William A. Wellman, la alquimia del gangster más peligroso del planeta es Mr. Cagney




viernes, 15 de junio de 2012
                            
                                   
                                          “El enemigo público” (The Enemy Public) 1931

El viaje sigue su ruta como estaba previsto—disipadas las dudas de la hibridación—llega el momento del alunizaje en el planeta Marte y comprobar que los gangsters son muy peligrosos. Aquí, monolíticamente, lo pueblan bajo el reinado del un malvado  gangster: un tipo muy peligroso, James Cagney.  El conductor de esta nave no es otro que el  ínclito, William A. Wellman. Cineasta audaz, metódico y valiente que le forjó la madre de todas las disciplinas: la vida, ésa  que suele darnos forma, fuste y maleabilidad para crear a los buenos alumnos. Solía hacer de 4 a 6 películas por año. Muchos lo apodaban como Willie “el loco” porque peleaba por lo que creía y dirigía como los ángeles, virtud que se evidencia en el Enemigo Público. Este prolífico creador posee uno de los currículums más inauditos y ricos que se hayan conocido entre los genios de la cinematografía.  Estibador de muelles, jugador de hockey, vendedor de múltiples productos, conductor de ambulancia en la legión extranjera y aviador de la escuadrilla Lafayette. Antes de adentrarse en el mundo del cine, donde trabajo en casi todos los departamentos de la industria cinematográfica. Desde las galeras del tramoyista a capitán de navío en su primer proyecto; el film mudo, “The man who Won” (1923). El caso Wellman es atípico, pero  el  de un intachable cineasta; artesano, eficiente y  amante del  buen gusto por la puesta en escena sencilla, de estructuras narrativas intensas y nada dogmáticas. Todo lo contrario, que algunos críticos quisieron ver en su persona y  estilo al tacharlo de xenófobo y apasionado de la violencia gratuita; válgame Dios. Nada más lejos de la realidad. Multidisciplinar en cuanto a géneros, capaz de abordar con la misma facilidad la comedia, el bélico, el  drama o  westerns de una pureza cristalina. Pero, quiero reivindicar el   Noir, cuasi,  prenoir de este autor  donde su propuesta sigue siendo igual de honesta. Revisando estos títulos: “Beggars of life “1928 una road movie en torno  a la vida de un mendigo que se busca la vida para llevarse algo al estómago y la fatalidad del destino—rareza del mudo—donde se atisban maneras y gestos que veremos en la obra maestra que nos cita hoy. La curiosa, “Chinatown Nights” 1929, un noir-melodrama que nos da una idea de por donde Wellman  abordará  el enemigo público. Y se reafirmara en otros films no menos interesantes e intrigantes caso de “Safe in Hell” 1931, “Night Nurse” 1931 y "Stars Witness" 1931  con un inconmensurable Walter Huston  y esa joya “Hatchet Man” 1932 en el papel protagonista; el otro gangster por antonomasia, E.G.Robinson. Nos pondrán en contacto con la  grandeza de este autor por crear atmosferas, tramas y personajes llenos de fuerza que se refrendarán en “El enemigo público”, pieza esencial de un género crucial en la historia mundial del cine. Es la más dura de todas porque nos describe el mundo tal como es, aquel Chicago áspero y peligroso. La sinceridad que muestra el comportamiento de la gente: la auténtica realidad de un joven asesino. Lo dicho, un clásico lleno de revolucionaria modernidad porque “El enemigo Público” es el primer film moderno en muchos aspectos. Ése, es el discurso que yo entiendo por modernidad  a lo largo de mi vida (las vanguardias son clásicas) y lo clásico es genuino. Ahí, está Wellman para reafirmar su propuesta: distante de formalismos y adoctrinamientos. Hombre enamorado del trabajo colectivo, amante de los espacios grandes, lejos del concepto  director de estudio y el artificio escénico. Esteta de la fotografía  paisajística en su madurez.  Uno de los más grandes a la par de Hawks, Ford, Mann o Walsh. El primer director que ganó un Oscar de la Academia recién fundada con su  film bélico mudo "Whings" (Alas) 1928, un bélico genuino y magistral. Incluso, Hawks confesó en secreto que era mucho mejor que su “The Dawn Patrol” (1930). Veamos la génesis de la obra que vamos a tratar en este nuevo ensayo entre  de prenoir— donde el Noir cada vez es más Noir— viendo tics en los  gangsters más clásicos. Bien, Wellman nos trae un film, que junto a “Little Caesar”(1930) y “Scarface”(1931) son el trío de reyes de la historia del cine de gansters de aquellos violentos y sucios años 30. W. A. Wellman, con “Enemy Public” 1931 da un paso adelante y presenta la película de gangsters más violento jamás filmada en 40 años. Un film vanguardista que marcará un antes y un después en el cine sonoro. La Warner Bros estaba barruntado desde el exitazo de “Hampa Dorada” y “la senda del crimen” repetir con el director de la segunda,  Archie Mayo, otro de los maestros de este género durante la década de los 30. De repente, surge la novela “Beer and Blood” de  Kubec Glasmon y John Bright (Inspirada en la vida de los gánsteres Dean O´Bannon y Jimmy Weiss) que manejaban el negocio del alcohol y demás trapicheos gangsteriles en la zona  norte de Chicago lugar donde trascurre la acción. Se inicia el proceso de configuración del  guión made in Chicago. Durante aquellos violentos años  junto al guionista de  Warner, Harvey Thew. La cosas del caprichoso destino—cómo el que no quiere— acabó en manos de  W. Wellman, que obnubilado por el texto se puso en contacto con D. Zanuck— prometiéndole de palabra—un film incendiario en cuanto a su contenido de violencia y dureza jamás concebido hasta el estreno de la icónica “Hampa dorada”. Y es que  Wellman era mucho William: cumplió su palabra. Los autores de 'El enemigo público' introdujeron sutilmente el elemento representativo de la honestidad para realzar  un ambiente de convivencia  entre las diferentes clases que pueblan la sociedad americana, en vez  ensalzar los modos de vida del matón el delincuente, el criminal; el gánster por excelencia con el plus de la propia honestidad. Si bien la historia de "El enemigo público" es esencialmente, una historia real; todos los nombres y personajes que aparecen en este documento, son pura ficción, que se deja, perfectamente, ilustrado en la cabecera de créditos iniciales.




Está muy cerca la famosa ley de censura Hays (1934) pero “El enemigo público” sortea los subterfugios morales con ahínco, imaginación y  perseverancia. El sex appeal  de su protagonista— el mayor icono— hollywoodense del mundo gansteril: James Cagney en estado puro, que hizo de él una superestrella, y, conocido como el gangster de “gatillo fácil” antes de flambearse en el infierno con A. Mayo en “Al rojo vivo”. Con una "storyline" sostenida en su crudeza y furiosa historia, que es verídica. Estamos ante 84 minutos de escenas imborrables para la historia del cine del cine. A  lo largo de esos vertiginosos minutos se visiona el cenit y caída de un ratero callejero elevado a la categoría de gangster hiperviolento. Declarado enemigo público  por las autoridades policiales y judiciales de EE.UU. Un tipo que inquieta  a su propia sombra. Inicialmente no fue James Cagney el elegido para el papel protagonista y se abre un abanico de versiones distintas, que van desde Zanuck, Wellman, Jack Warner y los propios guionistas hasta los caprichos del destino que sabe dónde va acabará nuestro día. JC, no era la estrella sino el actor secundario. Cagney había hecho el papel de un vendedor de seguros en el film “El millonario” 1931 de John G. Adolfi y consiguió atraer con su jerga barriobajera neoyorkina de comediante la atención de Wellman, que fue el que vio en torno a este actor: el gangster que necesitaba. Convenció a Zanuck con el argumento de que si el actor secundario atrae a la atención del espectador y el creador: debes de construir una imagen a su alrededor. Había que crear una campaña y definir el estrellato de Cagney como una star system total: la sensación callejera, el realismo psicológico de su interpretación; detalles como ese gesto que tanto le gustaba mostrar el golpe manicorto. Evidentemente, Edward Woods pasó a la historia como alguien que iba de comparsa con el diablo Cagney trapicheando por Chicago, el azar puede ser destestable y apasionante. No obstante, el film está impregnado por todos sus costados de elegancia y buen hacer—en gran medida—Wellman aporta mucho oficio y se rodeo de grandes profesionales. Parte de esa atmósfera de sombras y contraluces con un clara textura de documental en las escenas de día corrió de la mano del insigne director de fotografía; Devereaux Jennings, una leyenda de la iluminación norteamericana y gran  experto en efectos visuales. Hablamos del director de fotografía del “maquinista de la general” de B. Keaton y habitual en las producciones del estudio Warner acompañando a  cineastas en los clásicos  gangsters como, M. Curtiz, M. Le Roy o A. Mayo puso su rúbrica con unos grises de clara influencia expresionista y la fortuna de tener delante de sus ojos, el rostro de James Cagney creando el tótem  de la crueldad.

  


El argumento de esta historia comienza en el Chicago de 1909 Tom Powers (Frank Coghlan/James Gagney) y Matt Doyle (Frankie Darro/ Edward Woods)  son dos  pequeños mequetrefes de los suburbios de Chicago de la zona sur, Tom—vive con su protectora madre Ma Powers (Beryl Mercer) y su padre (Purnell Pratt),  un policía, severo y estricto  que no duda en maltratarlo con una correa. Su devenir diario se reduce  en el pulular de rateros, mientras cometen pequeños robos  de pequeña valía, que suelen  llevan a un gangster de tres al cuarto llamado Putty Nose (Murray Kinnell) ,el cual, ejerce de gurú encantador al resto de los chavales que se dejan caer por su salón el Red Oaks Club. Los mequetrefes de las calles de Chicago que irán ascendiendo en el mundo del hampa, pues una vez adultos cerca de fin de año son obsequiados con dos revólveres por  el pérfido Putty, que los implica en un golpe fallido a una fábrica de pieles preciosas, que no salió tal como lo había previsto. Algo que Tom Powers no olvidará el resto de su vida y promete venganza. Mike Powers (Donald Cook) —el hermano mayor— se irá a Europa a luchar en la I guerra mundial y vuelve condecorado, pero con secuelas del conflicto mostrando un carácter muy crítico con el nuevo Chicago y las andanzas de Tom. Mientras el dueto T. Powers & M. Doyle comienzan a trabajar como conductores, trajín— que derivara— en el contrabando de alcohol lo pone en contacto con un Paddy Ryan (Robert Emmett O'Connor)  dueño de un salón-cervecería  y Nails Nathan (Leslie Fenton) el capo de Chicago que fallece víctima de un accidente equino. El dinero, el lujo, el poder y las mujeres entran en las vidas de los nuevos gangsters de la ciudad. Matt sale con la rubia, Mamie (Joan Blondell) y Tom con Kitty (Mae Clarke). Posteriormente, aparece la femme fatale, Gwen Allen (Jean Harlow) alter ego de Cagney en todos los sentidos. Uno de los jefes del clan Nails Nathan sufre un accidente y la lucha por el poder deriva en un final trágico e impactante. La película transcurre con una fluidez narrativa que se solapa entre diálogos y escenas memorables: como la escena de las escaleras mecánicas en los grandes almacenes, la del robo en la fábrica de pieles con los disparos al policía y ese plano poético de la pistola en la mano del agente. La escena de la noche de fin de año 1919, ante la llegada del ley seca, cuando el gentío borracho hasta las ceja  hacen acopio de licores y bebidas alcohólicas en cualquier medio de transporte (la furgoneta de la floristería o el cochecito de paseo para niños). La secuencia donde TP (Cagney) demuestra su frenético nervio al propinarle al barman-dueño de la cervecería un escupitajo de lúpulo impactante. Otra, muy divertida que fue víctima de la censura  franquista, donde se ve a un hipotético sastre gay tomando medidas a Tom Powers lleno de sarcasmo, que casi repite en la tienda de armas —en busca de venganza— tras la muerte de su compinche, MD con un vendedor generoso y afable ofreciéndole el revólver en confianza. TP, haciéndose el simpático inocente mientras carga con sus propias balas el tambor del revólver y la ingenuidad del dueño que cree que todo va de broma, cuando le apunta. Es toda la película, pero desde el punto de vista narrativo visual hay dos que son dignas de guardar en las filmotecas y pasarlas a todo aquel que se precie a ser alguien en este oficio. La primera, la venganza  y asesinato de Putty Noise, inmensa. PN:—Cuanto tengo que esperar… La cámara sale de plano mientras TP (Cagney) saca la pistola para alejarse completamente de la ejecución se va hacia MD (E. Woods), que también quiere alejarse del acto en busca de la puerta de salida, que movimiento de cámara tan sutil. De repente, se escuchan los disparos secos y contundentes. Wellman muestra la maldad del alma del psicópata, el monstruo que no siente nada por encima de la alimaña. Y la segunda, la entrada en el edificio de  la competencia mafiosa, perenne  en mi retina es la venganza de Cagney por el asesinato de su amigo y compinche; E. Woods en esa noche de lluvia bíblica. Como mira a la cámara y ésta, se aparta hasta dejarnos el plano de la entrada en el edificio. Desaparece del campo y suenan los disparos. De repente, aparece por la puerta como un héroe del western malherido y tambaleándose, sin dejar caer en todo momento las dos pistolas que soporta. Gime mientras se tambalea en la puerta. Inconmensurable.




Resumiendo lo expuesto, no hay nada más alejado de la realidad que la propia  tradición expresiva de la violencia. No nos queda tan lejos de la representación teatral de una obra de Shakespeare o la puesta en escena de una ópera italiana: son igual de oscuras. La diferencia radica en que el cine puede añadir mayor realismo al resultado final. Lo curioso es que no vemos la violencia explicita—que es la más presente— a lo largo del film, sino ésa que se solapa en escenas crepusculares oscuras, creando un film hipnótico donde el icono Cagney nos obnubila con un estilo contundente y atrevido. Cagney era diferente al resto de los actores de aquella época, su lenguaje: alto y dicharacheramente frenético  al borde del insulto, casi golpeaba a sus interlocutores, algo revolucionario en aquella época en la que casi todos los actores hablaban muy despacio, vocalizando a la perfección para aclarar el audio. El personaje le daba una vis surrealista a sus interpretaciones. Después, está su lenguaje corporal propio de los grandes del mudo, el repertorio de gestos apoyados en un excelso físico: cejas, boca u ojos, extraordinario e irrepetible. Wellman agudiza la volatilidad explosiva de Cagney muestra un trasfondo de inseguridad, esa falta de romanticismo que le achacan o la crueldad familiar. El  interés del director por subrayar la vida interna de los Powers que en esa dicotomía entre su familia y un apartamento de lujo—entre la lealtad incondicional a su madre y el más absoluto desprecio en ese escorzo de misoginia por su amante—refuerza la polaridad de la moral del gánster— lo que exige un contrapunto suficientemente fuerte a las muestras de ascenso y caída del icono. Las pulsiones eróticas en esa escena confesa entre TP y GA. Nuevamente, el atractivo sexual que genera en la pareja de de Paddy Ryan que insiste en darle más whisky para acceder a  sus deseos carnales. La doble lectura; sexo  y muerte ante una espeluznante violencia que genera adicción. Asistimos a todo tipo de acontecimientos extraordinariamente narrados que desembocaran en uno de los mejores finales del cine de toda la historia que se lo dejo a todos Uds. e intenten disfrutarlo. No sin antes, apuntar la BSO; una selección de grandes temas de la décadas entre finales de 1910 hasta finales del 20. Donde el corte "I´m forever Blowing bubbles" suena al inicio en los créditos de presentación, en el tugurio de Putty Noise y al final de la película. Por último, he leído en tinta de más de un crítico bisoño la candidez de este film a día de hoy. Qué pena, pues estoy convencido que pasar este film en una pantalla grande el público  aplaudiría a rabiar. No lo digo yo que soy un amateur donnadie. Leo textualmente: “Lo experimentamos  mientras rodábamos "el Aviador" hice un pase en la sala de proyecciones del Enemigo Público con todo el equipo. Le  intenté transmitir a Leonardo diCaprio, que se  concentrara en las imágenes y la interpretación de Cagney. Cuando  acabo la película algunos teníamos las pulsaciones del corazón por las nubes, si lo viera Wellman 70 años después, Dios mio” M. Scorsese

Se adjuntan algunos diálogos ejemplares, pues el guión fue nominado al Oscar en la edición de aquel año.
Hermanos Tom Powers & Mick Powers

TP:—No haces más  que oír cosas. Si sigues así un día te daré una paliza…Qué quieres que vaya a la escuela nocturna y lea poemas…
MP:—Yo también he oído comentarios…
TP:—No habrán sido sobre mí...
TP:— No, no eres tan inteligente? En  los libros no enseñan nada…
Deja de disimular ahora por ti. Eres un ladrón de tres al cuarto.
MP:—¿Qué has dicho?
TP:— Lo que has oído, un raterillo de monedas de cinco centavos de la compañía de tranvías…

Paddy Ryan: —hay que tener amigos en la vida me estoy haciendo viejo y he visto mucho…Hay dos clases de personas buenas y malas: veo que vosotros sois buenos. Pero, ya veréis cómo soy yo. Si no me estafáis…

En la celebración de la vuelta de la guerra de Mike Powers. Reunión familiar en torno a la mesa:
MP:–No le has dicho a mama que estás en política, que te has metido en el ayuntamiento…
Sois unos asesinos. No solo hay cerveza en ese barril. Hay sangre humana…
James Gagney & Jean Harlow
—Me llamo Gwen Allen. — y, yo, Tom Power.
Matt Doyle—No me importaría salir con una chica tan bonita como ella…
TP: —A ti te daría igual, aunque fuera una vieja de 80 años reumática…
Y la famosa escena, cuando Tom Powers (Cagney) restriega medio pomelo por la cara de Kitty (Mae Clarke) —se dice, que fue una improvisación del mismo Cagney— con una violencia inusual, la cual, generó gran malestar entre los colectivos femeninos y  afines.
TP— No tienes licor? Kitty—No antes del desayuno…TP—No te he pedido que seas insolente, sino un trago… Kitty— Lo sé Tom, pero me gustaría… TP: Otra vez el me gustaría… Me gustaría, me gustaría tener el pozo de tus deseos para ahogarte… Kitty- Quizás hayas encontrado a alguien que te guste más… Tom Powers, agarrara el trozo de pomelo de la mesa y se lo restriega con fuerza por el rostro de Kitty...

Bibliografía consultada y recomendada:
“William Wellman” por  Frank Thompson Ed.Festival de Donostia 2010
“A Short Time for Insanity”: An Autobiography by William Wellman  Ed. Hawthorn  1974
The Gangster Film Reader by Alan Silver&James Ursini  Ed. Limilight 2007
“Martin Scorsese, un recorrido personal por el cine norteamericano” por M. Scorsese &Michael H.Wilson Ed. Akal 2001

                                         
 

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