultada y recomendada:

Lana: “The Pulblic and Private Lives of Miss Turner” by Joe Morella&Edward Z. Epstein
Ed. Citadel Press NY (1971)
“The Bad Always Die Twice” by Cheryl Crane Ed. Kesington (2011)








     


               
 

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