EL PALEOZOICO DEL NOIR, Gangsters bajo la mirada de H. Asbury y D.W. Griffith




viernes, 1 de junio de 2012

          
                           “The Musketters of Pig Alley” (1912) protogangsterismo de un visionario



Si hay algo que siempre ha condicionado mi carácter crítico, posiblemente, sea mi prurito hacia la deformación profesional de aquellos hermosos años como estudiante en la Facultad de Historia. Lugar, inolvidable que me enseñó el concepto de los periodos geológicos del planeta. Aquellas tardes de inviernos húmedos de la mano del catedrático de prehistoria el Dr. Villaverde, descubrí un lugar llamado Paleozoico. Durante aquella era, la tierra fue cogiendo  forma  como en nuestro caso el Noir. Y de la mano del maestro Griffith junto a una de las mejores plumas del periodismo norteamericano contemporáneo vamos a sumergirnos en esos  sustratos, a la  búsqueda del primitivo Noir; aquellos protogansters. Sin embargo, seguimos preguntándonos; ¿qué es Noir, qué condiciona este género, acaso no es parte del devenir diario de la vida? Leo, textualmente una definición academicista; “El cine negro se caracteriza por la utilización de un lenguaje elíptico y metafórico para descubrir un mundo casi de pesadilla, donde las fronteras entre el bien y el mal aparecen completamente difuminadas y donde las luces pugnan por abrirse camino entre las sombras”. Completamente de acuerdo y en las próximas entregas a través de selectos films iremos comprendiendo ese recorrido de atmósferas y lenguajes. Pero, el Noir para los más profanos prefiero la adaptación al término inglés thriller y su derivación semántica del vocablo thrill (emoción, estremecimiento o sensaciones) que aterriza a nuestro rico  castellano en intriga. Y ahí, coincidiremos en la visión de lo que yo concibo como cultura Noir. Yo, veo Noir, a todas horas. Recuerdo verlo  en aquella revuelta xenófoba del  pueblo almeriense (El Ejido) en el año 2000.  La violencia de género, el terrorismo independentista y de estado, los secuestros, las enfermedades, los trastornos mentales, el moobing laboral, las estafas financieras (la prima de riesgo),  el mundo del boxeo, el fútbol, los robos espectaculares, el doble juego de los individuos: engaños y seducciones, etc. Cualquier informativo tiene un bloque de sucesos impresionante, puro Noir. Perdón, por los más puristas; un NeoNoir en HD. Da igual, qué más da… En esencia, es Noir. Miren las páginas sucesos y tribunales en un periódico o  portales de internet, la realidad es Noir. Obviamente, habría que detallar matices pero todo se imbrica en lo que se conoce como Cultura del crimen: la maldad del ser humano y la atracción de la misma. El periodista y escritor Herbert Asbury escribió en 1927 la brutal crónica histórica de los acontecimientos ocurridos en la ciudad de Nueva York en 1863. Durante una calurosa semana de julio, de lunes a sábado el genial, Asbury recopila una excelsa documentación escrita en una de las mejores prosas que haya leído a lo largo de mi vida.


Todo empezó con una  protesta contra la ley de reclutamiento obligatorio que el Congreso había aprobado en marzo: una leva de 300.000 hombres decretada por Abraham Lincoln en plena guerra civil, la cual, se podía eludir previo pago de 300 dólares. La ira popular contra el reclutamiento avivó la problemática social, higiene, trabajo y racismo que desembocó en una "insurrección de delincuentes" en la que "más de la mitad" de sus participantes fueron menores de 20 años. "La furia que se desató en las calles de Nueva York. Esta tragedia llegó a ser tildada por el propio  New York Times como una afrenta y  exigiera contundencia para acabar "esa gentuza" titulando "Denles metralla, y mucha"(textualmente). En los anales de la historia contemporánea norteamericana se le denominó al episodio como “La semana trágica Manhattan”. 




                                    
 

Resumen de los sucesos y  balance:

Nueva York, por aquel entonces contaba con 813.679 habitantes en la isla de Manhattan, según el censo de 1860. Más de la mitad eran irlandeses (203.730), instalados en los distritos de Five Points y Mulberry Bend, y alemanes del East Side. 58.067 encausados por delitos había en la ciudad el 1 de julio de 1860; el 80% de ellos había nacido en Europa. 25 MINUTOS tardaron en recorrer la calle 47 los entre 5.000 y 15.000 manifestantes que el 13 de julio iniciaron la revuelta, según cronometró el hijo del rector de la Universidad de Columbia 500 A 1 FUE LA PROPORCION con la que la policía tuvo que hacer frente a los manifestantes. Pero a media semana llegaron entre 7.000 y 10.000 soldados y 12 cañones para reprimir los motines. 72 GOLPES y más de una docena de cortes detectó el médico en el cuerpo del superintendente de policía John A. Kennedy tras ser golpeado frenéticamente por manifestantes, que no lo lincharon al darle por muerto. 200.000 CARTUCHOS y 4.000 carabinas almacenaba el taller ferroviario de la Segunda Avenida asaltado por los manifestantes. Cercado e incendiado por la policía, acabó como una ratonera de cuyas ruinas salieron más de 50 sacos y barriles de huesos humanos 200 NIÑOS NEGROS fueron evacuados de un orfanato de la Quinta Avenida y llevados con escolta a la isla Blackwell ante el peligro de que los linchara la multitud, que culpaba de la guerra a los abolicionistas de la esclavitud100 POLICIAS y otros tantos marines reforzaron la redacción de The Tribune, delante del City Hall de Nueva York, que fue fugazmente ocupada por los manifestantes y parcialmente incendiada. 5.000 TABERNAS permanecieron abiertas en las zonas insurrectas, aunque el resto de comercios, almacenes y fábricas de Nueva York suspendieron sus actividades. Sólo el ferrocarril y los muelles hirvieron de actividad debido a la gente que huía de la ciudad. 3.000 PERSONAS se congregaron ante la residencia del arzobispo católico Hughes la mañana del viernes 18 de julio. Con autoridad sobre los irlandeses, el prelado apeló a su orgullo religioso e instó a que pusieran fin a la revuelta. 100 EDIFICIOS ardieron en una semana, entre ellos una misión protestante, un orfanato, tres comisarías, un arsenal y gran número de casas. De no ser por la lluvia, la mitad sur de Nueva York habría quedado destruida. 2.000 MUERTOS y 800 heridos fueron el balance final de la Semana Trágica de Manhattan. Pero sólo tres muertos fueron policías y 50, soldados. Los negros linchados llegaron a 18, aunque otros 70 fueron dados por desaparecidos. El resto de víctimas fueron manifestantes. Nueva York vivió en julio de 1863 una Semana Trágica similar a la de Barcelona en 1909. Herbert Asbury, lo certifica en  los dos capítulos centrales de “Gangs de Nueva York. Bandas y bandidos en la Gran Manzana (1800-1925)”,  editado en 1927






Evidentemente, este episodio quedó grabado en la retina de muchos habitantes neoyorquinos y se fue trasmitiendo oralmente de generación en generación. La novela fue llevada al cine un por un cineasta 100% cinéfilo del género de gangsters, Martin Scorsese en 2002 con gran precisión y división de opiniones entre la crítica (en mi modesta opinión, filmó una obra maestra). Sin embargo,  el humus de todos ese lumpen es en gran medida la esencia de lo que conocemos como gangsters o pandilleros (delincuentes de la extorsión) y sus devaneos. D.W. Griffith que de ingenuo no tenía ni un pelo, conocería el affaire. Pues, cronológicamente, Asbury  no queda tan lejos del entorno de Griffith—les separan 14 años de continuidad generacional y uno de longevidad— pero el fenómeno pandillero ya está incubado como una bacteria en la ciudad de Nueva York.  Si nombramos a estos individuos, puede a unos les suene de algo y otros tan sólo veamos un puñado de apellidos y apodos de personajes del hampa. Bien, un buen comienzo seria el alma mater de la esencia del delincuente outsider por antonomasia: Jack Sheppard.  Con una de las biografías más ricas e ilustradoras de tantas mentes lucidas como tradiciones orales llegaron al pueblo y sentó cátedra criminal y precedentes cinematográficos: “The Hairbreadthe escape of Jack Sheppard” 1900. Este británico a quien todavía las escuelas modernas de filosofía tratan de darle sentido. Lo considero, el “Goodfellas” del fenómeno  Gangs, por excelencia. Otros nombres, no menos legendarios  dejaron su impronta como; Humpty Jackson Jack Mahaney, Danny Lylons , James T. Ellison, Johnny Dolan, Monk Eastman, Paul Kelly, Nathan Kaplan, Owney Madden, etc. Hasta llegar a Capone, Costello, Luciano, Lansky, Gambino y  cerrar todo un ciclo con el histriónico Gotti. Los gangsters como los monstruos en los cuentos conviven a diario entre nosotros son gente que dice pagar impuestos, se casan, tienen hijos, sufren enfermedades y a veces compran en un hipermercado, —incluso hacen cola—incluso hacen cola— y tienen  una mirada amable. No obstante, en la arqueología del género  podríamos definir al  cine de gangsters o bandas de criminales y pandilleros como films que tratan sobre el crimen organizado. Las historias de las grandes familias mafiosas que se distribuyen las ciudades; droga, prostitución, alcohol, juegos ilegales, sobornos, enfrentamientos de bandas… Se caracteriza por la acción violenta; muestra el ciclo vital del gánster, desde su inicio en el negocio a la lucha por ascender política y socialmente y en algunos casos a la caída del idolatrado clan. La primera remesa Noir, nos llega en este periodo primario  de aproximación a un estilo primitivo que dataríamos allá por los violentos años 20.  Tras la aprobación de la ley seca en 1919—también llamada ley Volstead—quedaba implantada como ley federal recogida en el acta de la enmienda XVIII. El pueblo sabia de la misma, pero no había hecho mella en su demanda: el alcohol fue solicitado con mayor ahínco. Todo ello, germinó en una clandestinidad del producto, generándose un espectacular negocio en manos de criminales que se enriquecieron traficando con el alcohol, a la postre, definidos en los principales  clanes mafiosos de la cultura norteamericana del crimen. A partir de ese instante, el género criminal se apoyará —insistentemente— en el cine documental (basado en los documentales periodísticos). Tiene un fuerte contenido social. Las calles de la ciudad, impregnadas de pobreza, prostitución, inmigrantes de medio planeta, buscavidas, garitos execrables, y falta de higiene en todos los sentidos: los personajes de esa  protohistoria del Noir.




La primera remesa Noir, nos llega en este periodo primario  de aproximación a un estilo primitivo que dataríamos allá por los violentos años 20.  Tras la aprobación de la ley seca en 1919—también llamada ley Volstead—quedaba implantada como ley federal recogida en el acta de la enmienda XVIII. El pueblo sabia de la misma, pero no había hecho mella en su demanda: el alcohol fue solicitado con mayor ahínco. Todo ello, germinó en una clandestinidad del producto, generándose un espectacular negocio en manos de criminales que se enriquecieron traficando con el alcohol. A la postre, definidos en los principales  clanes mafiosos de la cultura norteamericana del crimen. A partir de ese instante, el género criminal se apoyará —insistentemente— en el cine documental (basado en los documentales periodísticos). Tiene un fuerte contenido social. Las calles de la ciudad, impregnadas de pobreza, prostitución, inmigrantes de medio planeta, buscavidas, garitos execrables, y falta de higiene en todos los sentidos: los personajes de esa  protohistoria del Noir. Veamos, una vez más, la revisión de otra obra maestra de uno de los dioses de la historia de este arte, D.W. Griffith, y, esos “quides” que quiero establecer como un paralelismo entre los personajes de Asbury y los “Los Mosqueteros de  Pig Alley”. El film del maestro, evidentemente, establece las características esenciales del género de gangsters. Esta pelí­cula, que no parece  tener un argumento, intenta mostrar vivamente las actividades de estos gangs. Aun cuando el origen del fenómeno del gangsterismo en los EE.UU. 1920, la prohibición  del consumo, distribución y venta de bebidas alcohólicas actuó como acicate para extender el planteamiento de este género. 






Anteriormente, a esta fecha existí­an ya toda una serie de pelí­culas que hací­an referencia, de una u otra manera, a la delincuencia organizada que asolaba, desde comienzos de siglo, algunas de las grandes ciudades estadounidenses. Recoge, parte de esa crónica a la que aludíamos al principio de este ensayo en las páginas de la prensa diaria. Por ejemplo, Llillian Gish  comentó que D.W. Griffith sacó la idea  de esta pelí­cula  de un artí­culo en un periódico el Biograph Bolletin el 31 de octubre de 1912. La prensa ensalzaba estos acontecimientos, en concreto, el asesinato de un gangster llamado Herman Rosenthal. Las situaciones y el  realismo social de las historias basados en los reportajes de los periódicos que hemos venido a asociar al género de gangsters consiguientes reclamaciones de  reforma de la justicia, que el gran Asbury documentó excepcionalmente en su obra mostrando el esplendor de  la peor calaña. La pelí­cula trata de dos bandas rivales que en connivencia con la policí­a, se reparten el territorio donde se desarrolla la trama. Anunciada como una pelí­cula que presentaba con crudeza y veracidad la acción de los gangsters para reclamar una acción radical de las autoridades contra esto, su narración guarda todaví­a dentro de sí­ un cierto tono melodramático y novelesco; con aires de folletí­n, que será muy caracterí­stico de los tí­tulos de esta tendencia durante el perí­odo mudo, y, más allá aún, de la propia estructura dramática de las producciones anteriores a la llegada del sonoro.  la pelí­cula retrata la miseria de los bajos fondos, de las calles marginales donde viven los protagonistas: “Pig Alley”, es el nombre que recibe una de las callejas del barrio donde transcurre la acción— mientras sigue las peripecias de la dependienta y de su joven marido músico— intentando escapar de las asechanzas de los hampones que controlan el lugar. Desde este punto de vista, “Los mosqueteros de Pig Alley” puede ser entendida como un anticipo, muy primitivo todaví­a, del algunos tí­tulos del cine de gangsters -sobre todo -"Ángeles con caras sucias" (1938), surgidos en la segunda mitad de los años 30 que analizan con imágenes el fenómeno social del nacimiento de este tipo de delincuencia. Pero la verdadera importancia del filme radica, fundamentalmente, en que aparecen en él algunos temas y motivos que serán luego caracterí­sticos de esta corriente cinematográfica. Unos elementos que contrastan con la aludida voluntad documental de sus imágenes y con la pretensión sociológica que se deriva de éstas, con la descripción de tintes realistas de los ambientes sórdido donde tiene lugar la acción y con el apunte incipiente de la influencia que éstos ejercen sobre sus habitantes para conducirlos, casi de manera ineludible, por los senderos del delito y de la violencia. Entre ellos, la corrupción policial, el enfrentamiento entre bandas rivales, etc. Como un preludio, acaso, de lo que sucederá más adelante en "Hampa dorada" (1930), debe defenderse de las insidias de los jefes de aquellas, el salón de baile como lugar de encuentro de los mafiosos, el bar como refugio de los delincuentes, etc.  Griffith filmó la pelí­cula en los lugares reales de gangsters como Kid Brood and Harlem Tom Evans en donde actuaban con las bandas rivales. Según,  fuentes policiales y los datos del servicio de inmigración; Los hijos de los inmigrantes europeos que llegaron en el último tercio del siglo XIX al Nuevo Mundo; un alto porcentaje se instalaron en los distritos de la ciudad de NY. El mestizaje de irlandeses, italianos, británicos y centroeuropeos de origen judío fue el origen de muchos de los capos mafiosos norteamericanos que vivió sus años dorados  con la llegada de la prohibición  e imponiendo el  control de algunos de los barrios de Nueva York.  De ello darán cuenta los fotogramas de varios tí­tulos madrugadores, dirigidos por el prolí­fico David W. Griffith, como "The Fatal Hour" (1908), "The Lonedale Operator" (1911), "A Terrible Discovery" (1911) o "The Transformation of Mike" (1912). Reitero, estamos delante de una pieza exclusiva por no decir de una obra casi museística. Es demasiada la emoción que me inunda cuando veo este nombre, David W. Griffith. Por favor, acérquense y véanla,  son 17 minutos memorables. Merece la pena.



Bibliografía consultada y recomendada:

 
Gangs of New York por Herbert Asbury Bandas y Bandidos de la gran manzana (1800-1925)    Ed. Edhasa

Enciclopedia Film Noir Geoff Mayer &Brian Mc Donnell (2007) Ed. Greenwood Press

Born to Lose: The Gangster Film in America Eugene Rosow 1979 Oxford University Press

Obras maestras del cine negro, José Luis Sánchez Noriega (1998): Ed. Mensajero, Bilbao

Vicente Ponce: Cine de gángsters. Diversas miradas sobre el cine, negro, Filmoteca de la Generalitat valenciana,(1986)  

                           
 

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