“De Héroes a Villanos, una décima de segundo: Anastasio, Lance y Nacho…”

octubre 28, 2012 Jon Alonso 26 Comments










Hay un momento en la vida donde te das cuenta que todo está inventado. No tiene ningún sentido hablar por hablar, escribir por escribir, correr por correr, beber por beber, pensar por pensar o trabajar por trabajar. Te puedes morir, evidentemente, con gloria y sin ella. Es el decreto final de todo ser humano. No hay más cera que la arde. Los griegos que eran la sabiduría prístina—  lo corroboró  el último cronista de la Historia Antigua, D. Indro  Montanelli, y, eso que era italiano— caligrafiaron el cacumen. El maestro se empecinó en contar la historia de Roma, pero como era un tipo muy inteligente tuvo claro, desde el principio que  la civilización Hellás fue primera. Obviamente, si he de apostar entre Pausanias y Ovidio, el primero sin titubeos. Será, el eterno romanticismo de perdedor—dicen que están de moda—, lo cual, comienza a cansar a uno y convertirse en un ejercicio tedioso. Lo recuerdo del sagaz Alvite, que escribía la eterna cantinela del llorón perdedor y se acordaba de  las canciones del bueno de Serrat. Mejor con Sabina suenan más canallas y hacen piña. Bien, volviendo a mi querido Pausanias y el retrato de la desdicha del efebo, Narciso. Cuenta la leyenda…”Que era hijo del dios Boecio del río Cefiso y de Liriope, una ninfa acuática. El famoso vidente Tiresias ya había hecho  la predicción de que viviría muchos años, siempre y cuando no se viese a sí mismo. A los 16 años, su cuerpo se marchitó y sus huesos se convirtieron en piedra. Sólo su voz permaneció intacta. Pero no fue la única a la que rechazó y una de las despechadas quiso que el joven supiese lo que era el sufrimiento ante el amor no correspondido. El deseo se cumplió cuando un día de verano Narciso descansaba tras la jornada de caza junto a un lago de superficie cristalina que proyectaba su propia imagen, con la que quedó fascinado. Narciso se acercó al agua y se enamoró de lo que veía, hasta tal punto que dejó de comer y dormir por el sufrimiento de no poder conseguir a su nuevo amor, pues cuando se acercaba, la imagen desaparecía. Narciso, obsesionado, consigo mismo, enloqueció. Hasta tal punto, que la propia Eco se entristeció al imitar sus lamentos. El joven murió con el corazón roto e incluso en el reino de los muertos siguió hechizado por su propia imagen, a la que admiraba en las negras aguas de la laguna Estigia”. Lo dijo el maestro Lidio, ¡eh!  Yo soy un cardiópata amateur. ¡Tranquilos. No sé por qué demonios me he acordado de Pausanias y este affaire! Claro, todo está “escrito en el viento”, que diría mi amigo J.A. Barrueco; un pedazo de escritor y una gran persona, lo lleva en los genes. Yo a Narciso nunca le conocí, personalmente. Lo más cercano a un mito ha sido mi amigo, Anastasio. Coincidimos en una planta de Neurología, pasamos un mes y medio disfrutando del silencio, la soledad y la palidez de un cama enrobinada, que finalmente nos la cambiaron por una con mando a distancia Made in Germany. La SS estaba mejor alimentada que en estos pírricos tiempos. Viendo sus 186 centímetros paralizados como una estatua de sal por un meridiano, enmudecí. Tenía una hemiplejia severa en el lado izquierdo. Bien, ¿Y qué coño hacía en una sala de neurología? Cuando, lo mío era cosa de la planta de cardiacos. ¡Ah!, ya lo recuerdo: el overbooking y los tumultos. Cuatro enfermos coronarios: la troupe de la trompeta y la cabra con el patriarca, un yonki invidente por diabetes y alcoholismo, un viejo que no cabía en un hospital de terminales que hacía poesías y escribía coplas para su próxima zarzuela. La historia, se cierra con el  vecino de enfrente. Se parecía al liberal Sagasta y no le gustaba el menú.

















Su esposa siempre traía latas de atún Calvo (destrangis), olivas rellenas de anchoa, saleros del hurto y tomates raf (están riquísimos), aunque a las enfermeras se les ocurrió pensar como los ancianos griegos. Por la gracia divina  de las televisiones culturales y civilizadas de la adelantada TDT: ¡Aquí no hay quién viva! Dixit; la jefa de sala y gritó: “¡SILENCIO TODO EL MUNDO!…” Acabé en Neurología mirando a Anastasio. Esta semana han hablado mucho de Nacho Vidal, sus productivas relaciones con los empresarios del todo a 100 y los hijos de Mao. También, de un deportista que ganó el Premio Príncipe de Asturias, ahora que la monarquía parece una canción eurovisiva de los 70; languidece como mi héroe americano, Lance Armstrong. El primero porque ha sido la  polla de España. Una entrepierna tan grande como nuestro déficit autonómico, que tanto cacarea el Sr. Montoro.  Italia tenía la de Sifredi (éste no trajo la prima de riesgo a Lombardía) y nosotros alardeábamos del sátiro de Mataró. Mi viejo colega, Anastasio, no tenía nada que envidiar a la figura del Pornotube y mercader de dildos. Era un calvario ver a su esposa como le sacaba el miembro para orinar en la famosa bacinilla del hospital: la calabaza gris de envejecido vinilo. Lejos de las anaranjadas chillonas del “1, 2,3”, ahora de inminente Halloween. Sobre el tejano, que se pasó media vida subido a un bicicleta. Le hicieron una orquiectomía  total de los huevos (siempre dicen que se extirpa uno, pero es falso) en USA, cuando extirpan tumores, al igual que con las tetas suelen cortan a la hermana, sea de izquierdas o de derechas. Armstrong, tiró para adelante con dos pelotas de poliestireno siliconado y nos dio una lección de pundonor, amén, de dos craneotomías para extirparle las metástasis cerebrales. La madre de una vecina mía—que la considero como mi suegra—ya que no tengo ni disfruto de mi biológica madre política; se pregunta por el hombre biónico de la estratosfera y el porqué de su obstinación de viajar por el espacio. Yo le respondo que el vademécum a semejante instancia se halla en la medicina y las gafas de sol fashion. Ella, no se lo cree. Yo creo que viene a ser como lo de Armstrong y los yonkis suizos. Todo el mundo se chuta en una sala de aluminio en sillas de Conforama con celador de apoyo y gasas hidrófilas. Ahora, el catalán— que ejerce de Charnego sureño— pues sus padres son de un pueblo muy bonito al sur de Valencia y el Golden boy de Austin (Texas) apestan a mierda de establo. La gente quiere echarlos a la hoguera, imploran el aquelarre de Zorrilla, con texturas “Walking Dead”, porque nadie quiere tener de vecinos a los de la trompeta y la cabra. En el fondo, todo es una mentira.


















Ya se lo dije a Imanol Arias en un rodaje. Me espetó — ¡Y tú, el anarquista. Eh, que te estoy hablando!—¡Qué quieres! — Sabes que eres el figurante especial—Qué honor (era verano en la antigua cárcel modelo de Valencia y estábamos a 32 grados) —No te quejes, se paga bien. —Yo empecé así. —Pues, qué guay…—No me vaciles. —Cómo te voy a vacilar  si eres  el Dr. Severo Ochoa y yo tu carcelero. —Tienes gracia, cabrón. — ¿De dónde eres?— en el DNI, Valencia (Costa Este). Pero, eso es a medias soy medio maketo o mediocharnego. —Ja, ja… Si me voy a reír contigo. — ¿Qué no es verdad?— ¿Qué verdad?  — Pues, que eres a medias... Cómo yo…—Explícate. — Tú no eres de Bilbao, colega. — ¿Tú cómo lo sabes? Porque soy arqueólogo y tu pueblo es Riaño (León), el pueblo de las dos mentiras. Ni tiene peces ni existe. Está enterrado como los muertos. Lo ves mientes y nos sentimos bien. Ni eres leonés, ni eres bilbaíno porque no naciste allí. Frunció el ceño y volvió a espetar—Venga, prepárate qué el colombiano es un poco especial (Sergio Cabrera) aquel de la trascendental “La estrategia de Caracol” (1993). No me pregunten más. Si quieren cotillear hablen con el productor que es un Sr. que filmaba bodas y bautizos de luxe. El Coppola del bodorrio. Ahora tiene tres BMW, ático y chalet de nuevo rico. Almuerza con el bueno de Álex de la Iglesia y se pasea por festivales audiovisuales. Cosas de héroes y villanos. Claro, que también hay algún Narciso. ¿Qué es más  fácil encerrar a Imanol Arias, superar un infarto, un Ictus o un cáncer? Ninguna de las cuatro. No han acertado. Lo jodido es ganar el Planeta y que te invite a cenar el Sr. Lara. No lo digo yo. Un amigo mío, que está obsesionado con ese galardón. Ahora  toma Prozac como un poseso, porque Lorenzo Silva ha ganado el premio y la finalista es la chica, que hacía de Gemma Nierga por las noches en la SER. ¿Se acuerdan de aquel programa de desquiciados vigilantes en los polígonos industriales y kamikazes al volante contando sus miserias…? Siempre le digo a mi amigo que no se encabrone porque lo del talento es innato. Él, sigue obcecado en ir talleres de escritura, como la madre de mi vecina en telefonear a la Teletienda. ¿Seguro que nadie  recuerda el programa de la madrugada?... Si parecía el Cotton Club de los Calimeros. ¿Y por qué cojones cuento todo esto? Si yo iba a hablar de Sam Fuller. Me estoy haciendo viejo y empiezo a perder grasa neuronal como los Narcisos.













                                   Dedicado al mejor utilero de toda la historia del Valencia C.F., "Españeta" y el fotógrafo "Canito"