LUBITSCH, RISAS CON ESE TOQUE ÚNICO...

abril 27, 2012 Jon Alonso 6 Comments













Ernst Lubitsch, nacido en 1892 brilló en la historia de la cinematografía por ser el rey de la comedia norteamericana entre las décadas 30 y 40. Genio y figura donde los haya; su inmersión en este arte aportó máximas de renovación y vanguardia a este género, inigualables: maestro de maestros. Un viaje por el séptimo arte, que comenzó  en su Alemania natal,  1913—berlinés judío e hijo de un sastre— como actor teatral  bajo la dirección de Max Reinhardt en el “Deutsches Theather” y posteriormente, ya detrás de una cámara filmó sus primeros cortometrajes creando el  personaje cómico —del sastre  Meyer— cuasi autoparódico,  que llegó a ser tan famoso como C. Chaplin o el mismísimo B: Keaton. En poco tiempo, se introdujo de lleno en la realización  de sus primeras películas mudas. Dirigió a la diva del cine mudo europeo, Asta Nielsen en “Rausch” (1919) para acabar dirigiendo a una de las grandes de la época, Pola Negri (actriz fetiche) en “Los ojos de la momia” (1918),  “Carmen”(1918), y “Madame Dubarry” (1919). En la década de los 20  las biografías históricas: “Ana Bolena” (1920) y El gato montés“ (1921) “La mujer del Faraón” (1922). Se caracterizó por una prolífica obra soslayada de una doble intencionalidad sátiro-sarcástica, que alcanzó su cenit en tierras norteamericanas. El gran salto a EE.UU llegó — reclamado por la novia de América— de la diva del starsystem, Mary Pickford con la que hizo, “Rosita” (la cantante callejera) 1923. No tuvo mucho éxito, lo cual, no fue obstáculo para firmar con los estudios Warner. Ese estilo tan personalísimo de entender la comedia se convirtió en una constante influencia y referencia de grandes realizadores como Preminger y  el inefable, B. Wilder (su dialoguista) en “La octava mujer de Barba Azul” (1938) y “Ninotchka”1939 y Los  especialistas de esta disciplina como P. Sturges o M Leisen, incluso su estilo caló en el mismísimo, F. Capra.” Riquísimo legado del que destacamos, esencialmente, del periodo sonoro; “La locura del Charleston”(1926), “El príncipe estudiante”(1927), “El patriota” (1928) o “Montecarlo” (1930) ,y, a finales de su década dorada de los años 30; “El teniente seductor” (1931), “la viuda alegre” (1934) para el estudio Paramount. Donde tuvo sus más y sus menos con J. Stenberg. Se independizaría creando un miniproductora (no muy provechosa, pero la creo: Lubitsch productions Inc.) y trabajaría con la MGM cosechando un gran éxito con “Ninotchka” (1939) nominada a 4 Oscars. El eslogan publicitario decí­a: “Garbo rí­e”. Repitió el aplauso generalizado del público y la crí­tica con “El bazar de las sorpresas” (1940). Después realiza el remake de “Kiss me again”, “Lo que piensan las mujeres” (1941), que a pesar de constituir un fracaso comercial no le impide firmar un contrato con 20th Century-Foxy. En pleno conflicto bélico de la II G.M., creo la obra maestra «Ser o no ser» 1942 y posteriormente, “El diablo dijo no” (1943). Lubitsch sufre su primer ataque cardiaco, sigue su nuevo  proyecto, produciendo y en la realización con Otto Preminger “La zarina” (1945) y produce “El castillo de Dragonwyck”1946, Joseph Leo Mankiewicz; ese mismo año verá la luz la última pelí­cula enteramente dirigida por Lubitsch, “El pecado de Cluny Brown” (1947). Recibió un Oscar especial el mismo año de su muerte por “veinticinco años de contribución al arte cinematográfico. El siguiente proyecto “La dama del armiño” 1948 fue resuelto por su colega O. Premminger. Esta biografía oficial y telegráfica que acabo de relatar la conocemos todos los amantes del mundo del cine clásico. Se puede encontrar en las ilustres enciclopedias académicas de las ciencias del cine y medio mundo de la web&blogesferas (crítica especializada, etc.) Los entendidos saben de lo que estoy hablando. Ahora viene la parte sustantiva que quiero defender  y refrendar: la esencia de “la risa Lubitsch”. Su contribución en el medio y eso tan “sui generis” conocido como “el toque o golpe Lubitsch” recurso de sostenibilidad  eterna: complejo e inimitable. Lubitsch  por encima de todo era un cineasta entusiasta, inteligente, trabajador  y generoso poseedor de una memoria extraordinaria que le hacía acordarse desde el último operario del equipo técnico hasta la estrella de turno del rodaje en el que estuviera trabajando. Ahora mismo me viene a la cabeza el personaje de AMC TV, Don Draper, en la genial “Mad Men.


















”Un hombre hecho asimismo, listo, presto y observador —al igual que el berlinés— consiguió el beneplácito (de su gente, las firmas más industriales más poderosas y el respeto de sus empleados) de la industria hollywoodense y su público. Empresa  aparentemente fácil, pero mucho más compleja de lo que se quisiera presumir. Pensemos por un instante, la situación actual  y su contexto dentro del mundo del cine (de los grandes maestros de la cinematografía), y  ¿qué pasa con la comedia norteamericana y por ende la europea? No me extenderé en filmografías más lejanas. A día de hoy, preguntarle a un joven estudiante de bachillerato (artes o humanidades), o al universitario (de Comunicación Audiovisual) que le suene el nombre de E. Lubitsch, no sería nada descabellado que más de uno relacionase el nombre del cineasta con algún tratamiento de belleza o un programa de software alter Nintendo o similares. Por desgracia, ha habido una involución del sistema educativo de este país—lo conozco bien—con algo así, como 12 reformas y  modelos diferentes desde 1980 —año, de una relativa  democracia — del modelo educativo. Por ende,  la educación básica y el bachillerato en el que unos señores muy parecidos a los 4 hermanos Dalton —y, no lo digo yo—comprobado, in situ, tras conversaciones con alumnos de compañeros míos, tertulias y seminarios. Se han propuesto llevar al ostracismo o enterrarlos en baúles de fieltro a la génesis de los auténticos  maestros del séptimo arte. Esos cuatro hermanos Dalton—figurativamente—, que denominó un viejo amigo y antiguo maestro (de magisterio) mío, como las cuatro “P,es” (Padres, Pedagogos, Políticos y Psicólogos), han ido generando una extraña bacteria que goza de impunidad absoluta a la hora de incubar virus no aptos para dejar al maestro —aquel que imparte el magisterio— impotente en la acentuación de los puntos sobre las íes reales. No se puede entender la obra de B. de Palma, si una persona no ha estudiado la figura de A. Hitchcock, y así tampoco entenderíamos el cine de J. Cameron (no es santo de mi devoción) sin tener conocimiento de la obra de J. Ford. Así, selectivamente, unos tras otros van siendo eliminados o dejados en las profundidades del exilio. Calificándolos de obsoletos o piezas de museo, en eso que conocemos el cine con letras mayúsculas. Por no hablar de la falta de respeto de ámbitos públicos y privados (escuelas de cine o espacios fílmicos de estudio, etc.) Habría que replantearse demasiadas preguntas, excesivos conceptos y qué es lo que tiene vigencia o no… A Lubitsch se le merece el mismo respeto que todavía mantiene entre los entendidos del arte,  mi querido P. Picasso. ¿Ven Uds. que un chico de bachillerato de arte entender la obra  de Picasso sin haber visto o sabido de la existencia del arte rupestre de Altamira? Y así tendríamos un buen puñado de maestros como Cocteau, Dreyer, Ford, Lang, Murnau Walsh, Ophüls o Ray. Hay un prurito generacional de la crítica que se atreve a calificar a autores como: P. Greenaway, E. Kusturica, Q. Tarantino o W. Kar-Wai—con todos mis respetos— entre los 100 mejores directores de la historia del cine. Son directores de cine, buenos, con oficio y  currículum. Pero, de ahí a calificarlos entre los 100 más grandes; no perdamos el norte, por favor… Y de la comedia, ¿qué decir de la comedia? ¿Les suenan estos nombres? Los enaltecidos; W. Anderson, S. Jonze, C. Kaufman, Farrelly Brothers  J. Apatow, R. Linklater G. Mottola o T. Philips, J. Reitman, S. Rogen  y A Payne. Posiblemente, de todo el pack habría unos tres o cuatro a lo más (bajo mi humilde punto de vista) salvables. ¿Sí, ellos son el Nirvana? Qué baje Dios y lo certifique...






                                          







Qué decir deNinotchka”,Un ladrón en la alcoba” o “el Bazar de las sorpresas” -¿qué, nacieron para enmarcarlas en un caverna por repipis y trasnochados cinéfilos…? Pues, bien, qué baje el divino y disienta sobre la esencia y lo prescindible de esta vida. Lo fácil y ventajista es olvidarse de genios de la comedia como Lubitsch, McCarey, Leisen o Sturges. No obstante, todo es posible como los tsunamis, de vez en cuando suceden… Y es así como nos lo quieren hacer entender esta nueva camada de críticos facilones y autocomplacientes en los últimos 15 años, con un discurso creativo del latir de bromas bobaliconas, soeces, golpes cómicos laxos y risitas absurdas de show televisivo aderezado con un suflé escatológico de “todo a 1 euro”.  Las comedias de los años 30-40 y 60 eran más ácidas y libres que muchas de las cintas que se ven hoy. Las que muestran más piel y más garabatos como tristes sustitutos de una libertad de palabra que por una gran extensión de ese nuevo humor playstation; ha radicalizado el humor genital y de adolescente ansioso, al lado de otro que canaliza a un desagüe  travestido en  “comedia romántica”; un subgénero devenido en infragénero del que han salido realmente muy pocas películas que merezcan verse. Como muy bien he citado en el grupeto anterior, se salvarían tres o a lo sumo cuatro autores. No se perdió nada más en el camino. Lo dicho Lubitsch era un mago con todas las de la ley “la comedia sofisticada” (terminó que goza de su patente al igual que su toque) es una representación irreverente de las convenciones sociales del pueblo americano, vistas con una mirada insolente, reprobatoria, pero también resignada. Éstos son los defectos, dice el cineasta: “Vedlos, querido pueblo americano, pero yo no puedo cambiaros”. No es casual que algunos de los motores de la Comedia Americana sean de origen europeo (Leisen, Wilder, Lubitsch). Bien, volviendo a la esencia del “toque Lubitsch” voy a hacerlo  fácil y entendible ese “Touch” era una manera juguetona, irónica e inimitable con que satiriza las debilidades de la sociedad, especialmente el sexo, en la larga serie de comedias frí­volas “europeas” y de musicales que rodó en Hollywood. Otra visión del concepto nos lo da el alumno del maestro Billy Wilder: “El “toque Lubitsch” es lo más difí­cil de definir del mundo es como preguntarme—señalaba Billy Wilder en 1979—¿qué hizo que Greta Garbo fuese Greta Garbo o Marilyn Monroe fuese Marilyn Monroe? No fueron sus estudios, ni tampoco los años pasados en la elite  del Teatro Sueco, sino, por así­ decirlo, un gen beta, especialísimo y genuino e imposible de estandarizar ni trasladar a ninguna cadena de montaje china. Entrando en terrenos más profundos del debate, otra tesis que nos definiría esta manera de entender las relaciones sociales a través de la cámara del toque Lubitsch consistí­a, simplemente, hacer lo fácil en comprensible, pero con una elegancia mental ionosférica en la composición del plano al abordar una escena; un momento o un giro repentino de diálogo: magia. Creo que su secreto consistí­a en que hací­a participar al público, proporcionándole ciertas claves y afinadas sugerencias que le convertí­an en cómplice suyo Dicho en otras palabras, no decí­a nunca que dos y dos son cuatro, sino que se limitaba a formular uno más tres y dejaba que el público sumase por sí­ mismo, lo que le proporcionaba un gran placer. En palabras del estudioso E. Mordden; el autor definió la comedia de enredo de los años 30 como un "cuento contemporáneo sobre un galanteo, con un guion ingenioso, que favorece a las clases altas y nos instruye a disfrutar de la vida a nuestra propia manera, antes que observar las reglas en el amor y en el trabajo presentadas por los demás". Son los años de la Depresión. El público busca en el cine: lujo, sofisticación, romance, diversión. Una es una mala comprensión de la corrección política, cierta autocensura que no hace gran cosa por hacer sociedades más tolerantes y que termina limando las garras de un género que desde el tiempo de Aristófanes tiene afanes corrosivos.















Veamos todo lo dicho en una de las obras maestras de la cinematografía del maestro por antonomasia, “Ser o no Ser” 1942. La acción de este film se desarrolla en Varsovia (Polonia) entre agosto de 1939 y diciembre de 1941, en ese intervalo de tiempo que Polonia fue arrasada y posteriormente EE.UU se incorporó a la IIGM. En el teatro Polski de Varsovia actúa una compañía que representa “Hamlet” de Shakespeare, las autoridades polacas deciden detener la representación por su criticas antinazis y finalmente, deciden prologar las representaciones. Un film que acomete comedia, drama y guerra se desdobla entre la comedia negra, romántica, de espionaje, enredos, malentendidos y desencuentros con ese estilo, el toque Lubitsch, es prodigioso ver a un cineasta utilizar tanta inteligencia para criticar un sistema autoritario y terrorífico como fue el nazismo. Sustentándose, en dos elementos humorísticos intrínsecos de su obra: la imitación y la repetición. La continuada reiteración de frases idénticas en la misma escena y la insistencia del dinamismo narrativo mimético: vemos los resultados. Por ejemplo, la utilización cáustica del saludo marcial (elevación de la mano) consigue  ridiculizar al individuo mediante estos gags tanto en el recorrido final como en el plano corto, empero, la mecánica sigue siendo la misma: la acumulación. Este modus operandi de imitación sugiere al espectador que reflexione sobre el tema vital en toda la filmografía de Lubitsch: las apariencias. El juego de la hipocresía. Y es ahí donde se presenta como un preciso analista del comportamiento social de los individuos estableciendo un suntuoso juego de capas al modo de identidades similar a los encajes de unas figuritas de Lego. Disfrazados o no los personajes interpretan camaleónicamente, según la situación en la que se encuentren. Por ejemplo, unas veces interpretan a otra persona (siendo la misma persona) fingiendo quienes no son para conseguir lo que desean. La virtud de Lubitsch es encajar, que esas acciones nunca sean juzgadas  ni por él mismo y me atrevería a decir, por el espectador; alejándose de cualquier atisbo de maniqueísmo. En ese input comprobamos la habilidad del cineasta para mostrarnos a unos individuos (los nazis, terroríficos y despreciables) como unos tíos simpáticos y jocosos a los que nunca se les ve matar a nadie. Lo más interesante es que se soslaya el mensaje contra el sistema autoritario de Hitler con la intención de hacer exageradamente explícito esa representación de los humanos y particularmente: los regímenes autoritarios. Otra de las numerosas virtudes del toque de Lubitsch — que lo borda en este film— son las estudiadas coreografías del Führer y su guardia pretoriana en el teatro. El incesante cambio de guion y el antifaz de la apariencia por parte de los miembros de la resistencia. Las eternas contradicciones de sus acólitos soldados que siguen a  cal y canto a su líder, pero se ríen con sorna del mismo a sus espaldas. Situaciones, que no atisban otra salida más inmediata que generar en el espectador desternillantes e hilarantes momentos ante tanta genialidad cómica. Una obra maestra que desvela los intestinos de la condición humana a través del sentido del humor. Creo, que todo lo aportado en este análisis, es suficiente acicate para una nueva revisión o un nuevo visionado de “Ser o no Ser” en un siglo—el actual— en donde se revitaliza su discurso  clásico, vigente y ultramoderno de los mismos defectos que sigue padeciendo la sociedad actual. Posiblemente, estudiosos, críticos y aficionados cinéfilos coincidiremos en la mutación del género, pero las comedias Made in Lubitsch por su transcendencia artística-histórica nunca deberían quedarse como reliquias museísticas. Es imperativo que los nuevos espectadores continúen interpretando la obra de este genio para que  nuestro interés no decaiga en la recuperación de un film mayúsculo. Evidentemente, puede que de toda la filmografía de Lubitsch” sea una película auténticamente popular, muy popular del pueblo: la sociedad. Suficiente, para no abandonarla nunca.

















Desgraciadamente, el dí­a 30 de noviembre de 1947 Ernst Lubitsch muere de un paro cardiaco, producido por una cardiopatía isquémica no definida con el antecedente del 13 de marzo de 1947, donde Hollywood le dedicó un Oscar especial por toda su carrera. En el escenario sufrió un súbito dolor en el pecho. Logró recuperarse, pero ocho meses más tarde otro ataque al corazón acabó con él. Tenía 55 años. En el funeral del maestro queda esta apostilla de un diálogo maravilloso entre Billy Wilder y W. Wyler.—Wilder le comentó con tristeza al director W. Wyler: —“Se acabó Lubitsch”. Y Wyler replicó: —“Peor aún, se acabaron las películas de Lubitsch”. “Después de su funeral, William Wyler y yo (Billy Wilder) nos alejábamos a pie y yo comenté: —“¡Dios mí­o, Lubitsch se ha ido!”, y Wyler me contestó: —“Lo peor de todo no es que se haya ido Lubitsch, sino que ya no veremos más pelí­culas suyas”. D.E.P allá donde esté su genialidad y generosidad. Gracias, Mr. Lubitsch.




                                             

                                               Dedicado a  las chicas del Boss de sonrisas rosas




Bibliografía consultada y recomendada:


Ernst Lubitsch´s American Comedy William Paul Ed. University of Columbia 1983
Lubitsch o la sátira romántica” Jean-Loup Bourget & Eithne O´Neill Ed. Ministerio de Cultura 2006
Ernst Lubitsch: Risas en el paraíso Scott Eyman Ed. Plot 1993
Ser o no Ser. Ernst Lubitsch Sonia García   Ed. Paidos 2005
Los Estudios de Hollywood Ethan Mordden Ed. Ultramar 1989