Fritz Lang, el austríaco deseado llega a EE.UU. El Noir se endurece y acusa al sistema

julio 03, 2012 Jon Alonso 14 Comments

              
                                                                 
                                                                      “Furia” (Fury) 1936 
                                                                 

“En un gobierno corrompido no es posible hallar entre los ciudadanos ni unión ni amistad, a no ser entre aquellos que son cómplices en alguna perfidia. En una ciudad mancillada con tales desórdenes, las leyes, los estatutos, los mandatos civiles, siempre fueron y serán ordenados, no ya según el bien público, sino de acuerdo a la ambición de aquel partido que haya permanecido superior a los demás...”  Nicolas Maquiavelo (1469-1527)


Avanza el viaje y los gangsters hacen un alto en el camino para saludar a un exiliado de la peste racial y la sinrazón; Fritz Lang. Aquel revolucionario del séptimo arte —el austriaco llamaba a la puerta de los USA, con transbordo en Francia— casi, al mismo tiempo el ministro nazi de la propaganda, Goebbels le ofrecía la dirección del cine alemán: los estudios UFA. En una tierra agreste, multicultural y utópica siguiendo la estela sus paisanos ,caso  del sobresaliente Lubitsch, (ya era un productor reconocido y una mina de hacer dinero), Sternberg junto a la Dietrich encandilaban con sus estilo sui generis pero cotizaban a la baja igual que el monóculo de E. V. Stroheim cercano a los derrubios del ocaso. Perdido en la Babilonia del celuloide con su currículum bajo el brazo —deslumbrante— pero algo desconocido para la industria, amén, de su hándicap con la lengua —no hablaba ni una pizca de inglés— pasó unos años de malos entendidos y discusiones que acumularon fantasmas y suspicacias, en torno a su identidad política, los cuales,  estuvieron muy cerca de arrojarlo al precipicio. Un genio de su talla sobrevive a los acechos de trepas e indocumentados —manteniéndose— firme, cauto y observador. Absorbe con atención la realidad coyuntural. Sus ojos bien abiertos —a pesar del parche y el  monóculo— perciben sutilezas en una América que Hollywood parece ignorar. La  Depresión económica se  encuentra en plena cúspide y Lang observa a la sociedad de Dillinger, Bonnie and Clyde, Matewan y de Tom Joad. El austriaco ya denotaba el sabor que desprende “las Uvas de la Ira” que  impregnaba la frágil América —obra de Steinbeck—, que a la postre llevó a la pantalla, el insigne cineasta —del selecto comité del  parche— John Ford. Antes que Ford, Lang no paraba de darle vueltas al panorama, pues de injusticias andaba hastiado —una constante inexorable— a lo largo de su obra, esencialmente,  plasmada en sus estratosféricos Noirs del periodo clásico. Se anticipó a otro de los intocables —el muy reciente, Mr. Wellman— que aborda la tragedia de un linchamiento en “Incidente en Ox-Bow” (The Ox-bow Incident) 1943. Lang venía muy corrido de verle las orejas al lobo mayor: los nazis de su amada Europa. Identificando el gen del horror con una bacteria que se extendía como el bacilo de la tuberculosis por los bronquios larvados de la sociedad yanqui. Sin embargo, en 1936 todo cambiaria y se inicia el idilio entre Hollywood y uno cineastas más importante en la historia del cine. La meca de la colina de las vanidades revisa las credenciales exhibidas en sus primeras películas y Lang, afortunadamente, para la historia fue rescatado para contarnos una historia pseudonoir —que habla de los vicios del ser humano y las masas— con carácter; el tough (endurecido o encurtido). Lang, apunta directamente a la aorta; la subcorriente (género endurecido) dentro del Noir, el cual, está envolviendo a los escritores de novela negra y los guionistas que se hacen eco del nuevo fenómeno que recorre de este a oeste los EE.UU. Aparecen en el cine nuevas propuestas  impregnadas de las miserias y despropósitos del ser humano: los pecados del individuo tras el caos que indujo la depresión del 29. Surgen nuevos duetos, Steinbeck&Ford —citados, anteriormente— en todo su esplendor dramático y en el Noir el caso, Hammett&Houston. En nuestro film a comentar —el prolífico Norman Krasna—, que salió con una obra convertida en guión; “La ley de la masa” 1932 bajo la producción de un tipo listo y grande donde los haya, J.L. Makiewicz. Es la oportunidad del maestro Lang de encontrar su sitio en la tierra prometida. Bien, con estos mimbres estamos en la preparación de la primera película Made in Usa del austríaco, junto a otro exiliado de los horrores —el judío alemán— que puso la música a tan interesante film, Franz Waxman en su segundo film americano. La dirección de fotografía recayó en Joseph Rutternberg, operador-iluminador de cámara que trabajó en la última película de Griffith “The Struggle” (la lucha) 1931 y ganó un Oscar con el citado Makiewicz en Julio Cesar (1953) —gran trabajo en B/N— donde reafirmaba su categoría de años y años de veteranía con los mejores. Lang conectó enseguida con lo que quería ver en la pantalla y Rutterberg firma un trabajo prodigioso. El argumento de la historia corrió a cargo como hemos dicho del polifacético N.Krasna —citado, anteriormente— y el guionista Barlett Cormack junto a un  Lang que terminaron de darle las últimas pinceladas de un esmalte rezumado de ira. El resultado es un contundente film entre el melodrama y el Noir, sazonado de denuncia social. Hay una advertencia al inicio del film, tal como ocurría con el enemigo público (y la gran mayoría de los films de este género) donde matiza que toda coincidencia con la realidad de los personajes presentados en este film es pura concurrencia.




El personaje protagonista, no es otro que el genial Spencer Tracy (Joe Wilson) en el papel de un joven trabajador que ha pospuesto la boda con su prometida, la jovencísima, Sylvia Sidney (Katherine Grant ) —el parecido de Sylvia Sidney  con Gene Tierney es increíble, ambas musas del genio en Usa—  con el fin de ahorrar el dinero suficiente para casarse. Se marchará la pequeña villa de Capitol City (Texas) donde monta una gasolinera viéndose obligados a pasar casi un año, separados, entre el otoño de 1935 y la primavera de 1936. Joe es un hombre honesto, íntegro, un hombre que trata de inculcar sus valores e ideales de que sus dos hermanos; Charlie (Frank Albertson), y Tom (George Walcott) personajes que devanean por quehaceres pseudogangsteriles —un elemento clave del antihéroe Noir— las tentaciones sutilmente introducidas por Lang.  J. Wilson, reprende esta filosofía de vida. La fortuna del destino, hace que los tres acaben trabajando juntos. Por ello, la estructura se divide en dos partes: La idílica donde los valores aristotélicos se subliman y la odiosa donde el mal es venganza, y ésta muta en ira. Joe,  mientras va de camino al encuentro de su prometida, cerca de la localidad de Strand  se topa con un control de carretera y le hacen detenerse. El ayudante del Sheriff, Bugs Meyers (un jovial, Walter Brennan), de no muy buenas artes (escopeta en mano) lo lleva a la comisaria del pueblo donde mantiene un tête a tête con el Sheriff (Edward Ellis) sobre su supuesta implicación en la participación en un secuestro que ha conmocionado la ciudad. Pasa al calabozo, durante ese periodo el pueblo vive una ambiente febril de cotilleos y exaltación del talión tras el shock del secuestro. En el salón del bar, un instigador que reivindica venganza, kirby Dawson (Bruce Cabot) se erige en el ariete de  un  linchamiento vergonzoso ante la pasividad del las autoridades federales y la complicidad de la masa. La comisaria sufre un asedio y es incendiada delante de los ojos de su prometida, Katherine. En la segunda parte, un rencoroso e irreconocible, Joe Wilson urde una estratagema para vengar el linchamiento y se celebra un juicio flambeado dirigido por un entusiasta y capcioso fiscal de distrito, interpretado por  el actor (Walter Abbot). La película explora los móviles de la venganza. El estandarte de la masa se justifica en la falta de confianza en la justicia, en un prurito precipitado por la compensación del mal y, en ocasiones, en impulsos irresponsables de diversión. La individual suele sostenerse en el instinto de refutar al mal recibido procurando castigo expeditivo a los responsables. En ambos casos, la venganza conduce a situaciones de amargura. Lang  nos invita a un viaje por el mundo oculto de esas causas que impulsan a hacer el mal. Los instintos violentos pueden provocar, en toda persona, conductas agresivas, injustas y antisociales. El hombre que admite la violencia sobre un ser más débil permite que el más fuerte, a su vez, pisotee su voluntad; un hombre pusilánime se comporta como si pidiera establecer sobre sí una tutela y cualquier irresponsable legitima la irresponsabilidad. Para entenderlo de otro modo es como aquello que en su momento expuso Kant: “El comportamiento de todos se basa en el “imperativo del egoísmo” o más sencillo “haz a los demás lo opuesto de lo que tú desearías que te hicieran”. Véase la escena de la barbería La secuencia de la con el tema de fondo la constitución de los EE.UU y las aseveraciones del barbero hoja de afeitar en mano. O la salida de la masa del salón y el negro que se oculta detrás de las puertas (el racismo solapado) Quizás, F. Lang era más profundo de lo que aparentemente se pudiera ver en la imágenes —acusadas— por un determinada crítica revisionista (para variar) de artificiosas.  Narrativamente, se pone de manifiesto en ese bello travelling de aproximación al sheriff apostado frente a la Comisaría. El asalto o  la reacción de los acusados al ver la filmación del asalto y las imágenes de Kathy ante el regreso de Joe. La fotografía incluye texturas sobrecogedoras (Joe, tras las rejas y frente a la multitud que prende fuego a la Comisaría). En varias ocasiones se hace uso del rigor estético expresionista, de acuerdo con el magisterio de la época.  También hay momentos, con audaces recursos cómicos (el coro de gallinas) y tragicómicos (el violento desalojo de la Sala de un personaje ruidoso). La maestría del manejo del  guión ofreciendo una narración que combina angustia y lirismo. Posiblemente, Joe Wilson vive en un mundo Langiano y, siguiendo su propia equivocación no quiere ser el drama de su propia expiación. De ahí que por momentos estemos delante de un ectoplasma de Sócrates, cuando fue al oráculo de Delfos y le pregunto: si había alguien más sabio que él, cosa a la que el Oráculo respondió; que no. Acto seguido fue preguntando por la calle a  todo el que veía con aspecto de ser sabio, para comprobar si lo era o no, y se dio cuenta de que no había nadie sabio, sino gente que se creía sabia, la cual, se enfadaba al oírle decir eso. ¿Quién absuelve del acto  ignominioso sobre la persona de Joe Wilson? Tendríamos que preguntarle por esa incógnita a Hitchcock y buscar la respuesta en su torturado Scottie Ferguson de “Vertigo” y en el fondo el ectoplasma se revela carnal en un John Doe de Capra y alter esquizofrénico de Mr.Hyde Tracy, que presenta las credenciales de una sociedad aristotélica, donde se critica la razón de lo políticamente correcto; la democracia de los pobres en un hipotético mundo libre.



Pero el Hyde es miserable al condenar la utopía de lo parece ser diáfanamente proporcional a la medida de la mayoría del pueblo, por ende la masa. La cobardía interesada de algunos políticos. Si bien la venganza es una reparación simbólica, incapaz de recuperar lo irreversible; sin embargo, sólo el castigo, incluso en forma de venganza, ofrece cierto alivio. Algunos dicen que el odio generado por la venganza es un sentimiento vil, pero parece que no siempre es así: el odio del fustigado contra su torturador constituye el último baluarte de su actitud moral; si desfallece en éste, perderá su dignidad, se convertirá en un gusano. Por ello, Furia de Fritz Lang es una película terrible con un mensaje determinista, donde el hombre no es realmente libre y la voluntad se encuentra encadenada por un factor decisivo, interno o externo que puede que resida en su núcleo. Fue la primera película de Lang en Hollywood, y es obvio que quería que su debut en Estados Unidos fuera con una película que quería decir algo. Un film —que, en cierto modo— lanza un mensaje acerca de lo que Lang vio claramente como  valores estadounidenses y sus defectos. Por lo tanto, es una película sobre la justicia y la injusticia, la bondad y la corrupción, por la pérdida de fe en los ideales sobre los cuales se construye la democracia estadounidense en esa antítesis de Lang de su punto de vista exterior. Su declaración de que —como un extraño— que está señalando tanto lo que es mejor en este país y lo que amenaza con destruir los grandes ideales, los conceptos nobles. No es una historia sobre los linchamientos que asolaron la última crónica del siglo XX de EE.UU, es el testamento del individuo que transmuta por esa delgada línea roja que separa la venganza de la justicia, el bien del mal: la atrocidad de la pena de muerte y la xenofobia. La venganza es un acto alimentado por un sentido de justicia que aspira responder con un castigo al dolor y al sufrimiento causados por un malhechor: pagar con la ofensa por la ofensa, con el dolor por el dolor, pues la macula sigue viva y el maestro nos dejará su impronta en “Los sobornados” “The Big Heat” 1953 o “Rancho Notorius”(Encubridora) 1952, que ya plasmó en Metropolis, 1927, en “M, el vampiro de Düsseldorf” 1931 o en la dualidad de la identidad, como sucedía con los personajes interpretados por Edward G. Robinson en “Scarlett Street”(Perversidad) 1945 y “The Woman  in the Window”(La mujer del cuadro) , 1944. Lang confirma el cine como la revolución social del siglo. La imagen es una imagen de ciudadano legal del compromiso con uno mismo con la sociedad. Como confesó a P. Bogdanovich. Fritz Lang, dixit: ”la idea del hombre contra su destino… Inconscientemente recorre todas mis películas, supongo… “Odio, asesinato, venganza”, la lucha contra el destino y “la venganza en un fruto amargo y malo”. Evidentemente, estamos ante una obra mayor —actual— cómo nunca, a pesar de su autoría en 1936. Todos los días observamos sucesos en la prensa diaria, en las televisiones, internet, en nuestras calles, ciudades y pueblos de juicios paralelos. En el fondo de linchamientos y martirios a ciudadanos inocentes mientras no se demuestre lo contrario. La cuestión de la culpabilidad, no recae en la justicia del individuo y sus manos; es una cuestión de la ley  y quien la aplica. Pero la masa somos todos y cuando la masa se descontrola no nos sirven las disculpas del mal pagador “bueno, es que… son cosas de humanos”. Acérquense a esta película y disfruten de 94 minutos extraordinarios.



Diálogos y detalles

Tras el plano del escaparate y el inicio del paseo comienza a llover (muy preCasablanca) El sombrero, la gabardina, la despedida. La estación de tren y el roto de la gabardina. Silvia saca de su costurero hilo azul y aguja para remendárselo.  El gesto de Tracy actor de raza.
JW —Esta espera es horrible después de todo somos seres humanos…
Los planos de la estación se los empapó Lars von Trier en su opera prima “Europa”…
Intercambio de regalos en la estación de trenes. JW —Perfume te he traído un pequeño mementum… KG —memento cariño, si lo vas a decir bien… En Latín, Memento... Sigues siendo un niño y ella le regala el anillo de boda de la madre de ella Katherine… Katherine to Joe
El perro y Stacey…JW —Hola, Rainbow. Te crees muy listo. Fíjate en esto que te ha parecido. Te sientes como yo, sólo y pequeño. Estamos solos amigo…
Barbero —Es una cosa rara. De pronto sientes un impulso. Si lo resistes estás cuerdo y sino acabas con tus huesos en la cárcel o algo peor. Cliente —A costa del contribuyente…Barbero —Mire Sr. Jorgeson, Ud. es el hombre más sensato de la ciudad.
Sabe que en 20 años que llevo pasando esta navaja de afeitar por miles de gargantas… Muchas veces he sentido el impulso de rebanarles el gaznate de un solo tajo…. Así… Sfffiiiwwiii. Cómo se lo estoy diciendo. Sí, Sr. Cuando gira la cabeza, el cliente se ha marchado como alma en vilo.
Sheriff —Estoy intentado buscar al fiscal. Llegaremos a la verdad lo antes posible… Pero hasta entonces sea lo que sea. No tengo derecho a opinar nada.
K. Dawson —Queremos saber lo que pasa con el secuestrador…
Sheriff —No sé aún si es un secuestrador y Uds. tampoco
K. Dawson —Que pretende… Proteger a ese canalla?
Sheriff —Por favor, no me hagas reír, Dawson. Tú me vas a enseñar a mí la justicia… Tú que sólo has hecho que meterte en líos desde que llevas los pantalones largos.
Senador —Por qué…
Jefe del gabinete del Gobernador —Porque a la gente no le gusta que le manden tropas a contenerlos. Les resulta humillante…Adiós a nuestra carrera política si juegas a los soldaditos en año de elecciones…
Bruce Cabot (fiscal) —Señoría en los últimos 49 años, las masas han linchado a 6.010 seres humanos por horca, fuego y cuchillo en este país del que estamos orgullosos. Un linchamiento cada 3 días…
ST —Sabéis donde he estado todo el día… En el cine viendo un documental de cómo me quemaban vivo. Lo he visto 10 o puede que 20 veces. El cine estaba abarrotado de gente, disfrutando al ver como quemaban vivo a un hombre. Disfrutando. Si estoy muerto… Os acordáis de mis consejos, que fuerais buenas personas. Buenas persona… Bah, yo procure serlo, lo intenté pero los demás no te dejan. Donelli (un gangster) tenía razón. Todos tenían razón menos yo. Pero he abierto los ojos y me vengaré.
Espectáculo de tiroleses, el sentido del humor austriaco del maestro.
El barman negro que le sirve el whisky redentor…

P.S.; seguimos publicando como de costumbre, es decir, semanalmente. En ocasiones, por falta de tiempo y la extensión de los artículos bisemanalmente. Posiblemente, en agosto nos marchemos de vacaciones. No obstante, intentaremos en este mes de julio continuar  contando más episodios de la odisea Noir hasta la actualidad. Puede que se presenten interludios, ya saben que cine, música, arte, deporte o reflexiones personales aparecerán por este espacio. Muchas Gracias



Bibliografía consultada y recomendada:

Antonio Weinrichter “Fritz Lang 1890-1976” Ed. filmoteca Canaria 2003
Peter Bodanovich “Fritz Lang en América” Ed. Fundamentos 1984
Raymond Borde “A panorama of Film Noir, 1941-1953”Ed. City Lights Books 2005
Phillips Alastair-Jim Hillier 100 Film Noirs Ed. St. Martins Pr 2009
Dennis Broe “Film Noir American Workers and Postward” Ed. Unvty. of Florida 2009
F. Chatelet. Historia de la Filosofía 4 vols. Madrid Espasa Calpe, 1976